miércoles, 21 de agosto de 2019

LO VERDADERO ES EL TODO, Por Claudio Javier Castelli para Vagos y Vagas Peronistas





A propósito del libro de Jorge Luis Cerletti: “Poder y dominio. Talleres de reflexión y discusión política”, Ediciones del Jinete Insomne, Cuadernos de tierra socialista, Buenos Aires, 2019. 

Se presenta hoy miércoles 21 de agosto de 2019, a las 19hs., en Talcahuano 256, primer piso. (Auditorio del Ceppas-Inecip) Evento público.



Estamos ante un muy buen libro para desarrollar debates: ¨Talleres de reflexión y discusión política”, con una conceptuación clara aunque exigente. Y creo que es de formidable utilidad para esta época como lectura política sobre todo para los más jóvenes. 

Doce capítulos abarcando desde “la necesidad de un nuevo pensamiento”, “la complejidad del poder”, “la horizontalización del poder” “el poder enemigo oculto de la liberación”, “la Sociedad civil”, “Cultura un concepto polémico”, Hegemonía quien prevalece en la dominación”, “la posverdad, los golpes blandos y la nueva derecha”, “Sujeto y potencialidad revolucionaria”, “la incertidumbre, Proyecto político y modelo”, “Acerca del desarrollo nacional”, y por último “Populismo y emancipación (diferencia y afinidades)”. 

Como ven doce capítulos con temas nodales para la cuestión de la transformación de nuestro país, uno más interesante que el otro y así todos. 

Como muchos me conocen saben que además de mí ya larga amistad con Jorge, me embargan serias discrepancias motivadas en diferentes miradas sobre la matriz del pensamiento de Jorge. 

En esta oportunidad tomo la propuesta de la necesidad de nuevo pensamiento y quiero referirme al concepto de totalidad y alrededor de esta idea es que planteo la controversia.. Digo totalidad y haga referencia a un universo infinito que tiene relaciones infinitas entre todas las partes del todo, pero donde cada parte tiene verdadero sentido en relación solo con el todo y es que teniendo esa característica cada parte es también infinita aunque sea finita. 

En los sesenta y setenta la plenitud era la lucha política de tal forma que el historiador, Eric Hobsbawn, en “El Siglo XX”, concluye su interpretación del el siglo en 1991 con la caída de la ex Unión Sovietica, siglo que había empezado en su idea con la primera guerra mundial en 1914, siglos de luchas, rebeldías, guerras y revoluciones. 

Durante todas esas luchas políticas existía una matriz determinada de la totalidad, de cosmovisión. La ciencia moderna, el ultradesarrollo del capitalismo financiero, las especialidades profesionales, las formas docentes de nuestras universidades hacen que se vaya perdiendo de vista el todo para ir acentuando la fragmentación, la separación, la división, la clasificación. 

Se está muy feliz con la fragmentación por sobre todas las cosas hace ganar mucho más dinero. Es muy difícil para un urbanita no estar atosigado por la inmediatez del vivir cotidiano separador. 

El texto de Jorge insiste con la raíz de la polis: la unión de la persona con la comunidad. Pero acaso la reconstrucción del todo no puede hacerse separando lo político, lo social, lo económico y lo cultural. Era una forma de ver comunes en los 70 que acarreaba ciertas premisas sobre la base de la inexorabilidad de la revolución socialista, de la praxis política y siempre de la transformación del mundo. Acarreaba también las clasificaciones de la ciencias duras y tenía en su raíz las premisas del cambio imposible porque toda clasificación es una selección que alguien hace e impone al mundo social si es que hay alguna posibilidad de decir que existe lo social. 

Hay un solo mundo donde la cultura, la economía, lo político, lo social se da en un solo haz espacio-temporal, podríamos denominar a ese haz: espíritu en sentido hegeliano de autoconciencia, autorreferencia, historia y que contiene lo que el cristianismo bíbilico introdujo como la palabra griega de Neuma, que podríamos interpretar como hálito finísimo, la sed más íntima de cada hombre que el “lazo social” no atrapa. En ese haz las emociones, los sentimientos se dan al mismo momento que la máxima racionalidad que es la pasión. Esa pasión y su cristalización permanente de Ushuaia a La Quiaca es característica del ser argentino. Hay mucha pasión en este texto de Jorge. 

Y en el mundo: los especialistas conjuran contra los enciclopedistas y los eruditos, estos tienen a Hegel de su lado y la frase de que “Lo verdadero es el todo”, famosas palabras de Hegel. 

Fue impugnada por Kierkegaard, cito de memoria ¿Para qué ese todo y ese absoluto abstracto? “Yo quiero una verdad por la cual vivir y morir”. Empieza la finitud, los rudimentos de la filosofía de la existencia. Es un individuo cada vez más aislado con su relación con Dios. 

Theodor W. Adorno impugna también la totalidad Hegeliana como “lo falso”, el todo es “lo falso”. Pero son las premisas que Adorno tenía en la cabeza: Hitler, Stalin, los totalitarismos del Siglo XX y su atroz resultado. El mundo ha cambiado muchos desde entonces las masacres se cumplen con publicidades de hoteles internacionales, tarjetas de créditos y góndolas de supermercados mientras millones jamás podrán ingresar a ninguna parte. 

Sobre la idea de totalidad nosotros decimos nunca se puede asir o si se configura se desvanece, se desarma y vuelve a configurarse en una búsqueda permanente, pero es referente imprescindible como una idea rectora kantiana es la fuerza de los imposible Los Psicoanalistas hablan aquí de deseo. No hablamos de totalidades cerradas sino abiertas. El neoliberalismo lo entendió muy bien satisfacer la aspiración íntima del ser: la idea de mundo o universo. El ser y cada cosa se da en sí y para sí. En sí en relación a sí mismo y para si es cuando ese sí mismo se realiza totalmente en la comunidad con sus aspiraciones íntimas satisfechas. A ese universo hay que agregarle lo cósmico el destino del planeta y su soledad en ese mismo universo cósmico. 

Allí no puede estar ausente Dios cualquiera sea la idea que tengamos de él. Hay que dejar atrás frases pomposas como que la religión es el opio de los pueblos. Hoy el opio de los pueblos son los medios de comunicación hegemónicos. Lo he dicho mil veces. EL Dios espiritual y la idea metafísica de Dios que reúne, que acoge, que junta o sonríe ante el caos cósmico. La palabra alemana Aufheben que traduzco por asumir y conservar, integrar, algunos hablan de síntesis, otros de superar, otros de levantar, otros de suspender, pero es la idea de “síntesis de contrarios e iguales” que se asume. 

