lunes, 21 de octubre de 2019

VIGENCIA DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS EN ARGENTINA, Por Javier Azzali(") para Vagos y Vagas Peronistas

El legado cultural indígena en cada uno de nuestros países americanos, de distinta intensidad según las regiones, pero de una gran complejidad y desarrollo, así como la existencia actual de comunidades y personas pertenecientes a los pueblos indígenas, torna imprescindible su justa reivindicación y consideración, para fortalecer el curso de la formación de una sociedad latinoamericana solidaria y autónoma. El protagonismo y peso de los pueblos indígenas en nuestro continente es ancestral, persistente y actual, aunque en Argentina su peso político sea marginal. Ellos son actores del mestizaje como factor constituyente de la cultura americana y principal de los legados del período colonial, un proceso de enorme intensidad presente, que lleva a Miguel León-Portillai, a decir que, ahora “Mesoamérica está presente hasta en Estados Unidos”ii

De la visión de los vencidos de la conquista española en México, según el ensayo de este mismo historiador, a la existencia de una filosofía permanente y propia, como muestran las investigaciones de Rodolfo Kusch; de las rebeliones mesoamericanas y andinas contra las estructuras virreinales a las luchas campesinas del siglo XIX, de los movimientos nacionales del siglo XX que los tuvo como protagonistas de una manera o de otra, como el MNR boliviano, la Revolución Mexicana y el cardenismo, el campesinado en los Andes peruanos retratado por Manuel Scorza, el peronismo; de la rebelión maya-zapatista, el mismo día de la entrada de México al NAFTA, el 1 de enero de 1994, a las guerras del agua y del gas en Bolivia, las seguidillas de rebeliones en Ecuador, y las recepciones constitucionales de sus aportes sobre los conceptos de Buen Vivir y Madre Tierra. El índice de la lucha política es tan variado como numeroso y potente. La razón es tan simple como fundada: el hecho de la condición mestiza y étnicamente rica de la identidad nacional de nuestros países de América. Más significativas son, aún, las recurrentes insurrecciones populares en los países andinos y en México, donde asientan los que Darcy Ribeiro llamaba los “pueblos testimonios”, descendientes de las antiguas civilizaciones precolombinas de mayor desarrollo (Azteca, Maya, Inca). En estos países, la identidad indígena encuentra un mayor fortalecimiento, lo cual se expresa en su participación política. En estos Pueblos Testimonios, el concepto jurídico político de autonomía adquiere un significado más desarrollado y se manifiesta en la forma de autonomía municipal, completa o relativa. En cambio, en los Pueblos Nuevos o Transplantados -como los rioplatenses, según la clasificación del autor brasilero-, la autonomía indígena no adopta la misma forma y es de menor intensidad. En México, casi 15% del total de la población es indígena, repartida en 62 etnias que viven en ciudades, municipios indígenas o con presencia indígena, y en EEUUiii. En Ecuador, de acuerdo con el último censo nacional de 2010, las personas que se autodefinen como indígenas representan el 7 % de la población totaliv. En Peru, de acuerdo a datos de 2018, alrededor del 27% del total de la población hace lo propiocomo parte de algún pueblo indígena u originario por sus costumbres y antepasados, y un 53% del total de la población como mestizav. En Bolivia, mediante un sistema complejo de análisis de información, se concluyó que de la población de más de 15 años, el 66% es identificada como indígena (plena y parcial)vi. En este país, el protagonismo indígena adquirió tal dimensión que erigió, por primera vez en el continente, a un presidente indígena. Evo Morales Ayma implementa una política de soberanía nacional, unidad regional, desarrollo productivo y descolonización estatal inédita para Bolivia. En verdad, Benito Juárez fue, tal vez, el primer presidente en el continente de origen indígena -zapoteco-, en México (1858-1872), aunque su programa no haya tenido un contenido de reivindicación específica de esos pueblos.



En Argentina.

En el Censo Nacional de Población y Vivienda 2010, se identifican indígenas un total de 955.032 personas, lo que representa 2.5 % de la población totalvii. Las organizaciones de pueblos originarios refieren la existencia de, al menos, 39 pueblos, etnias o culturas, con más de 1600 comunidades, De acuerdo al Instituto Nacional de Asuntos Indígenas, están distribuidas por todas las provincias, con variado peso poblacional y complejos grados de organización y con realidades y necesidades no siempre adecuadamente visibilizadas y atendidas, con características más rurales algunas y de carácter más urbanas otras, donde se asientan más de la mitad de las personas indígenas. El número debería aumentar si se incluyen a los migrantes de países vecinos de origen indígena.
Las palabras indígena, aborigen u originario -que son sinónimos- son la manera en que son designados estos pueblos, cuyas diversidad y riqueza no alcanza a ser comprendida bajo esta denominación genérica. Sus identidades particulares tienen sus propios nombres: Atacama, Aymara, Chané, Charrúa, Chorote, Chulupí, Comechingón, Diaguita, Guaraní, Guaycurú, Huarpe, Logys, Kolla, Kolla Atacameño, Lule, Lule Vilela, Mapuche, Mapuche Tehuelche, Mocoví, Mbya Guaraní, Ocloya, Omaguaca, Pilagá, Quechua, Ranquel, Sanavirón, Selk'Nam (Ona), Tapiete, Tastil, Tehuelche, Tilián, Toba (Qom), Tonokoté, Vilela, Wichí.A veces, se las denomina naciones, pero en verdad son pueblos, etnias o culturas, ya que desde, al menos, fines del S. XVIII la posibilidad de realizar una cuestión nacional propia se encontraba perimida. Sus existencias y reclamos tienen su vía de realización solamente al interior de una formación social y nacional que las contenga. De ahí, que habitualmente se compartían la idea de Patria Grande Americana que también tenían los grandes líderes políticos criollos. Una visión multiétnica de la identidad americana también estaba presente en el ideario de los grandes líderes criollos en las luchas por la emancipación en las primeras décadas del S. XIX, del sur al norte del continente como San Martín, Bolivar, Castelli, Monteagudo y Artigas, Morelos e Hidalgo, quienes, además, les reconocían un protagonismo en las luchas. San Martín, significativamente, los denominó en una proclama suya, “nuestros paisanos los indios”.


En los márgenes sociales del país dependiente.

