jueves, 7 de mayo de 2015

Sobre los Martires de Chicago de cara al presente por Roberto C. Suárez

Casi unos cien años después de dictada la Constitución de los EEUU[1], la Enmienda XIII, del 6 de diciembre de 1865, trajo consigo aires frescos y renovados a la letra Constitucional de Filadelfia, al establecer que: “1. Ni en los Estados Unidos ni en ningún lugar sujeto a su jurisdicción habrá esclavitud ni trabajo forzado, excepto como castigo de un delito del que el responsable haya quedado debidamente convicto.” Y que: “2. El Congreso estará facultado para hacer cumplir este artículo por medio de leyes apropiadas.”.
Pero conocido es que a la par de un gran avance normativo, en el gran país de norte imperaba aún un sistema laboral capitalista de semiesclavitud, caldo de cultivo que gestaría un movimiento de resistencia y lucha de trabajadores, el mismo que años más tarde, gracias a la organización, daría muchos de los frutos esperados por los desposeídos. 

Para 1880 se conformó la federación de organizaciones de sindicatos y trade unions[2] (Federation of Organized Trades and Labor Unions), y para 1884 se aprobó una resolución para establecer a partir del primero de mayo de 1886, las ocho horas de trabajo, en reemplazo de las diez, doce o catorce horas usuales, respecto de las cuales no estaban exentos: los niños, las mujeres en cinta o los ancianos, esta norma fue la Ley Ingersoll[3], la cual no tuvo acatamiento de parte de los empresarios. 
Así fue que los trabajadores se movilizaron a fin de exigir el cumplimiento de la norma, paralizando el país el 1° de mayo de 1886[4].
La respuesta del capitalismo descarnado, fue la represión y la cárcel para los trabajadores: la cacería de brujas contra inmigrantes y anarquistas y la clausura de periódicos, el allanamiento de casas y locales obreros y la prohibición de los mítines políticos.
El episodio más famoso de esta lucha fue el funesto incidente de mayo de 1886 en la Haymarket Square de Chicago: durante una manifestación contra la brutal represión de una reciente huelga una bomba provocó la muerte de varios policías.
Los medios de comunicación se abalanzaron también contra los trabajadores, lanzando proclamas de horca y al patíbulo para los “revolucionarios” y “subversivos”.
En Chicago se llenaron las cárceles de miles de revolucionarios y huelguistas, y muchos encontraron la muerte por pelear por el cumplimiento de los derechos reconocidos.
Y si bien nunca se pudo descubrir quién había sido el responsable del atentado de Chicago, cuatro líderes anarquistas fueron acusados, juzgados sumariamente y ejecutados[5].
Por ello, todos los 1° de mayo recordamos a estos luchadores de Chicago, como símbolo de dignidad de la clase trabajadora.
Por estos lugares el primer gran hito lo encontramos con el Estatuto del Peón sancionado por el peronismo mediante el Decreto N° 28.169, del 8 de octubre de 1944, en virtud del cual se otorgó protección legal del trabajador rural[6]. (en relación a la situación de los trabajadores para principios de siglo en nuestro país nos permitimos remitir a la nota de Telam publicada también en el blog de escalada peronista: ver nota).
Asimismo, también se estableció el Estatuto del Tambero-Mediero, y se apoyó públicamente y se comprometió a mantener la rebaja obligatoria del precio de los arrendamientos y la suspensión de los desalojos, así como el trasladó al Consejo Agrario Nacional al ámbito de la Secretaría de Trabajo y Previsión, desde donde se llevaron adelante algunas expropiaciones.
El peronismo introduce un cambio paradigmático para el campo y sobre la inagotable fuente de riquezas de la oligarquía, ello, en la inteligencia que “la tierra no debe ser un bien de renta, sino un bien de trabajo”.
Con la sanción de la Ley N° 12.921 (B.O. 27.06.1947), se ratificaron los Decretos Leyes dictados del 04.06.43 al 03.06.46, entre ellos el referente al Estatuto del Peón y mediante el dictado de la Ley N° 13.020[7] (B.O. 13.10.1947) se establecieron los salarios mínimos a regir en la recolección, trille, y manipulación de cosechas y también se crea la Comisión Nacional de Trabajo Rural. Lamentablemente, la última dictadura cívico-militar argentina (1976-1983), derogará las leyes rurales del peronismo.
Seguramente el pináculo en materia de derechos sociales se vio plasmado con la Constitución de 1949, puesto que en ella se incorporaron los derechos sociales conquistados por el movimiento obrero y la legalización de los cambios económicos, especialmente la política de nacionalizaciones del comercio exterior, de los combustibles y del transporte, la cual tuvo vigencia hasta la caída del General Perón en 1955 y la derogación de dicha constitución y la redacción del artículo 14 bis. (pero sobre ello nos referiremos en otro artículo).
Para terminar, me permito traer a colación el recientemente trágico suceso[8] que tuvo como saldo la muerte de dos niños de 7 y 10 años, durante el incendio de una casa tomada en el barrio de Flores en la que funcionaba un taller textil clandestino desde hace varios años, vuelve a poner en foco la problemática actual del trabajo esclavo en nuestro país, y nuevamente la paupérrima situación de los inmigrantes en la Argentina.
Parece mentira que tanta agua haya pasado bajo el puente, para que hoy, en pleno siglo XXI, dejemos constancia al futuro de la existencia de trabajo esclavo, como si nada hubiera pasado en materia de avances legales en la materia.
Y por ello, tanto como sociedad, como movimiento que la integra, deberíamos plantearnos los peronistas, cuál es nuestro rol en tamaña problemática, para no correr el riesgo de ser testigos impávidos de la iniquidad.



