viernes, 6 de agosto de 2021

ACERCA DE LA DENSA HISTORIA DE UNA CIUDAD PUERTO por Hugo Chumbita * para Vagos y Vagas Peronistas

 



Pienso en la pandemia como una amenaza del mundo exterior cernida sobre al territorio que habitamos. Tengo la impresión de que es una reacción de la naturaleza ante las agresiones al ecosistema perpetradas por la especie humana, que va convirtiéndose en una plaga para nuestro planeta, con su desmedida concentración de riqueza y poder en el hemisferio norte y los abusos que se cometen contra las demás especies. Pero dejando el asunto para que lo respondan quizás las ciencias y la filosofía, en un enfoque histórico más acotado, si vemos la pandemia como un castigo que viene de afuera, parece una metáfora del destino del país desde que se creó el Virreinato del Río de la Plata.

 

          Quiero recordar que la Argentina se modeló a partir de entonces como un embudo, con un puerto-puerta destinado a abrir esta región al intercambio con la metrópoli, al cual arribaban y del cual partían los galeones trayendo vituallas y esclavos para llevarse el oro y la plata del Potosí; un comercio que fue variando para extraer después los cueros y lanas, más adelante las carnes y granos, mediante la construcción de la tela de araña ferroviaria que traía las manufacturas de Europa y arruinaba las bases de la industria local.

 

          Esta cabeza de Goliat fue creciendo exponencialmente con las oleadas de trabajadores inmigrantes que bajaban de los barcos, más los otros que vinieron de tierra adentro. El siglo veinte conmovió el reinado de los ganados y las mieses, la crisis mundial del capitalismo alteró la ecuación agroexportadora y el crecimiento se encaminó con la industria nacional, pero el tejido de la dependencia se reconfiguró con el ingreso de más capitales multinacionales y el tráfico de otras mercaderías e insumos. Hasta la era actual, en que los avances tecnológicos han ido removiendo los muelles y la ciudad capital es más que nada un puerto virtual, siempre en la función de intermediario, como sucursal de las corporaciones y las redes financieras globales: el mostrador donde se despachan los grandes negocios.

 

          La historia de la ciudad está llena de acontecimientos memorables que la enaltecieron, desde la expulsión de los invasores británicos y el alumbramiento revolucionario de la república; aunque también la gran aldea fue asediada por los levantamientos de las provincias que reclamaban compartir los frutos de la emancipación, en una larga disputa que culminó implantando el retaceado sistema federal. En la etapa de las guerras civiles los propósitos unitarios fueron derrotados, pero la ciudad contaba con los recursos de la hegemonía mercantil para mantener sus privilegios.

 

          Después de Caseros se segregó para formar un Estado aparte, y después de Pavón se mantuvo como capital de la provincia bonaerense, hospedando graciosamente al gobierno nacional. Los intentos de poner la capital en el interior fueron vetados por el sanjuanino Sarmiento, y en 1880, cuando la ciudad albergaba unas 80.000 almas, Buenos Aires fue finalmente nacionalizada, venciendo la resistencia en armas del bando mitrista a costa de más de 3.000 muertos. Para que fuera, como dijo entonces el diputado José Hernández, el lugar de encuentro y armonía de provincianos y porteños, donde fraguara “el espíritu nacional”. Np fue posible, porque continuó siendo el reducto de la dominación oligárquica.

 

          Frente al orgulloso bastión elitista que miraba hacia afuera, una y otra vez se alzaron las demandas por rectificar el rumbo, que tuvieron mayor eco en los  pueblos interiores y en las orillas circundantes, en el cinturón fabril donde acudieron a radicarse los migrantes de las provincias. Un día de 1945 esas masas obreras de pigmentación más oscura inundaron las calles y la plaza, sorprendiendo a quienes las ignoraban y comenzaron a verlas como una peligrosa marea que ascendía de los suburbios.

 

          A la capital federal se la había dotado de un régimen municipal especial, con el intendente designado por el presidente y un Concejo Deliberante electivo, además de elegir senadores y una cantidad de diputados nacionales –llegaron a sumar un tercio de la Cámara− que le conferían peso importante en el Congreso. La composición social de la urbe tenía sus rasgos diferenciales que se reflejaron en el escenario político, como fue el caso de la inserción electoral de los socialistas, que alguna vez alcanzaron mayoría en los comicios capitalinos. Las cosas cambiaron con el advenimiento del peronismo, aunque la capital resultó ser el distrito donde su mayoría no era tan holgada, y los radicales se aproximaban a empardar el caudal de sufragios peronistas, por lo que las circunscripciones uninominales de la ley de 1951 se trazaron de modo que el voto de los barrios populares compensara el de los de más categoría.

 

          En la evolución posterior, la población de la ciudad quedó estancada en casi tres millones, mientras en las zonas linderas de jurisdicción provincial seguía creciendo el conurbano, donde habitan hoy unos doce millones de personas; numerosos municipios a los que se fueron desplazando las fábricas y puertos, nuevas actividades productivas,  villas precarias y barrios residenciales cerrados, en un proceso espontáneo, desordenado y en gran medida anómalo, Una megápolis que encierra grandes disparidades de nivel de vida e infraestructura de servicios, con ventajas para el distrito capital por sus recursos públicos, que es difícil corregir en esta acompleja configuración política.

 

          Agotado el ciclo de las dictaduras militares en el que regía la arbitrariedad de facto, volvieron al primer plano las deliberaciones sobre el sistema político. Se planeó reformar la Constitución, y el multipartidario y multisectorial Consejo para la Consolidación de la Democracia del tiempo de Alfonsín propuso, entre otras medidas, mudar la capital a los umbrales de la Patagonia y crear entonces una nueva Provincia del Río de la Plata que abarcara la ciudad porteña y el conurbano bonaerense, Era un plan de trascendencia geopolítica, que apuntaba por un lado a instalar el gobierno nacional en un lugar distante de la base tradicional de los “poderes fácticos”, y por otro lado integrar y equiparar el núcleo capitalino con sus prolongaciones de la periferia metropolitana.  

 

Pero tales ideas fueron dejadas de lado en el Pacto de Olivos que condicionó la reforma constitucional, reduciendo el tema a la elección popular del intendente. Parecía pues una forma de restar algo a la omnipotencia presidencial y crear un cargo ejecutivo que tal vez no pudiera ganar el peronismo.

 

Los términos fueron variando en otro sentido en el trámite de las Coincidencias Básicas de los dos partidos mayoritarios y en la Convención Constituyente de 1994. El punto de la elección del intendente se amplió hasta concebir un Estado-ciudad autónomo, a medias municipal y provincial, con su Legislatura y su Estatuto organizativo, donde el ejecutivo pasaba a titularse jefatura de gobierno. Se desecharon las numerosas objeciones de forma y de fondo formuladas en los debates por quienes alegaban que la capital “es de todos los argentinos” y advertían previsibles conflictos de competencia. En prevención, una cláusula constitucional estableció que por ley del Congreso se garantizarían los intereses del gobierno nacional mientras la ciudad fuera capital federal.

 

En efecto, en 1995 so dictó la Ley Cafiero, por la cual el Estado nacional se reservó diversas instituciones y facultades, incluso la justicia ordinaria y atribuciones de seguridad policial, circunscribiendo las funciones judiciales de la ciudad a los asuntos vecinales, contravenciones y casos contencioso-administrativos y tributarios locales.

 

          Pero los trabajos del parto de la Ciudad Autónoma continuaron tratando de darle mayor rango a la creatura. En 1996, la primera elección de sus autoridades mostró el predominio en el ámbito porteño de las dos alas de la Alianza, la UCR delarruísta y el Frepaso, que protagonizaron la elaboración de sus instituciones. La Legislatura Estatuyente se autodenominó “Convención Constituyente” y al estatuto lo llamaron Constitución para jerarquizarlo, según declaró la presidenta de la asamblea Fernández Meijide. El texto incluyó una extensa declaración de derechos ciudadanos y reguló los tres poderes orgánicos excediendo los límites de la Ley Cafiero, con una cláusula transitoria según la cual las disposiciones que sobrepasan las limitaciones de aquella ley tendrán aplicación cuando “una reforma legislativa o los tribunales competentes habiliten su vigencia”.