El régimen oligárquico argentino interpretó la igualdad jurídica, declarada en el artículo 16 de la Constitución de 1853, de manera racista porque en mayor o menor medida discriminó y persiguió al gaucho, peón, obrero, indígena, migrante pobre y a las masas populares en general. El modelo agroexportador con dependencia económica financiera, empujó a las comunidades a los márgenes de la sociedad, quedando excluidas del desarrollo tecnológico, del mercado y la atención del estado, siendo desalojadas, especialmente, de la zona pampeana. El odio de clase, bajo la consigna de la civilización contra la barbarie, característico de las castas dominantes blancas, propietarias, europeístas y antipopulares, se despliega por todo el abanico del pueblo, mostrando un especial desprecio hacia lo indígena. Civilizar fue desnacionalizar, según la síntesis de Arturo Jauretche, por lo que la marginación de los indígenas de la vida social fue una cruda manifestación de la enajenación del país.
Durante el S. XX, hombres y mujeres del interior del país y de los suburbios bonaerenses, son nombrados como cabecitas negras, dentro de los cuales, las personas indígenas sufren la indiferencia y la discriminación más acentuada, al punto de sentirse ciudadanos de segunda o tercera, como extranjeros en su propia patria. Con cruel sinceridad, la Corte Suprema de Justicia de la Nación, ese antiguo guardián de las estructuras de poder, declaró en el Fallo “Lorenzo Guari” de 1929, que los indígenas no tenían derecho a la posesión comunitaria, ni a ser sujetos de derecho colectivo como comunidad, doctrina judicial que rigió hasta fines del siglo pasado.
Los estados nacional populares, en el S. XX, con su política de ampliación de la ciudadanía y de la democracia social, los incorporó en su condición de sujetos trabajadores rurales o proletariado urbano, como en el caso del indigenismo como política pública, a partir de 1940, especialmente en México, Bolivia y Argentina. Las comunidades fueron destinatarias, aunque insuficiente, de planes agrarios, de colonización agraria y reparto de tierras, promovidos por el estado, en línea con Mariátegui en eso de que "el problema del indio es la tierra". La Organización Internacional del Trabajo será, con el tiempo, el organismo a nivel regional que dará categoría de sujeto de derecho específico a las personas indígenas. Desde los primeros convenios, hasta el nro. 107 (1957) y el más conocido e invocado, nro. 169 (1989). En nuestro país, además del Peronismo, cabe resaltar el precursor “Informe sobre el estado de las clases obreras” de Juan Bialet Massé, en 1904. De a poco, tras la sanción del artículo 75 inc. 17 de la Constitución Nacional en 1994, y sus análogos provinciales, los jueces fueron reconociendo, a regañadientes y en forma parcial, sus derechos (tierra, cultura, participación, acceso a la justicia), los cuales hoy son parte de su principal reclamo: una mayor integración a la sociedad, en pie de igualdad real de ciudadanía, pese a la marginación social y jurídica y su escaso peso político. 
Aún hoy, padecen la negación de su existencia de personas titulares de derechos y ciudadanía, en pleno siglo XXI le atribuyen una condición inferior al resto, como se nota de este testimonio de una mujer qom quien, pese a que reclama porque la policía le mató a su hijo, también reclama lúcidamente por su pueblo: "también vengo por mi pueblo qom, que sufre mucho, la policía persigue a los hermanitos, los castiga y los largan, o no, así desaparecen muchos chicos, querés hacer la denuncia y no te la toman, te miran a la cara y no existís. Pero somos como las raíces de las plantas, no nos van a desaparecer, las nuevas generaciones seguimos estando". Luego de estar con el ministro del interio, Rogelio Frigerio, las mujeres indígenas dijeron: "fue racista y mal educado porque se levantó antes que termináramos de hablar" (https://www.pagina12.com.ar/226223-finalizo-la-ocupacion-de-las-mujeres-indigenas-en-el-ministe?fbclid=IwAR14C8nXWeGSxWMh-oVtFfkHJTOmM2DCup682_7U0b6mDp5tNHxBNrY68-k).


Algunas reflexiones.

Por lo general, cualquier reflexión sobre los pueblos indígenas nos remite al hecho de la conquista española. Sobre lo cual hay que señalar la insuficiencia de las lecturas habituales. Ni la leyenda rosa ni la leyenda negra sobre la colonización ibérica en el continente, alcanzan a brindar una comprensión integral, así como concluyen en la denigración de los pueblos indígenas y de nuestra identidad nacional.
En la primera, por subestimarlos en su condición propia, sea por justificar la subordinación económica y cultural en supuestas condiciones innatas, o bien directamente propiciar su negación y exterminio, en la actualidad bajo formas de racismo y etnocidio. En esta tarea se encargan los voceros mediáticos de las oligarquías terratenientes del continente. En la segunda, por subestimarlos y atribuirles cualidades de una cultura estática y abstracta, con una historia propia aislada de la sociedad, que ni los propios pueblos interesados suelen compartirla. Así, discursos varios se alinean para hablar en nombre de ellos, desde una interpretación descontextualizada de las sociedades y de la historia general de las regiones y los países, a veces en procura de describir hábitos y costumbres exóticas, otras para poner en evidencia atributos singulares de su cultura como factor del atraso. Esta interpretación suele operar como vía indirecta para denostar también a la identidad nacional por un supuesto origen criminal. Resulta relevante ver que, salvo expresiones marginales, no hay posiciones indígenas separatistas de sus países, como agitan fantasmas con discursos reaccionarios ligados a la derecha trasnacional, quienes propician un tratamiento ligado a problemas de seguridad y de terrorismo internacionalviii. Los impulsos de fragmentación del espacio nacional han provenido históricamente de las elites oligárquicas asentadas en las ciudades puerto, adversarias de un modelo de desarrollo tierra adentro, donde habitan los pueblos indígenas.
Darcy Ribeiro dio precisiones que considero válidas para la comprensión del presente americano, al ensayar una síntesis de las configuraciones histórico culturales de nuestros pueblos, como “poblaciones muy diferenciadas pero también suficientemente homogéneas en cuanto a sus características étnicas básicas y a los problemas de desarrollo que enfrentan”. Los latinoamericanos somos actualmente, dice “el producto de dos mil años de latinidad, mezclada con poblaciones mongoloides y negroides, aderezada con la herencia de múltiples patrimonios culturales y cristalizadas bajo la compulsión de la esclavitud y de la expansión salvacionista ibérica. Es decir, una civilización tan vieja como las más antiguas en lo que respecta a su cultura, a la vez que constituyen pueblos tan nuevos como los más recientes en cuanto a etnias”ix.En nuestro país, el predominio del tipo étnico europeo, que desplazó especialmente en la región pampeana y del litoral -donde esta el núcleo agroexportador-, a las generaciones criollas, cuyo primer origen en la misma zona, es neoguaranítico, no deriva en la negación de la existencia de minorías étnicas descendientes de los pueblos preexistentes. 

El 12 de octubre de 1992 un grupo de indígenas derribaron la estatua del colonizador español Diego de Mazariegos, fundador de la actual ciudad San Cristóbal de las Casas.

