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jueves, 16 de abril de 2020

Los presos políticos del poder judicial oligárquico. Por Javier Azzali (") para Vagos y Vagas Peronistas



1. La persistencia de los presos políticos y su persecución, a pesar del cambio de gobierno, es un asunto que debe merecer nuestra especial atención, tanto por la injusticia que es urgente corregir, como por lo que ello nos puede revelar sobre nuestra condición presente como país. ¿Por qué continúan en prisión? ¿Quiénes son los responsables? ¿Qué hacer? ¿Qué significa aún que haya presos políticos? Aquí hay un reto de importancia: es evidente que su respuesta determina el contenido real de la democracia. Y que en la reparación de los dolores causados va la reparación de todo el pueblo. 

2. ¿Quiénes son los presos políticos? ¿Por qué lo son? Para unos, lo serían sólo si estuvieran a disposición del Poder Ejecutivo. Para otros, si fueran acusados de delitos políticos, tales como sedición o rebelión, como el caso de los políticos catalanes presos por los tribunales de Madrid, en España. En cualquier caso, se tratan de privaciones de libertad innecesarias o injustificadas, como explica muy bien E. Raúl Zaffaroni en una nota reciente[i]. No deberían estar presos: sus detenciones son una arbitrariedad, una injusticia, no están correctamente justificadas según una interpretación racional del derecho procesal penal, de acuerdo a las pruebas de cada una de las causas. 

El Grupo de Trabajo de Naciones Unidas sobre Detenciones Arbitrarias considera arbitraria la privación de libertad en los supuestos de ausencia de fundamento legal, cuando la privación de libertad resulta del ejercicio de los derechos o libertades (vg. de conciencia, de expresión, opinión,reunión, o a participar de los asuntos públicos). O cuando la privación de la libertad es por motivos, entre otros, de discriminación política, social, étnica, etc.[ii]. En mi opinión, lo importante es considerar que en cada país, según las circunstancias de la época y el lugar, las modalidades de persecución varían, aunque es claro que se trata de una manera de debilitar o destruir políticamente al adversario, con invocación de razones de derecho y uso de la administración de justicia. 

3. La opinión de cada uno de ellos es muy significativa y debe ser escuchada. Luis D’Elía es un dirigente político y social de reconocida y vasta trayectoria, actualmente de Miles por Tierra, Techo y Trabajo, y se encuentra en una situación muy grave de salud, por la cual merecería recuperar su libertad sin dilaciones, como parece ahora estar ocurriendo. D’Elía está preso desde febrero de 2019, por la condena a tres años y nueve meses por la toma de la comisaria 24 en La Boca, en 2004. El hecho es bien conocido: la toma de la comisaría fue una manera de ejercer la protesta social, junto con decenas de personas, en forma urgente e inmediata, para exigir justicia ante el homicidio del ciudadano Martín Cisneros, a manos de un narcotraficante. Dijo, también: “Acá persiguen a los que somos opositores a este régimen oligárquico, pro norteamericano, esta Argentina que nos duele tanto y nos toca vivir en el régimen macrista”[iii]. 

4. Milagro Sala es una dirigente social y política de la Organización Barrial Tupac Amaru y del Partido por la Soberanía Popular. Ella lleva más de 1500 días privada de libertad, según el contador de la muy buena red virtual de noticias InfoSiberia, desde su primera detención mientras realizaba una protesta en la plaza central de San Salvador de Jujuy el 16 de enero de 2016. Dice el Centro de Estudios Legales y Sociales, “a partir de su detención hubo un entramado de “acusaciones consecutivas”, un despliegue de causas judiciales y un contexto de vulneración de la independencia judicial destinados a sostener la privación de libertad de Sala de manera indefinida”[iv]. La opinión de Milagro Sala es nítida: “Soy una presa política. No soportaron que una mujer, además negra y también india, haya conseguido construir miles de hogares"[v]. 

El Grupo de Naciones Unidas sostuvo que, por haber sido electa parlamentaria del Parlasur (Parlamento del Mercosur), Milagro Sala goza de inmunidades, beneficio otorgado a los Diputados en la República de Argentina, entre ellas la inmunidad de arresto y de expresión. Pero también, destacó que las autoridades locales implementaron una estrategia de persecución penal de los 

referentes de la organización Tupac Amaru y la Red de Organizaciones Sociales con el fin de impedir el desarrollo de una protesta social en la provincia de Jujuy”. Como antecedente, recordó que “en el año 2009, la organización Tupac Amaru fue estigmatizada ante el Congreso Nacional como una organización que “impone terror” en Jujuy. En el año 2012, la organización fue acusada, sin pruebas, de poseer 500 armas registradas en el Registro Nacional”[vi]. 

“¿Quién se creía que era esa india?” es la fórmula desquiciada de la condena a Milagro Sala por su doble identidad de género y de raza, y su postura reivindicatoria de derechos, explica con lucidez, Dora Barrancos[vii]. Además, el federalismo en acción, la organización que lideraba Milagro Sala, es la que más obras públicas ha realizado en Jujuy, con planificación del estado nacional. 

5. Amado Boudou dijo, en su alegato: “Acá también hay una cuestión de revancha de clase, de aleccionar, de que nadie se tiene que animar a cambiar las cosas. Los políticos que deciden cambiar la realidad son perseguidos. Primero desde el punto de vista mediático, luego desde el sistema de justicia”[viii]. Boudau, se sabe, es el emblema de la nacionalización del sistema previsional y la liquidación de las AFJP, instrumentos de drenaje de recursos públicos a favor de la especulación financiera internacional. Su persecución -y humillación pública- puede ser leída, sin mayor sofisticación explicativa, como una represalia del poder económico concentrado, para desalentar futuras estatizaciones o regulaciones normativas. Dice el periodista Raúl Kollman: “Es el establishment usando a la justicia para que no vuelva lo que ellos llaman “el populismo”[ix]. 

6. Lo mismo puede decirse de Julio De Vido, quien es el responsable de la política de planificación federal y desarrollo de infraestructura más importantes desde los gobiernos de Juan Domingo Perón, como explica Federico Bernal, “en función de una Argentina efectiva y verdaderamente democrática, autosuficiente, soberana y federal. Es que en las mentes estrechas, retorcidas y cargadas de visceral odio a todo lo popular como son las de la oligarquía argentina"[x]. 

