viernes, 8 de junio de 2018

ESTADO DE DERECHO Y NEOLIBERALISMO, Por Susana María Orcaje (") para Vagos y Vagas Peronistas


Neo liberalismo y Democracia

¿Este modelo neoliberal es compatible con la democracia?


El siglo XXI amaneció con una crisis del neoliberalismo en varios países de América latina.


Algunos gobiernos elegidos por el voto popular (Brasil, Bolivia, Ecuador, Argentina, Paraguay, Honduras) lograron por primera vez en la región la inclusión social que abarcó distintos sectores poblacionales. Se avanzó en políticas de DDHH y la participación social fue central en el funcionamiento de las políticas del Estado.  

El año 2001 fue un hito donde comienzan los rechazos a las políticas neoliberales. El FPV, apoyado por fuerzas progresistas, logra un espacio de estabilidad económica, cuyo logro más importante es haber saldado la deuda con el FMI. Los poderes del Estado logran funcionar con un equilibrio adecuado.

En el 2015 las elecciones nacionales dan como resultado un vuelco hacia ideas conservadoras, llamadas también: neoliberales. Es la primera vez que se logra restaurar un gobierno conservador sin un golpe de Estado.

Los paradigmas que aparecen en este nuevo escenario se caracterizan por un crecimiento exponencial de las fuerzas de seguridad. El modelo económico está basado en la especulación financiera y este error nos lleva nuevamente a endeudarnos con el FMI. Hay detenidos políticos (caso Milagro Salas). Se utilizan mega DNU (Decretos de Necesidad y Urgencia) como en el 2018, que se oficializó la derogación de 19 leyes y se modificaron otras 140. Entre estas medidas hay cambios importantes en áreas sensibles del ANSES. Otro ejemplo: cuando la oposición logró sancionar la ley que frena la suba de tarifas, el Poder Ejecutivo la vetó a las pocas horas. Se investiga la desaparición forzada de personas (caso Santiago Maldonado), la muerte dudosa a manos de Prefectura Naval (caso Rafael Nahuel). Derogación de derechos adquiridos (caso de Jubilados y Discapacitados). Ataque a la Educación Pública denostando a sus dirigentes gremiales, a sus docentes y generando enfrentamientos innecesarios. Cierre de los bachilleratos en la Provincia de Buenos Aires. Cierre de escuelas en el Delta del Paraná. El Cierre de los Profesorados de formación docente se anuncia para fines del 2018. Miles de trabajadores despedidos de organismos del Estado sin otra justificación que el ajuste (SENASA, INTI, INTA y otros ministerios). Presiones y extorsiones para que funcionarios del Estado dejen sus cargos (caso de la Procuradora General de la Nación Gils Carbó) y distintos magistrados del Poder Judicial. Opinión crítica permanente en contra de los organismos de DDHH. Desprecio contra los pueblos originarios (caso pueblo Mapuche).

Esta enumeración es solo un ejemplo parcial de las medidas que está tomando el Gobierno Nacional.

¿Cómo podemos llamar a este fenómeno político-social?

Estamos frente a un fenómeno político de manipulación mediática. No es privativo de la Argentina, ya que otros lugares de la región, por ejemplo Brasil, lo esta experimentando. Tiene distintas manifestaciones. Una denominada “lawfare”, es decir, la guerra judicial contra el adversario político, otra “post-truth” que significa posverdad, que es nada menos, según la definición del diccionario de Oxford “la distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en sus actitudes sociales”. Otra es fake news (noticias falsas) que tomando el imaginario social se crean relatos que no son verdaderos y les da publicidad a través de las redes y el resto de los medios de comunicación. Esta actitud persecutoria es un permanente fusilamiento mediático que no acepta apelaciones ni razón de ningún tipo. Los periodistas que no están alineados están sufriendo el aislamiento sistemático, ejemplo de esto es el caso Roberto Navarro, quien se vio impelido a dejar un canal de TV por informar noticias de archivos que molestaban al oficialismo.         

Las escuchas ilegales son moneda corriente en la Argentina hoy. Desde el poder político se desconoce así la garantía de los ciudadanos.  

Neoliberalismo y democracia parecen ser antagónicos en este momento. El Estado de Derecho está en peligro. Hay exceso de mecanismos de manipulación social, llámese: post-truth (posverdad), lawfare (guerra legal), fake news (noticias falsas), sobornos, extorsión o sutiles amenazas.

Debemos preguntarnos frente a este panorama cómo podemos abordar estos desafíos históricos democratizando el poder con una estrategia acorde a los nuevos tiempos. La opresión debe ser resistida. Cómo lo haremos, es un camino a construir.   
     
Para concluir citaré un texto de Thomas Piketty, de su libro El Capital en el Siglo XXI : “durante los últimos 40 años el neoliberalismo se caracteriza por una concentración de Capital Patrimonial sin precedentes. La concentración del poder (económico, político y mediático-cultural) en minorías atenta en sus fundamentos contra cualquier soberanía en manos de los ciudadanos. Sus intelectuales orgánicos hacen lo imposible por negarlo y hace tiempo luchan por la apropiación simbólica de la “democracia”.

No le regalemos esa denominación, no le hagamos el trabajo fácil, no lo merecen”.

(") Socióloga
4 de Junio 2018


miércoles, 6 de junio de 2018

EN TORNO A LOS SUJETOS, Por Jorge Luis Cerletti para Vagos y Vagas Peronistas

Los sujetos, mediaciones y cambios. 

El cambio de un orden social depende de los sujetos capaces de generarlo puesto que las condiciones estructurales no hacen más que reproducirse. Y la lucha de clases, motor de las transformaciones en la historia, resultó un concepto fundamental asumido por el marxismo que se reflejó en su definición de sujeto. Sin embargo, existía una mediación que no fue suficientemente valorada y que instaló serios interrogantes y numerosas polémicas a partir de la experiencia estatal del socialismo.

Su difundido concepto de clase social remite al lugar ocupado en la producción como determinante de los comportamientos colectivos. Correlativamente, las relaciones económicas explican las distintas formas de explotación que polarizan a los miembros de una sociedad, lo que se traduce en el antagonismo de clases. Las figuras de amo y esclavo, señor feudal y siervo, capitalista y obrero, conforman sus encarnaciones de acuerdo a los períodos históricos considerados.

La política, inherente a las relaciones de poder, tendió a verse en función de las relaciones de explotación causantes del antagonismo de clases y así quedó subordinada a las relaciones económicas. Mas, para que las clases oprimidas asumieran un carácter revolucionario, se planteaba la necesidad de que tomaran conciencia de su condición de explotada lo que suponía un salto cualitativo que proyectaba a la política a primer plano. El marxismo, utilizando un concepto de Hegel, simbolizó ese proceso como el pasaje de la clase en sí a la clase para sí. No obstante, al tomar al proletariado como sujeto principal en base a la contradicción capital-trabajo, continuó anudado lo económico y lo político oscureciendo las diferencias entre uno y otro campo. En consecuencia, las luchas debidas al antagonismo de clases velaron las relaciones de poder al interior de la clase para sí y remitieron a las disputas hegemónicas acerca de quiénes debían representarla y conducirla. De ese modo se deslizó un doble forzamiento: la clase obrera erigida en sujeto revolucionario según fundamentos económicos y, por otro lado, la conducción triunfante que se asumió como su personificación política y gestora de los intereses de dicha clase.

