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lunes, 14 de agosto de 2017

LA TRAMA HISTÓRICA DEL SECUESTRO DE SANTIAGO MALDONADO, Por Horacio González



El macrismo tiene pesadillas históricas que se evidencian en los deslices de su lenguaje que lo obligan a un estado de desmentida permanente. La Campaña al desierto y la dictadura militar del 76 están en una capa interna de ese lenguaje. La desaparición forzada de Santiago Maldonado es la cuerda más íntima que los poderes más oscuros han tocado fatalmente.



Por Horacio González*

(para La Tecl@ Eñe)


I



El macrismo no tiene historia, pero tiene pesadillas históricas. Lo sobrevuelan permanentemente. Se las puede encontrar en las frases truncas, los deslices del lenguaje, en el deseo apenas reprimido de decir lo que no hubiera querido decir. Pero eso está obligado a pasar varias horas del día en estado de desmentida. Debe a cada tramo del día, despertar de pesadillas y ensayar desmentidas entre espasmos de su conciencia adulterada. La Campaña del Desierto está en una capa interna de su lenguaje; pugna por salir atropelladamente como metáfora espuria. Lo mismo los bombardeos del 55 o las cacerías nocturnas del 76, incluidas las desapariciones forzadas. Esos acosos de formas nebulosas o nocturnales son el esqueleto permanente de sus espejismos. La república autónoma mapuche es otro arrebato onírico del Ministerio de Seguridad, el más cercano, desde el fin de la dictadura militar, a parecérsele en algunos rasgos evidentes del procedimiento de acusar a los fantasmas que hace décadas sobrevuelan las metafísicas del Orden. Nunca se abandonan la justificación de atrocidades con el lenguaje del encubrimiento, la distracción o la postulación de un heroísmo militar, con sus “excesos” de antemano perdonados, que “nos salve de los violentos”.



El sistema de poner protocolos a la represión, pero no precisar límites y permitir que sea difusa la actuación de los gendarmes –porque difuso es su lenguaje, que pretende tener reglas pero él vive de la excepción-, deja el ámbito propicio para que algún uniformado se sienta con la licencia para secuestrar o matar. Y con la conciencia de que esto es y fue así, les queda luego tejer la amplia franja de ocultaciones y disparates, para los que siempre está preparado el lenguaje oficial. La invención de un grupo subversivo indigenista sirve a ese propósito. No es nada imposible imaginar que sucedió en aquellas soledades, pues si hay pocos signos de lo verdaderamente ocurrido, sobran los vacíos y falencias de las justificaciones, para imaginar el modo sombrío en que sucedió todo. La Patagonia siempre fue un tema territorial, político y humano fundamental desde los tiempos de los españoles. Su misterio fue y es es el del ocultamiento de la sangre que allí fabrica el Estado.



No por haber tenido la Corona Española cierto grado de indiferencia, administrativa y política hacia ese gran especio humano, dejaron de haber cruce incesantes, violentos, tensos y de negociación clásica (canje de recursos por paz entre los nuevos ocupantes y los antiguos pobladores) durante los gobiernos coloniales, los de las primeras décadas de la Independencia, incluso los de Rosas, Mitre, Alsina. Especialmente en la Patagonia, con su multitud de etnias y poblaciones. Allí abundaron los pactos de no agresión, siempre efímeros, y las grandes expediciones de los pueblos radicados en el lugar, que llegaban con sus incursiones no sólo hasta Bahía Blanca o Tandil, sino a las cercanías de Buenos Aires. El término malón, envuelto en pavor y ansias de represión, es un acto de hostilidad, como todos los que cruzan la historia de la humanidad, en los tiempos que sean.



II



Si los españoles combinaron conductas de exterminio con hipótesis de negociación, no pasó nada diferente incluso con la campaña de Rosas, que aun en 1833 era portadora de la idea de indios definidos como amigos o enemigos. Los gobiernos distinguían. Del lado mapuche, también los distintos agrupamientos reproducían las mismas conductas “políticas”, los combates económicos para obtener recursos o la aceptación de la distribución de bienes y provisiones por parte de los sucesivos y frágiles gobiernos nacionales. No hubo momento antes o después de la batalla de Caseros, donde no hubiera involucramiento de pueblos indígenas con algunos de los bandos en pugna. El dominio de Calfucurá, ya sea que se le atribuya un amplio control territorial, unánime y homogéneo, ya sea que se lo vea como un jefe atrevido y capaz pero sin lograr nunca un conjunto de alianzas estables de los pueblos mapuches, podría observarse como una réplica de una dispersa monarquía parlamentaria, con una clara noción que enfrente suyo había una maquinaria poderosa, que iba organizado su economía anexando territorios sobre la base de una superioridad militar, estratégica y mercantil. El famoso cuadro La vuelta del malón, de singular dramatismo (Della Valle, 1892) retrata con admirable magia realista el modo económico llamado malón, su forma mercancía. Junto a la épica herética y la destrucción de un hogar, eran portadores de su inversa; formar otras familias, la de la Cautiva, y arrebatar objetos del burgués que se internaba en las pampas. El saqueo era el complemento inverso de la acumulación capitalista, desenvuelta en una cultura por cierto bien diversa.



Pero esta fundamental diferencia no es el tema, sino el modo en que el avance territorial del Estado Argentino contaba varios tentáculos, estrategias y cánones de expansión, que no parecía imposible que culminaran en la Campaña de Roca, -según Viñas, cerrando el círculo del primer desembarco de Colón-, campaña que ya había madurado durante todo el siglo, y tenía apenas como alternativa las murallas de Alsina. Parecían ridículas, pero tampoco la campaña roquista gozaba de las enteras simpatías de sus contemporáneos. Mitre deja oír sus dudas y otros políticos, incluso militares, proponen una política de colonias agrarias que Roca rechaza en nombre de un reparto territorial que está en la base de la gran propiedad terrateniente que marcó el futuro del país. Es el caso de Olascoaga, militar roquista, topógrafo de la Campaña, pero con muchos matices en sus opiniones literarias sobre “mapuches” y “araucanos”. Novelista y cronista, firma una de sus obras con el apelativo “Mapuche”.



La Patagonia, cuyo nombre proviene de la imaginación renacentista europea, albergó la gran leyenda de la Ciudad de los Césares, fundada por españoles que habrían naufragado en el estrecho de Magallanes. Pedro de Angelis se toma el trabajo de decir que nunca existió tal ciudad. En el fantasioso relato se trataba de españoles que se habrían salvado de un malón mapuche en la zona chilena de Osorno. Pero este simpático mito alimenta muchas conductas de la “cultura patagónica”. Así, no es “tan” fantasioso el proyecto del francés Antoine Orélie de Tunens, que hacia 1860 crea el Reino de Araucania, una monarquía constitucional al parecer con el acuerdo de varios lonkos mapuches, que no tuvo respaldo del gobierno francés. Es lógico, era una aventura sin duda comercial pero de un burlesco profetismo, y a pesar de denominar Nueva Francia a su empresa, luego que interviniera el gobierno chileno, su destino fue el de pasear por las tabernas de París para contar las peripecias de su Reinado y entregar eventuales títulos nobiliarios. Aunque el de Orélie Antoine de Tunens era una forma entre cómica y estrafalaria del colonialismo, se vistió de Mapuche e imprimió moneda. Sin ser un proyecto milenarista, el de Orélie Antoine recordaba algún tramo de la colonia utópica religiosa y militar fundada un poco después por Antonio Conselheiro, en el Nordeste brasileño, este sí un acto milenarista de vastas consecuencias, con el apoyo de una población campesina y mulata que al decir de Euclides da Cunha, era “la roca viva de nuestra raza”.



III



Lucio V. Mansilla, en “Una excusión a los indios ranqueles”, recuerda la “expedición” de Orélie Antoine y traza jocosamente un sueño en el que él repite la creación de una comunidad ranquel haciéndose nombrar Lucius Victorius. Su delirio le permite reírse de sí mismo, pero sus dieciocho días de cabalgata hacia Leuvucó son fundamentales para entender la trama de negociaciones del Ejército con las tribus, su incipiente antropología y su densidad histórica. En algún momento, ante una lenguaraz india de gran belleza, Mansilla cree entresoñar que cambiaría toda la historia argentina si ella fuese la Malinche que dominó el idioma de Hernán Cortés.

El jesuita inglés Tomas Falkner testimonió en el siglo XVIII los intensos modos de intercambio que se sucedían entre los asentamientos indígenas a ambos lados de la cordillera, e incluso observa que proveían de leña a las Islas Malvinas, en ese tiempo en manos sucesivas de franceses y españoles. Un siglo después, un enjambre de tratados de paz y comercio son firmados entre distintas congregaciones étnicas y diversos militares en nombre del ejército y del estado nacional, siendo un ejemplo el de Mansilla con Marianito Rosas, donde se razona de que así terminarían los malones y se avanzarían en el comercio racional en esos territorios. Los malones dice Mansilla, se originan en las actividades comerciales que provienen del sur de Chile. No obstante, en el parlamento nacional se objetan ese tipo de tratados con el argumento de que la Nación no puede firmar convenios con “otra parte” de la nación. He allí el problema.



