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jueves, 22 de septiembre de 2016

50 AÑOS SIN NICOLÁS OLIVARI, por Vagos Peronistas

Los Vagos Peronistas veneramos a poetas nacionales, como Jorge Luis Borges, Ricardo Molinari, Oliverio Girondo, Jacobo Fíjman, Enrique Molina, Juan L. Ortíz, Manuel J. Castilla,  y Nicolás Olivari. Hoy, 22 de Septiembre de 2016, se cumplen 50 años de la muerte de este, gran y revulsivo poeta argentino.


Nicolás Olivari
"Dedico este libro, grotesco, rabioso e inútil, a todos los empleados de Comercio
de mi ciudad. Pobres seres canijos y dispépticos que nunca conocieron el amor y
dividieron la vaguedad sentimental de sus vidas entre el cinematógrafo de barrio y la magnesia calcinada de Carlos Erba. Pobres seres que huelen los versos y mastican la 5ª edición de «Crítica» mientras limpian sus lapiceras en el lamentable relieve de sus traseros afilados por la inminencia de la patada patronal."
La dedicatoria de Olivari, en el libro: "La musa de la mala pata" (1926).


Jorge Luis Borges expresa en Estampas cinematográficas -Buenos Aires, M. Gleizer Editor,1933- sobre El hombre de la baraja y la puñalada que "Nicolás Olivari es el más indudable poeta de los que oigo. No creo en su talento: creo en su genialidad, que es cosa distinta. Sé que decir la palabra genialidad es alzar la voz y que eso es una descortesía o un énfasis. Que Olivari es un poeta de lo desagradable, también lo sé; pero esas dos consideraciones -la de la voz baja en la crítica y la del sedicente buen gusto- se quedan fuera de lo poético. Poesía es expresión. Olivari expresa con desesperada intensidad el tema que es suyo: el aburrimiento, el estudio para suicida, el rencor suburbano que ha sucedido a la compadrada orillera en esta ciudad. Olivari es mucho."

17 de Octubre

“Desde la negra barrera del otro lado de la villa,
donde el horizonte se fundía con la nada,
con salitre en la mejilla resecada
y una miel despavorida en la mirada
llegaron
los descamisados.
“Desde la fragua abierta cual granada de su sangre,
encajada en el molde de la muerte,
desde altos hornos pavorosos, crudo fuego enemigo
con las uñas carcomidas
y el cabello chamuscado en cansancio secular
sus mujeres desgreñadas por el hambre y sus crías
que no lloran porque miran,
llegaron
los descamisados.
“Sin más arma que el cansado desaliento que en sus trazos se hizo hueco
frente al río enchapado de alquitranes y petróleos,
solfatara de mil diablos expulsados,
del ansioso cielo antiguo de los pobres,
detenido en el asombro de su paso,
la pupila desbarrada en la angustia esperanzada
en un hombre que hace luz en la tiniebla,
que levanta todo aquello que se daba por perdido,
por perdido y para siempre,
llegaron
los descamisados.
“Desde el otro lado de los puentes destruidos
por la mano codiciosa de los despechados
con un grito silencioso en la grieta de los labios,
clamoroso, esperanzado,
latir azulceleste en las venas que se crispan,
levantando los racimos en las manos,
hacia un hombre presentido,
que vibraba delicado,
llegaron
los descamisados.
“Desde el taller cerrado y la fábrica con su cara
clausurada de bondad,
patinada
por el antiguo sudor de sus familiares,
invadieron la ciudad
y el grito fue invadiendo las conciencias
hasta hacerle claridad.
“Claridad junto al Líder recobrado
por su pueblo, el gran pueblo, solo el pueblo,
y para siempre… para siempre, desde entonces
es nuestro, solo nuestro, recobrado por el pueblo,
en aquel día de gloria que empezó oscuro y trágico
hasta hacerse claridad,
cuando el nombre iluminado,
mi prójimo y vecino, mi compañero y hermano,
lo rezaran con el alma, cuando llegaron
los descamisados.”

[Nicolás Olivari, publicado en Democracia, 16 de octubre de 1952]


Los Vagos Peronistas compartimos con Juan Sasturain, el gusto por Nicolás Olivari; Sasturain, recurrentemente, en sus notas en Página 12, ha recordado a Olivari. Vaya aquí, el último recuerdo, para el autor de "El gato Escaldado" (1929).