Forzamientos que agudizaron el problema pues el sujeto proletariado al ser parte de la estructura que debía transformar quedaba, en verdad, en suspenso como tal sujeto. Porque la toma de conciencia, su condición constitutiva, provenía del exterior y dependía de la política. Pero esa grieta fue obturada por otra figura: la vanguardiaencargada de promover y encabezar el pasaje del en sí al para sí. Por lo tanto se instaló una diferencia sutil, la clase obrera como sujeto revolucionario exhibía una intermediación sustantiva que en realidad significaba un desplazamiento. Y ésta es la mediación mencionada al comienzo. Mediación que cumplió un papel clave en la concepción clasista del sujeto.

De acuerdo a esa lógica política correspondería decir que el verdadero sujeto de cambio resultó “la vanguardia” mientras la clase que representaba era su fuente energética. Lógica inherente a los partidos estructurados como organizaciones piramidales donde el poder se ejerce desde las cúpulas hacia las bases.

Aquí se potencia el problema pues la extracción de clase de dicha vanguardia, en general y mayoritariamente, provino de otros sectores sociales con mejores condiciones de acceso a los saberes “formadores de conciencia”. Y otra vez se entreveran el campo de la política y el de las relaciones económicas cuya superposición conceptual dio pie a notorios desfases. Como ser, “el Estado de la clase obrera” no devino tal sino que al fundirse las estructuras jerárquicas del partido y el Estado se gestó un aparato dirigente que distó de “representar” a la clase y terminó transformándose en su contrario. 

La política no es un mero producto de las relaciones sociales sino que éstas configuran el contexto histórico en el que se desenvuelve aquélla. Por lo tanto, adjudicarse la representación de la clase es un acto político que deriva en una apropiación indebida si aquélla no construye el protagonismo real de los sometidos como actores de su emancipación. Y ésta es una deuda pendiente que no admite atribuirse roles a priori pues abrir rumbos no es lo mismo que romper con la dominación. Ergo, suprimir el par explotación-dominación es una tarea política que exige resolver el carácter del poder revolucionario desde la génesis misma de su proceso de construcción.

Este breve análisis no supone una disquisición teórica sino que está íntimamente vinculado a la actualidad que, asimismo, incorpora nuevas características. Porque si bien el capitalismo “genéticamente” es el mismo que el del siglo XIX donde irrumpió el marxismo revolucionando las ideas y la lucha política, hoy produjo cambios de tal magnitud que nos ponen frente a una situación diferente. Cambios que detonaron en las últimas décadas del siglo pasado como producto del nuevo modelo de acumulación y la revolución tecnológica en marcha.

Los efectos de tal situación operan sobre el sujeto social que surge de la oposición capital-trabajo propia del modo de producción capitalista. Téngase en cuenta que el proletariado industrial considerado el sujeto político por excelencia en todas las grandes revoluciones que se consumaron en el siglo XX, se ha visto condicionado por el desarrollo económico constitutivo de la gran fortaleza del capital.

Agotado el modelo fordista que dio lugar a la llamada sociedad de bienestar se abrió una nueva etapa. Dicho modelo entró en crisis pues la rentabilidad del capital chocaba con las demandas de la clase obrera apoyadas en la importancia de la especialización que era indispensable para el fordismo y su producción en masa.

Paralelamente, la crisis energética catapultó la innovación del “sílice”, baratísimo recurso y componente básico de la cibernética. Ésta, motor de la revolución tecnológica, transformó las comunicaciones, la administración en general y originó nuevas formas de producción industrial cuyo más sofisticado exponente es la robótica. Esto generó un desbalance en las relaciones de fuerza que favorecieron decididamente al capital. Para los asalariados significó el fin de la gravitación de la especialización abriendo paso a la polivalencia y a la inestabilidad laboral -la “flexibilización”- que se tradujo en el deterioro de sus anteriores conquistas. Y al ritmo de la fabulosa concentración del capital creció enormemente la potencia de las grandes Corporaciones. Éstas hoy pueden desplazar sin mayores problemas sus fábricas como resultado de la revolución en el transporte a la vez que sus transacciones financieras se realizan en tiempo real. Así, mientras el capital derriba las fronteras nacionales, los trabajadores quedaron confinados territorialmente y sometidos a la presión que proviene de cualquier lugar del planeta que ofrezca mejores posibilidades de explotación. La traducción política de este proceso se vio reflejada en el Consenso de Washington.

Una característica del nuevo modelo de acumulación es su tendencia expulsora de mano de obra por efecto del gran avance de la inteligencia artificial y los potenciados medios de producción actuales, proceso que la revolución tecnológica no hace más que acentuar. Las maravillas que produce contrastan con la miseria que engendra sobre los sectores más vulnerables siguiendo la lógica de la ganancia que no repara en “costos” humanos. Se gestan entonces algunos fenómenos sociales cuya incidencia alteran la fisonomía inherente a la etapa anterior.

Uno de ellos es el caso de los desocupados que, al perpetuarse como tales, pasaron a la condición de “excluidos” lo que constituye un cambio socio-económico importante. En rigor, ya no pertenecen al “ejercito de reserva” del capital pues poco significan como sustitutos potenciales del trabajo vivo. No obstante, le sirve de elemento de presión sobre la masa de trabajo activo que registra la amenaza de pérdida permanente de acceso al mercado laboral. De allí que la exclusión caiga fuera de la contradicción estructural capital-trabajo pues supone la separación del proceso económico con mínimas chances de reinserción. Luego, quienes la sufren se transforman en un sobrante humano que nada representan para la explotación tradicional.

La desvalorización económica se traduce en una recurrente miseria que conduce a la degradación de la condición humana que alcanza, en distinto grado, a la pobreza de quienes están en los bordes del sistema subsistiendo con trabajo en negro o por cuenta propia. El fenómeno se extiende especialmente en la periferia donde prolifera en los conglomerados urbanos y sólo preocupa en términos políticos para que su existencia no afecte a la estabilidad de la dominación del capital. Crece entonces el asistencialismo como contenedor de conflictos y “desbordes” sociales. Su costo de mantenimiento se socializa al ser sostenido por el erario público mientras que su uso político es objeto de manipulación de parte de los gobiernos de turno. Y cuando su peso económico es demasiado gravoso o insuficientes los recursos destinados a absorber este fenómeno sistémico, la profundización del desamparo ofrece un campo fértil para negocios “espúreos”, vale decir, los que se realizan por fuera del circuito legal del capital. (1)

Desde una óptica clasista tradicional, se puede apreciar que a mayor afianzamiento del capitalismo los sectores medios crecen en importancia en detrimento del anterior rol protagónico de la clase obrera. Los beneficios de que gozan aquéllos como adictos consumidores del incesante bombardeo de productos de nueva tecnología refuerza su proverbial ambivalencia y volubilidad. Insertos en el circuito del capital con su destacada participación vinculada a la realización del mismo, resultan dependientes de su expansión productiva y mercantil. Le otorgan así una base política considerable a modo de “colchón” atemperador de las contradicciones del sistema las que también sufren como producto de la alienación y el stress que genera la feroz competitividad impuesta. En suma, la gravitación creciente de este sector tiende a aminorar la relevancia de la clase obrera que ha perdido potencia frente al capital.

También corresponde consignar un corrimiento interclase. El que se verifica entre los sectores del transporte y de los servicios cuya repercusión en la conflictividad social llega a superar a los del campo industrial por efecto del nuevo modelo de acumulación.