IV



El fantasma chileno sobrevuela toda la cuestión indígena vista desde Buenos Aires, e incluso cuenta con el famoso episodio de los artículos “geopolíticos” de Sarmiento, que en tiempos de Rosas escribe un largo documento exponiendo la posibilidad de que Chile pueda esgrimir derechos sobre la Patagonia. Momento muy delicado de la acción del autor del Facundo. Escribe los artículos sobre la “Patagonia chilena” en el mismo diario donde publicará su obra cumbre sobre Quiroga “como ejemplar típico de la revolución de Mayo”. Luego será Presidente del país que incluía en su unidad territorial a la Patagonia. “Chile” fue siempre el espectro viandante de la Patagonia para las hipótesis de guerra del Estado argentino. Roca lo menciona en los fundamentos para iniciar la Campaña en el documento que firma con el presidente Avellaneda, presentado ante el Congreso. Había que concluir la unidad territorial geopolítica argentina. En lo que Bayer denominó la Patagonia Rebelde también para el ejército argentino los huelguistas eran “chilenos”. En Tierra del Fuego, las masacres de los selk´nams por parte del buscador de oro húngaro Julius Popper fueron el nexo entre la Campaña del Desierto y los fusilamientos en las huelgas de la Patagonia en 1921. Popper también hizo una crónica de sus andanzas, muy lejos del fino cronista que fue el coronel Manilla. Sus propósitos estaban a sideral distancia de la negociación, sí de la cacería; ni siquiera incorporó el manto protector salesiano que acompañó a Roca. A su manera Popper quiso fundar un “territorio autónomo fueguino”, suponiendo la aceptación de las autoridades de Buenos Aires. Tenía muy buena relación con el sucesor de Roca, Juárez Celman. No era un utopista majestático como el francés Antoine Orélie de Tunens.


V



Desde la Patagonia indígena, y los exploradores de todo tipo, con sus proyectos militares, puede verse el núcleo de fuerzas que hoy se condensan en la actual tragedia argentina. Hasta llegar a Santiago Maldonado. Hoy Benetton sucede a la aventura de Popper y con su conocida publicidad multirracial y rebordes siniestros enmascarados en un humanitarismo pop (de los años 90), supera con su millón de hectáreas patagónicas el germen del latifundismo roquista y el posterior de los Braun Menéndez, prolíficas alianzas familiares que llegaron a tener más hectáreas que hoy Benetton, que a excepción de un conocido cardiólogo discípulo de Houssay, es un apellido que se fusiona en la idea gubernativa macrista, a través de un no tan lejano parentesco con el actual jefe de gabinete. La industria lanar sustituyó al guanaco y ese fue el comienzo, iniciado el siglo XX, de la extinción lenta de los selk´nam, lo que incluía las jactanciosas cacerías de Popper.



Una última descendiente de ese núcleo también llamado onas, deja testimonios del idioma extinguido. Muerta hace unas décadas a edad centenaria, su voz es tomada por una discípula de Levi Strauss, Anne Chapman, no hace muchos años fallecida en París. La novelera interpretación de Patricia Bulllrich de que el movimiento ancestral Mapuche es una guerrilla separatista desconoce esta historia, aunque en los voladizos de su anegada memoria deben figurar episodios oscuros, apenas recordables, que su gusto por conspiraciones y acciones como las que hoy denuncia, le deben devolver a su actualidad, un pasado con indefinible marca de escarnio. Sus gestos militaristas reversibles, con sus anversos y reversos, la llevan a preservar un lenguaje vacío, virado como una media, lo que le permite decir que avizora indigenismos subversivos financiados desde el exterior para formar naciones étnicas, califatos miliares que amenazan a la argentinidad. Le asusta que apelen a una ancestralidad notoriamente más antigua que la del apellido Bullrich en nuestro país, que se remonta precisamente a la Campaña de Roca. Ésta juega en el inconsciente, rápido en aflorar, del ministro de educación, cuyos ancestros provienen de la casa de remates surgida a partir de la territorialidad expandida por el ejército roquista. Las interrelaciones familiares también llegan hasta Patricia Bullrich. ¿Importan algo estas genealogías, que son una matriz aturdida por los silencios de la historia nacional? 



VI



En principio hay una ancestralidad generada en la Argentina por varias capas históricas de sus oligarquías; una veta minoritaria sobrevivió a la batalla de Caseros –los Anchorena, los Álzaga- y otra mayoritaria se consolidó luego de la Campaña del Desierto, los Leloir, los Pereyra Iraola, los Martínez de Hoz. El peronismo, más que el irigoyenismo (que contó con el apoyo de una veta minúscula y segundona de la aristocracia rural, cfr. Alain Rouquié), irrumpió en la actuación de esos linajes en la gran economía y apenas le limitó los grandes negocios rescatando una porción para el Estado (el IAPI, etc.). Pero ya atravesaba, con vicisitudes cambiantes, todo el arco histórico nacional una nueva oligarquía –ya sin la habitualidad de ese nombre-, que partía de la Sociedad Rural, gran impulsora de la campaña del desierto, pero ahora, desde varias décadas atrás, con el despliegue político de los agro-negocios que se basan en el doble pinza de la soja con el glifosato junto a los nuevos métodos de siembra. Esto ha diversificado las estratificaciones del mando económico en la Argentina, cuya consumación por el momento adquiere el nombre de macrismo, articulación que se concibe de una temporalidad larga, de cuerpos condensados y entrelazados del aparato comunicacional, judicial y financiero. Los negocios de las tolderías contratistas, los casamientos de aventureros que se recortaban sobre el resto de las oleadas inmigratorias (en este caso la italiana), por sus ambiciosas coartadas y cálculos de mimetización con los grupos “ancestrales” –dicho esto un en sentido muy vago-, podían servirse de apellidos tradicionales estancados. Llegó rápido el aprendizaje del trato con las multinacionales de cada momento, la fuga de capitales hacia paraísos fiscales –terminología que ellos mismos utilizan-, y el surgimiento de estratos aventureros de las omertás del sur de Italia que ocupaban lugares que aspiraban a disputar con los Bunge y Born, los Dreyfuss y las cerealeras como la Casa Weil, hoy desaparecida, cuyo hijo, de simpatías con el luxembruguismo, aportó fondos para fundar el Instituto de Frankfurt. Sabemos quiénes son ejemplares en este rubro.



En cuanto a las fuerzas armadas, si se tiene en cuenta su composición social, desde mediados de siglo XX, predominan en los altos mandos oficiales de raíz inmigratoria, como alguna vez dijo preocupado Mariano Grondona. La aristocracia militar se deshizo finalmente con el terror de Estado, y un hombre con títulos modestamente heráldicos –familia de la antigua inmigración de comerciantes franceses, Lanusse-, marcó “internamente” parte de ese final con su posición adversa al terrorismo de Estado, lo que no lo exime de otras graves responsabilidades. Mientras la vieja clase agropecuaria se transmuta en CEOS u otras denominaciones de la utopía empresarial globalizada – gerentes de empresas petrolíferas, de cadenas de farmacias, de redes de supermercados en la Patagonia-, la elite intelectual de la ancestralidad mapuche daba una nueva generación que se lanzaba a la vida política influida por diversas fuentes conceptuales; nuevos indigenismos, ancestralismos de izquierda, teoría de los pueblos originarios, crítica a las etnicidades subalternas, ecologismos radicales. Lógicamente los políticos representativos de las diversas corrientes indigenistas, alegan una mayor antigüedad en la memoria poblacional y territorial que la de los terratenientes “originarios”, los inmigrantes y la de los gauchos, que según Borges no sabían que se llamaban así y que según Lugones, había que rendirles homenaje recién cuando –dice- se hayan extinguido como conglomerado humano.



Hasta mediados de los años 30 el Ejército conservaría su interés “geopolítico” en las poblaciones mapuches que habían sido derrotadas. Quién sabe si por sentir algún peso “ancestral” en su pasado, o si por creerse inmiscuido en una tarea específicamente militar, Perón hace un diccionario de toponimia araucana con voces mapuches que subsisten y explican los mojones de un territorio. Su pequeño diccionario, está pensado con simpatía hacia los vencidos.


VII



¿Qué es entonces la Argentina? ¿La Nación de Roca? ¿La Nación Mapuche? El macrismo puso nuevamente sobre la pizarra un fragmento que parecía sepultado de las neo-oligarquías que crean policías especiales, guardias de corps institucionales, aparatos privados y agencias represivas particulares, alianzas estrechas con dispositivos estatales armados, clandestinos o no. Brotan estas piezas del inconsciente histórico, visceral, invisible y recurrente, que tiene nuevos personajes -la supuesta guerra indigenista y el macrismo como una hipótesis represiva que crea horizontes implícitos regidos por amenazas genéricas que la represión empírica interpreta “a su manera” –pues esos hechos represivos “se dejan interpretar” como permisos específicos para llegar hasta las última consecuencias no escritas y cuyas huellas sangrientas el Estado mismo puede borrar. Y eso es precisamente lo que lo caracteriza como Estado. Es así que debemos concluir, con honda preocupación y tristeza, que ha ocurrido con el artesano trashumante Santiago Maldonado, que recorría la Patagonia como tantos viajeros de todos los tiempos en busca de su ciudad de los Césares.



De las narraciones de Hudson o Darwin a los contemporáneos Paul Theroux o Bruce Chatwin, la Patagonia es la fuente de grandes experiencias narrativas. No tenía porque no sentirlas Santiago Maldonado, testimonio del “homo sacer” producido por la barbarie macrista. Del macrismo se desprenden toda clase de micro-metáforas insidiosas, rebuscadas, dichas y actuadas por especialistas en embarrar esta escena y toda escena. Todas las técnicas de los servicios de informaciones están a su disposición; invertir los significados, echarle la culpa a las víctimas, presentar a los victimarios bañados por la luz del bien, ponerle una envoltura a los hechos graves para desviar o disolver el tratamiento del núcleo esencial del que importa hablar.