[1] La Constitución de los Estados Unidos fue adoptada en su forma original el 17 de septiembre de 1787 por la Convención Constitucional de Filadelfia, Pensilvania y luego ratificada por el pueblo en convenciones en cada estado en el nombre de «Nosotros el Pueblo» (We the People).
[2] Para la época, en todo los EEUU, los sindicatos y las trades unions aumentaron geométricamente. A modo de ejemplo, el número de miembros de los Caballeros del Trabajo subió de 100.000 en el verano de 1885 a 700.000 al año siguiente.
[3] En 1886, el presidente Andrew Johnson promulgó la llamada Ley Ingersoll, que estableció la jornada de ocho horas, aunque con cláusulas que permitían aumentarla a 14 y 18 horas. Aun así, debido a la falta de cumplimiento de la Ley Ingersoll, las organizaciones laborales y sindicales se movilizaron para hacerla cumplir.
[4] El 1º de Mayo de 1886 la paralización de los centros de trabajo se generalizó. La huelga paralizó cerca de 12.000 fábricas a través de los EEUU. En Detroit, 11.000 trabajadores marcharon en un desfile de ocho horas. En Nueva York, una marcha con antorchas de 25.000 obreros pasó como torrente de Broadway a Union Square; 40.000 hicieron huelga. En Cincinnati un batallón obrero con 400 rifles Springfield encabezó el desfile. En Louisville, Kentucky, más de 6000 trabajadores, negros y blancos, marcharon por el Parque Nacional violando deliberadamente el edicto que prohibía la entrada de gente de color. En Chicago que era el baluarte de la huelga, paró casi completamente la ciudad. 30.000 obreros hicieron huelga, aunque empresas como en la fábrica de materiales de Mc Cormick y alguna otra se dieron a la tarea de contratar esquiroles.
[5] El 11 de noviembre de 1887 se consumó la ejecución de Albert Parsons (estadounidense, 39 años, periodista), August Spies (alemán, 31 años, periodista), Adolph Fischer (alemán, 30 años, periodista) y Georg Engel (alemán, 50 años, tipógrafo). Louis Linng (alemán, 22 años, carpintero) se había suicidado antes en su propia celda. A Michael Swabb (alemán, 33 años, tipógrafo) y Samuel Fielden (inglés, 39 años, pastor metodista y obrero textil) les fue conmutada la pena por cadena perpetua y Oscar Neebe (estadounidense, 36 años, vendedor) fue condenado a 15 años de trabajos forzados.
[6] Con la sanción del Estatuto del Peón, el gobierno militar buscaba establecer medidas en defensa del salario del peón y la estabilidad del trabajador, disponiendo además la inembargabilidad de los salarios, el pago en moneda nacional, la ilegalidad de deducciones o retenciones, salarios mínimos, descansos obligatorios; alojamiento en mínimas condiciones de higiene, buena alimentación, provisión de ropa de trabajo, asistencia médico-farmacéutica y hasta vacaciones pagas.
[7] Ley hoy abrogada por el artículo 4° de la Ley N° 22.248 - B.O. 18.07.1980.

viernes, 1 de mayo de 2015

"LA JUSTIFICACIÓN DEL CASTIGO", REMEMBRANZAS SOBRE ISRAEL, por Claudio Javier Castelli


(Esta nota la publiqué en facebook, en Agosto de 2014, la reproduzco aquí)


Era una foto vívida, sobre una familia judía enfrentando un pelotón de fusilamiento, durante la Alemania nazi, puse la atención en la mirada de los jóvenes, porque entonces rondaba mi primer año en Buenos Aires -1976-, en una Residencia Universitaria, dirigida por un cura católico. La foto estaba en la pared, contigua al comedor, en una lámina de corcho, junto con otras referidas a distintas situaciones injustas, para provocar la discusión. En aquella época, junto a la carrera de derecho, había iniciado periodismo. Recuerdo que comenté con mi hermano mayor, impresionado sobre la mansedumbre cruel de la foto, que iba a escribir una nota alegato sobre el tema; éste con buen sentido me inquirió: "¿qué vas a decir? Mirá que ya se ha dicho mucho sobre el tema”. La pregunta de mi hermano difuminó las intenciones provincianas y al cotejar comprendí, que no era tan fácil el problema.

Venía de Entre Ríos y no había conocido el antisemitismo, salvo el sobrenombre del “Ruso”, pero se perdía en la vorágine de apodos pueblerinos.

Propiamente en Buenos Aires, y en la Facultad de Derecho de la UBA conocí, por aquel momento, el significado real, de odio extremo del antisemitismo, con algunos profesores de Economía Política tristemente célebres, y por murmuraciones de algunos estudiantes acomodados.

En aquella época de terrorismo de Estado, con los únicos alumnos que sentía verdadera complicidad, era con algunos provincianos, y porteños judíos. Tal vez la lejanía, con que miraba el mundo en aquel tiempo, me distanciaba de mucha gente que aparecía como torpe, y, a veces, violenta.

La democracia naturalizó las relaciones sociales, y criminalizó el antisemitismo; sin embargo, Buenos Aires en general, y los sectores acomodados de zona norte en particular, siguen siendo antijudíos hipócritamente sociales.
En el catolicismo de los sectores medios está muy difundida esa visión, aunque la jerarquía católica hable “de nuestros hermanos mayores”. En el sector evangélico al que pertenezco, no hay un ápice de antisemitismo, al contrario pareciera ser que se glorifica al Estado de Israel en su lucha contra los palestinos. Es que con “el pueblo elegido” nacieron todas las creencias y culturas sociales del Occidente, al que sanamente pertenecemos.

Es obvio que la admiración es en realidad a Estados Unidos y la alianza estratégica, ilimitada con el Estado de Israel.
Los europeos persiguieron judíos durante siglos, y de ahí la culpa para sancionar o hacer declaraciones contundentes, con la masacre del pueblo palestino, el holocausto se yergue, como justificación de la extrema derecha israelí, para acusar de antisemitas a todos los que critiquen el genocidio. Basta ver un mapa de Palestina, desde 1948, hasta la fecha, con los asentamientos judíos y palestinos, para concientizar del exterminio al que está abocado el sionismo extremo.

