viernes, 1 de marzo de 2019

ELECCIONES 2019: CAMBIEMOS Y EL FRAUDE ELECTORAL, Por Alfredo Moreno




“Modernización digital para ganar tiempo e igualdad”


La intención del Gobierno nacional es que cada colegio se convierta en un centro de transmisión de datos para agilizar los tiempos y homogeneizar la carga de los resultados en todo el país.



La realidad de las Telecomunicaciones en Argentina indica que es una irresponsabilidad del ejecutivo nacional que este proyecto sea una realidad.

Eliminar el “repliegue” de los partes del escrutinio provisorio, implica que en cada lugar de votación tenga conectividad que le permita transmitir sin los partes de escrutinio escaneados sin cortes y con integridad en los datos.

El director Nacional Electoral, Adrián Pérez, que impulsa el voto electrónico hace 2 años, firmó un convenio entre la Dirección Nacional Electoral (DINE) y el Ministerio de Educación para tomar en préstamo 15.000 netbooks del programa Educ.Ar (¿Ex Conectar Igualdad?) e igual número de equipos multifunción para poder escanear y fotocopiar las actas dentro de cada una de las instituciones educativas elegidas como puntos de votación.

La elección del 2015 tuvimos 95.011 mesas de votación en las cuales participaron más de 32 millones de ciudadanos a nivel nacional.i

En cada escuela de votación se estiman entre 10 0 25 meses según la densidad de votantes en cada lugar. En promedio se puede estimar unas 20 mesas por escuelas, o sea 20 telegramas o partes de escrutinios a escanear y transmitir.


En el cuadro de electores y mesas de las elecciones 2015 armado en base a los datos publicados por el sitio oficial http://www.argentina.gob.ar/, muestra la distribución de mesas de votación y electores habilitados para cada distrito electoral. En octubre de 2019 habrá que escanear 100 mil partes de escrutinio.

En el centro de recepción habrá que imprimirlos para alimentar los puestos de carga y verificación de datos del Sistema de escrutinio provisorio de la empresa Indra.

El gobierno de Cambiemos, le otorgó el desarrollo del software para la trasmisión de datos desde los colegios al centro de cómputos a la empresa SmartMatic, que ganó la licitación por un contrato de u$s1.200 millones.

Como antecedentes, en el año 2017, el gobierno de Mauricio Macri compró a la empresa venezolana un sistema de control biométrico de electores utilizado en provincias del norte argentino.


La firma cuenta denuncias públicas por "manipulación" de los datos. En las elecciones para la Asamblea General Constituyente de Venezuela, se tuvo que retirar en el año 2017. Cuenta con escándalos internaciones en Estados Unidos y Uganda. En 2012 fue fuertemente cuestionada en Bélgica cuando ofreció el sistema de voto electrónico en la región de Flandes por un contrato de 40 millones de euros. Fue multada por seis millones ya que el sistema presentaba fallas técnicas.

Smartmatic contratada por el Tribunal Supremo Electoral de Brasil (TSE) para realizar la transmisión satelital de los datos fue cuestionada por acusaciones de fraude similar a las de Venezuela. ii

El Correo Argentino en la órbita de la Secretaría de Modernización es el responsable de escrutinio provisorio. Integrará a las empresas Smartmatic e Indra para el escrutinio provisorio. El Correo Argentino, a pesar del “Macrigate” tiene larga experiencia en las tareas de pliegue y repliegue de los partes de escrutinio.


Ni tiempo ni homogeneidad

Es de suponer que desde la Dirección Nacional Electoral han planificado alguna distribución del equipamiento convenido. La asignación del equipamiento es importante ya que la cola para escanear / digitalizar cada parte de escrutinio puede demandar un tiempo que debe ser estimado e informado a los Partidos Políticos.

Supongamos, porque aún no está informado el procedimiento operativo, que fotocopiar, digitalizar y aprobar el proceso digital de cada parte pueda llevar 4 minutos (estimación generosa) de tiempo. El presidente de mesa y los fiscales tienen que visualizar el digital y dar por aprobada la imagen a transmitir.

Con esta estimación el tiempo de trabajo puede oscilar en 80 minutos por lugar de votación en función de la cantidad de mesas/partes de escrutinio de cada lugar. En promedio cada escáner procesará 6 partes de escrutinio por hora. Como toda estimación no prevé la “novedades de la realidad operativa”.

Normalmente la tarea de confeccionar el parte o telegrama de escrutinio a cargo de fiscales y el presidente de mesa, demanda las siguientes 2 hs. de cerrado el escrutinio. Con lo cual a las 20hs se podrá comenzar el proceso de digitalización y transmisión.

Si bien los dos procesos generan un flujo paralelo de producción, entre las 19,30 hs y las 21,30 es posible que el 90% se haya transmitido al centro de cómputos central. ¿En este lugar los partes digitales se volverán a imprimir para ser ingresados a carga y verificación de datos?, ¿qué tiempo lleva esta impresión, aunque este distribuida en función del arribo?, ¿cuantas impresoras estarán disponibles para esta función?

Podemos suponer que acompañará el flujo de recepción de los partes digitales con lo cual a las 22,30hs. estará todos esperando finalizar su carga y verificación. Es posible entonces que el escrutinio provisorio a las 23,30 o 24 hs. esté finalizado.

Está claro que los tiempos no se agilizan. Mucho menos se homogeniza la carga ya que el flujo de alimentación de carga depende de tareas manuales y primero llegaran los grandes centros urbanos que tiene buena infraestructura de telecomunicaciones. Pueden “pisar” los partes a gusto e interés manipulando la carga como se hizo en el 2017.