Se sugiere que Santiago es el culpable de su desaparición, a través de inventar un insensato Condado Mapuche Independiente entre Chile y Argentina, salido de los diagramas de sistematización de “delirios imprescindibles” de los sempiternos “Servicios”. Mientras cualquier agencia estatal hoy recluta datos vitales de toda persona, en las grandes operaciones corren el velo de lo ocurrido mediante una alucinación encuadrada en parámetros de ficticia verosimilitud, llevados hasta un abismo. Hay un proyecto de zonas liberadas en la Cordillera, recitan, pero para encubrir la gravedad de una desaparición por obra de una agencia del Estado. Esta pamplina se apoya en un estado real de discusión de los pueblos mapuches por sus derechos territoriales, no más, y todo cuanto piensen los funcionarios del gobierno que ven “subversión” por el solo hecho de escuchar la lengua mapuche –que muchos viajeros de décadas pasadas han declarado superior y de mayor plasticidad imaginativa que el inglés, el francés o el español-, implica que no ven dónde se hallan realmente los intentos de sustraer soberanía al país. Las explotaciones mineras de la Barrik, los convenios del macrismo con Gran Bretaña sobre Malvinas. ¡La Inglaterra que dicen que financia la hoz y el martillo tehuelche!



Hay una osatura de lúgubre videlismo en estas operaciones e ideogramas deliberadamente paranoicos. Van flotando en la oscura conciencia del gobierno y se las transfunde a la sociedad para advertir que no debe haber más demandas territoriales justas. Por otro lado, el debate sobre la violencia es universal y no parece contar hoy con fundamentos populares efectivos su uso contra extraordinarios y crueles poderes estatales. Pero de la manera que sea, el pretexto del gobierno referido a una supuesta organización indígena que desea apoderarse de ricas tierras (verdad invertida: son otros, son los emporios locales o internacionales lo que lo hicieron) no puede ser un hecho superior a la desaparición del joven Maldonado. Porque resurge ese sólido concepto, desaparición, del estado policial represivo instalado ahora con “sinceramiento” y “gradualmente”. Hay muchos hilos de la historia que se conectan aquí. Algunos quieren buscar la historia del macrismo en un antecedente frondizista. No convence. El antecedente, lo ancestral de este grupo, es su ligadura instintiva con la Gran Represión del inmediato pasado, sus planes económicos más restrictivos y los modos de gobierno entre reglamentarios y despóticos, actos protocolizados para darle racionalidad instrumental a la formidable reprimenda que están practicando en todos los sectores de la sociedad. Los que querían recrear la república terminaron en el charco totalitario de imaginar una republiqueta de césares indígenas lanzando molotovs.



La Argentina deberá ser una Nación de naciones; para ello es fundamental la aparición con vida de Santiago Maldonado, cuestión de urgencia trascendental que de no ocurrir revuelve visceralmente la historia del presente, bajo el foco disgregante y sórdido de un nombre: el de la ahora ministra de seguridad, que es la cara y ceca de un núcleo de pasiones circulares que pone un capuchón de luto sobre una historia conocida, parte de las múltiples ancestralidades de este país, lejanas o cercanas. Santiago Maldonado parece ser la cuerda vital que los poderes más oscuros han tocado fatalmente. Porque, o ser argentino es una fatalidad, y en ese caso lo seremos de cualquier modo, un modo torpe e indiferente que nos hunda en un circuito trágico, o ser argentino es una mera afectación, una máscara, que encubra hechos de sangre, o ser argentino será nuevamente construir el bastidor moral que devuelva vida a la vida y permita salir del zanjón sacrificial en que otra vez hemos caído.



Buenos Aires, 13 de agosto de 2017



*Sociólogo, ensayista, escritor. Ex Director de la Biblioteca Nacional.

lunes, 5 de junio de 2017

LA CUESTIÓN NACIONAL-SEGUNDA PARTE-, Por Mario de Casas



La cuestión nacional – Segunda Parte


En esta segunda entrega Mario de Casas aborda la caracterización de la cuestión nacional en Hispanoamérica hasta nuestros días, que no ha sido impulsada por el crecimiento de las fuerzas productivas de la sociedad burguesa, sino por un factor externo: La tajante división del mundo capitalista en un centro imperialista y una periferia colonial o semicolonial.



Por Mario de Casas*

(para La Tecl@ Eñe)


Por distintas razones, la nación como entidad no produjo su propio Tocqueville, Marx, Weber o Durkheim. Me refiero a un pensamiento social que la explicara, como ocurrió con la democracia, la clase o el capitalismo. Sin embargo el problema de las naciones que luchaban por su conformación como tales no dejó de preocupar a Marx y Engels. Si bien siendo jóvenes la teoría de la lucha de clases fue para ellos la clave excluyente para entender la historia -perspectiva claramente reflejada en el célebre Manifiesto del ’48- y llegaron a estar influidos por una cosmovisión eurocéntrica y, por lo tanto, en alguna medida cómplice del dominio de los países europeos más avanzados sobre otros pueblos, sus puntos de vista tuvieron después una notable evolución no sólo respecto de Europa, sino de un espacio mucho más amplio.



Es particularmente importante la posición que fijaron en lo que atañe a la cuestión de Irlanda. En este caso, llegaron a la conclusión de que no sería la revolución socialista protagonizada por los trabajadores ingleses la que crearía las condiciones para la liberación de Irlanda, brutal y secularmente oprimida por la burguesía inglesa, sino al revés: sería la revolución nacional irlandesa contra el colonialismo de la burguesía y oligarquía inglesas la que permitiría a la clase trabajadora inglesa liberarse de sus prejuicios nacional-chauvinistas que, en los hechos, se convertían en solidaridad con sus propias clases dominantes frente al oprimido pueblo irlandés.



Estas consideraciones tienen una importancia que trasciende la coyuntura de época y lugar, porque el surgimiento de los grandes monopolios y de la estructura imperialista ha producido lo que en su momento se denominó la “irlandización” del mundo, caracterización que reflejaba sin ambages una realidad que no ha hecho más que acentuarse hasta nuestros días y que se pretende velar con el eufemismo “globalización”: la alianza de hecho de las clases sociales del país imperialista frente a los pueblos oprimidos.



Ahora bien, tanto los casos de independencia nacional como los de unidad nacional tardía -Alemania e Italia- en la Europa del siglo XIX, también apoyados por Marx y Engels porque entendían que ése era el camino que conduciría al socialismo, se caracterizaron porque fueron procesos impulsados por la propia burguesía, acorde con el avance del capitalismo: un capitalismo maduro no se podía concebir con estructuras débiles–subnacionales-, aspecto al que me he referido en la primera parte de este trabajo al hacer mención de la necesidad de creación de los Estados nacionales.



En cambio, lo que ha caracterizado a la cuestión nacional en Hispanoamérica hasta nuestros días es que no ha sido impulsada por el crecimiento de las fuerzas productivas de la sociedad burguesa, sino por un factor externo: la tajante división del mundo capitalista en un centro imperialista y una periferia colonial o semicolonial. Este planteo fue desarrollado en el siglo pasado por los más comprometidos y claros exponentes del pensamiento nacional: Raúl Scalabrini Ortiz, Rodolfo Puiggrós, Jorge A. Ramos en su primera etapa, Eduardo B. Astesano, John W. Cooke, Jorge E. Spilimbergo, Juan J. Hernández Arregui, entre otros. Todos hicieron invalorables aportes a la comprensión y difusión de la contradicción fundamental que enfrentan los pueblos de nuestra América, cada uno con sus singularidades.



La periferia de la que formamos parte entra periódicamente en crisis como consecuencia de múltiples formas de opresión, económica, política e ideológica. No ha habido un crecimiento de la burguesía en el marco del orden capitalista -como clase que genere por lo menos los cimientos para la realización del objetivo estratégico de la unidad y efectiva independencia nacional latinoamericana-, sino una sucesión de crisis como consecuencia de esa relación de dependencia. Esto no quiere decir que no haya grupos económicos poderosos, incluso transnacionales con una importante base de operaciones en el país, como Techint.


A propósito del caso argentino, es indispensable hacer un poco de historia. En nuestro país el proceso de industrialización -único modo de acumulación capaz de convertirse en base para la maduración capitalista de una formación social- adquirió cierto desarrollo a partir de la crisis mundial de 1929. Pero ese proceso, forzado por las circunstancias y materializado a través de medidas defensivas, no fue de carácter nacional, sino cerrada y claramente clasista, conducido por la oligarquía terrateniente.



El centro imperial descargó la crisis sobre la periferia -como puso en evidencia Raúl Scalabrini Ortiz en “Política Británica en el Río de la Plata”- y a su vez la oligarquía trasladó la debacle al resto del país, afectando incluso a sus aliados históricos como el sector de criadores. Con el Estado en sus manos desde el golpe del ’30, implementó medidas como el control de cambios y la retracción de importaciones que configuraron un proteccionismo tendiente a equilibrar la balanza de pagos; así se generó un desenvolvimiento industrial que modificó la estructura socio-económica del país.



Pero ese incipiente desarrollo de la industria no era consecuencia del proyecto de una clase burguesa que pretendiera hacer la revolución industrial. Había, sí, la participación de industriales cuya conciencia del interés nacional y de su propio interés de clase -que a su vez buscara la hegemonía- eran y siguen siendo sumamente precarios. Para acentuar este déficit histórico, morigerado cada vez que el Movimiento Nacional asumió el poder político, a la extraordinaria fertilidad de las tierras de la pampa húmeda hay que agregar la quita de retenciones y la desregulación del sistema financiero desde que la oligarquía tomó nuevamente las riendas en 2015; con lo que se consolida un fenómeno que se podría caracterizar como “de conversión”, en referencia al comportamiento de grupos económicos que cuando han alcanzado cierta envergadura convierten buena parte de sus activos en campos de esa zona privilegiada, y perfeccionan la ya tradicional fuga de divisas.