Un crimen no puede justificar otro crimen. Es que el derecho internacional, es “algo” en la comunidad internacional. Todo el origen del derecho penal y de la pena, es larga lucha por racionalizar la venganza privada. La ley del Talión del “ojo por ojo” del judaísmo, fue un límite para las venganzas ilimitadas. Pues Israel contraviene sus propias escrituras, si por un atentado –llamémoslo así- donde mueren tres judíos, yo bombardeó la población civil, matando miles de mujeres y niños, el origen de nuestras propias creencias vuelve a su propio final “donde la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo” (Génesis 1:1).

Por supuesto que no hubiéramos justificado ni siquiera la matanza de tres jóvenes Palestinos, como represalia. No es la muerte lo que justifica la muerte. Ni mucho menos una matanza.

Pero nadie puede detener a Israel en su práctica genocida, porque EE.UU y Europa lo consienten. Hace mucho que los Estados Unidos -1967- comprendieron la fortaleza militar de Israel, y un “fuerte”, tiene “amigos fuertes”, a quién le vendo las armas, de paso las “pruebo”. Los europeos cerraron su ciclo lúcido con la “Revolución Francesa”, y después de la segunda guerra mundial, siguen a pie juntillas a su amo americano. El último intento renovador fue Mayo del 68.

Existen presentimientos de estar viviendo un mundo en demolición, de que “algo otro se avecina”, cuando la injusticia es tan grande hasta el diablo desconfía, pues socava el origen de todas las creencias religiosas, puede ser porque un mundo nuevo se deja entrever. No lo decimos como los marxistas escatológicos del Siglo XX, sino como quien asiste a un evidente embarazo de hechos continuos y relacionados, y espera el parto, que de luz al nuevo mundo.

“El búho de Minerva levanta su vuelo a la caída del crepúsculo”, famosa frase de Hegel, para aludir a que la filosofía llega siempre demasiado tarde, cuando los hechos han transcurrido. Pero podemos simular esbozos, esquemas, y todos caminan a una síntesis: la torpeza brutal de la política exterior de los Estados Unidos, y la codicia usurera del capitalismo financiero.

El sociólogo francés Jean Baudrillard había interpretado la posmodernidad como “La transparencia del mal”, que no era asequible en ningún lado, sino que estaba en todos, a plena luz.

La realidad efectiva es mucho más maniquea, hoy el mal es: el capital financiero especulativo, las brutalidades de la política exterior norteamericana, y el seguidismo títere de Europa, que justifica, como la extrema derecha israelí, un estado de fronteras móviles, el exterminio palestino, por haber sufrido el horroroso holocausto, que nadie ha de minimizar.

Tampoco la necesidad histórica de un Estado Israelí, pero no de fronteras móviles y expansión constante.

No puede permitirse esa ley, que la da, sin otro fundamento el sionismo, el propio verdugo. Los verdugos no dan leyes: las ejecutan. En esa practicidad de la ejecución, está el origen de volver al principio, a reconocer “la astucia de la razón”.

De la mano de los BRICS, de Latinoamérica en rebeldía, de la bestialidad de los verdugos, de la codicia usurera del capital financiero especulativo y de la implosión del neoliberalismo, aparece en el plano internacional: UN NUEVO MUNDO GEOPOLÍTICO EN EL SIGLO XXI. Saludamos ese alumbramiento. He aquí, en este presente, los dolores de parto.

martes, 28 de abril de 2015

La persona disoluble por Horacio Gonzalez (página12 28.04.2015)

(Otra excelente nota del único intelectual orgánico del Kirchnerismo que queda, después de la muerte Don Ernesto Laclau, referida aquí al vacuo discurso de Mauricio Macri y de todo el PRO).