7. Fernando Esteche, por su lado, dijo: “soy un preso fácil, soy un preso necesario porque es evidente que más allá de la inconsistencia probatoria, los estigmas, anatemas, el perfil público de alguien como yo asociado a determinados repertorios y, como producto de esto, recluido en cierta marginalidad política, resulta una presa fácil para alimentar a ese sector de nuestro país sumergido en la fascinación revanchista”. 

8. Las prisiones preventivas incluyeron también a Carlos Zannini, Héctor Timerman, quien falleció por una grave enfermedad contraída mientras era cruelmente perseguido, y la misma dos veces ex Presidenta electa del país, Cristina Fernández La condena reciente a Martín Sabatella, titular de la AFSCA cuando se intentó adecuar la realidad empresarial concentrada a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, una de las más democráticas leyes que hemos tenido. Si se observa detenidamente, fue una persecución destinada a quebrar la democracia, porque todo esta ponía en jaque todo el sistema democrático. La trascendencia y gravedad del asunto es evidente. En algunos casos se justificó su prisión con el único argumento que, al tratarse de ex funcionarios estatales, podrían utilizar sus influencias a su favor, como un “poder residual”. Lo que me pregunto es que, de ser así, cualquier imputación a cualquier funcionario le valdría la inmediata privación de la libertad. Esto funcionaría como un aliento a quienes pretendan destruir al adversario político, por el solo hecho de ejercer la función pública. Además, esa interpretación de la ley contradice la que mayoritariamente vienen haciendo los jueces penal, que exigen las pruebas concretas en el caso de la posibilidad de eludir la justicia o entorpecer la investigación. 

9. Entonces, todas estas descripciones conforman situaciones que encuadran en la definición dada por el Grupo de Trabajo de Naciones Unidas, violatorias de los más elementales derechos políticos en democracia. Se tratan de persecuciones penales y detenciones, de diferentes maneras según los casos, en razones de respuestas del sistema político y económico a ejercicios de derecho 

En resumen, se han utilizado los procesos judiciales desarrollados en los diferentes tribunales, para resolver disputas políticas, en confluencia con los medios de comunicación hegemónicos: unos persiguen mientras que los otros destruyen la imagen pública de la persona para justificar su encierro. 

10. A todas estas situaciones se las he explicado como parte del Lawfare en el continente, una táctica de guerra no convencional, cuyo origen se detecta en documentos de la estrategia militar no convencional de los Estados Unidos[xi]. Esto seguro es así, los datos y hechos que lo indican son muchos y no los vamos a detallar aquí. Su significado geopolítico e imperial es innegable, más cuando en nuestro país, la justicia federal desde los años 1990 ha sido fuertemente objeto de la política exterior de los Estados Unidos (vg. DEA, la embajada)[xii]. Sin embargo, podría ser una insuficiente explicación para entender la realidad de nuestro país, y llevarnos a diagnósticos no precisos, como el de creer que un simple cambio de gobierno o decisión política la resuelve. 

11. ¿Qué significado tiene su persistencia en la actualidad, qué nos revela? Veamos, brevemente, algunos apuntes para pensarlo. La criminalización de la protesta social ha sido, desde su origen, una constante del poder judicial. En los años 1990, tenemos numerosos casos, como, por mencionar sólo uno, el de la maestra de Bariloche, Marina Schifrin, quien fue condenada por participar de un corte de calle junto a sus compañeros docentes, para pedir por sus derechos laborales y sociales[xiii]. Muchos jueces también, han sostenido que la protesta social no debe ser objeto de reproche penal, de acuerdo a una interpretación democrática de las leyes. Lo contrario viola el derecho constitucional a peticionar a las autoridades, o a tener una opinión diferente. Visto así, dos tendencias al interior del judicialismo argentino se desarrollan en todas sus áreas intervención. Una más democrática que la otra. Si nos referimos a las tendencias, hay un poder judicial oligárquico y otro democrático. 

12. Este accionar es un rasgo que se ha reiterado desde el origen mismo del poder judicial en nuestro país. El poder judicial tiene su propia configuración histórica que hizo lo que ahora es, y no otra cosa, como apéndice del orden dependiente, elitista y de atraso económico[xiv]. Por eso, esta utilización política de los tribunales es una característica presente en la deriva autoritaria de la instauración de regímenes oligárquicos. El modelo agroexportador con dependencia económica creó un país a su medida, a partir de las instituciones mínimas necesarias para su supervivencia: los bancos, el comercio, la policía, una mínima burocracia estatal y los tribunales. A éstas las dotó de una ideología o visión de país, acorde a esa mitología necesaria tanto para la subordinación servil como para la represión a cualquier política desarrolladora del interés nacional y la justicia social. El orden oligárquico creó un poder judicial a su medida que sobrevivió en el tiempo. Después de todo, este es el rol político del poder judicial en cualquier sociedad: asegurar a eficacia de las leyes creadas por los otros poderes. 

13. En 1862, el mitrismo sometió a los pueblos del noroeste argentino resistentes, por medio de una guerra con envió de tropas criminales justificada por imputaciones sobre delitos comunes. Los jueces la denominaron de persecución policial contra delitos comunes, para eludir la prohibición que establecía la Constitución de 1853 de la pena de muerte por razones políticas. Ya en el siglo XX, la persecución contra Hipólito Yrigoyen y Juan Perón, en 1930 y 1955 respectivamente, también tuvo base en procesos judiciales de diferente tenor, igual que la desplegada contra sindicalistas, militantes políticos y ciudadanos comunes. 

Desde los inicios de la Argentina moderna quedó fijado el rol conservador del Poder Judicial, en particular a través de la Corte Suprema, en su carácter de conductora política de la institución. 

En 1945, las fuerzas conservadoras que disputaban la dirección del país y confrontaban a la modernización representada en la posición de Perón y sus aliados políticos -sindicalistas, empresarios nacionales, militares nacionalistas- que implicaba una apertura democrática, ampliación de la base popular de participación, y autonomía nacional frente a Gran Bretaña y los Estados Unidos. En el momento más arduo de esa disputa, esos sectores le demandaron a Farrell, el presidente de facto, la entrega del poder a la Corte Suprema, lo cual se expresó en la Marcha por la Constitución y la Libertad, el 19 de septiembre de 1945 en las calles de Buenos Aires. La propia Corte se negó a convalidar el nuevo fuero Laboral, creado por Perón para la defensa de los derechos de los trabajadores que, hasta entonces mantenía la regla de la libre acuerdo entre las partes individuales para regular las relaciones de trabajo. Al poco tiempo, declararía incluso la inconstitucionalidad de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, con el apoyo de la corporación patronal, terrateniente y la prensa conservadora. Así, al Poder Judicial se le asignaba el rol de garante en última instancia del orden conservador y elitista del país dependiente. Sólo la transformación de ese orden derivó en la modificación de ese rol, al menos en su contenido. La gran movilización popular del 17 de octubre y las elecciones del 24 de febrero de 1946 inclinaron la balanza a favor del interés nacional y popular, y la proyección de un modelo promotor del desarrollo de las fuerzas productivas nacionales, la soberanía y la modernización democrática de las relaciones sociales. 

