lunes, 15 de julio de 2019

HOY, ¿QUÉ SIGNIFICA EL TÉRMINO REVOLUCIÓN?, Por Jorge Luis Cerletti para Vagos y Vagas Peronistas



La Crítica corta… 

Situados en el campo popular y con la mirada centrada en la coyuntura, las opciones políticas no ofrecen mayores dudas. La cuestión prioritaria es vencer en las próximas elecciones a la derecha cipaya de Macri & cia, expresión del gran capital internacional e interno apoyados por el emblemático FMI. 

A esta altura es evidente que el “Frente de todos” presidido por la fórmula F-F resulta la única opción con buenas chances de imponerse al oficialismo. Mas, esa apuesta realista, encierra interrogantes. Quizás el principal deriva de la fórmula que surgió de una hábil jugada de Cristina pero que, a la vez, introduce una perspectiva incierta. 

Ahora bien, se pueden historiar las desavenencias políticas entre ambas figuras lo cual no desvirtúa el acuerdo alcanzado que superó las diferencias del pasado en aras de una inteligencia común. De ser así, esa movida representa un intento político válido que contrasta con otras experiencias que testimoniaron la vulnerabilidad de los acuerdos programáticos y/o de los discursos preelectorales. 

Desde otro ángulo, si se aprecian los tres gobiernos kirchneristas cuyo último de ellos obtuvo el 54 % de los votos y se los compara a esta amplia alianza que promueve hoy, se percibe un debilitamiento político que emana de la exigencia de la unidad. Porque la misma supone un galimatías a futuro si se piensa, por ejemplo, que lo integra Massa quien resultó funcional a los designios Macristas en buena parte de su gestión. 

Aclaremos que el objeto de estas líneas no es reiterar el enorme desfondamiento de nuestros recursos económicos, la subordinación a los dictados del gran capital, empezando por el FMI, ni el empobrecimiento de los sectores que viven de su trabajo a lo que debe sumarse a quienes lo han perdido, etc. etc. Esto es tan evidente que resulta obvia la “pesada herencia” que caería sobre los eventuales vencedores del campo popular. En cambio, lo que aquí enfocaremos es la necesidad de construcciones que trasciendan las urgencias de la próxima elección nacional. 

Lo anterior no significa desconocer la importancia de dicha elección. Sólo que la política, desde hace tiempo, se transformó en una sucesión de prácticas coyunturales. Las cuales exhiben éxitos y fracasos sin que los primeros cambien las condiciones reales de la dominación. Traducido, ese sistemático actuar sobre la inmediatez no sólo alimenta el eterno retorno de lo que se combate sino que evidencia la falta de una construcción política estratégica que cuestione las bases reales del sometimiento. Precisamente, la crítica conforme a esa modalidad resulta una “crítica corta”. 

Este enfoque tampoco niega la validez de la crítica a los representantes del poder real, sea a sus auténticos personeros o a la vasta gama de sus corifeos. Trata sí de impulsar la reflexión y el debate entre los diversos sectores populares que enjuician a los responsables de empobrecer las condiciones de vida de nuestro pueblo pero, a la vez, omiten la necesidad de crear alternativas liberadoras. 
Jorge Luis Cerletti

Revolución, un nombre vaciado de contenido. 

El término Revolución está cargado de sentido pues conlleva una densísima historia que es indispensable situarla en tiempo y lugar. Mientras que hoy, a diferencia de los 60 y los 70, es un término que se ha desvirtuado y perdido vigencia. Lo cual es resultado de un proceso caracterizado por la hegemonía mundial del llamado neoliberalismo y la derrota de las revoluciones de signo popular triunfantes durante gran parte del siglo XX. Proceso en el que se dieron variados movimientos por la liberación, producto de guerrillas, ejércitos populares o de grandes puebladas… 

Digamos que el climax revolucionario devino del triunfo de las grandes revoluciones del campo comunista y de los movimientos de liberación nacional que florecieron en distintos lugares del llamado Tercer Mundo. En cambio, la implosión del campo comunista y el ocaso de las revoluciones nacionales (temas tratados en otros artículos), marcaron los tiempos y lugares del eclipse de las revoluciones contemporáneas. Y esto hizo perder el sentido político profundo del término revolución. Vale decir, el que remitía al desplazamiento del poder de las minorías explotadoras y dominantes que prevalecían y usufructuaban del capitalismo en detrimento de la mayoría de la población. 

Aquí juega el dispositivo cultural que implica desvirtuar el sentido que conlleva el término revolución. Para desacreditarlo se lo asocia al derramamiento de sangre y a intereses bastardos. Y ése es el falso velo que difunden los amos del poder. Por ejemplo, cuando soslayan o tergiversan los objetivos y el significado político de la Revolución Francesa (Libertad, Igualdad, Fraternidad) o los que promoviera el peronismo más de 150 años después (Soberanía Política, Independencia Económica y Justicia Social). 

Tal fenómeno distorsivo no es sólo producto de la hegemonía de los sectores dominantes sino también efecto del gran debilitamiento de alternativas anti sistema. Es que al no asumir consecuentemente la batalla ideológica no se rescata el significado profundo del término revolución. O sea, los ejes de la actividad política se desarrollan al calor de lo que permite o tolera el régimen imperante. Y éste excluye los cuestionamientos de fondo. 

Rescatar el término Revolución. 

Mas, “el mundo sigue andando” y se desarrollan nuevos fenómenos. Un importante movimiento de los últimos tiempos, el feminismo, con sus notables luchas de género, resulta un claro ejemplo de que el sentido político de la revolución no se ha perdido. Sobre todo porque dicho movimiento supone un cambio cultural político que no remite a la lucha armada sino que instala una auténtica revolución de sentido. Nada menos que afecta a la mitad de la humanidad que a lo largo de los siglos y milenios sufrió la falta de igualdad de derechos respecto de la otra mitad, los varones. Situación cuyo epicentro es lo socio-cultural que debiera empezar a resolverse en el ámbito político. Asimismo, existen otros movimientos que portan una revolución de sentido. Como ser, los que defienden la ecología del planeta, o los que reivindican a los pueblos originarios, o las luchas contra la discriminación y la solidaridad con las migraciones de la pobreza…. En suma, revolución sintetiza rebeldía ante cualquier forma de sometimiento. 

Una apertura sobre el sentido del término revolución no tiene mayor importancia si no va asociada a una praxis renovadora. Si no impulsa, en forma amplia y desprejuiciada, la reflexión y el intercambio de ideas acerca de lo que se necesita cambiar para romper con la dependencia y el estancamiento actual. En ese sentido, revolución no se aviene a nostalgias hacia el pasado, representa una voz que promueve la creatividad y a la vez, estimula una profunda revisión histórica. 

En esa tesitura, vienen a colación las siguientes afirmaciones de Isabel Rauber: (ver su libro “Refundar la política”, en pág. 73) 

“El debate de la subjetividad es ante todo la pelea contra la cosificación y vendibilidad de los sujetos, (o sea, la transformación de todas las cosas y seres humanos en 

mercancías…) dando la batalla ideológica y cultural para que los sectores populares descubran en sus realidades, en sus modos de vida, cómo el capital los va transformando cada vez más en objetos que viven para el mercado, convenciéndolos de que la felicidad radica en el consumo.” 


Ese cuadro realista exhibe la postración de la subjetividad social dominante que prevalece en gran parte de nuestra sociedad. Frente a ello, hoy debemos reinventar la política llamada a producir transformaciones de fondo. Y en esto tropezamos con la historia vivida donde las grandes revoluciones parecían que cambiaban el mundo porque las mismas significaban el comienzo del fin de la explotación y la dominación. Pero las nuevas criaturas portaban “malformaciones” que, al cabo del tiempo, terminaron trocándolas en su antítesis. Ergo, el gran capital concentrado copó el escenario mundial regenerando la situación que queríamos subvertir. 