¿Existe la palabra “propositivo” en los diccionarios de nuestra lengua? Es posible, suena verosímil, pero su construcción es dura. Toma sus elementos como si dijéramos de distintas pilas de ladrillos. ¿Tiene la acepción de “proponer”? ¿Más bien nos dice que sólo vale lo que está a favor de lo “positivo”? ¿Es un verbo o un collage de dos términos que nos sugieren separarnos de todo lo que sea “pronegativo”? Pero esta última palabra es lunática, sólo puede ir al cesto de los expulsados. Por eso, muchos políticos emplean hoy la expresión “propositivo”, temerosos de ser descubiertos en al pantano de las pequeñas inquisiciones de grupo, ajenos al ideal radiante de trabajar “por lo que todos nos merecemos”.
Esta sucinta construcción verbal es una de las características de Mauricio Macri. “Por todo lo que nos merecemos.” ¿Qué le veríamos de malo a esta expresión que consigue aunar un efecto generalizado de bienaventuranza? Si buscamos refutar esa frase, no es fácil. No la hubieran dicho Winston Churchill ni el general De Gaulle, para tomar dos figuras distantes. Pero no tenemos con qué darle, si nos apoyamos en los peñascos más fáciles del sentido común. Reconozcamos pues que es una frase engañosa, cuyo poder de artimaña no es fácil develar. Es una locución “propositiva”, y lo que “nos merecemos” es un exorcizo asequible que coincide con el punto más oscuro en que descubrimos que se habla de nuestras necesidades, pero con una inmediatez e intimidad que permite pasar por alto muy rápido precisamente lo que verdaderamente necesitamos. Somos merecedores y lo que merecemos parece provocar apenas una venta de felicidad “propositiva”. Se nos ha ofrecido a nuestros merecimientos un vocablo que expulsa el rigor de las cosas, el obstáculo como forma de la historia, la elaboración del sentido cívico a través de la dificultad compartida y no de simulacros de cumpleaños, donde es habitual escuchar agradecer “desde el fondo del corazón”.
La lengua “propositiva” –desde luego, la del PRO y aledaños– ha logrado ser una lengua real hablada en la ciudad. O al revés, flotaba en la ciudad barrial, afectuosa, “familiera”, gratamente dominguera, un soterrado desánimo que con el tiempo, ablandado como se ablandan los motores, se consiguió que llegue al puerto de lo “propositivo”, el simulacro de la vida sin conflictos, el jardín de la política sin política. El ablande de las cosas, el “vos” con el que nos convocan, y con el que se realiza el adiestramiento ficticio de la cercanía, la propia cercanía como concepto magno (“el Estado cerca de la Gente”), son todos artificios comunicacionales que nos llevan a pensar sobre nosotros mismos como personas diluibles.
Es que el merecimiento es el más esquivo concepto de la política. Es lo que quiere el individuo en su fraseo final, cuando se reconoce como persona no diluible (no “propositiva” sino “complejamente hablante”). La persona no diluible acepta vivir una vida escarpada, forcejeada. Pero el político que juega con el merecimiento colectivo sin especificar qué y cómo, holgazanea con sus propios actos, que también contienen decisiones oscuras, opciones duras entre personas diferentes y cálculos no expresados públicamente; por lo que con el merecimiento ve sólo ante sí a personas diáfanas, a ser restauradas en su virtud, a las que les debe hablar simulando y disimulando –si verdaderamente las conoce– sobre las zonas escabrosas de su conciencia. De este modo, llega a la eficacia política sobre la base de personas disolubles, las que diluyen la escondida densidad moral de lo real de sus existencias.
La ciudad será concebida como una red de circulación feliz y se la consagrará a un rediseño basado también en el merecimiento: la ciudad comprendida como mera máquina circulatoria, un tecnomecanismo que la retira de la historia compleja; la aparta de sus ejes problemáticos histórico-sociales. Su industrialización en los ’30, su desindustrialización en los ’60, la trama lóbrega de la renta urbana, la pesada especulación inmobiliaria, las visiblemente malas condiciones habitacionales, sus cercamientos, su repliegue respecto del conurbano, sus nacientes prejuicios que viborean contenidamente. Es decir, la ciudad vista como un instituto sombrío de reproducción técnica de desigualdades. De este modo, se la considera una gestionadora de servicios públicos secundarios (ganar 15 minutos en el cruce a la 9 de Julio por los nuevos circuladores no está mal, pero esto se propone sin nociones urbanas ligadas al espaciotiempo del usuario no usurpado por la utilería del control del tiempo urbano, un tipo de ciudadano en vías de extinción).
La novedad del PRO, más allá de la supuesta osadía con la que una de sus fracciones señaló taimadamente la industria del juego, mientras Macri apoyó a Larreta con una frase también tortuosa (“Horacio conoce los instrumentos de gobierno”), no implica la emergencia de un fenómeno nuevo: es un partido de revestimiento, lo principal se dice en otro lado (su programa hay que leerlo, entre otros lugares, en los editoriales de Morales Solá, para qué molestarse, personaje al que es inimaginable verlo aceptar los peripatéticos pasos de baile de Del Sel y Macri). Mientras la vida propositiva del PRO transcurre dentro del lenguaje usual de la población, en ese velado de depósito de habladurías sobre “instrumentos de gobierno”. ¿Cómo piensan la ciudad? También como un revestimiento, un conjunto de efectos de circulación ajenos a la vida productiva y marchando hacia la organización de un modelo punitivo para el uso futuro de la ciudad.
Hay muchas razones para imaginar los vapuleos electorales que proporciona el PRO, y muchos hacen a la discusión política tradicional. Pero el que parece posible imaginar ahora es el que nos permite decir que el PRO está inserto en el lenguaje colectivo avalado y traficado por los grandes medios de producción de “contenidos”, ellos lo crearon, sin querer queriendo, y la impregnación es tan grande que a mayor desplome de los cimientos clásicos (no tradicionales, sino modernos y democráticos) de la lengua nacional, más crecerá la atmósfera de vulgaridad y rusticidad que amalgaman una forma política y los usos colectivos de la lengua (estos dos variables dan como sumatoria a una ciudad).
No se podrá ganarles, por lo menos en la Capital, si no se encara este problema, si no nos decidimos a hablar de otra manera, no con otras ramplonerías, sino haciendo de la historia de la que somos portadores –que tiene sus oscilaciones visibles, diferencia esencial entonces–, una trama de eventos a ser dichos con nuevas pertinencias. Sin disolver nada a fin de hacerlo más digerible, y sin hacer de los queribles ritos antiguos, el lenguaje cerrado de apenas una enorme minoría.

sábado, 25 de abril de 2015

CASIODORO DE REINA, ELOGIO DE LA TOLERANCIA, POR CLAUDIO JAVIER CASTELLI


(Nota que hace unos años publiqué en el periódico Reflexión Bautista, y reproduzco aquí)


En 1233, el rey Jaime I de Aragón decretó que nadie debía tener en su casa, ni leer el Antiguo o el Nuevo Testamento en la forma popular o vernácula,podían hacerlo en latín o griego. 


Esta prohibición se prolongó a lo largo de los años y de alguna manera la Inquisición la tomó para sí, hoy resulta a nuestro ojos absurda y deja barruntar que había una traducción en boga por aquella época; sin embargo, la primer Biblia completa impresa en lengua española la tradujo Casiodoro de Reina en 1569, y es leída en la actualidad por millones de personas en todo el mundo.

Casiodoro es uno de los grandes desconocidos, a pesar que su talla intelectual y su contribución al pensamiento moderno esta a la altura de otros personajes(Calvino, Zwinglio o Lutero). Perseguido por la Inquisición, por las autoridades españolas y por algunos calvinistas ultra-ortodoxos, es uno de los mayores intentos por implantar la reforma en España; supo ser tolerante en una sociedad intolerante y dogmática.

