viernes, 10 de noviembre de 2017

COMBATIENDO AL CAPITAL, Por Jorge Luis Cerletti, para Vagos Peronistas

“Por ese gran argentino que se supo conquistar a la gran masa del pueblo combatiendo al capital ¡Perón, Perón, que grande sos! “ (De la marcha peronista) 

Brevísima reseña política.
“Te acordás hermano qué tiempos aquéllos”.… y pensar que el capitalismo se fue imponiendo a lo largo del tiempo. También superó etapas en que sectores populares lucharon por el socialismo para terminar con este sistema injusto y deshumanizado. Y a partir del derrocamiento de Perón en 1955, se sucedieron varios golpes de Estado con la misión de aplastar cualquier resistencia popular. Serie que culminó con la dictadura genocida instaurada mediante el golpe militar de 1976. (1) Luego, en el período “democrático”, no surgió ningún gobierno que cuestionara la naturaleza del capital ni tampoco los que asumieron la causa popular y defendieron sus intereses. 

Desde una visión histórica, el primer gobierno peronista (1946-1952) fue el punto más alto referido a una política que condicionara al capital favoreciendo a las masas populares. No obstante, su enfrentamiento con la gran burguesía se mantuvo dentro del marco del sistema. Y ya en su segundo mandato, antes del golpe de la auto-titulada “Revolución Libertadora” en 1955, exhibía evidentes señales de retroceso. Una clara muestra fueron las tratativas con Milton Eisenhower y el gobierno de U.S.A. que modificaba su anterior política opuesta a los designios imperiales de EE.UU. Y en esa línea, generó una importante apertura a las inversiones extranjeras. (2) El caso emblemático fue el contrato con la California (Standard Oil) que transgredía el artº 40 de la Constitución Nacional de 1949 sancionada bajo su primer gobierno. 

Con sus limitaciones, el peronismo es el principal movimiento popular contemporáneo de masas. Su fecha simbólica de nacimiento data del 17 de octubre de 1945. Y en el movimiento participan diversas corrientes cuyos extremos, izquierda y derecha, fueron y son antagónicas. Perón cobijó ambos extremos legitimando las alternancias según sus intereses coyunturales. Como ser, brindó su apoyo a los movimientos revolucionarios y al socialismo nacional hacia finales de su proscripción. Pero también cobijó a López Rega, su funesto secretario privado designado Ministro de Bienestar Social. Desde esa función, fue artífice de la creación de la Tripe A, autora de numerosos crímenes políticos sobre sus opositores de izquierda. Macabro proceso que estalló bajo el gobierno de Isabel.

Ya en la etapa “democrática” y hasta el presente, el peronismo mantiene su gravitación e influencia en los sentimientos populares y en la política nacional. Asimismo, exhibe sus múltiples contradicciones que son espejo del amplio arco político que abarca desde la izquierda hasta la derecha reaccionaria. 

Esta brevísima reseña intenta mostrar un esquemático precedente para conectarlo con la penosa situación que implica el triunfo de Macri & Cia. Veamos entonces.

Situación actual de lo nacional y popular. 

El peronismo aparece como el movimiento político que alimenta expectativas respecto de la oposición a los “globos amarillos”. Metáfora que podría traducirse como las mentiras de los rubios del establishment para engañar a los negros del populacho. 

Ahora bien, acerca de la política de “esos rubios” no caben mayores dudas. El problema de fondo gira en torno al interior del campo popular. El Kirchnerismo que gobernó en los tres períodos anteriores, es la mayor oposición actual e integra el espacio peronista. Dentro del mismo, los conflictos de intereses y disputas de poder configuran un abanico plagado de diferencias que siguen vigentes aunque cambien los nombres.

Lo novedoso es que hoy estamos frente a la legitimación política del poder del gran capital interno y externo, algo que no habían logrado en la etapa democrática ni durante el siglo anterior. Porque en el período menemista su política económica y social favorable a los grupos concentrados se disimuló tras la pantalla del peronismo. Fenómeno que demostró la falacia que suele encubrir la invocación de su nombre cuando está vaciado de contenido.