 


Juan Sasturain
Olivari, el versolari de la mala fama, por Juan Sasturain (Fuente: Página 12, 29/08/16)

En pocas semanas van a cumplirse cincuenta años de que murió el poeta Nicolás Olivari, el 22 de septiembre de 1966, precisamente con sesenta y seis cumplidos. Y es un dato que acaso valga la pena retener ahora, porque cuando llegue el momento preciso es casi seguro que pasará inadvertido. Suelen suceder estas cosas, e incluso es natural que así sea: en estos pagos, como en tantos otros, de todos los que han escrito versos e historias memorables se suele recordar –según las cambiantes lecturas– a unos pocos, y de ese modo cunden las simplificaciones, las equívocas atribuciones y los malos entendidos respecto de méritos, famas y otras inmanejables ulterioridades. Es así.

Hace un tiempo conté en público lo que me pasó con él. Justo había empezado a leerlo (a encontrarlo, quiero decir) cuando se murió. Recién caído en Buenos Aires y en la presuntuosa facultad de Filosofía y Letras durante la bastoneada transición de Illia a Onganía, yo era un pibe, tenía veintiún años, y él se moría casi al mismo tiempo de publicar las tardías crónicas de Mi Buenos Aires querido en Jorge Álvarez. Conté también que lo había descubierto en una edición de La musa de la mala pata de Editorial Deucalión –una colección dedicada a Boedo y Florida donde encontré al otro Tuñón, Enrique, con Camas desde un peso– y que después leí El gato escaldado que rescató el Centro Editor, con aquel prólogo programático y provocador que es el equivalente, para la poesía, de lo que fue entonces, para la narrativa, la incitación pugilística arltiana, la tan citada del cross a la mandíbula.

Es obvio que por entonces no se leía a Olivari en el ámbito académico, por decirlo así. El veterano y conservador Julio Caillet Bois, que teníamos de profesor, no lo incluyó –ni a él ni a Tuñón: Raúl, en este caso– en una antología, preparada para Eudeba, de poetas del primer tercio del siglo XX. Parece mentira; pero no, era así.

El Olivari final, ese viejito de pelo blanco, amable y sereno, que aparecía en la contratapa de su libro póstumo de crónicas porteñas, no había sido nunca un escritor cómodo, accesible, compartible sin salvedades. Y mucho menos de muchacho, en los veinte, cuando encarnó lo más saludablemente corrosivo de la vanguardia poética. Así, Olivari, creador múltiple –ya que escribió también cuentos, alguna novela, teatro y radioteatro, crónicas, películas, un tango famoso que grabó Gardel: “La Violeta”–, ha sido y me animo a decir que sigue siendo ahora, a medio siglo de su muerte, un autor temible y temido, difícil de clasificar y sobre todo de manipular críticamente.

Tal vez por eso me empeciné con él. Recuerdo que hacia comienzos de los setenta preparé una antología que nadie me pidió antes, ni publicó después, con un prólogo pretencioso –que he saludablemente perdido– y que por entonces poco era lo que había para leer sobre él: un libro extraño del erudito Bernardo Ezequiel Koremblit: Nicolás Olivari, poeta unicaule (sic), comentarios de Martín Alberto Boneo y –más cerca– una hermosa nota evocativa, un retrato del Olivari final que hizo Paco Urondo en la primera etapa de La Opinión y que ha recuperado no hace mucho en libro Osvaldo Aguirre. Poco más. Al poeta y a los poemas –digo– no había donde leerlos.

Recién hace unos diez años, cuando El Octavo Loco, con la perspicaz mirada crítica de Ojeda y Carbone, volvió a editarlo en prosa y verso, tras el rescate que significó la reaparición de El hombre de la baraja y la puñalada –elogiado por Borges en el treinta y tres– en Adriana Hidalgo, el lector pudo volver a encontrarse con “La costurerita que dio aquel mal paso” –un soneto como el de Carriego, pero arrasado de ironía–, “Nuestra vida en folletín”, “Antiguo almacén A la ciudad de Génova” y otras extrañas maravillas, inevitables en la más exigente antología de nuestra poesía contemporánea.

Aquella edición cuidada y fervorosa de sus tres primeros libros de poesía, escritos, como los de Borges, a lo largo de aquella década del veinte prodigiosa para la lírica argentina, incluye poemas desparejos en calidad, pero uniformados por un inconfundible y poderoso aliento. Es que La amada infiel (1924), La musa de la mala pata (1926) y El gato escaldado (1929) se leen como un único y originalísimo texto poético que no se parece a nada coetáneo. Porque si bien Olivari pertenece a una generación, a una ciudad y a una condición social precisas –que él subraya a menudo–, puesto a escribir rompe con todo, se va de cauce y de causa, patea intencionadamente el tablero. Incluso para el lector que entra sin aviso ni vacuna –o, a la inversa, con prejuicio o preconcepto positivo– suele operar una fuerza centrífuga, una cierta resistencia que impide o dificulta entrarle con facilidad.


