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jueves, 26 de octubre de 2017

ALGUNAS REFLEXIONES POSIBLES SOBRE EL RESULTADO DE LAS ELECCIONES DE MEDIO TÉRMINO, Por Juan Sonko


El resultado electoral nos obliga a la reflexión crítica y con la mesura suficiente como para no perder el equilibrio necesario para continuar sin zozobrar en cierta pesadumbre y escepticismo por el curso de los acontecimientos. 
El saldo más negativo es que el gobierno logró superar holgadamente el desafío electoral, lo que le permitió convalidar lo realizado y legitimarse sobre lo que vendrá. A esta altura no puede sorprender a nadie que haya salido indemne del desafío electoral, pero la manera en que se dieron los números, en función de la competencia en aquellos distritos en lo que había dispersión opositora, principalmente en la Provincia de Buenos Aires, se posiciona en óptimas condiciones para la sucesión presidencial en 2019. 
Por otro lado, como venimos señalando desde diciembre de 2015, el regreso de nuestro país a la dependencia es causa de una crisis generalizada en casi todos sus ámbitos (desde la política y la economía, hasta la cultura y el futbol), pero ello no se da de manera inmediata y determinista. Por ello, si bien la situación económica de las mayorías ha empeorado, y en algunos casos de manera notable, pero aún estamos lejos de que el deterioro social sea determinante de sus opciones, como lo fue en 2001. Muy lejos estamos de eso y hasta tal vez, nunca volvamos a una escena similar, en especial si tenemos encuentra que uno de los objetivos del macrismo es el garantizar políticamente la gobernabilidad del modelo oligárquico en ejecución. 
La cuestión central es que el gobierno no necesita para garantizar su gobernabilidad un triunfo masivo porque cuenta con el sostén directo del poder económico y mediático concentrado, pero sí necesitaba evitar una derrota electoral que le pusiera en crisis de legitimidad. De paso, también quedó atrás el posible cuestionamiento de fraude ideológico en relación a la falta de cumplimiento de lo prometido en las elecciones de 2015. Ahora, avanzará con sus políticas de "reformismo permanente", eufemismo con el que se denomina a la destrucción de los derechos de los trabajadores, del sistema previsional y tributario. 
Para peor, la situación grave de la opresión de Milagro Sala se profundiza cada vez más, lo que ya es un martirio público y sinfín, en un plan orquestado por el gobernador pero acompañado por sectores de la propia sociedad jujeña, lo que nos muestra la verdadera grieta de la que tanto hablan algunos, en esa suerte de falla geológica de nuestra historia que es la pugna entre la civilización docta y la barbarie indígena. 
El principal objetivo de las fuerzas nacionales, en estas elecciones de medio término, en poner un límite al avance oficialista de ajuste y de pérdida de derechos y de ingreso de los trabajadores, no se ha cumplido. 
Al frente se encuentra una oposición dividida, no solo en sectores sino también en lo ideológico. El problema de la división del peronismo no es solo de orden organizativo sino principalmente ideológico. La división es expresión de la disputa por su dirección política. No tienen el mismo significado Urtubey y Massa -quien sigue auto adscribiendo a la ideología peronista-, de un lado, que Cristina, del otro, mientras que no queda del todo claro el de Randazzo, el tercero en discordia. Posiblemente esta disputa sea la razón por la cual CFK prefirió entrar en el juego de la polarización, aún a riesgo de perder la elección con Cambiemos, pero con la prosecución del objetivo de dejar en claro su predominio frente a sus pretendidos competidores. Lo que ocurre es que la unidad del peronismo no es un objetivo en sí, sino que es una consecuencia de la solución al problema de la disputa acerca de su dirección. De lo contrario, tendríamos que alabar la unidad del peronismo en los años noventa, cuando, aunque matizada por el Frente Grande y el pequeño grupo de los ocho, la mayoría del justicialismo se alienó, sin olvidarse las estampitas de Perón y Evita, detrás de un programa oligárquico y neoliberal. Por eso, la cuestión principal es la formación del frente de liberación nacional que aglutine a la mayor cantidad de fuerzas sociales de raíz nacional, detrás de un programa que, mínimamente, propugne una oposición al régimen en marcha y objetivos de justicia social, de soberanía y defensa del trabajo y de la producción nacional. 
