martes, 15 de marzo de 2016

CAMBIOS POLÍTICOS Y SUBJETIVIDAD SOCIAL, POR Jorge Luis Cerletti, para Vagos Peronistas.

Jorge Luis Cerletti

CAMBIOS POLÍTICOS  Y  SUBJETIVIDAD SOCIAL.

“La Cancillería está en manos de Telecom e IBM. El Ministerio de Hacienda en manos de JP Morgan. El Ministerio de Energía, Shell. La Secretaría de Finanzas, Deutsche Bank. El Directorio del Banco Central, JP Morgan y Goldman Sachs. Y así  sucesivamente. Las empresas son: Thomson Reuters, Morgan Stanley, Exxon-Esso, Axion, General Motors, Techint, Coca Cola, Banco de Galicia, Edesur y Edenor, Pan American Energy y muchas más.” (en Página 12, del 14/02/16 (artº de J.P. Feinmann “La nueva globalización”).

En menos de 45 días el gobierno de Macri barrió con las mejores conquistas del  período kirchnerista  y ya en los diez o quince días iniciales había tomado las medidas más sustanciales y retrógradas. Lo que transcribo del artículo de Feinmann desnuda claramente las mentiras de su campaña electoral que disfrazó su esencia PRO gran capital y de sus principales corporaciones.
Cabe decir que por primera vez en nuestra historia la derecha explícita gana una elección nacional sin apelar al fraude ni a las proscripciones. Fenómeno que se suma a la ofensiva que sufren los gobiernos populares de Sudamérica.
La nefasta trascendencia de ese grave desmantelamiento para el país y los sectores populares ofrece diversos ángulos de abordaje. Aquí no entraré a detallar los descabezamientos institucionales y la consiguiente ola de  despidos pero sí esbozaré someramente los alcances políticos de la nueva situación que se abrió. Veamos.
** La velocidad con que descabezaron los principales organismos del Estado controlados por el kirchnerismo presenta diversos escorzos. Uno, muy sustantivo, vuelve a mostrar la diferencia entre Estado -principal construcción histórica sistémica de las clases dominantes- y los gobiernos que son expresiones sectoriales de las luchas políticas por la hegemonía y el control de aquél.
** Ratifica el poder de las grandes corporaciones y de los Estados hegemónicos que dominan el mundo y se afanan por someter a los pueblos y naciones que se les resisten.
** La fisura político-económica que produjo el Kirchnerismo se fue cerrando al quedar inmerso en la legalidad sistémica capitalista que no cuestionó y que terminó desembocando en el triunfo actual de la derecha. Es que las corporaciones siguieron manteniendo su poder y haciendo buenos negocios (en particular las transnacionales) a pesar de las limitaciones que quiso imponerles el gobierno K.
** La durísima gestión que imprimió la derecha en estas primeras semanas, en todos los niveles, mostró su notoria distancia con los logros positivos del kirchnerismo en sus  doce años de gobierno. A la vez, exhibió la vulnerabilidad de su construcción y volvió a plantear los alcances de lo nacional en este período y en perspectiva.
Dando por sentada la naturaleza de la derecha y la coherencia de las medidas que implementa, el eje de la cuestión se desplaza a la problemática que concierne al campo popular y, en particular, para quienes planteamos una perspectiva emancipatoria. Desde ese lugar aventuraré algunas ideas.

¿ Dónde estamos parados ?