La seguridad de los datos originales se presenta como un faro en este contexto, donde lo único que alumbra es la desconfianza. “Cuando la mentira es la verdad”, no posibilita conveniente esta modificación al sistema de escrutinio provisorio. La transparencia del proceso electoral está en riesgo. No es un problema tecnológico es solamente que Cambiemos no da garantías sobre la inviolabilidad del sufragio.

El gobierno fracasa en todos los indicadores económicos y sociales. Quiere mostrar ese fracaso de manera creativa, moderna y estratégica.



Qué hacemos con nuestra acción


Los ciudadanos, nosotros debemos comprometernos con la transparencia de las próximas elecciones. Vivimos en este país, mirar al costado no beneficia nuestro futuro.

Los Partido Políticos y las fuerzas vivas de nuestra sociedad deben tempranamente poder auditar y fiscalizar el software de transmisión y evaluar el procedimiento operativo y las empresas participantes ya que al menos se demandará 15mil personas para operar estos dispositivos.

Para aceptar esta modificación en el Código Electoral Nacional es necesario conocer los algoritmos que den integridad a los datos que se transmiten y procesan.

Si finalmente Cambiemos nos pone en riesgo, debemos exigir para cada Partido Político copias de cada parte de escrutinio en digital, mediante la transmisión al centro de datos oficial y en paralelo al centro de monitoreo y vigilancia de cada partido participante en los comicios. Controlar la elección con el mismo universo de datos que el oficial garantiza la credibilidad del proceso electoral.

Sin participación de la sociedad civil y sus instituciones políticas el solucionamos tecnológico es el nuevo portador de espejitos de colores. iii

“El arte de la manipulación y la crueldad es la especialidad del psicópata. Pero hay algo con lo que el psicópata no cuenta: ese momento, que no siempre llega, en que empieza a resquebrajarse la ilusión y puede verse, de a poco primero, después con claridad total, la magnitud del daño que está haciéndonos. Ese momento, que no siempre llega, en que las -hasta entonces- víctimas de su juego perverso, se dan cuenta de su propia fuerza. Ese momento, aunque no siempre llega, es la pesadilla del psicópata. ” iv

Ese momento es llegando.

Alfredo Moreno

Computador Científico, Fiscal Informático, Profesor de TICs en UNM

Delegado FOETRA _ ARSAT





iv Jorge Alemán Lavigne Psicoanalista y escritor Argentino.

https://www.alainet.org/es/articulo/197646




viernes, 22 de febrero de 2019

LENGUAJE, IDEOLOGIA Y “PERSUASIÓN”, Cuarto fragmento (final) del capítulo LENGUAJE, Correspondiente al libro inédito "DE LA DOMINACIÓN CONSENTIDA", Por León Pomer(") para Vagos y Vagas Peronistas


En el simbolismo del lenguaje, decía Ricoeur (2009: 85), hay una función que se llama retórica, “proveedora de ideas seudo - universales”: “la fuerza bruta no triunfa sin un ejercicio de persuasión confiado a sofistas públicos”. Platón ya lo sabía:” no existe la tiranía, sin la ayuda de un sofista”. El tirano debe persuadir, producir respeto y reverencia, inspirar temor. El discurso público convence, prosigue Ricoeur,” mediante el uso constante de figuras y de tropos, tales como la metáfora, la ironía, la ambigüedad, la paradoja, la hipérbole”, figuras “de estilo que resultan familiares a la crítica literaria y a la antigua retórica de griegos y romanos”. Cuando utilizadas para legitimar la autoridad, cree el filósofo, tenemos ideología. (Althusser definió ideología como la representación imaginaria de las condiciones reales de existencia). “Al convertirse en visión de mundo”, añade Ricoeur, la ideología “se codifica, se convierte en un código universal para interpretar todos los acontecimientos del mundo”: la función justificante lo contamina todo. 


Para Eagleton (1996:204), “la ideología desvía el lenguaje de su forma comunicativa”: al corromperlo rinde tributo al Poder. Y así, “la estructura de la comunicación es sistemáticamente distorsionada y tiende a presentar una apariencia de normatividad y justeza”. Es lo contrario, en palabras de Eagleton, de una “crítica emancipatoria”, que Benhabib, (1999:74) llama “desfetichizante”, porque debe mostrar que la realidad social del capitalismo se presenta a través del idioma de una forma necesariamente mistificada: la “lógica de legitimación de la relación de dominación tiene que permanecer oculta”. Si el sentido de una palabra, que predomina sobre su significado, es la suma de todos los eventos psicológicos que la palabra despierta en la conciencia, ¿cuál es el sentido de la palabra “revolución”, usada con sorprendente ligereza y con el deliberado propósito de ocultar lo abominable? Frente a la distorsión semántica, el contexto en que es pronunciada apunta a un campo de significación. 


