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sábado, 27 de febrero de 2016

La crisis de la izquierda latinoamericana. Por Emir Sader (Fuente:Pagina 12, 27/02/16)



Por Emir Sader

Se puede decir que hay dos izquierdas en América latina y que ambas padecen de crisis, cada una a su manera. Una es la que llegó a los gobiernos. Empezó procesos de democratización de las sociedades y de salida del modelo neoliberal y hoy se enfrenta a dificultades –de distinto orden, desde afuera y desde adentro– para dar continuidad a esos procesos. La otra es la que, aún viviendo en países con continuados gobiernos neoliberales, no logra siquiera constituir fuerzas capaces de ganar elecciones, llegar al gobierno y empezar a superar el neoliberalismo.

La izquierda posneoliberal ha tenido éxitos extraordinarios, aun mas teniendo en cuenta que los avances en contra de la pobreza y la desigualdad se han dado en los marcos de una economía internacional que, al contrario, aumenta la pobreza y la desigualdad. En el continente más desigual del mundo, cercados por un proceso de recesión profunda y prolongada del capitalismo internacional, los gobiernos de Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia y Ecuador han disminuido la desigualdad y la pobreza, han consolidado procesos políticos democráticos, han construido procesos de integración regional independientes de Estados Unidos y han acentuado el intercambio Sur-Sur.

Mientras tanto las otras vertientes de la izquierda, por distintas razones, no han logrado construir alternativas a los fracasos de los gobiernos neoliberales. Los casos de México y de Perú son los dos más evidentes, mostrando incapacidad, hasta aquí, de sacar lecciones de aquellos otros países, para adaptarlas a las condiciones específicas de los suyos.

¿En qué consiste la crisis actual de las izquierdas que han llegado al gobierno en América latina? Hay síntomas comunes y rasgos particulares a cada país. Entre aquellos están la incapacidad de contrarrestar el poder de los monopolios privados de los medios de comunicación, aún en los países en que se han aprobado leyes y medidas concretas para quebrar lo que es la espina dorsal de la derecha latinoamericana. En cada uno de esos países, en cada una de las crisis enfrentadas por esos gobiernos, el rol protagónico ha sido de los medios de comunicación privados, actuando de forma brutal y avasalladora en contra de los gobiernos, que han contado con sus éxitos en el gobierno y con un amplio apoyo popular.

Emir Sader
Ellos han escondido los grandes avances sociales en cada uno de nuestros países, los han censurado, han tapado las vidas nuevas que los procesos de democratización social han promovido en la masa de la población. Por otro lado, destacan problemas, aisladamente, dándole proyecciones irreales, difundiendo incluso falsedades, con el propósito de deslegitimar las conquistas logradas y la imagen de sus líderes, ya sea negándolas, ya sea intentando destacar aspectos secundarios negativos de los programas sociales.

Los medios han promovido sistemáticamente campañas de terrorismo y de pesimismo económico, buscando bajar la confianza de las personas en su propio país. Como parte específica de esa operación están las sistemáticas denuncias de corrupción, tanto a partir de casos reales a los que han dado proporción desmesurada, como en los casos de denuncias inventadas, por las cuales no responden cuando son cuestionados, pero los efectos ya han sido producidos. Las reiteradas sospechas sobre el accionar de los gobiernos produce, especialmente en sectores medios de la población, sentimientos de crítica y de rechazo, a los que pueden sumarse otros sectores afectados por esa fabricación antidemocrática de la opinión pública.

Sin ese factor, se puede decir que las dificultades tendrían su dimensión real y no serían transformadas en crisis políticas, movidas por la influencia unilateral que los medios tienen sobre sectores de la opinión pública, incluso de origen popular.

No es que sea un tema de fácil solución, pero no considerarlo como un tema fundamental a enfrentar es subestimar la mayor debilidad de la izquierda: la lucha de las ideas. La izquierda ha logrado llegar al gobierno por el fracaso del modelo económico neoliberal, pero ha recibido, entre otras herencias, la hegemonía de los valores neoliberales diseminados en la sociedad. “Cuando finalmente la izquierda llegó al gobierno, tenía perdida la batalla de las ideas,” dijo Perry Anderson. Tendencias a visiones pre-gramscianas en la izquierda han acentuado formas de acción tecnocráticas, que creyeron que hacer buenas políticas para las personas bastaría para producir automáticamente una conciencia correspondiente de apoyo a los gobiernos. Se ha subestimado el poder de acción en la conciencia de las personas de los medios y de los efectos políticos de desgaste de los gobiernos que esa acción promueve.

