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lunes, 11 de abril de 2016

PANAMÁ Y LAS PAZ SOCIAL, Por Mempo Giardinelli (Fuente: Página12, 11/04/16)

Mempo Giardinelli


Los Panama Papers se llevaron puestos a dos primeros ministros: de arranque al de Islandia y ayer domingo al de Ucrania. Un tercero, David Cameron, está siendo repudiado por miles de británicos en las calles.

Nada de eso sucede entre nosotros: aquí no hubo renuncias, las disculpas no existieron y las explicaciones fueron casi infantiles.

Encima, hace una semana y trabajando a destajo las 24 horas, un circo mentimediático protege al Presidente de la Nación y a decenas de funcionarios, empresarios y ahora también algunos de sus notables redactores, como si estuvieran en un mismo lodo, todos manoseados. Los argentinos involucrados en este escándalo mundial son muchísimos y la mayoría está vinculada al actual gobierno. Esas listas se consultan fácil en Internet, aunque los poderosos mentimedios las ocultan, como si ellos mismos practicaran una especie de periodismo offshore.

El show que empezó hace dos semanas con los Sres. Báez y Jaime, y ahora se exacerba a partir de la declaración de un infeliz, alcanzará el paroxismo el miércoles con Cristina Kirchner. A quien no le probarán nada, al menos por ahora y hasta tanto no se le sustancien procesos con las debidas garantías constitucionales, pero a quien tratarán, seguro, peor que a Milagro Sala. Ya andan ladrando tales basuras los mentimedios amigos de todo el mundo.

La conjura es peligrosa e irresponsable. Pareciera que algunos juegan con fuego y que no les interesa la paz de esta nación. Es dable pensar, incluso, que algunos querrían incendiarla. Ahí están los dispositivos represivos que podrían ponerse en acción esta semana, si a la ministra que puede dar la orden se le chispotea la razón. Este gobierno viene demostrando tener el tacto de un rinoceronte en una cristalería.

Completa ese panorama de irresponsabilidad y nula sensibilidad el accionar cómplice de algunos servijueces y servifiscales que trajinan los pasillos tribunalicios de Retiro.

La tragedia argentina se explicaría entonces en el hecho de que el gobierno real está en manos de dos diarios y un sistema judicial degradado, con el soporte anímico y seguramente pecuniario de una variopinta ringlera de influyentes abogados, periodistas, empresarios, bancos, pules agrarios, especuladores y neopanameños todo terreno que manipulan a un presidente que solía bailar pero ahora ha perdido la sonrisa y ni se diga la alegría.

Claro que ya existe una condena moral ciudadana ante tantas cuentas y operaciones cuya misión es invisibilizar los movimientos de dinero de sus propietarios. Por eso el poco o mucho movimiento es irrelevante y no exime ni prueba nada, puesto que en esas cuentas los dineros mal habidos (de corrupción, evasión, narcotráfico o lo que se desee ocultar) acaban depositados en otras plazas donde el secreto bancario es religión. De manera que se opera offshore para obstaculizar el seguimiento de las rutas de dinero. La sucesión de paraísos, bancos, nombres, cambios de país y de personeros son algo así como cortinas sucesivas en un pasillo infinito, y su objetivo no es otro que dificultar toda investigación. Entender esto destruye cualquier argumento distractivo, como los que ofreció el Presidente y repiten sus protectores y beneficiarios.

Desde luego que todo lo anterior, siendo gravísimo, no impugnaría las investigaciones serias, y necesarias, que se deberían poder hacer sobre la ex presidenta y cualquier otro exfuncionario de cualquier gestión. Esta columna lo sostiene desde las primeras notas escritas en 1988, así como en sucesivos libros, desde El país de las maravillas en el siglo pasado hasta Cartas a Cristina en 2011. Nada que objetar para que se investigue a todo funcionario, alto o bajo. Ningún ciudadano decente se opondría a que se investigue hasta lo más profundo a quien sea. Por eso lo que ahora es repudiable, y obsceno, es que en lugar de investigar se proteja y justifique lo que está fuerte y sólidamente cuestionado.