Por supuesto que semejante fenómeno no proviene de una cuestión terminológica. Pero dado que la palabra constituye un medio de expresión y comunicación fundamental en el género humano, algunas sacuden el ámbito socio-político y quedan inscriptas en la historia. Tal el caso de la palabra revolución que condensa la necesidad de cambios profundos de la realidad que nos fagocita bajo el poder que nos somete. Tiene notoria importancia en lo ideológico pues problematiza el pensamiento político. Y en ese aspecto aparecen dos posturas antitéticas que convergen por sus efectos. Una, actúa una inmediatez delimitada por el orden existente que obstaculiza pensar y crear proyectos alternativos. La otra, asume el hoy como si fuera el futuro motorizando una abstracción que constituye una expresión de deseo. Y ambas, al encapsularse, no alteran las condiciones de sometimiento. 

Hoy, reflexionar en torno al término revolución conlleva un rechazo al conformismo. O sea, estimula el pensamiento y al intercambio de ideas en busca de romper con el estatus quo actual. En esa línea, valorizar las luchas de los 60-70 no significa trasladar mecánicamente lo actuado en esa época. Apreciar las diferencias, encarar la situación actual y los cambios producidos que incluyen a las nuevas generaciones, es una forma de asumir el desafío innovador del término revolución para alimentar políticas originales al servicio de un cambio profundo de la realidad existente.-------- 


(")Síntesis biográfica:


Jorge Luis Cerletti nació en Buenos Aires en 1937, arquitecto. Fue profesor de Economía Política en la Universidad del Salvador y de Historia Social en la Facultad de Derecho de la UBA. Fue uno de los fundadores e integrante del grupo de reflexión La Mesa de los Sueños, también del grupo Repro (Reflexión y producción) y colaborador del CEPPAS, (Centro de políticas públicas para el socialismo). Producto de su dilatada militancia realizó numerosos ensayos políticos. Como coordinador de la colección Cuadernos de la realidad, dirigida por Raúl Sciarretta y editada por Granica, publico en ella tres ensayos: “Desarrollo industrial y concentración monopólica”, “La oligarquía terrateniente” e “Imperialismo y dependencia” (1974) y los siguientes libros: Retazos para una historia” (ficción 1983, Peña Lillo Editor); “El nuevo orden mundial, el socialismo y el capitalismo depredador” (1 991, Centro Editor de América Latina); sigue: “El poder y el eclipse del socialismo” (1993, Centro Editor de A.L.); “El Poder y la necesidad de un nuevo proyecto” (1994, Ediciones Mesa de los Sueños); “El poder bajo sospecha” (1997, edit. De la Campana) y “Las relaciones de dominio como lazo social (1999, edición del autor); “Políticas emancipatorias - crítica al Estado las vanguardias y la representación” (2003, edit. Biblos) y “Estado democracia y socialismo” (2014, edic. El jinete insomne, publicado por el ceppas, centro de políticas públicas para el socialismo).

miércoles, 3 de julio de 2019

Quinto fragmento del capítulo: "MODELAR SERES HUMANOS", correspondiente al libro inédito: "DE LA DOMINACIÓN CONSENTIDA", de León Pomer (") para Vagos y Vagas Peronistas


DOMINADORES 

Al transcurrir la existencia humana en una historia de interacciones específicas, enseña Maturana (1998:51), no será la estructura biológica la que determine las características individuales: “surgirán epigenéticamente durante su ontogenia”. El inicial “vacío” epigenético de la criatura humana se llenará del contenido que la sociedad le infunda, cifrado en atributos que deberán poseer los futuros dominadores, sus cancerberos y burócratas, los carreristas de la política y otros servidores suyos, letrados e iletrados. La relación asimétrica dominadores – dominados, ejercerá una influencia modeladora recíproca sobre ambas partes: “aprenderán” a conducirse, a pensar y comportarse con arreglo a su papel en el drama, producto de la coacción inherente a las situaciones antagónicas. Los tipos humanos que se generen en los distintos momentos históricos del sistema, habrán integrado a su ser las constricciones a que fueron expuestos en la aludida inter relación, al extremo de que el amplio arco de las desconformidades de los más débiles por lo males padecidos, tenderá a transcurrir dentro de los marcos que los aherrojan. La ruptura de ese límite, la adquisición de la consciencia de las raíces de que emana la desigualdad y el sufrimiento, tendrá enormes dificultades para surgir. 

La generalidad de los dominadores de todos los tiempos comparte rasgos que su condición requiere: la crueldad, uno principalísimo, les es indispensable para amedrentar, reprimir, torturar, y matar de hambre. La helada indiferencia es el otro rasgo relevante, que excluye toda conmiseración hacia los que cumplen una función decisiva e imprescindible en el sistema: ya que, sin el papel que desempeñan, no lo habría. Desde la acumulación originaria del capital hasta los días de hoy, y en todo el período previo caracterizado por la presencia del capital mercantil, la dominación no ha parado de verter sangre. 

En su Modernidad y Holocausto (1998:194), Bauman, coincide en que la presencia generalizada del rasgo “crueldad” en un medio humano, “se relaciona a ciertos patrones de interacción social de manera mucho más íntima que las características de la personalidad u otras idiosincrasias individuales. La crueldad es de origen social”. Los dominadores y sus masivas clientelas, situadas en los estratos medios, sienten la obligación de dejar bien claras las diferencias, la distancia que quieren insalvable que los separa de individuos, a los que se les impide el acceso a una plena humanidad. Toda tentativa de emerger del lodo y adquirir el derecho a respirar un aire menos ponzoñoso, debe ser detenida, retrocedida y castigada. Los dominadores no se importan del hambre de esos Otros, de su salario misérrimo y su desempleo crónico, de la familia destruida. Los Otros lo merecen: merecen la represión como respuesta a sus quejas y demandas. Las catástrofes humanas no inmutan a los poderosos, incluso a los que sin llegar a serlo tienen sus pretensiones. El ideal de los dominadores se representa las masas subalternas como un rebaño de sombrías tristezas, resignadas a la vida que no saben abyecta (aunque sospechan), porque no conocen otra. Los dominadores ven con simpatía a quienes aceptan buenamente haber nacido para ser pobres. El silencio de las bocas populares, la aceptación fatalista de su destino es un logro que evitaría gastar pólvora, y el uso de refinados engendros cuyo argumento es la descarga eléctrica. En habiendo reclamos, reivindicaciones, panfletos y carteles que osen demandar lo que no les corresponde, la respuesta, ya se sabe, es una sola: violencia contra los osados. 

Los individuos de la clase dominante regulan sus consideraciones humanitarias: no son insensibles, pero discriminan cuidadosamente, seleccionan lo que no los deja indiferentes. Sus mecanismos sensibles están automatizados. En su estructura de comportamiento la indiferencia absoluta por el destino de los que nada tienen, convive con el placer de una buena mesa, el halago de una amistad de alcurnia, un vino de cinco mil pesos la botella y una estadía vacacional donde se encuentran con sus iguales, juegan al golf y no escuchan los rudos tambores del reclamo y la miseria. 

