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jueves, 12 de mayo de 2016

Se largó la temporada de despidos y suspensiones El derrame tiene nombre: desocupación, Por Juan Carlos Junio (Fuente: La tecl@eñe, 10/05/16)



Se largó la temporada de despidos y suspensiones

El derrame tiene nombre: desocupación



La orientación ideológica de Cambiemos tiene por fin reinsertar a nuestro país en la matriz neoliberal de negocios y exclusión que opera a escala global hegemonizada por las corporaciones financieras, sostiene Juan Carlos Junio. Se trata de una transformación radical en el modo de regulación estatal y de relacionamiento con el mundo cuyos ejes pasan por la aplicación descarnada de las políticas neothatcherianas, el libre mercado y la subordinación irrestricta a la diplomacia y a los intereses de las potencias hegemónicas capitalistas.



Por Juan Carlos Junio*

(para La Tecl@ Eñe)


En los últimos cinco meses las políticas gestionadas desde el gobierno macrista con sus ministros, representantes directos del “círculo rojo”, se sucedieron vertiginosamente. En paralelo, se verificó una violenta ofensiva de la asociación mediático-judicial, tendiente a deslegitimar al anterior gobierno, con la viscosa “herencia recibida” y, en última instancia, a cualquier práctica que apunte a la continuidad de las políticas de distribución de ingresos y de estímulo al consumo y al mercado interno.



Esta orientación no sorprende, ya que apunta a reinsertar de lleno a nuestro país en la matriz neoliberal de negocios y exclusión que opera a escala global hegemonizada por las corporaciones financieras. Se trata de una transformación radical en el modo de regulación estatal y de relacionamiento con el mundo. Los nuevos ejes pasan a ser la aplicación descarnada de las políticas neothatcherianas, el libre mercado y la subordinación irrestricta a la diplomacia y a los intereses de las potencias hegemónicas capitalistas.



En el plano de las relaciones con el mundo se destacan la rápida apertura de las importaciones, la eliminación de las regulaciones cambiarias y el reciente acuerdo con los fondos buitre. La estrategia propone ganar la “confianza” de los mercados, que arrimarían sus inversiones, mientras que la generación de empleo vendría luego, por añadidura. Este perimido razonamiento ortodoxo de “efecto derrame” fracasó en la Argentina de Menem, de la Alianza, y en la Europa del presente su aplicación tiene efectos sociales desastrosos. La experiencia indica que la volatilidad cambiaria y los elevados pagos de intereses por la deuda, ahora nuevamente acrecentada, aumentan el déficit fiscal, y con ello surgen las presiones para un mayor ajuste interno. O sea, el círculo vicioso típico del modelo de los grandes oligopolios multinacionales, las sociedades rurales y los financistas.



La fuerte recesión de la actividad económica de los países centrales y la desaceleración de las economías emergentes y en desarrollo indican que se trata de una estrategia funcional a los centros de poder mundial, ya que las potencias capitalistas están urgidas por colocarnos su producción excedente, lo cual repercute negativamente en toda la producción nacional, particularmente en la actividad de nuestras PyMEs. En resumen: en el corto plazo se viene la timba financiera y la caída de recursos destinados a defender el trabajo y la producción.



A nivel interno, la eliminación y quita de retenciones implicó allanarse rápidamente a las exigencias de la Sociedad Rural, transfiriéndole una enorme riqueza del Estado. En la misma línea, se inscriben la suba de las tarifas y la eliminación de los controles de precios, tras lo cual las corporaciones formadoras de precios desataron una violenta remarcación. Estas decisiones amplificaron los impactos de la devaluación, desmintiendo aquella temprana advertencia del actual ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay del mes de noviembre, de que los precios no aumentarán, ya que estaban en el valor del dólar ilegal de entonces, cercano a los quince pesos. Se inauguró así una primera fase de recomposición de la tasa de ganancia de los grandes grupos empresarios a costa de las mayorías que perciben ingresos fijos. Las autoridades denominan eufemísticamente a este proceso “reacomodamiento de precios relativos” y sostienen que “los resultados están produciéndose y que aún queda mucho por hacer”. En buen romance, significa que para cristalizar y avanzar incluso más aún en este reparto, es imprescindible la generación de un sustancial bolsón de desocupados que presione sobre la conducta de los que tienen trabajo.



La estrategia es deliberada y opuesta a la gestión del anterior gobierno, que generaba herramientas de estímulo del mercado interno y que en los momentos de crisis priorizaba la defensa del trabajo actuando decididamente contra los despidos. Las estadísticas son contundentes y muestran que durante el lapso 2003-2015 el desempleo pasó de cerca del 20% al 5,9%, muy lejos del supuesto fracaso que intenta mostrar el nuevo gobierno.