La ideología, vehiculada primordialmente por el intoxicante poder mediático en defensa de la dominación, degrada el idioma al invertir o distorsionar los significados, al usar exclusivamente recursos emocionales, suplir los argumentos con improperios, dar por cierta la afirmación caprichosa y no probada. El habla de los grupos dominantes naturaliza en el lenguaje común significados tramposos. No hubo dictadura en nuestra América que no se haya anunciado como restauradora de la república, del orden y la honradez en los negocios públicos. Estereotipos verbales repetidos con implacable recurrencia ocultan, exageran, minimizan. El grupo social dominante, incapaz de legitimarse con la verdad, debe recurrir a la mistificación, deslizándose fácilmente de la ideología a la patología. Kant, en uno de sus primeros escritos, percibió la tara inherente a la sociedad burguesa, anunciadora de un capitalismo que aún demoraría en desarrollarse en Alemania. Escribe en un texto que tituló Ensayos Sobre las Enfermedades Mentales: ”los embrollos y los falsos artilugios se convierten en la sociedad burguesa, paulatinamente, en máximas usuales (…) y complican enormemente las acciones humanas”(Gángó,2009:34) 


El periodista Robert Fisk (Pág.12, 26-12-2014), antiguo alumno de Noam Chomsky, recuerda que este condenaba “la semántica vil del Pentágono y de la CIA”: no “sólo la obscena frase ‘daños colaterales´, sino el lenguaje de la tortura”, llamada “técnicas de interrogatorio mejoradas”. Fisk recuerda que las armas de destrucción en masa, en inglés son mentadas con tres letras: WMD, presumibles amortiguadoras del impacto que eventualmente ocasionan las palabras dichas en toda su extensión. Términos como democracia, libertad, civilización, etc., designan realidades que nada tienen que ver con lo que denotan. Señala Diego Rubinzal (Pág.12, 29-3-2015) que el uso de los eufemismos (la Real Academia Española define eufemismo como “manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura y malsonante”) es habitual en el lenguaje de la economía, manera de suavizar y edulcorar lo que es socialmente agresivo y mutilante. La eliminación de conquistas obreras son “flexibilización laboral”; la “reacción del mercado” oculta los nombres de empresas y personas que suelen “reaccionar” en contra de políticas inspiradas en el interés de la mayoría popular; “eliminación de distorsiones” equivale a cancelar regulaciones y controles; “racionalización del gasto público” significa reducción de los gastos sociales, y “libre mercado” es el sucedáneo de libertad de acción a los poderosos que manejan el mercado a su antojo y conveniencia. Rubinzal cita al profesor Antón Costas, de la Universidad de Barcelona, cuando dice:” la guerra de las palabras gana a la guerra de las políticas y tiene un efecto anestésico, sobre todo en períodos recesivos (…) los eufemismos tienen esa función, que no virtud, de anestesiar…” La palabra “orden” anuncia que todo lo que huya del esquema que regula las relaciones en la sociedad es ajeno al ordenamiento vigente y debe ser castigado. La exaltación del caos que hace el hispano – colombiano Barbero es una manera de decir: el orden (capitalista) no es tal: exaltemos el caos, o sea lo que está fuera de ese orden. 


Si aceptamos que en el común de los mortales el lenguaje “no es interiorizado como un modo de pensar, sino como una certeza” (Ansart,1978: 212), y las certezas no se cuestionan, sabremos lo que trae el lenguaje como vehículo de estereotipos, falsedades y racionalizaciones caprichosas que acaban constituyendo nuestro sentido común. Agrega Ansart (Id.,Id.): ”cada expresión refuerza las adhesiones, y cada adhesión refuerza la conformidad de las prácticas“. ¿A qué otras prácticas, sino las convencionales, se alude aquí?: a las que constituyen el orden social. 


George Steiner (1988), en su ensayo titulado “El Milagro Vacío”, demuestra cómo la barbarie nazista arruinó la lengua de Goethe, Schiller, Heine y otros genios de la cultura alemana. Un idioma monopolizado por la mentira, poblado por los insultos más soeces y colonizado por voces de mando, no sale indemne de tan nefasta experiencia. Son los hablantes que mandan en la sociedad los que imponen los tonos, los que marcan los énfasis, los que prohíben o privilegian palabras. El resultado es una enorme degradación cultural. Para “persuadir”, todo vale. 


REFERENCIAS 

Ansart, Pierre, Ideologías, Conflitos e Poder, Zahar Editores, Rio de Janeiro, 1978} 

Baudelot Christian, Introducción a Anthropologie, de Edward Sapir,Edition de Minuit,Paris, 1971 

Benhabib, Seyla, A Critica da Razao Instrumental, en Um Mapa da Ideologia, Contrapunto, Rio de Janeiro, 1996 

Bourdieu, Pierre, -Las Estrategias de la Reproducción Social, Siglo XXI, Buenos Aires, 2011 

-A Economia das Trocas Simbólicas,Perspectiva, 2014, Sao Paulo 

Bernstein, Basil, Clases, Códigos y Control, Akal Universitária, Madrid, 1989 

Bruner, Jerome, Realidad Mental y Mundos Posibles, Gedisa, 

Barcelona, 1999 

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Chauchard, Paul, Le Langage et la Pensée, P.U.F., Paris. 1956 

Ducrout, Oswald, Le Dire et le Dit, Minuit, Paris, 1986 

Eagleton, Terry, A Ideología e Suas Vicissitudes no Marxismo Occidental, en Um Mapa da Ideologia , Contraponto, Rio de Janeiro, 1996 

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Gusdorf, Georges, A Palabra, Edicoes 70, Lisboa, 1995 

Habermas, Jurgen, Trabajo e Interacción, en Ciencia y Técnica Como “ideología”, Tecnos, Madrid, 1986 

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Labov, William, The Logic of Nonstandard English, Language and Linguistic, volumen 22, Universidad de Georgetown, 1969 

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Searle, John, Mentes, Cerebros y Ciencia, Colección Teorema, Madrid,1998 

Steiner, George,-Linguagem e Silêncio, Companhia das Letras, Sao Paulo, 1988 

(") Doctor en Historia y Sociedad. 18 libros publicados, algunos en Brasil y Argentina y otros sólo en Brasil. Decenas de ponencias en congresos nacionales e internacionales y centenares de artículos sobre historia y literatura. Docencia en la Argentina (UBA y Universidad del Salvador) y Brasil (Universidades de Campinas, del Estado de San Pablo y Pontificia de San Pablo). Incluido en el programa Café, Cultura Nación de la Secretaría Nacional de Cultura.