Hoy, más que en otros momentos del pasado, no andan escasos los miembros de ambos sexos, modelados para ejercer funciones de dominación, que carecen del sentimiento de pertenencia e identificación con el país en que nacieron, y claro, con el pueblo oscuro que lo habita: su país es la estancia vacuna y sojera, el club exclusivo, el recinto de la Bolsa, el barrio sobreprotegido del acechante mundo externo, del que no pueden zafar del todo porque sus empleadas domésticas traen los olores de la pobreza. El capital ocupa el espacio de los sentimientos; el amor y la amistad tienen precio: se compran y se venden. La frialdad es la temperatura normal del egoísmo patológico que los anima, de su indiferencia enfermiza. La patria son los lucros, lo importado es mejor que lo nacional. Palabras como nación y patria han perdido sentido, si es que alguna vez lo tuvieron para sus predecesores. Son una suerte de fracción local de un poder supranacional. No se importan de la devastación a que someten los ríos y los aires que ellos también respiran, las tierras que desertifican, los bosques que derriban, los venenos que arrojan en los sembradíos y sobre las personas. 

El neoliberalismo digital, versión actual del capitalismo, ordena la entera existencia del sujeto humano y la vacía de todo valor no comercia: deviene el fundamento epistémico que captura la realidad. Son demasiados los individuos que residen dentro de invisibles cápsulas construidas con palabras que actúan como espejos deformantes. Los mandamases políticos e intelectuales de la dominación mienten con sorprendente impavidez. Intentan persuadir, y están persuadidos, de que la rebeldía contra el sistema es un pecado sin perdón. Es más: temen que los sojuzgados recuperen su entera y autónoma humanidad en el enfrentamiento con los sojuzgadores. Ellos, los que mandan, miran con horror las hordas que tienen por sub humanas, particularmente cuando salen de sus pálidos ámbitos de vida y vienen a hacer ruido donde nunca debieron pisar. 


LOS MODELADOS PARA LA SUB-ALTERNIDAD 

El sistema vela, para que cada grupo desempeñe el papel que la maquinaria social precisa para su buen funcionamiento: las “clases peligrosas” recibirán atenciones preferenciales. A la incesante ofensiva catequizadora verbalizada, declamada, publicitada y plagada de mentiras, se agrega la lección implícita, en la materialidad de las desiguales relaciones humanas de mando y obediencia, de poseedores y desposeídos. Vale repetirlo: la masa más extensa de los dominados es concebida como la resultante de una ley natural que reduce y limita su humanidad; en virtud de ese designio, deben callar, obedecer y no interferir en los graves asuntos que huyen de su entendimiento, dejando su administración en manos de quienes han sido dotados de una plena y completa humanidad. Para la dominación hay una sola condición enteramente humana; los Otros, los que un caprichoso destino, una perversa biología o un extraño designio han subalternizado, llevan en su cuerpo el estigma que los identifica. Los desavisados creerán (y los hay que lo creen) que las iniquidades que los victiman son inherentes a una índole incapaz de cruzar airosamente por los espinosos matorrales de la vida. Los pobres, deben ser irremediablemente pobres: no dan para más. La cultura del sistema denigra a sus víctimas: las quiere convencidas de su desvalorizada animalidad. Cada jornada del sistema alimenta el menoscabo de criaturas cuyo rostro humano es sólo la simulación que no alcanza para ocultar su barbarie. Su destino no puede ser otro que los abyectos basurales de la sociedad. Hacia arriba no hay lugar para ellos. La resignación es su destino. También en el relato de la historia, solo les cabe el olvido. 

La falaz concepción sobre las masas seduce a las clientelas del Poder, las halaga, las satisface ver, en los subalternos sociales una congénita minoridad. Considerables estratos medios, invariablemente obsesionados por diferenciarse y tomar la mayor distancia del abajo social, serán el apoyo de masas de la dominación. Todo lo que devuelva a su lugar a los que osaron salirse de sus villas miserables será bienvenido. Son insoportables sus voces mal sonantes, los destemplados ruidos de bombos y tamboriles de que suelen acompañarse, la usurpación de espacios públicos que utilizan para perturbar. Cuando las distancias y las diferencias sociales son desafiadas por la intromisión de la deplorable estética de la pobreza y sus sonidos, parte considerable de los sectores medios consideran que algo esencial está subvertido. 
León Pomer

Es notorio que los multiplicados pavores de quienes los padecen, no aconsejan la entera pasividad y el silencio, no invitan al cultivo de modales “bien comportados”. Vidas menoscabadas y sufrientes son vigiladas, tuteladas, inhibidas, anestesiadas, atemorizadas, ametralladas, bombardeadas, disuadidas de producir exabruptos que excedan el inane grito de dolor. El sistema se precave. Sabe que acechan rebeldías en las penumbras de la miseria, en la opacidad de las frustraciones, en los soles negros de la vida. Tratará que los “condenados de la tierra” (Fanon) se resignen a su condena; intentará castrar la aparición de un pensar crítico, autónomo y altivo; erigirá obstáculos, inventará distracciones desviantes, planeará la ignorancia, hablará de inferioridades. 


En determinadas coyunturas del capitalismo, y la actual pinta ser una de ellas, parecen sobrar humanos pasibles de ser utilizados productivamente por el sistema: son los que ni siquiera constituyen el clásico ejército obrero de reserva. No hay función alguna para ellos. Y si, en general, la pobreza es tratada como un problema de ley y orden, esos marginales absolutos representan un desafío que la sociedad debe erradicar. El derecho a existir les ha sido expropiado: incluso les es negada la muerte digna. La inferioridad de los Otros es definitiva, irreparable, incurable. Ya no tienen el título de reconocimiento como humanos. Liberados de toda esperanza, no merecen piedad.

(") Doctor en Historia y Sociedad. 18 libros publicados, algunos en Brasil y Argentina y otros sólo en Brasil. Decenas de ponencias en congresos nacionales e internacionales y centenares de artículos sobre historia y literatura. Docencia en la Argentina (UBA y Universidad del Salvador) y Brasil (Universidades de Campinas, del Estado de San Pablo y Pontificia de San Pablo). Incluido en el programa Café, Cultura Nación de la Secretaría Nacional de Cultura.

Para ver el primer fragmento del capítulo: "Modelar Seres Humanos": http://vagosperonistas.blogspot.com/2019/04/primer-fragmento-del-capitulo-modelar.html

Para ver el segundo fragmento del capítulo: "Modelar Seres Humanos": https://vagosperonistas.blogspot.com/2019/05/segundo-fragmento-del-capitulo-modelar.html

Para ver el tercer fragmento del capítulo: "Modelar Seres Humanos": https://vagosperonistas.blogspot.com/2019/06/tercer-fragmento-del-capitulo-modelar.html

Para ver el cuarto fragmento del capítulo: "Modelar Seres Humanos": https://vagosperonistas.blogspot.com/2019/06/cuarto-fragmento-del-capitulo-modelar.html

miércoles, 26 de junio de 2019

INCENDIO EN LA CATEDRAL, Por Horacio González

Obertura del Editor: El periodismo no existe, no alcanza a configurarse nunca. Nadie puede escribir al calor de los hechos. Los que escriben deben ser leídos tiempo después, pasado el episodio o el estrépito. En derecho procesal penal de la dictadura era motivo para denegar la excarcelación de un preso común: "la repercusión social del hecho". Vivímos al calor de los cinco minutos de fama para todo el mundo inclusive para el "carnicero" de Zarate, hoy candidato a Consejal. La "Duranbarbarización" del clima político-económico-cultural del país implica que las notas reflexivas fuera del tiempo sean un hallazgo. Ese hallazgo se bebe, como los buenos vinos, al atardecer de días agitados. Acaso la única forma de vivir desalienado sea transitar el infinito del pensamiento al calor de la eternidad metafísica lindante con la religiosidad cristiana (judía o musulmana), en una selva cuya manigua está repleta de exquisiteces pero, como en el mito de Tántalo -que siempre recordaba el poeta Enrique Molina-, está todo a nuestra disposición, y cuando vamos a tomar algo de lo ofrecido se aleja y así incansablemente por todo los tiempos de los tiempos. ¿Es ese el destino de los poetas? ¿Es Horacio González un poeta?

