miércoles, 12 de abril de 2017

MARCHAR CONSTRUYENDO, Por Jorge Luis Cerletti, para Vagos Peronistas.



La Palabra y el Discurso.        



Jorge Luis Cerletti
La palabra es portadora de múltiples significaciones que subyacen en la pluralidad de lo simbólico. Su inserción en un discurso sitúa a la palabra y le confiere una significación acorde a dicho discurso. En política la palabra asume un protagonismo sustantivo cuando interviene en las disputas de poder. Allí integran la esgrima oral y escrita para   imponer ideas e intereses.

Existen palabras cargadas de significación e historia. Como ser, comunismo y populismo, ambas relacionadas con el capitalismo. La primera, como  antítesis del orden social. La segunda, como su rostro humano. Aquélla, como su negación. Ésta, como su adecuación a las necesidades populares. En nuestro país, su mayor expresión la encarna el peronismo. Pero es importante considerar que  la univocidad de lo invocado se diluye al calor de la diversidad de políticas y discursos que lo nombran. Verbigracia, una cosa era el comunismo para los seguidores de Stalin y otra para los de Trotsky. O uno era el peronismo para John William Cooke y otro para López Rega…

Tales ejemplos son ilustrativos de una determinación-indeterminada, valga el oxímoron. Se apela al nombre desde diversas interpretaciones e historias que se contradicen a pesar de la identificación masiva que producen. Diría que en política esa ambigüedad es característica y demanda determinaciones sobre la determinación-indeterminada.

Crear y no repetir.

Actualmente nos hallamos en un cruce de caminos sin GPS. Por un lado, el comunismo dejó de ser lo que prometía en sus principios revolucionarios y en sus realizaciones iniciales y pasó a fundirse con lo mismo que intentó superar. Mientras el populismo, término también asimilable al socialismo del siglo XXI y al Estado plurinacional de Bolivia, resurgió con varios gobiernos en Sudamérica pero, al no desmontar las bases del poder económico-político concentrado, fueron desplazados o quedaron bajo asedio.

Más allá de ese cuadro sombrío, surgieron ideas y fenómenos novedosos. El eco socialismo, la lucha de los pueblos originarios destacándose el zapatismo, las cuestiones de género, los derechos humanos incriminando a las dictaduras genocidas, la emergencia de múltiples movimientos sociales,…etc. etc. Y recientemente, a nivel de hechos en nuestro país, se produjo una sucesión de seis formidables movilizaciones  en las que cada una reunió cientos de miles de personas. Su diversidad incluyó un factor común que fue el eje convocante de las mismas: la oposición a la política macrista, tan cínica como agresiva respecto de los intereses populares.  

Sin embargo, dentro de ese amplio y diverso espectro opositor, no se plantean políticas anticapitalistas como no sean las de la izquierda anacrónica. En consecuencia, la oposición a la derecha y sus CEOs tropieza con sus propios límites. Y las aperturas hacia la  gestación de alternativas a este injusto orden social aún son muy incipientes.

En general, un factor sustantivo del afianzamiento capitalista en el mundo consistió en su vitalidad y creatividad en el campo científico tecnológico. No sólo revolucionó el aparato productivo y  las comunicaciones en particular, sino que esto incidió en el standard de vida de sectores medios de la población. Transformación que le dio apoyo social al sistema que, operado por los grupos de poder y su potencia mediática, fue generando la subjetividad social dominante. La que se resume en la infravaloración de la solidaridad sustituida por la “moral” del lucro. Y uno de sus efectos es el crecimiento de la pobreza y sobre todo, de la exclusión. En suma, o sos un consumidor “feliz” o “un paria que el destino se empeñó en deshacer”… (Gardel-Le Pera dixit).   

Tal fenómeno refleja una significativa ausencia que insta a la búsqueda de nuevos caminos hacia la superación del statu quo en el marco de un horizonte emancipatorio. Salir del círculo vicioso que supone la reiteración de experiencias perimidas o de  efímeros paliativos es una verdadera encrucijada de la época.

Marchar  construyendo.

En política, hasta ahora, construir se asocia inmediatamente al poder, su objeto. Y si se hace un relevamiento histórico se puede apreciar que las luchas políticas directa o indirectamente, siempre significaron disputas de poder, o sea, dirimir quiénes eran los que decidían por el conjunto. Distinto es establecer la justicia de las causas motivo de los enfrentamientos. En sentido amplio, evaluar las causas, analizar la diversidad de procesos, su naturaleza e inscripción temporal, es el objeto principal de la historia. No obstante y a pesar del carácter científico que se le atribuye, conlleva distintas interpretaciones que en general responden a los intereses en pugna. Claro está que los hechos y el análisis documental proveen criterios de verdad. Y lo cierto es que la multiplicidad y diversidad de fenómenos históricos exhiben una constante común, la subsistencia de la dominación, cualquiera sea la forma que asuma. Fenómeno que se asocia a la explotación, aunque no signifiquen lo mismo.

Semejante característica si fuera visualizada por los oprimidos, generaría un giro copernicano en la praxis  política. Empero, como las luchas por el poder se desarrollan produciendo situaciones de hecho y la hegemonía del gran capital es tan aplastante como real, la problemática de la dominación queda en el nimbo y su enfoque crítico limitado a ámbitos y grupos minoritarios.