La política laboral del gobierno de CEOs de las multinacionales es clara. El rechazo del Pro y del radicalismo a la ley antidespidos es la cruda demostración de que el macrismo está decidido a ser el gobierno de los ricos y las grandes empresas. Algunas de sus últimas medidas no buscan solucionar los problemas de fondo, sino que son apenas paliativos. El proyecto del plan Primer Empleo, que se basa en la reducción de aportes patronales, es una herramienta que fracasó en el mundo entero y en particular aquí en los años noventa, ya que no aportó en nada a la generación de nuevas fuentes de trabajo y, en cambio, favoreció la desfinanciación severa de la seguridad social.



Desde mediados de noviembre a la fecha los despidos suman más de 140 mil, una cifra impactante si se tiene en cuenta que la desocupación a finales de 2015 estaba algo por encima del millón de personas. Ahora, sin la necesidad de recurrir al malabarismo de los tiempos electorales, el gobierno se sinceró al afirmar que se sentiría cómodo con un desempleo a partir de los dos dígitos. Los despidos en el sector público marcaron inicialmente el pulso y el comienzo de la temporada de cesantías y suspensiones también en el sector privado. Prat-Gay había sido el primero en sincerarse al señalar, unos meses atrás, que “cada sindicato sabrá dónde le aprieta el zapato y hasta qué punto puede arriesgar salarios a cambio de empleos”.



Afirmando esa línea de pensamiento, el editorial de La Nación del 26 de abril reclama la flexibilización laboral y la tercerización “que crean modalidades atractivas para generar nuevo empleo”, a la vez que rechaza “la centralización de las negociaciones de salarios y de las condiciones de trabajo entre un sindicato único por actividad y la representación sectorial empresaria”. O sea propone abiertamente la eliminación de las paritarias.



En el plano de la política, la primera gran movilización social de hace un par de semanas y la iniciativa parlamentaria que puede generar una importante derrota política al macrismo, conforman un nuevo momento; un punto de inflexión que da inicio al protagonismo del pueblo como eje de la construcción de una fuerza política social y electoral, que frene al aluvión de la derecha conservadora contra las mayorías populares.



Buenos Aires, 10 de mayo de 2016



*Secretario General Partido Solidario

Director del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”

lunes, 28 de diciembre de 2015

¿LA DERECHA ES DEMOCRÁTICA?, Por Juan Carlos Junio (Fuente: Tiempo Argentino, 28/12/15)