Es acá cuando coincido parcialmente con Burke y Hegel y sus críticas a la revolución francesa, sobre la idea de empezar todo de nuevo. La idea de “tierra arrasada”. No se trata de hacer todo de nuevo: todo lo que existe tiene derecho a existir, acaso se trata de revisar las condiciones de esas existencias. De la democracia por ejemplo me satisface plenamente que se vote cada dos años y cada cuatro se hagan elecciones generales. En los 70 se pensaban en Lenin para después de la revolución y su dictadura del proletariado. Nadie cree en eso, pero no se si en las premisas de quienes propagan un cambio en el mundo está presente con seriedad profunda, digo con seriedad profunda “la democracia realmente existente” como dice Jorge. 

Son algunas de las diferencias que albergo no solo con Jorge sino con cosmovisiones demasiado ancladas en pensamientos que la historia ha demostrado cómo cansados, caducos o cuando menos incompletos.. 

Con estas diferencias pondero el libro de Jorge, todo esto me motivó su lectura. Muchas gracias al resto de los expositores:al compañero Javier Azzali y el gran Cura compañero Domingo Bresci, a Ediciones del Jinete Insomne, por el libro, a Francisco Godinez, Juan Ruffo y Alberto Binder. Y sobre todo muchas gracias al tesón inquebrantable de Jorge Luis Cerletti. 

Buenos Aires, 21 de Agosto de 2019.-

jueves, 15 de agosto de 2019

VERDAD AMARGA, Por Claudio Javier Castelli para Vagos y Vagas Peronistas


La oligarquía ya lo soltó a Macri. Macri está en el abismo con sus fantasmas. 

La oligarquía quiere condicionar a Alberto Fernández obligando a Macri a que entregue el poder antes y no se licúe las reservas ni la paciencia de la gente. Amaga que quiere que Alberto Fernández cogobierne el precipicio, como dicen los decidores de los medios, pero no, necesita que Macri se derrumbe para echarle la culpa del fracaso del modelo neoliberal al inepto de Macri, y después volver a armar la viabilidad del mismo modelo. 

Es como un hombre jóven,  bien parecido, frívolo, agresivo, ignorante con un barniz de preparado, pero impotente y zafio: alguien dijo: "la derecha moderna", aprovecho para mandarle un saludo a José Natanson. Es una derecha carcamán, anticuada y pendeja. Imposible de madurar. 

El único hombre sabio y viejo es el peronismo. Siempre espera suelta el carretel, pero recoge cuando el dorado enganchó en el anzuelo y lo va trayendo a la orilla mientras el dorado salta y salta sobre el río del abismo de su propia ceguera.

Tenemos que asar el dorado con brasas de alcanfor y papel de mantilla, comerlo lentamente como se come una pieza favorita. 

Dejar que se consuma en la batalla del agua, a veces darle línea y línea, pero tenemos que dejarlo solo en el río. Nosotros solo pescamos como pescadores melancólicos y tristes. Ellos se devoraron todos los peces chicos, los escupieron con los cangrejos y las rayas se divirtieron en los riachos de las islas y ahora piden piedad. 

Cuando uno huele la sangre resplandeciente de los atardeceres en el río debe dejar que se vaya confundiendo con la  oscuridad de la noche. Nada puede hacer el pescador de la orilla para detener lo que el propio destino dice y ostentó como suyo: el tiempo.

El alba es nuestra. Y el día tiene que ser largo. Por ejemplo 20 años de luz y dos de ventarrones, picando día por día "solo por hoy" como me enseñaron los vicios juveniles. Se vota cada dos años. 

No llenar de nombres propios las salientes de las piedras, dejar que las aguas entren y acaricien las rocas. Pero no podemos dejar de ver la luz larga y serena. Como la mirada de los viejos sabios y locos pero domesticados hasta que los dorados oligárquicos se domestiquen: y digan con nosotros: aquí siempre habrá peronismo y no habrá flexibilidad laboral, y habrá industrias y trabajo sin exclusiones. 

Entonces sí, cuando la oligarquía sepa y ella también madure, será posible este amor inconcluso entre el peronismo y la oligaquía que el peronismo necesita para restablecer en el pueblo el amor y la igualdad. 

Pero por ahora es una verdad amarga, inconclusa, imposible de alternancia porque cada vez que llega el cardumen arrasa con los bancos de arena y queda a disposición de los tramallos y zarandas de los viejos y experimentados pescadores peronistas.

Estamos cruzando el río. El conductor de la lancha y los pescadores llevan un equipo de música y escuchan a todo gas a José Feliciano cantar el viejo bolero "Verdad amarga".-

15 de Agosto de 2019.

miércoles, 14 de agosto de 2019

LOS HECHOS SON TESTARUDOS (1), Por Pedro Cazes Camarero (")para Vagos y Vagas Peronistas

Los resultados de las elecciones “PASO” del domingo 11 de agosto constituyen un acontecimiento en el sentido restrictivo del término, esto es, un punto de inflexión cualitativo cuya importancia todavía el gobierno y sus mandantes de la embajada de los Estados Unidos no llegan a comprender en toda su magnitud. 

Los acontecimientos están relacionados con grandes virajes del estado de ánimo y la conducta de las grandes mayorías. En la historia de República Argentina, algunos acontecimientos están relacionados de alguna manera a convocatorias electorales, como el 25 de mayo de 1973 y el 11 de agosto de este año. En otros casos, como el 29 de mayo de 1969 (Cordobazo) y el 19 de diciembre de 2001, están relacionados con insurrecciones parciales que acorralaron a regímenes reaccionarios como la dictadura de Onganía y el gobierno del “opa solemne” de La Rúa. 

En esta ocasión, el acontecimiento refleja de alguna manera un cambio dramático de actitud de las masas populares. Hasta la semana pasada, los sueldos y jubilaciones no alcanzaban y los merenderos, comedores populares y escuelas no daban abasto. La gente se endeudaba en los bancos para pagar las cuentas de la luz y el gas. La depresión cundía entre las grandes mayorías. El llamado a las PASO les dio la ocasión de ajustar cuentas. 

El dominio del neoliberalismo que cunde en el mundo entero no es solamente económico, sino mental. Hasta a los más acérrimos opositores les resulta imposible siquiera pensar fuera de los límites fijados por el neoliberalismo. Este dominio, que Gilles Deleuze llamaba “agenciamiento”, excede la simple hegemonía de clases y se extiende en el cielo imaginario de horizonte a horizonte, como una nube oscura que enmascara la realidad. Pero de vez en cuando, un suceso como el del 11 de agosto desgarra el manto de la dominación ideológica. Un aroma primaveral, el de las mayorías irrumpiendo en el escenario, se despliega dondequiera. Es el mismo que percibíamos en las ensangrentadas calles argentinas hace dieciocho años, cuando el helicóptero alzó vuelo desde la casa rosada llevándose por última vez al ex mandatario al basurero de la historia. 