Para concluir, digo que la identidad de una nación se construye con la admisión del mestizaje dado por los aportes sociales de los diferentes sectores asentados en su territorio a lo largo del desarrollo histórico y la admisión de las particularidades de las visiones propias de cada uno (tradiciones, filosofías, normas, anhelos, lenguajes); de lo contrario, tiene lugar la confrontación, la fricción (“fricción interétnica” le llamaba Roberto Cardoso de Oliveirax) o la lisa y llana extinción de la cultura subordinada, lo cual conduce a una división dentro del pueblo que obstaculiza la formación de una conciencia nacional. Por eso, la comprensión de la vida de los pueblos y el devenir histórico y presente de las culturas indígenas, forman parte también de la de los problemas de la patria.



Javier Azzali, octubre de 2019.


i Miguel León-Portilla (1926-2019), historiador y filósofo mexicano estudioso de la cultura indígena y hablante del idioma nahuatl. Publicó numerosos libros y ensayos, entre ellos, el más conocido tal vez, “Visión de los vencidos. Relaciones indígenas de la conquista.” (1959), traducido a varias lenguas.
iiiSegún el Censo de Población y Vivienda 2010, del INEGI.
ivhttp://www.ecuadorencifras.gob.ec/resultados/
vhttps://bdpi.cultura.gob.pe
vihttps://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/3566/S2009029_es.pdf?sequence=1&isAllowed=y
vii https://http://www.indec.gov.ar/ (del Encuentro Nacional de Organizaciones Territoriales de Pueblos Originarios (ENOTPO)), y https://www.tiempoar.com.ar/nota/un-mapa-de-las-lenguas-originarias-que-busca-revitalizar-el-concepto-de-pais-plurilingue
ixDarcy Ribeiro. “Las Américas y la civilización”. Buenos Aires, 1985, Centro Editor de América Latina.
xRoberto Cardoso de Oliveira en “Aculturación y fricción interétnica”. Disponible en: http://www.ciesas.edu.mx/publicaciones/clasicos/articulos/aculturacionyfriccion.pdf (visitado en 12/10/2019)


(") El autor es Abogado (UBA), profesor universitario, publicó “Constitución de 1949. Claves para una interpretación latinoamericana y popular del constitucionalismo argentino”, 2019, Ed. Punto de Encuentro. Tiene estudios en derechos humanos y antropología jurídica. Escritor de notas, artículos y publicaciones sobre pensamiento nacional, latinoamericano y derechos humanos. Contacto en javierazzali@hotmail.com

miércoles, 16 de octubre de 2019

MEDINA MORA, ECUADOR Y LA BATALLA DE AMLO, Por Heinz Dieterich para Vagos y Vagas Peronistas



1. Gobiernos fallidos 

Con la renuncia del poderoso ministro y empresario de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Eduardo Medina Mora, la 4ta Transformación del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) da un importante paso adelante para consolidarse. Pero, al mismo tiempo, revela un obstáculo fundamental para el éxito de su proyecto histórico: la incapacidad de la democracia y justicia burguesa para resolver los grandes problemas de desarrollo de América Latina. Los Estados y gobiernos fallidos se multiplican vertiginosamente, desde Brasil a Argentina, Perú, Paraguay, Venezuela, Haití y Ecuador; y a nivel global, en Italia, Gran Bretaña y Estados Unidos, donde Trump advierte sobre la “guerra civil”. 



2. AMLO cuál Hércules 

La democracia liberal, ideada hace siglos por grandes pensadores, es un sistema obsoleto para el Siglo 21. Su principal función ahora es garantizar el saqueo nacional y global para las oligarquías dominantes, por medio de títeres ineptos, que ponen a la cabeza del Estado, como Bolsonaro, Macri, Moreno, Johnson y Trump. Y, cuando la oligarquía no los coloca directamente vía elecciones manipuladas o golpes de Estado de diferente tipo, el sistema permite que malhechores políticos como Maduro y Cabello usurpen impunemente el poder. Este es el campo de batalla, en que AMLO tiene que triunfar mediante el arte de gobernar: una tarea hercúlea, cuyo triunfo de ninguna manera está garantizado. 



3. Justicia sin Moral 

Eduardo Medina Mora presentó su renuncia al cargo el pasado jueves, presuntamente en relación con una denuncia de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de la Secretaría de Hacienda. Según el jefe de la UIF, Santiago Nieto Castillo, la denuncia se refiere a una “jurisprudencia para proteger a grupos y personas del gobierno anterior”, en la cual se desbloquearon cuentas congeladas por la Secretaría de Hacienda por valor de unos 2 mil millones de pesos, “producto del tráfico de personas, del narcotráfico y de la corrupción”. La investigación presume la triangulación de recursos y el “lavado de dinero”. Catalizador de la denuncia contra el ministro y empresario fue la información proporcionada por los respectivos organismos de investigación de Estados Unidos y Gran Bretaña. 



4. Justicia, cómplice del poder 

El escándalo de Medina Mora aparece en el contexto de un descrédito total de la justicia y política neoliberal latinoamericana, cuya corrupción pública es más descarada que nunca. Toda justicia en sociedades clasista es, por supuesto, una justicia en beneficio de las élites. Sin embargo, en el derecho y la filosofía constitucional de la sociedad política burguesa, los poderes ejecutivos y jurídicos del Estado son conceptualizados como poderes autónomos co-iguales (coequal Powers), mientras que el parlamento es de jerarquía superior, porque representa la soberanía del pueblo: es un primus inter pares, el primero entre iguales. Tristemente, toda esta brillante interfase del ejercicio del poder en la democracia burguesa, inventada por los grandes pensadores de la bourgeoisie para sustituir la dinámica vertical del Estado monarquíco, hoy día ya sólo existe en el papel, como ilustran los gobiernos y Estados fallidos. 



5. Democracia sin Espíritu 

En la Patria Grande, los togados se han convertido en una rama conspirativa co-igual del ejecutivo, abandonando toda pretensión de ser un poder autónomo y controlador de las otras funciones del Estado. En lugar de un sistema de checks and balances de las tres funciones, se está estableciendo cada vez más un cártel de impunidad y negocios, lo que Platón llamaba “oligarquía”, que hace trizas de la división constitucional de poderes de Montesquieu. La superestructura política de la burguesía ya no sirve para la democracia del Siglo 21, porque el capitalismo avanzado desconoce el “espíritu de las leyes” (esprit de loix) de sus fundadores, el bien común del pueblo (common good) y la ética política, que son prerrequisitos indispensables para su operatividad. The animal spirits (Keynes) del capitalismo han devorado al espíritu de las leyes de los founding fathers y la segunda ley de la termodinámica (incremento de la entropía) se encarga de darle el golpe de gracia al futuro del sistema capitalista-burgués. 