Para leer el primer fragmento del capítulo: http://vagosperonistas.blogspot.com/2018/12/lenguaje-por-leon-pomer-para-vagos-y.html

Para leer el segundo fragmento del capítulo: http://vagosperonistas.blogspot.com/2019/01/lenguaje-segundo-fragmento-del-capitulo.html

lunes, 18 de febrero de 2019

POPULISMO Y EMANCIPACIÓN, (diferencias y afinidades) Por Jorge Luis Cerletti para Vagos y Vagas Peronistas


“Populismo y Emancipación, (diferencias y afinidades)” es un capítulo de mi próximo libro que espero publicar hacia mediados de este año. La intención es que sean capítulos-taller a fin de promover talleres de intercambio de ideas, experiencias y debates constructivos, en particular con sectores de la juventud. O sea, tratar de gestar puentes inter generacionales 

favorables al desarrollo del campo popular.

Jorge Luis Cerletti (16/01/19)


Economía y Política 

La dependencia de la política a la economía en el Capitalismo se explica porque lo esencial sobre lo que se asienta el poder en este orden social es la economía. Vale decir, responde a su capacidad productiva y a su potencia financiera y comercial. Por eso cuanto más desarrollado está el sistema, mayor es la gravitación política de las grandes Corporaciones. Hoy, estos gigantescos capitales imponen sus intereses incidiendo y manipulando la política del variado y amplio espectro de los estados nacionales. 

Lo descripto exhibe a la economía como el nivel principal del sistema pero, obviamente, no es el único. Lo cual no significa que lo económico sustituya a la política en el capitalismo pues ésta garantiza y motoriza su dominación. En el polo opuesto, las políticas emancipatorias anticapitalistas promueven la superación de este injusto orden social. Aquí la cuestión se complejiza al considerar la política “realmente existente”. Es que lo estructural está atravesado por los particularismos y su múltiple variedad de situaciones e historias concretas. Luego, es preciso evaluar la influencia de los diferentes actores y las luchas sectoriales sobre la señalada polaridad. 

Aquí es oportuno hacer la distinción entre política y gestión lo que no supone omitir su vínculo. Pues toda política que como tal disputa el poder, si triunfa, debe administrar los recursos de la sociedad. O sea, hacerse cargo de la gestión que, disimulada o expresamente, está prefigurada en esa política. Luego, ambas categorías son parte de la problemática del Estado. Mas, dicha institución porta un irresuelto y serio interrogante para toda apertura que promueve la emancipación: ¿cómo construir organizaciones que garanticen la real participación de la sociedad en decisiones sustanciales para su existencia? 

Un problema semejante presenta el cuestionamiento a la vigente democracia representativa que legitima al poder dominante. Esto suscita otra pregunta: ¿cómo encarar las situaciones en que dicho poder muestra fisuras, sea por crisis y/o conflictos y luchas de quienes lo enfrentan sin romper con la legalidad sistémica? Este interrogante trae a escena al llamado “populismo” que es objeto de polémicas en nuestro medio y también en otras latitudes. 


Acerca del “Populismo” y la Emancipación. 

Los mayores divulgadores del término “populismo” proceden de la derecha y de su poderoso aparato de propaganda, televisivo y del periodismo escrito. Lógicamente, lo cargan de un contenido insidioso y negativo para desprestigiarlo y anularlo políticamente. En nuestro medio esto es tan evidente que torna superfluo referirse a semejante prédica. Mas, descartada la misma, es conveniente pensar su relación con los movimientos que plantean la emancipación. Tal enfoque origina distintas interpretaciones y debates. Por lo tanto, abordaré someramente los alcances políticos del populismo. Y con esa finalidad haré una esquemática mención al conocido aporte teórico de Laclau. 

Plantea Laclau:“…la `vaguedad´ de los discursos populistas, ¿no es consecuencia, en algunas situaciones, de la vaguedad e indeterminación de la misma realidad social?” (“La razón populista”, pág. 32). Es válida su tácita afirmación considerando la multiplicidad de actores y sectores sociales. Cuestión que se articula con lo que después desarrollará respecto de las demandas equivalenciales. Las que, en conjunto y bajo el predominio de alguna/s de ellas, resultan la base simbólico-política del significante pueblo que a su vez establece una frontera insalvable con el poder dominante, digamos el “anti pueblo”. 

La conjunción de las “demandas equivalenciales” son reclamos que remiten a necesidades sentidas al interior del abarcador “significante pueblo” que potencian la energía de los movimientos populares. Empero, hay síntesis más abarcadoras como ciertos enunciados simbólicos generales que expresan y condensan sentimientos y políticas de profunda raigambre popular y de gran capacidad movilizadora. Por ejemplo, las tres banderas del peronismo: “justicia social, independencia económica y soberanía política” que representaron la antítesis política de la “década infame”. También viene a colación consignas claves de otros momentos históricos como el lema “Paz, Pan y Tierra” que lanzaran los bolcheviques durante la primera guerra mundial y que culminó con la Revolución Rusa. 