La respuesta de Macri, a quien vimos por televisión con su rostro desencajado acusar a sus oponentes de la responsabilidad respecto de la crisis económica y social que su derrota desencadenó, es la fuga hacia adelante. El epígono de los monopolios y sus cómplices ahora están impulsando, no capeando, el temporal y promueven deliberadamente el empeoramiento de las ya gravísimas condiciones sociales que existen en la Argentina. 

Esta táctica tiene mucho de venganza sobre unas masas que le han dado la espalda, pero también busca retrotraer a través del miedo el escenario político argentino a la situación pre- electoral. Mientras tanto, en horas, el caos se va apoderando del escenario. La tasa de interés ha subido tanto que su aumento por el Banco Central ya no surte casi efecto sobre el creciente precio del dólar, que no parece tener techo. La cadena de pagos se corta, como frecuentemente ocurre en vísperas de hiper inflación. Los alimentos, los medicamentos y los insumos industriales son acaparados por los proveedores. Los hospitales y las farmacias ven vaciarse sus estanterías y no tienen qué ofrecer a los pacientes. 

Las masas argentinas han dado muestras de moderación y no han incendiado las calles durante los últimos meses catastróficos, entre otros motivos porque el régimen neoliberal aparecía con una relativamente cercana fecha de vencimiento. En cuanto se le dio la oportunidad, las mayorías ofrecieron su opinión inequívoca. Alberto Fernández había canalizado las esperanzas populares, con el riesgo de que al día siguiente de su victoria la gente se le aproximara a cobrar con el “pagaré de las promesas” en las manos. 

Macri es ahora un espectro que no hace sombra en el piso, pero posee cierta capacidad de daño todavía. La prensa internacional, tan neoliberal como él, lo considera un cadáver político. Sus epígonos periodísticos argentinos, Etchecopar, Lanata y compañía, lo consideran un apestado y ponen distancia. Sus mandantes de la embajada norteamericana meditan cómo reemplazarlo por alguien que enderece la montura hasta las elecciones de octubre, y ven con estupor cómo el tipo se precipita con espuma en la boca, enfurecido, hacia el precipicio. 
Pedro Cazes Camarero

La victoria de “Fernández y Fernández” fue el último acto defensivo de las masas argentinas. El panorama ha cambiado irreversiblemente. La gente no se refugiará en sus casas a llorar mientras Macri, tonante como Júpiter, descarga sobre las espaldas populares un nuevo cargamento de miserias como expiación por haberle votado en contra. 

¿La CGT y las direcciones gremiales seguirán durmiendo la siesta mientras siguen deliberadamente lloviendo calamidades sobre sus representados? ¿Los votantes que el domingo concurrieron en silencio a las urnas van a seguir estoicamente soportando las provocaciones del agónico gobierno neoliberal? ¿O asistiremos a la primera ofensiva de masas de esta novedosa etapa que acaba de abrirse? 

(1) Lenin, 1903

(") Pedro Cazes Camarero, argentino, farmacéutico, 1945. Magister Scientiae en Metodología de la Investigación Científica y Epistemología. Ex director de "Estrella Roja" (órgano del Ejército Revolucionario del Pueblo- ERP-), "El Combatiente" (órgano del Partido Revolucionario de los Trabajadores - PRT-) y "Crisis". Autor de numerosos artículos y libros, entre ellos "Las Estrategias de la Aurora", de próxima aparición (Ed. Prometeo, Buenos Aires, 2019). Premio "Ramón Carrillo" (2010). Miembro del Encuentro de Profesionales contra la Tortura. Columnista de "Cuadernos de Crisis/Purochamuyo".

lunes, 5 de agosto de 2019

LA MAFIA EN EL PODER(1), Por León Pomer(") para Vagos y Vagas Peronistas

              

El capital financiero internacional, en su instancia norteamericana y con la complacencia generalizada del gran capital europeo y de los mayores poderes económicos de nuestro país, ha delegado en un grupo mafioso (ver Benvenutti a Macriland, de Rocco Carbone, en El Cohete a la Luna, 21-7-19) la tarea de reducir la argentina a la degradación de todas sus estructuras vitales. El sistema mundial dominante quiere un país postrado, mutilado y doliente, entregado al saqueo inmisericorde y poblado por una enorme falange de figuras sombrías. La tierra de las vacas y la soja tendrá un pueblo miserabilizado, sin populismos pretensiosos e insolentes que espantan a las almas nobles, porque tiene la osadía de distribuir parte de la riqueza nacional (que quieren solo suya) entre la inmensa mayoría de la población. Es así como lo conciben y lo dicen con total crudeza los González Fraga de la vida y el tránsfuga Pichetto. 

En el país soñado por los que siempre se sintieron sus dueños, los sindicatos serán residuos descascarados, los trabajadores se convertirán en una masa inestable, fluctuante, fragmentada y uberizada, entregada a la ignorancia, roída por las ratas y las pestes que infestarán sus tugurios, absolutamente desatendida de sus dolencias físicas y psíquicas. El pueblo tendrá vedado el ingreso a los centros de enseñanza más allá de los primeros grados elementales; estará destituido de todos los derechos, excepto el de morirse de frio, tener la calle por morada y ser baleado por la espalda sin previo aviso. Los hospitales públicos languidecerán. Como graciosa retribución a una vida de trabajo y sufrimiento, eso que hoy llaman jubilación se habrá transformado en una breve indigencia: los años de vida hambreada se habrán reducido al mínimo y, eso sí, los entierros serán gratuitos. La sociedad no precisará viejitos, y mucho menos viejitos ambiciosos de ingerir diariamente algo para calentar las tripas. Los niños pobres (la inmensa mayoría) crecerán subalimentados. Habrá llegado el momento que la clase dominante descansará tranquila, respirará, lanzará suspiros de alivio, y con ella, acaso lo que sobre de lo que hoy llamamos clases medias. Finalmente, los pobres habrán cerrado sus bocas, y en lugar de andar reclamando por las calles, plazas y avenidas, no se atreverán a circular allí donde sus tareas no lo exijan. Las personas estarán, definitivamente, en el lugar de donde nunca debieron salir. 

El capitalismo ya no puede soportar la institucionalidad y los códigos legales que se dio para defenderse y prevalecer. ¿Señales de una grave crisis o decisión de mostrar su índole sin eufemismos ni espejitos de colores, en una circunstancia histórica que lo permite? El tiempo dirá adónde conducen los enormes, vertiginosos y ominosos avatares que hoy exhibe impúdicamente. 