En cuanto a la posibilidad inmediata de la proyección de un frente nacional, cabe considerar que, si bien CFK perdió en la PBA, la diferencia es exigua, la cantidad de votos lograda es importante y con considerable distancia con su inmediato seguidor, entre otros puntos. Pero tal vez lo más importante es su triunfo en las zonas del conurbano industrial (la tercera sección, por ejemplo), en donde se encuentra la base social imprescindible para lanzar un modelo de país industrialista y con eje en el trabajo, la producción y el mercado interno. Sin este apoyo, el proyecto sería directamente inviable y sin destino social. Claro que este apoyo, por si solo, no es suficiente para asegurar el triunfo, ni siquiera, en la misma provincia, donde predominó una alianza entre los sectores altos y medios de los centros urbanos, más cerca de pensar como en Capital Federal, y los sectores del interior bonaerense, ligados a la geocultura de la pampa húmeda. Este sector confrontó electoralmente a nivel país, con la base social del modelo agroexportador expandido a otros sectores que lo acompañaron, con eje en Córdoba, buena parte de Santa Fé y del litoral, con vértice en la Capital Federal, cada vez más autónoma, lugares desde donde Cambiemos construyó su mayoría. La identidad política de estos sectores los une, en una mirada general, en su antiperonismo, hoy expresado en su desprecio a la figura de Cristina, en donde destaca la acción estratégica y concertada de los medios de comunicación a lo largo de todo el país. Se suma, además, aquellos que aún sintiendo el golpe en el bolsillo y la caída del ingreso, no lo relacionan con las políticas económicas implementadas, llegando incluso a justificarlas en nombre de un supuesto desaguisado legado de la etapa anterior. En definitiva, la persistencia y predominio del colonialismo cultural, a través de los grandes medios y las redes sociales, predica entre muchos una visión falsa de la realidad, a partir de la cual los grandes problemas del país y de la región quedan ocultos detrás de una bruma de mitos y prejuicios. 
Visto a la distancia, la negativa de CFK a darle PASO al randazzismo melló sus chances de ganar, pero a la vez es, a esta altura y de acuerdo al discurso del domingo a la noche, revelador de su estrategia de ser la jefa de una oposición confrontativa sin lugar a concesiones, aunque sea desde la posición de primera minoría, o sea admitiendo la posibilidad de la derrota en la provincia de Buenos Aires. En resumen, la actitud de una campaña con destino de minoría no es un buen augurio, pero el reconocimiento de que Unidad Ciudadana es apenas la base de un movimiento que debe ser mucho más amplio y abarcativo, da lugar a la esperanza. 
El tiempo, y especialmente, los hechos dirán si esta última estrategia se implementa con convicción y en forma adecuada, pero sin duda, a esta altura de los acontecimientos, se nos muestra como el único camino posible a transitar por las fuerzas nacionales. En especial, cuando la propuesta de Randazzo, Urtubey, De la Sota y Bordet, tras el resultado electoral, por ahora se han ido por el barranco. De esta manera, la figura de Cristina aparece, en principio, como la mejor posicionada para definir la dirección política de la oposición, a diferencia de los anteriores, a cargo ahora de la responsabilidad y desafío a la vez, de proyectar la organización del futuro frente nacional. 
Cabe recordar también que las nuevas figuras ingresantes al parlamento, con CFK a la cabeza desde el estratégico senado nacional, se sustentan sobre el fracaso de la oposición legislativa. Y aunque el kirchnerismo no sea totalmente ajeno a esto último, este nuevo escenario renueva las esperanzas de empezar a construir una mayoría a nivel país que permita derrotar electoralmente, en 2019, al oficialismo. 
Para eso se mezclarán elementos del proyecto pasado y del porvenir, y habrá que atender especialmente a los reclamos sindicales y laborales, cuya cuestión será el principal tema de agenda inmediata venidera, a partir de ensayar una necesaria alianza entre la política y el sindicalismo, con un posible vértice en los legisladores de origen gremial. 
Por ahora, el resultado electoral arroja al país hacia un destino incierto, en donde lo único seguro es que el rumbo de los acontecimientos estará orientado por la fuerza política representativa de los intereses oligárquicos e imperialistas. Sin darle la razón del todo a José Natanson, quien hablaba lisa y llanamente de nueva hegemonía, sin duda ahora sí estamos ante la evidencia de un intento de darle sustento político a mediano plazo, al modelo liberal oligárquico. No hay que descartar la irrupción de una crisis económica originada por factores financieros externos ante la brutal toma de deuda y falta de controles sobre los capitales, pero ese no parece el mejor escenario para el regreso del proyecto nacional. 
Mientras tanto, la esperanza de retomar la senda nacional y democrática, aunque moderada, está asentada en la necesaria alianza entre los sectores políticos de la oposición, con Unidad Ciudadana a la cabeza, y los sindicales y movimientos sociales, motivada por la defensa del trabajo y la producción nacional, o sea, en defensa propia y de nuestro lugar en el mundo. Aunque los antecedentes históricos recientes ofrezcan algunos reparos, el valor de la causa en juego debería de ser proporcional al tamaño de nuestra esperanza. 