Se convirtió en sospechoso para los calvinistas de Ginebra por sostener que también a los anabaptistas se les debía considerar como hermanos, por propagar entre los refugiados españoles la idea que no se debía quemar a los herejes, y por decir que Miguel Servet había sido quemado injustamente en Ginebra;precisamente esta condena le hace decir que Ginebra se había convertido en una nueva Roma, tras lo cual se marchó de la ciudad.

Anteriormente en el monasterio de Jerónimo de San Isidoro del Campo, próximo a Sevilla, se transformó en el guía espiritual de las ideas reformistas convirtiéndose al luteranismo todos los monjes y poniendo la Inquisición su atención allí. Esto le dio el honorable título de “heresiarca”, es decir maestro de herejes.

Es un gran ejemplo de convicción en la reforma y en la idea que el cristianismo no usa la espada para defender sus doctrinas; puede atisbarse un anticipo del movimiento evangélico, que une a miembros de muchas tradiciones que comparten la misma fe.

Bajo seudónimo publica el primer gran libro contra la Inquisición: “Algunas artes de la santa inquisición española”.

Casiodoro realiza la traducción de la Biblia a gran costo personal, no sólo tuvo que trasladarse en varias ocasiones de una ciudad a otra, sino que también hizo grandes sacrificios económicos para completar la traducción; enfrentó la oposición de la Inquisición,incluyendo ser colocadas sus obras en el índice de libros prohibidos, y ser quemado en efigie.
Además de las fuentes originales hebrea y griega, la versión de Sanctes Pagnini y la doble edición judeo-española de Ferrara de 1553, para las partes griegas del Antiguo Testamento, Casiodoro parece haber seguido sobre todo la Biblia Latina de Zurich, y en parte la de Castellion de quién tomo el término “Jehová” en lugar del comúnmente usado Señor. Ambas Biblias herejes vienen naturalmentesilenciadas por Casiodoro, así como las versiones castellanas igualmente utilizadas (Enzinas, Juan Pérez y Juan de Valdés), pues todos figuraban ya en el índice de libros prohibidos de Roma y España. Y siendo precisamente la divulgación de la Biblia en España su mayor interés, Casiodoro intentó prevenir la ineludible prohibición inmediata haciendo pasar su Biblia como obra católica y respetando el orden de los libros bíblicos según la Vulgata,cuyo canon había sido recientemente confirmado por el concilio de Trento.

La Biblia es absoluta traducción de Casiodoro de Reina, la revisión de Cipriano de Valera de 1602 no consistió más que acomodar el orden de los libros al canon reformista y en quitar o añadir notas marginales, siguiendo especialmente las notas de la Biblia de Ginebra.


Aun existe en la Universidad de Basilea el ejemplar regalado por Casiodoro con una dedicatoria latina autógrafa que traducida dice así: “Casiodoro de Reina español, sevillano,alumno de ínclita Academia, autor de esta traducción española de los Sagrados Libros en la cual trabajo por diez años cumplidos, llegando a imprimirla con auxilio de los piadosos ministros de la Iglesia de Basilea, y por decreto del prudentísimo senado en la imprenta del honrado varón Tomás Guerino,ciudadano de Basilea, dedica este libro a la ilustre Universidad, en muestra perenne de su gratitud y respeto.”

Casiodoro fue un gran siervo de Dios, que llevó una vida de acción, aventura y peligro, sin embargo, lo más importante no es lo emocionante de su vida, sino su dedicación al sueño de traducir la Biblia al español.

La palabra de Dios no podía quedar aprisionada para siempre, al tratar de impedir su circulación los hombres descubrieron pronto que estaban intentando lo imposible. Moisés escribió en la lengua del pueblo de sus días, los profetas hablaban en la lengua de los hombres a quienes se dirigían, y el Nuevo Testamento fue escrito en el idioma entonces corriente en el mundo romano.




Gran tarea la de Casiodoro, quien además tradujo secretamente el libro de Sebastián Castellión “Sobre los herejes”, que condena las ejecuciones por razones de conciencia y documenta el rechazo original del cristianismo a semejante práctica.

Se dice que su obra “Algunas artes de la santa inquisición española”, que se publicó en latín, pero traducida inmediatamente al inglés, holandés francés y alemán,ejerció honda influencia en Shakespeare para la elaboración del Hamlet.

Se dice también que Casiodoro de Reina puede considerarse el Lutero español, pues unió a todos lo creyentes disgregados en iglesias evangélicas, también se casó,trajo a sus padres a la fe evangélica, tradujo la Biblia a un idioma vernáculo y elaboró obras contra la Inquisición de la Iglesia Católica.

Algunos autores ponen en duda su moralidad personal y lo tildan de espía a favor de la Corona inglesa. Si bien fue amigo de la reina Isabel de Inglaterra, y cobraba de estacorona una pensión de 70 libras, no hay un solo documento que pruebe lasacusaciones. En realidad, siempre las mismas acusaciones clásicas de los intolerantes tendientes a descalificar a una persona y neutralizar sus aciertos, sobre todo en el acierto principal: traducir la Biblia al castellano. Puede decirse que es la versión autorizada dela Iglesia Evangélica en lengua española.


Fuentes utilizadas:

-Menéndez Pelayo, Marcelino. Historia de los heterodoxosespañoles, Santander, 1987.