 

          A partir de allí, los gobiernos porteños comenzaron a disputar y absorber competencias, rebajando a la vez sus previstas alcaldías municipales a meros centros administrativos, y aumentaron los recursos propios y delegados por la Nación. Fue también notoria una orientación política diferenciada del resto del país. En esta ciudad hizo su carrera política ascendente De la Rúa, y comenzó a tramarse el engendro macrista, fiel expresión del avance de los intereses de la “patria contratista” sobre la gestión directa del gobierno, obediente a los dogmas neoliberales para seguir privatizando el patrimonio común e imponer el libre albedrío de la especulación financiera y la prepotencia de los consorcios exportadores  En este contexto ha podido cosechar votos, por ejemplo, una candidata impresentable en su provincia natal, y pueden medrar políticamente los gurúes de la city que saltan del sector privado al sector público y van y vuelven con las mismas recetas para servir a sus mandantes.

 

          Y estalló la pandemia, una calamidad que se derramó desde el norte, que encontró desunidos a los países suramericanos, y desde el norte también nos venden a alto precio los remedios. La peste puso de resalto el absurdo de una política sanitaria o anti sanitaria dividida por la avenida General Paz, a la par que ponía en evidencia los lazos de circulación del trabajo y servicios mutuos entre las áreas contiguas de la región metropolitana, en permanente y necesaria interrelación. Quedó expuesta asimismo la pretensión inadmisible del actual gobierno porteño de desacatar leyes nacionales impunemente, priorizando intereses mercantiles por sobre la protección de la vida humana  

 

          Hay que estudiar el gran diseño territorial de la nación, y aunque es dudoso que el traslado de la capital sea la solución de los problemas que arrastra nuestra estructura social y económica, sin duda la integración del complejo metropolitano, retomando la discusión de aquella idea de una nueva provincia rioplatense, podría conducir a una distribución equitativa de los recursos y a la reconfiguración política de esta parte central del país. Para que la puerta al mundo no sea la cabecera de playa del capitalismo global ni la sede de una clase dirigente de espaldas al interior, sino una ciudad recuperada para la política nacional, en sintonía con las necesidades del conjunto de la sociedad, como fue el espíritu de su federalización que proclamara José Hernández: una ciudad de todos y para todos nosotros, los argentinos.

    

*Historiador, abogado y docente

sábado, 31 de julio de 2021

ACERCA DE LOS "INCIDENTES EN CUBA" por Lido Iacomini* para Vagos y Vagas Peronistas

 


Los incidentes ocurridos en este Julio que termina en Cuba, han provocado un debate con múltiples aristas y también interrogantes que el paso de los días no ha logrado despejar. Sería útil abordarlos deslindando esferas por orden de importancia, para definir cuál es la cuestión principal.

Los hechos concretos más relevantes han sido por un lado las protestas en calles por parte de ciudadanos cubanos, lo que dio lugar a la represión, un muerto (Laureano Tejeda, de 36 años) y algunos encarcelados, hechos para nada habituales en la isla. Y como contrapunto, tumultos de protesta a las puertas de embajadas cubanas en distintos países, sobre todo estimuladas por el coro mediático habitual desde el auge del neoliberalismo y con un indisimulable concurso de las embajadas yankys de cada país y de grupos de derecha afines. Todo con un fuerte condimento de anticomunismo  y macartismo propios de la época de la guerra fría.

El gobierno cubano encabezado actualmente por Díaz-Canel no niega los hechos, aunque sí su dimensión, y atribuye el descontento efectivamente existente en sectores que ésta situación muestra, a las dificultades económicas engorrosas que atraviesa Cuba actualmente. Reconoce autocríticamente que no han podido cumplir con las rectificaciones al modelo que oportuna y públicamente se habían propuesto y que esto agrava las de por sí difíciles condiciones que impone el bloqueo norteamericano a su país. Y por supuesto…la pandemia.

Señalan las autoridades cubanas que los EEUU estimulan el descontento entre sectores del pueblo cubano a la vez que magnifican los hechos represivos sucedidos. Desconocen a la vez que las autoridades cubanas se acercaron, personalmente Diaz-Canel, a dialogar con los manifestantes.

EEUU, al tiempo que incrementa las sanciones y castigos sobre el país caribeño, aboga por una condena internacional a su gobierno y presiona a los países latinoamericanos para que se pronuncien en ese sentido. Todo a pocas semanas de la rotunda condena en las Naciones Unidas al prolongado bloqueo llevado adelante por los norteamericanos que ya atravesó las seis décadas.

Señalemos que Joe Biden ha impreso un fuerte giro a la derecha a la política de su partido con respecto al bloqueo. Barack Obama había dado señales de marchar hacia una normalización de las relaciones entre los dos países y colocarse a un paso de cesar con esta hostilidad inconducente. En ese sentido los acontecimientos recientes muestran continuidad con las políticas de Donald Trump e incluso una profundización de sus rasgos más agresivos, en consonancia con la conducta que Joe Biden -y Tony Blinken, su alfil para latinoamérica en el terreno de la geopolítica- vienen adoptando con respecto a China y a Rusia.

A riesgo de que aparezca como una digresión, desearía señalar que la adopción de conductas y lenguajes que los EEUU adoptaron en el período de la guerra fría, en aquel entonces contra la desaparecida URSS, hoy reaparecen contra China y también contra Cuba. Con respecto a China hoy pareciera que los dirigentes norteamericanos han advertido que ésta no se habría convertido tan al capitalismo como quisieron hacernos creer, sino que siguen siendo unos malditos comunistas. ¡¡Oh descubrimiento!! 

Es por eso dable pensar que la embestida norteamericana contra la Cuba socialista no tiene tanto que ver con las incomodidades que los sucesores de los Castro le plantean a los ocupantes coloniales de Guantánamo sino a las necesidades de encubrir una operación de estímulo a la derecha anti izquierdista en la región. A esos contingentes, escuetos por cierto, se han dirigido las convocatorias a  manifestar en las puertas de las embajadas cubanas en Latinoamérica. Es que la visión que tiene EEUU sobre la recreación de un nuevo ciclo progresista en la región está teñida por dos elementos concurrente. La imparable y creciente influencia de la República Popular China en el comercio, la política y recientemente en el plano de las finanzas y la nueva oleada de gobiernos autonomistas y antineoliberales que se está desarrollando. Perú es el más reciente pero los procesos en desarrollo son múltiples y los movimientos que hoy están en la gatera en Centroamérica y en algunos países sudamericanos, como Chile, parecieran incluso más radicales de izquierda que quienes iniciaron esta nueva oleada, Argentina y México.

La política norteamericana en la región todavía no es clara o tiene agudas contradicciones. Su impronta no aislacionista, contrapuesta al trumpismo, le hace difícil sostener la dureza antichina en la región. Sin embargo el rebote macartista y anticomunista pareciera ser parte de la búsqueda de un relato político que le permita ampliar la demonización antichavista de la etapa anterior.

En ese marco el análisis de las contradicciones no resueltas por el gobierno cubano, que son muchas y comprenderlas exige un análisis que ponga en consonancia su experiencia socialista devenida de un período complejo que terminó con la caída del muro de Berlín, con el estado actual de las perspectivas progresistas y revolucionarias del mundo actual es una tarea que está por delante. Y a la que todos tenemos derecho. Pero no debe confundirse: el injerencismo norteamericano es lo que está hoy en debate y nadie tiene derecho a inmiscuirse en los asuntos internos de los estados salvo sus ciudadanos.

Lo que parece indudable es que a las puertas de un profundo cambio en Chile con la democratización devenida de la desaparición de su Constitución pinochetista, el tambaleo de pronóstico reservado de Jair Bolsonaro en Brasil y de los avances en una nueva arquitectura institucional que sepulte a la OEA en la región en simultáneo con la continuidad, posiblemente agravada, de las tensiones geopolíticas mundiales las perspectivas políticas en Latinoamérica, Centroamérica y el Caribe son tumultuosas.  

Para colmo se acaba de conocer que la República Popular China ha dispuesto firmar con la isla el mayor programa de ayuda externa con que contará desde los tiempos de la Unión Soviética. Que se sumarán a la solidaridad expresada en buques cargados por México y Rusia con insumos indispensables. No faltarán quienes leerán esto como un portaaviones y dos cruceros de guerra asentados en el Mar Caribe.


*"Participación popular".


lunes, 19 de julio de 2021

DEMOCRACIA CULTURAL por Frei Betto



La caída de los gobiernos de los países socialista de Europa Oriental no indica el fin del socialismo, como predican los medios de comunicación capitalistas, sino el fin de la absolutización de sistemas ideológicos.