Juan Carlos Junio

El carácter y el fin último de la democracia como sistema de organización de la sociedad vuelven a instalarse en el debate público a partir de las acciones del nuevo gobierno. La experiencia histórica ha demostrado que en ningún país capitalista civilizado existe una democracia en abstracto, ya que siempre está condicionada y amalgamada con el poder económico y cultural dominante. Así es que se genera una lucha entre los poderes fácticos y las mayorías populares y las fuerzas políticas y culturales que los representan, a partir del derecho inalienable del pueblo a defender sus conquistas.
Mauricio Macri avanza precipitadamente aplicando su programa de gobierno. Algunas de sus medidas ratifican ciertos anuncios preelectorales y otras, por el contrario, resultan flagrantes contradicciones con lo prometido en campaña.
En el plano económico, la quita de retenciones a los grandes propietarios y exportadores agrarios, la devaluación, la anunciada eliminación de subsidios a los servicios públicos y de transportes, la apertura al ingreso de productos extranjeros, las acciones orientadas a un abrupto endeudamiento y el fuerte incremento de las tasas de interés expresan la materialización de una transformación regresiva del modelo de acumulación y distribución de la riqueza implementado por el kirchnerismo.
En el campo institucional, el nuevo presidente se aleja cada vez más del mentado republicanismo declamado en la campaña y del respeto por las instituciones: el intento de remover autoridades con mandatos constitucionales y legitimados por el Parlamento, el nombramiento de jueces de la Corte violentando las leyes, y una andanada de decretos como modo de ejercicio del poder han afirmado una tendencia continuadora de la conducta política de Macri en sus ocho años como jefe de Gobierno. El literal asalto a la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual, violando la ley vigente, constituye una agresión al orden constitucional y violenta los declamados principios de respeto a la división de poderes. El afán de subordinarse al poder de Clarín, potenciando, aún más, el negocio de las transnacionales de la comunicación y cerrándole el paso a otras voces, va deslizando al gobierno hacia la impunidad, sin trepidar ni importarle la ley y todo valor democrático. La política de “seguridad” en materia de protesta social augura la creación de dispositivos represivos que contrastan flagrantemente con la política pública que rigió (no sin obstáculos ni tensiones) en los últimos 12 años.
En la esfera de las relaciones internacionales también se registra un cambio de rumbo sustantivo, al promover la incorporación de Argentina a la Alianza del Pacífico, e impugnar al gobierno legítimo de Venezuela allanándose a la estrategia del hegemón norteamericano.
Las palabras y los hechos entran, así, en contradicción. Aquellas medidas que impulsaban una redistribución regresiva del ingreso se cumplieron sin demora ante el aplauso exaltado de las minorías triunfantes.
Muy distinto es lo ocurrido en otros planos. El ejemplo más crudo es el de la temeraria promesa de “pobreza cero”. Este eslogan fue sepultado de inmediato con medidas que proyectan el deterioro del salario real, el incremento sustancial del desempleo y la desfinanciación del Estado, combo que sólo puede tener como efecto la multiplicación de la indigencia y la pobreza. Se sabe: la ampliación de los niveles de desocupación y desigualdad constituyen clásicos mecanismos disciplinadores de las posibilidades de los trabajadores de defender sus derechos.
El diálogo que fue presentado a la sociedad como un estandarte del cambio tampoco está siendo un rasgo constitutivo del Poder Ejecutivo. En la realidad, actúan con las conductas opuestas a aquel discurso, fundamentalmente con el uso abusivo de decretos presidenciales e ignorando al Parlamento.
El accionar político del gobierno macrista obliga a repasar la concepción ideológica de la democracia, ya que como forma de organización del poder no reconoce una única definición.
La visión liberal de la democracia surgida como expresión de la modernidad capitalista, opuesta a las monarquías absolutas feudales, está asociada al cumplimiento de cánones institucionales: división de poderes, límites temporales en el ejercicio de los cargos, participación ciudadana en la elección de sus representantes. O sea, todo el andamiaje clásico del espíritu de las leyes de Montesquieu, Rousseau, Diderot y otros fundadores de la doctrina moderna. Todo indica que el macrismo, incluyendo a cortesanos y jueces, se desliza a una zona política e institucional predemocrática.
Cierto es que en los últimos años asistimos en América a novedosas experiencias que apuntan a la construcción de procesos de participación popular en un proyecto colectivo de presente y futuro. Una visión del siglo XXI habla de democracias protagónicas con empoderamiento real de un sujeto colectivo, diverso y plural: el Pueblo, que reforma radicalmente las instituciones y las relaciones entre Estado y ciudadanos con nuevos derechos sociales.
Estas experiencias que se abren paso negando la anterior fase de democracias formales, que en lo económico y cultural actúan contra las mayorías, fueron generando inéditas ampliaciones, elevando la participación del pueblo en la cosa pública. En nuestro país, los niveles de conciencia y organización son relevantes, sustentados en la incorporación de valores generados en los avances sociales y culturales, los logros en derechos humanos, rol del Estado, integración latinoamericana y distribución de riquezas. Todos estos valores ya se han constituido en parte integrante del acerbo cultural de las mayorías.
Por su parte, Macri no parece ofrecer nada nuevo ni distinto al conservadurismo que se despliega en el mundo capitalista: pobreza, represión, desigualdad y exclusión.
Los efectos de las políticas reales sólo pueden concitar el rechazo de las mayorías sociales, como bien advirtió un trabajador de Cresta Roja, víctima de la represión de la Gendarmería: “Lo voté a Macri, mirá cómo me pagó”.
La derecha ha ganado una elección democráticamente, pero eso no quiere decir que sea democrática. Nuestra historia así lo demuestra y Macri sigue los pasos de ese rasgo constitutivo del poder tradicional.
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viernes, 11 de diciembre de 2015

MACRI DEVALUÓ ANTES DE ASUMIR, Por Juan Carlos Junio (Fuente: Tiempo Argentino, 11/12/15)


