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| Iciar Recalde, compañera del pensamiento nacional |
El movimiento nacional no es la representación del pueblo sino que es el pueblo mismo organizado. Históricamente, a consecuencia de sus fraccionamientos internos, avanzó el enemigo dispuesto a entregar el patrimonio nacional y destruir la Argentina. Uno de los yerros más graves del FPV, no me cansaré de decirlo desde hace años, fue y lamentablemente continúa siendo, la tendencia a la sectarización. El sectarismo de la conducción y sus adalides redujo progresivamente al kirchnerismo y dispersó conscientemente al peronismo. ¿Dónde se ha visto un movimiento nacional en el que no convivan de manera conflictiva y hasta contradictoria multiplicidad de tendencias, actores y fuerzas políticas y sociales distintas entre sí? Pero la lógica sectaria ve en lo que no es igual a sí mismo, y también en el disidente, un enemigo declarado y lo expulsa a patadas. Lógica que arrasó con aquel nostálgico 54 % del 2011. La reconstrucción de un frente de unidad con programa de liberación nacional debe pasar necesariamente y con urgencia por nuevos alineamientos en lo político y en lo sindical. Volver a sumar aliados, que es sinónimo de restárselos al enemigo. Y en esa labor hay que reconquistar TODO lo posible: buenos, muy buenos, mediocres, medio pelo y hasta trepadores y oportunistas. Todos son necesarios compañeros de ruta para combatir al enemigo antinacional que se ganó el favor electoral de nuestro pueblo que mayoritariamente eligió votar a un cipayo para deshacerse de nosotros. Si no revertimos la catástrofe del divisionismo amparada en un falso “pocos pero buenos” , no volveremos ni en 2019 ni nunca

