martes, 2 de mayo de 2017

EN TORNO A LA REALIDAD, Por Jorge Luis Cerletti, para Vagos Peronistas




EN TORNO A LA REALIDAD, Por Jorge Luis Cerletti, para Vagos Peronistas

Jorge Luis Cerletti
Realidad: Existencia real y efectiva de algo. //2. Verdad. Lo que ocurre verdaderamente. //3. Lo  que es efectivo o tiene valor práctico, en contraposición con  lo fantástico e ilusorio. // - virtual. Representación de escenas o imágenes de objetos producida por un sistema informático que da la sensación de su existencia real.  (Diccionario de la Real Academia)   



La Realidad, ese preciado argumento.                          

En las discusiones políticas la “apropiación” simbólica de la realidad es algo habitual pues funciona como argumento contundente para respaldar una postura. Lo común es que su empleo responda a los intereses de quienes se la agencian. Generalizando, cada cual se siente autorizado a ponerla de su lado, o sea, a identificarla con sus ideas. De allí que con  frecuencia se descalifique al otro por “estar fuera de la realidad”.  

Tal hábito es una muestra de sectarismo que obstaculiza el intercambio de ideas.  Semejante uso del término ejemplifica actitudes y prácticas que inciden negativamente en la construcción colectiva de políticas favorables a los de abajo. Para reflexionar sobre estas cuestiones voy a partir de las definiciones del D.R.A.

Las acepciones 1 y 2 dan las significaciones directas del término y de ellas se desprende la importancia de su auto adjudicación para la credibilidad argumental de los discursos. Mas, en esas acepciones generales subyace una “convidada de piedra”: la interpretación. Compañía que denota la “apropiación” de la realidad pues contiene las significaciones elaboradas por sus emisores. Por lo tanto, no hay que confundirlas   con la contundencia de los hechos. Ahora si enfocamos la significación de la  acepción 3, se puede aludir a la problemática de la emancipación y del futuro. En cambio la definición de lo virtual viene asociada al formidable salto de la informática y lo comunicacional que impacta de lleno en las relaciones humanas. Y en ambas esferas entramos en un terreno sumamente complejo.   

Construcción y ficción.

No es ninguna novedad la potencia de lo comunicacional en la construcción del imaginario social. Basta con sopesar la influencia de la TV y de los medios hegemónicos en la producción de la subjetividad dominante. Aquí también interviene la velocidad de la información cuya simultaneidad frente a distintos hechos, genera indiferencia por superposición espacio-temporal de sucesos muy disímiles. Este fenómeno no deja de ser un efecto buscado que se trasluce en su  efímera permanencia en “cartel”. Es que lo real se esfuma en su serialización y funciona como ficción con su respectiva producción de anestesiados espectadores.

Un nivel más directo de la construcción, es la emisión de discursos que responden  al poder dominante. Los cuales encierran dos componentes básicos, el manifiesto y el encubierto. Por ejemplo, los principales voceros del neoliberalismo pregonan sus enunciados político-económicos fundándolos en la libertad (de la ciudadanía, del comercio, de los negocios, etc.). Pero a la par viene lo encubierto. Su glorificación de la  libertad oculta su verdadera naturaleza, la que sólo valida al capital. Porque la libertad en los distintos órdenes de la vida en sociedad es tolerada siempre que no perjudique los intereses del gran capital. Caso contrario, se la impugna cuando no se la proscribe.

Otro aspecto digno de reflexión es la instalación social de lo virtual. Lo cual conlleva una fuerte contradicción. Expresa la enorme potencia del salto tecnológico y también produce efectos perjudiciales para la sociedad. Lo primero es indiscutible, lo segundo, objeto de análisis y debates.   

La señalada contradicción se trasunta en ciertas características cultural-políticas que operan sobre amplios sectores medios. Desde ya que todo instrumento o herramienta depende del uso que se le dé.  Pero este caso es especial, nos hallamos frente a un cambio tecnológico de gran magnitud, quizás comparable a la creación de la imprenta a mediados del siglo XV.

Consideremos un dato relevante de nuestro tiempo sobre la formación de las nuevas generaciones. Desde los primeros años de vida (por no decir del primero), los infantes y los niños se familiarizan con el lenguaje digital. Y lo común en los sectores medios es que aprendan a manejar desde el teléfono hasta una computadora o algún celular de la  ininterrumpida plétora que vomita “el mercado”. Es difícil imaginar las proyecciones de semejante cambio cultural. Empero, sí está claro que se abre un significativo campo de lucha político-ideológica.

Este notable salto operatorio en las relaciones humanas no se corresponde con la profundidad del conocimiento ni con la riqueza de las ideas. Facilita las tareas pero, a la vez, apunta hacia un facilismo que provoca adicción y afecta la creatividad.    