En el esquema con que se describe aquel momento de la poesía argentina, se redunda en la oposición Boedo-Florida, el barrio y el centro. Groseramente, la izquierda y el compromiso social estaban de un lado; la vanguardia experimental y el arte por el arte, del otro. Menos Oliverio y la figura magistral de Macedonio, todo el resto de los que vale la pena acordarse eran (de Borges a Marechal y Molinari) pibes brillantes de veintipico. También tenían esa edad los fronterizos y tránsfugas que no encajaban del todo en el esquema simplista: los mencionados González Tuñón, Arlt y este Olivari, nada menos.

La originalidad de ese grupo entre grupos, que no es tal ni programático, resulta, por muchas razones, de lo más interesante. Su obra da cuenta de una mirada y un “estado espiritual” rico en contradicciones –que son las de la ciudad–, menos sujeto a dogmas y más pegado a la calle; sin pietismo a lo Carriego o redencionismo social como en Yunque, ni practicando el turismo urbano del primer Borges. Lo suyo será el grotesco: el ejercicio de un humor amargo ante la sordidez.

Dijimos alguna vez que Olivari viene de los barcos –la raíz tana es muy fuerte, como en los Discépolo–, pero ya no extraña “il paese” a la manera del ancestro inmediato que alimentó el grotesco. El poeta viene del barrio humilde para recalar en el asfalto y las luces del centro –itinerario tanguero, sin su carga sensiblera– pero, sobre todo, viene de la literatura: como Arlt se carga de Dostoievski y alucina fuera de programa, Olivari sale a la calle con la cabeza llena de Villon, de Lafforgue, de Baudelaire, y pinta y cuenta desde esos modelos revulsivos. Con vocación de dandy y marginal, se piensa poeta maldito mientras trajina en la redacción de Crítica, rema con “prosa asmática” bajo la tutela del capital. Ahí están las tensiones básicas –lo individual y lo social– entre el ideal y la miseria, belleza y fealdad, todo a flor de piel y sin resolver. El resultado es una tristeza sin melancolía, el tedio sin atenuantes, la rabia destilada en puteada, escupida y mueca; el poema de versos disonantes, cojos, autoconscientes de su rareza.

Ya hemos contado más de una vez que hay una pareja clave en casi todos los poemas: por un lado el yo lírico, la voz cantante –el joven enamorado, el periodista asalariado, el cliente ocasional, el paseante cínico–, y enfrente, con el lector de testigo y a veces de interlocutor, ella en sus tres versiones: la novia inicial que compartió los perdidos sueños adolescentes –el cine de barrio encarna ese universo de deseos insatisfechos, de la pantalla a la butaca– y que deviene la sórdida compañera de la rutina matrimonial; la empleadita, dactilógrafa o modista, sometida y expuesta a un mercado perverso y desigual; y finalmente, abyecta y triunfal, la “puta de dos pesos”, la yiranta, la carne callejera que saltó el cerco de la decencia. La novedad no es el tema sino la mirada al ras, solidaria y cruel a la vez: el poeta comparte con la yira –retórica pero sinceramente a la vez– un mismo horizonte de frustraciones sin salida: “Me gustaría tentar otro destino; / pero ya es tarde, / y estamos clausurados por la desdicha / y por la democracia”. Qué bárbaro.

Sin embargo, el escandaloso, amargo y provocador Olivari no es, por entonces, literariamente un marginal. Reconocido por el Malevo Muñoz en la famosa dedicatoria a La crencha engrasada –que es de 1929– como uno de sus “rivales en el cariño de Buenos Aires” junto a Raúl González Tuñón y Jorge Luis Borges, gana el Premio Municipal en ese mismo año con El gato escaldado y entra en la Década Infame (o sale de la Fiesta) con una soberbia Canción de los libros futuros. No habría mucho que cantar, para él.

En los treinta, los poetas jóvenes maduraron cada uno a su manera, se dispersaron llevados por la Historia y no por la estética: Tuñón encontró la militancia sin perder, en general, la poesía; Marechal, Bernárdez y otros se descubrieron católicos, se hicieron clásicos y brillantemente formales; Borges abominó saludablemente –creo yo– de los sarpullidos de la vanguardia. Molinari se decantó aún más lírico. Por su parte, Olivari endureció aún más sus gestos y, como Girondo, casi tocó el silencio: Diez poemas sin poesía (1938) editado por Destiempo, el sello de la revista de Bioy y Borges, lo dice todo de salida, y Los poemas rezagados (1946) que él mismo editó son casi una declaración jurada de marginalidad consentida.