Asimismo, la importancia de los obreros industriales, principales referentes de clase durante el período de la segunda revolución industrial, se ha deteriorado por la complejidad alcanzada por la contradicción capital-trabajo en esta etapa. Y al ser tan fuerte la hegemonía político-económica del capitalismo, la condición estructural vela el rol de los sujetos. En tanto que los verdaderos protagonistas y beneficiarios de este orden social se encubren fetichizando a “los mercados” como si se tratara de entes con vida propia ajenos a los sujetos reales que los componen y controlan. Así enmascaran la explotación y su política de dominación que ocultan tras la pantalla de una operatoria asociada a la eficiencia del sistema que aducen “se regula automáticamente”. Semejante hegemonía, trasladada al campo de quienes la padecen, condiciona el surgimiento de posibles sujetos de cambio que tienden a ser neutralizados en la medida en que se adapten a las condiciones estructurales que obturan toda opción real.

Lo anterior pone a la orden del día la problemática de la constitución de nuevos sujetos capaces de subvertir el orden capitalista, condición necesaria para su transformación. Mas, un orden social consolidado ofrece gran resistencia al cambio aunque las luchas le arranquen concesiones y eventuales situaciones más “benignas”. Y así como las crisis responden a las contradicciones internas del sistema, la agudización de las mismas y la gestación y maduración de procesos en ruptura depende de la creación política de los sujetos. Y ésta es una cuestión vital para la emancipación.





………. ººº ……….

(1) Por ejemplo, es un terreno propicio para el negocio del narcotráfico, uno de los que más facturan en el mundo y que presenta una doble faz. Del lado de la demanda, abarca a los sectores de ingresos medios y altos que sufren la alienación y las tensiones que engendra la feroz competencia capitalista. También y residualmente, alcanza al ámbito de la marginalidad que consume los rezagos “industriales” de la droga, cuestión que no se desperdicie nada. Del lado de la oferta, cuenta con enclaves agrarios como focos productivos mientras que su comando se asienta en los grandes conglomerados urbanos de la pobreza y la marginalidad, principal territorio donde reinan los narcotraficantes. Allí se establece y organiza una suerte de Estado dentro de otro Estado, con códigos y realidades absolutamente diferentes a los del conjunto de la sociedad.

Este fenómeno refleja de manera brutal cómo el capitalismo explota las miserias que genera al tiempo que contamina urbi et orbi. Se trata de un fabuloso negocio “por izquierda” que se entremezcla con el circuito “legal”, en el que están involucrados importantes Bancos y que penetra diversos organismos del Estado. Así “blanquear” (valga el doble sentido del término) capitales resulta una empresa de las más lucrativas y el tendal de víctimas que deja a su paso, una metáfora negra de la capacidad destructiva del capitalismo. La siniestra presencia del narcotráfico exhibe patéticamente las consecuencias de la explotación. Pero es sólo uno de los efectos destructivos del orden social capitalista al que corresponde añadir, entre otros, el tráfico de armas asociado a la industria bélica y la agresión al planeta considerado como objeto de enriquecimiento que desprecia su condición esencial para la vida en el presente y que compromete a las futuras generaciones.

sábado, 2 de junio de 2018

HUMANO, SUB HUMANO E INHUMANO, Por León Pomer (") para Vagos y Vagas Peronistas

     
      En el mundo del capital, la dominación de una minoría sobre extensas mayorías humanas exige el ejercicio permanente de una plural violencia, a comenzar por la muy explícita y físicamente rayana en la más absoluta crueldad, que no satisfecha con la generosa distribución del hambre, obsequia a los dominados con dolencias de típico origen social, amén de tiempos de vida disminuidos por el agobio, la frustración y la angustia; la otra violencia, sinuosa y artera, silenciosa y opulenta de engaños y mentiras, valiéndose de la malversación semántica pretende representar la civilización cuando en realidad representa la barbarie vigente.

Aquellos a quienes el sistema confía la responsabilidad de dirigir los destinos colectivos, o que asumen por sí mismos la defensa y permanencia del enorme desorden que insiste en nominarse “orden social”, deben poseer los atributos necesarios para cumplir con eficacia la tarea, sea cual fuere el nicho en que desarrollan sus prácticas comportamentales. Parece razonable pensar que no todos los miembros de la clase dominante, y los oriundos de otras clases que se suman activamente a la función de dominación, tienen estómago para autorizar (y ejecutar) asesinatos por la espalda a jóvenes pobres acusados de portación de cara, ni mandar apalear, gasificar y balear a obreros despedidos sin mayores miramientos, “persuadiéndolos” a callar la boca mientras son literalmente arrojados, ellos y sus familias, a la calle y al vacío de la desesperación. No todos pueden ser indiferentes a la desaparición de un submarino y sus 44 tripulantes, y a la cesión gratuita de pedazos de soberanía a empresas multinacionales, fondos monetarios internacionales y gobiernos con vocación colonial-imperial. Convengamos: para hacer esas y otras ignominias (la lista es larga) son necesarios el ejercicio diario de la mentira y el vilipendio, la estigmatización y el relato falso que aun encuentra incautos que muerden el anzuelo; para cometer tamañas hazañas, exhibiendo por añadidura una sorprendente, pasmosa y tétrica indiferencia frente a la desnutrición y el hambre que sus políticas infieren a los casi 50% de niños argentinos(información proporcionada por la Universidad Católica Argentina), es necesario carecer de la más insignificante migaja de conmiseración por el prójimo, no sentir el más leve estremecimiento en la piel y nada que se parezca a un reproche de consciencia, o una noche habitada por pesadillas funestas.

Pregunta indispensable: ¿cómo se genera una estructura humana que deja tan mal parado al homo adjetivado de sapiens que se supone que somos? Respuesta plausible: haber vivido y recibido desde la más tierna infancia una conformación-modelación del pensar y del sentir, capaces de convertirse en ejes articuladores de las conductas indispensables para doblegar a millones y millones de personas; conductas que deben establecer claras diferenciaciones con la masa, tenida como sub humana y por lo tanto destinada a servir con humildad y boca cerrada a los privilegiados del sistema. La dominación crea en los dominadores y sus secuaces una manera necesariamente depravada de humanidad, sin cuya acción inhumana le sería imposible subsistir; depravación imbuida, respirada y digerida en el hogar, en “selectos” ámbitos de socialización y sociabilidad, en colegios y universidades de alta alcurnia y en el desconocimiento de la dignidad de seres a quienes el sistema niega una vida como la de quienes creen tenerla honorable, gracias a las riquezas y bienestares no por ellos producidos, pero si por ellos apropiados. Para obedecer a sus imperativos y consumarse como tal, la dominación debe crear seres fríos como el hielo, inmutables frente al terrible daño colectivo que producen; seres que defenderán a muerte el poder que los hace sentir omnipotentes, les proporciona gratas pleitesías y halagadoras distinciones que les confirman su auto atribuida superioridad humana. Si la función hace al órgano, aquí el órgano son seres que no vacilan en brutalizar multitudes humanas.

