Mostrando entradas con la etiqueta Notas Horacio Verbitsky. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Notas Horacio Verbitsky. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de marzo de 2016

EL ESCARMIENTO, Por Horacio Verbitsky (Fuente: Página12, 06/03/16)

Horacio Verbitsky

El trámite de ingreso al pabellón femenino 3 de la Unidad Penal de Alto Comedero, en las afueras de San Salvador, es engorroso: hay que sortear dos mesas de entradas, donde se controlan los documentos de los visitantes y se cotejan con unas tarjetas de cartulina donde constan los nombres de las personas que cada detenida ha autorizado. O donde deberían constar, porque a menudo faltan nombres que fueron consignados y el excluido debe volverse a casa. Luego es el turno de la requisa, que puede ser humillante o formal según el humor de quien la realice y la condición social y racial del requisado. A mí apenas me palparon, como se hace en los aeropuertos, pero a un pibe morocho le hicieron quitar hasta el calzoncillo. A otro de piel más clara le abrieron las humitas que traía en una bolsa de plástico. Durante quince minutos el guardia cortó con una tijera cada piolín, abrió cada una de las chalas en cruz y separó la masa de maíz, que pasará pasará en este cicatero Martín Pescador, mientras las pancas de la mazorca, como el último que quedará en el juego infantil, fueron retenidas por la autoridad. Le pregunté al guardia qué amenaza para la seguridad constituían las chalas.

–Si las secan, con estas hojas pueden hacer la yisca. ¿Usted sabe lo que es la yisca? –me preguntó sobrador.

–Claro –le contesté para ocultar mi ignorancia.

–Y si las hierven hacen la chicha –agregó el yuga.

Al trasponer la reja me recibió Milagro Sala, con un jogging y un buzo blanco, como las canas que matizan su pelo bien oscuro. Le transmití la solidaridad del CELS, que está haciendo todo lo posible para que cese su arbitraria detención. En un abrazo fuerte y lento me agradeció y me dijo al oído:

–Sí, sáquenme de aquí, por favor.
Con la música a otra parte

Nos sentamos con ella y su familia a una larga mesa con dos bancos bajo unos árboles en el amplio parque de pasto ralo de la cárcel. Al rato comenzó a llover y entramos mesa y bancos a un comedor que las reclusas mantienen bien limpio. Cuando conté la imagen vejatoria que había visto en la requisa, que el visitante soportó rescatando con sus dedos la masa que quedaba adherida a las pancas para comerla ahí mismo, me explicaron que la yisca es la ceniza que se mastica junto a la hoja de coca y acelera su efecto.

También pregunté por la tela negra que obstruye la visión de la ruta que lleva al barrio de la Túpac, a pocos minutos del penal. El 20 de febrero, Milagro cumplió 52 años. Muchos tupaqueros quisieron saludarla, pero los horarios de visita son restringidos: sólo miércoles, sábados y domingos, de 14 a 18. Milagro es la jefa de una familia numerosa, con hermanos, hijos, nietos, que no quieren perderse un minuto de su compañía. Mientras ella habla, su nuera le acaricia el pelo, la besa, su hijo da cuenta en forma sistemática de una pizza y sus dos nietos con equipo deportivo de River Plate retozan en el parque. Además no se admiten más de doce visitas simultáneas por detenida. La larga cola de los que aguardan para entrar sólo avanza con cuentagotas a medida que se retiran algunos de los que pasaron antes. De modo que para festejarle el cumpleaños, un grupo de tupaqueros trajo un mariachi a la ruta. Desde el otro lado del alambre le dieron una serenata. Para impedir tan grave afectación a la disciplina el gobierno del contador Morales ordenó colocar la tela negra que me había intrigado.

Cuando le pregunté por los dos emisarios del presidente Maurizio Macrì que le plantearon que pidiera la prisión domiciliaria, Milagro fue categórica:

–No voy a someterme a esa extorsión. La prisión domiciliaria es para los genocidas. Yo no he cometido ningún delito y sólo acepto la libertad.
Como a Tupac Amaru

“Nos están desmembrando, como a Tupac Amaru”, dice con pesadumbre Raúl Noro. Este hombre blanco, canoso, de hablar pausado, conoció a Milagro Sala cuando el diario La Nación de Buenos Aires, del que era corresponsal, lo destinó a cubrir las tremendas movilizaciones sociales de hace dos décadas. Pese a todas las diferencias se enamoraron y se casaron, primero por el rito andino, lo cual escandalizó a la buena sociedad jujeña, y luego también ante la ley argentina. “Extraño a mi Flaquita”, dice con expresión devastada, mientras muestra la casa que comparten en el centro de San Salvador, una típica edificación de clase media, amplia, sólida y sin lujos, que un periodista dado a la hipérbole y el oficialismo, se animó a comparar con el Palacio de Buckingham.