Adhirió políticamente al peronismo –un gesto más que lo acerca a Discépolo: los escépticos que creyeron– con todas sus consecuencias de marginación en el medio intelectual, y dejó un poema al 17 de octubre que publicó en el diario Democracia, en que suenan / desfilan los descamisados como en una letanía.

Cuando murió –hará en estos días medio siglo– este urbano payador atorrante, compadre del “versolari” François Villon, dejó un sillón vacío en la Academia Porteña del Lunfardo y un agujero no zurcible en la trajinada media de la poesía argentina. Algo de lo mejor de su legado –y de sus versos– lo había publicado dos años antes en una tímida edición de Trenti Rocamora que se llamó enigmáticamente Pas de quatre. Ahí hay un poema dedicado a Joyce deliberadamente inconcluso y otro, Toulouse Lautrec, absolutamente insoslayable. Como el mismo Olivari.

miércoles, 24 de agosto de 2016

SOCIEDADES OFF SHORE Y CINISMO VERNÁCULO, Por Claudio Javier Castelli-Colectivo por la Justicia Social/Vagos Peronistas- (Fuente: Revista "Señales Populares", Junio/Julio de 2016)





SOCIEDADES OFF SHORE Y CINISMO VERNÁCULO, Por Claudio Javier Castelli



El delito económico es el delito de los poderosos, y la principal característica que posee es la impunidad. Es el delito de los banqueros, empresarios, ejecutivos de Compañías de Seguro, etc., en alianza con el poder financiero internacional. El perjuicio que provoca es mucho mayor, que el del funcionario público corrupto, porque se trata de millones de dólares. Por ejemplo el lavado de activos que involucra al BNP Paribás es de 900 millones de dólares, entre 2002 y 2008, cifra similar a la fugada del país por el JPMorgan, en otra causa penal, que está en el fuero federal de Comodoro PY. Similar maniobra es la del HSBC, con más de 3000 millones de dólares fugados del país.

El principal instrumento de los empresarios para fugar divisas, evadir impuestos y lavar dinero son las sociedades off shore, constituida siempre en un paraíso fiscal; el caso de los Panamá Paper, no hace más que poner en evidencia una conducta ilegal, delictual y antipatriótica, del establishment para contribuir al estrangulamiento permanente de divisas de la economía argentina; dada principalmente porque sus exportaciones son menores, que sus importaciones, en consecuencia, el desequilibrio de la balanza comercial lleva a devaluaciones periódicas, para que el porcentaje de las exportaciones supere a las importaciones, iniciando un ciclo, que nunca termina, y, que no puede ser solucionado solo, con la sustitución de importaciones, sino también, como lo ha dicho Aldo Ferrer, antes de morir, con el desarrollo de tecnología de punta. Pero la pérdida permanente de divisas realizada a través de sociedades off shore, configura la matriz de la expoliación de la riqueza nacional.
El fallecido economista nacional Aldo Ferrer

En ese marco los gobiernos antipopulares contraen y aumentan la deuda externa, que  pasa no solo a endeudar a los ciudadanos argentinos, sino también a financiar esa fuga permanente de divisas.

Las clases altas mandan su dinero al extranjero, sin declarar, y sin ningún tipo de cuestión de conciencia, la conciencia colonial, es un tema largamente desarrollado por la historiografía de la izquierda nacional, aplicable generosamente a la ciudad puerto, principalmente.

Claudio Javier Castelli
Ya sabemos que los medios de comunicación dominantes se entretienen con resonados casos de corrupción pública, y ocultan deliberadamente la publicidad de las causas de delitos económicos, pues involucra a ellos mismos, sus anunciantes, y su propia clase social acomodada.


El ala quebrada del capitalismo es la corrupción económica intrínseca a su raíz de codicia megalómana. El capitalismo no funciona sin una estructura de criminalidad organizada desarrollada en todas las áreas de la economía.


El movimiento nacional y popular es antagónico con el bloque de poder económico corporativo y comunicacional, aliado al poder financiero internacional. Tienen distintos proyectos de país, uno habla de trabajo, distribución, empleo, consumo, ampliación de derechos, el otro de la teoría del derrame, de neoliberalismo, concentración económica, represión política y exclusión social.

En esa disyuntiva, si alguien es descubierto con máquinas para hacer billetes, es porque los tenía para fabricar billetes; si alguien es descubierto en una “cueva”, con una máquina para contar dinero, lo tenía para contar dinero, y si alguien es descubierto con sociedades off shore, las creó para fugar divisas, evadir impuestos, y lavar dinero: todos delitos económicos.