Este comportamiento está indicando que la enorme debilidad orgánica de la burguesía como clase era y es material pero también ideológica; la subordinación al pensamiento dominante de la oligarquía -de amplio alcance en la sociedad- queda en evidencia, pues la forma de propiedad de la clase dominante era y es la forma de propiedad socialmente jerarquizada.



Aunque parezca obvio, es importante destacar que esos campos no son fábricas de vacas o de soja, suponen en cambio un cuasi monopolio sobre un bien natural, sobre la naturaleza, y la característica sobresaliente de sus propietarios es el parasitismo, no la reinversión de las ganancias o de las rentas que surgen de la gran diferencia entre los precios internacionales de los productos agropecuarios y los costos locales. En ese régimen de propiedad de la tierra hay que buscar el fundamento de esta lógica de funcionamiento, de la señalada preeminencia ideológica y, en distintos períodos como el actual, de la naturaleza del poder político. Todos factores convergentes en el desvío del excedente nacional fuera del circuito interno de la reinversión, del desarrollo de la ciencia y la tecnología y de la redistribución del ingreso; en parte absorbido por las metrópolis imperialistas y en parte por el consumo suntuario, la valorización financiera del capital y la fuga de divisas de los sectores dominantes domésticos.



Es ésta cualidad fundamental la que distingue a la clase dominante autóctona de la burguesía que, ya en su rol hegemónico, impulsó la unificación o la independencia nacional en Europa y los Estados Unidos en el siglo XIX; determinante además de la condición dependiente de nuestro país y, por lo tanto, de la singular cuestión nacional que nos incumbe. Es también la razón por la que se desplaza la tarea central de la liberación nacional a otros sectores sociales, que para llevarla a cabo están obligados a conformar un frente nacional.



Para aquellas víctimas de las ideas dominantes que consideran que el desafío lleva implícita la condena de lo irrealizable, hay que poner en evidencia que, a la luz de la enseñanza histórica y de los datos duros, el tan mentado “subdesarrollo” es un concepto técnico inapropiado para explicar el relativo atraso nacional; es una tergiversación interesada: la distancia tecnológica que nos separa de los países de capitalismo avanzado es consecuencia de la “distancia” social. Lo decisivo es la incapacidad del orden ahora fortalecido para sortear una diferencia que justamente los meros datos técnicos -recursos naturales, centros de investigación, experiencia industrial, etc.- no muestran insuperable.



Mendoza, 19 de mayo de 2017

*Ingeniero civil. Diplomado en Economía Política, con Mención en Economía Regional, FLACSO Argentina – UNCuyo. FpV

viernes, 19 de mayo de 2017

LA DEUDA EXTERNA COMO MECANISMO DE DESPOJO Y DE DEPENDENCIA, Por Horacio Rovelli



La deuda externa como mecanismo de despojo y de dependencia
A lo largo de la historia Argentina la deuda externa se utilizó para detraer riquezas, afianzar la dependencia al capital extranjero y beneficiar a una minoría en desmedro de la mayoría de la población. Con el gobierno de Macri se retorna al modelo de valorización financiera del capital, que sólo puede superar la restricción externa y las inconsecuencias del modelo que aplica, endeudándose y ofreciendo pingues negocios al capital más concentrado.

Por Horacio Rovelli*
En toda la historia Argentina la deuda externa se utilizó para detraer riquezas, afianzar la dependencia al capital extranjero y beneficiar a una minoría en desmedro de la mayoría de la población que termina abonando la misma “con sangre, sudor y lágrimas”, como dijo en el año 1877 el por ese entonces Presidente de nuestro país, Nicolás Avellaneda. Deuda que no se tomó en la guerra de la independencia, sí lo hizo la burguesía comercial porteña que se endeudaba hipotecando los destinos del país, cuando Bernardino Rivadavia, como Ministro de Martín Rodríguez en 1824, tomó el crédito con la Baring Brothers, cediendo en garantía del empréstito la hipoteca de todas las tierras y demás bienes inmuebles de propiedad pública, prohibiendo su venta (se cedía su uso en enfiteusis, mediante el cual se arrendaban contra el pago de un canon). La deuda fue de un millón de libras esterlinas, una parte menor llegó al país para financiar las importaciones principalmente de Inglaterra, pero se terminó pagando más de veinte veces esa suma hasta saldarla en la presidencia de Manuel Quintana (quién antes y después de ser Presidente de la República fue abogado principal del Banco de Londres en el Río de la Plata), en el año 1904.
 

Deuda ampliada por el gobierno de Bartolomé Mitre en 2.500.000 libras esterlinas para financiar la guerra contra el Paraguay, y vuelta a refinanciar y a ampliar en todos los gobiernos conservadores que sucedieron a Mitre hasta el gobierno constitucional de Don Hipólito Yrigoyen. La crisis de 1890 demostró palpablemente que el país para pocos era incluso insustentable por la deuda y la necesidad de importar la mayoría de los bienes industriales, principalmente de Gran Bretaña, a la vez que el precio de nuestras exportaciones también lo fijaba Gran Bretaña, de donde eran la mayoría de las embarcaciones comerciales y el seguro.

Yrigoyen impulsó desde el Estado la defensa de cierta independencia, se desendeudó como lo hicieron todos los gobiernos nacionales y populares, protegió a la producción y al consumo nacional, y propició el desarrollo y la nacionalización de los principales resortes de la economía del país: “La política del Poder Ejecutivo es mantener en poder del Estado la explotación de fuentes naturales de riqueza, cuyos productos son elementos vitales del desarrollo del país... El Estado debe adquirir una posición cada día más preponderante en las actividades industriales que respondan principalmente a la realización de servicios públicos” H.Yrigoyen

Con la crisis del 30 se derrocó al gobierno constitucional y los conservadores retomaron el camino de la deuda y de la dependencia con Gran Bretaña, que incluso llevó al vergonzante Pacto Roca-Ruciman que le aseguró al imperio alimentos a bajos precios y se les permitía a sus empresas remitir sus utilidades en oro.
 

Se produce la Segunda Guerra Mundial y nuestro país le vendió a los dos frentes, lo que generó un fuerte superávit que acumulado permitió cancelar toda la deuda externa e incrementó las Reservas Internacionales del BCRA (Banco Central de la República Argentina); en esa época los estancieros y exportadores ahorraban en pesos fuertes; el peronismo ya en el gobierno nombra Presidente del BCRA a Don Miguel Miranda, quién duplicó la base monetaria (la cantidad de billetes emitidos y puestos en circulación por el Banco Central) y de esa manera transfirió recursos de los exportadores a los trabajadores y a la industria, y estatizó los FFCC y los teléfonos que eran ingleses.

Pero esa independencia económica duró hasta septiembre de 1955 en que lo derrocan a Perón y se acuerda con el nuevo fiscalizador de la deuda que es el FMI (Fondo Monetario Internacional), que siempre propone la misma receta para conceder créditos, que ahora se denomina Programa de Ajuste Estructural (PAE) y que consiste básicamente en reducir el desequilibrio fiscal de los países prestatarios a como dé lugar, por ejemplo reduciendo salarios y gastos sociales, y a levantamiento de restricciones a la importación y a la exportación con lo que ello implica sobre nuestro trabajo y nuestra producción (sustitución inversa, se importa lo que debemos y podemos producir)

Llega al gobierno de Arturo Frondizi y propicia la inversión extranjera principalmente en petróleo y en la industria automotriz. Estrangulado el sector externo por los intereses de la deuda, la compra de equipos y el giro de utilidades de las empresas extranjeras, quisieron compensarlo con un fuerte ajuste del gasto público incluyendo el congelamiento salarial, para ello reemplazan a Rogelio Frigerio por Álvaro Alsogaray quién anuncia el plan con su frase “Hay que pasar el invierno”, abriendo un período de resistencia de gran parte de la población, se decidieron paros, planes de lucha y ocupaciones de fábricas que el gobierno respondió con represión generalizada aplicando el Plan Conintes (Conmoción interna del Estado).
 

Con la proscripción del peronismo ganó Arturo Illia la presidencia de la República que asumió el 12 de octubre de 1963. Retomó la defensa acérrima del mercado interno, canceló los leoninos contratos petroleros, controló las inversiones y los precios de empresas extranjeras en las automotrices y en medicamentos, y fijó el control de cambio. En tres años de gobierno, Illia logró superar la dura recesión heredada. Durante 1964, el PBI aumentó en un 10,3% y, al año siguiente, fue del 9,1%, una extraordinaria cantidad de bienes y servicios adicionales puestos a disposición de la sociedad. La actividad de las industrias manufactureras, que representaban entonces la tercera parte del PBI (la producción agropecuaria era un sexto), registró un aumento del 18,9% en el primer año y del 13,8% en el segundo, y su participación en el PIB en 1964 fue del 32,5% y alcanzaría en 1965 el récord histórico de participación del PIB del 33,9%, ni antes ni después logrado.

Ante la suba constante de los precios de los empresarios y la falta de acción del gobierno para impedirlo, más el desgaste permanente de la CGT conducida por el “vandorismo”, que le hace decir años más tarde a Andrés Framini, el Gobernador electo de la Pcia. de Buenos Aires en las elecciones de marzo de 1962: "Había un pacto militar sindical para sacarlo a Illia del poder. Muchos no estábamos de acuerdo pero sí los que manejaban más la cosa: Vandor, Coria, Alonso". También es claro el trabajo de inteligencia de la embajada de los EEUU en los medios, con la burocracia sindical y con las FFAA.