En cada cuarto hay retratos de Eva Perón, del Che Guevara y de José Gabriel Condorcanqui, descuartizado en represalia por la gran rebelión indígena del siglo XVIII contra el colonialismo español. Los mismos tres rostros están impresos sobre los tanques de agua de las 4500 viviendas construidas por la organización en el barrio Alto Comedero, en las afueras de San Salvador, a cuya entrada un cartel lo describe como “El Cantri de la Tupac Amaru”. Sea en serio o en broma, estas cosas alimentan la exasperación de las clases altas y el sistema político por el crecimiento de formas de organización popular que acaban con el clientelismo y la marginalidad.

En cuanto se ingresa en ese lote de 150 hectáreas, de tierra arcillosa e inundable, que los cooperativistas sanearon para levantar allí un barrio único en el país, se perciben los efectos de la división propiciada por el gobierno: está cerrada la fábrica de bloques y adoquines, que fue fundamental para el crecimiento de la organización, y un grupo de hombres apostados junto a un par de camionetas controla cada movimiento, con actitud desafiante, porque están entre aquellos que el contador Morales consiguió quebrar, con la combinación de promesas y amenazas que caracteriza su gestión. Más allá, algunos lotes vacíos han sido intrusados por familias que se instalaron en carpas precarias, de las que nadie los corre porque ésa es la provocación que el gobierno ha montado para justificar mayor represión. Al revés, son funcionarios oficiales los que asaltan las viviendas de los cooperativistas. El Instituto de Vivienda y Urbanismo está en manos de Walter Morales, un hermano del gobernador, que las asigna a gente de su confianza. Los títulos de propiedad no los entrega la cooperativa constructora, sino el IVUJ y el municipio. Al volver de la huelga de hambre cuando detuvieron a Milagro, el tupaquero José Gómez encontró su casa ocupada. Cuando reclamó que se la devolvieran, le dispararon una bala de goma al estómago con una escopeta recortada de uso oficial. Quien la accionó era un miembro de la policía de Morales. Gómez quedó tendido en el suelo. El policía lo dio vuelta y le revisó los bolsillos, “a ver si tenía armas”.

–No, la tenés vos al arma –le respondió Gómez antes de desvanecerse.

Fueron precisas dos operaciones para que pudiera contarlo.
La provocación

A sus abrumados 72 años. Noro sólo se enciende cuando describe un día en la vida de su compañera, que comienza muy temprano en la mañana y se extiende hasta más allá de la medianoche, a un ritmo tan extenuante que sus colaboradores deben turnarse para seguirla. Noro come y duerme poco, y sus pantalones caídos acusan los cinco kilos que perdió desde que se la llevaron. Lamenta que su energía no le baste para suplir la ausencia de la Negra, como también la llama. A todos les pasa lo mismo. El gobierno lo sabe y por eso la primera tarea que se propuso al asumir la gobernación el 10 de diciembre fue descabezar a esa organización gigantesca que llegó a ser el tercer empleador provincial, después del Estado jujeño y del ingenio Ledesma. Esos son los tres protagonistas de esa historia, y ésa la clave de lo que se discute. Con el bipartidismo peronista-radical, Carlos Pedro Blaquier y el ingenio fueron el poder real en la provincia, que controló el Estado a través de gobernantes que antes fueron sus empleados, hasta que la Túpac Amaru expresó el descontento popular con el sistema político y logró organizarlo como no se ha dado en ningún otro lugar del país. En todos sus sitios hay carteles con frases de los tres númenes de la organización. “Campesino, el patrón no comerá más de tu pobreza”, proclama Tupac Amaru. “Endurecerse sin perder la ternura” es la consigna del Che. El repertorio de Evita es más diverso. Milagro me dijo que de noche aprovecha un rayo de luz que viene de afuera de la pieza que comparte con otras cuatro reclusas para leer.

Le pregunté qué leía. Desde que está detenida leyó tres veces “La razón de mi vida”, escrito por otra plebeya amada y odiada por igual.

También quise saber por qué el Perro Santillán la acusaba de promover la narcopolítica y la venta de drogas.

–Porque ésa es la línea de Morales. ¿Quién ha hecho más que nosotros para rescatar a los chicos de la marginalidad y la droga? –se enfurece.

–Pero ¿por qué el Perro?

–Hay que preguntarle a sus compañeros que lo echaron del PCR. Siempre hace lo mismo.