¡Basta de alharacas y vamos a la nota!.



Página 12

El incendio de la Catedral, que pone un signo extraño en el luto universal, permite diversos comentarios. No es demasiado absurdo imaginar que recién bajo el fuego, los monumentos revelan sus secretos; si el fuego puede ser sacrílego, ellos recién entonces pueden oponer lo sagrado. Vimos la caída de la famosa aguja gótica diseñada por el arquitecto Viollet-Le-Duc en el siglo XIX. Si hay un inconsciente de la humanidad –no lo creeríamos, apenas escrita esta frase se muestra ineficaz–, el testimonio de una torre o una cúpula gótica que se desploma ante la televisión mundial permite que nos asalten muchos recuerdos. Los grandes medios adoran los fuegos. Sobresalen acaso aquellos que la más importante industria de imágenes del mundo denomina “infierno en la torre”. Pero permítasenos ver qué hay de literario o pictórico en esas piras u hogueras sobre Notre Dame de París. Cualquiera podría estar comprando pan en la esquina o un chocolatín en un kiosco, y la televisión del lugar transmitía la misma imagen en todo el mundo, la caída de la gran aguja.


Es imposible que eso no agitara nuestra memoria un tanto indescifrable, mientras una persona rebusca en sus bolsillos para pagar la compra en la panadería, que también sin saberlo vende imágenes televisadas. Viollet-Le-Duc había sido a finales del siglo XIX uno de los grandes arquitectos que había remozado Notre Dame, y que había construido precisamente esa delicada agujeta que contrastaba con sus dos impresionantes torres, más o menos milenarias. Mejor dicho, había reemplazado a la anterior aguja, que se había desplomado pocos años antes de la Revolución Francesa. Como en el terremoto de Lisboa de 1755, era necesario pensar si era una advertencia, si daba pábulo a las premoniciones o indicaba un anuncio prometedor de mayores males. A todo esto, Voltaire, contemporáneo de ese terremoto, niega esas posibilidades. Dice: “Del Ser todo perfecto, el mal no podía nacer”. Sin mayores esfuerzos, hoy queda reemplazada por la expresión falla técnica el conflicto entre el desastre que abarca a toda existencia y la consiguiente existencia de una fuerza divina que todo lo ocasiona. Y así, vemos la miseria real del mundo y la comparamos con el sufrimiento de los símbolos. ¿Quién sufre más? ¿El náufrago real o la caída del símbolo que nos toca el corazón?


No pensaba en este tema Viollet-le-Duc, quizás el verdadero constructor de Notre Dame en el siglo XIX, por cierto ayudado por los efectos de la novela de Víctor Hugo. De lo que eran casi ruinas, débiles artefactos edilicios que habían conocido tiempos mejores en los tantos siglos pasados, en un sitio donde ninguna religión precristiana dejó de enclavar sus símbolos, Le-Duc reinventó lo que ya existía castigado por el tiempo y la ceniza. Expresó sus grandes teorías sobre la arquitectura antigua, en vísperas de sus necesarias renovaciones. Había que situarse primero en el lugar donde se colocó la piedra arcaica, para desatar la imaginación del presente y hacer de lo vetusto una inspiración ya sucumbida, pero capaz de proyectarse al presente. Algo semejante al tiempo ido, pero respetuosamente mutado a través de una evocación moderna. Todo el gótico de Le-Duc es una sombría y fantasmal evocación de aquellas piedras tantas veces derruidas. A Marcel Proust, muy atento a las restauraciones de Viollet-Le-Duc, le parecían lo contario de lo que él, como escritor, hacía con la búsqueda del tiempo perdido. Recuperarlo con una memoria involuntaria.

Proust lo menciona a Le-Duc muchas veces en A la busca del tiempo perdido. Piensa que las restauraciones del gran arquitecto bonapartista (aunque a Bonaparte III esas restauraciones no le caían muy bien) dejan entrever una falsa idea del tiempo arruinado, donde nunca la intromisión del presente resultaría oportuna. A su gran personaje, el señor Swann, le hace proclamar sus disgustos por Le-Duc, y en otros tramos, dice que esas restauraciones permiten el módico placer de los pequeños propietarios y empleados de las mercerías de París, que salen los domingos a ver “antigüedades”.

Al parecer, a Freud no le pareció lo mismo, pues –quizás es una leyenda–, no dejaba de visitar Notre Dame para ver las gárgolas, esos animales diabólicos que sirven de canaletas a la Catedral, y fueron diseñados por el propio Le Duc, que según algunos estudiosos, tan fantasiosos como esos animales mitológicos, eran los diablos zoomórficos con los que el arquitecto quería exorcizar a los movimientos insurreccionales del siglo XIX. Hay un clásico debate en la historia del arte, el de Viollet-Le-Duc con el crítico inglés John Ruskin. Este prefería las ruinas del gótico o las ruinas en general. Esto no tendría mayores consecuencias, sería la viga maestra del pensamiento romántico –un Simmel lo ejemplificaría–, pero sus tesis tienen corolarios sobre las restauraciones edilicias. No debía hacérselas. Las restauraciones son sus enemigas, como quizás lo fueron para Proust, y también para Borges, lector de Ruskin.


Lo que vimos en los televisores de nuestras casas o de algún comercio –cervecerías, carnicerías, cafés Martínez–, no parecía destacarse especialmente de otros incendios. La pantalla nos une con su falsa magia y no nos permite creer en el funesto esplendor de nada. Las muy buenas notas sobre el tema, en cambio, nos permitieron recordar a Víctor Hugo, al pintor David –que con su célebre cuadro de la coronación de Napoleón I, en Notre Dame, revitalizó a la Catedral–, y a Viollet-Le-Duc, con lo que ahora no podemos hacernos los distraídos. En realidad, lo que vimos es una burbuja del tiempo de nuestra propia vida, que emigra sin que lo percibamos. Lo que se destruye no es tanto el pasado, sino nuestra imaginación. Tanto la indiferencia, como el llanto frente al fuego, que devora una antigüedad de la que solo sobran despojos o que ha sido decenas de veces reconstruida, nos obliga a pensar en lo que tantas veces queremos descartar, la oscura sacralidad de las cosas. 

Y también la dificultad con que el presente coloca murallas imaginarias para impedirnos pensar lo que vendrá. Cuando el fuego come las maderas de un viejo símbolo, las corporaciones lo reconstruyen. Y deciden inventar nuevamente un pasado. Estemos atentos a esta disyuntiva. En nuestro caso no será por la vía del fuego, la desidia o la ira. Sino de los votos populares. Gracias a ellos, una quimérica construcción política muy pronto se derrumbará ante nuestros propios ojos, y a diferencia del gótico de París, no podrá ser reestablecida.


viernes, 21 de junio de 2019

Cuarto fragmento del capítulo: MODELAR SERES HUMANOS, correspondiente al libro inédito: DE LA DOMINACIÓN CONSENTIDA, de León Pomer(") para Vagos y Vagas Peronistas





RECURSOS DE LA MODELACIÓN 

Si bien la entera sociedad modela, la dominación recurre a ciertos recursos específicos, en algunos casos herencias de anteriores sistemas. Veamos unos pocos, pero significativos. 

MIEDO E INCERTIDUMBRE 

El terror, momento superlativo del miedo, doblega la voluntad de resistencia. León Rozitchner, (Rios, 29/10/2015), habla de la “política como prolongación bélica de la guerra”, del “terror que reprime las pulsiones de resistencia” y penetra en el cuerpo y mutila la conciencia y el pensamiento. 