Uno de los fundamentos para la reforma constitucional de 1949, fue, justamente, la necesidad de evitar que alguno de estos jueces, tributarios del viejo orden oligárquico, declarara la inconstitucionalidad de las transformaciones económicas y sociales operadas en la realidad. 

O el caso del denominado Camarón -la Cámara Federal Penal de la Nación-, que funcionó entre 1971 y 1973 durante la dictadura del general Alejandro Lanusse, creada bajo la ley 19053, con la excusa de perseguir delitos federales que violen los principios de la organización constitucional, que la propia existencia de la dictadura violaba, y que encarceló a centenares de militantes, políticos, sindicalistas, jóvenes en general. Su creación formó parte de la estrategia de los sectores dominantes, que ensayaron el Gran Acuerdo Nacional y el llamado a elecciones con la proscripción de Perón, para dar continuidad al régimen conservador. Pasada la dictadura de 1976, donde el rol judicial se repartió entre actitudes serviciales, temerosas y cómplices, la ex Jueza Garrigós de Rébori, una exponente de la judicatura democrática, opina que “desde la recuperación democrática, los servicios de inteligencia han intervenido en las designaciones del Poder Judicial”, el cual, destaca, tiene rasgos monárquicos, las facultades como "fábricas de jueces" y el tutelaje servicial[xv]. Lo cual, claro, está plenamente vigente, sin que haga mucha mella un cambio de gobierno, 

14. También, la insistencia en el traspaso de las funciones públicas nacionales, como la administración de justicia nacional, al ámbito de la ciudad de Buenos Aires, es manifestación de la vitalidad que aún tiene en nuestro país, la política regresiva que fortalece al poder oligárquico porteñista financiero. 

15. Decíamos en una nota anterior donde desarrollamos un poco más este asunto, que, así expuesto, el partido judicial en verdad se trata de una rama extendida del frente oligárquico y conservador[xvi]. Ha sido, históricamente, el reaseguro del orden conservador y elitista, contrario a un proyecto de nación soberana, justa y libre. Tuvo y tiene excepciones, al igual que en toda la sociedad existen tendencias democráticas y de defensa de un proyecto nacional. Muchos son los ejemplos, que ahora no desarrollamos. Pero, en esta configuración histórica, la persistencia de los presos políticos es manifestación de la vitalidad de un poder judicial oligárquico, cuyo rol no es otro que el de la defensa de los intereses del orden dependiente, elitista y de atraso, el cual es el punto en el que nos encontramos como país. Se trata, entonces, de avanzar en la formación de un proyecto nacional de soberanía y desarrollo productivo autónomo, para construir, en forma correlativa, un poder judicial adecuado al interés nacional y los derechos humanos. 

16. ¿Y las Soluciones? No estoy en condiciones de brindarlas, sin caer en un juego de fantasías. Aunque no se soluciona por decreto ni por ley, está claro que siempre cada uno de los tres poderes puede hacer algo, empezando por los propios jueces que les toque intervenir, Lo único que sé es que si no se corrige esta situación, además de una enorme y flagrante injusticia, habrá una política oligárquica vigorosa de un sector judicial, en contradicción abierta con cualquier modelo de democracia. ¿No pesará como una carga en la conciencia de quien tenga intención de llevar a cabo una política nacional y democrática, la amenaza de una futura, incluso presente, revancha de clase por parte de operadores que ni siquiera han visto mermadas sus capacidades? Esta es una cuestión política lo suficientemente seria como para que los tres poderes organizados por nuestra Constitución Nacional, de acuerdo a sus competencias, deliberen y tomen las medidas y hagan las reformas necesarias para su democratización. 

 Abril de 2020. 







[iii] Nota del 23/02/2019 de Adriana Meyer, en sitio: https://www.pagina12.com.ar/176645-fallo-en-contra-para-d-elia






[ix] Nota del periodista Raúl Kollman, en sitio: https://www.pagina12.com.ar/133653-los-metodos-no-importan.



[xi] “Lawfare. La judicialización de la política en América Latina”, de Camila Vollenweider y Silvina Romano, en sitio: www.celag.org.

[xii]El embajador de Estados Unidos en Argentina a partir de 2018, Edward Prado, al dar su testimonio ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, presidida por el senador cubano estadounidense Marco Rubio, expuso que sabía "cuán importante es el Estado de Derecho y cuán importante puede ser una rama judicial fuerte e independiente para un país que va a ser una democracia sólida". Y dijo que, su "intención es continuar trabajando con los abogados y jueces de la Argentina para mejorar el sistema judicial y fortalecer la confianza de la gente en el sistema judicial". Prado, designado por Donald Trump, fue juez de Texas, del Tribunal de Apelaciones regional y nominado por George Bush candidato a la Suprema Corte del país. En sitios, https://www.lanacion.com.ar/politica/el-embajador-de-trump-interesado-en-mejorar-la-confianza-en-la-justicia-nid2114981 y https://www.foreign.senate.gov/imo/media/doc/030718_Prado_Testimony.pdf.


[xiii]El fallo completo, en sitio: http://catedradeluca.com.ar/.

[xiv]Recomiendo la muy buena obra: “Lawfare” / Rafael Bielsa ; Pedro Peretti. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Ariel, 2019, 




[xvi]En sitio: https://revistazoom.com.ar/garrigos-desde-recuperamos-la-recuperacion-democratica-los-servicios-de-inteligencia-han-intervenido-en-las-designaciones-del-poder-judicial/.