Juan Sonko, 24 de octubre de 2017

martes, 30 de mayo de 2017

CRISTINA FERNÁNDEZ Y EL PROBLEMA NACIONAL, Por Juan Sonko, para Vagos Peronistas


Cristina Fernández de Kirchner, la gran esperanza
Una nota de opinión en el diario La Nación, tradicional vocero de la clase terrateniente, ayuda a comprender el punto en el que se encuentra hoy la política argentina: “parafraseando el Manifiesto Comunista podría decirse que un fantasma recorre las elites argentinas: la posibilidad de que Cristina Kirchner se presente en las elecciones de la provincia de Buenos Aires y las gane. Ese escenario provoca pánico en el establishment, muchos de cuyos miembros sostienen que postergarán inversiones o levantarán sus negocios.” El articulista, Eduardo Fidanza, termina su nota, del 27/05/2017, diciendo: “si Cristina ganara en octubre, estas contradicciones no habrán sido resueltas. Y el país seguirá atrapado en el pasado equívoco que ella representa”.

En este presente de retroceso oligárquico una reflexión de estas características proveniente del riñón periodístico liberal conservador no puede pasar desapercibido para los sectores populares. La centralidad política de la figura de Cristina Fernández quedó en evidencia tras la entrevista que dio el 25 de mayo pasado a Navarro y Sylvestre, la que, justamente por esa razón, tuvo el efecto de sacudir el ánimo aletargado de muchos sectores nacionales, ante una realidad sin tregua. Esta centralidad se realiza al poner sobre la mesa de discusión el problema nacional y las tareas históricas que las fuerzas nacionales deben asumir como propias.

Cristina Fernández dio definiciones que permiten precisar las tareas políticas del actual momento histórico, y, por ende, asumir un rol protagónico desde las consignas de: reconstruir el país, construir la unidad de la oposición y formar una fuerza parlamentaria que le ponga límites al ajuste, y la revisión de la deuda externa que se ha tomado desde el inicio del macrismo.

Su figura sigue siendo el cuadro político más profundo y con una visión integral del país, hacia dentro y su rol en el concierto mundial, de una clase política que se ha desmoronado ante la primera presión oligárquica y cuya expresión más defeccionante está en el senado de la nación. Ya en otras apariciones públicas había dado mensajes de unidad de los trabajadores, tendiendo puentes hacia la Corriente Federal de los Trabajadores y en su apoyo a la CTERA, cuando llamó a “la unidad del movimiento obrero” para la “reconstrucción de un espacio que no puede agotarse en el peronismo”.

Ahora, su aparición pública puso en evidencia la disputa central a partir de la cual se define el destino del país, la divisoria de aguas en dos campos bien diferenciados: el de la defensa del interés nacional y una política socialmente justa, uno, y el de la protección de los privilegios oligárquicos en un orden social dependiente de los poderes financieros internacionales, el otro.

