lunes, 9 de abril de 2018

LA DERROTA DE MACRI, ¿depende de Quasimodo?, Por Jorge Luis Cerletti para Vagos y Vagas Peronistas

"No debemos contraponer -dice Cerletti- las luchas del día a día con una política original que le confiera sentido a éstas. Es preciso articular las tareas favorables a la liberación nacional con una construcción, de largo aliento, con vistas a la emancipación. Esto supone un prolongado ejercicio de creatividad que posibilite romper con los condicionamientos propios del capitalismo". 


El triunfo electoral y la asunción del gobierno de Macri en Diciembre de 2015 blanqueó, paradojalmente, los alcances de la Democracia instaurada en Argentina en diciembre de 1983. Lo paradojal consiste en que, por un lado, sucede a la dictadura más feroz que sufrimos desde 1930, año inaugural de la serie de golpes militares del S.XX. Por otro, dicho triunfo electoral “legitima” a los mismos que nos vienen oprimiendo históricamente. Al margen de sus contradicciones y diferentes circunstancias, lo más significativo es que representan a los sectores dominantes que impulsaron cuanto golpe se dio en nuestro país para liquidar las reivindicaciones del campo popular. 

En verdad, la última dictadura sucumbió por sus propios errores. Principalmente, por haberse lanzado a la guerra de Malvinas basada en dos presupuestos fallidos. Que Inglaterra, la potencia colonialista invasora, se resignaría a una negociación condicionada por un acto de fuerza. La otra, que EE.UU, la principal potencia mundial, se abstendría de intervenir y desarrollaría un rol mediador. Claro está que el móvil no fue la justa soberanía de las Islas sino la idea de que ese logro garantizaría la continuidad de su despótico gobierno. Su política pro imperialista y sus excelentes relaciones con los yanquis, alimentaron esa ilusión que impulsó la aventura bélica. Después, la derrota hizo naufragar sus espurias intenciones… 

Por supuesto que considerando la ferocidad represora de la dictadura genocida, la democracia realmente existente supone un salto adelante. Mas, la hegemonía del gran capital externo-interno junto a las limitaciones y las sustantivas diferencias político ideológicas entre las fuerzas en juego, problematizan el porvenir de tal democracia. Hija del capitalismo, nació y vive condicionada por su legalidad sistémica. Ergo, nos hallamos frente a un verdadero galimatías pues dicho orden social, no obstante sus grandes diferencias y matices, hoy rige en todo el planeta. Semejante condicionamiento induce a evaluar el estado actual de las contradicciones y a intentar cursos de acción relacionados con sus tiempos. Y aquí la cuestión recae sobre el campo popular, sus contradicciones, desafíos y carencias actuales. 

Quasimodo o una deriva deforme. 

La metáfora alude a la coyuntura que vivimos y a las contradicciones instaladas sobre quienes luchamos por derrotar lo que implica el gobierno de Macri. En la actualidad, para la oposición, una cuestión política recurrente y prioritaria pasa por lograr la unidad. Así lo entendió el kirchnerismo que lanzó su convocatoria de la Unidad Ciudadana por más que, básicamente, alinea a su propia militancia y afines. 

La problemática unidad plantea serias dificultades. Como ser, la recuperación del control del Estado por la vía electoral. A tal fin, se procura unir al antimacrismo a cualquier precio. Aquí las expectativas giran en torno al peronismo por su relevante historia y sonido ideológico de fondo sobre vastos sectores de la sociedad. Cierto que esa misma historia lo ha mostrado, en variadas ocasiones, con serios enfrentamientos internos. 

La unidad del peronismo, visto superficialmente, pareciera un objetivo alcanzable para poder derrotar al macrismo. Aunque los antecedentes de los gobiernos “peronistas” de Menem, no estimulan esas ilusiones. Sin embargo, se puede aducir que son otras las circunstancias que hoy demandan respuestas concretas. Y esto requiere una mirada crítica que debe proyectarse a la cuestión acerca de la naturaleza de la construcción política a impulsar. 

Observando el escenario actual del peronismo se puede decir, metafóricamente, que buena parte del mismo refleja la figura deforme de Quasimodo. ¿Qué representan Urtubey, Barrionuevo, Massa, Pichetto, los gobernadores amansados por el presupuesto oficial, etc.? Son sólo algunos de los exponentes de la antítesis del legado histórico. Aún imaginando un triunfo en el 19, en tales condiciones resultaría una victoria a lo Pirro. Más bien, esa ficticia y engañosa unidad resultaría la antesala de un nuevo fracaso. 

La lucha política en modo alguno justifica tergiversar su historia. El peronismo conmovió a la Argentina por sus realizaciones político-económicas y sociales, fundamentalmente en su primera presidencia. Se ganó al movimiento obrero, se nacionalizaron los ferrocarriles, los puertos, el sistema de seguros y reaseguros, todas las empresas de gas…. Asimismo, varias de las instituciones que creó fueron modélicas: el IAPI, DINIE, la Constitución del 49, La Flota Mercante Argentina, Agua y Energía Eléctrica, etc. 

Obviamente, esta somera revisión no es una apelación nostálgica sino que reseña varias conquistas que gestaron la identidad del peronismo. Pensemos que los cambios de época no explican la pérdida de su identidad. Sí la carcoma interna y los ataques externos que lo fueron mellando a punto tal que hoy constituye un deforme actor que no es ni la sombra de lo que fue. 

Lo expuesto no significa minimizar la importancia de una derrota electoral del macrismo. Pretende trascender la inmediatez y la absolutización del problema explicitando la necesidad de un proyecto y una construcción política superadores de las limitaciones existentes. 