El golpe de Estado del 28 de junio de 1966 para derrocar a Illia se genera con el pretexto de impedir las elecciones en la provincia de Buenos Aires, pero estaba patrocinado por la embajada y las empresas extranjeras, y tenía como ariete popular a la burocracia sindical que, de saco y corbata, fue a la asunción como presidente de facto del General retirado Juan Carlos Onganía, recibiendo a cambio la administración de las obras sociales.

El plan benefició a las grandes empresas y sobre todo a las extranjeras, de manera tal que mientras para 1956, unas 75 de las 100 grandes empresas censadas por la revista “Panorama de la Industria Argentina” eran argentinas, para 1967 la participación había descendido a sólo 50 empresas, y en 1970, el predominio de las empresas extranjeras ya era decisiva, onda que siguió cuando observamos que en la encuesta del ENGE - INDEC del año 2013, de las 500 primeras empresas 315 eran de capital extranjero. Esto es, no es que nuestra burguesía sea una maravilla, al contrario, es rentística y se apoya en el Estado para desarrollarse, pero con Onganía se recomienza el proyecto de extranjerización y subordinación al capital financiero internacional de la época de Frondizi.

Los conflictos sociales fueron incrementándose de manera tal que en el año 1969 se producen una serie de incidentes estudiantiles y obreros. En Rosario, Corrientes y Resistencia por el cierre del comedor escolar mueren Juan José Cabral y Adolfo Bello. En Córdoba la agitación sindical es por las quitas zonales y la supresión del sábado inglés, lo que genera la movilización de conductores de ómnibus y de trabajadores mecánicos de IKA-Renault, y el llamado a una huelga general seguida de agitación estudiantil. Los dirigentes sindicales cordobeses, con el apoyo de la CGTA (Confederación General del Trabajo Argentino, liderada por Raimundo Ongaro) organizan el 29 de mayo una marcha sobre Córdoba. Al sumarse los estudiantes y buena parte de la población, se genera un motín que desborda a la Policía. Interviene el Ejército, que debe enfrentar barricadas y francotiradores. Hay catorce muertos según las cifras oficiales, numerosos heridos y detenidos, entre ellos los dirigentes sindicales Agustín Tosco y Elpidio Torres, condenados luego por un tribunal militar a ocho y cuatro años de cárcel respectivamente.

Las luchas obreras, la aparición de organizaciones armadas, y los serios problemas económicos reflejados en la inflación y en la caída del PIB, obligan a las fuerzas armadas usurpadoras del gobierno a llamar a elecciones. La llegada del gobierno popular estuvo condicionada desde el principio por las grandes empresas extranjeras que operan en nuestro país y los grupos locales más concentrados, que se opusieron al plan pergeñado por un importante sector empresarial nacional distribuido en todo el país, encabezado por la Confederación General Económica que, apalancado sobre los trabajadores, proponían un acuerdo con el Estado que básicamente invertiría en infraestructura y a la vez mediante planes promocionales permitiría que crezca más la burguesía nacional que la extranjera. Esto se plasmó en el denominado Pacto Social (“congelamiento” de salarios y precios, con nacionalización del crédito y del comercio exterior) y se proyectó en un plan trienal de crecimiento y expansión de los mercados internacionales con los países del este europeo.

Muerto Perón el 1 de julio de 1974, el avance de las grandes empresas locales y extranjeras fue sistemático, el solo hecho de abrir el comercio a Rusia y obligar a las empresas automotrices extranjeras, principalmente de los EEUU, venderle a Cuba, condicionaban la política de apoyo a la burguesía local poniéndole fin a la experiencia, con lo que José Ber Gelbard debió renunciar el 21 de octubre de ese año.


La lógica del capital monopolista fue la que primó, quienes se fijaron como objetivos el control de las industrias básicas, las finanzas y el comercio exterior, que se logra si esas actividades están en manos privadas, que por la ley de concentración y centralización de capitales termina en monopolios. Sumados al monopolio de la tecnología y del conocimiento, a la necesidad de importar insumos industriales estratégicos (coeficiente técnico de importación), a la necesidad de recurrir al endeudamiento, condicionando el presente y el futuro del país, asociado a la libertad de entrada y salida de capitales.

“Rodrigazo” mediante, plan inspirado y guiado por Ricardo Mansueto Zinn, hombre del Grupo FIAT (y miembro del “grupo Azcuénaga” que fueron los que elaboraron el plan económico de Martínez de Hoz, y años más tarde directivo de SEVEL - MACRI) que fue Vice Ministro de Celestino Rodrigo en junio de 1975, quién en agosto del año 1976 publicara un libro titulado “La Segunda Fundación de la República, y en él va a sostener: “… cuando un país cae en la decadencia, la única salida posible es el aniquilamiento de un modelo para reemplazarlo por otro”.

En ese marco se produce el golpe militar del 24 de marzo de 1976 con el objetivo de romper la alianza de hecho entre los trabajadores y las empresas que venden al mercado interno y que necesitan del poder adquisitivo de la población para acrecentar sus ventas.

El Profesor Mario Rapoport va a decir: “A partir del golpe de Estado del 24 de marzo 1976 se produjeron profundos cambios en la estructura económica argentina, que terminaron por conformar un nuevo modelo económico basado en la acumulación rentística y financiera, la apertura externa irrestricta, comercial y de capitales, y el disciplinamiento social. La dictadura militar se propuso restablecer la hegemonía del mercado en la asignación de recursos, restringir la participación del Estado y abrir la competencia de los productos nacionales con los extranjeros”.

El plan de la dictadura militar respaldado en las fuerzas armadas y el control militar de la Nación, es de una estructura muy sencilla y se instrumenta en tres medidas básicas:

a) Retrasar el tipo de cambio (Ejecutado por Martínez de Hoz en una “tablita” cambiaria que prefijaba el valor del dólar muy menor al del crecimiento de los precios)
b) Baja generalizada de los aranceles y disminución de medidas para arancelarias (desprotección aduanera)

c) Tasas de interés positivas y por encima del crecimiento del dólar

De esa manera propiciaba el ingreso de capitales especulativos atraídos por tasas de interés que eran mayor que el crecimiento de los precios y muy superior a la evolución cambiaria, a su vez que se encarecía el crédito a las empresas y a las personas, siendo confiscatorio de su capital, generando una brutal transferencia de la producción y del consumo al favor del sector financiero, basándose en el excedente de los países petroleros árabes, con lo que el sistema financiero mundial debía colocar los petro-dólares, a tasas muy bajas. La burguesía local pedía préstamos en el exterior (en dólares) a bajas tasas y compraban títulos públicos o acciones o depósitos a plazo fijo en pesos, ganando la diferencia y luego se volvían al dólar retirando la renta. Renta que se abonó con más endeudamiento externo y cuando no se pudo pagar ni los intereses de la deuda (default), se cedieron los más preciados activos públicos: YPF, FFCC, SEGBA, Gas del Estado, se privatizaron las rutas, puertos y hasta el sistema previsional, etc.

En ese lapso juega un papel destacado el FMI como orientador de la política económica de todos los gobiernos que deben subordinarse a sus recomendaciones en interminables acuerdos stand by y de condicionamientos suscriptos desde fines de 1975 hasta el 25 de mayo del año 2003.

Esto es, tras la derrota en Malvinas, los sectores beneficiados por la acción dictatorial se plantearon el inevitable reemplazo del gobierno militar por otro civil que les permitiera y les garantizara junto a la primacía en las decisiones, traspasar su deuda a la población, cuya maniobra iban a perfeccionar con el arribo del gobierno constitucional que iba a legitimar la deuda “estatizada” por los seguros de cambio. Pero la gran banca nacional y extranjera presionó por el reconocimiento de toda la deuda y el pronto y mayor pago posible de los servicios de la misma. El 18 de febrero de 1985 Bernardo Grinspun echó del Ministerio de Economía a Joaquín Ferrán representante del FMI en la Argentina, el 19 Alfonsín le pidió la renuncia, el plan de legitimar la deuda externa y de acordar con los grupos económicos locales se ponía en marcha. En marzo de ese año, el presidente viajó por segunda vez en su mandato a Estados Unidos y, subrayó la necesidad de adoptar medidas de reforma estructural del Estado y de privatizaciones, de manera acorde con la filosofía ortodoxa de los financistas y empresarios norteamericanos (Plan Houston).

Asume en reemplazo de Grinspun, Juan Vital Sourrouille con un equipo compuesto por Mario Brodersohn, Adolfo Canitrot, José Luis Machinea y Roberto Frenkel, entre otros, y aplican un plan de ajuste ortodoxo con cambio de la moneda que se denominó Austral, con el apoyo del FMI y de la Reserva Federal de los EEUU; el por ese entonces Presidente de su Directorio, Paul Volcker, que sólo había venido a nuestro país a pescar truchas en los lagos del sur argentino, avaló con su presencia el acuerdo. Con fecha 1 de julio de 1985 mediante los Comunicados A-695, A-696, y A-697 del BCRA se reemplazaron títulos de deuda externa heredados de la dictadura militar (y por ende firmado por nadie, por funcionarios de un régimen de facto) a los que la gestión de Grinspun se negó a reconocer hasta que no se supiera el origen y destino de los fondos, por “Obligaciones de Banco Central de la República Argentina” firmados por las autoridades puestas por el gobierno constitucional.