La reflexión autocrítica sobre la manera de superar las condiciones políticas, económicas y culturales que permitieron la interrupción del proyecto nacional, forma parte de las tareas históricas del movimiento nacional necesarias para avanzar en sus realizaciones, pero el retroceso padecido en estos meses no deja lugar a dudas acerca de cuál es la divisoria actual de las fuerzas sociales.


La política de la confusión renovadora.

La escena de la actividad política refleja, de alguna manera y con sus particularidades, esta real e histórica divisoria de intereses y fuerzas en pugna que otorga un sentido concreto a la realidad del país.Sin embargo, el plano político podría complejizarse de proliferar listas y candidatos que compiten entre sí dentro del campo nacional, diluyendo en el horizonte del pueblo la figura del adversario principal. No hay tres, cuatro o más alternativas sino dos opciones reales cuyos límites en estos meses aparecen superficialmente como difusos a partir del predominio de una visión confusa de las cosas, montada sobre los tradicionales mitos del colonialismo cultural y renovada con coyunturales zonceras promovidas a troche y moche por los multimedios de la comunicación concentrada. Incluso ahora se aporta a la confusión abonando la imágen de un democratismo ilusorio proponiendo unas PASO sin debate sobre los problemas reales del país dentro de la fuerza política que es núcleo del movimiento nacional.

Una de las claves en política que ha influido en el giro conservador del país es la reactualización de la tradicional influencia de las oligarquías sobre los sectores medios. En el campo de la política partidaria ese es justamente el rol cumplido, con eficacia hasta ahora, por el Frente Renovador donde han jugado sus fichas personajes como De Mendiguren y Daer, referentes de sectores del capital y del trabajo respectivamente, ahora en crisis de identidad.

Por eso no sorprende la alianza de esa fuerza con Stolbizer, por explicitar su condición de ariete del orden oligárquico cuya principal función práctica ha sido esmerilar la capacidad de convocatoria del movimiento nacional, con una actuación de peso en las elecciones presidenciales pasadas al ayudar a evitar el triunfo en primera vuelta del candidato del FPV, obligándolo a un repechaje donde las chances del rival acrecentaron enormemente.

El balotaje fue una organización institucional propuesta en la Asamblea Constituyetne de 1994, que en la práctica política funcionó como trampa para el movimiento nacional, evitada habilmente por el kirchnerismo en cada oportunidad, menos la última pasada.


Ahora, nuevamente, buscará debilitar las chances del movimiento nacional de obtener un triunfo clave en la principal zona industrial del país, único lugar desde donde pueden relanzarse las fuerzas nacionales, atrayendo desde la confusión a sectores medios que creen que el problema principal de los argentinos es la corrupción de los poderes públicos y los políticos. El regreso de la izquierda portuaria, tanto en lo partidiario como en la actividad sindical, es una muestra de la generalización de la confusión política.Todo esto metió al pueblo, desde diciembre de 2015, en un laberinto donde los caminos son circulares y llevan a justificar el ajuste y la subordinación a la economía de la especulación, cuando en verdad, de esos, al revés de como se suele decir, no se sale por arriba sino encontrando el camino correcto.

Sin embargo, no todo está servido para la dominación oligárquica. Reintroducidos los sectores medios urbanos en la crisis económica es posible operar para quebrar esas percepciones ilusorias inconducentes para una política de liberación, y alejarla de la influencia oligárquica, aunque sea haciéndole notar el golpe al bolsillo, o porque creen que “es lo menos malo”.

En cambio, un triunfo de Massa en el distrito bonaerense -como pronóstican algunas encuestadoras-, debilitaría las posibilidades de que las fuerzas nacionales en luchar por aquellos objetivos que hoy empezaron a delinearse a propuesta de Cristina Fernández. Y con ello, por supuesto, cualquier posibilidad de debatir acerca modificaciones estructurales de las relaciones de producción, consolidando el actual rumbo de dependencia, concentración económica, destrucción productiva y desigualdad social.


Preguntas sobre el peronismo.