El hombre y la mujer son los únicos seres vivos que se contraponen a la naturaleza. Los demás, desde las abejas arquitectas hasta los macacos africanos que protegen sus recursos para la sobrevivencia, están todos determinados por la naturaleza. Ese distanciamiento humano con respecto al mundo natural hace que la realidad se revista de simbolismo y produce el surgimiento trascendental de lo imaginado.

            Del interés por el fuego provocado por el relámpago nace el conocimiento que despierta la conciencia. Volcada sobre sí misma, la conciencia humana sabe que sabe, mientras que los animales saben, pero ignoran la reflexión. Mediante el símbolo y el significado el ser humano se relaciona con la naturaleza, consigo mismo, con sus semejantes y con Dios.

            Nace así la cultura, el toque humano que hace de lo natural, arte. La vida social adquiere contornos definidos y explicaciones categóricas. Del dominio de las fuerzas arbitrarias de la naturaleza se llega a las armas que permiten la imposición de un grupo cultural sobre otro. Pero cultura es identidad y, por tanto, resistencia. Aun así, la absolutización de sistemas ideológicos promete el paraíso, induciendo al dominado a sentirse excluido por no pensar con cabeza ajena.

            En el Brasil colonial, los métodos de la catequesis cristiana propagaban entre los indígenas el virus de la desagregación, y hoy en día, los dueños de explotaciones mineras y madereras, y el gobierno, se preguntan perplejos por qué los pueblos indígenas necesitan tanta tierra, si no producen nada. Los neopentecostales atacan a los creyentes de umbanda, y ciertos sectores de la Iglesia cristiana miran con solemne desprecio el candomblé, como si sus fieles aún estuvieran en un estadio primitivo de la conciencia religiosa que no les permitiera disfrutar de la belleza del canto gregoriano o la ortodoxia teológica de los libros de Ratzinger.

            La caída de los gobiernos de los países socialista de Europa Oriental no indica el fin del socialismo, como predican los medios de comunicación capitalistas, sino el fin de la absolutización de sistemas ideológicos. Con la herencia estalinista, se derrumban todas las estrategias hegemonizadoras de la cultura, y la idea misma de “evolución cultural”. No hay culturas superiores, hay culturas distintas, social e históricamente complementarias. Agonizan las versiones totalizadoras en todos los terrenos de la producción de sentido político, económico y religioso.

            Quien pretenda ignorar las señales de los tiempos tendrá que apelar al autoritarismo para infundir temor y terror. Sabemos ahora que incluso en la América Latina no hay una cultura única, sino una multiplicidad de culturas –indígena, negra, blanca, sincrética— a las que explican sus propios factores internos. Esa polisemia de sistemas de sentido es una riqueza, aunque amenace el poder de quienes imaginaban que era posible restaurar la uniformidad medieval.

            A más de 500 años de la llegada de Colón a las Américas –una invasión genocida que algunos llaman “encuentro de culturas”— conviene recordar esos conceptos antropológicos. Y ahora la democracia impregna también la cultura. Cada hombre o mujer, grupo étnico o racial, descubre que puede ser productor de su propio sentido de vida y, así, cambiar la historia. Es lo que nos enseñan los ejemplos y las obras de Martí y Fidel.

            Afortunadamente, el propio Jesús nos ilustra la diferencia entre imposición y revelación. Se impone al pervertir la naturaleza del poder (Mateo 23,1-12). Pero revelación significa “retirar el velo”: ser capaz de captar los fragmentos culturales de cada pueblo y reconocer las primicias evangélicas que contienen, como afirmó el Concilio Vaticano II.

            Además, Dios no habla latín. Prefiere el idioma del amor y la justicia. Y esa lengua la incorpora y la entiende toda cultura.

 

Frei Betto es autor, entre otros libros, de Diário de Fernando – nos cárceres da ditadura militar brasileira (Rocco).


miércoles, 30 de junio de 2021

A 86 AÑOS DE FORJA-FUNDADORES DEL NACIONALISMO POPULAR REVOLUCIONARIO por Ernesto Jauretche

 



La Década Infame no era tan infame por el fraude político y la corrupción mercantil de sus clases dirigentes como por el dominio colonial de la cultura y la miseria estructural que interpretaba el tango. Era un país sometido económicamente a una potencia europea, con un pueblo subordinado, ignorante de las causas de su propia miseria, donde los peones votaban a los patrones y el debate político era entre el socialismo librecambista y el nacionalismo oligárquico en disputa por ver quien servía mejor al amo extranjero, donde la pobreza era lo normal y la dependencia estaba naturalizada: somos americanos, criollos brutos, negros a los que no nos gusta trabajar y además inferiores intelectualmente; peor aún: tuvimos la desgracia de que fracasaran las invasiones inglesas. Esas eran las verdades reveladas, lo cierto, lo inalterable, instalado por los medios de comunicación y las clases dominantes en la calle, en la escuela, en la universidad, en la lógica del conocimiento y en las raíces de la enseñanza.

En ese escenario aparecen los muchachos de FORJA, unos jóvenes audaces que tuvieron su primera batalla contras las convicciones instaladas por el colonialismo cultural en sus propias conciencias.

Mucho se parece aquella situación a la actual circunstancia nacional, aunque ya no es una Nación imperial la que nos domina: hoy, un partido político representa en el sistema democrático a las conciencia adocenadas, apenas estamos empezando a revisar la servidumbre de la justicia al poder concentrado de los monopolios y la finanza global, una economía donde el peso descomunal del FMI –el moderno Estatuto Legal del Coloniaje- impide cualquier intento de emancipación.

Sin embargo, mucho ha crecido la producción intelectual del campo nacional; aunque apenas roza la hegemonía cultural del imperio porque carece de los recursos de despliegue y propaganda que la hegemonía colonial le niega.

Lo de FORJA fue lo que en filosofía llaman ruptura epistémica. No fueron contra las consecuencias sino que revelaron las causas, no se quedaron en la crítica al pensamiento dominante: se internaron y cambiaron la forma de analizar la realidad, develaron la existencia y la fecundidad del sujeto social pueblo, y le imprimieron un salto en calidad a la lucha por la igualdad, la dignidad y la justicia.

Pusieron en crisis ese dominio mental, lo denunciaron y después adoctrinaron, y lo convirtieron en acción por la liberación material y espiritual de un pueblo que los necesitaba sin saberlo, el hombre que estaba solo y esperando, el espectador que bajó de la tribuna y se tomó toda la cancha. Y, desde ese pensamiento nacional, refundaron una nueva y poderosa doctrina: el nacionalismo popular revolucionario, latinoamericano y antimperialista.

El lema “Somos una argentina colonial; queremos ser una Argentina libre” abrió el cauce hacia una elaboración teórica que les permitió asegurar que no habría justicia social sin soberanía nacional ni independencia económica, bases de un movimiento nacional que se inauguró como identidad social y política con el peronismo.

Ese núcleo de corajudos pensadores, profesionales, intelectuales y políticos merece en nuestros días mucho más que un reconocimiento: es hora de elevarlos como ejemplo y de emular su osadía y generosidad haciendo conciencia de la necesidad urgente de enfrentar con herramientas nacionales la violenta ofensiva de los tutores de la colonización cultural. Una batalla que no sólo compromete al periodismo militante y a los centros de difusión del pensamiento nacional sino a las mismas casas de estudio de todos los rincones de la Patria, sin distinción de disciplinas ni niveles, donde se están formando las nuevas generaciones de argentinos.

Estudiosos y docentes de ideas pretendidamente universales en detrimento de un pensamiento situado, local, propio, nacional, haciendo valer premios y títulos otorgados por prestigiosas fuentes de inteligencia cosmopolita, dominan el mundo académico y profesional… y trágicamente hasta el marco de reputaciones que atesoran capitanes políticos que jamás pisaron los barrios de nuestras ciudades ni los campos del interior profundo.

Profesionales que reciben el título de escuelas estatales financiadas por la ciudadanía como patente de corso, especialistas en lucros, canonjías y beneficios individuales, sin vocación de servicio ni noción de sus responsabilidades por el país.

Dirigentes que dominan el oficio de los influencers, eficaces prescriptores de potentes marcas y patentes en las redes, la estadística y la encuesta pero que ignoran el lenguaje y las vivencias de las mayorías argentinas. La distancia cultural que los separa del pueblo es paralela a su ineptitud para hacerse cargo de las necesidades y los intereses del pueblo argentino, al que le deben sus títulos y sus cargos.