(") El autor es Abogado (UBA), profesor universitario, publicó “Constitución de 1949. Claves para una interpretación latinoamericana y popular del constitucionalismo argentino”, 2019, Ed. Punto de Encuentro. Tiene estudios en derechos humanos y antropología jurídica. Escritor de notas, artículos y publicaciones sobre pensamiento nacional, latinoamericano y derechos humanos. Contacto en javierazzali@hotmail.com

jueves, 12 de diciembre de 2019

SE ACABÓ LA CUESTA ABAJO. VOLVER A EMPEZAR, Por Javier Azzali para Vagos y Vagas Peronistas






1) Crisis y dependencia podría ser el título del legado de Cambiemos. Una política de destrucción masiva de los todos los aspectos constitutivos de una nación: el trabajo, el mercado interno, la producción, el estado, la cultura, la ciencia y tecnología, las finanzas, la política exterior, entre muchas variables. Pero además de tierra arrasada y despojada, deja un régimen de la dependencia. Otra vez, como la mayoría del tiempo argentino, vivimos en un orden dependiente, La cuestión nacional vuelve a estar en el centro de la escena de la vida social y nacional, con su drama de crisis generalizada. Una economía dominada aún más que antes, por el capital concentrado y extranjerizado, disminución del poder público, y una gran recesión como manifestación de la retracción general del desarrollo productivo y de la clase trabajadora.

2) La vieja dependencia pero con un régimen actual. No fue el modelo agroexportador propio del país del centenario, cuya dependencia quebró el peronismo en 1945; ni tampoco el modelo desarrollista de los sesenta. Tampoco podía ser idéntica al modelo de especulación financiera de la dictadura de 1976 y su profundización con el régimen menemista de los años 1990, ya que la convertibilidad se sostuvo con el desguace del patrimonio público. Ahora, no hay Consenso de Washington ni ALCA ni TTP, sino decadencia de la globalización financiera. No hay dominio absoluto de EUA sino crisis de hegemonía imperialista. La dependencia de Cambiemos se basó en la depredación del espacio nacional y toda renuncia a un proyecto de nación, con el dominio de una rosca financiera tan reducida, poderosa y cruel, que hacía recordar a la rosca elitista que alguna vez dominó Bolivia. No logró estabilidad ni continuidad, pero está vigente.

3) La verdad oligárquica. Una serie de frases hechas se repitieron desde el inicio del ciclo oligárquico, pero no fueron solo un slogan, sino expresaban verdades dentro de los objetivos propios. Podemos creerles. La pesada herencia eran las instituciones del país soberano: los sindicatos, el alto índice de trabajadores ocupados, las paritarias, el estado fuerte y amplio. La lluvia de inversiones, posiblemente, la esperaban como el flujo de capitales que, en forma de inversión extranjera directa o crédito externo tal vez, prometía ser incesante si se imponía el TTP. La frase “sentamos las bases de un nuevo país” es cierta, en tanto que el legado, justamente, es el regreso de la vieja dependencia que hay que superar. La pesada herencia, en fin, fue un gran factor de resistencia estos años.

4) El gobierno de Frente de Todos inaugura un nuevo ciclo nacional democrático en nuestro país, cuya tarea urgente e inmediata es la de desmontar ese régimen de la dependencia. En la medida en que avance en sus medidas progresivas, se consolidará y crecerá la esperanza de las mayorías populares y contará con su apoyo, como les ocurrió a Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Pero también, en la misma medida, y antes también, en tanto eso necesariamente implica afectar los intereses de los sectores más poderosos del país, contará con su oposición militante y desestabilizadora, con la conspiración de los medios de comunicación concentrada. El legado de la flamante gestión será valorado en la medida de los grados de autonomía nacional que pueda conquistar y recuperar, y por la reconstrucción del trabajo digno.

5) La falta de divisas para financiar la producción y la tecnología, es un problema propio de los países dependientes, que el gobierno saliente agravó mucho, con la deuda externa y el libre giro de capitales. El peronismo de 1945 lo afrontó con la nacionalización del comercio exterior, el sistema financiero, la estatización del Banco Central, y la promoción del industrialismo argentino. Ahora las condiciones son otras muy diferentes, pero el destino de la política nacional se vincula directamente con la manera en que se afronta esta cuestión. Por otro lado, la deuda externa es una deuda odiosa al no contar con una contraprestación de bienes y servicios al servicio del crecimiento real de la economía del país. Su toma no fue a favor del interés del pueblo, sino de una rosca financiera, por lo que, solo se trata de una investigación simple, por ser empréstitos tomados desde 2015. Pero una posición así requiere de una fortaleza que no parece posible en el actual contexto sudamericano e internacional. De todas maneras, el perfil ideológico de la actual gestión tiene la idea de pagar para liberarse, una fórmula eficaz con el kirchnerismo.

6) El sistema judicial federal. El poder judicial, junto a la prensa y los militares, ha sido históricamente correa de difusión del interés oligárquico. El Lawfare existe pero, como hemos señalado en otras ocasiones, la nota característica principal del poder judicial federal es su tradición histórica oligárquica. El rol del poder judicial es el de custodio del orden establecido, por lo que el problema judicial no es otro que el del orden social que defienden, sea del de un país dependiente y elitista o soberano e igualitario. Por supuesto, al igual que en la sociedad, hay magistrados -como también hay periodistas, políticos- partidarios de uno y otro país que le dan su propia impronta al ejercicio judicial, pero en el poder judicial, si no media una reforma importante de su organización política, volverá a su origen oligárquico.

7) La oposición está formada por la tradición de los profetas del odio. Nada democrático ni pacífico hay que esperar. Una tarea fundamental es la de erosionar y fragmentar su representación política. El alejamiento de la UCR del PRO es clave para que este último quede aislado sólo en la Capital Federal.
Javier Azzali

8) En Latinoamérica no hubo restauración conservadora. Los regímenes conservadores de la región forman parte de una ofensiva de sus clases dominantes ligadas a la política imperialista de Estados Unidos y su socio menor, la Unión Europea, que quebraron las instituciones de la unidad (CELAC, UNASUR y hasta el Mercosur). Pero éstos no logran estabilizarse con un nuevo orden social de dependencia, por el nivel de resistencia popular creciente y por las consecuencias autodestructivas de sus propias políticas. En nuestro país no hubo una propuesta de estado oligárquico sino una de anti estado. Además, la crisis de la hegemonía de los Estados Unidos y la consolidación del rumbo tripolar en el orden mundial, pone en evidencia la necesidad de la unidad regional con autonomía. El giro argentino alienta al giro sudamericanista. Brasil es el aliado estratégico para la unidad, por lo que urge su recuperación política.