-Casiodoro de Reina “El Lutero español”, por MarioEscobarhttp://betelaragon.com/historia/biografía/20Casiodoro/20Reina.htm

-“El Heraldo de la palabra”, Casiodoro de Reina, porAlejandro Matos,http://www.Conocereislaverdad.org/casiodorodereina.htm

-Breve Biografía de Casiodoro de Reinahttp://www.primerabautistacoruna.org/reina.htm

-“Serveto, en la vida de Casiodoro de Reina”, por MiguelAngel Pascual Ariste,http://www.servetus.org/en/news-events/artículos/20050428.htm

-Casiodoro de Reina http://www.protestantes.net/Enciclo/Reina.htm

-Biblia Reina Valera, Responde el P. Miguel AngelFuentes,http://www.tologoresponde.com.ar/respuesta.asp?id=361

-“Fascinante Historia de la Biblia en Español”, porSergio V. Collins,http://www.hispanada.com/HTMLS/religión/historiade la biblia.htm

-“La Fuente Españolade Hamlet”, Ciriaco Morón Arroyo,http://www.insula.es/Articulos/INSULA%20649-650.htm

Vienes 24 de abril de 2015, los vagos estuvieron en la conferencia de Gustavo Dalmazzo: La autodenominada Revolución Argentina en busca de una salida polìtica















viernes, 24 de abril de 2015

HEGEMONÍA Y PODER NEOLIBERAL, POR JORGE ALEMÁN (Página12, 23.04.15)



PSICOLOGIA › A PARTIR DE LAS IDEAS DE ERNESTO LACLAU
Hegemonía y poder neoliberal

Basándose en las ideas de Ernesto Laclau, el autor advierte que “la Hegemonía es la lógica constitutiva de la política”, mientras que “el discurso capitalista intenta adueñarse de todo el espacio simbólico”.







Por Jorge Alemán *






A Ernesto Laclau, en el primer
año de su muerte, en Sevilla

La Hegemonía es la lógica constitutiva de la política y no simplemente una herramienta de la misma. Pero para desentrañar esta afirmación debemos dar algunos rodeos que nos permitan cierta captación del asunto. La Hegemonía no es una voluntad de poder, ni un deseo de adueñarse del espacio de la representación política. Es siempre muy llamativo que cada vez que emerge una fuerza política transformadora, con vocación de ruptura y con un horizonte emancipatorio, se le enrostre su “pretensión hegemónica”. Cuando esto está proferido por los medios corporativos de la derecha, se ve claramente la jugada; el Poder neoliberal es una dominación que se disimula como consenso, una dominación que se presenta más como una dependencia a una serie de dispositivos que conforman a la subjetividad que como una sumisión impuesta. También se presenta como una dependencia inerte a determinados mandatos que ni siquiera son explícitos, pero sin embargo eficaces. Es lo que llamamos corrientemente la “naturalización” del poder neoliberal, disfrazar su ideología bajo la forma del “fin de la ideología”.

Pero, ¿qué es la Hegemonía?, ¿cuál es la lógica política que la sustenta según Ernesto Laclau? De entrada hay que admitir una complejidad intrínseca a este concepto, a partir de esa radicalización del programa gramsciano que encarna Laclau con su pensamiento. Partamos de los momentos básicos de su constitución como concepto fundamental de una “ontología política”. Primero: la realidad está constitutivamente construida por discursos; los afectos, los cuerpos, las pulsiones, están atravesados por el discurso, marcados por sus significantes, determinados por una retórica y una gramática que suspende toda idea de una “fuerza original e inmanente” que se pueda representar directamente. Segundo: estos discursos que constituyen la realidad lo hacen de tal manera que no pueden nunca representarla en su totalidad. El discurso constituye a la realidad, no la puede representar de modo exhaustivo, y sin embargo, se tiene que hacer cargo de intentar representarla de un modo fallido. Esta brecha “ontológica” entre discurso y realidad es irreductible e imposible de ser suturada. La representación vehiculizada por el discurso es estructuralmente fallida, existirá siempre una “heterogeneidad” que impide que la representación se produzca como totalidad. Por último, en este Límite del discurso al representar la realidad, frente a esta heterogeneidad irreductible, frente a esta “diferencia” imposible de cancelar, se articula el momento político que llamamos hegemónico. No puede haber política sin pasar por el dilema hegemónico. Hacerse cargo de representar aquello que se sustrae a la representación, nos muestra que lo Político no es un subsistema de la realidad, sino el modo privilegiado en que la misma se constituye. El momento hegemónico se resuelve de forma siempre fallida a través de un término limite, ya sea el denominado significante vacío en Laclau, “objeto a” en Lacan, clase hegemónica, en Gramsci. La brecha insalvable entre el discurso y aquello que no puede eludir representar es lo que la Hegemonía, insistamos en su carácter fallido, intenta resolver.
Emancipación

Una vez formulado este rodeo teórico y, ya entrando en mis propias consideraciones, debo decir, y éste es el sesgo de lo que denomino la “izquierda lacaniana”, que no considero al Poder neoliberal una Hegemonía, al menos en este sentido estricto que hemos intentado delimitar. Las lógicas de dominación repudian y son fundamentalmente refractarias a la construcción de experiencias políticas hegemónicas. El Discurso Capitalista que soporta al Poder neoliberal no admite ninguna brecha, ninguna heterogeneidad inicial, se presenta con la potencia de representar todo y llevar todas las singularidades y las diferencias a la totalidad del circuito circular de la Mercancía. La Hegemonía nunca es circular, está siempre agujereada en sus fundamentos, mientras que el discurso capitalista es un funcionamiento “contradiscursivo”, podríamos decir, que intenta incluso adueñarse de todo el espacio simbólico. Siendo la propia producción biopolítica de la subjetividad un claro ejemplo de esta cuestión. Por ello, el odio por la política hegemónica por parte de la derecha es finalmente un odio a lo simbólico y al sujeto que puede emerger en dicho campo. Un sujeto distinto de los proyectos uniformizantes de la biopolítica neoliberal.

Sólo puede existir la Emancipación, que es un duelo y una despedida de la “metafísica” de la revolución y sus “leyes históricas”, si se pasa por la apuesta hegemónica como articulación de diferencias que nunca serán anuladas. La emancipación nunca logrará realizar una sociedad reconciliada consigo misma, como esperaba el marxismo canónico. El momento hegemónico es insuperable, no hay sociedad que no sea en su propia existencia una respuesta a la brecha que la constituye.