Es hora de introducir en los contenidos curriculares de todas las disciplinas claros componentes de defensa del interés nacional, de la solidaridad social y de aquellos asuntos esenciales de la historia que señalan los actores, la acción y los momentos culminantes de nuestras luchas por la emancipación nacional y social, por la grandeza de la Nación y la felicidad de su pueblo.

¡Homenaje a los 30 mil militantes nacionalistas populares revolucionarios caídos!

¡Vivan los muchachos de FORJA, don Hipólito Yrigoyen y Juan Domingo Perón!

VIVA LA PATRIA

Ernesto Jauretche

La Plata

29 de junio de 2021


 





lunes, 14 de junio de 2021

ALTERACIÓN DE LA PROBLEMÁTICA POULAR por Jorge Luis Cerletti (*) para Vagos y Vagas Peronistas

 



Estamos viviendo un período de alteración social manifiesta de diversos hábitos sociales. Por empezar y como producto de las acechanzas del Covid 19, el uso de “bozales” que tapan medio rostro. Por seguir, mantenimiento de la distancia mínima de dos metros en la circulación y reunión de las personas. Asimismo, las limitaciones en la circulación de los vehículos y en el uso del transporte público, además de la prohibición de las aglomeraciones y la restricción y control sobre el funcionamiento de restaurantes, bares, y de negocios en general, según el momento. A lo cual se suma el recorte de las actividades presenciales y en particular las vinculadas a la enseñanza.

Esto genera un distanciamiento entre las personas que no condice con los hábitos sociales incorporados a lo largo del tiempo. Se rechazan las reuniones de grupos numerosos, mayores de diez personas. Lo cual se multiplica considerando las restricciones en los espectáculos públicos, tan evidentes en los deportivos con estadios prácticamente vacíos. Mientras que la vacunación en gran escala genera expectativas aunque todavía se esté desarrollando y es difícil evaluar sus alcances.

Vale decir que en esta etapa las relaciones humanas, en general, exhiben un notorio desarrollo de la virtualidad. Y tal fenómeno también alcanza a la política que tiende a una fuerte disminución de lo presencial. En consecuencia, la fuerza de lo multitudinario se diluye y crece el viejo problema político del poder piramidal a costa de la participación popular. Es que el impulso generado por las grandes movilizaciones está ausente hasta no se sabe cuándo….

Además de lo dicho, se percibe otro efecto negativo. Los intercambios de ideas y experiencias hoy parecen sufrir una especie de estado letárgico. Existe una disminución o morosidad de los mismos. Como si se produjera una extensión de la pandemia sobre la producción intelectual-política. Es que el aislamiento generado no sólo limita las acciones, sino que opera también sobre el desarrollo del intercambio de ideas. Y este fenómeno no hace más que revalorizar el concepto de praxis que hoy aparece bastante devaluado.

Morales en Jujuy no tiene problemas en mantener presa injustamente a Milagro Sala, indeclinable luchadora popular. En tanto que el periodismo de “guerra”, con Clarín a la cabeza, goza de buena salud. Y eso que en estos momentos Alberto Fernández es el presidente de la Nación. Y por más que muchos lo tilden de tibio, necesariamente integra el campo popular.

Ocurre que la derecha tiene el fuerte soporte del gran capital interno y externo además de contar con el apoyo del poder internacional de los EE.UU. así como el de sus principales aliados. Luego, las elecciones nacionales antes de fin de año revisten una significativa importancia. Y para evaluarla no hace falta más que remontarse al cercano gobierno de Macri y de cuyos efectos aún conservamos distintas heridas.

La tarea que hoy se presenta prioritariamente es recuperar la actividad política de los amplios sectores populares e ir perfilando una convergencia activa de los sectores radicalizados que no se prestan a las engañifas del poder dominante.

En esa tesitura el intercambio de ideas y el debate abierto acerca de la situación actual se impone. Desde el kirchnerismo, el peronismo de quienes se mantienen en pie de lucha, los sectores radicalizados, hasta el sindicalismo consecuente con los intereses del movimiento obrero, debemos cerrar filas para impulsar y hacer triunfar al campo popular.

Ésta es una primer y significativa etapa. Y a condición de llevarla a buen término, surgiría una segunda por demás compleja y difícil. La de independizarse del gran capital albergando y conteniendo sus expresiones menores (Pymes). Trayecto más que complejo y difícil pero condición necesaria para avanzar en un proceso emancipatorio. Su realización sería un salto adelante de inestimables consecuencias y beneficios para el pueblo.


(*) Jorge Luis Cerletti nació en Buenos Aires en 1937, arquitecto. Fue profesor de Economía Política en la Universidad del Salvador y de Historia Social en la Facultad de Derecho de la UBA. Fue uno de los fundadores e integrante del grupo de reflexión La Mesa de los Sueños, también del grupo Repro (Reflexión y producción) y colaborador del CEPPAS, (Centro de políticas públicas para el socialismo). Producto de su dilatada militancia realizó numerosos ensayos políticos. Como coordinador de la colección Cuadernos de la realidad, dirigida por Raúl Sciarretta y editada por Granica, publico en ella tres ensayos: “Desarrollo industrial y concentración monopólica”, “La oligarquía terrateniente” e “Imperialismo y dependencia” (1974) y los siguientes libros: Retazos para una historia” (ficción 1983, Peña Lillo Editor); “El nuevo orden mundial, el socialismo y el capitalismo depredador” (1 991, Centro Editor de América Latina); sigue: “El poder y el eclipse del socialismo” (1993, Centro Editor de A.L.); “El Poder y la necesidad de un nuevo proyecto” (1994, Ediciones Mesa de los Sueños); “El poder bajo sospecha” (1997, edit. De la Campana) y “Las relaciones de dominio como lazo social (1999, edición del autor); “Políticas emancipatorias - crítica al Estado las vanguardias y la representación” (2003, edit. Biblos) y “Estado democracia y socialismo” (2014, edic. El jinete insomne, publicado por el Ceppas, centro de políticas públicas para el socialismo).



lunes, 7 de junio de 2021

EL SISTEMA ENFERMA Y MATA por León Pomer (*) para Vagos y Vagas Peronistas

 




Implacable devoradora de vidas, la pandemia “expone el salvajismo de la estructura del poder mundial. Un capitalismo que maximiza ganancias en todos los órdenes de la vida social, devora todo lo que encuentra y destroza el andamiaje democrático que durante mucho tiempo ha ocultado su angurria insaciable. En la penumbra de este derrumbe se vislumbra a la bestia que agoniza mientras mata a sangre y fuego”. (Monica Peralta Ramos. El Cohete a la Luna, 23-5-2021)

La bestia, sacudida por tenebrosos espasmos, hoy excreta agónicos aullidos e imprime su signo mortuorio al entero planeta. Cuando joven y vigorosa, y rebosante de infatuación y enferma de áureas ambiciones, se lanzó a conquistar el mundo, pretextando “civilizar”, el capitalismo comenzó por esclavizar y destruir a los que, sin conocer reputó de sub humanos, sin importarle las catástrofes humanas que producía. Su historia puede ser leída desde diferentes ángulos. El extraordinario desarrollo de las fuerzas productivas es uno de ellos; los mares de sangre que derramó y continúa derramando es otro costado de su desempeño histórico: el salvajismo es la sombra tenebrosa que siempre lo acompañó. Quiso ocultarlo, justificarlo, disimularlo; utilizó el “andamiaje democrático” que hoy ya no soporta más, ni le sirve. Su etapa neoliberal, en plena descomposición, arrasó con orgullos e ilusiones y sembró frustraciones y angustias.

Un grande y singular pensador, Walter Benjamin, reflejó la gigantesca tragedia vivida por la humanidad modelada por el capitalismo: se valió de una pintura del suizo germanizado Paul Klee. Las palabras que entonces escribió W.B. se hicieron célebres. Dicen lo siguiente: “ hay un cuadro de Klee que se titula Angelus Novus. Se ve en él un ángel al parecer en el momento de alejarse de algo sobre lo cual clava la mirada. Tiene los ojos desencajados, la boca abierta y las alas tendidas. El ángel de la historia debe tener ese aspecto. Su cara está vuelta hacia el pasado. Allí, donde vemos una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única que acumula sin cesar ruina sobre ruina y se las arroja a sus pies. El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero una tormenta desciende del Paraíso y se arremolina en sus alas y es tan fuerte que el ángel no puede plegarlas (…) Tal tempestad es lo que llamamos progreso” (W.B., Ensayos Escogidos. Tesis de filosofía de la historia. Edit. El Cuenco de Plata, Buenos Aires,20010. Tesis IX) La palabra “progreso”, engañadora y falaz, fue asociada al capitalismo: sirvió para ocultar los escombros humanos que éste acumuló detrás de sus pasos. A propósito, Alemania acaba de pedir perdón a Namibia por el genocidio, hasta ahora no mentado, que cometió entre 1904 y 1908, cuando ese país era colonia suya. Como reparación, le donará mil cien millones de euros, a pagar en cómodas cuotas anuales… durante 30 años.