Que todo lo anterior no es fruto de la imaginación calenturienta del autor de estas líneas lo anticipa con elocuencia ese hijo entrañable del capitalismo que es la mafia macrista; lo anticipa y lo evidencia para quien aún tenga ojos para ver, sensibilidad para estremecerse y no esté cargado de odio hacia la subhumanidad popular. Los que por pérfido interés de clase o por tener el cerebro obturado niegan la realidad, allá ellos: no serán pocos a los que el maremágnum los disolverá en la nada. 

Para evitar que el mundo de lo siniestro triunfe, es necesario comenzar por profundizar el conocimiento sobre un orden de recursos intelectuales utilizados por el Poder que las fuerzas de la vida han descuidado, subestimado y hasta ignorado. Sabemos de guerras, maldades, mentiras de toda índole e inescrupulosidades que aterran. No es suficiente. 

Para comenzar: en el sistema de dominación subyacen, se imponen y hegemonizan modos de conocimiento de la realidad que constituyen la entraña misma de su cultura, el caldo del cual se alimentan inevitablemente y se modelan los cerebros humanos que padecen el sistema. En el estado actual, las alternativas que buscan escapar a esta encerrona son fundamentalmente inocuas frente al Poder que enfrentan: jamás logran doblegarlo, vencerlo categóricamente, o sea, mudar a su opuesto polar, a un sistema epistemológico global donde no prevalezca la mentira y la deformación sistemática de lo real social. Es inherente a la dominación estar divorciada de una visión comprensiva de la realidad (estoy hablando de la realidad social): sus víctimas lo demuestran a diario. Incluso en sus momentos más placenteros y dadivosos, el sistema filtra, interpreta y acomoda a su gusto mediante los recursos implícitos en su cultura. Para entender las aberraciones que se escuchan en personas, la mayoría simples y honestas, es necesario partir de este hecho: han sido modeladas para el error, la perplejidad, la confusión, lo aberrante. Con este cerebro enfrentan los mensajes que el Poder les endilga, particularmente cuando trata de infernizar enemigos (el Poder no tiene adversarios) y convertirlos en polvo. 

El órgano extraordinariamente maleable que es el cerebro humano es organizado (redes y circuitos neurales) por la sociedad. Lo biológico se somete a lo social, dentro de límites propios de lo biológico. Bajo la dominación, el cerebro es “educado” por los influjos y corrientes culturales compuestas por las más heterogéneas mezclas, todas ellas impregnadas y tributarias de la epistemología básica general y dominante. La vida del sujeto humano es construida por el cúmulo de circunstancias que no domina y por la cultura que absorbe como el aire que respira. Su cerebro no piensa libremente, no tiene vuelos propios, no es autónomo. (filósofos como Adorno identifican libertad con autonomía) El cerebro carga consigo la facultad de pensar. No surge al mundo simplemente para pensar en abstracto: la sociedad le enseña una manera de hacerlo, una entre otras posibles. De ahí se sigue que la facultad de pensar será dotada de ciertos atributos que el mundo le proporciona por la mediación de un largo proceso educativo. Así, por ejemplo, no se nace sabiendo pensar lógicamente, a analizar, a sintetizar, a interrogar, a inquirir, a averiguar, a saber más, a corroborar, etc.,etc. Hay que aprender. La sociedad enseña (o niega: más bien niega) la aptitud de extraer consecuencias de los datos de la realidad. AL cerebro del común de los humanos solo se le permiten los interrogantes requeridos por sus faenas cotidianas. No mucho más. El pensamiento confuso, con frases no consumadas y desarticuladas una de otras lucirá en opiniones marcadas por la más flagrante arbitrariedad. El cerebro incorporará los relatos que le serán prodigados desde su tierna infancia, y hará de ellos verdades indiscutibles. De hecho, visiones de la realidad le serán inoculadas sin que el sujeto que lo lleva sobre sus hombros advierta que su persona está siendo modelada. Lo que se llama cultura, o sea todo lo que el sujeto adquiere en el curso de su vida y lo constituye como ser singular, será proporcionado por un sistema que lo quiere inane, corto de vista, boquiabierto de perplejidades. 

Se instalará el sentido común, o sea el conjunto de prácticas, hábitos e ideas convencionales que constituyen lo “normal” y hacen al “orden” social. El cerebro estará encerrado entre invisibles muros que se configuran como barreras, atractores y repulsores. Estará poblado por ideas preconcebidas, algunas de ellas verdaderas alucinaciones no necesariamente patológicas. (Colón veía sirenas en el Caribe, y el padre Gaspar de Carvajal juraba haber visto mujeres amazonas en las orillas del Orinoco. Un cartonero que arrastra su deplorable carruaje, ve en Cristina el mal absoluto, y el historiador que adhiere a la reelección de Macri cree (¿realmente cree?) que Mauricio es un ardiente defensor de las libertades). 

El cerebro es “educado” para aceptar las jerarquías y las ignominias sociales como inherentes a una supuesta condición humana. Las “cosas son así”, “el humano es malo”, excepto aquellos privilegiados por la genética y por eso dotados para mandar, planificar y vivir como señores que son por nacimiento. 

La ciencia capitalista del cerebro descubrió hace ya muchos años (probablemente desde 1928) que “pronunciar una palabra es como tocar una tecla: provoca un sonido” (Wittgenstein, Investigaciones Filosóficas, Gredos, Madrid, 2014, pág.23) Agregaremos que cuando esa palabra se repite insistentemente, día y noche, la representación a que está asociada surge inevitable y automáticamente. Así, en el lenguaje macrista, palabras como chorra y yegua remiten a Cristina. Por un mecanismo cerebral que está en la base del aprendizaje del habla, se introduce en los cerebros palabras, adjetivos, nominaciones ignominiosas y eventualmente elogios desmedidos que funcionan con una automaticidad de que la voluntad no es parte. Y el cerebro “piensa” bajo una dirección absolutamente heterónoma. 
León Pomer

Una política que enfrente el oprobio de consentir la dominación que heteronomiza a las personas (y hoy las conduce a una degradación superlativa) debe prestar la debida importancia a la manera como la dominación penetra en ellas hasta el tuétano y les roba toda autenticidad posible. Ello exige pensar en una contracultura, dirigida fundamentalmente a gente joven, cuyas deformaciones de pensamiento aún pueden ser enfrentadas exitosamente gracias a la extraordinaria maleabilidad del cerebro, y a que la maduración del mismo se consuma en torno de los treinta años de edad. En la medida en que conozcan y aprendan a utilizar otros recursos del pensar, precisamente los reprobados por la dominación, enfrentarán la realidad mediante una permanente interrogación y discusión: incluso desconfiarán de lo que superficialmente aparece como incontestable. No aceptarán sin más ni más afirmaciones, enseñanzas y arterías varias que el Poder utiliza como su arma cotidiana; buscarán explicaciones que rompan el cierre categórico que suponen ciertas supuestas verdades, que el pensamiento convencional hará inadmisibles de ser objetadas. De los hechos extraerán lecciones, consecuencias, alicientes para hundir más hondamente el escalpelo de la crítica. Y de nuevo: para llegar a ese nivel de inteligir la realidad hay que utilizar los recursos que la dominación repele. Hay que aprender un nuevo “cómo” pensar. 