La cita y mi reflexión acerca del enfoque teórico de Laclau, es para situar lo que configura un vacío que ha dejado y deja el “populismo”. Según mi interpretación, este vacío marca la significativa omisión de lo estructural sistémico en su política que es un nivel fundamental para las corrientes emancipatorias con miras al mediano y largo plazo. Sin embargo, éstas aún no gravitan en la sociedad pues distan de crear alternativas superadoras en tanto que la mayor riqueza de su praxis deviene de las experiencias micro. La diferencia teórico-práctica señalada, obstaculiza fructíferos intercambios entre ambos sectores que, en los hechos, enfrentan al mismo enemigo. Uno, inmerso en su política cortoplacista, pone el acento en las exigencias del “día a día”. El otro, al que pertenezco, orienta su praxis a lo estructural a fin de superar la política realmente existente y potenciar las luchas actuales a través de una construcción con proyecciones a futuro. 


Principales sucesos en la política actual. 

Llegados a este punto intentaré situar lo planteado resumiendo, esquemáticamente, los sucesos más importantes de la política actual. 

En EE.UU., accedió a la presidencia Donald Trump con un discurso nacionalista y xenófobo que implementa con fuerza. En Inglaterra, se impulsa el Brexit y paralelamente, en Europa se fortalece el nacionalismo de derecha que inquieta al liberalismo reinante en la Unión Europea. No obstante, no creo que haya un cambio significativo en torno al poder mundial mediado por la decisiva influencia que ejercen las grandes corporaciones. Sí es esperable un reacomodamiento de su incidencia con relación a establishment gubernamentales que pretenden mayor peso en las decisiones en algunos de los países centrales. En esto juegan disputas por la hegemonía, los intereses nacionales y entre otros problemas, las secuelas que aún dejó la gran crisis de 2008. Todo lo cual repercute en el resurgimiento de discursos nacionalistas de derecha que a su vez combate a la inmigración flagelada por las guerras genocidas que ellos mismos alimentan. También testimonia las dificultades que plantea el desarrollo tecnológico y la concentración del capital que tienden a ser expulsores de mano de obra asalariada. Fenómeno que se agudiza en los países periféricos con el aumento de la pobreza y las trágicas migraciones humanas que resultan el “pato de la boda”. 

Las guerras selectivas como en Siria, afectan a toda el área y generan disputas entre las potencias. En Sudamérica, se produjo el desplazamiento de varios de los gobiernos populares emergentes en la primera década y media de lo que va del siglo y los que subsisten se ven asediados. En Brasil, cayó el gobierno popular mediante un golpe blando seguido del triunfo electoral de la ultra derecha de Bolson-aro; Venezuela, desquiciada y rondando un golpe blando si no un golpe militar; Argentina, triunfo de los CEOs de Macri and company; Ecuador, Rafael Correa traicionado por el actual presidente Lenin Moreno, su ex vicepresidente; Bolivia, derrota de Evo en el referéndum que propiciaba su cuarta reelección consecutiva; el Mercosur en marcha hacia el “Merco-rporaciones”… 

Ese panorama oscuro se oscurece aún más si pensamos en la carencia de alternativas al capitalismo en el mundo. Si bien los señalados gobiernos “populistas” produjeron hechos positivos, su retroceso actual constituye un testimonio de los límites estructurales propios del sistema capitalista. 

Aclaremos que el término populismo que se puso tan en boga en la actualidad, abarca expresiones con diferentes matices de acuerdo a cada situación. Como ser el Chavismo en Venezuela, los gobiernos K en Argentina, los de Evo en Bolivia, el PT en Brasil, en fin, las aperturas que desde el inicio de este siglo emergieron en Sudamérica perturbando la hegemonía neoliberal. 

El “populismo”, al menos en nuestro país, ha mostrado una tendencia declinante. Basta considerar el nacimiento del peronismo y su gobierno en el período 1945/52, a su 2º mandato en declive e inconcluso por el golpe militar, comparados con las realizaciones posteriores que, salvo la excepción de los 3 meses de Cámpora, siguieron con la declinación del 3er. gobierno de Perón y, ni qué decir, del reaccionario de Isabel-López Rega y la del neoliberalismo desarrollado en la presidencia de Menem en los 90. Aún el resurgimiento de los 12 años K dista mucho de las realizaciones inaugurales. Claro, son otras las circunstancias pero eso mismo habla de las debilidades del “populismo”. En ese sentido, vale comparar los 18 años de la resistencia peronista y sindical (con sus disputas y antagonismos internos incluidos) ante el penoso espectáculo de nuestros días. 

Esta etapa reclama ideas innovadoras y una sumatoria colectiva de esfuerzos para enfrentar la despiadada dominación del gran capital. Las luchas deben responder a la causa de los de abajo y a todos los que la asumen. En función de ello y sin renunciar a los principios, tenemos que ampliar la mirada política. El “populismo” (discutible significante) aporta numerosos luchadores que no debemos confundir con quienes usufructúan de las prebendas del Estado. Sumar fuerzas en las luchas concretas y al mismo tiempo, impulsar el pensamiento crítico en torno a las limitaciones del “populismo” y acerca de la gestación de caminos que tiendan a la emancipación. 
La ambigüedad, ¿a quién favorece? 

Ahora bien, con el paso del tiempo se puso en evidencia la erosión de las aristas más agudas de las luchas y formulaciones de carácter anticapitalista. El ejemplo mayor devino de la implosión del campo comunista. En nuestro continente, después de la 2ª guerra mundial, además de la revolución cubana y la nicaragüense, surgieron movimientos nacionales que se opusieron al poder económico concentrado. Pero hoy, fortalecidos los grupos dominantes internos y externos, descalifican a sus opositores con el nombre de populismo que unifica diferencias y matices. Y en lo que va del siglo, englobaron también al llamado Socialismo del siglo XXI, proclamado en Venezuela, y a los gobiernos que no responden cabalmente a sus intereses. 