Construcción política y nuevo proyecto, un desafío insomne… 

En principio debemos aceptar que las condiciones actuales resultan desconcertantes. Y lo son respecto de una construcción estratégica cuyas perspectivas se presentan muy complejas. Lo cual remite a la problemática de la liberación nacional y la emancipación, dos momentos ligados aunque con diferentes alcances y trascendencia. 

La liberación nacional implica el control del Estado por fuerzas que impulsan la independencia respecto de las naciones y corporaciones extranjeras e internas afines. En suma, significa ejercer la soberanía en la toma de decisiones que favorezcan al país y beneficien a la sociedad. Y aquí aparecen los obstáculos y desafíos que jaquean la propuesta. Existe una doble atadura relativa al capitalismo vigente en nuestro país y en el mundo. El poder del gran capital no reconoce fronteras, controla resortes fundamentales en las distintas naciones, sean centrales o periféricas. Lo cual gravita decisivamente en las relaciones internacionales. 

Se oscurece así el horizonte de lo nacional cuya última y rica experiencia sudamericana se halla en franca regresión desgastada por las relaciones sociales capitalistas no superadas. Frente a ello, brota la figura de la emancipación del capitalismo como una necesidad histórica. Pero dicha necesidad aún no se condice con los logros alcanzados ni con la debilidad de los intentos. En rigor, la debilidad no proviene de la lucidez crítica antisistema ni de la justicia de su causa. Básicamente, deviene de la potencia del capitalismo para desarrollar distintas formas de producción y profundizar el salto tecnológico. Lo cual va unido a la fabulosa concentración del capital con su consiguiente poder económico y político social. 

Sin embargo, ese cuadro sombrío está perforado de contradicciones y de ricas experiencias aportadas desde los ámbitos micro. Y en un marco más amplio, emergen las resistencias y luchas populares que surgen en toda la geografía mundial de acuerdo a las características de cada lugar y a la diversidad de situaciones. Se presentan en dos planos: el de sus manifestaciones y el que deriva de los nuevos espacios que se fueron creando. El primero se puede ejemplificar con la aparición del zapatismo, las “guerras” del agua y del gas en Bolivia y también con las luchas de nuestras madres de plaza de mayo. El segundo, con el desarrollo del ecologismo político-ideológico, el resurgimiento de los pueblos originarios, las luchas y reivindicaciones de género, las prácticas igualitarias que asumen la circulación del poder, etc.etc. 

Ante las aperturas señaladas y la visión antisistema se dan, mínimamente, dos posturas opuestas: a) asumir dichas aperturas; b) calificarlas de utopías ingenuas e irrealizables. Esta última es ampliamente mayoritaria y está vinculada a la hegemonía cultural-política existente y también a la frustración que originó la implosión de las grandes revoluciones anticapitalistas del siglo pasado. Y la misma constituye una visión conformista. Empero, donde los problemas resultan más acuciantes por su actualidad, plantean la cuestión nacional. Tema que merece detenerse un momento. 

Como mencioné, en Argentina y en varios países hermanos se produjo un avance en torno a la cuestión nacional, por más que resulte despareja su profundidad. En general, desde el control del Estado, se favoreció la causa nacional pero conviviendo con las grandes corporaciones que prosiguieron con sus negocios. Los avances variaron según los casos pero todos inmersos en relaciones capitalistas como factor común. Incluso los más radicalizados que propiciaron el llamado “Socialismo del siglo XXI”, no pudieron zafar. Y esto se vincula al actual resurgimiento político-ideológico de la derecha que aquí expresa Macri & Cia. 

Lo anterior exhibe un hiato entre los movimientos populares que persisten en esa política y quienes sostenemos la búsqueda de nuevas opciones anticapitalistas sin por ello negar apoyo cuando los enfrentamientos con el poder imperante lo demandan. Pero el modo de construcción y los objetivos mediatos difieren. Debemos reconocer que son muchos más los interrogantes que los asertos. Luego, precisamos un amplio debate e intercambio de ideas en el campo popular sobre perspectivas y cursos de acción. Es que vivimos una etapa eminentemente táctica y muy deficitaria en lo estratégico. 

No ocurre lo mismo con la derecha que controla el Estado, que está consustanciada con su estrategia y que opera tácticamente con bastante eficacia. Su talón de Aquiles proviene de la contradicción entre sus logros y las perspectivas que generan. A mayor explotación y opresión tiende a elevarse la resistencia popular. Y en lo económico, su gran baluarte, se avizora la grave amenaza de la recurrente crisis de la balanza de pagos cuyo último antecedente fue la explosión de 2001/2002. El formidable endeudamiento externo , empeorado por la fuga de capitales, oxigena la situación actual (gracias al uso de “la pesada herencia”). En cambio, su proyección a futuro es una bomba de tiempo. 

Este brevísimo paneo de los sucesos que vivimos y de las fuerzas en pugna aspira a impulsar el debate de ideas en torno a la causa popular. Obviamente, es mucho más fácil hacer la crítica a las medidas que toma el gobierno que construir una opción liberadora que no reincida en los condicionamientos que la vienen esterilizando. 

No debemos contraponer las luchas del día a día con una política original que le confiera sentido a éstas. Es preciso articular las tareas favorables a la liberación nacional con una construcción, de largo aliento, con vistas a la emancipación. Esto supone un prolongado ejercicio de creatividad que posibilite romper con los condicionamientos propios del capitalismo. Por supuesto que se enfrenta una plétora de dificultades, pero lo que no se intenta es imposible conseguir. En términos político-ideológicos, exige un estado de permanente vigilia para sumar ideas y acciones colectivas que desarrollen un proyecto y una construcción política de nuevo tipo. De allí que semejante emprendimiento suponga un continuado desafío insomne.------- 



Jorge Luis Cerletti ---- Abril 6 de 2018

No hay comentarios:

Publicar un comentario