Escuchemos ahora a un personaje más que relevante durante un período de la historia relativamente reciente de los Estados Unidos. Resumo un texto publicado por el filósofo italiano Franco Berardi ( La Segunda Venida ,Caja Negra Editora, pág.32,Buenos Aires,2020). Es una lista de horrores, limitada pero expresiva, sobre todo por quien es el autor que Berardi reproduce y yo a Berardi. Veamos:

Imperio Azteca, la conquista española redujo la población de 25 millones a 1 millón;

En Norteamérica, el 90% de la población indígena murió en los primeros 5 años de haber entrado en contacto con los invasores europeos. A esta mortandad hay que agregar los cientos de miles muertos en el siglo XIX;

En la India, entre 1857 y 1867. “se sospecha” que los británicos mataron cerca de un millón de civiles, en la rebelión que se produjo a partir de 1857;

La introducción forzada del opio en China, a cargo de los británicos, ocasionó millones de víctimas, sin contar las bajas chinas durante la Primera y Segunda Guerra del opio;

En el Congo, propiedad personal del rey de Bélgica, Leopoldo II, fueron asesinadas entre 10 y 15 millones de personas entre 1890 y 1910;

En Viet Nam fueron muertos entre 1 y 3 millones de personas entre 1955 y 1975;

Agréguense millones de asesinados en el mundo musulmán; y en Indonesia, entre 1835 y 1840, los holandeses mataron cerca de 300.000 civiles;

En Argelia, entre 1830 y 1845, los franceses liquidaron casi la mitad de la población;

Los italianos, para no ser menos, entre 1927 y 1934, exterminaron entre 80.000 y 500.000 internados en campos de concentración;

Sumemos, en los días actuales, las víctimas de Libia, Irak, Afganistan, Yemen, Palestina y varios etcéteras, en Africa, en Asia y en nuestra mal llamada América Latina.

Los números que el lector acaba de leer fueron originariamente publicados en una obra cuyo título en inglés es Toward a Global Realignment, en American Interest, junio de 2016, cuyo autor es Zbigniew Brzesinski, fuente seguramente insólita, pero insospechable. No son números exhaustivos, ni mucho menos. La conquista española mató millones de nativos que no figuran en la lista. Entre ellos, los sacrificados en la minería de la plata, en el célebre Potosi. Y por qué no agregar las víctimas de las dos guerras mundiales. A los millones asesinados por el nazismo, deben sumarse 26 millones de vidas sacrificadas solo en Rusia durante la invasión alemana.

Vayamos ahora a nuestro presente, al capitalismo que enferma, arruina vidas y las abrevia. Los mitos de la felicidad y del crecimiento económico ilimitado crearon las condiciones para la multiplicación de ciertos males: encubrieron los efectos perversos del fundamentalismo de mercado, responsable de la soledad, la tristeza, la angustia, la ansiedad, la depresión y una vida sin sentido, que el individualismo hedonista agrava en lugar de paliar. El llamado trastorno bipolar es un cuadro antes conocido como psicosis maníaco depresiva, que se ha expandido enormemente en los últimos 20 años. El “ataque de pánico” se difundió en tiempos más recientes; el marketing de los laboratorios farmacéuticos lo hizo popular. En 1895, Freud lo llamó neurosis de angustia, caracterizada por la hipertensión arterial súbita, la taquicardia y la dificultad respiratoria, la disnea, los mareos, la sudoración y los vómitos o náuseas.

En los niños, el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), está a la orden del día. El déficit de atención, la hiperactividad e impulsividad son características de la infancia: fueron elevadas a la categoría de trastorno neurobiológico, un desorden del cerebro. Los neurólogos afirman que es fundamental realizar un diagnóstico temprano para evaluar, si tales síntomas se presentan con una intensidad y frecuencia superior a la normal, y si interfieren en los ámbitos de la vida escolar, familiar y social. Aquí la pregunta: ¿cuál es la medida de la normalidad y quién la establece? El prestigioso neurólogo Fred Baughman denunció ante el Congreso de los Estados Unidos y presentó una demanda de fraude al consumidor en el Estado de California por el falso diagnóstico de TDAH. Niños completamente normales fueron diagnosticados con ficticios desequilibrios químicos cerebrales, y la subsecuente orden médica de tomar drogas. El diagnóstico induce a medicalizar comportamientos que simplemente se separan de la norma, sin ser propiamente trastornos psíquicos. La neurona está de moda: es tema de mención cotidiana.

La sociedad gravemente enferma contagia a las personas. La crisis de opiáceos y de fármacos legales que padecen los Estados Unidos mató a 400 000 personas entre 1990 y el 2019; hay un consumo masivo de ansiolíticos, analgésicos, antidepresivos, alcohol y oxicodona. El dolor humano hace la fortuna de una industria orientada a su gestión, y a la evasión efímera del individuo desolado que naufraga en una vida sin sentido. El universo capitalista vive epidemias silenciosas, fabuloso negocio, medicalizado a medida de las necesidades de los grandes laboratorios. Somos seres presumiblemente normales, cuando ingerimos medicamentos a granel. La industria farmacológica provee de novedades que son recetadas por médicos desaprensivos, ignorantes o cómplices de la conjura.

El sufrimiento no se refleja en imágenes de resonancias magnéticas, lo humano no se reduce a los términos de un cerebro ni a las conexiones neuronales. Hay detrás del padecer una sociedad, caldo de cultivo de males y de negocios de enorme envergadura. Oliver James, en su "The Selfish Capitalist", sugiere que hay razones convincentes para suponer que las economías del mercado son unas de las principales causas de los altos niveles de enfermedades mentales. Usando datos de un estudio confiable, realizado en el 2004 por la Organización Mundial de la Salud, el nivel promedio de enfermedades mentales en los países de habla inglesa, afectan a un 23% de la población en general, contra el 11,5% de los países europeos continentales. Notando además que enfermedades mentales se han incrementado en el Reino Unido desde la introducción del neoliberalismo de la señora Thatcher. James concluye: "Esto no puede tener relación alguna con los genes".

Como consecuencia del mal llamado subdesarrollo sufrimos un genocidio por goteo, con muertos por deficiencias sanitarias y atención selectiva de la salud, por suicidios, por inseguridad laboral, por comer mal y salteado. Si sumásemos todos los cadáveres anuales que produce el subdesarrollo, veríamos que no es para nada exagerado hablar de un genocidio silencioso.

El dolor social y el dolor individual/emocional son consustanciales al proceso (des)civilizatorio del capitalismo, que recrudece conforme los individuos sienten frustración y resentimiento ante la insatisfacción que les genera esta forma de organización de la sociedad. A su vez, estas modalidades de dolor se erigen en dispositivos de control social sobre los cuerpos, las conciencias, la mente y la intimidad.


La vulnerabilidad de los individuos se ahonda con la crisis pandémica a medida que se amplían las posibilidades de caer en las garras del desempleo, la pobreza extrema, las hambrunas y la fatiga ante el encierro. Esta vulnerabilidad se acrecienta en sociedades tenidas por subdesarrolladas que, con la violencia criminal y la inseguridad pública, hunden a los individuos en el miedo perpetuo, en la inmovilidad física, mental y emocional, en la dolencia crónica. La depresión se erige como la verdadera pandemia de las sociedades contemporáneas. El individuo se exige a sí mismo y se siente impotente al advertir que no es capaz de cumplir con las expectativas autoimpuestas. Conservadoramente, se calcula que la depresión enferma a 300 millones de seres humanos en el mundo. El sufrimiento que conlleva, frustra la vida familiar, escolar y laboral: es la gran causa de los 800 000 suicidios que ocurren mundialmente cada año, y que afectan, particularmente, a la población joven de entre 15 y 29 años.