La experiencia kirchnerista fue favorable a las mayorías populares a partir del control relativo de algunas instituciones del Estado y de su política redistributiva de corte nacional. Empero, esa política tropezó con el poder económico concentrado que lo condicionó y con sus propias limitaciones. Dentro de ellas, su construcción  piramidal que le rindió frutos tan dulces como amargas resultaron las derivaciones conocidas.
En rigor, tal verticalidad es otra expresión de lo que se puede considerar una constante histórica. Los cambios socio-políticos que cuestionaron el orden establecido, en mayor o menor grado, cristalizaron bajo la conducción de líderes y vanguardias. Esto se aplica  también a las variadísimas luchas por el poder de cualquier signo pero aquí, el asunto espinoso tiene que ver con los movimientos populares y las luchas de los sometidos. El problema remite a la deconstrucción de los procesos liberadores (revolucionarios o no) a posteriori de sus triunfos logrados bajo similar praxis de poder.
Hasta ahora la humanidad no ha zafado de semejante contradicción. La cual se verifica  en lo macro cuyo mejor testimonio proviene de la organización institucional de los Estados. Ahora bien, si enfocamos los niveles micro, aparecen distintas expresiones que tienden a la participación activa y a la circulación de poder. Pero aún no se han constituido alternativas emancipatorias que muevan el amperímetro nacional y ni qué decir del internacional. En mi opinión, lo más rico y avanzado en ese espacio es la experiencia zapatista a pesar del cerco que vienen padeciendo.
Aquí emerge la cuestión de las bases materiales y la subjetividad que alcanza a todos los ámbitos de la sociedad. En ambas entra en juego la idea de racionalidad que, a su vez, se desdobla entre la que emana del sistema y la que lo rechaza.  
El capitalismo ha desarrollado extraordinariamente la producción y generación de riqueza a punto tal que hoy se puede decir que las bases materiales de la humanidad alcanzan holgadamente para satisfacer sus necesidades. En ese sentido la notable Revolución Científico-Tecnológica en curso ha engendrado un verdadero salto en las bases materiales del capitalismo lo que ha potenciado su reinado. Al mismo tiempo, ha acentuado las injusticias y desigualdades en torno al reparto de la riqueza a favor de la concentración económica y de poder. Luego, para una racionalidad que comprenda a toda la población mundial, representa una verdadera irracionalidad. Pero si nos atenemos a la lógica interna del capitalismo, esto se transforma de raíz porque las leyes que lo gobiernan se basan en la propiedad privada, la ganancia que se realiza mediante la explotación y el desarrollo del proceso de acumulación que deviene concentración y centralización del capital, poder y hegemonía.
Por eso si se lo cuestiona y no se rompe con la lógica del capital, tropezamos con serias dificultades e incongruencias. En cambio, si se lo hace desde una lógica independiente se pone en evidencia su irracionalidad. Sin embargo, los argumentos y la generación de alternativas distan tanto como una de otra racionalidad. Luego, la generación de alternativas supone una problemática clave pues plantea la creación de políticas transformadoras del orden capitalista. En el largo proceso que ello implica, se entrelazan diversas instancias, económicas, sociales, culturales, etc. Ahora voy a enfocar el tema de la subjetividad pues atraviesa a aquéllas y gravita fuertemente en la lucha política.

Importancia de la subjetividad en la creación de alternativas.

La subjetividad está condicionada por las bases materiales que produce el orden existente y es catapultada por su “fábrica de conciencias afines”. En lo que sigue me centraré en los candentes sucesos actuales. A tal fin, tomaré a nuestro país como caso testigo considerando el triunfo de la derecha y el carácter de las otras fuerzas empezando por el kirchnerismo-peronismo dada su relevancia.
El gobierno K gestó el período de mayores logros, post dictadura genocida contradiciendo los designios de la derecha. Pero siempre portó un verdadero caballo de Troya, su adscripción al capitalismo. Apelando a un término histórico del peronismo, propició la “humanización del capital” que Néstor Kirchner, en su momento, llamó capitalismo serio. Esto, referido a la producción de subjetividad, significa cabalgar sobre dos racionalidades contrapuestas. La sistémica y la que, confusa o no, apelaba a lo nacional y popular. Ergo, convivieron la fiebre del consumo y el interés individual con lo solidario y las medidas que favorecían a los sectores de menores recursos.