EL DESMANEJO DE LA DEUDA Y SU EMPLEO EN LAS PRIVATIZACIONES

El reemplazo adelantado de Menem por Alfonsín tras una impresionante corrida cambiaria es fisgoneado por los grandes grupos locales y la banca extranjera para “cerrar” el circuito de la legitimación de la deuda, ante un Estado insolvente por la magnitud que la misma había alcanzado y por la suba sistemática de los intereses, que se reflejó cuando el 6 de febrero de 1989 el por ese entonces presidente del BCRA, José Luis Machinea reconoció que no podía cambiar un dólar más, dado que las reservas internacionales no alcanzaban a los U$s 500 millones. Ese día, el tipo de cambio oficial era de Australes 37,62, paso la barrera de los Australes 100 en abril y el 9 de julio de 1989 cuando asumió anticipadamente la presidencia de la República Carlos Menem fue de Australes 650.-. Pero siguió la corrida cambiaria y el 1° de abril de 1991, cuando comienza el plan de “Convertibilidad”, el tipo de cambio fijado fue de Australes 10.000.- por un dólar americano, con lo que en un poco más de dos años el tipo de cambio creció en un 266 veces; la híper inflación es hija de la híper devaluación de nuestra moneda.

Semejante dislate demuestra que la valorización financiera del capital se convirtió en el eje ordenador de las relaciones económicas, con lo que la deuda externa para el sector más concentrado y oligopólico deja de ser fuente de financiamiento de la inversión real y es un mecanismo de despojo y dominación.

Inmediatamente asume Menem y envía al Congreso de la Nación los proyectos de Reforma del Estado y de Emergencia Económica que se convierten en las leyes 23.696 y 23.697 respectivamente, que dieron la cobertura legal para las privatizaciones que se realizaron con el fin de laudar y dar una respuesta al conflicto desatado en la década anterior entre los grupos económicos locales y los acreedores externos (representados por el FMI) por el pago de la deuda. En ese momento, la incapacidad de poder pagar la deuda externa hace que el gobierno radical deba dejar de subsidiar a los grandes contratistas del Estado (disminución de la obra pública, limitación a las promociones industriales y otros tipos de promociones impositivas; desprotección arancelaria y cambiaria, etc.), para poder “honrar” la misma. Menem, no bien asume como Presidente de la República, plantea la Reforma Económica y la Reforma del Estado como un medio para superar la crisis, donde la venta de las empresas públicas permite:

Restablecer el pago a los acreedores externos
 

Asegurar a los tenedores de títulos públicos una fuerte recomposición de su valor, al poder emplearse los bonos a su valor nominal como parte de los aportes de capital en las privatizaciones.

Permitir la entrada de la Argentina al Plan Brady y con ello, poder zanjar la brecha financiera para “honrar” la deuda. En un principio y por ley, en todas las privatizaciones las UTE (Unidad Transitoria de Empresas) que participaban en las privatizaciones, debían contar con una empresa de capital nacional, pero luego vendieron su parte y, de esa manera la creciente presencia del capital extranjero sobre ellas, las altas tasas de ganancias con que operaron ante un mercado cautivo y estratégico, hace que su predominio sea absoluto, como lo demuestra que de las primeras 20 –veinte- empresas que más facturaron en el país en el año 2001, 17 –diecisiete- sean extranjeras (Repsol YPF; Grupo Promodies; Telecom.; Telefónica; Techint; Cargill; Shell; Grupo Philips Morris; Disco.Ekono; Carrefour; etc.) y solo tres pertenezcan a grupos nacionales (Coto, Clarín y Pérez Companc), dibujando una estructura de la cúpula económica nueva, fundamentalmente extranjerizada , y por lo tanto más dependiente del exterior, y a nivel de toda la sociedad un perfil más regresivo.

El PLAN DE CONVERTIBILIDAD
En 1991, bajo la presidencia de Carlos Menem y con Domingo Cavallo como Ministro de Economía se implementó por ley el plan de Convertibilidad, se determinó un tipo de cambio fijo que establecía que un peso (por la ley de presupuesto del año 1992 se cambió la moneda local de Australes 10.000 a un peso) sería intercambiable por un dólar. De esta manera el peso argentino se encontraba sobrevaluado, es decir, el dólar era demasiado barato, lo que hacía que todos los productos importados fueran también artificialmente baratos y que, al mismo tiempo, los productos argentinos fueran caros para los extranjeros. Además de las privatizaciones y la contracción del Estado, esta política monetaria fue una de las causas de la acelerada desindustrialización de la Argentina durante la década de 1990.Para sostener esa paridad cambiaria Argentina debió recurrir en forma indiscriminada al endeudamiento externo. Cuando el radicalismo accede al gobierno de la mano de De la Rúa en 1999, decide sostener la convertibilidad, de esta manera, la necesidad de dólares era cada vez mayor, porque el sobreendeudamiento no se empleó para alcanzar un mayor crecimiento o una mejora en la distribución de la riqueza, sino para sostener un esquema financiero que beneficiaba al capital oligopólico extranjero y nacional que opera en el país.

Se aplica una vez más la receta del FMI con su monitoreo constante, Obviamente la resistencia a la desocupación y al ajuste fiscal con el fin explícito de pagar a los acreedores a como dé lugar, hicieron que renunciara Machinea y durara solo una semana su reemplazante López Murphy, y es allí que vuelve Domingo Cavallo al ministerio, y vuelve habiendo acordado con determinados bancos (Francés, Santander –Río, Central Hispano, Galicia, Citigroup, HSBC, JP Morgan, y Credit Suisse First Boston) y con el ex secretario del Tesoro de los Estados Unidos, David Mulford, que por ese entonces trabajaba para el banco Credit Suisse First Boston.



La idea era extender los vencimientos en 5 – cinco- años de plazo, reconociendo tasas del 18 al 22% anual en dólares, con lo que dejaba al descubierto la frágil situación financiera del país. Esa situación provocó la corrida de los depósitos y su conversión al dólar, lo que impuso el “corralito” para restringir las extracciones de los bancos, el descontento fue tomando una magnitud tal que primero se llamó al estado de sitio, segundo la gente sale a la calle y se le reprime violentamente, de manera tal que en el país entre el 18 y el 19 de diciembre de 2001 fueron asesinados por las fuerzas de seguridad 38 –treinta y ocho- personas, el Presidente De la Rúa huye en un helicóptero de la casa rosada y la población se convocó en las calles al grito de que se vayan todos.

El modelo perverso de sustituir producción local por importaciones y financiarse con deuda colapsó en el año 2001, pero el descontrolado incremento del precio del dólar hizo que se caiga fuertemente el poder adquisitivo de los trabajadores (relación inversamente proporcional entre el poder adquisitivo del salario y el valor de la divisa norteamericana), empujando a la mayoría de la población a la pobreza y a una parte considerable de ella a la indigencia.

La implosión del modelo de valorización financiera se explica por la constante y creciente fuga de capitales que en el año 2001 fue de 29.913 millones de dólares, que se realizaron a través de múltiples firmas controladas, a lo que se sumó que esos mismos empresarios que tenían deuda en dólares en el mercado local se le “pesificó” la misma, fijándolo a un tipo de cambio de un peso un dólar, pero la devaluación real fue incontrolable, en el mercado paralelo y en Montevideo en abril del año 2002 se cambiaba el dólar a 4 –cuatro- pesos lo que impactó en el poder adquisitivo del salario.

Los grandes beneficiados fueron el grupo Pérez Companc, el grupo Techint, el grupo Clarín, SOCMA (Sociedad Macri),el grupo Bulgheroni y empresas como Cargill SA, Telefónica Argentina SA, Repsol SA, Telecom Argentina SA, Nidera SA, Shell SA, Esso Argentina SA, Bunge Cerval SA; IBM Argentina SA, SA Louis Dreyfus y Cía, Ford Argentina SA, Renault Argentina SA, etc., los artífices fueron entre otros José Ignacio De Mendiguren, Ministro de Producción y Jorge Todesca Vice Ministro de Economía del gobierno de Duhalde

En ese contexto se siguió reprimiendo las manifestaciones de reclamo y disconformidad, produciéndose la muerte de los jóvenes Kosteki y Santillán el 26 de junio de 2002 en la localidad de Avellaneda, su sangre generosa obligó al gobierno de Duhalde a llamar a elecciones donde ganó en la segunda vuelta Néstor Kirchner.

EL TRATAMIENTO DE LA DEUDA EXTERNA EN EL GOBIERNO DE LOS KIRCHNER
Fue Néstor Kirchner el que pergeñó el canje de los títulos de la deuda con una quita de un 65% de la misma y reescalonar los plazos que habiéndose realizado en los años 2005 y 2010 alcanzan al año 2038. Cuando asumió Néstor Kirchner el 25 de mayo de 2003 la deuda externa representaba el 160% de lo que producíamos, al 31 de diciembre de 2015, último dato de deuda externa Argentina del gobierno de los Kirchner, la misma ascendía a un total de 222.703 millones de dólares, que es el 42,8% del PIB, pero además, de esa suma, 132.421 millones de dólares estaba en poder del mismo sector público nacional (BCRA; Banco de la Nación Argentina, Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSeS, BICE, Fondos Fiduciarios, etc.), por ende la deuda externa en poder de los privados y organismos de créditos internacionales era de 90.282 millones de dólares que representa solo el 18% del PIB. Más allá de la patraña de los fondos buitres avalado por la justicia norteamericana, lo cierto es que la deuda dejaba de ser un condicionante del país. Una deuda externa que por su monto y sus vencimientos era totalmente administrable y hacía que se destinara menos del 2% de lo que producimos por año para cumplir con ella.