Otro factor condicionante, en principio a favor, después en contra, fue el relativamente alto precio de las commodities durante algunos años, de que los gobiernos se aprovecharon, pero no para promover un reciclaje en los modelos económicos para que no dependieran tanto de esas exportaciones. Para ese reciclaje habría sido necesario formular y empezar a poner en práctica un modelo alternativo basado en la integración regional. Se ha perdido un período de gran homogeneidad en el Mercosur, sin que se haya avanzado en esa dirección. Cuando los precios bajaron, nuestras economías sufrieron los efectos, sin tener como defenderse, por no haber promovido el reciclaje hacia un modelo distinto.

Habría que haber comprendido también que el período histórico actual está marcado por profundos retrocesos a escala mundial y que las alternativas de izquierda están en una posición defensiva. De que lo que se trata en este momento es de salir de la hegemonía del modelo neoliberal, de construir alternativas apoyándose en las fuerzas de la integración regional, en los Brics y en los sectores que dentro de nuestros países se suman al modelo de desarrollo económico con distribución de renta, priorizando las políticas sociales.

En algunos países no se ha cuidado debidamente el equilibrio de las cuentas públicas, lo cual ha generado niveles de inflación que han neutralizado en parte los efectos de las políticas sociales, porque los efectos de la inflación recaen sobre los asalariados. Los ajustes no deben ser trasformados en objetivos, pero sí en instrumentos para garantizar el equilibrio de las cuentas públicas y eso es un elemento importante del éxito de las políticas económicas y sociales.

Aunque los medios hayan magnificado casos de corrupción, no se puede negar que no hubo control suficiente de parte de los gobiernos respecto al uso de los recursos públicos. El tema del cuidado absoluto de la esfera pública debe ser sagrado para los gobiernos de izquierda, que deben ser los que descubran eventuales irregularidades y las penalicen, antes que sean los medios opositores quienes lo hagan. La ética en la política tiene que ser un patrimonio permanente de la izquierda. La transparencia absoluta en el manejo de los recursos públicos tiene que ser una regla de oro para los gobiernos de izquierda. El no haber actuado siempre así hace que los gobiernos paguen un precio caro, que puede ser un factor determinante para poner en riesgo la continuidad de esos gobiernos, con daños gravísimos para los derechos de la gran mayoría de la población y para el destino mismo de nuestros países.

Otro problema de esos gobiernos es que el rol de los partidos oficialistas no ha sido bien resuelto en prácticamente ninguno de esos países. Como los gobiernos tienen una dinámica propia, incluso de alianzas sociales y políticas, de centroizquierda en varios casos, esos partidos debieron representar el proyecto histórico de la izquierda, pero no han logrado hacerlo, perdiendo relevancia frente al rol preponderante de los gobiernos. Así se debilita la reflexión estratégica que va más allá de las coyunturas políticas, la formación de cuadros, la propaganda de las ideas de la izquierda y la misma lucha ideológica.

Nada de eso autoriza a hablar de fin de ciclo. Las alternativas a esos gobiernos están siempre a la derecha y con proyectos de restauración conservadora, de carácter netamente neoliberal. Los gobiernos posneoliberales y las fuerzas que los han promovido son los elementos más avanzados de que los que dispone la izquierda latinoamericana actualmente. Funcionan también como referencia para otras regiones de mundo, como España, Portugal y Grecia, entre otros.

Lo que estamos viviendo es el final del primer período de la construcción de modelos alternativos al neoliberalismo. Ya no se podrá contar con dinamismo del centro del capitalismo, ni con precios altos de las commodities. Las clave del paso a un segundo período tienen que ser: profundización y extensión del mercado interno de consumo popular; proyecto de integración regional; intensificación del intercambio con los Brics y su Banco de Desarrollo.