6. Democracia sin Controles 

La democracia actual de la burguesía opera sobre mecanismos de cooptación intra oligárquicos, sin meritocracia y sin un sistema regulador de retroalimentación negativa, para contrarrestar la corrupción sistémica. Una cultura del saqueo y de la impunidad es la consecuencia inevitable de esta situación, que observamos tanto en las universidades públicas --donde las instancias “correctivas” no corrigen nada, porque son parte del negocio y del estrato dominante-- como en la jurisprudencia, donde presuntamente nadie se dio cuenta de las inocultables actividades de Medina Mora. 

La complicidad del ingroup y la ley del silencio (omertá) son el modus operativo de la practica institucional, porque los de arriba no quieren controles y los de abajo no tienen fuerza para imponerlos. Por eso, nadie plantea a los bien remunerados directores de las facultades de derecho –y sus rectores-- la interrogante que es obvia: ¿Qué tipo de abogados producen utilizando el dinero del pueblo? ¿Son abogados con ética y compromiso con el bien común, o simples procuradores del beneficio mercantil propio? Hoy día, el control de calidad y responsabilidad final del producto es un imperativo supremo en toda sociedad moderna, por ejemplo, para los medicamentos y otras mercancías de impacto delicado. Considerando el extraordinario poder social que muchos juristas ejecutarán después de la academia, ¿no es hora, de que sus fabricantes académicos empiecen a reflexionar sobre la impresión, que el pueblo tiene de sus productos letrados? 



7. Elite económica, Masas, Fuerza Armada 

Las batallas callejeras contra la administración fallida del inepto y traicionero Lenin Moreno en el Ecuador, pone otra vez en la agenda del día las tres variables que determinan la gobernabilidad de todo Presidente, sea neoliberal o reformista: el equilibrio dinámico entre el poder de la élite económica, de las masas y de las Fuerzas Armadas. En la batalla decisiva por el control del Estado son, en última instancia, los fusiles y las masas, que deciden la conflagración. En Ecuador, Moreno tiene el FMI, los banqueros y la derecha de Guayaquil consigo, mientras que las masas, particularmente las comunidades indígenas, están en su contra. La pregunta decisiva es, en qué dirección dispararán los militares: hacia Quito (pueblo) o hacia Guayaquil (oligarquía). 

En el caso de México, AMLO tiene la mayoría de las masas consigo. Igualmente, la lealtad de las Fuerzas Armadas no está en duda. En cuanto a la élite económica, ésta se seccionó en tres grandes bloques, cuando ganó las elecciones. Los bloques siguen existiendo, pero el más violentamente anti-Amlo se ha debilitado considerablemente, desde que el magnate Carlos Slim optó por la cooperación con la 4ta Transformación y el sector del gran capital atentista siguió su ejemplo. 

A raíz de esta correlación de fuerzas, si el Presidente logra avanzar su trabajo de sanación del poder judicial y, sobre todo, si consigue derogar la Ley de Amparo, tiene excelentes posibilidades de triunfar, donde la socialdemocracia criolla de centro-izquierda ha fracasado. Si falla, podríamos ver en la nación azteca repetirse las trágicas escenas, que hoy ocurren en la nación de Manuelita Sáenz, la gran compañera de lucha y pasión del Libertador Simón Bolívar. 





jueves, 10 de octubre de 2019

¿QUIÉN PUEDE MATAR A UN NIÑO? EL FENÓMENO GRETA THUNBERG COMO UN MANUAL DE DIRECCIÓN DE LAS PASIONES POLÍTICA, Por Daniel Bernabé (Madrid)



En 1976, el gran Chicho Ibáñez Serrador estrenó ¿Quién puede matar a un niño?, una película de terror donde una joven pareja viaja a una isla mediterránea que ha sucumbido a un terrible mal: los niños han asesinado a los adultos. Mientras que en historias similares como El pueblo de los malditos (1960) los pequeños homicidas tienen un origen paranormal, en la producción española la furia infantil se achaca a los males del mundo y a la inacción de las personas mayores: los críos han llegado para poner orden, al precio que sea.

Viendo el airado discurso de Greta Thunberg en la Cumbre de Acción Climática de la ONU se me hizo muy difícil no pensar en la película de Ibáñez Serrador. La joven protagonista de toda esta historia ha acaparado titulares, conversaciones en red y ha eclipsado al resto de intervinientes, desde los jefes de Estado hasta otros activistas, reafirmando la narrativa de que los niños han venido a poner las cosas claras a los malvados adultos: dicotomías de cuento de los Hermanos Grimm para un momento de audiencias hambrientas de emociones fuertes.

Pero la intervención de Thunberg me ha recordado no sólo a la película por esta división, otra más, sino por un hecho que a pesar de obvio pasamos por alto. ¿Quién puede matar a un niño? toma su título de la frase que uno de los supervivientes de la isla emplea para explicar por qué los pequeños han cometido sus crímenes sin apenas oposición: ¿quién puede enfrentarse a un niño a pesar de que este venga con intenciones hostiles? Quien sea aficionado al cine de zombies sabrá de qué hablamos.


"El fenómeno de los niños prodigio del activismo no es nuevo, por lo que sorprende que los medios lo pasen por alto, como si Thunberg fuera única y primera en su especie. Thunberg es, sin duda, un gran producto político, uno especialmente adaptado a la infantilización sentimental de la sociedad".

Si hoy decimos "la adolescente más famosa del mundo" gran parte del planeta pensará en Thunberg, pero no hace demasiado tiempo, en 2013, este título le fue otorgado a Malala Yousafzai por el periódico alemán Deutsche Welle. Un poco después vino Muzoon Almellehan, a la que se llamó con demasiado descaro "la Malala siria", suponemos que por ponerle las cosas fáciles al público. Niñas, adolescentes, con vidas muy duras y una historia de superación tras de sí, con mensajes sencillos y directos que apelaban a causas nobles como la educación o los derechos humanos. Niñas que fueron utilizadas desde los centros de poder mundial para sustentar intereses geoestratégicos. Pero, ya saben, ¿quién puede criticar a una niña?


En 1992, Severns Cullis-Suzuki recibió la condecoración de "la niña que silenció al mundo" por un discurso que llevó a cabo en, adivinen, la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro. Cullis-Suzuki, con trece años, pronunció un alegato ecologista tan conmovedor como vacío políticamente. Ese mismo año y en esa misma cumbre, Fidel Castro Ruz, el presidente de Cuba, pronunció otro discurso con mucha menos trascendencia mediática que señalaba con pelos y señales el culpable del desaguisado ecológico: un sistema económico que había hecho de la rapiña, el crecimiento descontrolado y el extractivismo a los países más pobres su principal motor de desarrollo. Eran tiempos en los que, después de la caída del muro, nadie quería escuchar a un comunista: hoy las palabras de Castro parecen premonitorias.