Respecto de la valoración ideológico-política del gobierno K., desde el campo popular, prevalecieron dos posturas antitéticas: a) descalificación lisa y llana; b) justificación basada en la hegemonía mundial del capitalismo. La primera, con sus matices, propia del sectarismo de la izquierda en general; la segunda, refleja la visión “nacional y popular” que alega dicha situación mundial capitalista como barrera insoslayable. Verdad a medias que nada dice de la doble racionalidad que contiene y que obtura, en su hibridez, la búsqueda y promoción de aperturas antisistema.
El triunfo electoral de Macri y cia., entre otras cosas, puso sobre el tapete el tema de la subjetividad: ¿cómo puede ser que mucha gente haya votado a quien, por su trayectoria y claros antecedentes, los iba a perjudicar? Además del peso de lo mediático que no es ninguna novedad, emergió la doble racionalidad que interiorizan gran parte de los sectores populares, al margen de si es conciente o no. Lo que viene a ser un terreno fértil para la imposición del imaginario dominante y la cooptación de vastos sectores vulnerables al discurso del amo, vale decir, de los grupos concentrados con poder real.
Enfoco ahora la articulación bases materiales-subjetividad social lo cual se asocia a la potencialidad de la producción y sus efectos sociales. Exteriorización de ello es el consumo, atributo fundamental del sistema porque resulta imprescindible para la realización del capital y la consecución de su finalidad mayor, la obtención de ganancias. Obvio que la gran burguesía, sin distingos, lo impulsa con todo y emplea a fondo su aparato mediático de propaganda para acrecentarlo ilimitadamente exacerbando el deseo de posesión.
La seducción y estimulación del deseo opera directa y/o subliminalmente sobre las personas fomentando la mixtura de codicia y egoísmo que provoca la multiplicidad de mercancías apetecibles. Y aparece una de ellas tan singular que reina sobre el resto, “el poderoso caballero don dinero”. Sus distintas formas son otras tantas manifestaciones de la cosificación y la mercantilización de la vida que caracteriza su imperio. Es que el capitalismo ha potenciado increíblemente esa histórica forma equivalencial de la mercancía transformada en un monstruo de las cien cabezas por el capital financiero.
A partir de lo apuntado, se puede tender un puente con otro factor gravitante que interviene  en la subjetividad de la sociedad, la relación salarial. En palabras de Frédéric Lordon: “En la economía monetaria con división del trabajo del capitalismo, no hay nada más imperioso que el deseo de dinero, y por consiguiente no hay influencia más potente que la del enrolamiento salarial.” Y líneas más arriba dice: “La puesta en movimiento de los cuerpos asalariados `al servicio de´, extrae su energía de la fijación del deseo……sobre el objeto dinero cuyos únicos proveedores establecidos por las estructuras capitalistas son los empleadores.” (…) “Ahora bien, por una parte la intensidad de la dominación es directamente proporcional a la intensidad del deseo del dominado, cuya llave detenta el dominante.”   (1)
Lo anterior responde escuetamente a la pregunta que subrayamos más arriba pero por supuesto, sin agotar el tema que integra los variados desafíos que deberemos ir resolviendo colectivamente. Por ejemplo y mirado desde otro ángulo, el salario en el capitalismo es el recurso del que depende la mayoría de la población para satisfacer sus necesidades, desde la supervivencia vital hasta los ingresos de los ejecutivos.
Semejante gravitación presenta una fuerte contradicción. Por un lado, potencia la capacidad de extorsión de la patronal y por el mismo motivo, fomenta la resistencia de los sectores asalariados, lo cual determina el variable escenario de las disputas laborales que se extiende a toda la complejidad de los diversos conflictos sociales.
Este breve recorrido nos sitúa frente a múltiples desafíos que confluyen hacia la necesidad de la construcción de nuevas alternativas emancipatorias.