Cuando Blaquier tuvo que ejercer su defensa en la causa en la que fue procesado por el Apagón de Ledesma, que la Tupac recuerda cada año con una interminable manifestación, los muy organizados militantes de la Túpac se apostaron a cien metros del trayecto que debía recorrer para llegar al juzgado. Cuando llegó, dos miembros de la organización del Perro Santillán golpearon y sacudieron el auto del patrón.

–Son unos provocadores –dice Milagro.

Me cuenta que pese a ello Ledesma acusó a la Túpac y los medios lo reprodujeron como verdad revelada.

–Me he reunido con uno de sus gerentes y le he dicho que saben mejor que nadie que no hemos sido nosotros.

–Sí, pero ustedes tienen peso y nos dan visibilidad –le respondió.

Milagro deja constancia del efecto que tuvo aquel episodio en el juzgado:

–Blaquier se mandó a mudar, no volvió nunca más y consiguió que le tomaran declaración por videoconferencia en el Consejo de la Magistratura.
Palos por el culo

En el aeropuerto de San Salvador, un hombre grande, en ropa deportiva de muy buena calidad, se despegó por un instante de los hijos y nietos que celebraban su regreso para decirme:

–Vengo de México y cada persona que vi me preguntó por lo que le están haciendo a la Milagro. Usted verá la historia que le han inventado. Yo no me beneficié en nada y como puede ver soy de otro sector social –sobreabundó–, pero lo que ha hecho esta gente es extraordinario.

En el trayecto desde el aeropuerto a la ciudad le conté el diálogo a Raúl Noro.

–Uno por lo menos –comentó.

Su escepticismo sobre las posiciones de la clase media jujeña se nutre de los recuerdos de infancia, cuando en su propia familia se repetía como una lección de vida:

–Al negro y al mulo, palos por el culo.

Miguel Pereira es el interventor designado por el actual gobierno en Radio y Televisión Argentina. Es difícil imaginar que hoy le permitieran emitir el documental sobre la Túpac y su creadora que filmó en 2007. Chica de la calle, Milagro Sala comenzó su militancia la primera vez que estuvo en la cárcel, por una refriega con la policía. Allí organizó una huelga de hambre cuyo resultado fue que se permitiera cocinar a las presas, con mejor alimentación a igual costo. Al salir obtuvo un empleo municipal y participó en las masivas movilizaciones de ATE. Luego de cada acto, que comenzaba con gases y balas de goma policiales y terminaba con un cambio de gobernador, un grupo de chiquilines la acompañaba de regreso a su casa, ninguno con menos de seis hermanos, hijos de familias en situación precaria, en una de las provincias más pobres, carcomida por las enfermedades y el clientelismo. Todos cuentan que alternaban changas con choreos y consumían sustancias poco recomendables.

“Tenían restos de pegamento en la naricita”, dice Milagro. En forma gradual se fueron quedando con ella, que llegó a albergar a treinta en su casa. Los sorprendió con la propuesta de organizar en cada barrio un merendero (ellos le llaman con modestia una copa de leche) para los chiquitos más necesitados. Ése fue el rudimento de su organización, que creció en forma incesante. Al estallar la crisis de fin de siglo administraron con criterio social bolsones de comida y planes de ayuda monetaria, lo cual les permitió organizarse mejor e incluir a más personas. A partir de 2003, cuando Néstor Kirchner llegó a la presidencia con una política de incorporación de los movimientos sociales, recibieron planes para la construcción de viviendas de 54 m2, con dos habitaciones, cocina-comedor, baño y lavadero. Cada casa da empleo a cuatro personas, contra un puesto y medio cuando son construidas por empresas comerciales, y a un costo muy inferior. Aún así, con el excedente obtenido, todos los barrios tienen pileta de natación, cibercafé, telecabinas, minimercado y polideportivo con canchas de fútbol, básquet, hockey, rugby. También construyeron dos escuelas. Una fue bautizada Olga Arédez y la otra Germán Abdala, donde los trabajadores terminan sus estudios primarios o secundarios y obtienen títulos legales reconocidos por la provincia. Además del programa de estudios se dictan tres materias obligatorias: “Autoestima”, “Historia y cultura de Jujuy y de los pueblos originarios” y “Lucha del movimiento obrero”. Entre ambos colegios tienen 150 profesores, cuyos sueldos paga la organización. Allí asisten jóvenes y adultos, de 17 años en adelante. En una provincia con paternidad precoz, muchos jóvenes van con sus hijos. “No competimos con el Estado, nos metemos allí donde el Estado falló, como las villas”, dicen. Tiene biblioteca, laboratorio y sala de cómputo. Los fines de semana, los profesores realizan trabajo voluntario en los barrios más humildes de Jujuy cuenta Juan Manuel Esquivel, un profesor de filosofía responsable del sistema educativo tupaquero. Recién cuando fue candidato a diputado provincial los compañeros aprendieron el nombre de quien siguen llamando El Dire. Durante todos esos años las principales decisiones de la organización se adoptaron en asamblea semanal, de 900 delegados. La organización tiene unas 400 unidades barriales en Jujuy y está implantada en diecisiete provincias. Su estricta disciplina ha dado pie a las versiones sobre actitudes dictatoriales de Sala, que prohibió el consumo de alcohol y estupefacientes y dispuso que todos los trabajadores estudiaran, como forma de rescatarlos de la marginalidad. Con fondos del ministerio de Desarrollo Social se establecieron seis fábricas, que ya no dependen del Estado, y que emplearon a 600 ex desocupados. Varias produjeron los materiales para la construcción de viviendas pero también hay una textil, donde se cosen guardapolvos, jeans, etc. Todas ellas venden su producción al público. En dos centros de salud, atienden 42 médicos, farmacéuticos, bioquímicos, y enfermeros y funcionan una farmacia y un laboratorio. Adquirieron un tomógrafo y un mamógrafo y dos ambulancias de alta complejidad. La atención y los remedios son gratuitos. También construyeron el primer Centro de Rehabilitación para personas con enfermedades invalidantes o capacidades diferentes.