El fenómeno de los niños prodigio del activismo no es nuevo, por lo que sorprende que los medios lo pasen por alto, como si Thunberg fuera única y primera en su especie. Thunberg es, sin duda, un gran producto político, uno especialmente adaptado a la infantilización sentimental de la sociedad, pero uno que también cuenta con la connivencia de un periodismo que necesita obtener visitas a toda costa y que ya no se atreve a adoptar una postura crítica, simplemente plantear una serie de dudas razonables, frente al último fenómeno extraído de una probeta.


Lo realmente desconcertante es cómo un adulto de inteligencia media puede creer que una niña decide por su cuenta iniciar una huelga escolar climática hace un año y que doce meses después sea un icono mundial recibido por Obama y Lagarde, que viaja en un velero acompañada de un príncipe monegasco y cuenta con voz en las tribunas de los organismos más importantes del mundo. Perdonen que levante una ceja en señal de desconfianza, pero rara vez quien posee los resortes de poder decide pegarse un tiro en el pie dando facilidades a quien les confronta.


"¿Estamos por aquí afirmando que el cambio climático o en general los problemas ecológicos son un cuento? Ni mucho menos. Probablemente nos enfrentemos como especie a un reto global de dimensiones catastróficas. Lo que decimos es que Thunberg, al margen de sus deseos, es el enésimo fenómeno que va a permitir que los trabajadores acaben pagando los platos rotos de la transición productiva".

Si descartamos que Thunberg tenga capacidades de control mental –cosas más raras se han visto–, hemos de deducir que, evidentemente, hay una serie de patrocinadores detrás de la niña. Y no hablamos de ninguna extraña conspiración, sino simplemente de la forma habitual en la que funcionan la cosas en nuestra época. Alguien tiene una serie de intereses y, mejor que hacer lobby, recurre a una protagonista amable para que el público acepte con entusiasmo el cuento que se les ha propuesto, eso que ahora se llaman narrativas.


¿Estamos por aquí afirmando que el cambio climático o en general los problemas ecológicos son un cuento? Ni mucho menos. Probablemente nos enfrentemos como especie a un reto global de dimensiones catastróficas. Lo que decimos es que Thunberg, al margen de sus deseos, es el enésimo fenómeno que va a permitir que los trabajadores acaben pagando los platos rotos de la transición productiva y además lo acepten de buen grado. La pretensión real puede ser una impostergable adaptación económica para paliar el cambio climático, pero exonerando al capitalismo y manteniendo las tasas de beneficio, cargando sobre los hombros de la clase trabajadora y los países empobrecidos la factura. Ya pasó en la crisis del 2008.


El fenómeno Thunberg cuenta, en primer lugar, con un discurso emocional pero desestructurado políticamente, que no señala ni los cómos ni los porqués, que evita poner el acento en corporaciones empresariales concretas y que pasa de puntillas por el gigantesco complejo industrial-militar norteamericano, pero que además fomenta una peligrosa idea de que "la clase política" es la única responsable del calentamiento global, sin asumir que la mayoría de esos políticos son el consejo de administración, en los organismos públicos, del gran capital. La diferencia de añadir apellido a la culpabilidad es que mientras que en el segundo caso protegemos la democracia, en el primero podríamos estar tentados de verla como un impedimento. De la eco-tecnocracia al eco-fascismo hay tan sólo unos ligeros matices.


De hecho, muchos líderes políticos, de forma similar a los propios medios de comunicación, intentan subirse como pueden al carro de la niña sueca, temerosos de enfrentarse a alguien obligatoriamente popular. Además, estos políticos obvian que desde hace treinta años se han aprobado protocolos para atajar la crisis climática. Que parezca que antes de Thunberg sólo existe el vacío les libra de responder por qué esos protocolos no se han aplicado con efectividad.

La respuesta no es que no se sepa lo qué hacer, ni siquiera que en último término no haya voluntad política para hacerlo, el problema es que en un entorno capitalista de una producción cada vez más desordenada esos protocolos son inasumibles: chocan frontalmente con los modelos de los mismos entes supranacionales, como el FMI, que reciben y agasajan a Thunberg. Y eso no se puede asumir delante de los focos.


Sorprende –sinceramente ya más bien poco– que el progresismo no se esté dando cuenta de la dinámica que genera la propuesta Thunberg. Se diría, escuchando a muchos activistas y líderes, sinceramente fascinados con la joven nórdica, que lo único que importa es la concienciación y el movimientismo, cuando la población sabe perfectamente que tenemos un problema climático, es más, cuando la mayoría hace lo que puede por paliarlo. Por otro lado que alguien se sume a una movilización hoy apenas garantiza nada más que la expresión de la preocupación de un sumatorio de individualidades respecto a un tema. Si el progresismo detesta la movilización al estilo del siglo XX no puede luego esperar resultados parejos a los del pasado.


"El greenwashing, la coartada de tal producto o empresa mediante lo ecológico, no es el asunto de fondo, sino simplemente un síntoma de una política vaciada que se adquiere como un bien identitario de consumo".


Este progresismo happening parece conformarse con que sucedan cosas, sin preguntarse muy bien por qué suceden o cuál es el poso que van a dejar. Se desea movilizar a una gran cantidad de personas, sin saber muy bien hacia dónde conduce ese movimiento. Conceptos como organización, poder, ideología o estrategia se han vuelto pecaminosos y ya, a lo único que se aspira es a ser meros acompañantes por si, con suerte, se pega algo del charme y las simpatías se traducen en votos. ¿Que ha quedado de la indignación española del 15M? Esa es la pregunta que este progresismo happening debería responder y no seguir con su desesperada escapada hacia adelante, en muchos casos como resultado de la enésima venganza interna para acabar con tradiciones políticas realmente útiles durante décadas.


De hecho, el greenwashing, la coartada de tal producto o empresa mediante lo ecológico, no es el asunto de fondo, sino simplemente un síntoma de una política vaciada que se adquiere como un bien identitario de consumo. Estas semanas la gente se define como pro-Greta o anti-Greta, intentando situarse histéricos en un mercado donde mostrar unas paradójicas diferencias uniformizantes. En el punto más demente las discusiones giran en torno a si el producto Thunberg posee privilegios por ser blanca y europea o sufre opresiones por ser mujer, joven y padecer síndrome de Asperger, como el célebre Sheldon Cooper. ¿Cuál es el personaje de ficción y cuál el real? La misma pregunta vale para la política progresista. A Trump, cómodo, le vale con bromear sardónicamente: su electorado es lo que espera.


"En Latinoamérica, pero también en la India y África, hay una tupida red de militantes ecologistas que además suelen hacer coincidir sus acciones con lo sindical, lo comunitario y lo étnico, dando a esa palabra llamada interseccionalidad un valor real. Son asesinados a centeranares cada año".