Para conocer la condición histórica de un movimiento político es importante no solo atender lo que dice sino especialmente entender su origen, es decir el momento exacto en hizo su irrupción ascendente en la vida política del país. Así como el peronismo lo hizo el 17 de octubre de 1945, tras el fin de la década infame, con el protagonismo del sindicalismo industrial, y antes el yrigoyenismo lo había hecho como el contrario del elitismo fraudulento y aristocrático, el kirchnerismo surge como respuesta a la eclosión social de las políticas del consenso de Washington en nuestro país. La condición histórica del kirchnerismo es su posición antineoliberal como el reverso del ciclo menemista delarruista. Otra vez el país recorre la senda del endeudamiento externo, el control del FMI, la fuga de capitales y la destrucción de la industria, el trabajo y el ahorro interno, la desregulación financiera, los reiterados y brutales aumentos de las tarifas de los servicios públicos privatizados, vaciamiento intencional de empresas públicas como Aerolíneas Argentinas y debilitamiento de la posición de YPF, hasta la amenaza de privatización del sistema previsional. De ahí que sea válido suponer que la actual regresión conservadora impulsada por el macrismo, de carácter oligárquica y neoliberal, le renueve los aires a su contrario, el kirchnerismo.

En la entrevista, sin ingresar en mayor análisis de fondo, Cristina Fernández esquivó cuestionar a los que los periodistas llamaron “oposición light”, y dijo que los trabajadores y los ciudadanos son los encargados “de evaluar el comportamiento de la dirigencia de cada uno de sus sectores”. La respuesta que dio la ex Presidenta es cierta, pero deja intacta y sin atender la cuestión principal, esto es las posibilidades reales de que el peronismo sea aglutinador de las fuerzas nacionales en prosecusión de sus objetivos propios.

Si los únicos que le pueden pedir cuentas a los dirigentes y cuadros políticos son los electores, ¿qué rol juega la organización partidaria y del movimiento, dónde queda el liderazgo y la dirección política del conjunto? ¿Puede el peronismo como fuerza política seguir las consignas planteadas por Cristina Fernández y ser el eje aglutinador de ese frenta amplio y ciudadano que, a la luz de la historia argentina no puede ser otra cosa más que la expresión presente del movimiento nacional? ¿Puede constituir la fuerza opositora que el pueblo y los trabajadores necesitan, tanto en el congreso nacional, como en las provincias y municipios? ¿Puede encarar la necesaria renovación de cuadros y políticas? Y el principal de los cuestionamientos, ¿puede el peronismo mantener una unidad organizativa y programática detrás de consignas opositoras y antoligárquicas?

La rápida defección de varios de sus cuadros, ante la política de Cambiemos, parecen manifestaciones del peronismo en su etapa declinante. El movimiento nacional requiere un nuevo relanzamiento. La ex presidenta Cristina Fernández es el único cuadro político que ha tomado esa tarea al convocar a las fuerzas nacionales detrás de determinadas consignas antineoliberales porque, como dijo en el último acto en SADOP, “la historia y la realidad demuestra que solo la unidad del campo nacional, popular y democrático permitirá reconstruir lo que han destruido, reconquistar lo que nos han sacado para volver más fuertes a un mundo más complejo” (1). En efecto, es así, pero la cuestión es, entonces, ¿cuántos están dispuestos a asumir este compromiso?

TEXTOS URGENTES, 28 de mayo de 2017.





miércoles, 8 de marzo de 2017

EL MOVIMIENTO OBRERO EN LA PICOTA: LAS JORNADAS DEL 6, 7 Y 8 DE MARZO, Por Juan Sonko, para Vagos Peronistas




El movimiento obrero en la picota: las jornadas del 6, 7 y 8 de marzo, Por Juan Sonko, para Vagos Peronistas

Este marzo de 2017 empezó con notables jornadas de movilización popular. La masividad de la marcha docente convocada por el Frente Nacional Educativo, el día 6/3, estremeció a cualquiera con un mínimo de sensibilidad política. Se le agrega a esto el perfil federal, la concurrencia de los sindicatos docentes provinciales, lo que da sustento al plan de una marcha blanca que de distintos puntos del país confluyan en la Capital Federal, donde seguramente los esperara un ministro de educación indiferente y con aversión hacia lo popular. La recoleta avenida Callao se convirtió en un río de pueblo, coronado en un acto con voces de represntantes que expresaron lealmente sus anhelos y esperanzas. Especialmente, no es difícil advertir el carácter estratégico que cuenta la paritaria nacional prevista en la ley nacional de financiamiento educativo. Aún así, lo difícil parece ser que el gobierno nacional retroceda con su artera decisión de liquidarla, como vía para hacerlo con la educación pública.