Quienes manejan el capitalismo digital saben que el gran campo de batalla y de apropiación de los individuos está en la mente y en las emociones. La orfandad ideológica de los ciudadanos amplía los márgenes para esa apropiación, al tiempo que contribuye a encubrir las causas últimas del dolor y de la soledad. El social-conformismo se apropia de la vida cotidiana de los individuos, y la crueldad social continúa haciendo víctimas, que tienden a “normalizar” su dolor y sufrimiento. En cuanto al ángel de Paul Klee, le han cortado las alas. Yace inerme, abandonado en un galpón semi derruido.


(*) Doctor en Historia y Sociedad. 18 libros publicados, algunos en Brasil y Argentina y otros sólo en Brasil. Decenas de ponencias en congresos nacionales e internacionales y centenares de artículos sobre historia y literatura. Docencia en la Argentina (UBA y Universidad del Salvador) y Brasil (Universidades de Campinas, del Estado de San Pablo y Pontificia de San Pablo). Incluido en el programa Café, Cultura Nación de la Secretaría Nacional de Cultura.


sábado, 5 de junio de 2021

PERÚ-COLOMBIA, ENTRE LA RAZÓN DEMOCRÁTICA Y LA SINRAZÓN DE LA REPRESIÓN por Lido Egisto Iacomini (*) para Vagos y Vagas Peronistas

 



Vivimos semana a semana con el corazón en la boca, viendo entre esperanzas y angustias, como los pueblos latinoamericanos destejen las redes políticas de la dependencia al modelo neoliberal, estructural, en el que están atrapadas las naciones latinoamericanas. O si se quiere las porciones de la Patria Grande.


Enfocadas por su propia dinámica en el centro coyuntural de la semana, Perú y Colombia atraen nuestras miradas. A 4 días de la segunda vuelta electoral, ya en Perú el destino de la izquierda que encabeza el maestro de sombrero y ojotas se amasa en los cerebros y corazones individuales y hará eclosión el domingo cuando el recuento de votos retorne al pueblo como fenómeno colectivo.

El previsible triunfo de Castillo será por escaso ó amplio márgen, determinando márgenes para la acción transformadora de su gobierno. Y sobre todo calibrará el impacto sobre la región donde el pueblo de la vecina Colombia transita la lucha cuerpo a cuerpo de una dramática y dolorosa insurrección que ya lleva más de treinta días. Camino insurreccional que semeja un sucedáneo de la prolongada guerra civil cuyo cierre político fué abortado por la cadena de asesinatos y desapariciones que desató el uribismo sobre luchadores sociales, militantes políticos y ex guerrilleros, sellando un pacto de sangre que previsiblemente se proyectará sobre el futuro político de esa gran y querida nación, hermana...

Hoy se organiza su pueblo, en un gran Comité de lucha y en innumerables asambleas populares, barriales, zonales. Al estilo Argentina 2001 pero desde Cali, bastión rebelde de esta etapa, hasta Medellín, pasando por Bogotá y recorriendo gran parte de la geografía colombiana.

La oligarquía colombiana muestra, además de garras y colmillos sangrientos, renovadas divisiones: Uribe por un lado, aún usando a Iván Duque cómo mascarón desenmascarado, verdadero jefe de la reacción fascista y Santos, el tradicional liberal de derecha soft que condujo el anterior proceso de pacificación, por el otro. Opciones a la espera y al servicio de lo que se resuelva en Wassington, donde Joe Biden y Tony Blinken vacilan entre proseguir una represión sangrienta que hasta ahora no funcionó o acudir a la valija de herramientas que los demócratas usaron como promesas progresistas en las elecciones norteamericanas que postergaron a Trump. Podría traducirse al colombiano: Uribe (Duque) dictador o Santos y un segundo proceso político de pacificación.

La geopolítica de la región está en crisis por la indoblegable, hasta ahora, entereza del alzamiento popular. Allí no hay desenlace este domingo, aunque el domingo peruano tendrá reflejos sobre todo el continente. De sur a norte, incluido Wassington. Final abierto para Colombia que nos mantiene sumidos entre la angustias y las esperanzas.

(*)"Participación popular".

viernes, 28 de mayo de 2021

LA TERCERA POSICIÓN por Ricardo Rouvier (*) para Vagos y Vagas Peronistas

 


Una vez más el peronismo enfrenta un conjunto de desafío; es posible que muchos no han tomado acabada conciencia de la envergadura de las acechanzas de la contemporaneidad. Los desafíos, son de dos tipos: de la coyuntura, y la estructura. Son como dos paralelas que marchan en forma conjunta, pero con continuas intersecciones que cruzan a una con la otra. La primera, comprende los problemas propios del corto plazo tales como: la macroeconomía, las consecuencias sociales de la situación socioeconómica, el día a día del Frente de Todos, y además las novedades o pocas novedades, en mi opinión, que ofrece Juntos por el Cambio, una centro derecha sin ideas. De esta manera se completa más del 80% del escenario político nacional.

En el fondo , en lo subterráneo, existe un capitalismo concentrado con un gran poder económico y cultural que hegemoniza gran parte del mundo y extiende la pobreza y la marginalidad. Esto, está sostenido por la falta de alternativa que sustituya el dominio existente. Su núcleo fundamental que le da sentido a toda la etapa mundial es la propiedad privada de la producción y reproducción de bienes y servicios; que si bien es anterior al propio capitalismo encuentra en este la posibilidad de su mayor expansión.

El peronismo es un fenómeno político de raíz nacional y popular que atraviesa ya; dos siglos. Comenzó en los intersticios del acuerdo de Yalta, en la posguerra en que se produciría un realineamiento del mundo occidental (capitalista, democrático liberal e individualista.) respecto al bloque del socialismo real. Perón, ante este escenario mundial, planteó la tercera posición en dos sentidos, uno que refiere a las políticas públicas de nuestra relación con el mundo y otra, más profunda, que corresponde la fundación de una filosofía de superación de las culturas hegemónicas.

Con la caída de los nacionalismos autoritarios sostenidos por el eje Roma–Berlín–Tokio frente a los aliados. Nuestro país adhirió a la alianza en marzo de 1945 cuando la guerra terminaba, y se forzó por parte de las potencias quebrar nuestra neutralidad, pero no tuvimos participación bélica como si lo hizo Brasil, lo que significó algunas ventajas para el país vecino. La tercera posición fue la denominación que adquirió una tradición argentina, y la confirmó en la etapa peronista. Frente a las potencias nuestro país no se comprometió con ninguno, salvo en el período menemista en que prevalecieron “las relaciones carnales” como definió nuestro Canciller Guido Di Tella. También debemos mencionar que en el escenario de los ´70 la guerra fría entre ambas potencias intervino de manera indirecta en el conflicto protagonizado por el peronismo de aquella época, luego desalojado por el golpe cívico-militar, con una clara afiliación a la preeminencia norteamericana. Es cierto, que los vaivenes de la dictadura con la URSS, merece un análisis profundo, y otra nota.

La segunda acepción y más profunda significación es la que señala el mismo Perón: “Cuando hablamos de tercera posición no consideramos nosotros que la llamamos tercera porque estamos en medio de las dos. No, nosotros que la llamamos la tercera porque venimos después de la segunda. Vale decir, la primera es el capitalismo, que nos llevó a esta situación, la segunda el comunismo, que fracasó como solución. Nosotros somos la tercera, la que creemos que está en un justo medio para la concepción filosófica futura” J.D. Perón: Filosofía Peronista del año 1973.

Esta es otra constelación en el conjunto de definiciones y caracterizaciones de Perón que desbordan la propia nacionalidad, el propio territorio. Es el Perón universal, que convoca al mundo hacia una nueva filosofía superadora, para asegurar la paz general y a una articulación social que está descripta en la Comunidad Organizada destinada a ordenar la sociedad hacia la felicidad de las mayorías.

Quien ha comprendido esta tarea frente a las demandas sociales primarias, con una concentración de la riqueza escandalosa es el Papa Francisco como actor contra hegemónico y como la más alta expresión de la necesidad de un nuevo humanismo. El Papa que genera siempre una mirada política denunciando la desigualdad universal, y promoviendo la solidaridad, lamentablemente, no tiene incidencia pragmática respecto a los gobiernos de las naciones. El poder mundial, de las multinacionales financieras, económicas, mediática; liderando el progreso material, dictan las normas alrededor de las cuales las sociedades se organizan, o se desorganizan. A esta realidad se advienen grandes conglomerados, sobre todo, clases medias hacia arriba al naturalizar un mundo desigual: asimetría entre naciones, y asimetrías entre personas.