Además deben ser superados los problemas apuntados anteriormente. Antes que nada se impone crear procesos democráticos de formación de opinión pública y dar la batalla de las ideas, cuestión central en la construcción de una nueva hegemonía en nuestras sociedades y en el conjunto de la región.

Hay que construir un proyecto estratégico para la región, no solo de superación del neoliberalismo y del poder del dinero sobre los seres humanos, sino también de construcción de sociedades justas, solidarias, soberanas, libres, emancipadas de todas las formas de explotación, dominación, opresión y alienación.

lunes, 28 de diciembre de 2015

¿DE ALIADOS A RIVALES?, Por Emir Sader (Fuente: Página12, 28/12/15)


Emir Sader

Lo que más asustó en la primera aparición pública internacional formal de Mauricio Macri como nuevo presidente de Argentina fue su insistencia en plantear el tema de Venezuela, exactamente en la forma que lo hace Estados Unidos. Fue una novedad. Nunca ningún país lo había hecho. La evaluación que hizo sobre Venezuela podría haber encontrado coincidencias con las de algunos de los otros gobiernos, pero la decisión de hacer de ese tema, en esos términos, la primera propuesta del nuevo gobierno argentino, a sabiendas de que no tendría posibilidad de aprobación, ni siquiera apoyos, representa la postura de introducir y destacar los elementos de diferencia y de conflicto en el seno del Mercosur.

La pregunta que pasaron a plantearse otros gobiernos es si el nuevo gobierno argentino se propone representar los intereses –hoy aislados y debilitados– de Estados Unidos en los procesos de integración regional y presentarse como alternativa a Brasil para Estados Unidos en la región.

La consolidación y extensión de los procesos de integración regional han tenido su eje solido en las excelentes relaciones de amistad, coincidencias y hermandad entre los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner con los de Lula y Dilma. No habría mejor manera de debilitar esos procesos que afectar la alianza estratégica entre los gobiernos de la región. El desempeño de la nueva ministra de Relaciones Exteriores no le ayudó para nada a Macri en su aparición pública, indigna de la importancia que la política exterior argentina había adquirido, levantando dudas sobre cómo ese gobierno se comportaría frente a temas tan trascendentales como los fondos buitre y las Islas Malvinas.

Muy lejos habían quedado los tiempos en que los países del continente –en especial las tres economías más grandes, Argentina, Brasil, México– tenían que renegociar sus deudas externas con los acreedores y no contaban con solidaridad de los otros gobiernos. Así, los acreedores ponían a unos gobiernos en contra de los otros, haciendo concesiones a unos, cuando alguno de los gobiernos se encontraba con más dificultades, para aislarlo todavía más.

Nos hemos acostumbrado, desde la elección de Néstor y de Lula, al período de mejores relaciones entre los dos países, puestos en disputas desde finales del siglo XIX, como potencias adversarias y concurrentes. En el período inaugurado por Néstor y por Lula las buenas relaciones políticas entre los gobernantes permitieron resolver las divergencias existentes, dejando a un lado las disputas entre empresarios privados de los dos países, para promover, por encima de todo, la identidad y la confianza entre los dos gobiernos.

El factor externo que puede cambiar ese clima es el de las nuevas relaciones de Argentina con los Estados Unidos. Macri debe viajar a Estados Unidos y ser recibido por Obama, a quien no será difícil alimentar la vanidad del nuevo presidente argentino, encontrando formas de sugerir que tenga relaciones privilegiadas con Washington, empezando por acercamientos económicos. No serán “relaciones carnales” como las de Menem, pero algo similar, correspondiente a la situación de aislamiento de Estados Unidos respecto de América del Sur. Tentaciones de acuerdos económicos bilaterales, condenas sistemáticas a Venezuela, marcarían esas nuevas relaciones.

La situación no es tan simple para el nuevo gobierno argentino, porque no es posible compatibilizar tratados de libre comercio con Estados Unidos y el Mercosur, con el que la economía argentina tiene estrechos lazos, así como con la economía brasileña, para que permita algún tipo de ruptura radical por parte del gobierno de Macri.