Más allá de los condicionamientos sociales que gravitan sobre el ser humano, cada vida supone un abanico de posibilidades y opciones. Surgen entonces las rebeldías contra las injusticias que toman fuerza en lo colectivo. Y aunque los comportamientos sectoriales son la regla, en las excepciones que emanan de los cuestionamientos radica la potencialidad de los cambios.

Lo corriente es que en cada coyuntura se transite la inercia de lo realmente existente. Y por la misma razón, las opciones por la construcción de alternativas son catalogadas de utópicas o idílicas. Ergo, nos hallamos frente a un desafío descalificante. Es que hasta la fecha la  dominación constituye una condición universal. Luego, oponerse a la misma no sería una necesidad política, resultaría una “necedad” voluntarista. Sin embargo, pensemos que, durante milenios, las cadenas que ataban de por vida a los esclavos se naturalizaron en su mente haciéndola posible.

Prejuicios aparte, si apreciamos la coyuntura que nos toca vivir e imaginamos sus proyecciones futuras, se avizoran serias contradicciones cuyos alcances dependen de cómo uno se sitúe. Lo primero que debemos considerar es el estado actual de la sociedad en la que vivimos, desde lo local hasta lo global. Y ante ese escenario, reiteramos el gran divorcio político entre lo inmediato y lo mediato.

Los sucesos cotidianos motorizan el “día a día” mediático cuya vigencia oscila entre la saturación y la desaparición de escena. Y son los sectores hegemónicos quienes prevalecen en el montaje del espectáculo y en sus tiempos de exhibición.  En general los programas de opinión, aquiescentes o críticos,  se caracterizan por lo reiterativo. En tanto que  las críticas a la opresión y las injusticias de los gobiernos de derecha y sus mandantes, al soslayar la naturaleza del sistema, chocan con límites que tienden a bloquear los avances de carácter popular.     

Tomar conciencia de los límites estructurales del “populismo”, no significa descartar las luchas que genera o poner en la misma bolsa a los diferentes actores del ámbito político. Por ejemplo, el triunfo de Lenin Moreno sobre el banquero Lasso en Ecuador, no sólo es positivo sino que oxigena, en cierta medida, el giro antineoliberal que se produjo en Sudamérica en el presente siglo. Asimismo, el gobierno macrista ha despertado grandes resistencias y como ya mencioné, originó multitudinarias marchas de rechazo a su política reaccionaria. Acompañar a las mismas no significa integrarse a la política realmente existente que se desenvuelve dentro de los parámetros del sistema, sino apoyar la resistencia popular. Es abrir canales de confluencia a partir de las luchas ante semejantes enemigos y, sobre todo, generar espacios de interlocución que posibiliten intercambios productivos.

Obviamente, la militancia desinteresada de numerosos compañeros del campo popular se diferencia radicalmente de los oportunistas que usufructúan cargos y porciones de poder en beneficio propio. Luego, debatir ideas en torno a las situaciones y proyectos políticos, es una necesidad que demanda horadar el blindaje del sectarismo. Y compatibilizar lo inmediato con construcciones a largo plazo es un desafío insoslayable que exige la participación de todos aquellos que luchamos por un orden justo, solidario e igualitario.  

Quienes alentamos los procesos emancipatorios debemos combatir, mínimamente, en dos frentes. El interno, debido a nuestras condicionamientos existenciales y el externo,  enfrentar la agobiante hegemonía del capitalismo. Y si bien avanzamos en múltiples ensayos micro, todavía navegamos en el mar de los sargazos. Ignoramos cuánto tiempo se necesitará para la gestación de nuevas alternativas al capitalismo pero de lo que sí estamos seguros es que la historia no se agota en este orden injusto. Hoy, las condiciones materiales posibilitan una vida digna para toda la humanidad. Su consecución depende de nosotros los humanos, pero como sujetos de cambio.

Para cerrar aquí y con el propósito de estimular los análisis e intercambios de opiniones, sugiero el siguiente cuestionario, abierto a revisión y aporte de ideas:

** En esta etapa, ¿cuáles son las características dominantes del capitalismo mundial?

** ¿Qué alcances tiene actualmente la cuestión nacional y el papel del Estado?

** ¿Existe hoy la burguesía nacional como factor de poder frente a las grandes corporaciones internas-externas?

** ¿Cómo influyen el triunfo de Trump en EE.UU. y el Brexit en Inglaterra en el orden “neoliberal” dominante y cómo juegan en las disputas hegemónicas de las potencias?

** ¿Qué implica el avance de la derecha en Sudamérica y cuáles son sus perspectivas?

** La lucha por la defensa de las conquistas sociales y la cobertura de las necesidades populares, ¿debe asociarse a la construcción de un proyecto político estratégico que asuma la oposición al orden capitalista?

** La horizontalización y circulación del poder, ¿es viable en espacios macro? ¿Se puede resolver el problema de la dominación sin producir aquellas condiciones?

** ¿Cómo superar el aislamiento en las construcciones emancipatorias y evitar el fenómeno de la cooptación?



Jorge Luis Cerletti   (10 de abril de 2017)

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