La jornada del 7 de marzo.
Otra historia fue el acto del día de hoy (7/3) de la CGT. La convocatoria tuvo perfiles extraordinarios por su masividad y participación popular. Una movilización con clima de paro. Si la del día anterior había logrado estremecernos, esta no se quedó atrás, e incluso la superó numericamente. Seguramente fue una de las más masivas en la historia del movimiento obrero organizado, pero su resultado político fue, en principio, disonante. ¡Tanto pueblo en la calle para tan poco!

Mejor quedarse con la imágen del pueblo en las calles, en una de las convocatorias más grandes del movimiento obrero organizado. Un hecho histórico por su masividad y la participación de sectores del pequeño empresariado. Pero el pueblo se fue enojado y con bronca con la conducción de la CGT que no le dio la dirección que desde las bases se exigía. Se puede revertir, veremos. Mientras el movimiento obrero organizado, el principal actor social del país aún con sus vueltas, profundiza su división y debilidad, cuando el país sigue barranco abajo empujado por los cipayos de siempre.

La falta de fijación de fecha para el paro ha colocado a la conducción de la CGT en una posición difícil de superar. Convocar un paro sin fijarle una fecha cierta, torna incierta la realización de la misma medida. Esta incertidumbre evidencia su debilidad política para lograr consensos dentro del amplio y heterogéneo espacio sindical, la disfuncionalidad del triunvirato, y, especialmente, su falta de respuesta a los gravísimos problemas de los trabajadores. Todos creíamos que la conducción iba a designar el paro para el 30 de marzo, en reivindicación de la gesta histórica en 1982 contra la dictadura militar. Pero no lo hizo, como, si de paso, mostrara indiferencia por lo mejor de su propia historia de lucha.

Se trata del viejo problema de la dirección política del movimiento obrero, acerca de quiénes conducen y con qué objetivos, por eso el saldo de los docentes es altamente valioso mientras que el de la CGT se hunde en un mar de dudas. El contraste entre el notable grado de movilización popular –tal vez la mayor en la historia del movimiento obrero argentino- y el mensaje de la conducción de la CGT, tendrá más temprano que tarde, consecuencias en las organizaciones y las alianzas, alentando la posibilidad de distanciamientos, rupturas y reagrupamientos. ¿Cómo puede describirse una situación de grave retroceso social sin concretar la medida de fuerza más importante en un plan de lucha? ¿Cómo puede amenazarse con un paro sin que la falta de fijación de fecha aliente los fantasmas sobre la posibilidad de acuerdos, conciliaciones y giros imprevistos? ¿Cómo no sospechar que alguno esté dándole oxigeno a quien justamente se juzga como responsable del drama de los trabajadores, o sea al gobierno nacional? Estos modestos interrogantes tensaron el aire de la gran marcha del 7 de marzo y prometen convertirse en mucho más que simples críticas, sino se despacha un paro general en los próximos días. Para peor, el furcio de Daer, cuadro sindical y político de larga experiencia y formación, sindicando que el paro sería “antes de fin de año” alienta la sospecha de que no se ha sido del todo leal con la realidad. Ellos mismos alientan las teorías conspirativas.

“Si no hay rectificación de la política económica antes de abril, habrá paro nacional” ha sido el mensaje del triunvirato, pero, ¿es razonable la exigencia de la rectificación del rumbo económico, cuando justamente la principal crítica al gobierno nacional consiste en que se trata de un gobierno de empresarios y propatronal? ¿Es razonables hacerlo cuando ya han pasado varios meses del veto a la ley antidespidos, o la violación del acuerdo con los empresarios? Es como pedirle y esperar un favor... del patroncito.