En el colmo de la mezquindad y la estrechez de miras, el progresismo happening acusa a cualquiera que critique al producto Thunberg de celebrar la inacción, planteando el "qué hacer" como pregunta irrebatible que apela a la moralidad individual, de una forma muy parecida a los sacerdotes señalando desde el púlpito a los malos creyentes que se plantean dudas teológicas. La respuesta a esa pregunta es bien sencilla: lo que ya se está haciendo y de hecho se lleva haciendo décadas.


En Latinoamérica, pero también en la India y África, hay una tupida red de militantes ecologistas que además suelen hacer coincidir sus acciones con lo sindical, lo comunitario y lo étnico, dando a esa palabra llamada interseccionalidad un valor real, y no el maltrato identitario al que ha sido sometida por los departamentos universitarios de Europa y Estados Unidos. La diferencia es que estos militantes no tienen espacio en los medios, no son recibidos por el FMI, los príncipes no les prestan los yates y, lo peor, son asesinados a centenares cada año. Su problema es que plantean aún un tipo de política en el que los protagonismos brillan por su ausencia, que ataca los problemas sistémicamente y que organiza a las personas de modo estable elevando su nivel de conciencia. Un muy mal producto, al parecer, para un siglo donde importan más las narrativas que las acciones.


Greta Thunberg, en el mejor de los casos, acabará como Cullis-Suzuki o Malala, escribiendo ese tipo de ensayos que se venden en los aeropuertos. Mientras países como Alemania ya anuncian dinero para la transición industrial ecológica, otros hablan de Green New Deal, maneras eufemísticas de nombrar la gigantesca reestructuración productiva que se va a llevar a cabo para intentar evitar la nueva crisis que se nos avecina y que, con la excusa ecológica, destruirá miles de puestos de trabajo estables transformándolos en empleos precarios pero con la etiqueta verde.


O esta transición se lleva a cabo de forma democráticamente ordenada, planificando la economía para el beneficio de la mayoría de la población, o nos quedaremos sin derechos y sin planeta. 


No digan luego que no les avisamos.

Daniel Bernabé, escritor y periodista.


martes, 8 de octubre de 2019

¿GANARÁ AMLO LA BATALLA CONTRA LOS CONSERVADORES?, Por Heinz Dieterich para Vagos y Vagas Peronistas



1. El Orden de Batalla 

Para responder a esta pregunta, en la efeméride del 209 aniversario de la Independencia de México, hay que recurrir a la ciencia militar. Por la simple razón, de que la praxis política está basada en la misma lógica estratégica, que la lucha armada y la economía de mercado. Tan es así, que podemos reformular dialécticamente al gran estratega Carl v. Clausewitz y decir, que la política y los negocios son la continuación de la guerra por otros medios. Olvidándonos, en consecuencia, de las bazofias con que los letrados de las "ciencias políticas" de nuestras universidades programan las cabezas de los jóvenes estudiantes --bazofias, que son 95% ideología y 5% ciencia--, sólo quedan dos modelos analíticos serios para entender lo político: el "orden de batalla" (OB) de las ciencias militares y "el mercado" de la crematística capitalista. Utilizaremos para este análisis el OB de las ciencias militares. 

2. Orden de Batalla y 4ta Transformación 

El Orden de Batalla se refiere a la identificación de todos los factores, que determinan el poder de combate de las fuerzas enemigas y las propias. Cuando se realiza ese diagnóstico con rigor científico, se revelan los cursos de acción posibles y se alcanza pronosticar de manera probabilística, cuál de los contendientes triunfará. El Orden de Batalla como herramienta analítica-operativa racional, es la clave para el éxito de la praxis humana. Y lo es para todas las relaciones sociales básicas, que configuran la matriz bio-social de su existencia: la bélica, la económica, la cultural y la política. No disponer de esa herramienta en lo estratégico y táctico significa, que no se puede triunfar. 

En las ciencias militares, el Orden de Batalla abarca generalmente nueve factores, para determinar la correlación de fuerzas entre los adversarios y el plan de operaciones necesario para vencer. Sin embargo, en el diagnóstico del status quo de la 4ta Transformación, hay que analizar catorce variables, si se quiere construir la métrica del triunfo y la via regis para alcanzarlo. En este artículo, por razones de espacio, nos ocupamos sólo de cinco de esas variables: 1. Estado y megaproyectos; 2. El partido gobernante; 3. El Congreso; 4. La concientización y organización de masas; 5. La interfase comunicativa oficial. 

3. Guerra de Reforma, Siglo 21 

La 4ta Transformación es, sin duda alguna, la repetición de la Guerra de Reforma (1858-61) en las condiciones del Siglo 21. Por eso, con mucha razón, Andrés Manuel López Obrador, invoca constantemente ese parangón del pasado. La Guerra de 1858-61 la ganaron los reformadores (Juaristas) contra los conservadores anti-patrias. ¿Qué desenlace habrá en este déjá vu del Siglo 21? Analizando con el Orden de Batalla la fuerza de los antagonistas, hay varios escenarios preocupantemente graves, por ejemplo, las elecciones federales del 2021 o un golpe blando tipo Brasil, y una posibilidad estructural de triunfar. Esa posibilidad reside, en que el líder y las fuerzas progresistas logren dar un salto cualitativo en el comportamiento del actual sistema de liderazgo y gobernanza, a la mayor brevedad posible. Se necesita, en una analogía de la física, un cambio de fase de la 4ta Transformación, para convertirla de un conductor (de masas) con enormes resistencias internas en un supraconductor, para evitar la derrota. 

4. Cinco batallas, dos generales 

La posible derrota resulta de la ofensiva asimétrica de los conservadores y la deficiente defensa de los liberales: la contrarrevolución conservador se realiza simultáneamente en cinco frentes de guerra, mientras que sólo uno de estos frentes es defendido adecuadamente. Para ser más claro. La 4ta Transformación combate en cinco campos de batalla, pero sólo tiene dos generales. Peor aún, estos generales luchan en el mismo frente. Los frentes restantes están siendo comandados por sargentos, improvisados o simplemente abandonados a su destino. En esta constelación, la guerra no se puede ganar. 

5. Generales napoleónicos 

El primer campo de batalla ante la embestida reaccionaria es la eficientización del Estado y la implementación de los megaproyectos económicos. En este teatro de operaciones se empeñan dos generales de tipo napoleónico, con suficientes tropas y parque para defender el plan de operaciones y las líneas de abasto de los reformadores. Los generales referidos son, obviamente, Andrés Manuel López Obrador y Carlos Slim Helú, con sus fuerzas operativas capaces de salvaguardar el plan de operaciones concebido. 