Juan Carlos Junio

Aunque había declarado lo contrario, finalmente el nuevo gobierno accedió a eximir del pago del Impuesto a las Ganancias sobre el medio aguinaldo a los salarios brutos inferiores a 30 mil pesos. Tales indefiniciones también se presentaron en otros temas, como la finalización de las políticas de administración de divisas ("terminaremos con el cepo el primer día"). La marcha y contramarcha confirma que los trabajadores y todos aquellos que perciben ingresos fijos, como los jubilados, serán la variable de ajuste sobre la que hará eje el nuevo modelo de los "promotores del cambio", que inevitablemente impactará en las pymes y en el conjunto de los sectores medios.
Ya antes de asumir, Mauricio Macri comenzó a montar el escenario para la primera fase de la recomposición de la tasa de ganancia empresarial. Resulta imprescindible para cualquier análisis económico político que se realice, recordar que el objetivo primero y excluyente para un gobierno de las corporaciones capitalistas, ya sean locales o extranjeras, es potenciar su tasa de ganancia. Para lograrlo siempre transitan por el mismo camino: fuerte devaluación, los formadores de precios suben todo y los salarios y jubilaciones quedan en la estacada. Tal es así que, tanto Macri como sus principales voceros económicos, no se privaron de anticipar la devaluación más anunciada de la historia. Sus declaraciones fueron la señal para motorizar una abrupta y significativa suba de precios "precautoria", la primera de una extensa serie de recomposiciones entre capital y trabajo que tratará de imponer este gobierno.
El nuevo ministro de Hacienda, Alfonso Pray-Gay, señaló que a mediados de enero se planteará un acuerdo amplio entre sindicatos y empresas en el que cada uno tendrá que "poner lo suyo", lo que podría traducirse como "ponen todos menos los ricos".
Los funcionarios ya comenzaron a "pedirles" a los empresarios representados en la Asociación Empresaria Argentina, el Foro Empresario y la Asociación de Bancos de la Argentina (paradójicamente, extranjeros) que retrotraigan los precios a los que regían a fines de noviembre. La receta recuerda al fallido intento de aquel ministro de Economía de Alfonsín, que les había hablado a los empresarios "con el corazón", mientras estos le respondieron "con el bolsillo".
Consecuente con estos cantares, el flamante ministro de Trabajo, Jorge Triaca (h), comentó que la intención de las nuevas autoridades políticas es que las paritarias incluyan la inflación futura y no la pasada, con la clara intención de restar capacidad de negociación a los sindicatos en las próximas paritarias. Como vemos, todos aportan al ajuste, aunque lo niegan en el discurso que los medios propalan. Cuando las autoridades comiencen a "unificar" el mercado cambiario –que en buen romance significa llevar el dólar oficial, que implica el 98% de las operaciones en divisas, al valor del ilegal, que importa el 2% de ellas–, la mentada "unificación" será una construcción ficticia para justificar la deseada devaluación.
La derecha viene a hacer lo que siempre pensó. Nadie puede imaginar que no llevarán a cabo con máxima determinación los planes e ideas que siempre proclamaron. Se abre un nuevo capítulo en el ejercicio real del poder al verse borradas prácticamente las líneas divisorias en torno a conceptos como Estado y mercado. En esta clave, las paritarias tripartitas, un concepto típicamente keynesiano, pasarían a estar compuestas por los trabajadores, de un lado de la mesa, mientras que del otro compartirían la silla el Estado y los empresarios concentrados, constituidos en un raro caso de unificación de los dos estamentos. Como diría un viejo luchador, quedará conformado un triunvirato de dos.
Con el transcurso de las horas el tan temido ajuste comenzará a adoptar un formato cada vez más real. Su magnitud dependerá, como siempre, de la reacción de los ajustados, o sea, de las mayorías sociales. En tal sentido es de esperar que la resistencia sea muy importante, teniendo en cuenta que la sociedad ha incorporado en estos 12 años valores relacionados con una más justa redistribución de las riquezas y mejora en sus niveles de vida, las que no serán resignadas por cantos de sirenas preparados en laboratorios de marketing.
La agenda de las élites cuenta con un horizonte de mediano y largo plazo, y apunta sin miramientos a derribar los pilares del anterior proyecto político, económico y cultural. Allí se inserta la retórica del nuevo gobierno respecto de la "desideologización" de la gestión y lo político, lo cual es un sofisma, ya que su base conceptual es falsa, por lo tanto toda su construcción también lo es. Estas ideas guardan similitud con aquellas "del fin de la Historia" de Francis Fukuyama tras la caída del bloque socialista. No se produjo tal evento, a pesar del enorme volumen propagandístico y cultural desplegado en todo el planeta.
Bajo el discurso de un pragmatismo eficientista, se oculta la intención de reconfigurar los dichos y la práctica política tras la visión neoliberal. Por ello no es trivial la frase de la nueva canciller, Susana Malcorra, quien sostuvo sin ponerse colorada: "el ALCA no es mala palabra". El planteo forma parte de un plan para alterar el contexto regional de integración con una visión antiimperialista, que condujo hace diez años a decir "No al ALCA". Esta arremetida discursiva que aborda la derecha deberá enfrentar el trascendente capital cultural incorporado en estos tres lustros de valoración de la historia y el destino común americano, no sólo en términos simbólicos, sino en todo lo relacionado con la unión comercial y productiva para enfrentar los desafíos de la época. Un "cambio" que conduce al retorno del endeudamiento de la Nación, al ajuste y a la perpetuidad de las condiciones sociales que sólo llevan al subdesarrollo, al retroceso y a la frustración.
El momento actual, a pesar de todas las incertidumbres que genera, es crucial para que el pueblo crezca como protagonista principal de la política y sobre esa base se constituya un gran bloque político, social y cultural que enfrente la agresión neoliberal contra las mayorías sociales y la soberanía de la Nación. Sólo sobre esa base se logrará poner freno a las pretensiones de las derechas vernáculas, que intentan sumarse al plan de las potencias mundiales para torcer el curso de la historia en Nuestra América.«

viernes, 20 de noviembre de 2015

SOBERANÍA O COLONIAJE, Por Juan Carlos Junio (Fuente: Tiempo Argentino, 20/11/15)

El Congreso de la Nación Argentina estableció, en 1974, el Día de la Soberanía Nacional.



