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jueves, 17 de diciembre de 2015

SALARIOS EN EL BLANCO, Por Alfredo Zaiat (Fuente: Página 12, 17/12/15)



Resulta ilustrativo exponer la secuencia de las medidas económicas del gobierno de Macri, como propuso al inicio de su conferencia de prensa el ministro Alfonso Prat-Gay, para comprender cuál es su objetivo central. La megadevaluación anunciada ayer, sin precisar el “número mágico” pero sugerido en 14,25 pesos (como mínimo equivale a un alza del 45 por ciento respecto del tipo de cambio oficial de ayer), es una de las principales iniciativas pero no la única del plan económico. La desproporcionada alteración de la paridad cambiaria forma parte de un paquete que tiene un blanco predeterminado: la definición de un nuevo estadio de la distribución del ingreso, regresivo a partir de ahora rompiendo con la tendencia de los últimos años. Esto será así porque se está afectando en forma negativa el poder de compra de trabajadores y jubilados, con la lejana promesa de un acuerdo social para convalidar ese retroceso. Detrás de la presentación marketinera “fin del cepo”, lo que se anunció fue una megadevaluación con el objetivo es bajar la incidencia del salario (en pesos y en dólares) en el costo de las empresas. La fuerte transferencia regresiva de ingresos es indudable y no se logra disimular con la alegría que buscó transmitir Prat-Gay por terminar con las restricciones para la compra de dólares. Es una alegría sorprendente teniendo en cuenta la historia económica argentina con las bruscas devaluaciones.

Previo a detallar el recorrido de las medidas es conveniente saber que no era necesario semejante ajuste en ninguna de las variables económicas. La economía argentina no está en crisis aunque sí enfrenta tensiones cambiarias, inflacionarias, fiscales y del sector externo. Solo el repiqueteo –acción que está proponiendo el macrismo para la difusión de análisis económicos en los grandes medios amarillos– de la falacia acerca de la inexistencia de reservas y del desborde del déficit fiscal justifican los bruscos cambios que Macri dispuso en retenciones, en el tipo de cambio y en la administración del comercio exterior. Es una decisión política deliberada realizar un ajuste de semejantes proporciones. Ajuste que no se inició con la efectivización de las medidas, sino cuando fueron anunciadas el mes pasado por sus economistas. Por eso en la evaluación de la actual gestión económica no hay que estar distraídos y saber que comenzó en noviembre, pese a la intención de Prat-Gay de eludir esa carga al señalar que su referencia son los precios del 30 de noviembre. Adelantar iniciativas que históricamente aquí y en cualquier otro país son informadas de un día al otro para evitar especulaciones y comportamientos defensivos de agentes económicos fue una de las innovaciones de los economistas de Macri. Por eso la inflación y el deterioro de la actividad económica de noviembre, extendido con mayor intensidad en este mes, es responsabilidad de Macri, aunque su ministro de Hacienda y Finanzas pretenda desentenderse.

La sucesión de medidas comenzó con la eliminación de las retenciones a las exportaciones del complejo agrario –y reducción de 5 puntos a las de la soja–, de economías regionales e industriales. Significa una transferencia de ingresos de unos 30 mil millones de pesos anuales teniendo en cuenta un valor del dólar de 9,80, que se eleva a unos 60 mil millones de pesos en 2016 al nuevo tipo de cambio entre 14,50 y 15,00 pesos. También implica un aumento de los precios internos de esos productos de exportación y de sus derivados (por ejemplo, el cerdo que se alimenta con maíz). El impacto inflacionario de esa medida no puede disimularse.

Prat-Gay reiteró una confusión deliberada para justificar su megadevaluación afirmando que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner en ocho años lo hizo “en 230 por ciento” (para no cultivar la ignorancia vale señalar que no existe una devaluación del 100 por ciento –desaparición de la moneda–, lo que hubo fue un aumento del tipo de cambio en esa proporción). La diferencia sustancial es que esa variación fue en ocho años con una política de ingresos progresiva que permitió avances en términos reales del salario y las jubilaciones. En cambio, el fortísimo ajuste cambiario de Prat-Gay es aplicado en un solo día sin ninguna iniciativa de compensación en los ingresos de trabajadores y jubilados. Integrantes de esos grupos sociales que se sentían bajo tortura financiera porque no podían comprar dólares libremente, ahora no lo van a poder hacer por el alza de la paridad y por la caída de la capacidad de ahorro porque el shock inflacionario está deteriorando el presupuesto familiar. No podrán comprar dólares pero lo harán con alegría.

El otro paso del plan económico de Macri es la apertura comercial, liberalizando las exportaciones de productos de la canasta básica y la eliminación del principal instrumento (DJAI) para evitar el ingreso irrestricto de importaciones. Lo primero presiona aun más sobre la tasa de inflación por el lado de la competencia entre el abastecimiento interno y las ventas al exterior y por el impacto pleno del precio internacional en el mercado local. En sentido contrario, las importaciones servirán para frenar los aumentos de precios pero con consecuencias negativas sobre la producción nacional y el empleo. Es una estrategia de menos inflación con más desempleo.

La medida no mencionada ayer por Prat-Gay pero que constituye otro pilar importante del programa contra el salario es la reducción y hasta eliminación de los subsidios en servicios públicos esenciales (inicialmente en luz y gas; sin definiciones por ahora en transporte). Aquí la obsesión es el nivel de gasto público y el déficit fiscal, entonces buscan compensar la pérdida de recursos por la eliminación de retenciones con menores subsidios. Pero la megadevaluación aumentará esa cuenta por el costo de la energía importado, salvo que también lo trasladen al consumidor, lo que las tarifas subirían todavía mucho más de la estimación inicial. Un alza que se reflejará en la tasa de inflación.