lunes, 14 de diciembre de 2015

EL ARTE DEL NOMEACUERDO, Por Horacio Verbitsky (Fuente: Página12, 13/12/15)

El discurso inaugural alerta contra la tentación de subestimar a Macrì. No sólo construyó un partido nuevo y sostuvo los liderazgos que le permitieron controlar el Poder Ejecutivo nacional, bonaerense y porteño. También se presenta como deportista y adalid de la honestidad, dejando en las sombras su carácter de hombre de negocios dudosos con el Estado, que les costó la carrera a varios de sus socios, desde Rousselot hasta Boggiano. Su viaje a Brasil, para reactivar los negocios de la famiglia


El primer olvido del presidente Maurizio Macrì fue la Patria, en la fórmula de su juramento, limitado a Dios, la honestidad y los libros sagrados. En correspondencia, se pronunció ante la Asamblea Legislativa por “un nacionalismo más sano”, frase trunca por la falta del término de comparación. ¿Más sano que cuál? La misma discreción tuvo su promesa de sostener “todos nuestros reclamos soberanos”, que tampoco especificó, “sin que eso impida un normal relacionamiento con todos los países del mundo”. No parece el estilo de Susana Malcorra enviar ositos a los kelpers, pero es obvio que las Malvinas se perderán en las últimas páginas de la agenda, en línea con la célebre declaración de Macrì a este diario, cuando dijo que un país tan grande no necesita sumar el déficit adicional que implicaría la recuperación de las islas. El mal de la Argentina es la extensión, como decía Sarmiento y ridiculizaba Jauretche. Tampoco parece quedar espacio para la reivindicación contra las deformidades del sistema financiero internacional sobre la que giró la política exterior argentina en los últimos años. De hecho, el master Daniel Pollack ya recibió a un enviado oficial para discutir cómo se cumplirá el inaceptable fallo del juez de Wall Street Thomas Griesa. Peor aún, en su diálogo telefónico con Barack Obama, Macrì compró completo el breviario estadounidense para las relaciones con Subamérica: colaboración contra “el extremismo violento”, el narcotráfico, que según Malcorra sería “uno de los grandes temas de la agenda latinoamericana”, el cambio climático y “la agenda comercial y económica”. Mientras en todo el mundo se hace evidente que los bombardeos aéreos lejos de acabar con el terrorismo fundamentalista son su mejor cartilla de reclutamiento, incluso entre europeos y estadounidenses nativos, el gobierno de PRO se dispone a poner de nuevo al país en esa mira tremenda, como ya ocurrió dos décadas atrás.