9) Este retroceso fenomenal y cruel intencionalmente provocado por cuatro años de política oligárquica, debería servir de enseñanza para comprender que no hay democracia sin soberanía popular ni independencia económica. Un legado a asumir por parte de los diferentes sectores políticos, sindicales y sociales del país. Una mayoría popular, expresada en las últimas elecciones, está dispuesta a hacerlo.

10) Alberto Fernández se autodenomina como el Presidente de la unidad de los argentinos, pero también dice que representamos a los que sufren y a los que se quedaron sin trabajo, que cuando nos dividimos, ellos se hacen fuerte. CFK, en ese escenario de liderazgos compartidos, le dijo: confíe en su pueblo, convóquelo para causas justas. Hará falta. Por lo pronto, este 10 de diciembre recuperamos la identidad colectiva, como pueblo, lo que alentará al presidente a las reformas más profundas.

lunes, 21 de octubre de 2019

VIGENCIA DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS EN ARGENTINA, Por Javier Azzali(") para Vagos y Vagas Peronistas

El legado cultural indígena en cada uno de nuestros países americanos, de distinta intensidad según las regiones, pero de una gran complejidad y desarrollo, así como la existencia actual de comunidades y personas pertenecientes a los pueblos indígenas, torna imprescindible su justa reivindicación y consideración, para fortalecer el curso de la formación de una sociedad latinoamericana solidaria y autónoma. El protagonismo y peso de los pueblos indígenas en nuestro continente es ancestral, persistente y actual, aunque en Argentina su peso político sea marginal. Ellos son actores del mestizaje como factor constituyente de la cultura americana y principal de los legados del período colonial, un proceso de enorme intensidad presente, que lleva a Miguel León-Portillai, a decir que, ahora “Mesoamérica está presente hasta en Estados Unidos”ii. 

De la visión de los vencidos de la conquista española en México, según el ensayo de este mismo historiador, a la existencia de una filosofía permanente y propia, como muestran las investigaciones de Rodolfo Kusch; de las rebeliones mesoamericanas y andinas contra las estructuras virreinales a las luchas campesinas del siglo XIX, de los movimientos nacionales del siglo XX que los tuvo como protagonistas de una manera o de otra, como el MNR boliviano, la Revolución Mexicana y el cardenismo, el campesinado en los Andes peruanos retratado por Manuel Scorza, el peronismo; de la rebelión maya-zapatista, el mismo día de la entrada de México al NAFTA, el 1 de enero de 1994, a las guerras del agua y del gas en Bolivia, las seguidillas de rebeliones en Ecuador, y las recepciones constitucionales de sus aportes sobre los conceptos de Buen Vivir y Madre Tierra. El índice de la lucha política es tan variado como numeroso y potente. La razón es tan simple como fundada: el hecho de la condición mestiza y étnicamente rica de la identidad nacional de nuestros países de América. Más significativas son, aún, las recurrentes insurrecciones populares en los países andinos y en México, donde asientan los que Darcy Ribeiro llamaba los “pueblos testimonios”, descendientes de las antiguas civilizaciones precolombinas de mayor desarrollo (Azteca, Maya, Inca). En estos países, la identidad indígena encuentra un mayor fortalecimiento, lo cual se expresa en su participación política. En estos Pueblos Testimonios, el concepto jurídico político de autonomía adquiere un significado más desarrollado y se manifiesta en la forma de autonomía municipal, completa o relativa. En cambio, en los Pueblos Nuevos o Transplantados -como los rioplatenses, según la clasificación del autor brasilero-, la autonomía indígena no adopta la misma forma y es de menor intensidad. En México, casi 15% del total de la población es indígena, repartida en 62 etnias que viven en ciudades, municipios indígenas o con presencia indígena, y en EEUUiii. En Ecuador, de acuerdo con el último censo nacional de 2010, las personas que se autodefinen como indígenas representan el 7 % de la población totaliv. En Peru, de acuerdo a datos de 2018, alrededor del 27% del total de la población hace lo propiocomo parte de algún pueblo indígena u originario por sus costumbres y antepasados, y un 53% del total de la población como mestizav. En Bolivia, mediante un sistema complejo de análisis de información, se concluyó que de la población de más de 15 años, el 66% es identificada como indígena (plena y parcial)vi. En este país, el protagonismo indígena adquirió tal dimensión que erigió, por primera vez en el continente, a un presidente indígena. Evo Morales Ayma implementa una política de soberanía nacional, unidad regional, desarrollo productivo y descolonización estatal inédita para Bolivia. En verdad, Benito Juárez fue, tal vez, el primer presidente en el continente de origen indígena -zapoteco-, en México (1858-1872), aunque su programa no haya tenido un contenido de reivindicación específica de esos pueblos.



En Argentina.

En el Censo Nacional de Población y Vivienda 2010, se identifican indígenas un total de 955.032 personas, lo que representa 2.5 % de la población totalvii. Las organizaciones de pueblos originarios refieren la existencia de, al menos, 39 pueblos, etnias o culturas, con más de 1600 comunidades, De acuerdo al Instituto Nacional de Asuntos Indígenas, están distribuidas por todas las provincias, con variado peso poblacional y complejos grados de organización y con realidades y necesidades no siempre adecuadamente visibilizadas y atendidas, con características más rurales algunas y de carácter más urbanas otras, donde se asientan más de la mitad de las personas indígenas. El número debería aumentar si se incluyen a los migrantes de países vecinos de origen indígena.
Las palabras indígena, aborigen u originario -que son sinónimos- son la manera en que son designados estos pueblos, cuyas diversidad y riqueza no alcanza a ser comprendida bajo esta denominación genérica. Sus identidades particulares tienen sus propios nombres: Atacama, Aymara, Chané, Charrúa, Chorote, Chulupí, Comechingón, Diaguita, Guaraní, Guaycurú, Huarpe, Logys, Kolla, Kolla Atacameño, Lule, Lule Vilela, Mapuche, Mapuche Tehuelche, Mocoví, Mbya Guaraní, Ocloya, Omaguaca, Pilagá, Quechua, Ranquel, Sanavirón, Selk'Nam (Ona), Tapiete, Tastil, Tehuelche, Tilián, Toba (Qom), Tonokoté, Vilela, Wichí.A veces, se las denomina naciones, pero en verdad son pueblos, etnias o culturas, ya que desde, al menos, fines del S. XVIII la posibilidad de realizar una cuestión nacional propia se encontraba perimida. Sus existencias y reclamos tienen su vía de realización solamente al interior de una formación social y nacional que las contenga. De ahí, que habitualmente se compartían la idea de Patria Grande Americana que también tenían los grandes líderes políticos criollos. Una visión multiétnica de la identidad americana también estaba presente en el ideario de los grandes líderes criollos en las luchas por la emancipación en las primeras décadas del S. XIX, del sur al norte del continente como San Martín, Bolivar, Castelli, Monteagudo y Artigas, Morelos e Hidalgo, quienes, además, les reconocían un protagonismo en las luchas. San Martín, significativamente, los denominó en una proclama suya, “nuestros paisanos los indios”.