El Poder que es necesario asaltar y derrotar es el que la dominación posee sobre los cerebros. La lucha de calles, las manifestaciones masivas, la naturaleza de las reivindicaciones, los gritos de protesta duplicarán su valor cuando constituyan riquísima materia prima para la discusión, el análisis, el argumento fundado en lo concreto. 

Es preciso crear antídotos contra las mafias y las altas esferas socio – económicas locales e imperiales que las inspiran, apoyan y defienden. Aquí no cuentan alharacas revolucionarias ni osados desplantes. Una contracultura no es una mera oposición: es entrenarse para aprender a ejercer una relación interpersonal interpretativa y evaluativa de la realidad social que ponga en acción lo que la cultura de la dominación prohíbe. Una contra cultura sólo puede ser producto de un trabajo colectivo. En la medida que esto se realice, se irán forjando en los cerebros nuevos y más promisorios circuitos y redes neurales. La tarea es ímproba. Requiere la elaboración de estrategias específicas. Aprender a pensar como lo exige la hoy maltrecha condición humana es la apertura a subjetividades desintoxicadas.

(") Doctor en Historia y Sociedad. 18 libros publicados, algunos en Brasil y Argentina y otros sólo en Brasil. Decenas de ponencias en congresos nacionales e internacionales y centenares de artículos sobre historia y literatura. Docencia en la Argentina (UBA y Universidad del Salvador) y Brasil (Universidades de Campinas, del Estado de San Pablo y Pontificia de San Pablo). Incluido en el programa Café, Cultura Nación de la Secretaría Nacional de Cultura.

lunes, 29 de julio de 2019

Sexto fragmento (final) del capítulo: "MODELAR SERES HUMANOS", correspondiente al libro inédito: "DE LA DOMINACIÓN CONSENTIDA", Por León Pomer(") para Vagos y Vagas Peronistas



LA CLASE MEDIA 


El sistema modela los dominadores y los dominados. Pero hay una masa humana, cuyos lugares en la pirámide social la modelan en una ambigüedad de la que pende el peligro de la desestabilización, de la pérdida de posiciones, de la caída en el pozo negro de la pobreza. Una masa que siente como enorme privilegio el ser “más” que muchos otros que han quedado debajo de ellos; de un ser “más” que siempre anhela continuar subiendo peldaños que la alejen del temor y la incertidumbre, que la aproximen a la seguridad que endulce los sueños diurnos y nocturnos, que prometa más aproximaciones al paraíso que destella en las alturas. 


Economistas clasifican la clase media por sus niveles de ingreso, que ciertamente son muy desparejos, según el lugar que ocupan en la amplia faja intermedia de la sociedad. La división en estratos, que es real, muestra posiciones en la pirámide social en algunos casos muy alejadas unas de otras. Tampoco convence. Pero acaso hay un elemento, más o menos común, aunque lejos de una convincente homogeneidad: una cierta subjetividad e identidad que los identifica y distingue. Puede decirse que participan de situaciones que oscilan entre una vecindad de la pobreza y el andar trepando los sucesivos escalones que culminan en la cima. En sentido opuesto, descendiendo de ese arriba envidiable, y envidiado por una considerable fracción de los que luchan por salir de la ambigüedad, la calidad humana y los roles se agostan hasta culminar en lo que muchos ven una nada social, una nulidad definitiva. Las jerarquías equivalen a identidades sociales; las más prominentes anuncian su pertenencia a una realidad que los del suelo siquiera pueden atisbar y los del medio sueñan con obtener e instalarse definitivamente en ella. El concepto sintético y preciso de clase media está por ser creado. 


Los del medio se distinguen (entre otras distinciones) por la tenencia de bienes posicionales a los que no tendrán acceso los grupos subalternos. Una posición de desahogo, así sea moderada, es suficiente para diferenciarse de los que medran en la pobreza. Perder esa condición supone herir un imaginario en que siempre deambularon exitosas ilusiones, planes y proyectos. Si el éxito confiere, siquiera, un pedazo de dignidad, status e identidad, el fracaso, o el temor de fracasar, amenazan con voltear al más pintado. 

Los del medio conservan, en muchos casos, rasgos de lo que fueron, sumados a los adquiridos en su nueva situación y a los que corresponden al sueño de lo que aspiran llegar a ser. Saben que es necesario esforzarse, tensar al máximo las propias fuerzas, para subir los pisos de la pirámide; y son muchos los que están persuadidos de que es necesario estar bien con el gran Poder, y si posible, ganarse sus favores (los más memoriosos seguramente no olvidan que estos pueden ser tan efímeros como una garúa veraniega). El paraíso situado en las cimas de la sociedad es, sin duda, más gratificante que el situado en las alturas celestiales. Pero no se deja atrapar fácilmente. Los pasaportes para instalarse en él se muestran avaros en distribuirse. Entre tanto, no les preocupa la justicia social, ni el bienestar de los más desvalidos. 


Entre las variadas situaciones en que encontramos a los del medio, están los que no reniegan de una previa e inferior condición social, aun presente en los modos del habla, las preferencias culinarias, los viejos amigos del boliche. Los a veces temporalmente cercanos días de las privaciones, permiten el no rápido olvido de hábitos, costumbres y relaciones personales; su recuerdo puede servir para alimentar el orgullo de haberlos dejado atrás, pero señalándolos como puntos de partida de una meritoria, exitosa escalada. Y están los otros, los urgidos por borrar un origen tenido como poco enaltecedor. 


Ese conglomerado caprichosamente nominado clase media está disperso, como se dijo, en los escalones que distancian los grupos dominantes de la masa subalterna. Algunos a poca distancia de esta, otros han remontado hacia más altos horizontes. En las más gratas ensoñaciones, cada peldaño hacia arriba equivale a un ascenso jerárquico que acerca o iguala con los que antes estaban encima, y aleja de los que se han quedado. Si el ascenso proporciona un adicional de orgullo y acaso un sentimiento de mayor eminencia, la derrota y el fracaso arriesgan traer consigo martirizantes conflictos psicológicos. Gratifica el “ser más”, el saberse observando desde una creciente altura social la multitud de humanas hormiguitas. En el universo de la dominación tienden a jugar, y por lo menos una parcialidad juega de puntillosa clientela política del gran Poder. 