Al dirigirse a los presidentes vecinos que lo escuchaban en la Asamblea Legislativa, el presidente dijo que creía “en la unidad y la cooperación de América Latina y del mundo”, colocando todas las relaciones en un mismo plano. No basta un picado con Evo para compensar tal indiferenciación, sobre todo cuando su ministra de Relaciones Exteriores comienza por decir que “el ALCA no es mala palabra” y Macrì acuerda con los empresarios paulistas apurar el tratado de libre comercio Mercosur-Unión Europea. Lo mismo que en su anunciado “apoyo a la justicia independiente”, en esas definiciones estaba implícita la referencia al gobierno que había concluido doce horas antes. Con la misma intención, sus voceros habían anunciado que el discurso inaugural no insumiría más de media hora, cuando el último de CFK ante la misma audiencia institucional, en marzo de este año, duró seis veces más.
Galería de espejos

Esa interpretación contrastante se multiplicó como en una galería de espejos en los análisis políticos de los medios que celebran el cambio como una cuestión de interés propio. Para eso son las columnas de opinión. Lo objetable está en los espacios informativos, que escamotearon la realidad de los hechos, con tal de despedir con abucheos adjetivos a la ex presidente. Pasaron por alto que al salir de la reunión posterior a la segunda vuelta, Macrì dijo que había acordado en forma cordial con Cristina los detalles de la transmisión del mando que sería, “como corresponde”, en el Congreso. Pero en la quincena transcurrida desde ese 25 de noviembre, cambió de idea, en buena medida por recomendación de un amigo peronista de toda la vida y de los aliados radicales, explicitada en la frase de su nuevo jefe, el intendente santafesino José Corral, de “no ceder a los caprichos de Cristina”. Se trataba de hacer una demostración de fuerza, que en realidad es de aprensión.

Como en los años de la guerra fría, cuando las dos superpotencias presentaban en forma caricaturesca al adversario y luego actuaban como si esa deformidad fuera un retrato hiperrealista, el nuevo presidente temía un abucheo, de La Cámpora en los palcos del Congreso y de una multitud kirchnerista en el trayecto a la casa de gobierno. El prejuicio, como la neurosis, es inmune a los datos de la realidad. Que el gobierno saliente cediera todas las entradas para la Asamblea Legislativa, que acordara lugares separados para cada fuerza en las calles y que ofreciera dejar el bastón y la banda en el Congreso no fue suficiente. Sin siquiera previo aviso Macrì recurrió a la Justicia para obturar el consenso y el diálogo que pondera de palabra. Lo hizo patrocinado por su amigo de toda la vida José Torello y por el abogado del Grupo Clarín y responsable de la fuerza de choque de la UCEP para el desalojo de indigentes del espacio público porteño, Fabián Rodríguez Simón. El disparate resultante refleja el desquicio que se instaló en estos años, a partir de la caprichosa relectura constitucional de Ricardo Lorenzetti, el primer presidente de la Corte Suprema en advertir que la división de poderes podía violarse también en el sentido opuesto al tradicional si antes se robustecía la autoconciencia corporativa del poder teóricamente más débil, sin bolsa y sin espada, según el anacronismo tradicional. Por si la medida cautelar no llegaba a tiempo, el Poder Ejecutivo había acordado con Lorenzetti que el presidente de la Corte encabezaría la ceremonia en el Salón Blanco. Primero Jorge Di Lello y luego la jueza María Servini supusieron que los constituyentes fueron tan estultos como para disponer en cada traspaso doce horas de aplicación de la ley de acefalía y decidieron sustituirlos, creando un asombroso frangollo institucional. Con funcionarios así, ¿quién necesita jueces o fiscales macristas?

Este episodio no pareció de 2015 sino de 2001/2002, y el recordatorio fue completo con la presencia frente al estrado de cuatro de los seudopresidentes de aquellos días amargos: Fernando de la Rúa y los senadores Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá y Eduardo Duhalde. Para que comenzara a oírse la música de fondo de entonces, que comenzaba con el estribillo “Que se vayan todos”, sólo faltaban los más astutos Carlos Menem y Eduardo Camaño. Quedó más que claro por qué CFK no tenía nada que hacer en ese rancio revoltijo. Otro que estaba fuera de lugar era Lorenzetti, pero no se daba cuenta. La insondable vanidad le dibujaba una incontenible sonrisa en los labios, prólogo del beso y el abrazo con el nuevo presidente, como si fuera uno más del gabinete de los CEO que juraría más tarde entre chanzas de estudiantina en el bellísimo Museo del Bicentenario, otro de los legados de una década impar. La imagen de neutralidad que conviene a Lorenzetti no se beneficia con el nombramiento del secretario letrado de la Corte, Gonzalo Cané, como secretario de Cooperación con el Poder Judicial de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Es curioso que el forcejeo protocolar no haya sido analizado más allá de su costado risueño, que se tornó desopilante con la aparición de un segundo y de un tercer bastón, la pugna entre los plateros Pallarols padre e hijo y la amenaza de depositar las insignias al pie del ícono lujanero. El empecinamiento oficialista por eludir al Congreso, donde su representación es parva, y llevar la ceremonia al fuerte gubernativo, bajo la mirada aprobatoria de Lorenzetti, transmite un mensaje simbólico: ése será el eje sobre el que girará el gobierno cuando concluyan los fandangos y rigodones con los ex candidatos presidenciales. La primera demostración fue el decreto de necesidad y urgencia para modificar la ley más debatida y con mayor respaldo social de la historia argentina, que regula los servicios de comunicación audiovisual, y la de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones.
Del rosa al amarillo