De lo expuesto se infiere que el rótulo sirve de muy poco para definir las diferencias políticas entre las distintas experiencias que se desarrollaron en Sudamérica desde comienzos de este siglo. Y si tildamos de “populista de derecha” a Trump o a los pronazis actuales, se llega al extremo de perder el sentido del término. Porque se mezcla la captación de importantes masas humanas de la sociedad con los fines e intereses reales de quienes generan tal captación. Según ese criterio podríamos sostener que Margaret Thatcher era populista. 

Asimismo, referenciar el término a las masas empobrecidas de nuestro subcontinente, si bien delimita el campo, con ello aún no se supera la ambigüedad. Es que tal delimitación nada dice de las características propias constitutivas de las diversas políticas. Por ejemplo, no diferenciar al ex-gobierno de Lula del de Evo, mimetiza lo que es asistencialismo con políticas nacionales más radicalizadas. 

Al mencionar las diferencias entre las distintas variables agrupadas como pertenecientes al “populismo”, tocamos un punto clave irresuelto. ¿Cuáles son los límites de su oposición al gran capital? ¿Hasta dónde se puede desarrollar una política independiente en este período hegemonizado por las grandes corporaciones? Referente a la segunda pregunta pensemos que el gobierno de Macri desmanteló la “herencia populista” de 12 años K. en unos pocos meses. Es que el orden social dominante, el capitalismo, conlleva un proceso de concentración que se manifiesta en el poder de las grandes corporaciones ligadas a la gravitación de las naciones hegemónicas. En tanto que el “neoliberalismo” es el nombre ideológico-político con que se identifica tal dominación mundial. 

En los países periféricos el populismo, fundamentalmente, remite a lo nacional y a su lugar en el mundo. En ese plano, la soberanía nacional se sostiene en la independencia económica y ambas deben garantizar la justicia social (las tres banderas históricas del peronismo). La reivindicación de la soberanía nacional, reconoce distintos momentos con diverso grado de radicalidad. En general se negocia con lo organismos internacionales y las potencias hegemónicas sin llegar a someterse. En lo económico, plantea e impulsa una política desarrollista. La misma no es antagónica al capital sino que pretende regularlo desde el Estado. A la vez, promueve la creación de empresas estatales en sintonía con la expansión de la industria privada a cargo de la “burguesía nacional” pero que desde hace décadas brilla por su ausencia. 

Partiendo de ese fenómeno, retorna la pregunta sobre la ambigüedad que supone la bandera del populismo. La mezcla de intérpretes y de posturas es funcional a la derecha porque, el unificar las diferencias, facilita su prédica que desacredita al bloque en su conjunto. Así, mientras magnifica las taras de lo más retrógrado, oculta o distorsiona lo que le preocupa, la política de los sectores que se le oponen. Y aquí se presenta el nudo de la cuestión. ¿Qué márgenes tiene lo nacional dentro de la llamada globalización? ¿Se puede “combatir al capital” aceptando las reglas del capital?



Combatiendo al capital.

Ciñéndonos a nuestro país, se puede apreciar que desde el nacimiento del peronismo (simbólicamente el 17 de octubre de  1945), las luchas populares más importantes giraron a su alrededor. Tanto en  momentos de alza de las luchas políticas y reivindicativas como en las conquistas gubernamentales, con sus retrocesos y traiciones. Es que su heterogénea composición incluye a un amplio abanico que va desde sectores revolucionarios hasta la peor resaca reaccionaria. Mas, lo que representa una significativa particularidad del peronismo, es la resonancia de su legado histórico en el sentimiento y el imaginario de amplias masas populares. Y esa característica, en su aspecto negativo, favorece a la parafernalia de políticos, sindicalistas, oportunistas, etc. que negocian en su nombre mientras usufructúan de sus prebendas.

Ahora dejemos en suspenso el lado fácil del diagnóstico, la miserabilidad señalada y encaremos la prédica de los sectores kirchneristas y antimacristas en general. Diría que el eje principal de su discurso gira en torno a lo económico que se traslada a lo social. Actualmente prevalece una reiterada exposición estadística sobre la repercusión negativa para el país de las principales variables económicas, una radiografía del actual gobierno reaccionario de los CEOs. Empezando por el brutal crecimiento de la deuda externa, siguiendo por el desempleo, el desmantelamiento de los organismos nacionales del Estado, la inflación, etc. Obviamente, son críticas justas y necesarias. Sin embargo, la paradoja anida en la pregunta de si esto significa combatir al capital. Y si lo es, ¿en qué medida y cuáles son sus proyecciones?

Aquellas críticas plantean  una cuestión de grado en el cuestionamiento al capital. En términos económicos, tal enfoque implica revertir el proceso vigente lo cual redundaría en el bienestar de la población. Esto supone una redistribución más equitativa de la riqueza que es donde el “populismo” hace hincapié y en el que obtuvo sus mejores logros. Podría aceptarse que en esta etapa “combatir al capital” significa fortalecer al Estado mientras esté bajo control de gobiernos populares fieles a su legado. Sin embargo, como vimos, esos logros fueron desmantelados en un corto lapso, fenómeno que tiende a reproducir la historia del peronismo. Ergo, “combatir al capital” sin adentrarse en la naturaleza del capitalismo, en su racionalidad interna y el carácter de sus ciclos, resulta un combate sin destino. Esos temas son básicos e insoslayables, dignos de reflexión y del debate que nos debemos, amplio y plural.