En la campaña para presidente Mauricio Macri sostuvo que había que cumplir con la sentencia del Juez Griesa y pagarle el 100% a los “hold out”[1].Tanto su ministro de Hacienda y Finanzas del comienzo de la gestión (Alfonso Prat Gay) como el Secretario de finanzas y después ministro (Luis Caputo), dos empleados jerárquicos del JP Morgan, se abocaron desde el primer día de su designación (y aún antes en forma oficiosa) a acordar con los tenedores de los títulos que no habían ingresado a los dos canjes del gobierno de los Kirchner, de allí que se reúnen con el representante del juez y mediador Daniel Pollack, quién fue el que anunció que las partes alcanzaron un principio de acuerdo por una suma de 4.635 millones de dólares, que fue abonada en efectivo el 14 de abril 2016 con la condición previa y cumplida que el que el Congreso de la Nación apruebe dicho pago y que derogara las denominadas “Ley Cerrojo” y la “Ley de Pago Soberano”.

El gobierno de Macri solicita autorización para endeudarse al Congreso de la Nación en la ley de Presupuesto Nacional 2016, que contempla un aumento de la deuda externa en 23.400 millones de dólares, a lo que se le debe sumar los 16.500 millones de esa moneda para pago a los holdouts, y otros (recordemos que el gobierno se endeudó en 4.000 millones de dólares más para financiar el gasto público), lo que conforma un sub total 39.900 millones de dólares, a los que se le agrega los intereses devengados de la deuda del año por 12.400 millones de dólares: TOTAL 52.300 millones

A su vez en la Ley de Presupuesto del año 2017 amplia la deuda en 38.200 millones de dólares y se prevé el pago de intereses por 13.800 millones de dólares. TOTAL: 52.000 millones de dólares.

Quiere decir que en dos años de gestión Macri se endeuda por el 46% del stock de deuda externa al 31 de diciembre de 2015.

En primer lugar debe tenerse en cuenta que el modelo pergeñado por el macrismo, tiene como acicate el ingreso de capitales a los que le reditúan la perniciosa combinación de revaluación cambiaria y altas tasas de interés, que como ha sucedido en su momento, con Martínez de Hoz y con Cavallo, parten primero de una brusca devaluación para después permitir que, por el ingreso de capitales, se retrase el tipo de cambio, con ello se favorecen las importaciones, y el resultado es la desindustrialización y la menor producción en general, con la desocupación de empleo y de factores que genera.

Esto es, en lugar que el tipo de cambio lo fije la cuenta corriente de la Balanza de Pagos, lo fija la Cuenta de Capital atraída por la perniciosa combinación de atraso cambiario y altas tasas de interés, base de la inconsistencia del modelo macrista que es la antípoda de los países que crecen, esencialmente los del este asiático en general y de China en particular que combinan bajas tasas de interés con tipo de cambio competitivo

El modelo macrista es insustentable, significa ganancia rápida y no supera el corto plazo. Los empresarios lo aplauden, pero ninguno invierte, tratan de sacarle todo lo que pueden: desgravaciones impositivas, que no los fiscalicen, que puedan seguir importando lo que quieren y sustituir producción por productos extranjeros (desde un alimento a un auto), que le dejen seguir fijando libremente los precios con las altas tasas de ganancia (por ejemplo la leche, a comienzos del año 2017 le pagan al tambero $ 4 o en el mejor de los casos $ 5.- por litro y lo venden a no menos de $ 20.-, peor pasa con la yerba que le pagan al productos $ 4 o $ 5 el kilo y la venden en los supermercados a $55.- o $ 60.-). EEUU y el FMI lo aplauden pero para colocar los productos excedentes que no venden por la recesión mundial.

CONCLUSION
La deuda externa ha sido el mecanismo de enriquecimiento de los sectores más concentrados de la economía que operan en el país, quienes se endeudaron y lograron traspasar el grueso de esa deuda al Estado nacional, y con ello a la población. Paralelamente fugaron capitales porque se le da todas las posibilidades para que compren y extraigan divisas de la Argentina, esto explica porque la Argentina tiene el raro privilegio de ser la única nación cuyos residentes más ricos, poseen activos financieros (por fuga de capitales) de similar magnitud de su PBI (la cantidad de bienes y servicios finales que se producen en el país en un año).

Los gobiernos democráticos de Hipólito Yrigoyen, Juan Perón, Arturo Illia y los de los Kirchner lograron reducir la deuda externa y reorientar la economía para un crecimiento autosostenido basado en el mercado interno, donde prevaleció el crecimiento de los salarios y el de la producción en desmedro del capital financiero. Todos los demás gobiernos se subordinaron en mayor o menor medida y la burguesía local adoptaron el rol de socio menor en el mejor de los casos, modelando un país dependiente al capital financiero internacional y funcional a sus intereses

Con el gobierno de Macri se retorna al modelo de valorización financiera del capital, que solamente puede superar la restricción externa y las inconsecuencias del modelo que aplica, endeudándose y ofreciendo pingues negocios al capital más concentrado, en ese marco no puede existir proyectos de inversión productiva, se prioriza lo financiero, a costa de un mercado interno que se achica, se concentra y se extranjeriza, máxime cuando no ponen ningún límite, al contrario y por eso lo hacen, facilitan la fuga persistente de divisas del país, con lo que condena a amplias franjas de la población a la desocupación y a la pobreza en el presente y en el futuro, con un efecto anestésico por el ingreso de dólares para un sector de la población en la actualidad, pero insustentable en el tiempo.

Referencias

[1]El informe oficial sobre la deuda muestra también que los pasivos "no presentados al canje", es decir la deuda no performing que en algunos casos todavía se dirime en tribunales internacionales., asciende a 8.468 millones de dólares al 31/12/2016

Buenos Aires, 15 de mayo de 2017

*Economista especializado en temas fiscales y monetarios. Profesor de Política Económica en la Universidad de Buenos Aires. Ex Director de Políticas Macroeconómicas del Ministerio de Economía. Miembro de EPA (Economía Política para la Argentina). 

jueves, 20 de abril de 2017

LA BANALIZACIÓN DE LA GRIETA, Por Ricardo Rouvier



La banalización de la grieta



El periodismo ha encontrado en la construcción linguística “la grieta” un latiguillo mediático que niega su dimensión histórica a nivel nacional y mundial para presentarla como una disfunción generada por el kirchnerismo. Ricardo Rouvier desarrolla en esta nota la idea histórica de las fracturas políticas y sociales, y afirma que los medios de comunicación están más interesados en la historieta que en la historia, en el panelismo que en la reflexión, en el suceso que en el relato.



Por Ricardo Rouvier*

(para La Tecl@ Eñe)


"Demasiado pronto te he visto sin conocerte y demasiado tarde te he conocido .Mi negra suerte quiere que me enamore del único hombre al que debo odiar”

Romeo y Julieta





Las grietas como herencia



Las fracturas sociales, culturales y políticas son propias de las naciones desde sus orígenes y forman parte de sus aspectos constitutivos. Por lo tanto no hay que poner cara de perplejidad ante el supuesto descubrimiento periodístico de segmentos enfrentados que hoy se ha convertido en un latiguillo mediático. Lo que da importancia a la existencia de la fisura en el tejido social de un país, es la permanente amenaza de la confrontación entre sectores que viven en situación latente de quiebre de la paz y el surgimiento de la guerra civil y, por ende, en su alejamiento del propósito de la unidad nacional. Es la conocida opción de hierro entre el caos y el orden social.



La grieta puede ser una diferencia cultural que se enraíza en las comunidades estimuladas por la baja tolerancia a las diferencias o la discriminación religiosa, como también aquellas alentadas por el poder para afirmar su capacidad, expresándose en banderías políticas que compiten en elecciones y que se basan en la negatividad del adversario. Es más, a veces, el adversario es estigmatizado como enemigo. El marketing electoral contempla lo que se denomina “campaña negativa” destinada a demonizar al competidor y cualquier dato de su vida pública o privada es útil para la demolición.



Conocemos la controvertida frase: "El infierno son los otros" que enuncia un personaje de la obra A puerta cerrada escrita por J.P. Sartre, y que explora su manera de pensar la intersubjetividad. señala la influencia de la mirada del otro en uno. La miradaque desnuda, que muestra al otro la realidad del ser, y a partir de ésta, el individuo es juzgado y condenado. Los protagonistas son sus propios verdugos. Tienen la mirada fija y constante en sus compañeros de encierro,eternizando la existencia. La metáfora sobre elinfierno es una habitación cerrada, sin espejos, en la que vivirán para siempre los condenados.Allí no existe el tiempo, que es un eterno presente, sin cambios, angustiante y sofocante. Es la vida sin pausa, en donde ni siquiera se puede pestañar, no se puede dormir, siendo constantemente juzgado por la mirada del otro. La solución sería encerrarse en sí mismo, huyendo; pero no lo salva. Están condenados a escuchar los pensamientos del otro, cuya presencia se hace patente e insoportable. Finalmente, para el autor existencialista el infierno no está en el futuro, sino que está aquí y ahora.



Fue Freud quien caracterizó al otro como obstáculo o como dificultad, en función del desarrollo personal donde predomina la imprescindibilidad del otro para constituirme. Es en la intersubjetividad que aparece el sujeto, en el cruce real y/o imaginario con el otro.



Pero la convivencia es una promesa que puede frustrarse cuando el sujeto se convierte en la negación del otro. ¿Cuál es el significado del relato del asesinato de Caín a Abel?, ¿cuál es el mensaje de esta historia bíblica?; ¿cuál era la lección moral?. Tal vez enseñarnos que la sociabilidad dependía de nosotros, de una construcción interpersonal. La fraternidad es una construcción, en una cultura en que hay que contar con la caída del hombre ante el pecado.



Como vemos, la grieta está en la génesis; también la posibilidad del arrepentimiento que abre el dispositivo de la comprensión primero y la piedad después. En definitiva, la paz es una conquista. También, hay que decirlo, que este relato de Caín justifica la presencia de un Dios juez, frente a la libertad del asesino. Y así va a ser; Dios concede el libre albedrío y se reserva su veredicto.