Es evidente que la resonancia cultural ideológica del peronismo está lejos de su capacidad de convocatoria en la época de Perón. Sus divisiones internas y algunos sectores funcionales al macrismo, lo han desgastado y obstruyen la unificación del movimiento. Unificación que en buena medida lo produjeron Néstor y Cristina quien continúa a la cabeza de la política K (ahora Unidad Ciudadana). En rigor, en sus tres períodos de gobierno, fue su política propia la que se destacó más allá de su filiación peronista. Pero ni la filiación ni los cargos ejercidos impidieron los desprendimientos posteriores de Sergio Massa (su ex Jefe de Gabinete) y de Florencio Randazzo (ex Ministro de Transporte y candidato K desplazado por Scioli, elegido a dedo por Cristina). Divisiones que catapultaron el triunfo de Macri.

Si ahora comparamos la actualidad de la situación nacional con otros momentos y protagonistas, surge una notoria declinación. Y lo que interesa destacar es el carácter de los protagonismos en función político-ideológica. Al margen de algunos gremios combativos y la dos CTA, el panorama que brinda la CGT es paupérrimo. Si el movimiento obrero es la columna vertebral del peronismo, ésta es comparable a la de Quasimodo… En cuanto a los políticos que negocian la unidad, salvo excepciones, es un muestrario de ambiciones y falta de principios que hacen “horror” a las tres banderas históricas, justicia social, soberanía política e independencia económica…

Convengamos que el penoso escenario descripto es más bien una exhibición de ambiciones e impotencia. Asimismo, aparecen las carencias en la construcción de políticas nacionales que enfrenten el poder de las grandes corporaciones. Y el kirchnerismo, a pesar de algunos avances y restricciones sobre las mismas, dejó intangible su poder. En tanto que el triunfo de Macri blanquea la simbiosis de la política, la economía y lo social bajo el imperio del gran capital externo e interno.

Contra la dominación, ¿otra forma de construcción es posible? 

“La descaracterización de la democracia es tal que ya se habla hoy de posdemocracia, un nuevo régimen político basado en la conversión de los conflictos políticos en conflictos mediáticos minuciosamente gestionados por técnicos de publicidad y comunicación, y últimamente apoyados por la posverdad mediática de las fake news.” (“Contra la dominación” de Boaventura de Sousa Santos, en Página 12 del 16/10/17).

En la presente situación repetir las políticas que condujeron a esta encrucijada es poco menos que suicida. Confiar en que el régimen macrista se derrumbe en función de una crisis económica semejante a la del 2001/02 supone una visión miope. No sólo por el feroz costo social que supondría sino por soslayar la magnitud del poder que la engendra y se mantiene incólume a lo largo del tiempo. El que hoy vive sus días de gloria a la vez que exhibe las falacias de la “democracia” representativa existente. Resulta obvio que las trágicas dictaduras que nos flagelaron no son comparables. Sin embargo, el poder real ya no las necesita y enmascara su dominación tras la fachada democrática. 

Recordemos que cuando nació el peronismo produjo un quiebre que innovó la política de entonces. Quiebre que con el correr del tiempo se fue fosilizando hasta llegar al envejecimiento actual. Porque batir el parche sin propiciar cambios fundacionales más se parece a un negocio para acceder a las ubres del Estado. 

La cuestión clave es la construcción de una política innovadora para gestar cambios de fondo. Empero, una cosa es comprender la realidad política y muy otra es cambiarla. Problemática que afecta tanto a los que se mantienen fieles a la mejor tradición del peronismo o al kirchnerismo ahora, como a quienes impulsamos el desarrollo de experiencias anticapitalistas. En este amplio espacio se impone el intercambio de ideas y un debate productivo en busca de perfilar políticas que vayan construyendo opciones a esta feroz ofensiva del poder dominante.

Y aquí viene la pregunta del millón, la que nos desvela desde hace muchos años: ¿se puede resolver la cuestión nacional sin enfrentar y derrotar al capital concentrado? O sea, alcanzar la soberanía política, la independencia económica y la justicia social sin que luego se desvirtúe. Lo cual, en buen romance, representa un objetivo tan irrenunciable como necesaria es la construcción política que lo haga viable. 

Jorge Luis Cerletti

9 de noviembre de 2017



NOTAS:

(1) Una crónica mucho más desarrollada figura en el artº “El peronismo: crónica de una metamorfosis” que también se incluye en mi libro “Estado, democracia y socialismo.”



(2) En esa etapa ya se hacía sentir la emergencia de la “restricción externa”. La misma se manifestó en el fuerte crecimiento de la industria liviana que chocaba con la insuficiencia de desarrollo de la industria de bienes de producción que, básicamente, dependía del exterior.

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