Construcción de nuevas alternativas, ¿cómo?

Quienes sostenemos la emancipación, cualquiera sea su ubicación en el campo popular,  convivimos con ese interrogante que, por supuesto, trasciende lo individual. Como se desprende de lo que apunté al principio, la hegemonía mundial del capitalismo es indiscutible y por ahora absoluta. A partir de esta realidad se disparan las cuestiones y dentro de ese escenario no se visibilizan alternativas. Aquí brotan dos preguntas; ¿la historia se congeló? y ¿las transformaciones sólo dependen de procesos estructurales al margen de la praxis política?  Respondo con dos negativas pero poco se avanza. Entiendo que es necesario reformular la cuestión comenzando por la articulación entre lo macro y lo micro. Previamente hay que clarificar el último concepto, sus ambigüedades, escalas y alcances. Ahora tomo partido y delimito. A nivel internacional surgen manifestaciones locales (y lo nacional sería una de alto rango) que señalan emergencias complejas dentro de lo macro sistémico que, sin cambiarlo, pueden perturbarlo. Mientras que lo propiamente micro remite a lo local y a la vastísima gama de lo grupal, nivel en que la fuerza de las ideas y de las experiencias pueden hallar ecos universales (por ej., el zapatismo).
Esta breve digresión habla de la necesidad de enfocar experiencias donde se desarrollen cambios en  contradicción con lo sistémico sin qué éste los anule o los borre de la memoria. O sea, constituyen luchas y ensayos en busca de sembrar brotes de lo nuevo y de crear distintas fisuras al orden existente. Metafóricamente hablando, abrir picadas.
Con lo dicho sólo esbozo lo que para mí representa un campo que abarca desde las llamadas experiencias nacional populares hasta las políticas grupales donde la emancipación y el anticapitalismo son determinantes. Y no lo hago por eclecticismo sino porque creo que vivimos un período oscuro que exige romper barreras sectarias y desarrollar una amplitud de miras que contribuya al intercambio colectivo y a restarle al enemigo los frutos de la división. Hay tantas preguntas sin respuestas como demandas que las requieran, lo cual  conspira contra el imperio de los dueños de la verdad…
Abordar los cómo es una tarea colectiva que, mínimamente, comprende dos niveles: el situacional y las posibilidades que de él emana. El primero remite al carácter concreto de las contradicciones y conflictos en juego y supone la toma de partido. El segundo, incluye al primero dentro de la praxis política que lo actúa en función de la construcción de las alternativas que se impulsan.
Creo que aquí se debe superar una falsa disyuntiva que exacerba equívocas diferencias.  Hablo de la contraposición entre dos muletillas, “el mal menor”  o “a cuanto peor, mejor”. Voy a ilustrar esta idea con un ejemplo propio del remanido catálogo que enumera los más y los menos de la política K. Para ésta, sus debilidades y contradicciones resultan el mal menor frente a “la imposibilidad” de transformaciones mayores. En cambio, la cerrada oposición de sectores de “izquierda” de hecho adscriben al 2º lema que, traducido, revela su aspiración a reemplazarlo. Semejante diálogo de sordos, ¿a quién favorece y cuánto contribuye al enriquecimiento de las ideas?
Las consecuencias post electorales no dejan mayores dudas. Pero lo que sí se potencia es la inconsistencia política de la apertura K al mismo tiempo que resalta el vacío de alternativas anticapitalistas. Ambas visiones, sin desmerecer sus diferencias, no deben ignorarse recíprocamente si se pretende reflexionar desde el campo del pueblo.
Se impone debatir en torno a los alcances de lo nacional y popular y desde una concepción anticapitalista, pensar las grandes dificultades que conlleva la gestación de opciones paralela a la debilidad en la creación de alternativas. Es que los cómo atraviesan cantidad de cuestiones teórico-políticas no saldadas. Y entre ellas, surge la subjetividad social  a la que, mínimamente, ya me referí. Mas, antes de cerrar, quiero aludir a dos categorías que parecen antagónicas y que se asocian a la generación de alternativas: revolución y democracia representativa. La última en plena vigencia, la otra, fuera de cartel cuando no demonizada. Ambas, en buena medida, testimonian el cambio de los tiempos político-ideológicos que vivimos.
Revolución remite a los procesos que promueven transformaciones de fondo del orden social establecido. En general y dada la magnitud de lo que se juega, devinieron grandes enfrentamientos en los que prevaleció la violencia explícita. Mientras que democracia representativa alude a una forma de gobierno, de ejercicio del poder, que  articula dos                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              conceptos. Democracia como gobierno del pueblo (de la mayoría) y representativa que delega dicho gobierno a la gestión de sus representantes. Empero, esta definición es tergiversada toda vez que el discurso dominante la trastoca para adecuarla a sus fines de control político y de formación de subjetividad social. En cuanto a la revolución, su desnaturalización se vincula a su demonización a raíz de las graves derrotas populares del siglo XX y de las distorsiones que convivieron con su puesta en práctica. Obviamente no planteo revivals fuera de tiempo y de lugar, sencillamente señalo que dicho concepto forma parte de una larga historia y quienes pretenden borrarla de la memoria y del léxico debido a su “horrorosa violencia”, son las mismas minorías que siempre la generaron con su despótica dominación. Hoy es una categoría que, como tantas otras, requiere un examen crítico con vistas a nuevos procesos emancipatorios.
A propósito, vienen a colación dos ejemplos contrastantes para ilustrar los cambios simbólicos que portan las palabras. Después del golpe de la Libertadora en 1955 y en particular en los 70, el término revolución sobresalía en la lucha política de entonces cuyo trágico final es por demás conocido. Más tarde, autoderrotada la dictadura genocida en el 83, se instala la democracia representativa que pasa a ser el símbolo por antonomasia de un gobierno legítimo. Hoy repensar la revolución para clarificar sus  falencias, contradicciones internas y sus alcances, semeja una herejía. A la vez, objetar la democracia representativa real por su funcionalidad sistémica y enfocar el irresuelto tema de la representación, configuran herejías mayores que descalifican todo pensamiento crítico. Vale entonces el proverbio africano: “Cuando la palabra está enferma, que los oídos estén sanos.”
Lo anterior es un escorzo más que plantea los cómo en busca de respuestas dentro del horizonte de la emancipación que demanda el concurso de quienes participan del mismo. Esto nos sitúa ante una tarea de intercambios en la que los interrogantes deben resultar estímulos para un proceso de construcción de alternativas que asuma insoslayables principios éticos, libertad de pensamiento y que sirva para sumar los esfuerzos de las distintas experiencias colectivas. Con ese fin, cierro este artículo invocando a las aperturas de pensamiento y a la creatividad de las ideas.-------

Jorge Luis Cerletti   (marzo de 2016)

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(1) “Capitalismo, deseo y servidumbre – Marx y Spinoza” de Frédéric Lordon  (Ed.. Tinta Limón).

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