La contraparte necesaria de los recién mentados debe ser una masa concebida como irremediablemente grisácea en su anonimato, no por acaso (suponen) situada en escalones inferiores de la biología: una sub humanidad cuyo lugar en la sociedad no puede ser otro que el suburbio cloacal. Esas gentes habrían caído en este mundo cargando una definitiva e irrevocable imperfección: ¿ genética, de misterioso origen metafísico, una tara que les impediría acceder a la inteligencia, a una vida independiente y autónoma, a un lidiar exitoso con los desafíos que les permitan “subir” y destacarse? En definitiva: el vivir pleno y confortable, para los menos, según lo entiende el sistema de la dominación, no es para los más, según tuvo el mérito de declararlo en días cercanos la autoridad máxima del Banco de la Nación; el buen vivir pertenece en exclusividad a aquellos que “por algo” han llegado a la cima del dinero. No olvidemos que también tienen derecho a ciertos privilegios sectores, nada escasos, de las llamadas clases medias, que temen a la miseria y a sus víctimas y sonríen obsecuentes al arriba social con la esperanza de no recibir un escupitajo por respuesta. También tienen derecho a vivir una cierta cuota de disfrute ciertos aventureros y desclasados de origen popular, que con vilezas, dobleces y artimañas se han hecho un lugarcito entre los servidores del poder.


Que gentes del suelo social acepten su condición de supuestos malparidos constituye un triunfo supremo de la dominación. Para los no resignados a vivir como vegetales, o simplemente durar hasta extinguirse en el silencio, el poder de la dominación tiene los correctivos necesarios: ahí está el gendarme como argumento irrefutable. A los que se hacen ladrones de puro carentes y lastimados, generalmente despojos de una infancia desnutrida de amor y de alimentos, de una adolescencia y una juventud vividas sin el mínimo de satisfacciones que los humanos requieren en los días actuales: a esos la dominación ocultará cuidadosamente que la desgraciada vida a que fueron constreñidos no es producto de su atribuida, innata degeneración, sino de una sociedad incapaz de reconocer que todos los sujetos parlantes y pensantes tienen la mala costumbre de comer todos los días, a sentir que son amados y que aman y mostrarse osadamente insatisfechos cuando son maltratados y acosados por agentes de policía; por añadidura, y para colmo de insólitas aspiraciones, creen tener el derecho a poseer una vivienda decente y la necesaria paz y tranquilidad para ejercer la creatividad potencial que en tanto humanos poseen.

El sistema de dominación, personificado en los gobernantes de turno y en quienes los sustentan, acepta que la humanidad subalternizada y explotada se limite, como máxima concesión, al quejido o al grito de dolor; no admite, no perdona la protesta activa, la insurgencia a sus dictados, el enfrentamiento lúcidamente crítico. La humanidad subalternizada debe creer en un destino que la quiere callada, mansa y aborregada. La dominación estructura las personas (no siempre lo logra) según el papel que desempeñan en la sociedad. Está en su entraña jamás reconocer la igualdad esencial de todos los seres humanos.

Para contrastar lo dicho más arriba con lo que concluyeron dos sabios franceses, demos un vistazo a un artículo titulado Somos Inteligentes Porque Somos Seres Sociales, aparecido en el portal Inves-tigation, de Michel Collon, publicado el 28-10-2016 por Internet, que informa sobre los trabajos realizados por Dirk Van Duppen, médico y Presidente de Medicina para el Pueblo, y Johan Hoebeke, biólogo especializado en la teoría de la evolución y antiguo investigador del CNRS (Francia). Los descubrimientos de estos hombres de ciencia desmienten (son palabras de ellos) las tesis antropológicas neoliberales: “En tanto seres humanos somos super empáticos, super sociales, y de este hecho se sigue que somos super colaboradores, hechos para trabajar juntos. Se ha descubierto que la selección natural operó sobre estas características. Nuestra inteligencia humana evolucionó parejamente con nuestras características de ser super social. La larga infancia del ser humano (el mamífero que vive la llamada neotenia) y la adolescencia prolongada, están en la base del instinto pro – social”.

Van Duppen advierte: ”En un sistema neoliberal de economía de mercado, la economía determina que hay que ir a la maximización de la ganancia. El que no juega este juego es arrasado por la competencia. Nosotros mostramos que esto va al encuentro de nuestras tendencias pro sociales, y en consecuencia, nos deshumaniza. Durante 200.000 años hemos evolucionado biológicamente para vivir de manera social e igualitaria. Lo contrario de lo que hoy existe. Hoebeke agrega: ” Cada vez más personas son conscientes que continuar por la vía de la deshumanización, tarde o temprano nos conducirá a la destrucción de nuestro ambiente y en consecuencia de la especie humana”. En pocas palabras: el sistema de dominación pervierte la índole natural de la criatura humana, obligando a la inmensa mayoría a vivir a contramano de sí mismos.

Lo corrobora La sociedad del cansancio, libro del filósofo coreano Byung Chul Han, residente en Alemania, que analiza las enfermedades que produce el capitalismo neoliberal, entre otras la depresión y la opresión psicológica. El neoliberalismo reconfiguró a los sujetos, advierte: en los medios de comunicación, en la publicidad, en la escuela, en el trabajo y en la familia todos estamos presionados a vivir del discurso del libre mercado si no queremos quedar rezagados. Nuestros deseos, proyectos y aspiraciones son marcados por el capital. Con el discurso del mérito (la llamada meritocracia), nos hacen creer que cada uno de nosotros es capaz de cumplir sus sueños: todo es posible en el neoliberalismo, siempre que uno se esfuerce lo suficiente, posea y ponga en acción la energía y la astucia necesarias para “triunfar en la vida”. Quien fracasa en la sociedad neoliberal es aleccionado: la culpa es exclusivamente suya. Nada de atribuir responsabilidades a la sociedad, su organización, sus ideales y exigencias. El sujeto fracasado debe reconocerse como un inútil y descerebrado. En ese régimen de autoexplotación, cree Byung, la agresión es desviada contra sí mismo. En el mundo de los obreros, prosigue, el síndrome de cansancio físico y mental y el estrés laboral llegan a niveles alarmantes. La inexistencia de sindicatos (¿estará hablando de la Argentina actual?), de contratos colectivos, el aumento de la jornada laboral, los salarios raquíticos, la desaparición del derecho a la jubilación, la precarización del trabajo son formas de aumentar el cansancio. Enfermedades como la depresión, los infartos y derrames cerebrales adquieren una fuerza e intensidad mayor en las filas de los asalariados: la explotación en la fábrica genera fenómenos aberrantes. Agreguemos: la falta de trabajo, la exclusión y el hambre devienen la antesala de la muerte en vida o el morir prematuro. Talvez como nunca en la larga historia de la dominación, esta ha logrado llegar a ese extremo, insiste, Byung. Lejos de referir su malestar a la existencia que le impone el sistema, el sujeto mentalmente colonizado lo atribuye a algún desarreglo que nace exclusivamente de sí mismo. La sociedad exculpada.
Byung Chul Han


Y hablando de dolencias sociales, aquí algunas informaciones adicionales provenientes de la “mayor democracia occidental”, objeto de obsecuentes admiraciones por quienes la toman con el ejemplo de vida que quisieran para si y los suyos. De acuerdo a los Institutos Nacionales de la Salud, de los Estados Unidos, casi el 20 por ciento de los adultos estadounidenses padece una enfermedad mental cada año. Los trastornos de ansiedad son lo más común, afectando anualmente a 40 millones de personas mayores. Alrededor del 7 por ciento de los adultos estadounidenses sufren depresión grave. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, EE.UU. es uno de los países con más altos índice de depresión en el mundo, en tanto que a nivel mundial la depresión es la principal causa de problemas de salud y discapacidad, y el factor principal en los casi 800.000 suicidios anuales. Para salvar el buen nombre de la sociedad, diversos profesionales tratan los males que destrozan millones de vida como originados pura y exclusivamente en la química cerebral, excluyendo las causas ambientales cuya influencia sobre esta es decisiva.