Para sostener estos cuatro frentes del plan económico (retenciones, devaluación, apertura y menores subsidios) que provocan un shock inflacionario que el Indec-Todesca anunció que no medirá, Prat-Gay apelará a la suba de la tasa de interés para desalentar la compra de dólares y al endeudamiento desenfrenado. Fue impactante la alegría expresada por el ministro cuando informó que no serán 10 mil millones de dólares, sino de 15 mil a 25 mil millones de dólares el monto del blindaje financiero. Es un paquete de deuda que estará completado en cuatro semanas, confió el ministro. Por ahora se tiró a una pileta que sólo estará abastecida con 400 millones de dólares diarios por adelantos de las exportadoras de cereales. Además, disparar la tasa de interés tiene un efecto negativo sobre el nivel de actividad con el objetivo de no alimentar la corrida cambiaria. Es recesivo y una trampa de difícil salida, como enseñan situaciones similares de las décadas del 70 y 80.

El plan económico de Macri, que tiene la innovación de un ministro presentando una megadevaluación con alegría por el “fin del cepo”, apunta a redefinir una distribución regresiva del ingreso. El salario y las jubilaciones quedaron alcanzados de ese modo por el dardo de Prat-Gay.

martes, 27 de octubre de 2015

"EL MINISTRO DE ECONOMÍA VOY A SER YO", UNA TRANSFORMACIÓN CONCEPTUAL, POR ALFREDO ZAIAT (Fuente: Página12, 27/10/15)

ALFREDO ZAIAT


 A CINCO AÑOS DE LA MUERTE DE NÉSTOR KIRCHNER

El periodista le preguntó quién iba a ser su ministro de Economía y la respuesta descolocó a varios: “Voy a ser yo”. Fue el primer gran desafío al sentido común instalado acerca de las cuestiones económicas. Luego eligió para ese cargo a Roberto Lavagna, más por especulación electoral que por decisión de delegar el manejo de la economía en manos de quien estaba al frente del Palacio de Hacienda en la administración de Eduardo Duhalde. Néstor Kirchner rompió de ese modo con una idea que se había naturalizado respecto a la gestión de gobierno: entregar el diseño y la implementación de la política económica en supuestos expertos con título universitario de licenciado en Economía.

El desplazamiento de los centros de decisión del gobierno de la figura del “economista rey”, ese profesional que establece que es lo que se puede hacer en materia económica, con un supuesto saber técnico pero que es político e ideológico conservador, ha sido una de las contribuciones más relevantes de Kirchner en el indispensable sendero de construcción de otro sentido sobre la gestión de la economía. Ese cambio conceptual sobre lo que significa la economía y el ministro a cargo es lo que permite comprender las diversas iniciativas durante los doce años del kirchnerismo. También las resistencias que provocó Kirchner. Hasta ese momento los ministros de Economía habían tenido históricamente un lugar relevante en los gabinetes nacionales. Las periódicas crisis los colocaban en un lugar de privilegio respecto a la de sus colegas del gobierno, hasta llegar a niveles de compartir espacios de poder y competir con el propio presidente de la Nación.

Uno de los sucesos más importantes de la realidad argentina que significó la sentencia de Kirchner “yo soy el ministro de Economía” fue la de haber desplazado a la ortodoxia y a sus economistas de los centros de decisión. La transformación conceptual sobre lo que es la economía, un espacio donde se dirimen intereses y poder, y sobre la política, instrumento ordenador del mundo económico, es uno de los aportes más sustanciales de esa definición inicial. Con esa manifestación de ejercicio pleno del poder conferido por la voluntad popular interpeló al mundo conservador dejando en evidencia que la realidad económica es más compleja que modelos con ecuaciones matemáticas y que el desequilibrio es el rasgo dominante de las sociedades debido a la intervención de factores imprevistos.

Kirchner enterró lo que hasta ese entonces era observado con naturalidad: el alquiler al mundo empresario y de las finanzas del manejo de la economía. Por el Palacio de Hacienda transitó un equipo liderado por un delegado de la Fundación Mediterránea (Domingo Cavallo), otro de la ultraortodoxa CEMA (Roque Fernández), uno de la liberal FIEL (Ricardo López Murphy), de un grupo económico (Miguel Angel Roig y Néstor Rapanelli, de Bunge & Born) y un conspicuo miembro de la Sociedad Rural y director de Acindar (José Alfredo Martínez de Hoz). La existencia de ese poder paralelo en el Ministerio de Economía ha significado uno de los principales disciplinadores de los gobiernos.

Kirchner cumplió con lo que había prometido. Fue el ministro de Economía en los hechos. Se dedicó a analizar diariamente las principales cifras de variables clave y se ocupó de estar al tanto de todos los detalles de la política económica. El ministro del área era su asistente. Así sorprendió con varias medidas económicas fuertes, por ejemplo pagar al FMI toda la deuda al contado de un día a otro. No sólo recibía las cifras, sino que cuando alguien le acercaba alguna observación sobre un tema económico que desconocía, la estudiaba y luego ordenaba instrumentar una medida al respecto. Uno de esos casos fue fijar retenciones sobre las exportaciones de hidrocarburos.

Néstor Kirchner fue el primer presidente de la democracia recuperada en 1983 que se puso al frente de la conducción de la economía. Fue una de las principales enseñanzas que dejó para la gestión de gobierno, y que Cristina Fernández de Kirchner continuó en sus dos mandatos. Es un activo que se pondrá a prueba con el próximo gobierno que surgirá del ballottage del 22 de noviembre.