El Congreso de la Nación Argentina estableció, en 1974, el Día de la Soberanía Nacional. El acontecimiento histórico que signó la elección de la fecha fue un nuevo aniversario de la Batalla de la Vuelta de Obligado, cuando el gobierno de Juan Manuel de Rosas enfrentó la intervención de Francia e Inglaterra, las dos potencias económicas y militares más grandes de la época, que desplegaban agresiones armadas en pos de su expansión comercial y que en aquella situación se propusieron imponer por la fuerza su interés en comerciar con las provincias, soslayando al puerto de Buenos Aires. Una vez más, las potencias intervencionistas vinieron a nuestra tierra a hacer valer sus intereses a cañonazos.
La respuesta heroica de nuestro pueblo no se hizo esperar. Fue un 20 de noviembre de 1845, hace ya 170 años. La conmemoración resulta oportuna, ya que conceptos como "soberanía nacional" no son definiciones establecidas de una vez y para siempre, sino una ardua materia de controversia, invariablemente condicionada por el espíritu y los intereses económicos y políticos de la época.
Como parte del continente americano, nuestros tiempos pasados –remotos y cercanos- están repletos de situaciones paradojales. Entre 1902 y 1903, una flota de buques europeos bombardeó el Puerto de La Guaira, tras la negativa del presidente de Venezuela Cipriano Castro de pagar la deuda externa del país bolivariano. Por aquella gravísima agresión, el entonces canciller argentino, Luis María Drago, formuló una doctrina por la cual ningún Estado extranjero podía atacar a un país por una deuda soberana. Esta concepción antiimperialista, y en defensa de la soberanía de nuestras jóvenes naciones, fue sostenida por el gobierno de Julio A. Roca, que construyó un Estado Nacional mirando a Europa y a EE UU y perpetrando el genocidio de los pueblos originarios, sobre el cual se montó la dominación de una oligarquía vacuna -con epicentro en la provincia de Buenos Aires- asociada a la burguesía portuaria. Su proyecto hegemónico requería también de leyes modernizadoras que legitimaran su dominio y la matriz cultural y educacional del país que iba modelando.
Otro caso notable lo expresó la dictadura genocida de 1976. Desde su poder empeoró todos los indicadores sociales y productivos, vació y reconfiguró el Estado como órgano represivo y de representación de negocios del capital extranjero, y devastó la industria nacional. Para el cumplimiento de esos objetivos utilizó un discurso de pseudo-nacionalismo rancio y oscurantista. La aventura de Malvinas coronó una contradicción ya insalvable llevada a cabo por un régimen que ensayaba una fuga hacia delante, intentando apoyarse en el histórico sentimiento popular acerca de nuestros derechos soberanos sobre las Islas. La rápida derrota reveló la incapacidad de librar batallas contra la fuerza militar de una gran potencia capitalista, apoyada por Estados Unidos. El episodio dejó ver una paradoja cruel: el régimen, que masacraba a una generación, lo hacía con una retórica chauvinista, apelando a la soberanía y la defensa de la Patria. Se hizo palpable el contraste de su accionar con la valentía de tantos patriotas en las guerras de independencia y otros momentos de nuestra historia, inspirados en ideales auténticamente liberadores como parte de una colectividad que siempre luchó en defensa de la verdadera soberanía: su territorio, su cultura, su pueblo y sus riquezas naturales y humanas.
La transición a la democracia tuvo como agenda sustantiva la recuperación de la libertad hollada en la represión, el miedo y la destrucción del tejido social y productivo. Los años noventa y el comienzo del 2000 vieron sucederse a los gobiernos de Carlos Menem y de Fernando de la Rúa. La política pública expresó una subordinación sin disimulos a los mandatos de corporaciones multinacionales y, muy especialmente, a las exigencias de la diplomacia norteamericana, que llamaron sin pudor "relaciones carnales". Aquel fue uno de los momentos más descarnados de la perversión y negación del ideario de país independiente de los poderes mundiales y locales.
Luego de la crisis de 2001, la soberanía como principio integral encontró en los años kirchneristas su más firme y consecuente construcción por parte del gobierno nacional.
Las políticas públicas reubicaron a nuestro país junto a los otros pueblos de América Latina y el Caribe, sustrayéndolos de la órbita de las potencias hegemónicas.
La política económica privilegió el mercado interno y el desarrollo de las PyMES, la atención prioritaria a los sectores más vulnerables y la recuperación del Estado Nacional con el fin de regular las relaciones económicas, distribuyendo riquezas con un sentido democratizador.
La política internacional tuvo dos puntos destacados: la defensa irrestricta de la reivindicación anticolonialista de Malvinas, ganando consensos y apoyos de muchos países; y una valiente y valiosa batalla contra los fondos buitre, la representación más extrema del capitalismo especulativo y usurario.
Otra expresión de construcción verdadera de soberanía fue el compromiso con el desarrollo de la educación y la ciencia a través de diversas manifestaciones: la repatriación de científicos formados en nuestras Universidades, la creación de un Ministerio de Ciencia y Tecnología, la ampliación sustantiva del colectivo de investigadores asignando recursos económicos y, como corolario, la creación de satélites, integrando al país a un selecto núcleo de ocho naciones con capacidad de plasmar estos emprendimientos de vanguardia.
El cambio de siglo fue la puerta de entrada a un proyecto de país cuyo rasgo distintivo es la recuperación y ampliación del ideario de soberanía nacional. Resulta necesario traer al presente estos elementos en momentos cruciales como los actuales.
También es siempre inspiradora la conocida invocación sanmartiniana: "Compañeros del ejército de los Andes: La guerra se la tenemos que hacer del modo que podamos: cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con la bayetilla que nos trabajen nuestras mujeres, y si no andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios: seamos libres, y lo demás no importa nada." De eso se trata una vez más, en tiempos revueltos en los que soberanía y coloniaje vuelven a confrontarse. «