La comida basura domina multitud de dietas; inmateriales “valores” basura envenenan millones de mentes. Hombres de ciencia sostienen que el vapuleado sapiens tiene necesidades psicológicas inherentes a su condición de homo. Debe sentir, enseñan, que pertenece a algo que valga la pena, que la vida tiene un significado y un propósito, que él es reconocido y valorado y que el futuro tiene sentido. En la sociedad actual, es una triste ilusión lograr satisfacer las profundas necesidades psicológicas que subyacen en la criatura humana: carencia decisiva que fundamenta la explosiva crisis de depresión y ansiedad que obsequia una sociedad enferma que contagia generosamente su esencial enfermedad. Citando de nuevo a Byung, ahora en el remate de sus reflexiones: “la moderna pérdida de creencias afecta no solo a Dios o al más allá, sino también a la realidad misma: la vida humana se convierta en algo totalmente efímero y patéticamente vacío”.



El sistema adjudica plena humanidad a quienes lo mandan desplegando una feroz inhumanidad; el resto es sub humanidad doliente y sufriente. Humanos, sub humanos e inhumanos son producciones sistémicas.


(") Doctor en Historia y Sociedad. 18 libros publicados, algunos en Brasil y Argentina y otros sólo en Brasil. Decenas de ponencias en congresos nacionales e internacionales y centenares de artículos sobre historia y literatura. Docencia en la Argentina (UBA y Universidad del Salvador) y Brasil (Universidades de Campinas, del Estado de San Pablo y Pontificia de San Pablo). Incluido oportunamente en el programa Café, Cultura Nación de la Secretaría Nacional de Cultura.

jueves, 31 de mayo de 2018

EL MALO DE LA PELÍCULA, Por Juan Escobar



El peronismo en discusión. Como a la cigarra de la canción, al peronismo se le vienen expidiendo infructuosamente certificados de defunción que no logran ver concretada su vocación de profecía autocumplida. Más aún, donde algunos suelen ver un nuevo final, el peronismo suele construir la antesala para un nuevo renacimiento. Algo que, de todas formas, siempre está por verse. Como sucede hoy.

No deja de sorprender, sin embargo, la persistente centralidad del peronismo en el escenario político argentino. A falta de algo mejor, propios y extraños parecen confluir en una suerte de culto sin demasiado lugar para la indiferencia. Punto de referencia aparentemente ineludible, objeto de amores y odios. Causa de todos los males para quienes lo odian. Santo Grial y fuente de toda verdad y justicia para los propios.

Pero esto no constituye novedad alguna, porque ha sido así desde sus orígenes hasta la actualidad. Esta actualidad donde una minoría intensa lucha denodadamente -militancia rentada como pocas- para situarlo día tras día en el lugar del hecho maldito del país mediático.

Siempre hay relatos de la Historia, desde que hay facciones de intereses contrapuestos fijados en la obstinación de hacer prevalecer sus respectivas versiones de los acontecimientos. En la disputa por la Historia, ese campo de batalla, se proyecta aquella pretensión de linaje cuya función no es otra que la de contribuir a la legitimación de lo que se hace en el presente.

El peronismo irrumpió en la Historia argentina y nada volvió a ser como antes. Aunque sigan pretendiendo hacer lo imposible para que eso suceda.

Hubo una insistencia desde el comienzo de ponerlo en el lugar del malo de la película. El cuco, el villano, el culpable. Una tarea asumida con apasionado entusiasmo por nuestro querido enemigo: el inefable y nunca bien ponderado Gorila. ¿Cómo no dedicarle unas palabras al Gorila al andar de estos devaneos peronistas? Vayan algunos comentarios en calidad de piadoso homenaje, aunque más no sea porque con su prédica incansable y su berrinche indiscriminado, viene haciendo más por la unidad del peronismo que cualquiera de nuestros "dirigentes".

El otro, el mismo. “Los peronistas no son buenos ni malos. Son incorregibles”. La frase atribuída incontablemente a Borges ha llegado a proliferar de tal forma que se puede dar lugar a una duda razonable respecto de su veracidad. Roberto Alifano -amigo y entrevistador múltiple del escritor argentino-, viene en auxilio de nuestra alicaída fe, para confirmarlo.
Jorge Luis Borges

En su libro "La Entrevista. Un autor en busca de sus personajes" dedica un capítulo bastante divertido a Borges. Se titula nada menos que “Todos unidos triunfaremos” y está disponible en la web. Transcribe algún diálogo sobre el peronismo y cuenta anécdotas como aquella de los tumultuosos días de 1973 en que ambos se vieron rodeados en la calle por manifestantes que al reconocer al escritor, la emprendieron al grito de “Borges y Perón, un solo corazón”. Borges, apenas recuperado del susto inicial, le dice: “Esto parece un sueño. Despiérteme, Alifano.”

Incorregibles. Borges hablando con cierta resignación del otro, de su otredad. Del recurrente otro de Borges, que en este caso venimos a ser nosotros. Borges, a su vez, el otro; el nuestro otro. A su vez, por qué no, como el nombre de su texto: el otro, el mismo. Alguien para quien la identidad y la otredad tenían su lugar de encuentro en la bisagra del espejo. Un espejo que no sólo para un ciego es ilusorio.

Incorregibles. Es decir: no susceptibles de corrección, que no pueden ser correctos, que no se pueden corregir. En una ambigüedad donde los peronistas son (somos) esencialmente siempre un error, -una anomalía, diría Ricardo Forster- y en simultáneo la personificación misma de la incorrección, con lo que tiene de disonante, incómoda, disruptiva, rebelde. A vos no se te puede sacar a ningún lado.

Una de las características insoslayables del peronismo es cierta manía autorreferencial. Estos comentarios vienen a ratificarlo, como si fuera necesario. Ese discurso centrado en sí mismo suele ser una eficaz estrategia para mantenerse en el tan mentado centro de la escena. Entonces el gorila se queda mirando, siempre en la periferia del peronismo. La ve de afuera. No se siente parte de lo que ve como una fiesta. Cuando en los hechos no es mucho más que gente comiendo todos los días.

Deben ser los gorilas, deben ser. Pero no es que seamos tan así como nos pintan. Tampoco es cuestión de quedarse de un solo lado del espejo. Porque si hay algo que efectivamente ha permanecido invariable -no susceptible de corrección- es la actitud y el pensamiento (para llamarlo de alguna manera) del antiperonismo desde sus orígenes hasta nuestros días.

Como si se tratara de una invasión extraterrestre, como si fuera “el color que cayó del cielo”. Tan ajeno y horrible como las peores pesadillas de H. P. Lovecraft. Como si de verdad fuera esa amenaza ominosa que plasmó Julio Cortázar en su cuento “Casa tomada”. Como si se tratara, en definitiva, de un elemento extraño, como si no fuera producto y emergente de las condiciones sociales, políticas, históricas, nacionales e internacionales en las que tuvo lugar su aparición, su desarrollo y permanencia. Como si tanto su aparición, como su desarrollo y permanencia, en fin, no se justificaran por la acción concurrente de quienes lo odian y de quienes lo asumen como identidad.

Se verifica en el credo básico del gorila estándar una ciega convicción respecto de que el peronismo vino a ser la causa principal de la pérdida de un paraíso imaginario, a partir del cual el país se habría arruinado definitivamente y sin remedio. O con un sólo remedio posible, la eliminación de la causa, su extirpación de cuajo, un retorno al tiempo idílico sin el perro ni la rabia.