El listado de cuentahabientes de esos detritus de la moralidad es tan grande que el solo hecho de que nuestro presidente esté a la cabeza de esas listas es injustificable. Muchos apellidos que pululan junto a él representan negocios sucios, latrocinios de guante blanco, prestanombrismo amoral. Por eso resulta patético que pregoneras de la ética pública como las señoras Carrió, Stolbizer y Alonso defiendan lo indefendible.

Pero así funciona la doble moral. Ayer nomás el principal ideólogo del macrismo, el Sr. Morales Solá, terminó su artículo en La Nación, titulado “¿El país ante un mani pulite?”, con estas palabras: “... las empresas offshore, una práctica común en el mundo empresario, sobre todo en países con reglas cambiantes. Todavía en la Argentina de hoy es imposible tener una cuenta corriente en dólares. ¿Qué recursos les queda entonces a las empresas para sus relaciones financieras con el exterior? Esa es una parte relevante de la verdad. La otra parte es que deben convivir en esos paraísos con empresas creadas para ocultar el dinero que no se puede explicar.”

Transparente: ocultar no es malo y se justifica recurrir a prácticas oblicuas “para sus relaciones financieras con el exterior”. El problema es la “convivencia” con los chorros, entonces, no la inmoralidad. Lea el párrafo dos veces, lector, y le prometo que aumentará su sorpresa. Y tres veces, ni le digo.

Esta gente parecería estar jugando con fuego cuando pone en riesgo la paz social. ¿Y si acaso fuera lo que verdaderamente quieren algunos?

martes, 22 de diciembre de 2015

PAISAJE DESPUÉS DE LA BATALLA Y LA AUTOCRÍTICA QUE FALTA, Por Mempo Giardinelli (Fuente: Página12, 21/12/15) Los vagosperonistas adherimos al pedido de autocrítica del autor de esta nota.


MEMO GIARDINELLI

Luego de la carta pública al Presidente esta columna recibió una oleada de apoyos pero también otra de enojos, agravios, insultos y amenazas. Pequeña metáfora de la Argentina actual, o de la llamada “grieta”, el panorama se aclara según pasan los días y es un hecho la entrega del destino nacional al así llamado “mercado”, esa mera suma de intereses de pocos, ricos y mezquinos.

En menos de diez días se aceleran despidos y se limitan derechos, se acosa la libertad de expresión y el aluvión de decretos presidenciales evoca prácticas dictatoriales. Velozmente se traicionan promesas, se arrasa con el Congreso Nacional, se implanta una Corte Suprema inconstitucional y servil, se recortan presupuestos y se desmantela la Anses, lo que presagia represión a reclamos populares que llamarán “combate a la inseguridad” y otros eufemismos.

La fría consigna del nuevo gobierno es debilitar al Estado y reendeudarnos. Matar el ALBA y la Unasur, que fueron lo más digno que pasó en el continente, y retornar a relaciones de genuflexión como sucede en Chile, Colombia y México, naciones hermanas hoy sumidas en la dependencia y con pavorosas desigualdades sociales.

Por eso este columnista lamenta el voto del pueblo el 22N y sostiene que es necio enojarse con quienes pensamos, decimos y escribimos, con muchísimo respeto y sin ánimo de ofender a nadie, que las consecuencias de la decisión popular pueden ser, como parecen ya, costosísimas. Por eso es saludable comprobar, como se observa, que muchos que votaron a Macri o en blanco (de hecho fue lo mismo) ya están arrepentidos y lo admiten. Incluso en los comentarios de los mentimedios. Esto evidencia una vez más que no es cierto, como jamás lo fue, que los pueblos nunca se equivocan.

Pero lo importante ahora es no sólo la denuncia, que es irrenunciable, sino también la autocrítica que está faltando y que siempre se pide y tanto cuesta practicar. Sólo así se podrá entender que el nuevo gobierno no llegó al poder por puros aciertos publicitarios. También por errores propios, que es menester identificar. Si se deja por un momento la mirada melancólica sobre todo lo plausible que se hizo en los últimos 12 años, se verá que tanto el kirchnerismo, el FpV y lo mejor del peronismo, como la ex presidenta como máxima figura, también tomaron decisiones que, aciertos aparte, fueron gruesos errores. Señalarlos puede y debe ser una oportunidad de superación.