viernes, 13 de noviembre de 2015

EL GRAN DESCHAVE DE CAMBIEMOS, POR JUAN CARLOS JUNIO (Fuente: Tiempo Argentino 13/11/15)

Juan Carlos Junio


En estos días asistimos a un "gran deschave", evocando aquella popularísima obra teatral de los años setenta protagonizada por Haydée Padilla y Federico Luppi. En lunfardo, "deschave" significa delatar a alguien o confesar un secreto oculto; algo que a tirones viene haciendo el macrismo, al deschavar sus verdaderos planes políticos, económicos y sociales.
La política económica que propone aplicar Mauricio Macri, de llegar a la Presidencia, ya empieza a expresarse en toda su crudeza. No viene acompañada por globos, papelitos de colores, ni por la famosa "revolución de la alegría" que declaman por todas partes los partidarios del extraño "cambio", que –a contramano del verdadero sentido de la palabra– sería un cambio hacia atrás, conservador, y no hacia el progreso basado en transformaciones del presente.
Uno de los primeros y reveladores apoyos al supuesto cambio macrista fue la inesperada mejora de la perspectiva de la nota de la deuda pública que efectuó la calificadora Moody's que avizora, de un día para el otro, una pronta "normalización" de las relaciones con los acreedores internacionales. Todo indica que los tecnócratas de la calificadora salieron a festejar a cuenta de una hipotética vuelta al festín de los mercados de deuda especulativos, al ya olvidado reloj del riesgo país que nos acompañó durante la anterior "Alianza", y a los condicionamientos que nos imponía el FMI, que definía en Washington las políticas jubilatorias, educacionales, de salud e, incluso, la previa aprobación del Presupuesto nacional por sus "afamados técnicos".
En otro plano, el deschave también resuena en las ideas cambiarias de Macri y sus asesores, quienes se esfuerzan para hacer creer que un dólar devaluado a los valores del ilegal no tendría impacto inflacionario. La aseveración no sólo fue refutada por la mayoría de los economistas del medio local, sino también por la propia realidad: esta semana se conoció que los grandes molinos están ajustando al alza el precio de la harina, anticipándose al superdólar de Macri y a la prometida liberación de los cupos a la exportación del grano. Según el presidente de la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (Apyme), Eduardo Fernández, "el sector de panificación, galletitas y fábricas de pastas recibió aumentos discrecionales aduciendo incertidumbre en el futuro valor del trigo". Lo cierto es que desde el sinceramiento devaluador de los referentes de Cambiemos, el trigo subió internamente a 25 dólares por tonelada; y este aumento se trasladó de inmediato a los precios mayoristas y minoristas de la harina y sus derivados.
Estos comportamientos típicos de los sectores monopólicos concentrados nos aproximan a ver claramente quiénes serán los beneficiarios y quiénes los perjudicados del mentado "cambio".
Pero además, el candidato presidencial conservador, en un rapto de sinceridad sostuvo: "Si supiera a cuánto va a estar el dólar (después del 10 de diciembre) sería premio Nobel." Con lo cual, dejó flotando una fuerte incertidumbre sobre un tema muy delicado para cualquier administración. Todo su relato con respecto a la cuestión cambiaria es una muestra de absoluta irresponsabilidad política, especialmente si se consideran los efectos perjudicales que tendría sobre el salario real de los trabajadores y, consecuentemente, sobre el mercado interno. Si bien no lo han dicho abiertamente, la medida complementaria sería el congelamiento de las paritarias con el pretexto de mejorar la competitividad empresaria para facilitar las exportaciones. Otro que contribuyó a despejar las brumas fue Alfonso Prat-Gay, para quien la liberación del "cepo" llevaría inexorablemente a una baja del dólar ilegal y a una suba del oficial, a niveles cercanos a los 16 pesos. El señor Prat-Gay nos está diciendo que harán una devaluación de por lo menos el 50 por ciento.
En la misma línea, todo indica que Macri colocará al frente de la política energética a Juan José Aranguren, quien fuera durante décadas jefe y vocero de la angloholandesa Shell, líder mundial en explotación petrolera, y sustento político de gobiernos y dictaduras que en todo el planeta se han impuesto con olor a petróleo.
Según Aranguren, para un país no es importante la soberanía energética, con lo cual rechaza de plano el principio básico de la ley de hidrocarburos votada por nuestro Parlamento para dejar de depender de las grandes corporaciones petroleras mundiales, entre ellas, justamente, la Shell. Así se entiende su interés por volver a privatizar YPF, en sintonía con el rechazo macrista en el Parlamento cuando se votó la reestatización; o su sentencia respecto de que cambiarán las políticas de subsidios a los combustibles, que benefician a millones de usuarios particulares y a dos millones de empresas nacionales, mayoritariamente pymes. Este aspecto de la visión macrista es uno de los más simbólicos: la Shell dirigirá YPF, nuestra empresa petrolera. Devaluación e incremento de tarifas sólo pueden generar un fuerte brote inflacionario, paradójicamente lo contrario de lo que Cambiemos expresa en sus panfletos.
Si el panorama no resulta todavía claro, podríamos incluir la piedra de toque que aportó otro de los economistas estrella del macrismo, Carlos Melconian, al hacer referencia a la inserción internacional y sostener: "La relación con EE UU es imprescindible (…) Institucionalmente me gusta jugar con los americanos. Nos recontraconviene." En pocas palabras, Macri se propone abandonar la apuesta por el Mercosur, la Unasur y la Celac, y volver a darles la bienvenida a acuerdos como el ALCA de George W. Bush, que frustraron hace diez años Néstor Kirchner, Hugo Chávez y Lula da Silva.
A esta altura del gran deschave, las pruebas se tornan irrefutables y no quedan dudas sobre el contenido que subyace en el prometido "cambio".
En contraposición, quienes creemos que es preciso seguir abonando la senda del desarrollo económico y social, distribuyendo riquezas, con una fuerte acción del Estado y la integración política y económica con nuestro continente, valoramos la línea de coherencia que expresó Daniel Scioli respecto de la vigencia de los logros de estos años kirchneristas y la voluntad de avanzar asignando más recursos a las políticas sociales, culturales y científicas a favor de los trabajadores y las clases medias, sosteniendo las políticas de defensa de la soberanía económica y de justicia social. «