6. Morena, tribalismo y balcanización 

El segundo teatro de operaciones, donde la guerra se dirime, es el partido y la alianza electoral de Morena. Ante la negativa del presidente de intervenir en la dinámica evolutiva de Morena, ese partido-alianza actúa en sus estratos superiores y medios esencialmente como una (frágil) confederación tribalista, con una dinámica semi-caótica, sin visión estratégica –más allá del hueso-- en proceso incremental de fragmentación y sin trabajo con las masas. La advertencia del presidente de retirarse de Morena, sin embargo, no resuelve el problema. Al contrario, serviría como catalizador para los congresistas venales, el virrey emergente del Senado y las crecientes tendencias balcanizadoras del país, que reavivan el separatismo histórico del Sureste (Yucatán) y del Norte (República de Rio Grande y de México del Norte). 

Tendencias separatistas, vistas con buenos ojos por el Imperio, son promovidas en el sureste por las nomenclaturas "zapatistas" y en el norte por el gobernador de Chihuahua, Javier Corral: "Los gobernadores deberíamos de tomar más en serio este momento delicado del país...hay que pensar en la posibilidad de si no se modifican estas reglas (apoyo económico-HD), descoordinárnos de la Federación, los estados que podamos hacerlo en función de nuestro propio Producto Interno Bruto y nuestras propias capacidades económicas y productivas". 

Sería un error, echar esa crítica de Corral en saco roto. No hay duda, que existe un excesivo centralismo abstracto y tecnocrático federal, que no considera adecuadamente las necesidades y poderes de algunas regiones, entidades y gobernadores, como muestra el incomprensible tratamiento federal de la crisis agrícola en Durango, que puede alejar los votos de la población, que se requieren para la batalla decisiva del 2021. Se entiende, que hay que cuidar a la deuda externa y los inversionistas globales. Pero, es muy delicado, descuidar los escalones medianos y bajos del poder y de la pirámide social nacional. Las fuertes derrotas electorales en las capitales de los estados de Durango y Puebla, en los comicios de mediados del año 2018, son una clara advertencia sobre la delicada dialéctica del poder, entre lo federal y lo local. 

7. El dilema partidista de AMLO 

La inexistencia de un poderoso sujeto colectivo nacionalista e integrador, como fueron el PRI y el liberalismo mexicano durante muchas décadas, con una convincente narrativa patriótica, una elaborada organización y logística nacional y claras reglas de jerarquía y sucesión, es preocupante. Sin embargo, pedirle al presidente que encabezca el necesario proceso de saneamiento del Partido, tampoco tiene mucho sentido, porque una persona no puede trabajar más de 20 horas al día. Y un general no puede combatir en varios frentes al mismo tiempo. Es imprescindible, por lo tanto, que los gobernadores progresistas asuman la batalla de los cinco frentes como suya, para ayudar al General en su Laberinto, y que los jóvenes patriotas dentro y fuera de Morena se autoorganicen; independientemente de las burocracias existentes, que parecen incapaces de crear sujetos líderes con la visión estratégica, programática y audacia, que el momento requiere. La gran contribución del presidente a esa dinámica sería, que apoyara tal "Campaña de las Cien Flores" (Zhou Enlai), o sea, la creación de una dinámica de múltiples polos de vanguardia, que –al lado del Estado reformador-- serían la via regis para el triunfo del proyecto. 

8. El Congreso y la sombra de Brasil 

El tercer campo de batalla de la Guerra de Reforma 21, son las dos cámaras legislativas, donde la 4ta Transformación requiere de una sólida mayoría para modernizar la normatividad jurídica vigente, que en muchos aspectos imposibilita el avance del nuevo proyecto. Tal es el caso de la Ley de Amparo, que es el principal obstáculo para erradicar la corrupción sistémica y modernizar la economía. De este campo de batalla no hay buenas noticias, porque la emergencia de un Virrey en el Senado, al igual que las derrotas de Porfirio Muñoz Ledo y Martí Batres en la estructura formal conductora del Congreso, hacen recordar la fragilidad de las mayorías legislativas en el parlamentarismo burgués. Y, también, las penumbras de Bolsonaro y Macri, quienes hicieron trizas del Espíritu de las Leyes de Montesquieu, para liquidar al Ejecutivo, mediante una maligna alianza entre el Legislativo y la Judicativa. Provocar un cortocircuito parlamentario-judicial, para acabar con la 4ta Transformación, es uno de los mayores peligros para el proceso, aún antes de la crucial votación del 2021. 

9. Sin trabajo de masas 

El cuarto campo de contienda que es necesario mencionar, es la ausencia de un trabajo serio, sistemático y permanente con las mayorías, para aumentar su nivel de conciencia política y el apoyo al proceso. El Partido generó el Instituto de Formación Política, que según su blog, quiere ser una "escuela de alto nivel político", con un propio "aparato de difusión", o sea, "Aparato de Propaganda" –horrible y anacrónico lenguaje reificado de 1920 con toque althusserliano, para los jóvenes mexicanos de 2020-- y un trabajo urbi et orbi. Pero ya se han perdido casi doce meses irrecuperables en la tarea de concientización de los ciudadanos y nada hace pensar, que, cuando finalmente comience a funcionar, sea un instrumento a la altura del desafío nacional. Sería mucho optimismo, por ejemplo, pensar que este Instituto, pudiera rescatar a la juventud universitaria, que está sólidamente atrapada por las ideologías de una casta dorada intocable. 

10. Sin interfase comunicativa eficiente 

Finalmente, la batalla de la comunicación, the battle for hearts and minds, tiene un solo general, que es Amlo en La Mañanera. La Mañanera le da al presidente la iniciativa de comunicación cotidiana. Pero, después de las 09 horas de la mañana se interrumpe la interacción con lasas. Se abre una moratoria de diez a doce horas, que los adversarios del proceso aprovechan para preparar la propaganda anti-Amlo, que en los noticieros estelares de la noche golpea incesantemente, para neutralizar el impacto, que Amlo logró en la mañana. Es incomprensible, que el gobierno, pese a la apertura de TV Azteca, no haya implementado una plataforma como The Five en el horario informativo estalar de la noche, para defender democráticamente la hegemonía política, construida en La Mañanera. La preocupante verdad es, que a casi un año de la comunicación pública del gobierno, el formato escogido originalmente no ha evolucionado. Salvo, por supuesto, que la reapertura de la regadera del financiamiento público, que de nuevo despacha su maná a las mal llamadas medios "de comunicación", ya se considere una nueva política comunicacional del Estado. 