Cabría enumerar algunas y en primer lugar, quizás, no haber sabido tejer alianzas, lo que es básico en política. El autoencierro fue letal. CFK no confió en su propio talento para invitar, dialogar y seducir a los opositores y proponerles agendas de negociación. Cierto que sufrió un hostigamiento feroz, pero un estadista igual se sienta y discute, propone, logra acuerdos mínimos. Que eso es la famosa gobernabilidad.

Sin dudas el kirchnerismo hizo una revolución democrática con innovaciones políticas, reformas institucionales, económicas y sociales, y todo frente a una prensa mundial hostil, enervada desde medios locales de una miserabilidad sin precedentes. Y sin dudas estos 12 años fueron una fiesta para vastos sectores populares. Pero entonces la pregunta es por qué también desde esos sectores se votó a quienes ahora serán sus verdugos.

Quizás se pudieron atender algunos cuestionamientos de los críticos que acompañamos el proceso. Quizás se hubieran salvado errores como la falta de una política de transparencia que reconociera que la corrupción es endémica en este país y está instalada en todos los estamentos. Por no hacerlo, ahora serán los zorros los encargados de vigilar el gallinero, lo que ya hacen cacareando la “pesada herencia” y otras retóricas. Habría que revisar también el aislamiento, que llevó a CFK a dirigirse siempre a los ya convencidos, porque no hubo política de diálogo con los diferentes.

Por citar sólo un ejemplo, así como supo reacomodar con inteligencia su discurso, actitud y conducta cuando Jorge Bergoglio devino Papa y figura mundial, la ex presidenta no supo hacer lo mismo hacia dentro de la casa. Y esto hay que decirlo y nadie tiene por qué ofenderse. Fue ella quien debió convocar a los radicales, incluso a los más doblados. Y llamar al socialismo al diálogo. Y a la izquierda ni se diga. Y aunque hubiese logrado poco, otra hubiese sido su imagen en la opinión pública, desmereciendo los motes de autoritaria o autosuficiente. Y otro error fue elegir a dedo demasiadas veces y con dedo equivocado. Así como desatender la cuestión ambiental y por eso ahí están ahora, intactos y felices, Monsanto, Barrick Gold y otros nombres letales.

Si más de la mitad del electorado optó por el voto castigo a una gestión, no es sensato protestar contra ellos si no se acompaña de una revisión de las propias malas decisiones. No en la gestión económica y social, seguramente los puntos más altos del kirchnerismo, y sin dudas no en materia de Derechos Humanos y conquistas igualitaristas, pero sí en otros rubros: la elección del candidato obviando las PASO; o elegir a Macri como el enemigo más “fácil” de vencer porque era un candidato frívolo, empresarial y de pocas luces, a despecho de que era sostenido con mucha inteligencia por un aparato colosalmente poderoso. Haber perdido las provincias de Buenos Aires y Córdoba de manera abrumadora impone autocrítica. Y también no tener en cuenta que además de que la ciudadanía fue sometida al sistemático engaño de los Mentimedios, también se cansó de errores insostenibles como no haber reconstruido el Indec.

Las autocríticas son necesarias aunque a algunos les moleste y otros cuestionen “la oportunidad”. Pero si primerean pidiendo renovaciones el Sr. Urtubey, gobernador salteño amigo de Macri y de los fondos buitre, y alguno que otro sindicalista desteñido, ¿quién puede cuestionar que un insignificante que ni siquiera es militante K escriba de buena leche estas reflexiones? Exitismo y soberbia nunca ayudan. Y menos en la derrota y el dolor.

Dijo uno en mi barrio: “Mire si llegamos a ver la foto de Macri reponiendo el cuadro de Videla”. ¿Vamos a esperar hasta eso, mirando para otro lado, en lugar de fortalecernos desde la verdad y de propuestas superadoras?