viernes, 28 de agosto de 2015

CONSERVADORES VACÍAN EL DEBATE, POR JUAN CARLOS JUNIO (TIEMPO ARGENTINO, 28/08/15)

JUAN CARLOS JUNIO


Con la mira puesta en las elecciones de octubre que aprecian como la batalla decisiva, los núcleos orgánicos de la derecha conservadora intensifican su accionar con el fin de instalar una agenda tendiente a desmantelar la matriz de políticas inclusivas que el kirchnerismo impulsa desde el año 2003.

Con la mira puesta en las elecciones de octubre que aprecian como la batalla decisiva, los núcleos orgánicos de la derecha conservadora intensifican su accionar con el fin de instalar una agenda tendiente a desmantelar la matriz de políticas inclusivas que el kirchnerismo impulsa desde el año 2003. Un rasgo que se ha ido naturalizando es la coincidencia del discurso de los candidatos opositores con el de los grandes empresarios del Foro de Convergencia Empresarial, la Asociación Empresaria Argentina (AEA) y la Unión Industrial Argentina (UIA).
Basta cotejar las declaraciones del diputado del PRO Federico Pinedo, cuando dice: "Hay que tener políticas de Estado más que políticas de gobierno", y el documento "Bases para formulación de políticas de Estado", presentado por el Foro de Convergencia en julio de 2014, uno de los núcleos más representativos de la ortodoxia neoliberal, donde se argumenta sin eufemismos: "Nuestra aspiración es que existan políticas de Estado que trasciendan los diferentes períodos constitucionales de gobierno y el compromiso de mantener, gobierne quien gobierne, la institucionalidad, previsibilidad y certidumbre política y económica –en línea con estas propuestas—". Esa línea transita por el derrotero de la libertad de mercado, con sus esperables consecuencias en términos de exclusión y pobreza. En buen romance, exigen que las "trascendentes políticas de Estado" reflejen los intereses de los grandes empresarios, tanto de la burguesía local como de las extranjeras y, además, que se estructuren más allá de los pronunciamientos electorales del sistema democrático.
Esa conducta se infiere también de las recientes declaraciones de Federico Sturzenegger, un exponente puro de las políticas de ajuste y endeudamiento, quien al hablar de inflación afirmó: "En el tercer año de gestión vamos a bajarla del 30% al 4%", para lo cual, necesariamente, tendrían que ejecutar un fuerte ajuste de la actividad económica, como ya lo hizo cuando participó del equipo de Cavallo. También sostuvo que hay que unificar el mercado de cambios y que, de ser gobierno, van a "parar la entrada de capitales para que el valor del peso se mantenga". El locuaz exponente del neoliberalismo suele sincerar sus ideas, especialmente cuando expone en universidades norteamericanas. Queda claro que para el diputado del PRO, "unificar el mercado de cambios" quiere decir llevar el valor del dólar oficial al del artificioso dólar ilegal. O sea, una devaluación brutal.
La oposición acentúa su discurso reclamando "transparencia" en los comicios, en una conducta política negadora de la voluntad electoral, teniendo en cuenta que en las PASO la ciudadanía volvió a apoyar la continuidad del actual proyecto político-económico. Siguiendo la misma ruta del discurso de las derechas, Mauricio Macri sostuvo recientemente: "Espero que el 25 de octubre las cosas sean normales." Por cierto, este criterio de "respeto por las instituciones" no parece haberle importado cuando vetó 120 leyes aprobadas por la Legislatura o en ocasión de las escuchas telefónicas ilegales, por las cuales el alcalde se encuentra procesado.