Pero es posible imaginar que en Estados Unidos –con Obama o con algún gobierno todavía más conservador, demócrata o republicano– puedan empezar a soñar con tener a uno de los principales países de la región, inserto en los procesos de integración de América del Sur, un gobierno que defienda sus posiciones, como ocurrió en Asunción. Se produciría seguramente una polarización entre Argentina y Brasil –como ya se ha dado en esa reunión– y los dos países ejes de la integración regional dejarían de ser aliados para volverse rivales. Una posibilidad que no es simple de visualizar hoy día, pero que puede, en el futuro, conforme la situación política evolucionar en la región, volverse una realidad.

martes, 24 de noviembre de 2015

¿HACIA UNA NUEVA DERECHA EN AMÉRICA LATINA?, Por Emir Sader (Fuente: Página12, 24/11/15)

EMIR SADER


En medio a la euforia de toda la derecha latinoamericana con el triunfo de uno de sus dirigentes, Mauricio Macri, se ha intentado proyectar, de nuevo, la idea de que ello abre un nuevo período histórico en la región, marcado por el ascenso de una nueva derecha.

Desde el triunfo de Hugo Chávez, seguido por la irrupción de otros líderes de izquierda en América latina como Lula, Néstor y Cristina Kirchner, Evo Morales, Rafael Correa, Pepe Mujica, que la derecha intenta encontrar candidatos que la renueven. Sebastián Piñera en Chile, Alvaro Uribe en Colombia, Enrique Peña Nieto en México, estuvieron entre esos nombres, además de los candidatos opositores que fueron derrotados en elecciones. Un lugar que ahora pasa a ser ocupado por Mauricio Macri, dado que los tres anteriores han fracasado.

¿Pero la elección argentina proyecta una nueva derecha en América latina?

Hubo una nueva derecha cuando ella asumió la ideología y los proyectos políticos y económicos del neoliberalismo. Agotado el período histórico marcado por el desarrollismo, la respuesta neoliberal aparecía como una alternativa. A la crisis del socialismo y del Estado de Bienestar Social se respondía con la crítica del Estado, con la exaltación de la centralidad del mercado y de las empresas privadas. Así la derecha, por primera vez, pretendía aparecer como lo moderno, lo nuevo, tildando a la izquierda como lo jurásico.

Esa fue una renovación de la derecha, cuyos protagonistas fueron Carlos Menem, Fernando Henrique Cardoso, Alberto Fujimori, Carlos Andrés Pérez y Carlos Salinas de Gortari, entre otros.

Ahora la situación es distinta. El propio modelo del empresario de éxito, que debiera ser el mejor administrador del Estado, personificado en Piñera, ha fracasado. El no tenía nada de nuevo que proponer, más que el retorno al modelo neoliberal puro y duro. Lo mismo ha pasado con los otros candidatos a renovar a la derecha.

Las propuestas de los candidatos opositores a los gobiernos progresistas en Uruguay, en Brasil, en Venezuela, en Bolivia, en Ecuador, reposan siempre en políticas neoliberales. Conscientes del apoyo popular a las políticas sociales prometen mantenerlas pero en el marco de políticas económicas neoliberales, una convivencia imposible. Para esas políticas la prioridad son los ajustes fiscales, en desmedro de los recursos para las políticas sociales. Como nunca habían ganado elecciones, los candidatos de la derecha no tuvieron que pasar por la prueba de la realidad.

La elección de Macri para presidente de Argentina es la primera oportunidad que la derecha tiene para probar que puede compatibilizar políticas económicas neoliberales con el mantenimiento de las políticas sociales desarrolladas en los últimos doce años en Argentina, que él, en la fase final de la campaña electoral, se comprometió a mantener.

En el caso de que lo logre, contra toda lógica económica y social, tendremos una nueva derecha, que no solo promete mantener las políticas sociales en el marco del modelo neoliberal sino que lo hace en la práctica. Caso contrario –como se puede prever–, prevalecerá la lógica económica de los ajustes y las políticas sociales –consideradas como costo, como gasto de recursos– serán postergadas, como una amenaza al equilibrio de las cuentas públicas.

Hasta ahora todos los intentos de renovación de la derecha latinoamericana han chocado con el modelo neoliberal, un marco del cual no ha salido ninguno de los nuevos gobernantes y, por ello, han fracasado.