Estamos transitando el siglo XXI, con novedades que obligan a los países definir que hacer respecto a la IV revolución industrial, liderado por el tecnoliberalismo que hoy es vanguardia de la avanzada capitalista, y que nos obliga a repensar algunas categorías económicas y políticas, entre otras, que eran vigentes en el siglo pasado sobre todo vigentes entre 1945 y 1991 cuando colapsa la URSS. El individualismo es una modalidad de la cultura epocal, es una modalidad sobresaliente en detrimento de los valores comunitarios. Por eso la filosofía del asociativismo interpela a las economías en que la propiedad y la renta individual establecen una diferenciación dentro de la humanidad.
Hay registros de la visión del peronismo, que se encuentran en la dirigencia de la República Popular China, también en el Pte. Ruso Putín (se recomienda leer su discurso en el encuentro de Davos en enero ppdo), e inclusive a algunos políticos europeos que quieren volver a la economía de bienestar. Todo esto está demorado por las imposibilidades que produce esta brutal pandemia del COVID 19.

La realidad es que la formulación de Perón sobre la tercera posición, en su sentido profundo, es una utopía frente a las continuas distopías del mundo neoliberal . Era un propósito a realizarse una vez que el planeta comprendiera sus problemas y sus posibilidades, una vez que la hegemonía mundial decaiga. Sin el tercer mundo; que decayó por los efectos de la expansión capitalista hacia la periferia y la globalización, emerge una nueva bipolaridad: entre EEUU y la República Popular China, más ampliamente entre EEUU , la UE, Gran Bretaña, Canadá, la India , Israel; y el bloque del Asia Pacífico. Entre el capitalismo liberal o neoliberal y el crecimiento del capitalismo de Estado. A. Latina y el Caribe son espacios geopolíticos a disposición de los EEUU, aunque se registra en los últimos años, el desembarco de muchas inversiones chinas y rusas que se instalan por la posibilidad de acceder a productos primarios, y con creciente pretensión sobre la demanda tecnológica.

Sobre este escenario estructural y correspondiente a esta etapa civilizatoria se despliega nuestra coyuntura cotidiana que nos devora. Hay que hacer un esfuerzo, y hay que hacerlo, de tomar un tiempo de la reflexión militante para repensar el mundo desde la savia dogmática de los valores. La evolución se produjo y se sigue produciendo, comprenderla y aprehenderla, es urgente para “cabalgarla” como decía Perón; sino seremos sus víctimas.

Desequilibrio macroeconómico y pandemia; juntos, amenazan la gestión de gobierno. En estas condiciones avanzamos hacia una disputa electoral que aprobará o no aprobará el rumbo adoptado por la administración del Frente de Todos.


(")Lic. en Sociología. Dr. en Psicología Social. Profesor Universitario. Titular de R.Rouvier & Asociados.

27/05/2021

domingo, 9 de mayo de 2021

TOXICIDAD SOCIAL por León Pomer (*) para Vagos y Vagas Peronistas

 


                       

La irracionalidad está instalada en cerebros argentinos. Tal vez en demasiados. En medio de una pandemia devastadora, señoras de aspecto clase media insisten en ignorarla y protestan, con ollas y consignas aberrantes, porque el gobierno se empeñaría en cerrar las escuelas, perjudicando gravemente el futuro de los niños y del país. Coincidentemente, un señor gordo que dice ser dirigente radical, enseñaba por televisión que sin educación no tenemos futuro: el presidente y quienes comparten sus medidas “restrictivas”, serían los bárbaros de nuestro tiempo. El señor gordo, y muchos otros de su linaje político, repiten el mismo discurso, aunque jamás les importó la educación popular. A diferencia de las señoras que arriesgan las vidas de sus hijos y hacen de la bolsonárica Patricia su gurú cultural y político, el citado señor y su caterva de cómplices, opera a plena conciencia: quieren que de una vez por todas el pueblo argentino se miserabilice, sin retorno posible a tiempos mejores; que se deje de joder reclamando bifes en la mesa familiar; que abrevie sus años de vida y se muera prematuramente de las dolencias que provoca el hambre; que lleguemos a la mayor brevedad a los cien mil muertos por la epidemia, como lo quiere y expresó la Patricia, para que en medio del caos que se supone surgiría, ellos, los monstruos, volverían a detentar el poder absoluto. Entre tanto, pagar jubilaciones, repartir bolsones de comida y otras ayudas en efectivo distraen sumas considerables de dinero, que podrían ingresar en los amplios bolsillos de los que navegan en dólares y acumulan en oro. Al mismo tiempo, los estigmatizados por obsoletos, por vejez o padecimientos físicos, que se apresuren a ocupar un espacio en los cementerios, o mejor, que se vayan de este mundo transformados en cenizas. Se ahorraría el gasto en lápidas. Entre tanto, el señor gordo y dirigente del partido radical y el coro de sus cómplices, ejercen sus funciones de sicarios políticos y mensajeros de la muerte, con una impavidez que sobrecoge, y revela lo que han perdido: humanidad y decencia.


Jóvenes, y algunos no tanto, aportan su cuota de irracionalidad comportamental desafiando las restricciones que el gobierno impone para salvaguardar la salud de la gente. Multiplicar las fiestas a que concurren centenares de personas, exhibirse públicamente sin barbijo y amontonados, ¿constituye una bravata, un mensaje de desprecio a la autoridad nacional, la afirmación de un yo que se pretende libre y autónomo, una horrible inconsciencia, o qué? De lo que no cabe duda, es que contribuyen a los contagios y las muertes, a comenzar por lo promotores de esa irracional desobediencia que, dicho sea de paso, encuentra en el consumo de drogas malignas un motivo más para acortar vidas juveniles. Se me hace que esas conductas son la expresión de una grave crisis humana que atañe a la entera Argentina; que es una crisis provocada por las mil y una adversidades provocadas por las restauraciones antipopulares, que periódicamente se repiten, y ahondan las heridas provocadas por las crisis precedentes, Significativamente, nuestro país recibe el desprecio, no oculto, gritado incluso, de muchos de sus nativos. La sociedad está gravemente herida. La esperanza de recuperación reside en sectores populares que aguantan heroicamente. ¿Por qué no convocarlos?

Mientras los insultos, las agresiones y provocaciones de la llamada derecha, ultra o no ultra, detentan el monopolio de los medios de comunicación y hacen de la difamación su tarea cotidiana, Longobardi inicia la preparación del golpe blando a que aspiran los aún “mansos” ( según palabras de un secretario de cultura del macrismo). Y como anticipo de lo que están tramando, en las rejas que protegen la Casa Rosada cuelgan bolsas para cadáveres, con nombre y apellido del destinatario. Por añadidura, los muy ricos se le ríen en la cara al gobierno y deciden no pagar el aporte “solidario” sancionado por el Congreso, y el gobernante de la ciudad que aún es capital de la república, desafía un decreto presidencial y decisiones de la justicia.

Frente a un panorama tan poco cordial, cunde la sensación que en la sociedad no pasa lo que debiera pasar, o sea, que no hay reacciones políticas a la altura de los peligros y amenazas que pueden ser el huevo de la serpiente. Los movimientos sociales, que claman heroica y cotidianamente por trabajo y por pan, no han unido a sus reivindicaciones la condena categórica de la barbarie que amenaza acabar con ellos y con el país como entidad soberana y vivible. No se advierte un movimiento sindical activo en la lucha por la sobrevivencia de una patria (palabra fuera de uso) amenazada con ser reducida a una miserable factoría, o a una despreciable nada. Y la dirigencia política oficialista, ¿dónde está? Donde están los gobernadores y los intendentes (fuera de honrosas excepciones) ,al parecer más preocupados por asegurarse la reelección; y los centenares o miles de organismos populares como clubes de barrio, sociedades de fomento y etcéteras, ¿dónde están?. En otras palabras, y observando el panorama general, no hay reacciones que se correspondan con la situación gravísima a que el país ha sido conducido, reacciones de reafirmación de la democracia ( que vacila sobre sus pies) y una libertad vista con recelo y desconfianza por los que representa el señor gordo y radical y el periodista Longobardi, a quien, dicho sea de paso, la CNN presenta en su pantalla.