La fantasía de una “solución final” para el peronismo como problema, se ha intentado -sin éxito aunque con macabras consecuencias- en más de una oportunidad. Porque así como hay peronismos utópicos, puede verificarse también la existencia de una persistente utopía gorila. Que subyace en el discurso del gorila, cuando no se hace brutalmente explícita.

Así como el mundo perfecto de los nazis hubiera sido un mundo sin judíos, para el sueño gorila el mundo perfecto es un mundo sin peronistas. Uno y otro, el sueño de los nazis y el sueño del gorila engendraron sus propias soluciones finales.

Desde aquella Revolución Libertadora con sus fusilamientos y prohibiciones, hasta la última dictadura que llevó a cabo su plan de desaparición del peronismo, inaugurando una etapa que se extendió un cuarto de siglo, sin importarle si destruía al país en el camino. Quisieron erradicar al peronismo a través del terrorismo de Estado y de la transformación de las condiciones de posibilidad para que se desarrolle el peronismo: el trabajador industrial. Y sus sindicatos. Una vocación persistente como pocas. Que insiste una y otra vez, siempre que tiene oportunidad.

Pero -y en más de un sentido- podríamos decir que gorilas, lo que se dice gorilas, eran los de antes. Especialmente los anteriores a 1976, ese punto de quiebre salvaje y sangriento que lo resignificó todo. Entre aquellos gorilas originarios, desde ese pasado que todavía tiene cosas para decirnos, podríamos recurrir al atendible Roberto Bobby Roth. Personaje pintoresco de militancia antiperonista desde temprana edad, hombre de confianza de Juan Carlos Onganía y entusiasta reclutador de funcionarios para su gobierno de facto. Claramente, uno de ellos. Autor de varios libros, en uno de ellos, “El país que quedó atrás” editado por Emecé en 1967, nos ofrece algunas observaciones interesantes sobre el peronismo.

"El peronismo de oposición -escribe Roth- es otra cosa nuevamente. En la oposición, lejos de deshacerse, diluirse y desaparecer según la fórmula simplista de sus detractores, el movimiento se retempla y renace. La facultad omnímoda de mimesis que le ha permitido representar papeles revolucionarios y conservadores, patronales y obreristas, católicos y ateos, nacionalistas y 'vendepatrias', renace y fecunda. Recorre espontáneamente el mismo vía crucis de sus contrarios con idéntico resultado y por la misma razón. Quienes lo reemplazan están empeñados en una tarea apenas destructiva, carecen de contenido positivo y están a la postre determinados por el peronismo de oposición antes que por sí mismos. La visión del país de unos y otros es igualmente difusa e indeterminada, vaga e indefinida, abierta a cualquier contenido que aporte votos, cerrada a todo deber que los aleje".

Y más: "El peronismo permanecerá ahí, testimonio veraz de nuestra impotencia y desafío perenne a nuestra capacidad creativa, mientras no se admita que con lo bueno y lo malo que trae es tan genuinamente argentino como el radicalismo o el socialismo al menos, y mientras no se abran puertas a las facultades creativas que también trae.

"La peor desgracia que podría ocurrirle al país sería que el peronismo arriara sus banderas, agachara la cabeza y pasara bajo las horcas caudinas mansamente al sistema. Esto nos condenaría a cuarenta años más de estancamiento". Hasta allí Roth, por ahora. Valga como referencia para buscar y leer el texto completo.

O tempora, o simia. Al peronismo le cabe, posiblemente, aquello atribuido a Jean-Paul Sartre en cuanto a que “cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”. Así como el peronismo modeló en gran medida la identidad de sus odiadores, tampoco permaneció del todo ajeno a los efectos tóxicos de quienes lo enfrentaron casi siempre con más pasión que los propios.

Con la vuelta de la democracia, sin embargo, ese fantasma gorila del exterminio continuó recorriendo el país, anidando en mentes enfermas de intolerancia. Hoy vivimos un resurgimiento de esa triste obsesión que tienen los que odian por aquello que odian. Se enseñorea en el gobierno y en la comunicación masiva, apestando foros y redes sociales con insultos generalmente anónimos.

No hay intelectuales casi entre los que profesan ese anacronismo -el Gorila Ilustrado es una especie que se extinguió hace tiempo-, hoy la masa crítica de sus portavoces está conformada mayormente por periodistas. O, con perdón de los profesores de gimnasia, por gente como Fernando Iglesias. Ese que no hace otra cosa que reciclar -mal- los papeles tirados al cesto por Sebreli.

Allá ellos. Ya aprenderán que, como sentenció en alguna oportunidad Aldo Pignanelli: “Se puede gobernar sin el peronismo. No hay problema. Lo que no se puede es gobernar contra el peronismo”. Mientras tanto seguirán como hasta ahora, sin darse cuenta de que son un soplo que contribuye a mantener viva la llama.

Allá ellos, acá nosotros. “Quién iba a decir, Borges, -reflexionaba Roberto Alifano en relación al simpático cantito de aquellos muchachones- que usted y Perón serían los dos sellos incuestionables de la Argentina. Nadie que hable de literatura puede soslayar a Jorge Luis Borges; tampoco quien hable de política puede obviar a Juan Domingo Perón”. Paradojas de un país donde casi ni se lee al Uno ni al Otro.

Unos y otros. Hablar de los gorilas es, dentro de todo, la parte fácil. El tema es cuando tenemos que volver a este lado del espejo.

¿Dónde está el peronismo, cómo reconocerlo o al menos cómo detectarlo? Un método sencillo en el que confío bastante. Allí donde la opinión pública señala lo políticamente indeseable, lo demonizado, la lepra, la peste, la culpa de todo, en resumen: lo maldito. Allí, también allí, está presente el principio activo del peronismo, ese que despierta la pasión enferma del gorila, esa sed insaciable que se ha vuelto su razón de ser. Pero que nunca es todo el peronismo. Ni necesariamente el mejor, dando siempre que hablar. Pero que asimismo nunca deja de ser parte del peronismo. Aunque más no sea por sus defectos, genuinamente peronistas.

Tolle, lege. Leer a Perón, tanto en un sentido literal, como en un sentido figurado. Hay una lectura en el sentido figurado que hace a su infinitamente diversa interpretación, que abarca al peronismo en su conjunto, como un fenómeno integral, muchas veces como si se tratara de un cuerpo homogéneo, negando sus contornos borrosos tanto como su complejidad inherente. Sea el peronismo en sí, o el peronismo en la historia, se encuentra sujeto a una constante evaluación y un permanente escrutinio, tanto por parte de propios como de extraños. Tanto del país como del exterior. Centralidad y protagonismo del peronismo en la escena política, sea por sus acciones o por sus omisiones. Producto temático típicamente argentino, como el mate o el tango. O como Borges.

Pero también leer al peronismo en un sentido literal. Particularmente, leer a Perón. En sus textos, en sus discursos devenidos textos, sus libros, sus entrevistas. Encontrarse con esa textualidad siempre mestiza, plagada de citas sin referencias, de entrecruzamientos, un entramado de escritura colectiva que participó activamente en la escritura mayor de nuestra historia desde su aparición. En ese diálogo constante con la Historia, pero sin dejar de ser una escritura plantada estrictamente en el presente -tanto de su tiempo como de su espacio- y con una clara conciencia de su proyección a futuro. Como tomándose al pie de la letra aquellas palabras de Baruch de Spinoza, el filósofo político: “Sentimos, experimentamos que somos eternos”.