En los márgenes sociales del país dependiente.

El régimen oligárquico argentino interpretó la igualdad jurídica, declarada en el artículo 16 de la Constitución de 1853, de manera racista porque en mayor o menor medida discriminó y persiguió al gaucho, peón, obrero, indígena, migrante pobre y a las masas populares en general. El modelo agroexportador con dependencia económica financiera, empujó a las comunidades a los márgenes de la sociedad, quedando excluidas del desarrollo tecnológico, del mercado y la atención del estado, siendo desalojadas, especialmente, de la zona pampeana. El odio de clase, bajo la consigna de la civilización contra la barbarie, característico de las castas dominantes blancas, propietarias, europeístas y antipopulares, se despliega por todo el abanico del pueblo, mostrando un especial desprecio hacia lo indígena. Civilizar fue desnacionalizar, según la síntesis de Arturo Jauretche, por lo que la marginación de los indígenas de la vida social fue una cruda manifestación de la enajenación del país.
Durante el S. XX, hombres y mujeres del interior del país y de los suburbios bonaerenses, son nombrados como cabecitas negras, dentro de los cuales, las personas indígenas sufren la indiferencia y la discriminación más acentuada, al punto de sentirse ciudadanos de segunda o tercera, como extranjeros en su propia patria. Con cruel sinceridad, la Corte Suprema de Justicia de la Nación, ese antiguo guardián de las estructuras de poder, declaró en el Fallo “Lorenzo Guari” de 1929, que los indígenas no tenían derecho a la posesión comunitaria, ni a ser sujetos de derecho colectivo como comunidad, doctrina judicial que rigió hasta fines del siglo pasado.
Los estados nacional populares, en el S. XX, con su política de ampliación de la ciudadanía y de la democracia social, los incorporó en su condición de sujetos trabajadores rurales o proletariado urbano, como en el caso del indigenismo como política pública, a partir de 1940, especialmente en México, Bolivia y Argentina. Las comunidades fueron destinatarias, aunque insuficiente, de planes agrarios, de colonización agraria y reparto de tierras, promovidos por el estado, en línea con Mariátegui en eso de que "el problema del indio es la tierra". La Organización Internacional del Trabajo será, con el tiempo, el organismo a nivel regional que dará categoría de sujeto de derecho específico a las personas indígenas. Desde los primeros convenios, hasta el nro. 107 (1957) y el más conocido e invocado, nro. 169 (1989). En nuestro país, además del Peronismo, cabe resaltar el precursor “Informe sobre el estado de las clases obreras” de Juan Bialet Massé, en 1904. De a poco, tras la sanción del artículo 75 inc. 17 de la Constitución Nacional en 1994, y sus análogos provinciales, los jueces fueron reconociendo, a regañadientes y en forma parcial, sus derechos (tierra, cultura, participación, acceso a la justicia), los cuales hoy son parte de su principal reclamo: una mayor integración a la sociedad, en pie de igualdad real de ciudadanía, pese a la marginación social y jurídica y su escaso peso político. 
Aún hoy, padecen la negación de su existencia de personas titulares de derechos y ciudadanía, en pleno siglo XXI le atribuyen una condición inferior al resto, como se nota de este testimonio de una mujer qom quien, pese a que reclama porque la policía le mató a su hijo, también reclama lúcidamente por su pueblo: "también vengo por mi pueblo qom, que sufre mucho, la policía persigue a los hermanitos, los castiga y los largan, o no, así desaparecen muchos chicos, querés hacer la denuncia y no te la toman, te miran a la cara y no existís. Pero somos como las raíces de las plantas, no nos van a desaparecer, las nuevas generaciones seguimos estando". Luego de estar con el ministro del interio, Rogelio Frigerio, las mujeres indígenas dijeron: "fue racista y mal educado porque se levantó antes que termináramos de hablar" (https://www.pagina12.com.ar/226223-finalizo-la-ocupacion-de-las-mujeres-indigenas-en-el-ministe?fbclid=IwAR14C8nXWeGSxWMh-oVtFfkHJTOmM2DCup682_7U0b6mDp5tNHxBNrY68-k).


Algunas reflexiones.

Por lo general, cualquier reflexión sobre los pueblos indígenas nos remite al hecho de la conquista española. Sobre lo cual hay que señalar la insuficiencia de las lecturas habituales. Ni la leyenda rosa ni la leyenda negra sobre la colonización ibérica en el continente, alcanzan a brindar una comprensión integral, así como concluyen en la denigración de los pueblos indígenas y de nuestra identidad nacional.
En la primera, por subestimarlos en su condición propia, sea por justificar la subordinación económica y cultural en supuestas condiciones innatas, o bien directamente propiciar su negación y exterminio, en la actualidad bajo formas de racismo y etnocidio. En esta tarea se encargan los voceros mediáticos de las oligarquías terratenientes del continente. En la segunda, por subestimarlos y atribuirles cualidades de una cultura estática y abstracta, con una historia propia aislada de la sociedad, que ni los propios pueblos interesados suelen compartirla. Así, discursos varios se alinean para hablar en nombre de ellos, desde una interpretación descontextualizada de las sociedades y de la historia general de las regiones y los países, a veces en procura de describir hábitos y costumbres exóticas, otras para poner en evidencia atributos singulares de su cultura como factor del atraso. Esta interpretación suele operar como vía indirecta para denostar también a la identidad nacional por un supuesto origen criminal. Resulta relevante ver que, salvo expresiones marginales, no hay posiciones indígenas separatistas de sus países, como agitan fantasmas con discursos reaccionarios ligados a la derecha trasnacional, quienes propician un tratamiento ligado a problemas de seguridad y de terrorismo internacionalviii. Los impulsos de fragmentación del espacio nacional han provenido históricamente de las elites oligárquicas asentadas en las ciudades puerto, adversarias de un modelo de desarrollo tierra adentro, donde habitan los pueblos indígenas.
Darcy Ribeiro dio precisiones que considero válidas para la comprensión del presente americano, al ensayar una síntesis de las configuraciones histórico culturales de nuestros pueblos, como “poblaciones muy diferenciadas pero también suficientemente homogéneas en cuanto a sus características étnicas básicas y a los problemas de desarrollo que enfrentan”. Los latinoamericanos somos actualmente, dice “el producto de dos mil años de latinidad, mezclada con poblaciones mongoloides y negroides, aderezada con la herencia de múltiples patrimonios culturales y cristalizadas bajo la compulsión de la esclavitud y de la expansión salvacionista ibérica. Es decir, una civilización tan vieja como las más antiguas en lo que respecta a su cultura, a la vez que constituyen pueblos tan nuevos como los más recientes en cuanto a etnias”ix.En nuestro país, el predominio del tipo étnico europeo, que desplazó especialmente en la región pampeana y del litoral -donde esta el núcleo agroexportador-, a las generaciones criollas, cuyo primer origen en la misma zona, es neoguaranítico, no deriva en la negación de la existencia de minorías étnicas descendientes de los pueblos preexistentes. 