El indice de paritaria propuesto por el gobierno revela con claridad, por si queda algún distraído, sus intenciones: golpear el poder adquisitivo de los asalariados, concentrar la riqueza aún más, y debilitar el mercado interno por vía de la reducción del consumo.

El curso inmediato de los acontecimientos será vertiginoso y decisivo para el futuro de todos, en especial para el triunviro. Y una prueba de fuego para la consigna de unidad de los trabajadores, después de la cual sabremos si se trata de la bandera que guiará el comportamiento de los dirigentes, o si quedará como una frase vacía. La crisis política del sindicalismo argentino es parte de la crisis de representación que abarca a toda la sociedad. Como hemos señalado desde el principio del ciclo macrista, el regreso a la dependencia nos hunde en la crisis generalizada en todos los aspectos de la vida colectiva. De ahí al enojo y la bronca, falta un paso. El título de esta nota podría remitir al lector a esa vieja consigna que llamaba a estar con los dirigentes a la cabeza, o con la cabeza de los dirigentes. El programa de la Corriente Federal de los Trabajadores es una guía, o bien el plan de lucha anunciado por el sindicalismo docente ante la agresión oficialista de no convocar a paritarias nacionales. Entre ellos y lo ocurrido hace horas, se encuentra el abismo sobre el cual hace equilibrio la clase trabajadora entera.

No hay nada perdido pero la situación es difícil y de nada sirve engañarse. Si el triunvirato se suicida políticamente, ¿quién convocará al paro y al plan de lucha? No solo la CGT todavía está a tiempo para ajustar las tuercas, sino también para revertir esta condición de vulnerabilidad en la que su conducción se metió sola o por presiones externas e internas. En las primeras, van a cuenta de los fines políticos del macrismo y del massismo, las dos alas del partido de la dependencia. De las últimas, hay que considerar que el Congreso Normalizador no solo contó con los cuestionamientos del neomacrista Venegas, sino también de Smata, Ferroviarios, Luz y Fuerza, Petroleros y Taxistas. La gravedad del asunto no consiste solo en el descubrimiento de la debilidad de la conducción cegetista, sino que su liquidación no garantiza de ninguna manera un recambio progresivo sino al contrario, podría ser la antesala de un espiral de defección y divisiones en donde el principal perdedor seamos los trabajadores y el movimiento obrero quede de esta manera en la picota de las oligarquías gobernantes. En esta coyuntura, los incidentes del fin del acto son apenas un juego inocente que solo ha servido para la rapiña mediática.

La recomposición de una dirección política del movimiento obrero organizado es indispensable para la formación del frente nacional, de cara al por ahora extraordinario y lejano desafío de ofrecer una alternativa capaz de dar una solución nacional al drama del ajuste y la dependencia. La prosecución de los reclamos gremiales y sociales solo pueden tener viabilidad en tanto confluyan en la integración de un gran y policlasista frente nacional de liberación. Mientras tanto, las autoridades nacionales continúan sin pausa, con su política antipatriótica, antidemocrática y propatronal, confiados en el refugio de los poderes económicos y la cobertura mediática. Para otro momento queda una descripción más precisa de la espesa realidad nacional.



El 8 de marzo.

Pero ahora digamos que la marcha de las mujeres tiene un enorme valor, tanto por su carácter incipiente -esta es la segunda-, sino especialmente por la fuerza y carácter progresivo que la exigencia de la igualdad de género informa en todos los aspectos de la vida social. Tal vez, el de las relaciones del trabajo sea el prioritario, por lo que se justifica ampliamente la participación sindical y el espacio que la condición de mujer trabajadora fue ganando en la convocatoria. También, será importante que este reclamo de democratización de las relaciones sociales sea acompañado por un criterio político superador que despeje cualquier aprovechamiento que el oficialismo intente. Se puede lograr si se levanta como uno de las principales banderas la denuncia de que la prisión de Milagro Sala tiene exclusivos motivos políticos y la exigencia de su libertad. Seguramente, mañana, será también una convocatoria masiva, en donde el pueblo trabajador, ahora con la conducción de las mujeres, volverá a expresar su voz por la igualdad y la democracia contra el actual regimen. Después de todo, con la dirección de las mujeres nos ha ido mejor.