Me pregunto: ¿la sociedad argentina, o parte considerable, está a tal extremo intoxicada, que ha perdido la capacidad de pensamiento racional y en particular el ejercicio de la lógica? Hay una enorme desinformación, malversaciones, deformaciones y mentiras a granel. Pero eso no es todo. Lo que está sucediendo es el resultado de una larga historia, que comienza hace más de doscientos años. Que también ocurre en Bolivia y Ecuador. Y en Brasil, ni que hablar. En Bolivia, donde los que ascendieron socialmente durante el gobierno de Evo hoy se han conservarizado: ahora tienen algún bien, un algo que perder y quieren distanciarse cada vez más de los que aún están debajo de ellos, en el suelo o el subsuelo social. En Ecuador, los indios votan por un banquero. Lo que no es un mero error, es el efecto de lo que la dominación viene haciendo con sus cerebros desde hace 500 años.

Lo que se debe entender de una vez por todas, es que aquellos que controlan los pensamientos y los actos comportamentales de las grandes mayorías, suelen salirse con la suya. Nada más asombroso que los millones de brasileños, que con Lula lograron comer dos o tres veces cada día, y sus hijos accedieron a las universidades, votaran al asombroso personaje que hoy está hundiendo ese gran país en la mierda. La dominación siempre ejerció su nefasta y deformante influencia sobre los sectores dominados, y sobre los propios dominadores, a muchos de los cuales convirtió en artífices de la crueldad. Los desvalores que necesariamente guían los actos del dominador lo transforman en la encarnación misma del mal. (Quienes identifican el mal como una suerte de fantasmal entidad metafísica, o un necesario componente de una supuesta, inamovible condición humana, convendría que busquen su origen en la sociedad, y el papel que en ella juegan los que la conducen como dominadores). Es necesario comprender que la entera sociedad de la dominación es en sí misma un gigantesco desvalor. El papel desnaturalizador de la condición humana de millones de criaturas son la mejor prueba. Imagino que a la dominación no le hubiera ido tan bien si los candidatos a dominados no hubieran sido reprimidos, no solo en sus cuerpos, sino fundamentalmente en sus cerebros. La sola violencia física (que en nuestro país comenzó con Pedro de Mendoza en 1536), me atrevo a decir que no hubiera conseguido lo que consiguió con la hegemonía cultural, instalada primero de prepotencia y después de manera más blanda, hasta naturalizarla; una hegemonía que enseñó a pensar torcido, al revés, contra la lógica, más el condimento de la desinformación, la mentira, la amenaza, el racismo, la inoculación del odio y el egoísmo enfermizo, indiferente al sufrimiento ajeno, y cien otras bellezas semejantes.

La situación es grave. El gobierno no apela a las masas, su única defensa, su único poder. La actitud conciliadora y conversadora no funciona con el enemigo. Solo distrae. Las palabras sirven para quienes les atribuyen un significado. Agréguese que el gobierno tiene dentro de sí gente que no comulga con el interés del país; tiene al burócrata que solo piensa en su carrera y no se mueve del escritorio, que le es indiferente que el río Paraná, maravilloso camino de agua, sea humillado por la gran delincuencia internacional. Y por añadidura, no parece interesar que la Argentina pierda ingentes recursos, y sobre todo, pierda soberanía.

Quienes durante muchos años de nuestra vida anduvimos husmeando en nuestra historia y en historias ajenas, pensamos en Weimar, ese prólogo alemán del nazismo, con un pueblo viviendo la frustración de una guerra perdida y una economía nacional en bancarrota. En una realidad poblada de paradojas, mientras la república de Weimar vivía un impresionante período de creación cultural, el pueblo alemán asistía atontado al surgimiento del nazismo. Pero no solo el pueblo. Un brillantísimo joven sociólogo húngaro, profesor en Heidelberg y expulsado de su país natal por el fascismo en el poder, creía que Hitler duraría unas pocas semanas. Karl Mannheim debió lamentar su error de apreciación: tuvo que huir a Inglaterra para salvar su vida,

Ya se que la historia no se repite. Y menos repite lo que sucedió en otra realidad, y en otras latitudes físicas, sociales y temporales. Gran parte del pueblo argentino paso en un corto espacio de tiempo histórico por una feroz dictadura, la vil entrega menemista y delaruista y el devastador cuadrienio macrista. Hay mucho cansancio, mucha decepción, mucha incertidumbre, mucha no comprensión cabal de lo que sucedió y sucede. Al fin de cuentas, sufrir no es el equivalente de comprender. El pueblo que se manifestó masivamente contra el desastre macrista parece estar excesivamente pasivo. Habrá que ver hasta donde la pandemia actúa como paralizante. Weimar danza en mi cerebro.

Entre tanto, en el norte del continente, la fiera herida ha acrecido su peligrosidad. El imperio ya no hace lo que quiere, y ve derretirse su hegemonía única y absoluta frente a potencias que osan obrar en función de sus propios y estrictos intereses. Los Estados Unidos de Norteamérica están cada vez más desunidos. Sus clases dominantes se odian recíprocamente y las palabras “guerra civil” se escuchan con frecuencia. Hay incipientes movimientos separatistas en California y en Texas. Alguien ya diseñó los estados que surgirían de un eventual secesionismo de los aun unidos. La economía cojea. La pobreza aumenta. Los USA están en grave crisis. La dirigencia estatal solo atina a tensar las relaciones con Rusia y China. Juega con fuego. Cree que sus amenazantes portaviones pueden ocultar la crisis interna. La fiera herida sabe que una guerra atómica sería la destrucción de gran parte de la humanidad. Pero la sigue enarbolando como amenaza y sondeando las reacciones de sus declarados enemigos. Si estos mostraran el menor signo de debilidad no vacilaría en incinerarlos. Pero Rusia y China responden a la altura del desafío. Y el imperio no lo puede soportar.

En el clima maligno que reina en el entero planeta, el país argentino se debate para subsistir. Desde el norte miran con recelo al gobierno de los Fernández, a su atrevimiento de hacer de la vacuna rusa el paliativo fundamental de la pandemia, a lo que se agrega la llegada de millones de vacunas chinas. Insoportable. El imperio sabe que eso levanta el prestigio de quienes quisiera ver quemándose en el infierno. El imperio aboga por la privatización del río Paraná. La embajada está detrás de muchas de las argucias que la oposición mafiosa emplea contra el gobierno. El señor Biden es implacable. El imperio siempre lo fue. Las heridas que le infieren quienes se niegan a ser sus vasallos acrecientan su ferocidad. Ya quedó dicho y se repite: la fiera herida es la más peligrosa.

La conjunción de adversidades que enfrenta el pueblo y el gobierno argentino superan lo que una desbocada ficción literaria pudiera imaginar. Si no se apela a las masas, víctimas fundamentales, si no se hace un diario trabajo de esclarecimiento a cargo de ministros, funcionarios de todos los niveles, más dirigentes políticos y militantes de base, corremos el riesgo de quedar definitivamente encerrados en el horrendo pozo de la miseria. El proyecto del imperio es destruir los estados para dejar la cancha libre a las gigantescas multinacionales. Libia es la expresión acabada. Irak no le anda lejos. En el Yemen no les va muy bien, pero instalaron el horror en su pueblo. En Siria no lo lograron, simplemente demolieron gran parte del país. No aceptan que Rusia los haya frenado; esa Rusia que desde tiempos antiguos consideraron barbarie asiática. Al mismo tiempo que las provocaciones diarias a China y Rusia se suceden, el imperio tiene un ojo puesto en el continente del que Argentina es país importante. La embajada está activa. Los traidores nativos siguen sus directivas. La defensa de la vacuna norteamericana, que expresa cabalmente la naturaleza extorsiva del poder imperial, corre a cargo de una archiconocida propiciadora de la muerte.

Una incógnita se cierne sobre el futuro de la nación. ¿Conseguiremos superarla? ¿Acabará prevaleciendo en el pueblo argentino una clara conciencia del peligro que nos acecha? ¿Será posible sacudir una pasividad impropia de este tiempo?

(*) Doctor en Historia y Sociedad. 18 libros publicados, algunos en Brasil y Argentina y otros sólo en Brasil. Decenas de ponencias en congresos nacionales e internacionales y centenares de artículos sobre historia y literatura. Docencia en la Argentina (UBA y Universidad del Salvador) y Brasil (Universidades de Campinas, del Estado de San Pablo y Pontificia de San Pablo). Incluido en el programa Café, Cultura Nación de la Secretaría Nacional de Cultura.