Si trasladamos la problemática señalada a la construcción de la subjetividad social, emergen las contradicciones. Basta con mencionar la exaltación del consumo para tomar conciencia de la subjetividad individualista y egoísta que estimula. “Casualmente”, el consumo configura una insustituible prioridad para la realización del capital. Sumemos otra muestra de condicionamiento psico-social: la vigencia de “los mercados” y del rol del dinero, teórico equivalente para el intercambio de mercancías. En verdad, resulta el potenciador de ambiciones personales y colectivas y el emperador del capital financiero que, en sus múltiples formas, domina el escenario mundial. Estas sustantivas objeciones retoman la pregunta sobre el combate al capital, aunque dirigida ahora a quienes sostenemos una posición definidamente anticapitalista.

Pues bien, nuestra impugnación fundamental deviene de desentrañar la naturaleza del capital y del Estado, raíces estructurales de distintas formas de explotación y dominación. Pareciera que esto nos exime de mayores comentarios pero, por lo mismo  que se denuncia, actualmente se levanta un muro insalvable. Es producto de la hegemonía mundial del capitalismo y de la recurrente preeminencia del Estado para organizar la macro actividad social. Y aquí, ante semejantes obstáculos, se abren diversas instancias  que suponen desafíos para nuestra política y la del denominado “populismo”. Es obvio que existen notorias diferencias entre ambas opciones, las que ya expuse. Sin embargo, se presenta un campo común a transitar,  la búsqueda de condiciones sociales sostenibles que mejoren la calidad de vida de los de abajo en procura de una sociedad más justa e igualitaria.

Cerrarse al diálogo y al intercambio de ideas sólo favorece a los amos del poder y del capital. El aislamiento y el sectarismo perjudican la causa de los de abajo, hoy preñada de interrogantes. Estoy convencido que es necesario el concurso, amplio y desprejuiciado, de todos aquéllos que defienden dicha causa y actúan honestamente en su campo. Cada cual sostiene sus convicciones y razones, lo cual es válido. Esto no debe impedir escuchas atentas y receptivas a otros aportes. Los obstáculos para alcanzar una sociedad más justa e igualitaria son tan grandes que requieren, más que nunca, derribar barreras e instalar un intercambio colectivo que fomente la creatividad. Abramos bien los oídos para escuchar mejor otras voces.

Tomemos conciencias de las limitaciones propias y ajenas. Nuestra apuesta por la  emancipación hoy resulta tan irrealizable a nivel macro como es imprescindible seguir impulsándola a nivel micro. Vale decir, desarrollar un tejido político-social que conforme una red que entrame las luchas por la emancipación. Mientras que el “populismo” debe cuestionarse los alcances de sus logros que se deterioran en cuanto el poder dominante supera sus crisis y reafirma su gravitación estructural. Y si sigue atado a las leyes del sistema, corre el riesgo de terminar abonando el campo enemigo. En suma,  una construcción de lo colectivo implica tareas de largo aliento que conllevan convergencias que no son lo mismo que mixturas. Luego, frente a la penumbra política actual que incentiva las preguntas, la lucidez y la voluntad para que se creen nuevas alternativas liberadoras de nuestro pueblo resulta una tarea política convocante.-------

miércoles, 30 de enero de 2019

EL BIGOTUDO, Por Horacio González

Nicolás Maduro, Presidente Constituciónal de la República Bolviariana de Venezuela
Venezuela está ante el proceso ascendente de un insultante golpe de Estado. Los hilos rugientes de ese golpe tienen muchos rostros. Los procedimientos son los clásicos. Una nación gigantesca y compleja, poderosa en su voz imperial –podemos seguir diciendo Imperialismo–, impone reglas, tiempos, condiciones. Dicta por televisión una orden de clausura. Debe cesar el avatar complejo del gobierno venezolano. Amenaza mostrando sus dientes de plata. El presidente, el vicepresidente norteamericano, dan el parte de largada. Alegan la ilegitimidad de Maduro y arrojan al aire una moneda. No escatiman destinatarios, muchos se preparan. Otros ya están largamente preparados. Un ignoto aprendiz de conspirador ofrece una faz juvenil, se proclama en plaza pública y se generan las condiciones de una guerra civil. Se cambia argumento por extorsión. No hay límites para los cálculos de vidas en juego. Las muertes se las adjudicarán a Maduro, cuyo gobierno está sitiado hace tiempo. Eso genera malestar difuso y generalizado. Ese malestar es multitudinario, y le otorga una base social a esta oscura maniobra de las cancillerías atendidas hoy por los pajes del Imperio, que lo miran todo por TV, pero firman los úkases de Trump desde Villa La Angostura.


Al empobrecimiento material de las existencias no se le puede pedir que hile finas causalidades. Que se remonte al origen del problema. Que piense en sacrificios desmedidos. Es por eso que también asombra el fuerte respaldo civil que tiene el Gobierno Legal. Todo el mundo vio en millones de pantallas el ultimátum de Trump. Pero por los visillos se ve también resistencia, la animación colectiva en medio de la penuria. No son fantasmas del pasado sino el testimonio cercenado de antiguas promesas libertarias, que en este caso se han vestido con el nombre de bolivarianas. Ojalá que haya prudencia y autocontención en la respuesta de los movilizados a los movilizados. Hay en ciernes una coreografía visible de armas poderosas. Estas se reparten entre quienes les importa la legalidad del gobierno (por eso deben hacer de esa legalidad algo viviente y responsable) y quienes excluyen sus reservas institucionalistas, si las tenían, ante la acción mancomunada de Estados Unidos arrastrando a casi toda Latinoamérica en una aventura de bandoleros. Tristísimo momento de nuestra historia.