Después de escuchar a Macrì se comprende la brevedad: el sentido de sus políticas nunca estará cifrado en las palabras, que utiliza para velar y no para traslucir actos e intenciones: un océano de buenas intenciones y generalidades con las que nadie puede disentir y ni una palabra sobre las políticas concretas que conducirían a ese reiterado vivir mejor, como si bastara con desearlo. Si algo debe reconocerse al flamante jefe supremo de la Confederación Argentina es la congruencia entre su primer mensaje y las consignas de la campaña que lo llevó a esa posición: nada por aquí, nada por allí. Después de tantos años en los que el Poder Ejecutivo explicaba en detalle el sentido y las consecuencias de cada medida de gobierno, no hay dudas de que existe ahora “una visión nueva de la política”. El contraste fue patente en la media jornada transcurrida desde que Cristina se convirtió en calabaza y Macrì y Michetti mostraron el uso no convencional que su gobierno puede darle al balcón de Perón y de Evita, al que nunca osaron asomarse Kirchner ni su esposa. Nunca antes en la historia argentina un gobernante fue despedido por semejante muchedumbre. Las cifras son siempre discutibles, pero hay que remontarse muchas décadas hacia atrás para encontrar una concentración al mismo tiempo tan abigarrada y tan extensa, más propia de una inauguración que de una clausura y tan poblada de jóvenes. La desconcentración insumió más de una hora desde los fuegos artificiales y el saludo final de la ex presidente. Al día siguiente, sólo un tercio de plaza bien tupida, con mayoría racial, recibió a Macrì. El discurso de Cristina fue un repaso circunstanciado de las transformaciones que realizó su gobierno y un mensaje nítido para quien la sucede: están todas las condiciones dadas para que lo haga mejor aún. Lo reconoció incluso el nuevo ministro de Hacienda y Finanzas, Adolfo de Prat Gay, quien dijo que “la Argentina está en buenas condiciones”, sin urgencias. “Nos dejan una herencia complicada pero no se compara con otros momentos del país”. CFK dijo que podía mirar a los ojos a los 42 millones de argentinos y los instó que cada uno “tome su bandera y sepa que él es el dirigente de su destino y el constructor de su vida, que esto es lo más grande que le he dado al pueblo argentino: el empoderamiento popular, el empoderamiento ciudadano, el empoderamiento de las libertades, el empoderamiento de los derechos”. Un mensaje político e ideológico.

Macrì planteó “tres ideas centrales: pobreza cero, derrotar el narcotráfico y unir a los argentinos”. Agregó luego una “intención básica: combatir la corrupción” y “otro pilar de su gobierno”: revolucionar la educación pública. Esa es la agenda que reitera sin pausa el Papa Bergoglio, con quien Macrì intenta mejorar la relación. A eso apuntó también la ceremonia religiosa que pidió al cardenal Mario Poli al iniciar su mandato y la designación en la Sedronar del ex subsecretario de Salud Mental y Abordaje de las Adicciones de La Pampa, Roberto Moro. Según el diario pampeano La Arena, quien lo propuso fue Poli, quien entre 2008 y 2013 estuvo al frente de la diócesis de Santa Rosa. Este nombramiento no fue consultado con el Frente Pampeano que integró PRO. Uno de sus dirigentes, el diputado provincial socialista Luis Solana, se quejó por la designación de quien integró “el peor equipo de salud que tuvo La Pampa”, lo cual “demuestra que a veces el rango no está en función del mérito”. Si Moro fuera sólo inepto, sería un alivio ante la candidatura que no prosperó del ex vocero de Eduardo Duhalde, Eduardo Amadeo.