La indisimulable parcialidad de la titular de la Oficina Anticorrupción, no cabe sino tomarla a risa, más allá de los ilícitos penales que se le encuadren (incumplimiento de los deberes de funcionario público y encubrimiento); sin embargo, el pueblo no esboza ninguna sonrisa; los que verdaderamente carcajean, como en los noventa, reunidos en el Club Americano, son los empresarios, banqueros, economistas, políticos neoliberales, con sus abogados y contadores del establishment,  brindando con Whisky importado, y pegando, con palos de golf, a gente en situación  de  calle, y pobres elegidos al azar, mientras Frank Sinatra canta “New York, New York”.


Por supuesto que el pueblo tiene para sí al Martín Fierro, de José Hernández: “No hay tiempo que no se acabe, ni tiento que no se corte”.



Claudio Javier Castelli

Colectivo Por la Justicia Social

Vagos Peronistas

martes, 21 de abril de 2015

El NO TAN "extraño" caso "Del Sel" por Vagos Peronistas

Me puse a reflexionar sobre el caso "De Sel". No me parece extraño ni novedoso, mucho menos alarmante, es casi lógico.
En primer lugar es necesario contextualizar: Santa Fe es la provincia más próspera del país, una proyección envidiable por cualquier país tercermundista, hasta con puerto propio, y es consciente de ésto, en más, cualquiera que haya estado en esa provincia en los últimos tiempos no tarda muchas horas en darse cuenta de la actitud de superación y despotismo de sus pobladores, sea cual fuere su situación económico-social. Ahora bien, una vez entendido el escenario no sorprende que, quien es consciente de ser poderoso y millonario crea además que no necesita nada más, en este caso, del Estado Nacional y mucho menos el provincial que vive de ellos. Generalmente, mientras más poder concentrado haya, menos se cree en los Estados, mucho menos en las democracias. En tal sentido la oligarquía sojera de este territorio, es dueña absoluta del poder económico y no le queda otra que aceptar las pocas reglas que le exige el sistema democrático, o algunas de ellas, solo basta recordar que hasta lograron imponer cuánto pagar de retenciones (la famosa 125). Esta casta de poderosos capaces de comprar voluntades, tanto privadas como públicas, es lo más cercano a una monarquía moderna, y a las monarquías siempre le gustaron los BUFONES, así que no es de extrañarse que elijan a uno para gobernador, ya que, al fin de cuentas, ellos no sólo descreen del sistema democrático, si no que además se burlan de él eligiendo a un Bufón como gobernador, en una especie de fetiche o juego perverso en el que, el Dinero demuestra las supuestas falencia o grietas del sistema democrático. 
Tampoco es la primera vez que esto pasa, recordemos que el estado California, que es la segunda potencia económica del mundo sólo superada por EE.UU., eligió a su más excéntrico Bufón, Arnold Schwarzenegger, por DOS mandatos como su gobernador que, entretuvo a "La Corte" asegurando no meterse con nada serio ni importante para los intereses económicos del territorio. Los bufones juegan, saltan, bailan, actúan, personifican roles...pero nunca se olvidan de quién el Rey, y que éste es el dueño de su vida y de su muerte.
Creo que estamos ante el mismo caso, una población en su mayoría pobre que se cree rica, y se deja conducir por el Poder Económico local, eligiendo a un cómico para reírse un rato, reírse del sistema y al mismo tiempo asegurarse que "nada cambie", porque no hay que olvidarse que tanto aquel bufón como éste, no provienen de partidos populares ni progresistas, si no del Partido Republicano uno y del PRO "Propuesta Republicana" el local...Pura coincidencia...
¿Tenemos los gobernantes que nos merecemos? No lo creo, tenemos los que elegimos, y esta parte del territorio nacional eligió jugar con el sistema y reírse de él, demostrando una vez más que para ejercer el poder, hay que tenerlo.
Es por esto que, Compañeros, Correligionarios, Camaradas, Compatriotas, Hermanos, Amigos, no debemos olvidarnos que el poder de las Ideas es poderoso, muy poderoso... Pero el del Dinero también lo es. Y así como nos dio un buen cachetazo cuando, un Nene Rico jugando a ser político para demostrarle a su padre que no es el inservible que siempre le recriminó, puede ser el Gobernador de la ciudad más importante de nuestro país, hoy está a punto de volver a hacerlo con Del Sel.
Será cuestión de estar atentos y no caer en conclusiones facilistas o apresuradas, y no perder de vista que el poder económico no es estúpido y que no da puntada sin hilo.