11. Mucho Presidente, para tan miserable equipo 

"Desafortunadamente veo día a día el ineficiente equipo que rodea al Presidente y la manera como lo engañan. Es mucho Presidente para tan miserable equipo", me dijo recientemente un amigo del Olimpo. Sin duda hay gente talentosa y entregada en el modelo de Amlo, pero en términos generales, me parece irrefutable la afirmación del amigo. Es un problema que he encontrado en los entornos burocráticos de todos los presidentes latinoamericanos, con los que he trabajado. Se trata de un problema sistémico con componentes objetivos (carácter fractal de la realidad) y subjetivos, que tiene una sola solución, semejante al problema del sistema mundial: una gobernanza multipolar. El presidente como centro de gravitación del sistema, apoyado críticamente por los principales polos de poder del Estado (partidos, Congreso, Legislativo, Judicial, gobernadores, alcaldes) y de la sociedad civil (trabajadores, empleados, clases medias, sindicatos, estudiantes, centros de pensamiento estratégico, etc.). Garantizado el flujo simétrico de información, recursos y poder entre esos nodos del sistema, se optimiza la eficiencia y capacidad evolutiva del país. 

12. La Luz de la Esperanza 

Pese a ese panorama preocupante, la luz de la esperanza, del Sí se puede, finalmente apareció en los recientes festejos de la Independencia. Una magnifica organización de los dos días del evento; una impecable coreografía y estética; una democrática, pero férrea demostración del poder del Estado, con su Comandante en Jefe como el puente y símbolo de la Alianza Pueblo-Estado; la inquebrantable lealtad del pueblo mexicano a su líder y su fervor patriótico, todos estos son los ingredientes para vencer a los conservadores y los oportunistas y burócratas saboteadores. Para dar, en una palabra, el salto cualitativo o cambio de fase a la 4ta Transformación, que se requiere para repetir la victoria juarista de la Guerra de Reforma. 

¡Gloria al Pueblo mexicano, su líder y su 4ta Transformación!

jueves, 3 de octubre de 2019

LA FAZ AUTORITARIA DEL NEOLIBERALISMO, Por Frei Betto



Por paradójico que parezca, la ley se ha convertido en una herramienta del neoliberalismo para erosionar la democracia. El Estado de Derecho está siendo demolido desde adentro, para servir solo a los intereses de la elite.

El tan esperado derrumbe del neoliberalismo a partir de la crisis financiera de 2008 no se produjo. Todo lo contrario: se fortalece con nuevas estrategias.

El neoliberalismo es más que la imposición de políticas de austeridad, privatización del patrimonio público, dictadura de los mercados financieros. Implica una racionalidad de alcance mundial que va de la economía de mercado a la subjetividad de las personas. Anula la soberanía de los países al someterlos a los dictados del FMI, el Banco Mundial y la Unión Europea. Traza una línea divisoria entre la parte de la humanidad con acceso al consumo y la inmensa multitud privada hasta de derechos elementales como la alimentación, la salud y la educación.

El neoliberalismo ya no necesita hacerle concesiones al Estado de bienestar social, pues desapareció la amenaza comunista. Ya no necesita posar de demócrata. Ahora, la imposición de un único modelo económico debe ir acompañada por la imposición de un único modelo político, el autoritario, a fin de favorecer la acumulación de capital y contener la insatisfacción de amplios sectores de la población sin derecho a los bienes esenciales de una vida digna.

Los estrategas del neoliberalismo saben que sus políticas causan exclusión y sufrimiento. Saben también que es necesario contener la insatisfacción de los excluidos a fin de evitar una explosión que daría por resultado el caos política o una revolución. Por tanto, canalizan la miseria y la pobreza hacia el alivio virtual de la religión, convirtiéndola, de hecho, en “opio del pueblo”, capaz de aplacar la revuelta e inducir un espíritu de sacrificio. Concentran el resentimiento y el descrédito de la democracia y transforman en chivos expiatorios a los partidos y los políticos que critican el neoliberalismo. Hacen converger la baja autoestima y la tendencia actual a la adopción de pautas identitarias en un amplio sentimiento de identidad nacional signado por la xenofobia.

En resumen, encubren las causas de los males sociales y recubren sus efectos con ideologías que, al hacer opacas las causas, enconan los ánimos ante los efectos. Por eso el neoliberalismo muestra ahora su faz más autoritaria, con la construcción de muros que separan naciones y etnias; la supremacía del poder ejecutivo sobre el legislativo y el judicial; la desinformación mediante las redes digitales; el culto a la patria; y la ofensiva descarada contra los derechos humanos.

Por otro lado, reduce los impuestos de los más ricos, precariza las relaciones laborales, suprime políticas sociales, disminuye las inversiones en la educación, acelera las privatizaciones y considera la protección socioambiental un estorbo para los intereses del capital.

Henry Giroux califica de “fascismo neoliberal” la formación política caracterizada por la ortodoxia económica, el militarismo, el desprecio por las instituciones y las leyes, el odio a los artistas e intelectuales, la repulsa al extranjero pobre, la falta de consideración por los derechos y la dignidad de las personas, y la violencia contra los adversarios.

Las reformas propuestas por el nuevo neoliberalismo, como, en Brasil, la laboral y la de la seguridad social, tienden a la extinción de las redes de protección social: los sindicatos, las ONG, los movimientos populares y las instituciones corporativas (Orden de Abogados, Asociación Brasileña de Prensa, Conferencia Nacional de Obispos de Brasil) que defienden los principios democráticos.

¿Cómo reaccionan los vencidos? ¿Articulan las fuerzas de oposición y se posicionan a favor de la democracia? Ojalá. En realidad, los vencidos son como moscas presas en la pantalla de la lámpara, cegados por los encantos de la sociedad de consumo. No logran encontrar la salida y sufren por estar presos. Reaccionan absteniéndose en las elecciones, refugiándose en sus burbujas digitales, apoyando a quien vocifera en tono bélico. Toda rabia es la violencia introyectada en el alma.

Les resta a los críticos salir de sus redomas académicas para ayudar a los vencidos a descubrir que poseen una fuerza capaz de voltear el juego e instaurar la democracia.


Frei Betto es autor, entre otros libros, de O marxismo ainda é útil? (Cortez).


Traducción de Esther Perez

Copyright 2019 – Frei Betto


QUIÉN ES FREI BETTO

El escritor brasileño Frei Betto es un fraile dominico. conocido internacionalmente como teólogo de la liberación. Autor de 60 libros de diversos géneros literarios -novela, ensayo, policíaco, memorias, infantiles y juveniles, y de tema religioso en dos acasiones- en 1985 y en el 2005 fue premiado con el Jabuti, el premio literario más importante del país. En 1986 fue elegido Intelectual del Año por la Unión Brasileña de Escritores. 

Asesor de movimientos sociales, de las Comunidades Eclesiales de Base y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra, participa activamente en la vida política del Brasil en los últimos 50 años.