El temor modela. Jean Delumeau (1983), historiador católico francés, explica que en Europa, entre los siglos XIII y XVIII, la iglesia desarrollaba lo que llama, “la pastoral del terror” (hoy sería la pastoral laica del terrorismo). Amenazando a los pueblos con los horrores del infierno, la iglesia lograba que los fieles “se precipiten para confesarse y liberarse”: una impresionante manera de control social- conductual. En la América colonial, lo dice Sarmiento en sus Recuerdos de Provincia (1943: 37), “era la inquisición de Lima un fantasma de terror que había mandado la España a América, para que intimidara a los extranjeros, únicos herejes que temía; y a falta de judaizantes y heretizantes, la inquisición cebaba de cuando en cuando alguna vieja beata que se pretendía en santa comunicación con la virgen María, por el intermedio de ángeles y serafines…”. 


El temor a enfermar y morir es una variante del miedo que acompaña a ciertas creencias, como lo es el ser enviado al infierno a purgar pecados. Mauss (1926: 296 y ss) explica que en ciertas sociedades tribales, la cultura modela al individuo para que al sentirse enfermo lo atribuya a una falta cometida, o a un tabú violado; en consecuencia, morirá obedeciendo a un fenómeno de sugestión (y por eso fuertemente emocional). Para el creyente, la enfermedad es un castigo. “Una creencia tiene una repercusión fisiológica”, concluye Mauss. Cuando el temor, la desconfianza y la sospecha se apoderan del individuo, condicionan sus actos y sus visiones de la realidad. 


MANIPULACIÓN DE CEREBROS 

Edward L. Bernays, sobrino de Sigmund Freud y uno de los pioneros en el estudio de cómo influenciar las masas, escribió en su libro Propaganda (atención a la fecha de publicación:1928):”La manipulación deliberada e inteligente de los hábitos estructurados y de las opiniones de las masas es un elemento importante en las sociedades democráticas. Aquellos que manipulan este oculto mecanismo de la sociedad constituyen un gobierno invisible, que es el verdadero poder dirigente de nuestro país (Estados Unidos. L.P.). Somos gobernados, nuestras mentes están amoldadas, nuestros gustos formados, nuestras ideas sugeridas por hombres de los que nunca hemos escuchado hablar”. 

Una de las realizaciones de Bernays, fue “preparar” la opinión pública de los Estados Unidos para aceptar el derrocamiento del presidente Arbenz de Guatemala. Los temas alegados fueron la terrible amenaza comunista, y la posibilidad de que la Unión Soviética estableciera bases en el país centroamericano. Pero otra era la verdad: la defensa de la poderosa United Fruit, (controlaba el 70% del territorio guatemalteco), cuyos intereses se sentían amenazados por la política social instrumentada por Arbenz, y una proyectada reforma agraria. Bernays transformó la defensa de un interés privado en una cuestión de seguridad nacional norteamericana. Logró el consentimiento de la opinión pública de su país y Arbenz fue derrocado en 1954. Hace más de seis décadas, el sobrino de Freud mostraba prácticamente que era posible influir sobre las masas mediante una gigantesca operación heteronómica. 

Más tarde, en Las formas ocultas de la propaganda (de 1957), Vance Packard describió un “extraño y más bien exótico” tipo de influencia que estaba surgiendo rápidamente en Estados Unidos: los ejecutivos corporativos y los políticos estadounidenses estaban empezando a emplear métodos, completamente indetectables, para cambiar el pensamiento, las emociones y el comportamiento de las personas, basados en la psiquiatría y las ciencias sociales. Se trataba de la estimulación subliminal, o lo que Packard denominó “efectos por debajo del umbral”: presentación de mensajes muy breves – una fracción de segundo - que ordenan lo que debemos hacer, sin que tengamos consciencia de haberlos visto. 

Packard denunciaba que las corporaciones más poderosas buscaban, y en muchos casos ya estaban aplicando, una gran variedad de técnicas de control de las personas sin el conocimiento de estas. En estrecha colaboración con científicos sociales, intentaban conseguir que la gente comprara cosas que no necesitaba (el consumismo, que le dicen) y de condicionar a los niños pequeños para que devinieran buenos consumidores. Aconsejadas por las ciencias sociales, las corporaciones aprendieron rápidamente los procedimientos para aprovechar las inseguridades, las flaquezas, los temores inconscientes, la agresividad y el deseo sexual de las personas para modificar su forma de pensar, sus emociones y comportamientos, sin que supieran que eran manipuladas. Packard citaba al economista inglés Kenneth Boulding: “Es concebible un mundo de dictadores ocultos que continúen empleando formas democráticas de gobierno”. 

Las fuerzas descriptas por Packard se han hecho aún más sutiles, denuncia Robert Epstein: “La música relajante que oímos en el supermercado hace que caminemos más lentamente y compremos más alimentos, los necesitemos o no. Muchos de los insustanciales pensamientos e intensos sentimientos que viven nuestros adolescentes, desde que se levantan hasta que se acuestan, están cuidadosamente orquestados por habilísimos profesionales del marketing que trabajan en las industrias de la moda y el entretenimiento. Los políticos se valen de una gran variedad de consultores que estudian las maneras de atraer jovencitos; la vestimenta, la entonación, la expresión facial, el maquillaje, el peinado y el discurso, todo es optimizado al máximo, tal como se hace con el envase de la leche para el desayuno”. 

No muchos años atrás, Zbigniev Brzezinski, en su libro Entre dos Edades, de 1971, abogaba por el control de la población por una élite mediante la “manipulación electrónica”: “la era tecnotrónica, afirmaba, involucra la aparición gradual de una sociedad más controlada y dominada por una élite, sin las restricciones de los valores tradicionales, por lo que pronto será posible asegurar la vigilancia casi continua sobre cada ciudadano, archivos que estarán sujetos a la recuperación instantánea de las autoridades”. El polaco Zbigniev anunciaba la hoy celebre Big Data. 

El perfeccionamiento de los mecanismos de manipulación mental es objeto de trabajos académicos y de seminarios internacionales. En la Universidad de Stanford, California, funciona un Laboratorio de Tecnología Persuasiva que dirige B. J Fogg, quien ha escrito un libro, cuyo título lo dice todo: Tecnología Persuasiva, en el que se explica que es posible utilizar las computadoras para cambiar lo que pensamos y lo que hacemos. Del 6 al 8 de junio de 2012, se celebró en Linköping (Suecia) el “VII Congreso internacional sobre tecnología persuasiva”. En la convocatoria al Congreso, se explicaba que “La tecnología persuasiva es un campo científico interdisciplinario que estudia el diseño de tecnologías y servicios interactivos, para cambiar la actitud y el comportamiento de las personas. En él confluyen ámbitos como la retórica clásica, la psicología social y la computación ubicua. Otras reuniones y conferencias similares se celebran en distintas partes del mundo” (Teitelbaum, 2015). 

ACCIONES HIPNÓTICAS 

En El Miedo a la Libertad (1947), Eric Fromm da significativos ejemplos, de individuos que experimentan como propios, sentimientos, pensamientos y voluntad originados fuera de su cuerpo. El sueño hipnótico prueba, señala Fromm (Id.: 171 – 172), que es posible introducir en el cerebro vivencias y aconteceres jamás sucedidos; en despertando de la hipnosis, se prolongan en persuasiones y conductas percibidas como genuinas. El sujeto, esclavo de órdenes que le fueron inoculadas durante la hipnosis, repite algo semejante en el estado que llamaremos normal, o de ausencia del sueño hipnótico. Ocurre también cuando es sometido a una permanente y abrumadoramente repetitiva ofensiva propagandística, que Fromm no vacila en llamar “hipnotizante”: el efecto será sentido como producto de la propia subjetividad. Decisiones en algunos casos trascendentales se derivan de cómo influjos exteriores al sujeto lo condicionan a actuar de determinadas maneras, que él adjudicará a una voluntad que creyéndose libre, está plagada de ajenidad. Agréguese el impulso gregario o de manada, que pide no desentonar de las convenciones, reglas y deberes, cuya infracción puede llegar a aislar a quien se atreve a desafiarlos. 