Es hora de que un nuevo pensamiento democrático reabra las antiguas carpetas donde están las implacables lecciones del pasado. Hay un imperialismo sin ley, con groseros personajes que ya no se parecen ni a Kipling ni a Lord Palmerston ni a Mister Pitt. Se inspiran en el General Pershing o el Presidente Taft. Están manejados por ideologías bélicas y racialistas, místicas y economicistas. Sus métodos de intervención pueden condensarse en “el incidente de Tonkín”, donde fraguaron un falso ataque a una nave norteamericana para desencadenar la guerra a Vietnam. Poco ha cambiado, algunos hacen lo mismo con variables económicas y se llaman FMI. Otros tornan más grosero el esquema del autoatentado y se llaman Tump. Esta es una época donde la circulación del capital y sus simbologías actúa en la clandestinidad, donde aparatos ideológicos corporativos manejan escenografías que incluyen simulacros de consumo de millones de personas, que creen ir al supermercado cuando en realidad el supermercado va hacia ellas. Las armazones de poderes son ahora semiológicas. Sigilosos y glotones, aspiran a circular por las corrientes sanguíneas de los cuerpos humanos. Ya ni es necesario controlar pensamientos, pueden intervenir en los fluidos que sostienen los latidos corporales. El Imperio da órdenes públicas convencido de que las segregaciones del cuerpo de sus vasallos hace tiempo ya transita con esos dictámenes adentro. Por las arterias de ellos, en este caso circula el espeso vaho petrolífero.

Con una metodología de pretextos que envidiarían los teólogos de Bizancio, ellos enumeran obstáculos amenazantes, que aun siendo puramente imaginarios, sostienen una ficción institucional artillada, misiles en nombre de The Federalist. Esta paradoja hace difícil que los refutemos con esquemas, cuando ellos tienen un elenco de subterfugios que se diseminan en nombre de un gelatinoso “republicanismo”, de mal encolumnadas palabras de “libertad” o del simple exorcizo de que luchan contra el mal. De las pifias de gobiernos turbulentos asentados en tierras ricas, construyen relatos monstruosos. Pero de los polichinelas aliados hacen magistrados altisonantes. Del nuestro, que va desde el astuto ejercicio de la risa velada a la mirada de áspid, hacen un Gladiador de Occidente. Saben atacar cuando sus presbíteros belicistas dictaminan que ya está lista la humanidad para recibir la caída mesiánica de un eslabón más del Eje del Mal.

El mundo acepta vivir “en modo contrahecho”, donde argumentos “democráticos” pueden significar el fin del estado derecho, argumentos “ecológicos” pueden acelerar la destrucción del mundo geo-natural y argumentos que apelan a la “justicia” pueden abrir el compartimento ideal para que reinen todas las pedagogías policiales en curso. Hace unos años se producía en Mar del Palta el anuncio posible de otra Sudamérica, de otra Latinoamérica. La foto de manos entrelazadas de Kirchner, Lula, Evo y Chávez sirve para cotejar como los tiempos cambian con brutalidad incalculable. ¿Pero cómo decirlo para comprender mejor de qué modo se hace manifiesto ese nuevo torrente de poderes que fragiliza un inmediato pasado? Este parecía tener sus cimientos ya asentados. ¿Qué hace que veamos esa fotografía como quien ve las Ruinas de Palmira? 

Porque, atención. No debemos ser nosotros las víctimas del síndrome de adecuación a las nuevas dinastías de patanes que deciden a diarios cuántos van a morir en nombre de los sacrificios de sangre que el Imperio total exige. El instinto de adecuación es de lo que suele padecer la política convencional. El nombre de Venezuela y lo que se diga sobre ella establece hoy una regla de identificación y reconocimiento para restituir la noción de soberanía nacional y justicia institucional en las relaciones sociales, aquí, en la Argentina. Nunca está contraindicada ninguna autocrítica. Pero los que tenemos legados por los que responder, respetamos una temporalidad diferente, no sincrónica a los mandos imperiales actuales, sino ucrónica, asincrónica e incluso anacrónica. Es cierto, no es novedad nada de esto, que simultáneamente a las manifestaciones de dignidad colectiva y discursos de emancipación, podían gestarse burocracias inexcusables cuyo lenguaje podía ser, incluso, teñido de palabras extraídas de antiguos diccionarios socialistas.

Pero si una sombra carcomida sigue con oportunismo de prestamistas a los movimientos populares, no podemos imaginar ahora que se los ataque por haber tolerado beneficios privados –si es que esto hubiera ocurrido–, sino porque consagran su verbo a la trascendencia histórica. Los “curros” no precisan épicas, no la contienen en su larga historia. Pero también es cierto que las épicas, si no se renuevan, caen en sus rituales de asfixia. No está de más recordar aquí a Simón Rodríguez. Pero la utopía regresiva final del fin de las instituciones, a cargo del gran libreto Imperial, nos ofrece un Maduro como ogro, los militares como traficantes. Áspero destino de las instituciones, que al fin y al cabo son las creencias. ¿Y esto por qué? ¿Porque hay bigotes que parecen autoritarios, uniformados que alzan el puño izquierdo? Los que aún creemos, consideramos vital apoyar a ese bigotudo surgido de la compleja densidad histórica de un país fundamental de “nuestra América”.