El 12 de octubre de 1992 un grupo de indígenas derribaron la estatua del colonizador español Diego de Mazariegos, fundador de la actual ciudad San Cristóbal de las Casas.

Para concluir, digo que la identidad de una nación se construye con la admisión del mestizaje dado por los aportes sociales de los diferentes sectores asentados en su territorio a lo largo del desarrollo histórico y la admisión de las particularidades de las visiones propias de cada uno (tradiciones, filosofías, normas, anhelos, lenguajes); de lo contrario, tiene lugar la confrontación, la fricción (“fricción interétnica” le llamaba Roberto Cardoso de Oliveirax) o la lisa y llana extinción de la cultura subordinada, lo cual conduce a una división dentro del pueblo que obstaculiza la formación de una conciencia nacional. Por eso, la comprensión de la vida de los pueblos y el devenir histórico y presente de las culturas indígenas, forman parte también de la de los problemas de la patria.



Javier Azzali, octubre de 2019.


i Miguel León-Portilla (1926-2019), historiador y filósofo mexicano estudioso de la cultura indígena y hablante del idioma nahuatl. Publicó numerosos libros y ensayos, entre ellos, el más conocido tal vez, “Visión de los vencidos. Relaciones indígenas de la conquista.” (1959), traducido a varias lenguas.
iiiSegún el Censo de Población y Vivienda 2010, del INEGI.
ivhttp://www.ecuadorencifras.gob.ec/resultados/
vhttps://bdpi.cultura.gob.pe
vihttps://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/3566/S2009029_es.pdf?sequence=1&isAllowed=y
vii https://http://www.indec.gov.ar/ (del Encuentro Nacional de Organizaciones Territoriales de Pueblos Originarios (ENOTPO)), y https://www.tiempoar.com.ar/nota/un-mapa-de-las-lenguas-originarias-que-busca-revitalizar-el-concepto-de-pais-plurilingue
ixDarcy Ribeiro. “Las Américas y la civilización”. Buenos Aires, 1985, Centro Editor de América Latina.
xRoberto Cardoso de Oliveira en “Aculturación y fricción interétnica”. Disponible en: http://www.ciesas.edu.mx/publicaciones/clasicos/articulos/aculturacionyfriccion.pdf (visitado en 12/10/2019)


(") El autor es Abogado (UBA), profesor universitario, publicó “Constitución de 1949. Claves para una interpretación latinoamericana y popular del constitucionalismo argentino”, 2019, Ed. Punto de Encuentro. Tiene estudios en derechos humanos y antropología jurídica. Escritor de notas, artículos y publicaciones sobre pensamiento nacional, latinoamericano y derechos humanos. Contacto en javierazzali@hotmail.com

martes, 28 de mayo de 2019

SINCERAMENTE, LA FÓRMULA. REFLEXIONES EN TORNO A UNA DECISIÓN FUNDAMENTAL, Por Javier Azzali (")para Vagos y Vagas Peronistas

El sábado pasado Cristina anunció por las redes sociales, su decisión de lanzar la candidatura presidencial de Alberto Fernández, a la par de su acompañamiento como Vice. La definición de la fórmula presidencial constituye un gran hecho político de fuerte impacto y trascendencia para la vida del país. Por un lado, es el mayor gesto de apertura política posible por parte de quién es la líder política más fuerte del país, en dirección a la formación de un frente patriótico, amplio y fuerte para derrotar políticamente al oficialismo oligárquico, a la vez que le arrebata la iniciativa y lo arrincona obligándolo a definirse. De paso, coloca al grupo denominado Alternativa Federal (que no es ni federal ni mucho menos alternativa), a definirse ideológicamente. Las dos alas del partido oficialista ven así profundizadas sus dificultades y tensiones internas, motivadas principalmente por la crisis social provocada por las políticas que implementan unos y avalan los otros.

El punto de partida del análisis debe ser el reconocimiento que la mayoría creíamos que Cristina era la persona indicada para ser candidata presidencial, tanto por el liderazgo que ejerce sobre buena parte de la población, como por la larga y sobrada experiencia de gestión. Pero de la misma manera hay que reconocer que ha sido justamente su propia decisión la que ha dado vuelta los términos de la fórmula.


Alberto Fernández no es una figura protagonista del ciclo anterior, al modo de Agustín Rossi o Axel Kiccilof, y su principal prestigio le viene por haberse colocado en un lugar central en el armado reciente de Cristina, y era, a plena luz del día, su operador político principal, lo que hacía pensar para él, un destino de jefe de campaña y jefe de gabinete, de acuerdo, además, con su trayectoria.

Varias cuestiones avalan la decisión de Cristina. En primer lugar, por la relativa rápida resolución de la cuestión del candidato, sin esperar hasta último momento para saber si ella se presentaba o si señalaba a otro como candidato. Por otro lado, se buscar eludir las intenciones proscriptivas, como ocurrió en el caso de Lula en Brasil. A su vez, mitiga, de alguna manera, la agresión mediática que, bien vale tenerlo siempre presente, ha tenido y tiene el carácter de guerra psicológica con el sello del imperialismo norteamericano. Aunque, si bien AF parece tener la intención de atenuar la denominada grieta, será solo cuestión de tiempo advertir lo contrario; ya que en definitiva la grieta, con mayor o menor intensidad, no revela más que antagonismos históricos en nuestra sociedad que, hasta tanto se derrote políticamente al orden oligárquico, persistirá bajo la forma que sea.