CONSUMISMO 

Aunque un poco venido a menos por la crisis general que no se muestra nada cordial con los bolsillos, estratos medios de la sociedad, con aun poder de compra, lo siguen practicando. 

En una obra publicada en 2003, Marshall Sahlins advertía que el capitalismo produce objetos para sujetos apropiados; o con palabras nuestras, sujetos apropiadamente modelados para consumir objetos, que usados como terapias, paliativos o dadores de un placer que prescinde del Otro humano para consumarse, acaban generando la adicción tóxica llamada consumismo: formidable medio de control social. El consumismo, constituyente básico de un estilo de vida, no requiere de un Otro humano para “pasarla bien”. “El otro no me importa”, sintetizo Bernardo Kliksberg. 

Las adicciones dominan la voluntad, exigen perentoriamente más de lo mismo: el inacabable consumo de novedades publicitadas como inefables objetos de placer son un acabado ejemplo de sumisión. Los contaminados por la enfermedad del consumismo (y tienen con qué pagarlo, o han encontrado otras “soluciones” a la falta de dinero), se han sometido mansa e inadvertidamente a los propósitos del sistema, se han tecnomarionetizados. La experiencia cotidiana revela que la praxis que prevalece en el capitalismo obliga a ser indiferentes a los valores de otros seres humanos: en lugar de relaciones que entrañen el recíproco reconocimiento por ser el Otro una criatura humana, prevalece la indiferencia o la consideración de quien importa porque puede satisfacer los más egoístas intereses personales. El consumismo, para muchos pretendidos sapiens, es un constituyente básico de un estilo de vida que no requiere imprescindiblemente de un Otro humano: “cada cual en lo suyo”, sostiene la “filosofía” del egoísmo. 

EMOCION, ¿consciencia pre reflexiva? 

“Los datos objetivos de la información sensorial poseen una connotación afectiva” (Karli, 1987: 58). Intentar aprehender el mundo y aprontarse a descubrir sus secretos, es prioritariamente una aproximación emocional; el saber y la emoción son un par indisoluble en que suele prevalecer el segundo miembro. La emoción ha sido llamada de “conciencia pre reflexiva”, “revelación anterior a la conciencia analítica” o “manera de conexión particular entre el ser humano y el mundo” (Lowe, 1999: 179). 


En la elaboración de los comportamientos, se crean los llamados socio afectivos por el papel que la sociedad juega en ellos. Katz (1974:59) advierte: “La aproximación emocional del mundo y su descubrimiento por un individuo forman en gran parte el proceso de su pensamiento, así como las amalgamas ideológicas de su sociedad, tales como la religión, la ciencia, la educación, la filosofía, el arte y otros sistemas que explican y racionalizan su existencia y el sentido de esta”. La emoción, prosigue, puede prevalecer sobre la cognición, porque las conexiones del sistema emocional hacia el sistema racional son más fuertes que en sentido inverso. 


Gregory Bateson llamó “ethos” al tono emocional inherente a cada cultura (Lipset,1991: 160 – 161). Cabe la pregunta: ¿de dónde surge la peculiaridad de ese tono? Verosímilmente de una combinación que comprende la índole de las relaciones sociales, las situaciones históricas atravesadas por estas, y los enfrentamientos con la naturaleza física. Momentos sociales particularmente críticos suelen provocar espasmos emocionales colectivos que perturban la percepción, dificultan el auto control y tientan a interpretaciones sobrenaturales. La capacidad biológica de emocionarse está socialmente gobernada por un contexto histórico, psico - social y físico. En la sociedad concreta, personas de diferente condición social, no necesariamente generan emociones similares en situaciones que engloban la entera sociedad. Lo que a unos deja indiferentes, a otros los sacude: hay sacudidas de diferente intensidad frente a distintos cuadros de la realidad. 


En la historia de la constitución del cerebro humano, el cerebro de las emociones (sistema límbico) precedió cronológicamente al cerebro de las razones y las reflexiones. Este nos identifica como sapiens: supone la posibilidad de controles emocionales, inhibiciones y sublimaciones. Pero es sabido que los controles no son ni han sido impedimentos para neutralizar emociones, que acaban por desatarse. En la sociedad actual, parecen prevalecer los dos cerebros más antiguos, particularmente el que Henri Laborit llama de cocodrileano: irrefrenablemente bestial, porque despojado de todo autocontrol racional. La sociedad de los hombres, en sus avatares y desventuras, privilegia un determinado ethos, que será simultáneamente emocional y conductual. Lo social “culturaliza” lo biológico. 


La historia conoce mil ejemplos de arrebatos emocionales colectivos que aparecen como multitudes enardecidas; pero las emociones presentes en el día a día, de quienes no viven sus padecimientos con la frialdad del hielo, albergan un potencial explosivo que usualmente estalla en la relación cara a cara, cuando, a veces, una insignificancia es la gota que desborda el vaso donde ya rugía la tormenta. Vendavales de desesperación y violencia anulan los últimos resquicios de control: el sujeto victimado por la sociedad se victima a sí mismo, a los suyos y a los Otros. Personas temerosas se desequilibran y se amedrentan, el pensamiento flaquea y eventualmente abre espacios a la fe, poderosa manifestación emocional: no son pocos los que buscan refugio en el arsenal de la religión, en los milagros de un San Cayetano que deberá interceder para recuperar el empleo o la salud, o en un San Expedito, que restituirá el amor perdido. La fe supera los límites de la religión: la difunta Correa y el Gauchito Gil convocan multitudes. Lo que en ocasiones comienza como un intenso fervor arriesga caer en reacciones irracionales o situadas en un borde fácilmente franqueable. Supersticiones, mitos, presagios y creencias ancestrales irrumpen desde los oscuros recovecos humanos en que vivieron replegados en el silencio. Las exteriorizaciones emo[LP1] cionales llevan la marca de una cultura, de una situación concreta, de una sociedad de la que extraen las formas de su objetivación. 


El avatar humano está sembrado de huracanes emocionales provocados por desafíos sociales y naturales. Pestes, guerras, cismas y hambrunas desencadenan conductas colectivas que registran auto inmolaciones colectivas, suicidios individuales y accesos de misticismo. Delumeau (1968:48) relata que la combinación de desastres (los mencionados y muchos otros), las angustias y los desconciertos que provocaron, pueden explicar el que tanta gente haya optado por la Reforma. La interpretación cristiana de aquellas desgracias, incluyendo las acaecidas a la propia Iglesia, debió generar una tremenda angustia y apertura a la aceptación del movimiento iniciado por Lutero. En los últimos años del siglo XV, contemporáneamente de la empresa de Colón y las grandes navegaciones portuguesas, ”se expandió la creencia, prosigue Delumeau, que, después del Gran Cisma, nadie había entrado en el Paraíso”. El componente emocional acompañó las creencias y supersticiones de la época. Totman (1982:121) llamó de “reacción de desistencia” a una fuerte experiencia de desesperanza e impotencia para enfrentar los desafíos de la vida, con la inclinación al suicidio o el refugio en una devoción intensamente emocional. Delumeau (Id.:51) señala la proliferación del culto mariano y de los santos en tiempos de la evocada angustia colectiva. 