Las grietas tienen su pasado, presente e impulsan hacia adelante su opuesto, la utopía nacional, la armonía y la unidad. No muy diferente a lo que les pasa con la regionalización a los españoles, italianos, bolivianos, alemanes, rusos, montenegrinos, árabes, etc.



Esa utopía irrealizable en forma definitiva, mientras las sociedades no sean integralmente igualitarias y libres de prejuicios, puede tener una evolución progresista (deseable) o puede tener retrocesos conservadores. Hoy hay una restauración conservadora mundial que insiste con lo abstracto-general de la Nación unida, casi escolar, mientras lo que hace es mantener y confirmar el dominio sectorial sobre el todo.



El antagonismo puede alcanzar su punto culminante en el genocidio, en donde no hay retorno, en la detección, localización, persecución y muerte del otro. Medio Oriente hoy es un muestrario de diversas grietas, en las que intervienen tanto tradiciones locales, como las grandes potencias llenas de ambición económica y de tecnología militar. La Franja de Gaza es la geografía expresionista de una fractura que divide culturas, países, pueblos. Trump, revive la brecha histórica entre EEUU y México, y en Europa hay un retorno a viejas antinomias basadas en la xenofobia y la discriminación.



La grieta y el kirchnerismo



A pesar de estos antecedentes, una de las últimas capturas mediáticas en nuestro país, como si fuera un hallazgo del entretenimiento, es el descubrimiento de que hay una grieta que divide a los argentinos.



La “grieta” fue adoptada como una fisura novísima, impensada, fundada en el desencuentro. El gobierno convirtió en objetivo oficial “la unidad de los argentinos” que, como Pobreza 0, va camino a convertirse en una hipérbole más dentro del marketing oficial. Es verdad que la fractura se fue expandiendo como un río e invadió distintos espacios de la sociabilidad, inundando a la familia, las instituciones secundarias, y existe un responsable exclusivo ante la mirada mediática y oficial: el kirchnerismo.



En nuestra historia nacional, la existencia de la grieta comienza desde los inicios de la Patria hasta la contemporaneidad, con variaciones dadas por la evolución. El dilema puede ser el Caudillo o el Porteño, Unitario o Federal, o puede ser Personalista o Antipersonalista, Peronista o Gorila. A lo que se agregó desde el 2003 kirchnerista vs. no kirchnerista. La historia muestra una energía subterránea estructural que apunta a la unidad, pero también desde lo profundo aparecen las huellas del desencuentro. La lucha por la verdad, la lucha por la mejor lectura de la realidad, la lucha por la más eficaz metodología de progreso. La lucha por interpretar que es el progreso. El combate que se expresa como un tsunami en las redes sociales.



Sarmiento , Echeverría, Mármol, entre muchos otros, dieron cuenta de la existencia de la fracturas del siglo XIX, desde la versión trágica con su componente de destino que trata de cumplirse en la criminalidad del otro.

“Es utopía, es paralogismo puro el pensar que nuestra raza hispanoamericana tal como salió de su tenebroso pasado colonial pueda realizar hoy la república representativa …con tres millones de indígenas cristianos y católicos, no realizareis la República ciertamente. No la haréis tampoco con cuatro millones de peninsulares, porque el español puro es incapaz de realizarlo acá o allá” (J.B.Alberdi. Bases Cap. XXX).



"¡Qué nobleza de alma! ¡Qué bravura en los federales! ¡Siempre en pandillas cayendo como buitres sobre la víctima inerte!" se dice en El Matadero.



También hubo quién ante la división de los argentinos prefería salir del escenario político, abandonar la patria y evitar tomar posición ante la autodestrucción. Quién puede ser indiferente ante el desgarramiento que transmite la lectura de estas notas.



"Partiendo del principio que es absolutamente necesario el que desaparezca uno de los partidos contendientes, por ser incompatible la presencia de ambos con la tranquilidad pública. ¿Será posible que sea yo el escogido para ser el verdugo de mis conciudadanos, y cual otro Sila, cubra mi patria de proscripciones? No, jamás, jamás, mil veces preferiría correr y envolverme en los males que amenazan a la patria que ser yo instrumento de tamaños horrores." Carta del general San Martín a Tomás Guido, Montevideo 3 de abril de 1829, pocos días antes de emprender su exilio definitivo.



La dialéctica amigo y enemigo ha sido constitutiva de la Nación Argentina en su doble matriz: liberal, republicana y federal populista. Por supuesto que en la complejidad de la realidad ha habido tendencias y fracciones de fuerzas; y ambas matrices se entrecruzan en algunas oportunidades. Pero las grietas en nuestro país tuvieron versiones armadas avanzadas durante el siglo XX como una manera de resolver las diferencias. Los acontecimientos de los ´70 son aún vistos por algunos, como un combate que no cesa (diferenciando combate de contradicción) y que provoca declaraciones extemporáneas en el espacio público.



Tanto Alberdi como Sarmiento, a pesar de sus diferencias, coincidían en la necesidad de hacer una transformación porque no eran optimistas en relación a que la fragmentación estructural asegurara la supervivencia de nuestro país. Justamente, la educación popular era para ambos la posibilidad de superar las distancias, de alcanzar una mayor homogeneidad social.



Desde otro ángulo podemos citar a Dorrego, Artigas, Rosas, los Caudillos federales, al yrigoyenismo, al peronismo; que apuntaban a la conformación de una democracia popular, en contraposición a una democracia formal. El acuerdo nacional, la paz definitiva, la comunidad organizada, es un objetivo para todos, incluido los liberales, pero con caminos bien diferentes. Por supuesto que los gobiernos viven diciendo que se gobierna para todos, tal cual lo determina el paradigma democrático constitucional, pero es la propia aplicación del poder que ensancha o angosta las fracturas nacionales.



Por lo tanto, hay muchas grietas aquí y en buena parte del mundo, y lo coyuntural puede tener alguna incidencia en la evolución de la convivencia. La concepción conservadora de los medios masivos se muestra en el discurso filantrópico permanente de la unidad, del amor universal y del orden de las cosas. Los medios nunca pueden dejar de ver un conflicto como un suceso, no pueden comprenderlo, sino simplemente tomar información y editorializar con premura.



La inauguración de la grieta no puede ser atribuida al kirchnerismo, pero sí puede aseverarse que la confirmó en la aplicación del poder, tanto en el gobierno de Néstor, pero sobre todo en los gobiernos de CFK, en los que se acentuó la dinámica de amigo-enemigo y el conflicto fue el motor de su gestión. No debería el kirchnerismo negar esto, ya que en su intento reformista desde que asumió, era inevitable generar diferencias, establecer fracturas y que esas lograran sumergirse en el clivaje social más profundo.



Esta profundidad implica también lo siniestro como emergente. Escribió en las redes sociales una funcionaria del Ministerio de Modernización sobre la joven violada y asesinada: "Ahora van a decir que a Micaela García la mandó a asesinar Macri porque era del Movimiento Evita jajaja... Parece que a todos les llega por juntarse con ese tipo de gente hay que tener mucho cuidado con las amistades que se hacen en este tipo de... agrupaciones? si se le puede llamar así a esa manga de mafiosos y patoteros ignorantes (sic)" Frente a estas expresiones que fueron varias del mismo tenor respecto a la víctima, nos preguntamos: si es la muerte, nuevamente, lo que nos espera en el porvenir; si vamos o no vamos hacia El Matadero. Tal vez no, porque esta pulsión tenga alguna forma de neutralización, como su sublimación en el lenguaje. Por lo menos, no hay posesión de fierros como en los ´70!!



El gobierno de Néstor Kirchner provocó a la sociedad en el 2003 (una sociedad que no tenía como prioridad la investigación sobre el terrorismo de Estado), desde un discurso develador logró varios objetivos: poner la cuestión social sobre la mesa, avanzar sobre los derechos humanos sin concesiones, señalar la existencia y responsabilidad de las corporaciones y la estimulación de las experiencias contrahegemónicas en América Latina. Es decir, transparentó la contradicción, el conflicto, develó a los contrarios y transitó sobre ello afirmando la grieta. Pero, la argentina subterránea está. Las luchas civiles del siglo XIX, el bombardeo a la Plaza de Mayo del 16 de junio; el “algo habrá hecho”, los desaparecidos, el secuestro de niños; están.



Nuestro país no ha asumido todavía los caminos de la reconciliación, como ha ocurrido en otras naciones que tuvieron largas dictaduras o han actuado en guerras internas e internacionales. Es más, muchos se oponen a la posibilidad de un reencuentro.



El gobierno de Macri apuntó desde el inicio hacia la polarización y la confirmación de las dos veredas del escenario político, que asienta claramente una confirmación clasista de su filosofía política. El cambio cultural que propone el PRO incluye el pase al archivo general de la Nación al peronismo, y a su aliado: el radicalismo. Implican también la negación de la historia y del pensamiento crítico. Y el blanco para obtener ventajas es uno solo: el kirchnerismo.



Por lo tanto, seguir hablando de la grieta como una disfunción k es una moda de los medios, que están más interesados en la historieta que en la historia, en el panelismo que en la reflexión, en el suceso que en el relato. Los argentinos deberíamos hacernos cargo de las grietas que supimos conseguir; y resolver la convivencia con estas diferencias dentro del marco procedimental democrático ejerciendo la interpelación, o forzar la oposición hasta que alguno abandone la disputa.



Buenos Aires, 13 de abril de 2017



*Licenciado en Sociología, doctor en Psicología. Analista político y docente universitario.