También, no debe subestimarse el desgaste y agotamiento personal, el cual incluso se vio con las licencias por motivos de salud tomadas durante su segundo mandato, agravada en la actualidad por la situación persecutoria contra su hija. La cobertura mediática del juicio contra la ex Presidente, previsible pero igualmente irritante, así como la rapidez innecesaria de su inicio, evidencia otra parte de los motivos de la decisión tomada. Todo esto sin obviar lo dicho al principio, en cuanto a la búsqueda de una amplitud política, como la mejor prenda de unidad posible de parte Cristina, aunque aún este por verse su real alcance.

Nada de esto nos distrae de reparar, de reojo nomás, el problema del liderazgo entre quien es la jefa política de un movimiento político y quien, triunfo electoral mediante, será el jefe del gobierno; lo cual, mientras dure la campaña, supongo, quedará en suspenso.


Entre el interés nacional y la crisis.


La alianza PRO-UCR significó una ruptura del orden económico, público e institucional del país. Como hemos dicho desde el inicio de la gestión, no fue una alternancia democrática entre fuerzas más conservadoras o progresivas, sino una lisa y llana ruptura del curso autónomo del país. Incluso su llegada al poder estuvo ligada a una guerra psicológica durante todo el segundo mandato de Cristina, especialmente en 2015. No olvidemos que hasta la figura presidencial fue desplazada del poder un día antes del vencimiento de su mandato, por una orden judicial, a modo de un adelanto experimental de la obscena persecución que se vendría contra políticos, sindicalistas y dirigentes sociales. El objetivo fue interrumpir el ciclo nacional democrático y hundir al país otra vez en la dependencia y la desigualdad. Y en este punto nos encontramos: con un nuevo régimen de la dependencia establecido y en el medio de una crisis generalizada en todos los aspectos de la vida del país, con la amenaza del abismo.


El próximo gobierno tendrá, entonces, la dificilísima tarea de reiniciar el ciclo nacional, o bien resignarse a ser un mero gestor de una crisis que, seguramente, lo ponga contra las cuerdas y desestabilice hasta un final anunciado. La disyuntiva es una política nacional o la crisis permanente en un país de baja intensidad, como solía decir con mayor desarrollo conceptual Jorge Beinstein. La reconstrucción de aquellos aspectos mínimos necesarios para que una formación social sea considerada una nación, entre ellos, el principal, recuperar un grado de autonomía suficiente tal en el que las decisiones en materia económica se tomen en la Casa Rosada y no en las oficinas del FMI o un banco extranjero. 


AF justamente, promete eso, y su apoyo será manifestación de esa necesidad. Además, cuenta con antecedentes políticos que lo avalan, como su participación del núcleo decisivo del gobierno de Néstor Kirchner, y la confianza que, a todas luces, le dispensa Cristina. Su primer pronunciamiento es relativo a lo que será el tema central de la próxima gestión: el tipo de relación que tenga con el FMI y la manera de tratar el problema de la deuda externa. Dijo que procurará pagarla aunque mediante una renegociación que neutralice los condicionamientos políticos propios de este organismo supranacional.


La deuda se trata de una deuda odiosa, en términos de doctrina internacional, por haber servido únicamente para financiar la una gigantesca y obscena fuga de capitales, y no contar con un correlato en la producción de bienes y servicios para la economía del país. No sirvió para el bienestar de la sociedad y obras públicas de infraestructura, sino para la especulación de la banca extranjera. Pero tal posición, para tener una mínima expectativa de éxito, requiere de una fortaleza regional y geopolítica que, al menos ahora, no existe. De manera que volvemos a la situación inicial de 2005, en la que Néstor Kirchner condujo una renegociación que sirvió para recuperar autonomía. Scalabrini Ortiz defendía la compra de los ferrocarriles ingleses por Perón, afirmando que, más allá del precio nominal pagado, lo que se adquiría era soberanía. La negociación con el FMI se hará en condiciones más gravosas incluso que las llevadas a cabo por Néstor Kirchner, porque en Brasil no está Lula sino Bolsonaro, el gobierno bolivariano de Venezuela no tiene el mismo margen de acción que el de Chávez, y Estados Unidos ha acelerado sus objetivos expansionistas sobre la región sudamericana.
En este contexto, entiendo necesario mantener el reclamo de investigación y repudio de la deuda, pero, en ningún caso como motivo para desechar al flamante candidato AF si éste entiende, como ha afirmado, que el camino es otro. Es cierto que Cristina, alguna vez, alentó otra posibilidad, como una auditoría para conocer el destino de los fondos, pero, en definitiva, no se le puede exigir a AF como si se tratara de profundizar un modelo productivista y soberano que ya no existe, sino de reconstruir buena parte de lo perdido, como punto de partida para un nuevo ciclo nacional y democrático, dentro del cual proponer las transformaciones progresivas. AF es una figura de la política, del peronismo, y por lo tanto, no está exenta de los problemas de una clase política golpeada y debilitada en medio de un país llevado a la dependencia nuevamente, sujeta a todas las presiones de los poderes económicos iigados a los fuertes intereses extranjeros, que buscan, eficazmente, doblegarla. 
Aún así, y justamente por eso tal vez, este nuevo escenario no debe cancelar el ejercicio de la crítica justa, orientada hacia la defensa del interés nacional, la justicia social y el fortalecimiento de las organizaciones populares y de los trabajadores; así como equilibrada, para evitar que, desde un supuesto idealismo de izquierda, se tribute a los intereses de la oligarquía, ansiosa por debilitar cualquier expresión nacional, por débil y dificultoso que sea el camino. Como tantas veces, la necesidad de poner sobre la mesa la necesidad de un programa de país que realice en todos sus términos, la liberación nacional y social, debe servir para fortalecer y no para limar las chances de las fuerzas políticas nacionales en movimiento. Y este movimiento, como siempre ocurre en la política, se realizará en el curso de los hechos concretos, más allá de los discursos y predicciones.



(") El autor es Abogado (UBA), profesor universitario, publicó “Constitución de 1949. Claves para una interpretación latinoamericana y popular del constitucionalismo argentino”, 2019, Ed. Punto de Encuentro. Tiene estudios en derechos humanos y antropología jurídica. Escritor de notas, artículos y publicaciones sobre pensamiento nacional, latinoamericano y derechos humanos. Contacto en javierazzali@hotmail.com