Huizinga (1978:17, 18 y 39) relató que en la Edad Media, “la receptividad para las emociones, las lágrimas, los arrebatos del espíritu” precisa ser “recordada si se quiere comprender como era tensa la vida en aquel período”. Mérito de este historiador es apuntar que “el tono emocional” no es producto de algún misterioso rasgo genético. La “vehemencia patética” de la vida medieval se desarrolla en un nicho de violencia e inseguridad. Tal vez por eso, prosigue, el apego a los príncipes tenía carácter emocional, girando en torno de motivos tan primarios como el odio, la fidelidad y la venganza. Gourevitch (1993: 1277) insiste en los traumas provocados por la creencia en el Juicio Final (tenido como inminente) y las puniciones que habrían de sufrir los mortales en la hora de dar cuenta de sus vidas pecadoras. Malestares psico – emocionales, posesionados de multitudes, regulaban vidas atravesadas por fantasmas esgrimidos por la iglesia católica y cultos pre cristianos: los pecados cometidos tenían una escasamente grata retribución. Birabent y Le Goff (1989:1498) aluden a las prácticas a que fueron empujadas poblaciones medievales por el temor a la peste. Emociones intensas habrían aumentado el predicamento de supersticiones precristianas, con una mayor aceptación de viejas creencias y rituales. Proliferaron procesiones y peregrinaciones; se multiplicaron los “profetas” y, con ellos, los auditorios desesperados por conocer el futuro. 
León Pomer

Las emociones tienen “fuertes componentes cognitivos, que entremezclan los sentimientos a la voluntad, a los juicios de una manera extraordinariamente compleja” (Edelman, 1994:222). Agrega el distinguido premio Nobel: “el que tengan bases históricas y sociales (…) no permite simplificarlas”. Greenspan (1999: 46 a 52), señala algo de extrema importancia: “La única forma por la cual una persona puede tomar una decisión, la única forma por la cual se puede decidir qué ideas y características deberán ser enfatizadas y cuáles ignoradas, es a través de la consulta a nuestro propio catálogo de experiencias físicas y emocionales. Las emociones que organizan el catálogo generan categorías, a partir de las cuales seleccionamos, según una compilación de recuerdos e instrucciones, las informaciones relevantes para una determinada cuestión. Pensar requiere dos componentes. Como mínimo una estructura emocional que selecciona y organiza acontecimientos e ideas, antes mismo que utilicemos palabras y símbolos para representarlos. Esa organización emocional, literalmente, nos permite “generar” ideas: “…la estructura de las categorías afectivas que erigimos a partir de experiencias pasadas, sirve como un medio de percepción de los matices sociales y emocionales y del significado del hecho ocurrido”; “las primeras ideas que surgen acerca de una cuestión específica son generadas por las categorías afectivas que constituyen la arquitectura organizacional de nuestras mentes. Sólo entonces analizamos esas respuestas desde un punto de vista lógico”. La clave del párrafo anterior está en las “experiencias físico – emocionales”, las categorías y las decisiones que se siguen de ellas. Nuevamente: el papel decisivo de la sociedad. 

El provocar estallidos emocionales alegando ominosos peligros es un arma del Poder. En la vida política, la personalidad del líder despierta adhesiones no siempre regidas por la fría reflexión. La superstición, y la emoción que comporta, que envía a fuentes extra terrestres el origen de los males terrenales, presta excelentes servicios a la dominación. 


EL INCONSCIENTE MODELADOR 


El antropo - lingüista Edward Sapir (1976) publicaba en 1927 un artículo, titulado” La Influencia de los Modelos Inconscientes Sobre el Comportamiento Social”; demostraba que modelos formales “sumergidos”, obviamente ignorados por su portador, imponen categorías y esquemas conceptuales. Adquiridos y formados socialmente, los modelos clasifican y ordenan los datos de la experiencia, inciden en la percepción, recortan y componen conjuntos que, aunque considerados realidad objetiva, no son algo diferente a una proyección de las categorías inconscientes, perceptivas y clasificadoras. “Los códigos más importantes que comandan nuestra existencia, corrobora E.T.Hall (1979:349), funcionan debajo del nivel de los controles conscientes (…) El inconsciente cultural, como el inconsciente freudiano, regla las acciones de los hombres”. Bourdieu habla de un capital cultural incorporado, de origen social, que construye en la intimidad neuro – psico – biológica del individuo “principios inconscientes de acción, de percepción y de reflexión”. Son “disposiciones” que han llegado para quedarse y conformar la modelación del individuo; comprenden “actitudes e inclinaciones perceptivas, un sentir, un hacer y un pensar”, valores, normas y hábitos. Concluye Bourdieu: “el principal mecanismo de dominación opera a través de la manipulación inconsciente del cuerpo, del lenguaje, de la actitud frente a las cosas”. Principios de “acción, de percepción y de reflexión”, ingresan en el individuo y lo constituyen en un sujeto específico: inscriben en él una suerte de protocolo conductual que funcionará maquinalmente (Id.:1983, 2003, 2009, 2011). Foucault habla de “dispositivos”, en el sentido de hábitos conductuales, maquinales e inconscientemente recurrentes que reproducen la sociedad existente. 

Bourdieu elabora el concepto de “habitus” (1990), disposición que no tiene la razón como principio, pero construye al agente social como operador. El habitus es un “sistema de esquemas adquiridos que funciona en el nivel práctico como categorías de percepción y apreciación, como principios de clasificación y organizadores de la acción” (Id.:1990:26); “se actualiza en la lógica específica de una práctica particular” (Id.:s/d:354). Bourdieu (1979: 190 – 191) previene: el habitus no es un emergente de la reflexión consciente ni es un destino ni está en los genes: es un producto social. Será liberador si tiende a la apertura de horizontes, a incentivar la duda y la curiosidad; será aherrojante si instaura la pasividad y el conformismo, la sujeción al estereotipo. El espacio intersubjetivo de comunicación, prosigue Bourdieu, está estructurado por dispositivos inconscientes que traducen la diferencia de clases (y agreguemos: de etnia, de color, de género, de nivel cultural). 

Elías (1994:81) sostiene que en las prácticas comportamentales, subyacen “presupuestos no cuestionados”: los llama “estructuras básicas de pensamiento de los cuales nos apoderamos, sin mayor reflexión, con las palabras de nuestra lengua”; recursos que “se encuentran entre los modos de orientación indispensables, sin los cuales nos extraviamos”. Hay en ellos, prosigue Elías (Id.:84), concepciones que, por su familiaridad, permanecen normalmente debajo del nivel de una conciencia lúcida. 

ANORMALES 

Los individuos no “domesticados” y “mal” normativizados, en su absoluta mayoría conducidos por su historia de vida a esa situación nada confortable, son útiles al sistema. Están aprisionados, anotan Berger y Luckmann (2011: 205) “por la realidad objetiva de su sociedad”, aun cuando subjetivamente tengan esa realidad “como algo ajeno y trunco”. El individuo “socializado deficientemente” se sentirá en un mundo ajeno, pero imposible de eludir: contradicción insoluble, prólogo de desajustes los más variados y, finalmente, de la la locura. Para neutralizar a los “desajustados”, el Poder descarga sobre ellos un festival de anestésicos simbólicos. Y cuando el caso lo pide, entra en acción el garrote de “abollar ideologías” (Mafalda dixit). 