Todo indica que el mentado debate no se propone discutir las verdaderas cuestiones de fondo que afectan a la Nación y a la vida del pueblo, y mucho menos lo concerniente a una mayor distribución de la riqueza a favor de las mayorías, tanto de trabajadores como de clases medias.
En cambio, resulta necesario afirmar los logros y profundizar las directrices que se vienen trazando desde el año 2003. Este rumbo que, lejos de ser lineal, logró mantener sus principales pilares con coherencia en sus metas, todo lo cual generó mejoras concretas para la mayoría de la población. Esta oleada de restablecimiento social favoreció también a sectores del empresariado concentrado que, a pesar de ello, reniega de una sociedad más inclusiva y prefiere competir en el mercado mundial por la vía de los menores salarios y sin un Estado que regule. Las mencionadas metas del ideario kirchnerista se sostuvieron en las distintas coyunturas, aún en los momentos de mayor tensión -tanto las fricciones en torno a la puja distributiva, como las que fue presentando el frente externo-. En este último aspecto no hay que dejar de mencionar los impactos de la crisis global, el acoso constante de los fondos buitre y, en lo doméstico, la presión permanente que ejercen los monopolios formadores de precios, para apropiarse de la renta de los consumidores y, de paso, denunciar la inflación que ellos mismos generan.
Durante este período, el papel dinamizador del Estado fue esencial para estimular la producción y el trabajo. La semana pasada el INDEC informó que la tasa de desocupación bajó al 6,6% en el segundo trimestre de este año, lo cual implica un descenso de casi un punto porcentual comparada con el mismo período del 2014 (7,5%), registrándose la creación de 143 mil empleos en esta etapa. Más allá de las versiones intencionadas que tratan de desmerecerla por medio de un presumible efecto "desaliento", que está lejos de verificarse, es la menor tasa de los últimos 18 meses y el registro histórico más bajo de todo el período abril/junio.
Cabe subrayar que la gran mayoría de los nuevos trabajos se localizaron en el Gran Buenos Aires, un dato con implicancias políticas evidentes, tal como lo dejó ver el título de Clarín "La desocupación bajó gracias al conurbano, según el INDEC" (19/8/2015). Y agrega: "En la provincia de Scioli se crearon 9 de cada 10 empleos en el último año". La noticia no hace más que ratificar que el trabajo es un eje principal de la política del actual gobierno, siguiendo aquel apotegma de que "gobernar es dar trabajo."
Un dato insoslayable en el marco de la crisis del sistema capitalista mundial es la repercusión en Argentina de la caída en la actividad económica de Brasil, nuestro principal socio comercial. El país hermano acaba de informar un desempleo para julio del 7,5%, es decir, 2,6 puntos más alto que un año atrás, mientras prosigue con la agenda de austeridad, ajuste y reformas sustentadas en conceptos de la ortodoxia económica.
Así es que tanto los empresarios en sus variados "foros" como las políticas de la oposición derechista continuarán con su prédica deslegitimadora; mientras tanto, se sostiene el crecimiento de la economía, el país se desendeuda y los ciudadanos incrementan sus niveles de consumo. «