Como de costumbre, nos hemos excedido en el tiempo y el espacio. Defecto típicamente peronista. La seguiremos luego de atender a las matriarcales empanadas que no esperan.

lunes, 28 de mayo de 2018

IMPRESIONES DE LA MARCHA DEL VIERNES 25 DE MAYO CONTRA EL FONDO Y OTRAS YERBAS, Por Susana María Orcaje para Vagos y Vagas Peronistas


Hoy me desperté temprano pensando en la marcha: es 25 de mayo, el día de Patria. Desayuno con lentitud y me preparo a salir con alegría. Tomo un taxi hasta Libertad y Bartolomé Mitre. Camino hasta Corrientes y Libertad. Allí nos encontraremos. Es medio día, son las 12hs y me siento confundida porque hay poca gente y los autos transitan por la avenida Corrientes. Lo que ocurría es que el escenario está en Cerrito y Sarmiento, hacia donde nos dirigimos después.

Nos vamos esperando y encontrando. Cerca de la una llegamos al lugar indicado. En la esquina del Café Alma. La cantidad de gente es mucha. Sentimos aplausos, Roberto Baradel pasa con una columna de docentes. Se respira un día festivo, tranquilo, de encuentro popular. Distintos sectores van llegando con sus banderas. Poco espacio, mucha alegría.

El acto estuvo convocado por organizaciones gremiales, sociales, actores y referentes de DDHH.

El día anterior escuché en el programa Pamela a la Tarde en América TV.

Los comentarios que la misma hacía eran en contra de los actores, sobre todo atacando a Pablo Echarri y a Gerardo Romano por haber convocado al acto con la consigna La Patria está en Peligro. Estaba notablemente exaltada y parecía desconocer que además de los actores la convocatoria la hacían distintos gremios, las abuelas de Plaza de Mayo y los movimientos sociales. En un momento exclama: “seguro que esta idea fue de Cristina”. Y agrega: “Cristina quiere que el acuerdo con el FMI se trate en el Congreso, y esto no tiene porqué ser así”. Yo me sonreí . . . Evidentemente como conductora del programa tendría que tener más información. Por ejemplo, saber que el Artículo 4 de la Constitución Nacional, al hablar de Los Recursos del Estado dice que los empréstitos y operaciones de crédito deben ser decretados por el mismo Congreso para urgencias de la Nación o para empresas de utilidad nacional, y el Artículo 75 de la misma, cuando habla de las atribuciones del Congreso en su inciso 4, expresa que el Congreso puede contraer empréstitos sobre el crédito de la Nación. (O sea los recursos que el Estado obtenga deben ser discutidos en el Congreso) Me hubiera gustado estar en el panel de Pamela David pero es imposible que me hubieran invitado.   

Este desconocimiento de la conductora trata el acuerdo con el FMI como si fuera algo banal, algo sin importancia, que lo puede determinar el poder Ejecutivo sin tomar en cuenta al Legislativo.

Una democracia se construye con la participación popular y el Poder Legislativo representa al pueblo de la Nación y las provincias, por lo tanto no puede estar ausente, dada la trascendencia de esta decisión que nos compromete a todos. No consultar al Congreso en esta materia es un acto autocrático, incorrecto para un gobierno democrático y si esta periodista estuviese informada sabría que La Patria está en Peligro. Que no es una exageración como ella y sus invitados pensaban.

Los que participábamos del acto recordábamos nuestra historia. Repetirla en el futuro sería otro fracaso de la democracia.

Fueron dos actores los encargados de leer el documento consensuado entre los que se sumaron a la manifestación que denominaron La Patria está en Peligro.

El documento de tres páginas fue leído por los actores Paola Barrientos y Omar Nuñes, que se llamó “Proclama Popular del 25 de Mayo del 2018”. El mismo señala que hay que defender y organizar a un pueblo ansioso por construir un destino común de la Patria y sienten que 208 años después, una vez más, frente a las condiciones que nos impondrá el FMI La Patria está en Peligro. Por eso se rechaza el acuerdo de Mauricio Macri con el FMI, su modelo de dependencia política y económica con las grandes potencias extranjeras que están reditando en nuestro continente un plan sistemático que solo ofrece a las mayorías populares un destino de miseria planificado. Se rechaza el endeudamiento externo, pues es una cadena de dependencia sobre nuestro pueblo, y también se rechaza el modelo del libre mercado porque implica que los gerentes corporativos que gobiernan la Argentina producen una apertura irrestricta de las importaciones, el fomento de la concentración económica en un puñado de multinacionales y la matriz especulativa (financiera) con la que intentan destrozar el aparto productivo e industrial para direccionar los beneficios económicos que se especulan en la city porteña.
También se rechaza el salvaje tarifazo impuesto sobre los servicios públicos esenciales, que condena a la producción nacional y obliga a nuestro pueblo a decidir entre pagar una factura o poner un plato de comida sobre la mesa.
Se rechaza la reforma laboral con la que sigue amenazando el gobierno en el Congreso. El ajuste sobre el salario real por el camino de una devaluación especulativa, poniendo topes a las paritarias, devaluando el salario del trabajador.
Se rechaza también la flexibilización laboral por hacer crecer los niveles de desocupación y la reforma provisional que ha licuado los ingresos de jubilados y pensionados.
Se condena la intervención del gobierno metiendo mano en el Fondo de Garantía del ANSES especulando con la plata de los trabajadores y trabajadoras.
Se rechaza el recorte brutal sobre distintos programas de empleo, vivienda y la destrucción del modo cooperativo.
Se rechaza el definanciamiento educativo, el disciplinamiento del salario docente, el ataque a las organizaciones gremiales y estudiantiles.
Se rechaza la radicalización de la violencia por las fuerzas de seguridad y la aplicación de la doctrina “Chocobar”. El ataque a las comunidades de nuestros pueblos originarios en el avasallamiento de sus derechos sobre las tierras y culturas ancestrales.
El documento defiende a su vez la organización comunitaria, social y barrial y la participación en la vida política, el trabajo digno, la distribución de la riqueza, la producción y desarrollo industrial de la Nación, el desarrollo de las economías regionales y el derecho a una educación pública gratuita y de calidad para el desarrollo humano de nuestra juventud.
Defiende el movimiento “Ni una Menos” porque enfrenta las entrañas de la cultura patriarcal dominante.
Defiende al Estado y sus trabajadoras y trabajadores, para que las corporaciones económicas no decidan por nosotros. La libertad de expresión y de la comunicación popular en contra de las corporaciones económicas que concentran los medios en pocas manos, y así mismo las políticas públicas de la memoria, exigiendo justicia para Santiago Maldonado y Rafael Nahuel.

Esto es una síntesis de las reivindicaciones expresadas en este acto. El sentido de las mismas es que pueda instalarse una democracia plena, integrándonos con los pueblos de nuestra Patria Grande Americana y enfrentar al colonialismo neoliberal, porque el mismo solo desea un destino miserable para las mayorías populares. Democracia en las calles y democracia en las urnas.

Luego de leídas estas reivindicaciones se cantó el Himno Nacional y fue emocionante escuchar las voces de todos al unísono, unidas en un deseo de recuperar nuestra Soberanía que se está perdiendo lentamente tal cual lentamente caen las hojas de los árboles en este otoño en la Argentina.