Lo señalado también se da en el campo político. La proliferación y encumbramiento de lo inmediato empobrece lo colectivo y por supuesto, las ideas y las críticas al sistema. El pensamiento político tiende a ser absorbido por la inmediatez y la superficialidad. Verbigracia, el uso y abuso de WattsUpp que relega contenidos o de absorbentes celulares cuando transforman en virtual las relaciones personales. Éstos son efectos de la dominación del poder hegemónico que hace jugosos negocios e induce hábitos culturales que exacerban el individualismo y la frivolidad. Lo mismo funciona en las redes tipo Facebook que alimentan la trivialidad y por añadidura facilitan el trabajo de espionaje. Claro está que admite usos opuestos y constructivos. WikiLeaks desnuda informaciones secretas de los servicios yanquis vía Internet. El zapatismo pudo darse a conocer en el mundo y difundir sus fecundas ideas. Y tantas otras manifestaciones, convocatorias y demás iniciativas que circulan en el campo popular.  

Capítulo aparte que menciono aquí al pasar, son los efectos estructurales sobre el  capital y el trabajo. Muy lejos de la organización industrial del fordismo, lo virtual asociado a la robotización y a la transformación de las cadenas productivas, profundiza el actual modelo de acumulación del capital que se plasma alrededor de los 70/80. Además, engendró un vehículo extraordinario para el capital financiero que opera al instante e impone condiciones en el mundo.

Lo real y lo ilusorio.

Pasemos ahora a la problemática que abre la acepción 3 de las definiciones del D.R.A. De allí tomo la contraposición entre lo efectivo con valor práctico y lo fantástico e ilusorio. Lo primero correspondería a la política realmente existente. Lo último, a las políticas que impulsan la emancipación. Éstas suelen asociarse a lo “fantástico e ilusorio” utilizando el término de utopía con ese sentido.

El pivote entre dichos extremos de la contraposición remite al sistema capitalista. Y para encarar esta excluyente realidad mundial parto de los cuatro convencimientos que expongo a continuación:

1) el Capitalismo es un orden social injusto y opresor; 2) es necesario construir alternativas creadoras que lo superen. 3) la enorme dificultad que esto implica debido a su aplastante hegemonía. 4) la importancia de contribuir a la gestación de nuevos procesos emancipatorios más allá del impredecible tiempo de realización.

Al asumir el punto 1) los otros tres se infieren de éste y se articulan entre sí. El obstáculo principal que suscita variadas divergencias es la enorme dificultad que implica la superación del capitalismo. Desde quienes alegan la imposibilidad real de superarlo hasta los que reiteran fórmulas y experiencias agotadas.

Es evidente la debilidad actual de los movimientos por la emancipación y la relativa oscuridad existente. Creo que en esta etapa deben prevalecer los intercambios colectivos por encima de las diferencias. Desde esa tesitura, rescato el concepto campo del pueblo como base amplia para el desarrollo del debate de ideas. Y pienso que esto contribuye a impulsar nuevas alternativas emancipatorias evitando el aislamiento y el viejo vicio cariocinético de la izquierda. Viene a colación entonces la siguiente cita:    

“...hay quienes sueñan con los ojos abiertos y quienes cierran los ojos para no ver la realidad.”     (del Movimiento Indígena Qom del Chaco, Qompi Voque Nagockta)

Ahora la adecuo a mi interpretación de la etapa actual poniendo en foco a mi propio campo, el emancipatorio.  Para mí soñar con los ojos abiertos es no arriar las banderas en el presente proyectándolas a la multiplicación de interlocutores. Esto significa ampliar el debate y los intercambios con los sectores populares más afines mirando hacia el futuro. En paralelo, promover la articulación de las resistencias contra lo que genera el capitalismo. Luego, es importante saber distinguir las diferencias que se dan en la política realmente existente y rescatar lo que favorezca al campo popular. Lo opuesto sería “cerrar los ojos para no ver la realidad”.

 La política a largo plazo no supone erigir un santuario impoluto sino desarrollar un proceso de construcción en donde también juega el ensayo-error y el respeto a la diversidad. Esto no significa resignar los principios contra la dominación y la explotación, contra la discriminación de toda índole, por la igualdad, la libertad y la justicia social. Estos principios fundamentales deben constituir la osamenta de las luchas de todo tipo que se libran en el seno de la sociedad. Pero ya no alcanza con el concepto unificador de clases sociales aunque encierren parte de verdad. En aguas semejantes naufragaron firmes creencias vulneradas por hechos no previstos en teoría. ¿Acaso la historia tiene un solo lugar de interpretación?

Con lo anterior no estoy propugnando el relativismo. Sí planteo que no debemos soslayar los hechos que conmueven al mundo y en lo más cercano, los que se producen en nuestro país y en Latinoamérica. Aunque aún no podamos incidir en ellos más allá de lo micro, su encuadramiento y toma de posición genera espacios de interlocución necesarios para validar o corregir críticas. Y aquí retorna el hiato entre lo inmediato y lo mediato cuyos oficiantes vivimos en plenitud la dicotomía. ¡Valga “la realidad”! .------



Jorge Luis Cerletti

(2 de mayo de 2017)

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