Sobre la vida pre – natal opera el estado físico, fisiológico y psicológico de la madre. Posteriormente, al decir de Campbell (1992:199), aludiendo a la infancia, la especie humana es dependiente de las relaciones intrafamiliares. Niños separados de sus madres (Id. ,Id.:150) durante un lapso considerable, desarrollan un retraso físico e intelectual. Un elevado porcentual de delincuentes carga con el peso negativo de relaciones con sus progenitoras, gravemente alteradas en los primeros años de vida. Jóvenes con esa clase de historia padecen deficiencias en sus respuestas emocionales: son indiferentes al castigo e inaccesibles a la amistad verdadera. No serán buenos padres, y ocasionalmente presentarán cuadros neuróticos y eventualmente psicóticos. Investigadores norteamericanos (Nemeroff y Plotsky, La Recherche, n° 11) concluyen que, en la criatura humana, con independencia de la constitución genética, lo que acaece en los comienzos de la vida puede producir “heridas biológicas” que aumentarán la vulnerabilidad del adulto al stress y lo predispondrán a la depresión y la ansiedad”. 

Necesidades emocionales mal atendidas o desatendidas redundarán en perjuicio de las idoneidades sociales y cognitivas de los niños que las padezcan. 

Individuos que se “modelan” en circunstancias signadas por el hambre, la violencia, el desamor y el desamparo, se construirán como lisiados sociales. El Poder necesita del amplio arco de “inadaptados”: justifican los aparatos de seguridad, las leyes represivas, las escrutadoras cámaras de TV, la diseminación del miedo como dilecto recurso de la dominación, el control de la vida privada. En la sociedad de antagonismos irreconciliables, “inadaptados”, “anormales” y criminales juegan papeles nada secundarios: contribuyen a su permanencia, son uno de sus frutos. En su Huis Clos, Sartre escribió la frase que se hizo célebre: “el infierno, son los otros”. En la sociedad de desiguales, el infierno es el lugar donde deben recluirse los plebeyos desmodelados. Las copiosas siembras de patologías culturales – psico - emocionales que la dominación arroja sobre la sociedad, particularmente cuando no las tiene todas consigo, son buenos motivos para buscar “soluciones” que, al no penetrar en las raíces del “mal” lo sostienen indefinidamente. Lutero y Calvino y la tradición católica (San Agustín) coincidían en que la duda y el temor propiciaban un fervoroso sentimiento religioso. Agustín alegaba que la seguridad y el reposo alejan de Dios. 

En su obra sobre la agresividad humana, Ashley Montagu (1978) coincide con Maturana en que “los sistemas específicos de fibras nerviosas y los núcleos o grupos específicos de fibras nerviosas se desenvuelven prefuncionalmente en el cerebro para cumplir funciones específicas. En una proporción mucho mayor que en otros animales, esos elementos prefuncionales pueden ser posteriormente organizados por la experiencia. Este autor advierte que en los seres humanos, los elementos neurales asociados con la agresión no determinan fatalmente comportamientos agresivos: en muy considerable medida será la experiencia la que organice funcionalmente los núcleos y los sistemas específicos de fibras nerviosas, “determinando, si funcionarán o no en comportamientos agresivos”. Ashley insiste: la agresividad humana no es una fatalidad. 

De las patologías sociales nos hablan estudiosos de varias disciplinas. Alexander Luria (1990: 21 – 22) afirmaba que algunos procesos mentales no pueden desarrollarse al margen de formas apropiadas de vida social. Luego, formas “inapropiadas” de vida social resultarán en obstáculos cognitivos, relacionales etc. 

El creador de la teoría de sistemas (Bertalanfy, 1992:47) tenía claro que el “auge de trastornos psíquicos en el mundo actual, sus neurosis, trastornos psicosomáticos y delincuencia juvenil”, deben ser atribuidos a la ausencia de valores que hagan de la vida algo mejor que una carrera sin sentido:” la falta de valores produce desórdenes mentales”. Mentes atribuladas, sostuvo Bastide (1977:102 y 256), no logran permanecer en equilibrio: “los desórdenes mentales son más numerosos en los sectores desintegrados que en los sectores integrados de una dada población”. El mundo de la técnica, prosigue Bastide (Id.281), elimina el valor afectividad. Castrado el individuo en su posibilidad de afianzar afectos duraderos, subordinado a las imposiciones de la tecnología y de una organización del trabajo que lo consume, olvida o pierde parte de su humanidad, se hace indiferente a lo que debiera conmoverlo: ese humano sofocado se devora a sí mismo en una suerte de festival masoquista. 

Pappenheim, (1967; X) señala que “tendemos a relacionarnos con aquella parte del ser humano que parece ser ventajosa para nosotros; somos indiferentes al resto”: suerte de utilitarismo que excluye o minimiza la relación “desinteresada”. Lo que ocurre en las relaciones inter personales se da también en la aprehensión de la realidad: tomamos por tal lo que son apenas fragmentos sueltos de la misma. Estamos hechos de la materia de nuestro tiempo social; pero en él vive el sistema que nos limita. 

Pasar hambre provoca alteraciones psicológicas. Cépède y Gounelle (1967: 45 y 71) observan que resultan en apatía, depresión, egoísmo y debilitamiento del sentido social. Esto explicaría, agregan, la indiferencia de multitudes que pasan hambre y los estallidos colectivos de cólera. Karen Horney, citada por Filloux (1984: 118 a 120), observa que la “sociedad puede predisponer a la neurosis por su misma estructura, y puede crear singularidades mórbidas. Competición individual y desigualdad de bienes, prosigue Horney, provocan una “tensión hostil y difusa entre los hombres”. Si a ello sumamos la inseguridad y la incertidumbre, el temor al fracaso, el resentimiento, la sensación de menor valía que acaba con el auto respeto y deviene frustración, tendremos un campo propiciador de emergencias patológicas. Cuando el individuo siente que no puede guiar sus pasos, que es una suerte de marioneta en un teatro donde los hilos que lo comandan son indiscernibles, se percibe impotente. De la impotencia a la depresión hay un trayecto fácil de recorrer. 

“La sociedad suscita tensiones agresivas (Besana, 1990, vol. 18:61 – 62); simultáneamente exige del individuo que las controle y reprima. Sobrevendrá la crisis cuando se produzca una “secuencia de acontecimientos particularmente excepcionales por la carga de sufrimiento y desesperación que transportan”. En este caso, todo conduce a la desagregación de la capacidad de dominio racional sobre el complejo de vicisitudes en que la vapuleada criatura humana está inserta. 

El orden imperante crea odios y actitudes belicosas. “Todo desajuste y conflicto es típico de la sociedad en que surge”, advierte Mannheim (1962.: 217); pero ciertos desajustes, prosigue, “sólo pueden corregirse con la modificación total de la sociedad”. Enfermedades sociales crónicas no tienen cura en la sociedad que las produce. Las que “reacciones humanas patológicas son efectos de un organismo social enfermo” (Id.,Id.: 314) “No se puede transformar el orden social sin modificar los seres humanos y sus convenciones”(Id.,Id.: 301). 

(") Doctor en Historia y Sociedad. 18 libros publicados, algunos en Brasil y Argentina y otros sólo en Brasil. Decenas de ponencias en congresos nacionales e internacionales y centenares de artículos sobre historia y literatura. Docencia en la Argentina (UBA y Universidad del Salvador) y Brasil (Universidades de Campinas, del Estado de San Pablo y Pontificia de San Pablo). Incluido en el programa Café, Cultura Nación de la Secretaría Nacional de Cultura.

Para leer el primer fragmento del  capítulo de Modelar Seres Humanos: http://vagosperonistas.blogspot.com/2019/04/primer-fragmento-del-capitulo-modelar.html

Para leer el segundo fragmento del  capítulo de Modelar Seres Humanos: https://vagosperonistas.blogspot.com/2019/05/segundo-fragmento-del-capitulo-modelar.html

Para leer el tercer fragmento del capítulo de Modelar Seres Humanos: https://vagosperonistas.blogspot.com/2019/06/tercer-fragmento-del-capitulo-modelar.html