Una característica que se aprecia en algunos, o muchos de ellos, que es lección que han aprendido del lidiar día a día en una sociedad escasamente generosa, y de un Poder, que lo es mucho menos, es el egoísmo impenitente y la ciega indiferencia por los destinos del prójimo más desposeído, y, en general, por el Otro sentido como un ajeno absoluto. La lógica cultural de la dominación y las relaciones personales que impone se meten en el alma, en las conductas y en los sentimientos. El sentido común que impera intransigente ejerce presiones poco o nada comprensivas y fraternales en relación a los Otros, no solo los más desposeídos. Pero seamos justos: no todos llevan grabado a fuego el sello inalterable de la indiferencia y del egoísmo sin fisuras; no todos están poseídos por la obsecuencia acrítica al sistema. Reconozcamos que de la clase media surgen luchadores anti sistema. La violencia social no siempre encuentra en ellos cordiales recepciones. 


La fracción más elevada de la clase media, la más esperanzada de acceder a la cumbre social, trata de mimetizarse con los miembros de esta, de pensar y obrar como ellos y separarse, lo más posible, de los que permanecen en los peldaños donde aún priman rusticidades que declaran incómodos y olvidables orígenes. La cruda materialidad de la riqueza y la respetabilidad que se les atribuye, irradian, deslumbran y fascinan: difícil sustraerse a los modelos “ejemplares” que brotan de las alturas, imitados y consumidos con una diligencia que se acrecienta cuando la suerte o la antigüedad del grupo, en su relativamente alta posición, le habilita recursos para siquiera regodearse anticipadamente con los altos destinos que danzan en sus ilusiones. 

El ingreso, siquiera en posiciones secundarias, a círculos “exclusivos”, exigirá adecuar los dispositivos psicológicos a las prácticas relacionales y a las maneras distintivas de la expresión verbal y corporal que rige en ellos. El tránsito a un nivel superior (a veces no más que un fervoroso deseo que se anticipa a lo que puede no suceder), conlleva mudanzas en los modelos conceptuales utilizados, deliberada o espontáneamente, para leer la realidad: algo como una otra racionalidad que se irá adoptando. 


En los grupos medios económicamente mejor nutridos y con mayor consciencia de las diferencias que los singularizan, es de buen tono preferir las instituciones educativas y los servicios médicos privados: son algo más que muestras de holgura económica: a lo público y gratuito, ámbito de lo popular, se le adjudica baja calidad y modalidades de vida de que conviene diferenciarse. Shoppings, restaurants, clubes en los que “no cualquiera entra”, barrios cerrados, viajes al exterior y vacaciones en Punta del Este son otras tantas señales de una identidad social atrincherada en sus fueros, celosa de su situación, defendida con ahínco y, si necesario, propiciante de la violencia. Debe agregarse lo que llamaremos la identidad fingida, aparentando lo que no se tiene, arropándose con las señales de algo que se quiere ser. 

En la lucha por abrirse un camino ascendente, se supone que triunfan y triunfaron los mejor dotados. El obrar en el exclusivo interés personal o familiar sin importar las consecuencias sociales que provoquen, tiene una manifestación notoria en la transformación de ahorros en prestigiadas divisas extranjeras, y su exportación a los infiernillos en que se supone que estarán a buen recaudo. Que esta práctica resta miles de millones a la economía nacional contribuyendo así a agravar uno de los factores que limitan seriamente su crecimiento, carece de importancia. El interés personal se sobrepone al interés colectivo. El país es inseguro. Si comparado con Miami pierde por goleada. Sirve para ganar dinero, no mucho más. Las cosas buenas son importadas. Gobiernos que imponen “cepos” a la libre adquisición de la verde divisa deben ser insultados, castigados, derribados. Una conducta que gobierna sectores de la clase media, tanto más frecuente cuanto más empinado el peldaño social al que se ha logrado acceder, pero no ausente en sectores más bajos, se expresa en la disposición a aprobar la aniquilación de los que puedan interferir en su situación de vida. El éxito obtenido en la elevación a una posición social expectable intensifica la sensación de peligro, cuando algo amenaza o parece impedir la prosecución de una carrera que se quiere ascendente. El nivel de expectativas que la realidad distribuye, actúa como estímulo o desestimulo, tranquiliza o inquieta. 


Conservar y defender los bienes, la posición, la identidad y el auto respeto, conducen al conservadorismo político, a constituirse en la clientela de fuerzas dominantes para las cuales (hay elocuentes experiencias) los sectores medios importan como sacrificable masa de maniobras. Permanecer y afianzarse en lo que de alguna manera son espacios sociales privilegiados, no exime de padecer inquietantes sobresaltos. El 2001 argentino lo declara rotundamente. En una sociedad donde la regla manda que el interés particular debe prevalecer por sobre el interés general, ocurre con demasiada frecuencia que quienes operan (aunque no lo adviertan) como clientelas del Poder, al que admiran y del que se referencian, atenten contra sus intereses vitales apoyando a quienes los hicieron batidores de ollas y sartenes y volverían a hacerlo. Y si en algún crítico momento hubo una forzada confluencia con obreros desempleados, en tiempos de recuperación y de bonanza, aquellos devinieron mucho menos estimables, sobre todo por su pertinaz insistencia en continuar reivindicando derechos y comida, haciendo “ruido” y “cortando” calles y avenidas. 


Bauman (2017:98) anota en su libro postrero, que las llamadas “políticas de la vida”, la exaltación del esfuerzo personal parejo a la devaluación de toda solidaridad, característico de ciertos sectores medios, son un motivo más para el desprecio de quienes requieren la ayuda del Estado para estudiar, para atender sus dolencias, para obtener una morada decente, y porque ”lujos” semejantes, no son para ellos, no les corresponden porque ponen en crisis las “normales” jerarquías impuestas por la sociedad. La autoafirmación de grupos medios, una suerte de singular narcisismo personal y colectivo, los enemistan con los gobiernos que gastan los dineros de sus impuestos en “mantener” las atribuidas pocas ganas de trabajar que tendrían lo que por eso son pobres. Gastar en políticas sociales “el dinero de los contribuyentes”, que por lo demás suelen ser evasores contumaces, contraviene convicciones de los del medio: es gastar pólvora en chimangos, y lo que es peor, alienta a levantar vuelo a quienes debieran conformarse con la desesperanza. El lector no ignora que hablamos de la Argentina, pero en un país tan diferente como la India, ocurre algo semejante: “las clases medias son menos favorables a políticas públicas que promuevan la inclusión económica y la redistribución” (Hasan, Poverty in focus, nº 26); son “críticas a la legislación basada en derechos”: derecho al empleo, a la información, a la educación, a la alimentación. “La clase media (seguimos con la India) padece de una completa falta de interés en regímenes públicos que garanticen el acceso a bienes y servicios básicos para la mayoría de las personas”. Un argumento usual: los gastos invertidos en esas políticas impiden el crecimiento de la economía. 