Además Macrì prometió decir siempre la verdad y universalizar la protección social a todos los chicos. Como este es uno de los saldos menos discutibles de la gestión anterior, la mera afirmación quebranta la promesa que la precede. Otro punto que intentó enfatizar fue que el país “no está dividido” y que pasadas las elecciones “todos debemos unirnos”. También se comprometió a cuidar desde el Estado a los que menos tienen y convocó “al arte del acuerdo”. Sólo le faltó decir que para un argentino no hay nada mejor que otro argentino, como el Perón del 73. Pero aquel presidente volvía después de 18 años de proscripción y exilio forzoso a un país devastado por las dictaduras. Regresó a la presidencia con el mayor porcentaje de votos de la historia nacional y estaba dispuesto a sacrificar muchos puntos de su programa histórico en aras de una concordia tan necesaria como improbable. Macrì obtuvo apenas unas décimas por encima de los dos puntos porcentuales de ventaja sobre un gobierno de doce años, que no pudo presentar por restricciones constitucionales su candidatura natural y que le deja la mejor situación socioeconómica que haya recibido cualquier presidente de la democracia argenta. Pese a ello ha constituido un gabinete económico fundamentalista y corporativo, cuyas políticas conducen a la confrontación que el discurso rechaza. Si los hechos también tienen algo que decir, durante su administración porteña no mostró inclinación por el arte del acuerdo: Macrì fue el gobernador que más leyes vetó en el país y Cristina la presidente que menos vetos y decretos de necesidad y urgencia firmó. Es imaginable el asombro de las generaciones futuras y la dificultad que tendrán para entender cómo una presidente tan respetuosa de los límites políticos e institucionales de su poder pudo ser vilipendiada como autoritaria y caprichosa en los términos soeces que se hicieron comunes en estos años. Tampoco es un hecho menor que Macrì haya sido el primer presidente que asume el cargo con una grave cuenta pendiente, en la causa por las escuchas ilegales en la que está procesado por el juez Sebastián Casanello, y que tratará de saldar con ayuda del ahora denominado fiscal independiente Jorge Di Lello.

Un exceso de retórica

Subestimar a Macrì sería un error grave. Pese a su torpeza expresiva y a la chatura conceptual de sus mensajes, ha sido capaz de construir una carrera política que lo llevó en pocos años desde la empresa familiar a la presidencia. Para ello creó un partido político nuevo, que reclutó su personal en las universidades privadas, las empresas y las ONG y reemplazó los modos de la militancia y la comunicación. La Universidad Católica se jactó de que Macrì y de sus principales colaboradores son egresados de sus carreras (Ricardo Buryaile, Ricardo Negri, Alfonso de Prat Gay, Pedro Lacoste, Germán Garavano, Santiago Otamendi, Andrés Ibarra, Guillermo Dietrich, María Eugenia Vidal, Ramiro Tagliaferro y Javier Ortiz Batalla). “Y después dicen que la Universidad Torcuato Di Tella copó el gobierno”, dice un profesor de la UTDT.

En el último año Macrì mostró además un carácter que no se le conocía, cuando se jugó a todo o nada detrás de Horacio Rodríguez Larreta en la interna porteña y de María Eugenia Vidal en la elección general bonaerense, claves de su éxito en la contienda presidencial. No subestimarlo pero tampoco tomar al pie de la letra sus palabras. Su primera ciudadanía es la del país del no me acuerdo. En su discurso ante el Congreso, dijo que tanto “en el deporte” como en el gobierno porteño había formado buenos equipos, pero con notable prudencia, omitió cualquier mención a su actividad principal, como hombre de negocios dudosos con el Estado.

Su anunciado programa Pobreza Cero es en primer lugar un exceso de retórica. Pobreza Cero no hay en ningún lugar del mundo y nadie siquiera se la propone. El cotejo con lo sucedido durante su gobierno porteño es elocuente. La pobreza se redujo en todo el país, pero en la Ciudad Autónoma en menor proporción, pese a que es la más rica del país. Según el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz, entre 2003 y 2014, en el Área Metropolitana de Buenos Aires salieron de la pobreza 27 de cada 100 habitantes y de la indigencia 15 de cada 100. Pero este promedio se descompone entre los datos de la Ciudad Autónoma y los de los partidos del Gran Buenos Aires que integran el AMBA, y ahí se aprecian las diferencias. Mientras dejaron de ser pobres 32 de cada 100 bonaerenses del conurbano, en la Capital esta buena noticia sólo alcanzó a 13 de cada 100. Respecto de la indigencia, la reducción en el Gran Buenos Aires benefició a 15 de cada 100, y en la Ciudad a 4 de cada 100. El desempleo en la Ciudad también es más elevado que el promedio nacional y la cantidad de población en villas de emergencia se incrementó un 50 por ciento. La revolución educativa que se produjo en estos años en la CABA consistió en la subejecución del presupuesto votado por la Legislatura y la derivación de recursos de la educación pública a la privada. También se incrementó la mortalidad infantil, mientras descendía en el resto del país.
Bromas de mal gusto