La Bersuit cerró el acto y la gente mostraba su alegría.
Luego la desconcentración fue ordenada, lentamente el pueblo volvía a su casa pensando tal vez las palabras del actor Gerardo Romano que expresó este encuentro como una “bisagra” entre el pasado y el futuro.
Se los vio muy emocionado a todos compartiendo con las madres y abuelas de Plaza de Mayo que lloraban al cantar el himno.
El día festivo concluía y con el mismo la esperanza futura volvía a renacer.

Cuatro compañeras y amigas entramos en el Bar Alma, a comentar los acontecimientos de ese día. Sabíamos que muchos ignoran que La Patria está en Peligro, pero lentamente se irán sumando a esta idea a medida que la historia de nuestro país transcurra ya que ninguna nación puede vivir de lo que nosotros llamamos “la bicicleta financiera”.    

Mientras que en la Catedral, frente a la desolada Plaza de Mayo, el presidente y sus colaboradores escuchaban al arzobispo de Buenos Aires, Mario Poli expresando en su homilía que “la indiferencia de los ricos hacia los pobres, no pasa inadvertida a los ojo de Dios” y criticó las “recetas prometeicas”. Luego comenzó con la lectura de un pasaje de la Biblia que relata la vida de Jesús con un personaje llamado Zaqueo, un hombre rico, jefe de los publicanos, dedicado a recaudar impuestos para el Imperio Romano. Esto era visto como un oficio despreciable – explicó Poli, ya que el dinero iba a parar las arcas romanas, reteniendo una parte para si. Quienes hacían esa actividad lo hacían sin patriotismo, sin religión y eran considerados pecadores. Con la visita de Jesús, Zaqueo modificó su accionar y tuvo un nuevo horizonte en su vida.
Y agregó, “el primer deber del Estado es cuidar la vida de los habitantes” para luego defender su posición contra el aborto al considerar que hay que defender la vida de un inocente que no ha nacido, y también de un inocente que ha nacido y vive en la pobreza.

La Plaza de Mayo vacía, vallada, con nuevas rejas que dividen la plaza en dos. El pueblo lejos del presidente, el presidente lejos del pueblo. La grieta cada vez más profunda. La distancia cada vez más honda.
La alegría del pueblo en la Plaza de la República.
La desolación y la soledad para este grupo de empresarios que solo se dedican a hacer negocios propios.

Y nosotros, la gente de pié, esperando la unidad de las fuerzas políticas y democráticas para cambiar los destinos del presente y poder pensar en un futuro de inclusión social que nos abarque a todos.



viernes, 25 de mayo de 2018

LA MARCHA HACIA EL OBELISCO. LA PATRIA ESTÁ EN PELIGRO, Por Susana María Orcaje (") para Vagos y Vagas Peronistas


Este 25 de mayo será diferente. Los que creemos que la patria está en peligro marcharemos unidos contra las políticas que seguramente se impondrán por acudir nuevamente al FMI.

Muchos pensarán que es exagerado decir “la patria está en peligro” sin embargo nuestra memoria histórica puede remontarnos a las imágenes definidas del 2001 y también a los temores que se despertaron en mí ese año cuando con rostro incrédulo veía que De La Rúa junto al súper ministro Domingo Cavallo saltaban de alegría mostrando su felicidad porque habían obtenido un mega canje.

Desde ese momento la frase “blindaje financiero” inundó las radios y las pantallas televisivas de todo el país. La noticia fue difundida en Buenos Aires, y por el FMI en Washington simultáneamente.

El paquete llegaría a U$S 38.000.000.000, con aportes del FMI, otros organismos, el gobierno español y bancos locales.
El trámite frente al fondo duró más de dos meses de intensas negociaciones. Recuerdo nítidamente la teleconferencia que se transmitió desde Washington en vivo a Buenos Aires en el momento en que el titular del organismo, el alemán Horst Kholer, confirmó su aval al blindaje.

Parada frente al televisor abría mis ojos que seguramente estaban dilatados ante tanto desatino. Pensaba “esta locura no puede ser”. Días después comencé a leer cuales eran las condiciones para otorgarlo: el congelamiento del gasto público primario a nivel nacional y provincial por cinco años, la reducción del déficit fiscal y la reforma del sistema provisional, para elevar a 65 años la edad jubilatoria de las mujeres. Recuerdo que la negociadora del FMI, Teresa Ter Minassian dejó claro durante su estadía en Buenos Aires que hasta que no fuera aprobado no avalaría el blindaje.

Recuerdo también que este préstamo recibió el aval del Congreso que aprobó el presupuesto y de esta forma despejó el camino del acuerdo (el Congreso intervino con las atribuciones que le confiere los Artículo 4° y 75° inciso 4 de la Constitución Nacional).

La historia puede repetirse en los individuos y en las sociedades.

A veces se repite como comedia y otras como tragedia.

Todos los que vivimos aquel triste momento y somos amantes de una sociedad libre, justa y soberana, que tenga en cuenta la justicia social y la soberanía política, estamos muy preocupados por la historia que se avecina.

Sabemos y creemos que la vamos a repetir como tragedia. Nuestra lectura no es académica ni tiene que ver con los grandes discursos que dan los serios economistas del establishment. Nosotros leemos lo que hoy está pasando en nuestro país preocupados porque están en juego los intereses y las aspiraciones del pueblo. 

Seguramente nos pueden acusar de populistas; también dirán que somos antidemocráticos, golpístas y destituyentes. Dirán que como no podemos ir a Plaza de Mayo (nuestra histórica plaza está penosamente enrejada) vamos al obelisco. Seguramente se preguntarán quién nos convoca y en su imaginario la culpable de todo esto en última instancia será Cristina Kirchner, (¿y quién será si no?!).

Nunca entenderá este “Medio Pelo”, del cual habla en forma brillante Jauretche, que el amor a la Patria sea nuestra forma constante de expresar nuestra identidad.

¿Y quienes nos convocan???

Los gremios opositores, las organizaciones Sociales, Políticas y de Derechos Humanos; La Asociación de Madres de Plaza de Mayo; la comunidad científica argentina; los actores argentinos; entre otros.

El oficialismo está furioso, se los escucha a través de la televisión a distintos periodistas que tienen un análisis muy pobre de la realidad social, decir que estamos creando el “club del helicóptero” y generando el caos. Nunca podrán comprender nuestras manifestaciones en la calle porque su forma de vivir y pensar es distinta a la nuestra. Estamos convencidos que “la patria es el otro”, lo contrario de Luís XIV que decía “el estado soy yo”.

Nosotros creemos en la democracia siempre que la misma signifique participación y consenso. Siempre que el Congreso de la Nación responda a los intereses de la patria y no de los sectores que tienen poderes concentrados a través de la acumulación financiera y los monopolios.

Por eso mañana para nosotros es un día de fiesta porque estaremos juntos. Porque en muchos momentos que la patria nos necesitó estuvimos juntos. Nos gusta movilizarnos por causas justas. Y creemos firmemente que la historia se puede repetir como tragedia. No tenemos cuentas off-shore en ningún “paraíso fiscal” (que bien traducido significa “cueva fiscal”). No tenemos resto, solo nuestra lucha diaria, solo la compañía de nuestros compañeros y el amor a la Patria que estamos dispuestos a defender de los abusos del poder.

A veces la democracia se juega como ficción. Estamos viviendo una ficción democrática y en el seno del pueblo hay solo angustia.  

Y para finalizar pensemos que juntos tendremos que caminar hacia la victoria aunque la misma no sea definitiva.  

(") Socióloga