Quedó dicho que los del medio desconfían del suelo social, que temen cuando este parece moverse y querer salir de los límites configurados por su pobreza, su miseria, su indigencia. Los quieren lejos. Las masas subalternizadas siempre son una amenaza; lo son más, cuando los beneficios que reciben aumentan su presencia en la escena política y acrece sus pretensiones, y acaso los deseos de vengar seculares postergaciones, agravios y humillaciones. En pocas palabras: los que se salen del lugar del que no debieran salir, y son incentivados y ayudados a hacerlo, son un peligro, como son insoportables las voces mal sonantes, los destemplados ruidos con los que suelen acompañar sus reclamos, la usurpación de espacios públicos que utilizan para perturbar. Cuando las distancias y las diferencias sociales son desafiadas, parte considerable de los sectores medios consideran que algo esencial está fuera de lugar, o está subvertido. Cunde el escándalo, incluso el susto, cuando gobiernos “populistas” facilitan con sus políticas el acceso de masas subalternas a bienes materiales que amenazan con achicar las distancias, defendidas ardorosamente por los que se imaginan detentores exclusivos de los espacios “dignos” de la escala social. Para gran parte de los sectores medios, suena mortificante que los habitantes del suelo se eleven a algo que semeje una “clase media baja”, provocando confusiones detestables, y para colmo de males, esparciendo rusticidades a diestra y siniestra. La clase media necesita marcar, ella también, un categórico contraste con las figuras que visualiza como de condición cercana a lo sub humano, instaladas en la pura mugre y el lodo apestoso. Los de abajo debieran cultivar una muda resignación. Como “todo acto de pensamiento es esencialmente una parte de la conducta” (Mannheim, 1962:2179), sentirse o creerse relegados, no reconocidos por lo que creen o pretenden ser, dictan conductas que acrecientan la identificación con la clase dominante, una suerte de presumible refugio y blindaje, porque es la única que puede colocar las cosas y las personas en el lugar que osaron abandonar. 
León Pomer

En grupos de clase media situados en los peldaños altos (y otros no tanto) hay una fuerte extranjerización mental: el mundo es observado desde el preciso lugar de sus ombligos, y por añadidura con lentes importados. Son muchos los que abominan de la tierra que los vio nacer. Cuando la contrastan con el país de sus sueños, que no es el propio, aquí nada funciona, excepto las fuentes de los ingresos monetarios que serán diligentemente exportados. El antropólogo Alejandro Grimson comprobó que en ninguna otra parte se denigra al propio país como en estas suculentas pampas. La extranjerización hostil a lo propio aparece en carteles, en leyendas inscriptas en vidrieras, en la copia servil de modas y modelos, en cerebros. Cuando se desprecia el país y se consume a diario adulteradas mercancías mediáticas, se incurre en el apoyo de políticas que ya mostraron su furia destructora, que no sirvieron como lección porque se vuelve a incurrir en lo mismo, por odio al pueblo, por no aceptarlo con la cabeza levantada. Esa suerte de amnesia ideológica carga consigo una bomba, que puede explotar en las manos de quienes juegan con ella. Porque en produciéndose la explosión, las esquirlas también habrán de victimar gravemente a los estratos medios que confiaron en ella para enseñar a los de abajo, de una vez por todas, a no querer lo que su papel social determina que no deben tener. 


La sociedad está fragmentada, siempre lo estuvo. Y si la Constitución y las leyes reconocen la igualdad ciudadana de todos, la realidad no la corrobora ni jamás podrá corroborarla, salvo que alguna vez ocurra una sociedad de iguales en la realidad y no apenas en los papeles. Las desigualdades sociales transforman en un espantajo la justicia de los ojos vendados y la balanza equilibrada. Recuerda Bourdieu (2011:203): “El desconocimiento de los fundamentos reales de las diferencias y de los principios de su perpetuación hace que no se perciba el mundo social como el lugar del conflicto o de la competencia entre grupos de intereses antagónicos sino como un ‘orden social´”. Y finalmente, sea cuales fueren las políticas destinadas a favorecer a los menos favorecidos, en tanto tenga vigencia la lógica social capitalista las iniquidades continuarán siendo segregadas: la lógica es implacable, porque brota en catarata del sistema relacional y su cultura, de los poderes y jerarquías que lo constituyen, de las feroces ambiciones que engendra. La clase media es un ejemplo de modelaciones humanas funcionales al sistema. 


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(") Doctor en Historia y Sociedad. 18 libros publicados, algunos en Brasil y Argentina y otros sólo en Brasil. Decenas de ponencias en congresos nacionales e internacionales y centenares de artículos sobre historia y literatura. Docencia en la Argentina (UBA y Universidad del Salvador) y Brasil (Universidades de Campinas, del Estado de San Pablo y Pontificia de San Pablo). Incluido en el programa Café, Cultura Nación de la Secretaría Nacional de Cultura.

-Para ver el primer fragmento del capítulo "Modelar Seres Humanos": http://vagosperonistas.blogspot.com/2019/04/primer-fragmento-del-capitulo-modelar.html

-Para ver el segundo fragmento del capítulo "Modelar Seres Humanos": https://vagosperonistas.blogspot.com/2019/05/segundo-fragmento-del-capitulo-modelar.html

-Para ver el tercer fragmento del capítulo "Modelar Seres Humanos": https://vagosperonistas.blogspot.com/2019/06/tercer-fragmento-del-capitulo-modelar.html

-Para ver el cuarto fragmento del capítulo: "Modelar Seres Humanos"https://vagosperonistas.blogspot.com/2019/06/cuarto-fragmento-del-capitulo-modelar.html

-Para ver el quinto fragmento del capítulo:"Modelar Seres Humanos": https://vagosperonistas.blogspot.com/2019/07/quinto-fragmento-del-capitulo-modelar.html

miércoles, 24 de julio de 2019

POLITIZAR LAS TIC: LA INTERNET INDUSTRIAL, Por Alfredo Moreno

De la mano de Internet, mejor dicho de “Los dueños de Internet” (corporaciones digitales conocidas como GAFAM, Google Amazon Facebook Apple Microsoft), la trasformación digital configura un nuevo mapa tecnológico en el que intervienen y se conectan en tiempo real todos los actores sociales (consumidores, empresas, gobiernos, organizaciones de la sociedad civil) a través de distintos dispositivos (teléfonos celulares inteligentes, computadoras, sensores, etc.) y plataformas digitales (e-commerce, e-government, e-learning, redes sociales), cambiando la forma en que producimos, trabajamos y nos comunicamos.