El “saber hacer”, con esas brechas, esas diferencias, esas heterogeneidades, en la construcción de una voluntad colectiva, es el arte de lo político.

Por todo esto, y ésta es una cuestión crucial, de entrada debemos señalar que líderes, elecciones, participación en las instituciones políticas, medios de comunicación etc., no expresan a la hegemonía ni la representan, son parte de la misma, juegan en su interior, en lo que Ernesto Laclau denomina en su lógica hegemónica, la “extensión equivalencial de las diferentes demandas”. Estas se deberán articular a un significante vacío que represente a la totalidad imposible, para permitir la emergencia de una voluntad colectiva, que nunca es algo dado de antemano por ninguna identidad o por la llamada “Psicología de las Masas”. Aquí debemos hacer una apuesta sin garantías, o el crimen es perfecto y el discurso capitalista se ha adueñado de la realidad y su sujeto, de tal manera que ya está definitivamente emplazado y solo llamado a ser material disponible para la forma mercancía, o existen diferentes superficies de inscripción donde lo político-hegemónico, de modo contingente, puede hacer advenir un sujeto popular y soberano. Un sujeto interpelado por aquellos legados simbólicos que lo preceden y por las demandas de distintos sectores explotados por las oligarquías financieras. Estas demandas singulares se caracterizan porque no pueden ser absorbidas por la arquitectura institucional dominante. Las demandas no satisfechas institucionalmente son el punto de partida, pero sólo el punto de partida, para que las diferencias ingresen a una lógica equivalencial. Teniendo en cuenta que ya no podemos imaginar una fórmula de desconexión del capitalismo, fundamentada supuestamente desde “leyes objetivas y científicas”, la ruptura populista es la respuesta a ese “esencialismo” de tradición marxista. El populismo no es una renuncia a la radicalidad de la transformación revolucionaria, es aún más radical, porque de un modo materialista admite los impasses y las imposibilidades que se presentan cuando la parte excluida y no representada por el sistema intenta construirse como una hegemonía alternativa al poder dominante.

En cuanto a los medios de comunicación y los distintos debates que acompañan el asunto, parece que no se puede ser optimista con respecto a los mismos. Como aquellos que ven en los medios y particularmente en las redes una posible forma de “capital variable” escindido que contribuiría, a la larga, con una nueva emergencia de una Multitud transformadora. Pero tampoco como la realización del crimen perfecto donde el sujeto desaparece en la enunciación de los medios de comunicación para volverse parte de la “gente”. El Pueblo comienza cuando “la gente” se revela como pura construcción biopolítica. En esto, el Pueblo es tan raro y singular como el propio sujeto en su devenir mortal, sexuado y hablante. El Pueblo es una equivalencia inestable, constituido por diferencias que nunca se unifican ni representan del todo. Sin embargo, su fragilidad y contingencia de origen, es lo único que lo salva de la televisión, los expertos, los programadores, la contabilidad etc. Pero sólo en los pliegos más íntimos de los dispositivos de dominación neoliberal es que el sujeto popular puede advenir, lo otro es soñar con el espejismo de una realidad exterior pura y sin contaminación, que por su propia fuerza inmanente terminaría por desconectar la maquinaria y sus dispositivos.
“Sólo en el peligro”

Es cierto que, desde perspectivas anteriores más propias de lo que podríamos llamar una “ortodoxia lacaniana”, se podría pensar que lo político se queda, en efecto, en la superficie de las cosas y que nunca consigue transformar radicalmente nada, y que la “repetición de lo mismo” socava desde dentro cualquier proyecto. Pero ahora ya no se trata del ejercicio lúcido del escepticismo, ni de la razón cínica, posturas por otra parte anacrónicas y patéticas. Hemos ingresado en un tiempo histórico donde vemos consumarse lo que Lacan precisamente llama el “discurso capitalista” y Heidegger las llamadas “estructuras de emplazamiento técnico”, que a la vez constituyen, radicalizaciones teóricas y prácticas de lo que Marx llamaba “la subsunción real” del Capital en su dominación abstracta. Por ello, es inevitable pensar en la política como el único lugar posible donde se puede dar un combate con respecto al proyecto de deshistorización y desimbolización que el neoliberalismo comporta. El neoliberalismo es la primera fuerza histórica que se propone tocar, alterar, y volver a producir al sujeto, intentando eliminar así su propia constitución simbólica. Parafraseando al filósofo, “sólo en el peligro de la política puede crecer lo que nos salva”.

Sin correr el riesgo de quedar atrapados en aquello que queremos a la vez destituir, no hay actualmente posibilidad de asumir un proyecto populista de izquierda de vocación emancipadora. Estamos siempre a punto de naufragar, y hay que entender que a partir de ahora siempre será así, porque ya no volverá a nosotros aquel espejismo ideal de estar cumpliendo con los pasos revolucionarios que supuestamente expresaban el fundamento de una ley histórica. No sólo nunca fue así, aunque el ensueño metafísico fue trágicamente potente, sino que ahora sería absolutamente funcional a la dominación neoliberal jugar el juego de un hipotético radicalismo revolucionario.

Conectar la política con la vida real implica que la misma es travesía, construcción, articulación, de una heterogeneidad que no siempre toma la dirección que más anhelamos, pero que sin ella no habría nada que oponer como Hegemonía al régimen del Capital.

* Psicoanalista. Autor de Para una izquierda lacaniana.

martes, 21 de abril de 2015

El NO TAN "extraño" caso "Del Sel" por Vagos Peronistas

Me puse a reflexionar sobre el caso "De Sel". No me parece extraño ni novedoso, mucho menos alarmante, es casi lógico.
En primer lugar es necesario contextualizar: Santa Fe es la provincia más próspera del país, una proyección envidiable por cualquier país tercermundista, hasta con puerto propio, y es consciente de ésto, en más, cualquiera que haya estado en esa provincia en los últimos tiempos no tarda muchas horas en darse cuenta de la actitud de superación y despotismo de sus pobladores, sea cual fuere su situación económico-social. Ahora bien, una vez entendido el escenario no sorprende que, quien es consciente de ser poderoso y millonario crea además que no necesita nada más, en este caso, del Estado Nacional y mucho menos el provincial que vive de ellos. Generalmente, mientras más poder concentrado haya, menos se cree en los Estados, mucho menos en las democracias. En tal sentido la oligarquía sojera de este territorio, es dueña absoluta del poder económico y no le queda otra que aceptar las pocas reglas que le exige el sistema democrático, o algunas de ellas, solo basta recordar que hasta lograron imponer cuánto pagar de retenciones (la famosa 125). Esta casta de poderosos capaces de comprar voluntades, tanto privadas como públicas, es lo más cercano a una monarquía moderna, y a las monarquías siempre le gustaron los BUFONES, así que no es de extrañarse que elijan a uno para gobernador, ya que, al fin de cuentas, ellos no sólo descreen del sistema democrático, si no que además se burlan de él eligiendo a un Bufón como gobernador, en una especie de fetiche o juego perverso en el que, el Dinero demuestra las supuestas falencia o grietas del sistema democrático. 
Tampoco es la primera vez que esto pasa, recordemos que el estado California, que es la segunda potencia económica del mundo sólo superada por EE.UU., eligió a su más excéntrico Bufón, Arnold Schwarzenegger, por DOS mandatos como su gobernador que, entretuvo a "La Corte" asegurando no meterse con nada serio ni importante para los intereses económicos del territorio. Los bufones juegan, saltan, bailan, actúan, personifican roles...pero nunca se olvidan de quién el Rey, y que éste es el dueño de su vida y de su muerte.
Creo que estamos ante el mismo caso, una población en su mayoría pobre que se cree rica, y se deja conducir por el Poder Económico local, eligiendo a un cómico para reírse un rato, reírse del sistema y al mismo tiempo asegurarse que "nada cambie", porque no hay que olvidarse que tanto aquel bufón como éste, no provienen de partidos populares ni progresistas, si no del Partido Republicano uno y del PRO "Propuesta Republicana" el local...Pura coincidencia...
¿Tenemos los gobernantes que nos merecemos? No lo creo, tenemos los que elegimos, y esta parte del territorio nacional eligió jugar con el sistema y reírse de él, demostrando una vez más que para ejercer el poder, hay que tenerlo.
Es por esto que, Compañeros, Correligionarios, Camaradas, Compatriotas, Hermanos, Amigos, no debemos olvidarnos que el poder de las Ideas es poderoso, muy poderoso... Pero el del Dinero también lo es. Y así como nos dio un buen cachetazo cuando, un Nene Rico jugando a ser político para demostrarle a su padre que no es el inservible que siempre le recriminó, puede ser el Gobernador de la ciudad más importante de nuestro país, hoy está a punto de volver a hacerlo con Del Sel.
Será cuestión de estar atentos y no caer en conclusiones facilistas o apresuradas, y no perder de vista que el poder económico no es estúpido y que no da puntada sin hilo.


domingo, 19 de abril de 2015

Johann Sebastian Bach, y el silencio de Dios por Claudio Javier Castelli

(Este artículo lo publiqué hace unos años en el periódico Reflexión Bautista)
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Johann Sebastian Bach

Una vez un psicoanalista amigo y no creyente me contó que estando en un templo luterano, en un pueblo de Alemania, un órgano vibró:  “Aria para la cuerda sol”;   sintió este pensamiento: “Dios no existe, pero merecería existir”. A lo cual respondí que la prueba que Dios existe es “Aria para la cuerda sol”, y en general toda la música de Bach. 

Que Johann Sebastián Bach era un fiel creyente no caben dudas, y toda su música es para gloria de Dios. 

Todos los legos en música –aunque sí amantes de la misma- cantábamos con María Elena Walsh:

No son los ángeles que cantan

No son los pájaros ni el mar

Es un señor lleno de cielo

El señor Juan Sebastián

(…)

Está contándonos un cuento

Que no terminará jamás

Dios le dictaba el argumento

Al señor Juan Sebastián
El espíritu absoluto es para Hegel, aquel que se encuentra en el arte, en la religión, y en la filosofía (el último Hegel, lo ve en la religión). 

Simplificando lo que entiendo de Hegel, sobre el espíritu absoluto, como aquel en que las antinomias de la existencia desaparecen y el yo se funde en una unidad primigenia y esencial, y el alma se llena de gozo. Lo que sentimos cuando oramos, o en el culto, o cuando dos o tres estamos reunidos en el nombre de Dios. 


Aquello, que en mi niñez, apenas me dejaban entrever los vitraux de la Iglesia Católica de Pueblo, lo sentía en profundidad cuando en el tocadisco sonaba Bach, y uno se disponía para la gracia y el amor. 

En el Siglo XIX Johann Wolfgang Goethe, dijo “que al oír la música de Bach tengo la sensación de que la eterna armonía habla consigo misma, como debe haber sucedido en el seno de Dios poco antes de la creación del mundo”. 

"Y cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano: y Saúl tenía alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él" (1 Samuel 16:23).

Mucho habría para escribir sobre la relación entre la palabra de Dios y la música, y cuánto sobre la palabra de Dios y la inspiración de Bach. 

No se confunda el lector, no estamos endiosando a nadie, sólo cristo es el mediador entre Dios y el Hombre, pero algunos que han querido imitar el amor de cristo a través de la música ninguno, tal vez, haya llegado tan lejos como Johann Sebastián Bach.

El poeta argentino Antonio Requeni, dice en un poema “que cuando cesó de tocar, sorprendió a Dios en su silencio.”

Johann Sebastian Bach - Aria (Suite para orquestra No.3)https://t.co/Jse27R5u3b vía @YouTube