Tanto el alegado combate contra la corrupción como las promesas de honestidad y sinceridad parecen una broma de mal gusto. Durante la campaña electoral, Macrì dijo que le había pedido a su amigo y socio Nicolás Caputo que no licitara una sola obra en la Ciudad y que las que terminó eran las licitadas cuando el jefe de gobierno era Jorge Telerman. Es un deliberado engaño: no ganó licitaciones Caputo S.A. pero sí SES SA, en la que el testigo de boda de Macrì tiene la mitad de las acciones y cuyos contratos con el gobierno porteño se multiplicaron por diez. El ex diputado bonaerense de la Coalición Cívica Libertadora, Walter Martello, reprodujo una frase significativa del balance del Grupo Caputo: “Se aguarda para el 2015 una solución rápida del conflicto con los holdouts que permita revertir la actual tendencia negativa en el nivel de actividad”. Martello sostiene que Caputo le aconsejó a Macrì pagar a los fondos buitre todo lo que ordenara Griesa porque tenía entonces en ejecución una cartera de obras para la Ciudad y la Nación por 1500 millones de pesos. Desde que asumió en 2007, el gobierno de Macrì en la CABA acumuló más de doscientas denuncias por delitos tan variados como estafa, asociación ilícita, abuso de autoridad, violación de deberes de funcionario público, enriquecimiento ilícito, falsificación de documentos públicos, amenazas, abandono de personas, omisión maliciosa y falsedad ideológica en su declaración jurada patrimonial ante la Oficina Anticorrupción, lavado de activos y peculado. Así como Sebastián Piñera aprovechaba cada contacto bilateral con CFK para plantear los reclamos de la línea aérea LAN en la Argentina, Macrì utilizó su primer encuentro con Dilma Rousseff para solicitar que se reviviera el crédito del banco brasileño de desarrollo para el soterramiento del Ferrocarril Sarmiento. Piñera era el principal accionista de LAN y aunque había colocado esas acciones en un fideicomiso, seguía gestionando a favor de la compañía chileno-estadounidense. Del mismo modo, Macrì tiene interés directo en las obras del Sarmiento, que están a cargo de un consorcio integrado por la constructora brasileña Odebrecht, la española Comsa, la italiana Ghella y la argentina Iecsa. Las dos últimas forman parte del grupo que conduce el nuevo jefe de la famiglia Macrì, el primo Angelo Calcaterra, hijo de la hermana de Franco y Tonino Macrì, María Pía

EL MENSAJE DEL DIABLO, Por Horacio Verbitsky (Fuente: Página12, 13/12/15)


Carlos Manfroni

Patricia Bullrich designó en la subsecretaría de articulación legislativa del ministerio de seguridad a Carlos Manfroni, quien dirige una Fundación de Etica Pública y un curso en la Universidad Católica auspiciado por la embajada de Estados Unidos sobre reglas contra la corrupción, es columnista del diario La Nación, reclama mano dura por la “hiperinflación de inseguridad”, objeta el criterio de la Corte Suprema sobre los crímenes de lesa humanidad y participa en las actividades del servicio de información de la embajada de los Estados Unidos, USIS. Durante la dictadura militar fue columnista en el mensuario surrealista Cabildo. Por la Nación contra el caos. Estas son algunas de sus opiniones, publicadas allí:

- La democracia y la libertad son productos de la hedionda Revolución Francesa, que para peor también fabricó el amor a la Humanidad, puro onanismo intelectual.

- Es una herejía pensar que la autoridad suba de abajo hacia arriba, mientras que, en la organización de la Iglesia, el poder desciende de arriba hacia abajo.

- El progresismo es un infeccioso mal.

- El materialista pueblo judío instruye a los hijos de Sión para consquistar el poder. El progresismo lleva el estigma del temporalismo judaico y masónico.

- La música rock es el movimiento “artístico” más subversivo, anticristiano, antimetafísico y contracultural de todos los tiempos.

- El ritmo destemplado exacerba las pasiones contra el espíritu y crea un estado hipnótico en este lavado cerebral.

- Toda deformación de la cultura debe ser considerada subversiva y, como tal, erradicada.

- La “filosofía” del rock conduce al deseo desesperado de la muerte e induce al suicidio, como lo demuestran las letras de las canciones de Charly García, Spinetta y Moris. Ofrece la posibilidad de convertirse en un animal o un marica.

- El rock es anticristiano y transmite mensajes satánicos, que pueden escucharse cuando se pasan al revés ciertas canciones, como “Congratulations” de Pink Floyd. El mensaje secreto del diablo dice “comunícate con el viejo”.

- Uno de los máximos exponentes de satanismo es el grupo Kiss, cuyos integrantes se maquillan de una manera diabólica. “Todos ellos, como tantos otros, son homosexuales y drogadictos.”

Lo que no encontré fue ningún artículo de Manfroni sobre Freddie Mercury y el grupo Queen.