Lo nuevo en la redefinición digital es la conexión de máquinas, dispositivos y sistemas que configuran redes inteligentes que se pueden controlar mutuamente de forma autónoma, mediante el software. Esto cambia de manera radical el proceso de producción que genera nuevas demandas de capacidades, nuevos modelos de negocios, cadenas de valor y formas de organización industrial.

La Cuarta Revolución Industrial es la fase de la digitalización del sector manufacturero y está impulsada por el aumento de los volúmenes de datos, la potencia en los sistemas computacionales y la conectividad. Si bien muchas de las tecnologías que hoy convergen, ya existían, aunque de forma embrionaria y sin la robustez que hoy aportan, la diferencia con respecto al pasado se basa en la forma en que se combinan para generar disrupciones significativas.


Las principales características de la actual revolución industrial, las son la reducción de los períodos de llegada al mercado con productos más complejos. La mayor flexibilidad y adaptabilidad para la producción en masa personalizada y ciclos de innovación más cortos. En términos de organización industrial, se pasa de estructuras para fabricar productos aislados a productos inteligentes y conectados, a sistemas de productos y finalmente a sistemas de sistemas.

Con el desarrollo de Internet de la industria, la creación de valor recae en la generación y el análisis de los flujos de datos que se originan en cada eslabón de la cadena de valor y las actividades de producción. Esta innovación mejora la oferta de los productos y servicios, optimiza los procesos de producción, enriquece la experiencia de los clientes mediante servicios posventa y crea fuentes de ingresos derivadas de los nuevos modelos de negocios basados en el análisis de datos. Según el Foro Económico Mundial, las empresas utilizan estas nuevas funcionalidades para aumentar su eficiencia operativa mediante el mantenimiento predictivo, que permite disminuir los tiempos de reparación un 12%, bajar los costos de mantenimiento cerca del 30% y reducir casi el 70% de las fallas.

En la medida en que se avanza hacia productos inteligentes y conectados, el software adquiere un rol más importante en la producción de bienes físicos. Por ello, la definición de estándares de interoperabilidad es central para el desarrollo de la Internet de la industria.

En Alemania, los Estados Unidos y China, basados en sus ventajas competitivas, se están impulsado el desarrollo de la Internet industrial, mediante políticas denominadas Industria 4.0, Industrial Internet o Made in China 2025, respectivamente.

Desde esta perspectiva, la competitividad y el crecimiento de los países dependerán en gran medida de su integración a la infraestructura digital mundial cuya base es la red con protocolo 5G y el software en términos de las nuevas herramientas de la manufactura, el control, el mantenimiento predictivo, el análisis de los datos como valor agregado y los sistemas de fabricación mencionados. Esta transición requiere desarrollar el ecosistema digital, mejorar su infraestructura, las capacidades humanas y el entorno empresarial para promover la inversión, la innovación, el emprendimiento y la capacitación como estrategia de formación y reconversión laboral.

Aparecen consideraciones como la definición de estándares globales, la regulación de flujos de datos, los derechos de propiedad intelectual y la seguridad y privacidad, que se discuten intensamente en los países avanzados y deberían abordarse con una visión local y regional integrando los países en vías de desarrollo.

La Revolución 4.0 es visualizada como una oportunidad para que la industria recupere su liderazgo como motor del desarrollo. Es necesario formular una nueva síntesis entre los tres pilares de la estructura económica nacional: los recursos naturales, la capacidad del sector industrial y las capacidades del sistema científico tecnológico con un Estado que impulse y regule la distribución de la riqueza y el bienestar de la población.


Sistema de información 4.0

La nueva industria se basa en sistemas ciberfísicos (cyber physical systems, CPS) que monitorean los procesos físicos, crean modelos virtuales (copias) del mundo físico y toman decisiones descentralizadas sobre la base de esos modelos.

Un sistema CPS es un mecanismo (sistema físico) controlado o monitorizado por algoritmos (software) que son procesados en computadoras conectadas a la red internet. En estos sistemas, los componentes físicos y de software están profundamente entrelazados, donde cada elemento opera en diferentes escalas espaciales y temporales, exhibiendo múltiples comportamientos, e interaccionando entre ellos de innumerables formas que cambian con el contexto. Ejemplos de CPS son los sistemas de monitoreo en tiempo real de red eléctrica, sistemas de automóvil autónomo, sistemas en tiempo real para control médico, sistemas de control de procesos, monitorización de procesos de fabricación, monitorio y alarmas de infraestructuras y carreteras, sistemas de robótica, domótica y pilotos automáticos aeronáuticos entre otros.

CPS implica un enfoque multidisciplinario, fusionando la teoría de cibernética, mecatrónica y las tecnologías de diseño y de proceso. El control de los procesos es a menudo derivado a sistemas industriales embebidos (SIE). Ejemplos de los SIE en la vida cotidiana son televisores, videos, lavadoras, alarmas, teléfonos es decir dispositivos con capacidad de memoria, procesamiento de programas y el algunos versiones conectables a Internet.

CPS es también Internet de las cosas (IoT) compartiendo la misma arquitectura básica. CPS presenta una combinación más alta y coordinación entre elementos físicos y computacionales y los sistemas de gestión tecno industriales.

Los precursores de los CPS pueden ser encontrados en diversas áreas como la aeroespacial, la automotriz, procesos químicos, bioquímicos, infraestructura civil, energía, salud, manufactura, automotriz, transporte, diversión, y electrodomésticos.

Este proceso de digitalización y vinculación de las unidades productivas en una economía demanda una nueva calidad de la conectividad (altas velocidades y baja latencia) que permita sistemas de producción flexibles y fuertemente integrados, con uso masivo de robots, máquinas inteligentes y software. Es decir, demanda 5G.

La arquitectura de los CPS está basada en la integración de las máquinas de producción y los datos que se generan y transmiten en la red propia y la alimentación de los sistemas de gestión tecno industriales.

El programa europeo “Horizonte 2020” contempla que los CPS son la próxima generación de Sistemas de la Tecnología y la Comunicación (TICs) que se interconectan y colaboran a través del Internet de las Cosas, y proporcionan a los ciudadanos y a los negocios un conjunto amplio de aplicaciones y servicios innovadores.

El Future Trends Forum 2018, de la Fundación de la Innovación Bankinter muestra en el siguiente gráfico los años de adopción de CPS según sector del mercado europeo: