lunes, 10 de junio de 2019

VARIACIÓN CULTURAL-POLÍTICA, Por Jorge Luis Cerletti para Vagos y Vagas Peronistas

Algo de historia antes de la Dictadura Genocida (1976-1983).

Jorge Luis Cerletti
Fueron largos años de luchas y militancia impulsando movimientos de liberación nacional y por el socialismo. La Revolución Cubana de 1959 significó un hito en Sudamérica y se hizo popular llamarla el “Faro de América”. Las figuras de Fidel, del Che Guevara y de las guerrillas revolucionarias, resultaron modélicas para diversas experiencias latinoamericanas.

Años antes, aquí se había dado el golpe de 1955 de la llamada Revolución Libertadora. Se generó para terminar con los gobiernos de Perón que representaban la causa popular indigerible para el establishment de entonces.

El período de los 60-70 estuvo signado por dictaduras militares o por gobiernos ilegítimos al ser favorecidos por la proscripción del peronismo. Primero, el de Frondizi, electo como fruto de un acuerdo con el proscripto Perón. Mas, aquél lo desconoció al inicio de su inconcluso mandato y luego fue depuesto como consecuencia de perder las elecciones en 1962 de la provincia de Bs.As. frente al peronista Andrés Framini. Después se produjeron las luchas entre azules y colorados, fracciones del ejército que se enfrentaron acerca de cómo controlar la oposición del peronismo (vencieron los azules, los menos gorilas). En 1963, fueron las elecciones en las que triunfaron los radicales que llevaron a la presidencia a Illia beneficiado por la proscripción del peronismo.

En 1966 se produjo el golpe militar que encabezó Juan Carlos Onganía (azul) que depuso al gobierno de Illia. Hasta 1969 parecía que políticamente “no volaba una mosca” en nuestro país. Sin embargo, se gestaban subterráneamente sustantivas resistencias que estallaron en el Cordobazo, el Rosariazo etc., el fusilamiento de Aramburu en el “debut” de los Montoneros, la FOTIA en Tucumán, la radicalizada CGTA (CGT de los Argentinos) y el surgimiento o resurgimiento de numerosas corrientes desde distintas expresiones políticas hasta diversas organizaciones guerrilleras.

El último que asumió el mando del golpe iniciado por Onganía fue el general Alejandro Agustín Lanusse en 1970, luego del interregno comandado por el general Levingston. Lanusse impulsó el Gran Acuerdo Nacional para superar la influencia del peronismo, convencido de que Perón no retornaría al país. Su venida en noviembre del 72 y la definitiva el 20 de junio del 73, dieron al traste con el GAN y su inspirador. Fue la coronación de casi 18 años de la resistencia peronista. 

Dicho proceso desembocó en el triunfo electoral del peronismo en el 73 que llevó a la presidencia a Cámpora cuyo gobierno provisorio duró algo menos de dos meses. Durante el mismo se produjeron algunos hechos simbólicos notables que atestiguan el clima que vivía la militancia. 

Como ser, el día de la asunción a la presidencia de Cámpora, la plaza de mayo estaba colmada predominantemente por la juventud. Los Montoneros se hicieron cargo de la seguridad sin la asistencia de ningún organismo oficial de custodia. El general Lanusse, después de entregar el mando, se retiró repudiado por la gente. En contraste, asistieron a la jura de Cámpora los presidentes socialistas de Chile y de Cuba, Salvador Allende y Osvaldo Dorticós. 

Esa misma tarde-noche del 25 de Mayo, la militancia rodea el penal de Villa Devoto exigiendo la liberación inmediata de los guerrilleros y presos políticos. En tanto que desde las troneras de las murallas de la cárcel, los ya ex presos políticos, realizan arengas a la multitud militante, mientras la policía cruzada de brazos, observa en silencio…

Otra jornada histórica, conflictiva y contradictoria, fue la manifestación en Ezeiza el día del esperado retorno de Perón, que congregó a más de dos millones de personas, la máxima concentración que se produjo en Argentina. La otra cara, los enfrentamientos sectoriales a tiros que concluyó con la disgregación y frustración de la enorme concurrencia y el desvío del avión que llevó al líder a la base aérea de Morón.

A posteriori y en poco tiempo, se desarrollaron los enfrentamientos entre los sectores radicalizados y la derecha peronista cuya figura emblemática fue José López Rega, ministro de Bienestar Social de Perón y gestor de las 3A (organización criminal de la ultra derecha). Fueron meses en los que se vivió el declive político del líder hasta su muerte el 1º de Julio del 74. Lo sucedió la vicepresidenta, su esposa Isabelita, lapso en el que recrudecieron las luchas internas y la ofensiva de la derecha.

Y ya estamos transitando los años clave del último gobierno peronista de entonces y en las preliminares de la emergencia de la dictadura genocida. Este breve recordatorio, obviamente incompleto, exhibe el ambiente cultural-político de la época en el que se desarrolló la subjetividad de la militancia prevaleciente en esa época.

Este período, alimentado por las luchas y las convicciones sobre el triunfo del socialismo y los procesos de liberación nacional, gestaron una militancia pujante y convencida de la inexorable marcha hacia la realización de esos objetivos trascendentes.

El triunfo de la dictadura genocida de Videla y cia. de 1976, que generó los treinta mil desaparecidos y persecuciones políticas con innumerables asilados, creó en nuestra nación un verdadero agujero negro que partió en dos la historia nacional del siglo XX. Fenómeno que más tarde se reforzó con la implosión del campo comunista y la derrota de los movimientos de liberación nacional. En tanto que el fin de la dictadura y la emergencia de la democracia en 1983, abrió otro capítulo de nuestra historia. Capítulo que con todas sus variaciones llega hasta la actualidad.

Cambios cultural políticos en la actualidad.

No vamos a detenernos en la historia más reciente del último período “democrático” porque su proximidad lo hace más accesible, en particular para la juventud que es la interlocutora principal en la carrera de relevos que es la vida. Sólo destacaremos algunos episodios que influyeron en el período democrático que ya transita más de tres décadas y media. Los dos primeros años del gobierno de Raúl Alfonsín que inauguró la etapa; la presidencia de Carlos Saúl Menem que representando al peronismo encarnó su antítesis; la gran crisis de 2001 con su simbólico slogan “que se vayan todos” enjuiciando a los políticos en general; los tres gobiernos kirchneristas y el de Macri ahora. 

El gobierno presidido por Macri & cia., clara expresión de la política de la derecha reaccionaria y entreguista, nos sirve para destacar ciertas características negativas de la subjetividad social y política desarrollada en el período post dictadura. Claro está que poner el acento en tales características no significa ignorar o subestimar las resistencias ni las experiencias creativas que se están dando, pero ésa es otra cuestión….

Este enfoque sobre el escenario actual pretende evaluar sucintamente los cambios de la problemática política vigente y su incidencia en los aspectos negativos de la subjetividad social. Comenzando porque el hoy no debe desvincularse del mañana pues si nos oponemos al poder dominante, se hace necesario generar una política que se proyecte al futuro.

No obstante, en esta etapa prevalece la inmediatez en el pensamiento y las acciones. Y si bien responde a las necesidades que demanda la situación actual y la opresión que padece nuestro pueblo, restringe la construcción política a dicha inmediatez y debilita las posibilidades a mediano y largo plazo. Claro ejemplo de ello es el último cambio de gobiernos. En unos pocos meses se produjo un giro de 180 º que desvirtuó las conquistas del kirchnerismo. 

Dicho ejemplo expresa una problemática abierta e irresuelta que perdura en el tiempo y que abarca a múltiples países. Mientras que articular las necesidades del campo popular con una construcción política a futuro, resulta el lugar vacío de un ansiado proceso emancipador. Y este profundo bache que nos incluye a todos los que participamos en el campo popular, exhibe las falencias en torno a cómo superarlo. 

Aquí viene a colación comparar la subjetividad político- ideológica pre dictadura y la correspondiente a la post dictadura. Una diferencia gravitante fueron los fines de las principales luchas radicalizadas de entonces que giraban alrededor de dos objetivos relacionados. La recuperación del poder del peronismo unido al socialismo nacional que llegó a invocar el mismo líder. Objetivos de gran predicamento en la militancia más activa y comprometida que influía en la atmósfera cultural política que desembocó en el 62% de los votos que catapultaron a Perón a su última presidencia. Fenómeno indisociable de las contradicciones y los enfrentamientos internos que terminarían sirviendo en bandeja el triunfo de la dictadura que enlutó a nuestro país.

En tanto que actualmente predomina en la militancia una concepción inmediatista cuya más clara expresión remite a las elecciones de octubre próximo. Esto no significa restarle importancia a derrotar al macrismo que sumió al país en el abismal pozo de la “grieta” que supieron conseguir. Sí evidencia que esa disyuntiva es más producto de la debilidad que de la fortaleza. 

Por eso interesa pensar y debatir los problemas que afectan a la oposición. Entre ellos, reiteramos la limitación que supone la política circunscripta de modo unilateral al corto plazo. Ejemplo de esto es, en lo fundamental, la crítica económica con abuso numérico. Y no es porque carezca de importancia sino que empobrece sus efectos. De otra magnitud es la vulnerabilidad que provoca la insuperada barrera que sufren todos los gobiernos populares. Es que se desenvuelven en medio de relaciones capitalistas condicionados por la hegemonía mundial del gran capital, el llamado neoliberalismo.

La otra cuestión, por demás dificultosa, consiste en la construcción de la unidad en busca de obtener el respaldo necesario como para frenar y condicionar a la derecha cuyo soporte real es el poder concentrado del gran capital. El mismo que hoy maneja los medios de comunicación, usufructúa la Justicia sin venda y controla el aparato del Estado. Por eso, la unidad que aparece tan necesaria resulta una moneda de dos caras.

En ese sentido surgió el sorprendente lanzamiento, para las elecciones de octubre próximo, de la formula F-F de Alberto Fernández (presidente) y Cristina Fernández de Kirchner (vice). Y si bien el kirchnerismo es la principal fuerza de oposición, necesita unirse con otras fuerzas para lograr el triunfo en las elecciones. Entonces, mientras por un lado precisa la unidad (una cara), si gana, ¿cuál sería el precio de tal unidad? Porque tanto un pacto social como uno político, representan una garantía poco fiable para enfrentar la gravedad de la situación que comporta el desmadre actual. Basta con recordar la traición y el bochornoso “voto no positivo” de Julio Cobos, el vicepresidente de Cristina, en el conflicto del “campo” de 2008.

Es evidente que la movida de Cristina proponiendo a Alberto Fernández a la presidencia favorece el proceso de unidad. Sin embargo, las anteriores divergencias entre ambos siembran dudas lo mismo que el perfil político del eventual presidente. Además, qué garantías ofrece la fidelidad de los que participen de la unidad. De todos modos, frente al riesgo de un catastrófico segundo mandato del gobierno de Macri y cia., el semi renunciamiento de Cristina produjo una audaz jugada política por más que su resultado sea incierto. Y es de esperar que cumpla su objetivo….

Ante la sumatoria de interrogantes es oportuno recordar una metáfora que empleó Perón: “la organización vence al tiempo”. Después de tantas frustraciones, ¿no será hora de engendrar organizaciones que superen el tiempo de la impiadosa hegemonía del gran capital? ¿Qué cambie la cultura utilitarista y de la ganancia a cualquier precio que infecta la subjetividad social de amplios sectores de nuestra población?....

Por último, con este sintético recorrido hemos querido reflexionar en torno a los cambios producidos en le subjetividad político-social. Conscientes de que la distancia que media entre la subjetividad pre y post dictadura no excluye que en la actualidad se mantengan vivas las resistencias y las movilizaciones de masas. Sólo que los objetivos de corto plazo y la subjetividad inmediatista funcionan como las lentes para la lectura, no son útiles para la visión lejana.----------




(")Síntesis biográfica:

Jorge Luis Cerletti nació en Buenos Aires en 1937, arquitecto. Cofundador Fue profesor de Economía Política en la Universidad del Salvador y de Historia Social en la Facultad de Derecho de la UBA. Fue uno de los fundadores e integrante del grupo de reflexión La Mesa de los Sueños, también del grupo Repro (Reflexión y producción) y colaborador del CEPPAS, (Centro de políticas públicas para el socialismo). Producto de su dilatada militancia realizó numerosos ensayos políticos. Como coordinador de la colección Cuadernos de la realidad, dirigida por Raúl Sciarretta y editada por Granica, publico en ella tres ensayos: “Desarrollo industrial y concentración monopólica”, “La oligarquía terrateniente” e “Imperialismo y dependencia” (1974) y los siguientes libros: Retazos para una historia” (ficción 1983, Peña Lillo Editor); “El nuevo orden mundial, el socialismo y el capitalismo depredador” (1 991, Centro Editor de América Latina); sigue: “El poder y el eclipse del socialismo” (1993, Centro Editor de A.L.); “El Poder y la necesidad de un nuevo proyecto” (1994, Ediciones Mesa de los Sueños); “El poder bajo sospecha” (1997, edit. De la Campana) y “Las relaciones de dominio como lazo social (1999, edición del autor); “Políticas emancipatorias - crítica al Estado las vanguardias y la representación” (2003, edit. Biblos) y “Estado democracia y socialismo” (2014, edic. El jinete insomne, publicado por el ceppas, centro de políticas públicas para el socialismo).

jueves, 6 de junio de 2019

FERNÁNDEZ Y FERNÁNDEZ: la sombra del 2001, Por Pedro Cazes Camarero(") para Vagos y Vagas Peronistas

“En tanto que los medios, los expertos y los políticos reiteran encantamientos de alabanza al equilibrio presupuestario, tiene lugar una segunda expropiación de la riqueza social, luego de la ejecutada en la década de 1980 por el mundo de las finanzas. La especificidad de la crisis de la deuda consiste en que sus causas se han elevado a la jerarquía de remedio. Este círculo vicioso no es el síntoma de la incompetencia de nuestras élites oligárquicas, sino de su cinismo de clase. La meta política que ellas persiguen es precisa: destruir las resistencias residuales (salarios, ingresos, servicios) a la lógica neoliberal.” 

Maurizio Lazzarato, Gobernar a través de la deuda. Tecnologías de poder del capitalismo neoliberal, Amorrortu, Buenos Aires, 2015. 

“… lo positivo de la Argentina [es] la capacidad de movilización y lucha de la sociedad, de algunos sectores al menos, [que] no lo vemos en ninguna parte del mundo.” 

Luis Fondebrider, presidente del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). Reportaje de Victoria Ginzberg en “Página 12”, 19 de mayo de 2019 

El día de la fundación del Fondo Monetario Internacional, en plena Segunda Guerra Mundial (1944) marcó el triunfo del economista estadounidense Harry White sobre el ilustre británico John Maynard Keynes, con más cerebro que músculos militares y económicos. La idea de una moneda internacional (Keynes) quedó enterrada y el dólar se impuso desde entonces y hasta ahora como divisa indiscutida (White). 

Pero lo que a ninguno se le ocurrió debatir, porque ambos eran indiscutiblemente desarrollistas y se hallaban sobre esto de acuerdo entre sí, fue la idea de eliminar el proteccionismo comercial, con cierre de las importaciones, de los estados con crisis de la balanza de pagos. Ese problema internacional (“estrategia de empobrecer a los vecinos”, lo llamaba Keynes) se arrastraba desde el final de la Primera Guerra Mundial y estimulaba el chauvinismo político furioso que culminó en el florecimiento de los variados fascismos que plagaron Europa, Asia y América durante los años previos a la segunda conflagración. 

Para lograr ese objetivo, White & Keynes imaginaron la medida de prestarle dólares a los países en dificultades, para que pudieran seguir importando. Esto garantizaría el mantenimiento de la demanda internacional de mercancías. El dispositivo imaginado por ambos para lograrlo fue la creación del Fondo Monetario Internacional, diseñado para acudir con premura ante cualquier dificultad para obtener disponibilidad de divisas de parte de sus miembros. 

Pero el final de la gran conflagración mostró que ni siquiera el titán capitalista norteamericano estaba vacunado contra la recesión desencadenada por el cese de las compras militares por parte del estado. A comienzos de los años ’50, el modelo sufrió una remodelación completa. Coyunturalmente la guerra de Corea sirvió para seguir gastando fortunas incalculables en armamento y alejar la crisis de sobreproducción. La cartelización de las empresas productoras de armas culminó en la creación del gran Complejo Militar- Industrial, que fue denunciado años después por el propio presidente Dwight Eisenhower. La ideología desarrollista triunfante durante el “Estado de Bienestar” (Welfare State) de Franklin Delano Rooselvet fue reemplazada por una versión dogmática del neoliberalismo cristalizada en la Escuela Económica de Chicago, de Milton Friedman, John Williamson y Cía. Y el sector dominante del capitalismo se concentró en las manos de los usureros: la banca internacional. 

Esta vuelta en campana se reflejó dramáticamente en la conducta del FMI. Sin explicitarlo en sus discursos, la institución abandonó la idea desarrollista de prestar dólares a los países con crisis de disponibilidad financiera, a fin de mantener la demanda y las importaciones. En cambio, el Fondo hoy acogota a los países endeudados (Argentina, Ucrania, Grecia) para que les paguen a los acreedores. Utiliza su influencia, obtenida a través de los préstamos, para que el país receptor de los mismos ponga en práctica una política recesiva, que reduce las importaciones y aumenta las exportaciones, y utilice la diferencia para abonar la deuda. Incluso los propios dólares recibidos como préstamo del Fondo, son sustraídos para pagarles a los banqueros, aumentando el monto de la deuda. El resultado adicional es la miseria generalizada y una crisis económica y social inevitable. 

A pesar de la diáspora de los desarrollistas y el desembarco del capital especulativo, el FMI nunca se molestó en modificar su Convenio Constitutivo de 1944, por lo cual su conducta actual (que ya viene de más de medio siglo) se contradice violentamente con la letra del tratado internacional redactado para regular su conducta. El “Convenio…” desde el principio establece que “el objetivo de todas las medidas” del Fondo debería ser “el crecimiento económico y el desarrollo, la ocupación y los ingresos de sus miembros”. Más adelante, el mismo Convenio prohíbe terminantemente que la plata que presta sirva para financiar la fuga de capitales del país que recibe el crédito. 

¿Tiene alguna consecuencia esta incoherencia asombrosa entre la normativa y los actos cotidianos del Fondo? No tiene ninguna, pues cerca del final del texto, el propio Convenio designa al mismo FMI como evaluador y tribunal de sus propios actos. La única autoridad a la que responde en realidad el Fondo es el gobierno de los Estados Unidos, que conserva mayoría en su directorio. 

En este contexto, el FMI ha dado vía libre, explícitamente, al gobierno neoliberal argentino para invertir sus préstamos en la fuga de capitales, comprados a bajo precio por los fondos internacionales de inversión, y vaciando inclusive las reservas reales del Banco Central, con un cronograma que finaliza en la fecha de asunción del próximo gobierno, esto es, diciembre de 2019. Esta autorización para un “viva la pepa” especulativo resulta además en una confesión de parcialidad política en favor de Macri y sus cómplices (otra ilegalidad), que tal vez logren así llegar a fin de año sin una declaración formal de default, en el que ya incurrieron de facto desde comienzos del corriente año. 

Bertold Brecht afirmaba que robar un banco constituye un crimen menor, respecto al acto de fundar un banco. Claramente se refería a este fenómeno: la usura no se conforma con explotar a las naciones en base a las normativas que existen y le son muy favorables; también recurre a la violación de leyes y tratados para maximizar sus resultados financieros. Esta ley de la selva es designada seguridad jurídica (sic) por los potenciales inversores. 

Distintas fuentes argentinas han advertido, tanto al FMI como a la runfla que gobierna el país, que sus acciones violan la Constitución y las leyes nacionales y también la propia legislación del Fondo. No existe ninguna regla que rija este juego, sino la pura fuerza bruta internacional del Imperio, y “nacional” de una banda de forajidos que se ha apoderado del Estado. Ahora bien, en una de sus primeras apariciones públicas como candidato a presidente de la fórmula cristinista, Alberto Fernández realizó en el canal C5N algunas declaraciones al respecto que resultan preocupantes. 

El antiguo ministro de Néstor y Cristina se declaró favorable a pagar sin chistar las deudas contraídas por el macrismo con el FMI, como si éstas fueran incuestionables, datos de la naturaleza que no pueden ser controvertidos y cuyo cuestionamiento “constituye una locura”. A lo sumo está dispuesto a discutir las condiciones del pago de esta deuda, ya que en medio de la recesión en la que nuestro país se ha visto sumergido es imposible generar los recursos necesarios. Confía para ello en la sensatez de los funcionarios del FMI. Volveremos sobre esto más adelante. 

Pero el escenario apocalíptico que se despliega en la Argentina a esta altura del año no debería ser tomado con ligereza, como si se tratase de las consecuencias naturales de la acumulación de desaciertos cometidos por una pandilla de energúmenos. No hay que olvidar que Macri y Cía. asumieron con un programa civilizatorio alternativo, esto es, enarbolando la audaz pretensión de cambiar la cultura social de los trabajadores, los intelectuales, e incluso de la propia burguesía superviviente. 

Veamos ante todo la parte propiamente económica: las ganancias capitalistas proceden del trabajo no remunerado de los trabajadores. En un momento cualquiera, es un juego de suma cero: el único método a través del cual puede la patronal apoderarse de una mayor ganancia que la que está obteniendo, es quitarle a los asalariados una porción de sus ingresos. Dicho en lenguaje marxista, recortar el trabajo necesario (sueldos y salarios) para conseguir una mayor plusvalía absoluta (de donde procede la “ganancia”). 

Pero el “trabajo necesario” posee un componente absoluto (agua, aire, alimento, viático) y un componente cultural (comer bien o mal, mantener la salud o no , vestirse más o menos apropiadamente, esparcimiento, acceso a una vivienda más o menos confortable, viajar al trabajo sin hacinamiento, escuelas, colegios y universidades públicos, gratuitos y de calidad o bien privados, arancelados y mediocres, etc.). Ello significa aumento o disminución del “trabajo necesario”. El funcionario macrista González Fraga expresó públicamente hace un par de años las ideas de la derecha argentina al respecto: las necesidades de los asalariados que sobrepasen la mera supervivencia (calzado fino, computadoras en los hogares, televisión por cable, ropa decente, viajes y vacaciones, etc.) constituyen extravagancias inaceptables, fantasías que no corresponden al “mundo real” (percibamos el evidente contraste respecto el infinito escaparate de objetos de lujo y sus sucedáneos destinados a la clase media, desde perfumes pseudo- franceses y artículos electrónicos hasta automóviles, que despliegan al consumo los mercaderes yanquis, europeos, japoneses, coreanos y sobre todo chinos). 

Sin embargo, el “trabajo necesario” no es fijado por financistas o burgueses, ni tampoco por la voluntad de los pueblos. Es determinado por el forcejeo de la lucha de clases en cada circunstancia, en cada momento. Represión, lock outs patronales, golpes de mano políticos y militares versus huelgas, manifestaciones, consignas: el resultado en cada coyuntura (“demasiado” para unos, “demasiado poco” para los otros) suele ser algo que “nadie quiso en particular” (Marx dixit). En otras palabras, el “trabajo necesario” es un resultante histórico. Son usos y costumbres, adquiridos por las sucesivas generaciones de trabajadores (y de capitalistas), naturalizados por el hábito. Por ejemplo, el ocio semanal del domingo, el sábado inglés, la estabilidad en el empleo, las ocho horas laborales, los sindicatos legales, son conquistas obtenidas en el pasado, siempre inestables, siempre frágiles y precarias, listas para ser violadas o destruidas por un golpe de timón de los poderes. Pero en la subjetividad de los trabajadores se han ido consolidando como derechos, no sujetos al capricho de la voluntad de la patronal. 

La clase trabajadora argentina, además, ha acumulado una experiencia adicional, igualitaria, desde el primer peronismo. Ha dejado para siempre de ser sumisa (incluso en sus modales) y ha adquirido la sabiduría de la lucha para la defensa de lo ganado. Según relata Horacio Verbitsky, el excelente escritor peruano Mario Vargas Llosa, gran epígono del neoliberalismo, le confesó (ante una multitud rugiente que en Buenos Aires exigía la restitución de ciertos derechos conculcados) su admiración frente a esa capacidad incólume del movimiento de masas argentino para reaccionar poderosa y colectivamente. 

Así, la contracción del “trabajo necesario” por vía de la acción del Estado resulta problemática en la Argentina. El gobierno macrista lo ha experimentado reiteradamente. Doce sucesivas movilizaciones defensivas, de escala gigantesca, que involucraron literalmente a millones de personas, inundaron las calles argentinas, una y otra vez, durante sus tres años de gestión. Y en dos oportunidades adicionales, en ese contexto difícil, el movimiento de mujeres impuso su presencia abrumadora, policlasista, de dimensiones titánicas. La reducción (no tan drástica como deseaba el gobierno) de las jubilaciones sólo pudo ser formalmente impuesta a través de una represión arrasadora. Ante la “reforma laboral”, la reacción de las masas enfurecidas creció de modo tal que el macrismo se asustó y tuvo que retroceder. El valor de esa victoria no debería subestimarse. 

El gobierno neoliberal tenía todo listo para lanzar su programa para la “refundación civilizatoria” después de las elecciones de 2017. Pero ya durante 2016 y comienzos de 2017, y sobre todo a pesar de la victoria electoral de neoliberalismo en ese último año, ya durante 2018, se vio que el escepticismo de los funcionarios del FMI respecto a la capacidad de su gobierno predilecto para llevar a cabo tales designios estaba justificado. Las ideas enarboladas por Macri resultaban imposibles de concretar debido a la resistencia de las masas. Esa resistencia no fue liderada por el kirchnerismo ni por los burócratas de la CGT. Fue un emergente de las masas autonomizadas. 

La derrota del kirchnerismo en 2015 no reflejó ninguna derrota del movimiento popular. Sectores importantes continuaron luchando y organizándose. Fue la fuerza que todos los diciembres, desde el 19 y 20 del último mes del 2001, cubre las calles argentinas con la sombra ominosa de la insurrección. 

Ese sujeto político está lejos de ser la antigua clase obrera peronista que fue la columna vertebral de las grandes movilizaciones desde 1945 y protagonizó la victoriosa resistencia entre 1955 hasta 1973. Un nuevo protagonista histórico viene construyéndose durante las últimas décadas. ¿Cómo llamar a la fuerza social siempre presente desde el 19 y 20 de diciembre de 2001, conformada por asalariados, sí; pero también por los pobres de la ciudad, los trabajadores precarizados, el movimiento barrial, los villeros, los piqueteros, los inmigrantes, la economía popular y sobre todo el inmenso movimiento de las mujeres? 

Este no es el momento ni el lugar para explicar cuáles cambios en el sistema capitalista internacional y argentino fueron la causa de esta mutación. El hecho es que el programa de la derecha está colapsado y ningún candidato, de ningún partido, puede mantenerlo. 

Cristina Kirchner nunca aceptó apoyar el proyecto neoliberal; el macrismo no pudo atraerla. Cristina hace ahora guiños a pañuelos verdes y pañuelos azules; seduce a sus partidarios (quienes anhelan ser seducidos) con vagas referencias al lejano pasado feliz de Miranda (1948) o de Gelbard (1973). Al mismo tiempo, se autoproclama el factor del orden después del caos generado por el macrismo. De esa manera inteligente ella sale a buscar los votos de la derecha. Antes de las elecciones, ofrece un nuevo “contrato social” para aplicar después de las mismas. Ahora bien, los procedimientos y propuestas políticas destinadas a ganar las elecciones, no tienen por qué resultar idénticas a las que se pondrán en práctica una vez obtenida la victoria. Pero la lucha política de clases seguirá existiendo y las masas a las que interpela para obtener su voto, a partir de diciembre de este año se presentarán a cobrar “por ventanilla” con la factura que ahora les están firmando. Habrá problemas que no se resuelven con buena voluntad. 

Hay una ceguera muy importante en la interpretación kirchnerista del papel del movimiento de masas. Ni Néstor ni Cristina adquirieron nunca verdadera conciencia de que ellos llegaron a la victoria electoral del 2003 canalizando las titánicas fuerzas revolucionarias desencadenadas el 19 y 20 de diciembre de 2001. Las masas autónomas constituyen para Cristina un fastidio necesario. Los argentinos “somos difíciles”, como ella misma dice, y no le aceptaremos cualquier cosa (¡hace bien en quejarse!). Por ejemplo, el antagonismo entre pañuelos verdes y pañuelos celestes, que ella cabalga hábilmente con vista a las elecciones, no podrá mantenerse en equilibrio después de las mismas. Si el propio neoliberalismo en 2018 tuvo que retroceder ante el movimiento de masas, el romance de Cristina con el movimiento popular debería ser respetado por ella durante los próximos cuatro años, so pena de reproducir el destino de Macri. 

Ahora bien, las masas movilizadas detrás de la satisfacción de necesidades que configuran derechos, legitimadas por una victoria electoral, ante la mirada de sus líderes políticos Fernández & Fernández, son proclives a un desenfreno que debe ser contenido. Parte de esa contención deberá plasmarse en concesiones concretas, otra parte será sólo simbólica o potencialmente aplacada por la susurrante oratoria del nuevo titular del Ejecutivo. Siguiendo con el ejemplo, las jóvenes del movimiento de mujeres no ven con simpatía los esfuerzos de Grabois (que es uno de los líderes del “plebeyismo”católico no kirchnerista) por arrebatarles una de sus reivindicaciones fundamentales, el aborto. El grupo social dominante cruje. Al mismo tiempo, el gobierno norteamericano y el FMI insistirán en la reconstitución de un “régimen” derechista y sumiso, que están impulsando a través del globo. Estas pretensiones van a chocar antagónicamente con el desborde de las masas argentinas. Podemos imaginar que la administración de Fernández & Fernández, ante la encrucijada, ordene la investigación de la toma de deuda, repudie la deuda espuria, desencadene una cascada de estatizaciones y ponga en práctica el capitalismo de Estado. Pero la designación de Alberto Fernández como cabeza de lista no augura nada de todo eso. 

Es verdad que Cristina, al escogerlo, le ha arrebatado el centro a Lavagna, Massa, Schiaretti y Cía. Según ciertos analistas, la base social kirchnerista debería apoyar agradecida, después de la experiencia neoliberal, un programa “moderado”. Pero después del 2001, no hay espacio político para la neutralidad. Además, las luchas que se van dando, configuran un nuevo orden que no puede ser ya aplastado, fuera de la represión. 

Hay analistas de izquierda que sobreestiman a las clases dominantes, adjudicándoles una lucidez y homogeneidad de la que éstas carecen. Actualmente ya no garantizan el “orden” y afloran fuertes contradicciones inter- burguesas. Los empresarios a los que ahora interpela el duplo Fernández & Fernández tienen conflictos entre sí. Los mercados le han quitado su confianza al macrismo, cuyo programa les gustaba, pero ya no creen que la actual administración pueda ponerlo en práctica. El propio FMI considera que no es practicable debido a la configuración de fuerzas políticas. Este naufragio se debe a la resistencia social de los últimos tres años. Es la diferencia entre Argentina y Grecia. En Grecia, la socialdemocracia europea abandonó a Siryza frente al trío liderado por el FMI. Aunque escéptico, ahora el FMI le da la plata a Macri para que tire hasta fin de año, con la tenue esperanza de que sobreviva. La resistencia de las bases que apoyan a Cristina sobrepasa la experiencia de Grecia. 
Pedro Cazes Camarero

Venimos de una prolongada experiencia emancipadora de las masas argentinas. Hace justo cien años, la semana trágica fue escenario de una oleada protagonizada por los obreros fordistas o tayloristas, quienes exhibieron el florecimiento de una maravillosa madurez de clase. Tres décadas después, los migrantes internos fusionados con ese proletariado dieron lugar al 17 de octubre. Se acaba de conmemorar el cincuentenario del Cordobazo, que inauguró un lapso inolvidable que suele conocerse como “los años setenta”, en que irrumpieron oleadas de insurrecciones parciales y combates guerrilleros. Juntos derrotaron en común a la dictadura militar y abrieron la puerta de la breve primavera camporista. La nostalgia de esos días fue interrumpida en diciembre de 2001, con nuevas insurrecciones parciales que nos enseñan que el palpitar de la existencia de los pueblos resulta cruelmente lento respecto al transcurrir de una vida humana individual, pero cada generación tiene el derecho de librar su propio combate. Lejano en el viento, se percibe el perfume de la revolución que renace, no necesariamente exitosa. 



(") Pedro Cazes Camarero, argentino, farmacéutico, 1945. Magister Scientiae en Metodología de la Investigación Científica y Epistemología. Ex director de "Estrella Roja" (órgano del Ejército Revolucionario del Pueblo- ERP-), "El Combatiente" (órgano del Partido Revolucionario de los Trabajadores - PRT-) y "Crisis". Autor de numerosos artículos y libros, entre ellos "Las Estrategias de la Aurora", de próxima aparición (Ed. Prometeo, Buenos Aires, 2019). Premio "Ramón Carrillo" (2010). Miembro del Encuentro de Profesionales contra la Tortura. Columnista de "Cuadernos de Crisis/Purochamuyo".




lunes, 3 de junio de 2019

Tercer fragmento del capítulo "MODELAR SERES HUMANOS", correspondiente al libro inédito: "DE LA DOMINACIÓN CONSENTIDA", Por León Pomer (") para Vagos y Vagas Peronistas





LA HISTORICIDAD DE LAS MODELACIONES 

Ya sabemos que los humanos (sus atributos, sus maneras de ser) se adaptan a las peculiaridades de organismos sociales por efectos de la “presión” que ejercen sobre la socialización de los mismos. Aquí hacemos un repaso en nada exhaustivo de procesos modeladores, y anotamos la voluntad modeladora de un gran filósofo. 

La sociedad capitalista mantiene su índole esencial pese a las transfiguraciones que asume y, con ella, los individuos que la integran. La dinámica que alienta en la entraña del capitalismo, no altera su condición de sociedad estratificada en clases, desigualdades de género, raciales, culturales y etc. Nuevas tecnologías, nuevos saberes y pautas organizacionales modifican los procesos productivos y con ellos las estructuras del obrar, del pensar y del sentir humano. En cada etapa, los factores que emergen se sobreponen y coexisten en diferentes amalgamas con los existentes previos, que no necesariamente son enteramente cancelados. La sociedad que se transforma en términos materiales e inter -relacionales plantea nuevas demandas a las subjetividades, a las maneras de su modelación. 

“Es sencillo buscar correspondencias entre tipos de sociedad y tipos de máquinas, anota Deleuze, porque estas expresan las formaciones sociales que las han originado y que las utilizan”. Las antiguas sociedades de soberanía, en la denominación de Foucault, operaban máquinas simples: palancas, poleas, relojes; las sociedades disciplinarias que las sucedieron se equiparon con máquinas energéticas. Las actuales sociedades de control se valen de máquinas informáticas. El capitalismo sufre mutaciones. Ahora, “el departamento de ventas se ha convertido en el centro, en el “alma” de la empresa; ahora, el instrumento de control social es el marketing”. Foucault describe las formas sociales que llama de soberanía: “deciden la muerte antes que administrar la vida”. Las sociedades disciplinarias (Europa, siglos XVIII y XIX, hasta alcanzar su apogeo a comienzos del siglo XX) organizan grandes centros de socialización adaptativa a las necesidades de ese momento capitalista: familia, escuela, cuartel, fábrica, hospital y cárcel. Se trata de domesticar el cuerpo de los trabajadores, que debe incorporar ciertos ritmos corporales de vigilia y de sueño, de alimentación, de esfuerzo y de descanso. La sociedad del trabajo convive con la actual sociedad de consumo. El cuerpo es configurado para cumplir una función. En la actual sociedad de control, que convive, repitamos, con la sociedad disciplinaria, los controles son moldes: modelan, imprimen hábitos, instauran una disciplina corporal. En la sociedad de control, las nuevas tecnologías “favorecen la opresión simbólica”, refinado mecanismo del Poder hegemónico. Se vive bajo la coacción de la moda, del discurso en boga, de los ídolos faranduleros y deportivas. “Ahora, se es masa sin ver a los otros”, anota Sloterdijk. Prodigio de los días actuales: se va dónde va la gente con sólo estar frente a la pantalla milagrosa. 

Examinemos rápidamente un proyecto idealizado de modelación social. Platón exigía en La República (tercer libro), lo que consideraba necesario para lograr una sociedad a su juicio equilibrada. La célebre obra dedica un espacio máximo a la formación de los “guardianes del Estado” y de otros servidores. Precisiones y detalles definían minuciosamente el cómo y el para qué de la educación modeladora a que debían ser sometidos esos que llamaremos funcionarios del Estado. De paso, censuraba a Hesíodo y Homero por haber contado fábulas que denigraban a los dioses, lo que hacía necesario evitar que fueran relatadas a los niños,” seres desprovistos de razón”. El filósofo no era contrario a los mitos ni sugería eliminar del patrimonio cultural griego los citados clásicos: apenas los “bien dotados” sabrían asimilar la verdad, sin por ello erigirse en enemigos de la sociedad. Era de enorme importancia, agregaba, que las primeras nociones que escuche el niño sean fábulas imaginadas para conducirlo a la virtud; postulaba una pedagogía para modelar las subjetividades desde la más tierna edad, evitando el surgimiento de futuros críticos que extendieran sus objeciones a las divinidades, irrespetuosamente tratadas por Hesíodo y Homero. Platón sostenía que la mentira era útil a los gobernantes: los líderes de la polis debían mentir para sostener su poder y en beneficio de lo que administraban. Pero esa conducta le era negada al ciudadano común, que jamás debía mentir a los gobernantes. En su República ideal, Platón evita la puesta en duda de creencias y valores que son el sustento de un sistema. 

Peguemos un salto a los fisiócratas, nada eufemísticos cuando sustentan que el Estado no sólo debe comandar a la nación, sino dominarla al extremo de moldear el espíritu de los individuos de acuerdo con un modelo propuesto de antemano, proporcionándoles los sentimientos que juzgue necesarios. No deben existir límites a un obrar del Estado que quiere un pueblo de dóciles criaturas. Un destacado autor contemporáneo, llama de “industria” la “producción de seres humanos viables y útiles” (Gellner, 1983:38), que es como podría entenderse el ideal de los fisiócratas. Claro que siempre queda colgada una pregunta: ¿viables para qué y útiles para quién? 

Un caso concreto de modelación dramática, resultado de un trascendental cambio en el sistema productivo y en las relaciones sociales, se da en Gran Bretaña, cuando se inaugura y comienza a expandirse el capitalismo industrial. La fábrica concentra multitudes de antiguos artesanos y campesinos forzados a habituarse a ritmos y horarios ajenos a los que practicaban en sus anteriores ocupaciones agrarias o artesanales. De haberse sentido dueños de su cuerpo, pasaron a depender de máquinas, artefactos no humanos y decididamente inhumanos, cuyos propietarios no eran, precisamente, un dechado de bondad. Formas de trabajo pre - capitalistas admitían la propiedad de las herramientas; el tiempo invertido en la tarea y el descanso, eran decisiones personales; los ritmos eran libremente determinados por el individuo. Los que antaño se habían sentido amos de sí, enfrentaban en la fábrica exigencias para las que no estaban preparados. Antes, “la administración del cuerpo del productor, se dejaba librada a la lógica de la naturaleza y la costumbre” (Bauman, 2011:20); ahora caía bajo la dominación de unos fierros que perversamente se ensañaban con él: así lo entendieron los Ludditas ingleses, destructores de máquinas. No solo los productos de su trabajo le eran arrebatados al productor; también su cuerpo era parcialmente expropiado, desde que dependía de una voluntad ajena. Un nuevo poder “aspiraba a moldear la totalidad de su proceso de vida y desplegaba un volumen de represión sin precedentes” (Id.,Id.20 - 21). Fuerza disciplinante y modeladora, el poder fabril “estaba programado para reformular el comportamiento de los productores de acuerdo con un patrón que distaba de haber elegido (Id.,Id: 21). La formación del proletario fabril fue uno de los acontecimientos humanos más dolorosos de su tiempo. El antiguo artesano enfrentaba una labor repetitiva y maquinal, que no respondía a las solicitaciones de un impulso creador - vocacional que había presidido su trabajo anterior. Impedido de desplegar sus vuelos imaginativos, el trabajo devenía algo que contrariaba lo que sentía como su índole. El filósofo y psiquiatra Rollo May (Hall, 1979: 148) consideraba que las tendencias más auténticas, cuando sofocadas, se transforman en espíritu mórbido, en mutilación y en fuerza destructora, incluso “en una disponibilidad para la agresión salvaje y la violencia (…), sin pensar en elegir el adversario”. ¿Cuántos seres humanos padecieron entonces (y en otras situaciones semejantes) patologías socialmente producidas y brutalmente reprimidas? 

Veamos ahora una agudísima reflexión de Alexis de Tocqueville (1992:614) sobre los Estados Unidos, que visitó entre 1831 – 1833. Lo observado le sugería que en los Estados democráticos modernos, -generalizaba -, un eventual despotismo tendría características muy diferentes de las conocidas en el pasado:” sería más amplio y más ameno, y degradaría a los hombres sin atormentarlos”. El joven viajero describirá un modelo humano que estaba en avanzado estado de desarrollo en los Estados Unidos de los años 30 del siglo XIX. El capitalismo que surgía impetuoso en un ámbito sin adherencias feudales, a diferencia de Europa, revelaba una originalidad poco menos que en estado puro. El “individualismo” parecía caracterizar la democracia, una forma política que por entonces representaba algo cercano a una novedad en el panorama internacional. Decía Tocqueville:” Veo una multitud innumerable de hombres semejantes e iguales que giran incansablemente alrededor de sí mismos, en busca de pequeños y vulgares placeres con que llenan el alma. Cada uno de ellos, puesto por separado, es como un extraño a todos los otros: los hijos y los amigos particulares forman para él toda la especie humana. El resto de sus conciudadanos están al lado, pero no los ve; los toca y no los siente; él existe sólo para sí mismo y únicamente para sí”. Lo que llamó la atención del francés era una forma específica de humanidad generada por una formación capitalista sin igual en el Viejo Mundo. Era de advertir un egoísmo poco animador, que anticipaba características que habrían de marcar as en general. 

Llegamos a los días actuales. Los avances tecnológicos están provocando modificaciones sensibles en las estructuras sociales de los países donde están más presentes. La robotización y la inteligencia artificial son fenómenos que cambian las relaciones del hombre con la máquina; las tecnologías digitales descomponen capacidades en rutinas por lo menos en buena parte de procesos intelectuales, hoy realizados por sofisticados ingenios. Los nuevos sistemas se hacen cargo de complejas tareas: se acercan a lo humano, convirtiendo en tareas simples, realizables por cualquiera, otras más complejas que hasta ahora justificaban el trabajo diario de millones y millones de profesionales cualificados de todo el mundo. Significa que el sistema económico necesita menos conocimiento vivo (asociado al trabajo de los humanos), porque lo suple con más conocimiento muerto, entendiendo por tal esa parte del saber que se condensa y cristaliza en aplicaciones y sistemas, o en robots e inteligencia artificial. 

La magnitud creciente de este fenómeno favorece a una parte minoritaria de los trabajadores: aquellos capaces de identificar y resolver los nuevos problemas o de afrontarlos con soluciones innovadoras. Ellos se convierten en imprescindibles y ascienden en la escala de valor. Pero una inmensa mayoría desciende a trabajos de mucha menor cualificación, como gestores de plataformas y aplicaciones capaces de simplificar la actividad humana. Buena parte de los médicos, abogados, profesores, ingenieros, y otros encuadrados en lo que conocemos como clases medias profesionales, o como trabajadores del conocimiento, descenderán en la escala profesional. “Es lo que Levy y Murnane denominan el ahuecamiento del mercado de trabajo como expresión del vaciamiento de profesionales de cualificación media, un fenómeno universal detectado ya en EE. UU., que sucesivos informes de instituciones prestigiosas ( MIT Tecnology Review en 2012, la Universidad de Oxford en 2013 o el Instituto Pew Research en 2014) han ratificado como tendencias del futuro inmediato. Sus consecuencias están claras: acentuarán las desigualdades en todo el mundo al provocar una creciente dispersión salarial entre los grupos de trabajadores beneficiados y perjudicados por el cambio tecnológico. Este fenómeno llegará en versiones diferentes a los países periféricos. La lógica centralizada de la economía digital con capacidad para crear grandes corporaciones tecnológicas con la categoría de campeones únicos globales (Apple, Microsoft, Google, Amazon, Netflix, Booking, Facebook, EBay, Uber…) concentradas en EE. UU, anticipan una concentración del talento tecnológico en muy pocos sitios”. 

El neoliberalismo ordena no solo la entera existencia del sujeto humano: hace de fundamento epistémico para capturar el mundo enancado en tecnologías que se adentran en el sujeto humano. El resultado (uno de ellos) son los humanos cuya visión irreal del mundo real los mantiene encerrados en una cápsula construida con espejos deformantes. 

El filósofo Dany – Robert Dufour (2009:19 a 21), ya nombrado más arriba, describe el sujeto que en nuestros días es modelado por el neo liberalismo. Dufour explica que el tal sistema de pensar y obrar, “pretende gestionar el conjunto de las relaciones sociales”: nada debe escapar a su inquisición, a la dictadura de los mercados, a la “ley del provecho, donde todo debe ser rentable, inclusive las actividades que antes no estaban bajo ese mandato…”. El personaje habitado por ese modelo privilegia la relación con los objetos, antes que con sus semejantes. “Ese nuevo totalitarismo (…), pone en manos de los individuos los elementos para que se opriman a sí mismos a través de los objetos”. Dufour define a ese hombre como enfermo de pleonexia, o “siempre tener más”, término que toma de La República de Platón. Para el sujeto así modelado, lo único real es la mercancía; la felicidad se reduce a una única dimensión: la apropiación del objeto comercial. No se puede hablar de moral, prosigue Dufour, porque moral solo puede predicarse en nombre de algo trascendente como la patria, la religión, la libertad; el sujeto pos moderno recusa “toda figura trascendente que daba sustento al valor (…), sólo quedan las mercancías que se intercambian por su estricto valor comercial, poniendo en duda el peso de lo simbólico en los intercambios”. Hay “desimbolización”, proceso de despojo de toda referencia o sustrato trascendente a los intercambios humanos: la amistad, el amor, la relación intelectual. La felicidad se reduce a una única dimensión: la apropiación del objeto que está en boga y que por añadidura pretende revelar un estatuto. 

El filósofo español Joaquin Miras Albarran dice lo siguiente sobre el neo – liberalismo: es la denominación del expolio, de la desposesión violenta, del saqueo de los recursos, tanto de propiedad pública, como particular de las clases populares. Es delincuencia según las propias reglas del capitalismo, y recuerda lo que explica Marx que fue la acumulación originaria del capital, no frugalidad, diligencia y ahorro de los capitalistas, sino látigos, terrorismo, hierros candentes, “violencia partera” de la historia. La desposesión y la expulsión de las masas campesinas de las tierras y recursos comunitarios (medios de subsistencia), fueron constitutivos del capitalismo en la Gran Bretaña. 
León Pomer

Y ahora llegamos al capitalismo digital, o a la delegación de las funciones cerebrales en una máquina, la llamada hibridación. Proceso que puede sintetizarse como la diferencia entre una vida plena de aprendizajes y experiencias que desarrollan múltiples conexiones cerebrales, y una vida pasiva, recurrente, aburrida, reiterativa, fundada en actos mecánicos, sin intención ni comprensión de los mismos. El cerebro se modifica con las nuevas experiencias; el aprendizaje transforma permanentemente su comportamiento, modifica las neuronas, crea nuevas redes y conexiones. El manejo de la información digital poco a poco transforma las funciones cerebrales y las reemplaza por un mecanismo simple de on y off. El pensamiento lógico – formal se desvanece, se extingue. Nace otro cerebro que no produce sentido. Su hibridación, con o sin neuroprótesis, crea, al decir de Benasayag (2015), a quien seguimos en este tramo, un ser sin interioridad, sin subjetividad: produce un cerebro “liso”. Venturoso destino que nos reserva el capitalismo, o su manera de utilizar la tecnología más glorificada de los días actuales, como lo hizo siempre con todas las tecnologías que produjo. El nuevo cerebro, que es como decir, el nuevo sapiens, no participa ni produce sentido. La singularidad humana tiende a desaparecer. Solo un organismo autorregulado, advierte Benasayag (2015:180) puede “actuar”, y el sentido de este acto no solo depende del cerebro, sino también de la situación que lo incluye. “El humano puede transformarse poco a poco en una superficie plana, transparente y previsible para los gestores económicos y políticos”. 

Finalmente, la información guardada en la máquina tampoco “esculpe” el cerebro, reemplaza la memoria, no la necesita. Agréguese que “la flexibilidad pos moderna exigida a la criatura humana, impulsa a que vivamos permanentemente en el olvido de nosotros mismos, porque todo lo que pueda surgir de nuestra singularidad corre el riesgo de trabar el mecanismo de flexibilización máxima exigido por la macroeconomía” (Benasayag, Id.:256). Cuando hablamos de imbecilización colectiva no estamos exagerando. El capitalismo digital prepara un mundo de débiles mentales que funcionen como máquinas, o como apéndices de estas. 

Para conocer el mundo, decía Hegel, es necesario apropiárselo. El mundo de que se apropia y conoce la mayoría de los seres humanos de este planeta es, para decirlo suavemente, escasamente animador. Bauman, en Retrotopía, su obra póstuma, aludiendo a la ola de decepción, frustración y pesimismo que recorre Europa, advierte que quienes se apoderan de una realidad terriblemente decepcionante, que a su vez se apodera de ellos, comienzan a idealizar el pasado, en lugar de esperanzarse con el futuro. Pero la edad de oro de ese tiempo lejano siempre fue un mito. Lo sigue siendo. 

(") Doctor en Historia y Sociedad. 18 libros publicados, algunos en Brasil y Argentina y otros sólo en Brasil. Decenas de ponencias en congresos nacionales e internacionales y centenares de artículos sobre historia y literatura. Docencia en la Argentina (UBA y Universidad del Salvador) y Brasil (Universidades de Campinas, del Estado de San Pablo y Pontificia de San Pablo). Incluido en el programa Café, Cultura Nación de la Secretaría Nacional de Cultura.

Para leer el primer fragmento del capítulo "MODELAR SERES HUMANOS": http://vagosperonistas.blogspot.com/2019/04/primer-fragmento-del-capitulo-modelar.html

Para leer el segundo fragmento del capítulo "MODELAR SERES HUMANOS": https://vagosperonistas.blogspot.com/2019/05/segundo-fragmento-del-capitulo-modelar.html

Para leer el cuarto fragmento del capítulo "Modelar Seres Humanos": http://vagosperonistas.blogspot.com/2019/06/cuarto-fragmento-del-capitulo-modelar.html

jueves, 30 de mayo de 2019

DESTRUCCIÓN DE CHINA Y GOLPE DE ESTADO EN WASHINGTON. EL FASCISMO DEL SIGLO 21 DE TRUMP, Por Heinz Dieterich(") para Vagos y Vagas Peronistas


Donald Trump






1. Trump, Bannon y la falange global 

Donald Trump, el títere más peligroso de la historia mundial --más peligroso que Hitler, porque tiene armas nucleares-- ejecuta una agenda fascista claramente definida por dos objetivos estratégicos: convertir el orden liberal de la democracia estadounidense en un régimen autoritario fascista del tipo Mussolini y destruir a la República Popular de China. A diferencia de Hitler, quién anunció los objetivos nazis abiertamente bajo su nombre en el panfleto racista Mein Kampf (Mi Lucha), Trump ejecuta y prioriza su misión de hegemonizar a las masas vía su papel de payaso en twitter y televisión. Mientras, su verdadera agenda -- servir al Gran Capital imperialista-- es desarrollada por el Lord Darth Vader de la camarilla trumpiana, Stephen Bannon. Bannon es un exoficial de la Marina de Guerra, ex investment banker y ex estratega electoral de Trump. Se auto-describe como un “orgulloso cristiano sionista” y la “plataforma global” para ampliar y unificar a los movimientos de derecha (“populistas”) en una especie de falange global. Según el presidente francés Macron, Bannon 

es un lobbyista “cercano al gobierno estadounidense”, cuyo objetivo es “desmantelar a Europa” mediante la colusión entre “nacionalistas e intereses extranjeros”. Para ser más preciso: Bannon es un empleado de Trump, con la misión de destruir a China, la Unión Europea y, posteriormente, a Rusia. 



2. En la ruta de Mussolini 

Se trata de una división social de trabajo imperial perfecta, escenificada por Washington. El gran capital mueve a su títere Trump; su spiritus rector (espíritu conductor) desarrolla el decálogo del Fascismo del Siglo 21; el payaso distrae a las masas y a los medios con idioteces y mentiras (diez mil hasta hoy, cuenta el fact checking del Washington Post); los criminales de Guerra de Centroamérica e Irak, Elliott Abrams, John Bolton y Mike Pompeo ejecutan la política imperial exterior; los capos republicanos del Congreso Mitch McConnell y Paul Ryan imponen las leyes que benefician a la plutocracia, la billionaire class de Bernie Sanders y toda la nomenclatura republicana con Fox News bloquea el juicio político (impeachment) de Trump, que es el único mecanismo institucional pre-electoral efectivo, para impedir la transición gradual hacia el Fascismo del Siglo 21. Transición gradual, que Trump procura implementar copiando la exitosa toma de poder de Mussolini, entre 1922 y 1924. 



3. Hacia el Fascismo del Siglo 21 

El programa de cambio del régimen liberal imperialista estadounidense hacia un régimen de supremacistas blancos neofascistas, ha sido definido con precisión por el cerebro estratégico de Dangerous Donald. Cuando Bannon se definió en el año electoral 2016 como un leninista, un reportero le pidió una explicación. Bannon contestó: "Lenin quería destruir el estado, y ese es mi objetivo también. Quiero que todo se derrumba y quiero destruir toda la élite (establishment) de hoy. " Dado que Bannon no quiere construir el comunismo es obvio, cuál es la fuente real de la cual bebe: Adolf Hitler. 

En un discurso posterior en la CPAC (Conservative Political Action Conference, febrero 2017), Bannon dijo que su objetivo era "deconstruir el estado administrativo" y que muchos de los incompetentes del gabinete de Trump "fueron seleccionados por una razón, y esa es la deconstrucción." A la agenda electoral de Trump la caracterizó en 2016 como “a new political order”, un nuevo orden político. Y tiene toda la razón. Con el de facto desconocimiento de la división de poderes, el ataque a los medios (enemy of the people), la gobernanza vía la mentira y la manipulación sistemática de las masas, se asemeja cada vez más a la ordine nuovo del Duce Mussolini. 



4. Destruir a China 

El 6 de mayo, 2019, Bannon publicó en el Washington Post, uno de los tres periódicos más poderosos del mundo, el artículo titulado: “Estamos en una guerra económica con China. Es inútil hacer compromisos.” Allá el neofascista pontifica sobre la inevitabilidad de la guerra con China, porque el Partido Comunista de China quiere ser el poder “hegemónico global”. Y advierte, qué aunque Trump consiga un acuerdo comercial ahora, no sería más que una tregua temporal en una “guerra económica y estratégica de larga duración con China”. 

Según Bannon son seis "entendimientos" que explican, por qué es “inútil comprometerse con este régimen”. El primero es, que China constituye la mayor amenaza de seguridad económica y nacional “que Estados Unidos ha enfrentado en su historia”. Extrañamente revela, sin embargo, que si el PCC acepta las demandas (económicas) de Estados Unidos en la actual “guerra comercial” de una manera “ejecutable”, equivaldría “al desmantelamiento legal y reglamentario del capitalismo de Estado chino”. 

El segundo entendimiento es que el conflicto comercial no trata de un posible acuerdo entre dos sistemas similares, sino de un “choque fundamental entre dos modelos económicos radicalmente diferentes”: el capitalismo industrial libre y el capitalismo de Estado proteccionista. En el cuarto entendimiento, Bannon revela el nexo entre la agresión a China y la campaña electoral estadounidense, recomendando que Trump se vuelva aún más agresivo frente a China: el presidente debe “aumentar aún más las tarifas” a las mercancías chinas, porque si no, “se expone a las críticas del Partido Demócrata”. Además, los Senadores Marco Rubio (R-FLA.) y Ted Cruz (R-Tex.) podrían aprovechar una eventual moderación de Trump, “para colocarse a su derecha en el asunto de China, lo que podría generar un desafío posterior en las elecciones primarias” para el año 2020. 

En el sexto entendimiento, el estratega de Trump deja claro, lo que entiende por “sistemas diferentes”. El mundo ahora da testimonio de “un estado totalitario que se militariza rápidamente, encarcelando a millones de personas en campos de trabajo”. Esto es historia “en tiempo real” en un mundo que es una “casa dividida, mitad esclava, mitad libre. Trump y Xi se enfrentan para inclinar la balanza en una dirección u otra. Una manera conduce a los beneficios de la libertad, la democracia y el capitalismo de libre mercado. El otro conduce a un poder totalitario y mercantilista en el capitalismo de estado con características chinas. La lucha de los Estados Unidos no es con el pueblo chino, sino con el PCC…Es más importante que nunca que Trump siga sus instintos y no suavice su postura contra la mayor amenaza existencial jamás enfrentada por Estados Unidos. " 



5. Washington, a un paso de la tiranía 

El presidente del Comité Jurídico del Parlamento --Chairman of the House Judiciary Committtee-- diputado Jerry Nadler, ha acusado a Trump, de llevar a cabo una política de “ataque a la esencia de la democracia” (8.5.2019). Nos encontramos ahora, dijo ante la televisión, “en una crisis constitucional, porque el presidente desobedece a la ley y le niega toda la información al Congreso”. Nuestra forma de gobierno fue definida por Abraham Lincoln como una República. Pero Trump está tratando de imponer “una forma de gobierno más tiránica”. No puede haber un riesgo superior que este intento de Trump de “concentrar todo el poder en el Ejecutivo, alejándolo del Congreso y de los ciudadanos. No se puede permitir que la democracia se convierta en una monarquía y Trump se convierta en Rey. El bloqueo de Trump de varias investigaciones (subpoenas) es “un intento de imposición de un poder tiránico por parte del presidente y esto no puede permitirse”. “There can be no higher stakes than this attempt to arrogate all power to the executive Branch, away from Congress and…the American people. We can not allow democracy to turn into a monarchy, where he becomes a King…Trump’s stonewalling of Congress in various investigations is an assertion of tyrannical power by the president and that cannot be allowed to stand.” 

En palabras del más alto representante legal de la Cámara de Diputados de Estados Unidos, estamos ante un prolongado golpe de Estado, que pretende convertir la democracia liberal nuclear burguesa más poderosa de la tierra en una tiranía nuclear. Es el intento, de institucionalizar el Fascismo del Siglo 21 en el Nuevo Mundo y a escala mundial. 



6. Hitler, Mussolini, Trump 

Es una idea generalizada en América Latina que Hitler y Mussolini llegaron al poder debido al apoyo popular. Esto es categóricamente falso. Ni Hitler, ni Mussolini, ni Trump llegaron al poder por la mayoría de votos, sino por la cooptación de elites gubernamentales y sociales del status quo. En rigor, por coup d´états. Los tres títeres del Gran Capital tenían apoyo popular, pero, este apoyo fue minoritario. Lo que inclinó la balanza en su favor fue la intervención golpista de sectores de las clases dominantes durante la fase crítica de la transición al totalitarismo. 

En el caso de los Nazis la responsabilidad directa recae sobre el presidente Paul von Hindenburg, representante de la reaccionaria aristocracia alemana, quién colocó a Hitler en el poder en enero de 1933, nombrándolo canciller. El mismo papel jugó en Italia el Rey Vittorio Emmanuele III, cuando el 30 de Octubre de 1922 autorizó el nombramiento de Mussolini como Primer Ministro. Trump, quién perdió las elecciones populares por 2.87 millones de votos frente a Hillary Clinton, fue impuesto por el semi-feudal Colegio Electoral (Electoral College), en colaboración con el jefe de la policía política (FBI) James Comey, y la colusión con sectores de Israel. Si Trump posteriormente atacó militarmente a Siria, trasladó la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén, amenaza ahora a destruir Irán y colabora con Netanyahu en la esclavización del pueblo palestino, no hace más que pagar su deuda electoral. Todo el circo del Partido Demócrata sobre la supuesta colusión con Putin es una cortina de humo para tapar las huellas de este contubernio. La colusión con sectores oscuros de Rusia existió en lo financiero, probablemente como lavado de dinero, como reveló el reciente reporte especial de CNN, The Trump Family Business; pero no como razón de Estado del Kremlin. 



7. Momento crítico transitorio en Washington 

Los megaproyectos geopolíticos del Gran Capital, cuya ejecución reflejan figuras como Hitler, Mussolini y Trump, tienen la misma esencia: proyectar los intereses de sus amos sobre mercados y mundos nuevos. El Tausendjaehrige Reich de Hitler (Reino milenario) debía conquistar para el capital alemán la dominación de Europa, incluido Rusia. La Gran Italia del Duce pretendía controlar el mediterráneo y partes de África. Y América First de Trump procura la dominación global de la 4ta Revolución Tecnológica por el imperialismo estadounidense. 

Los proyectos totalitarios de Hitler y Mussolini triunfaron en un primer momento, pero fracasaron finalmente, cuando trataron de vencer al mundo entero. El proyecto de los operadores de Trump triunfó en 2016. No está del todo claro, si puede ser frenado todavía por los mecanismos institucionales de la democracia liberal burguesa o si se requiere de la intervención directa de los sectores militares constitucionales de Estados Unidos para impedirlo. De lo que no queda duda es, que la política de appeasement de la cúpula republicana y de la Unión Europa le facilita el camino al Fascismo del Siglo 21 de Trump, como hicieron Hindenburg y Víctor Manuel el siglo pasado.. 



8. El Orden Mundial trumpiano y Venezuela 

El intento de instalar una tiranía en Washington es extremadamente peligroso para el orden global, porque su razón de ser es la fuerza. Al igual que Hitler, Trump trata de conseguir por la fuerza, lo que no puede conseguir con la negociación. En este intento le está quitando a la semi-civilizada selva socialdarwinista que se llama sociedad global, los últimos elementos del derecho internacional, como el Acuerdo climático de Paris, la jurisdicción de la Corte Internacional de La Haya, la cancelación del Tratado Nuclear con Irán, de los misiles intermediarios con Rusia (INF Treaty), entre otros. En pocas palabras, le quita a todos los Estados, que no son superpotencias, el derecho a resolver su destino y reduce el campo de decisores de la humanidad a sólo tres naciones con autonomía estratégica: Estados Unidos, Rusia y China. 

Ante esta realidad global es ridículo el papel que pretenden jugar Maduro y sus cómplices militares. Las elecciones, que se realizarán en Venezuela en los próximos doce meses, se deciden en Washington, Moscú y Beijing y ninguno de los actores en Venezuela podrá cambiar tal decisión. Su configuración concreta dependerá de los intereses estratégicos de las tres superpotencias en el ajedrez mundial, siendo los países débiles como Venezuela, Nicaragua, Cuba, Irán, Siria etc., relegados a ser esencialmente objetos y espectadores de la dinámica mundial. 



9. El bacalao y la carnada “negocian” 

Dentro de esta lógica del orden mundial trumpiano, por ejemplo, es perfectamente probable, que Moscú entregue a Maduro –en una forma diplomática, se entiende-- para priorizar sus intereses en Irán. La política se hace por intereses, no por personas y no cabe duda, que el valor estratégico de Irán para Rusia es inmensamente superior al de Venezuela. Y lo mismo vale para Trump y su “patio trasero”. Ambas superpotencias priorizarán el control de su retaguardia (hinterland), frente a posiciones estratégicas secundarias y militarmente indefensibles, en ultramar. Es en este contexto, que se dieron las supuestas “negociaciones” en Noruega. Maduro, sin energía, sin petróleo, sin dinero, sin masas, sin comercio internacional, sin PIB, sin credibilidad --porque las últimas elecciones democráticas libres en Venezuela fueron las de 2013 y 2015-- está más muerto que un bacalao noruego. Y Guaidó no es más que una carnada de Big Brother, sin poder propio. Entonces, ¿qué pueden negociar esas dos entelequias políticas? 



10. Ceguera de actores estatales e “izquierda global” 

Desde mediados del año 2016 era claramente previsible que apoyar a Maduro significaba apoyar a un régimen sin futuro posible. El hecho, de que las grandes burocracias diplomáticas y de inteligencia de las superpotencias, al igual que la dizque “izquierda” mundial, no supieron entender esa realidad y actuar correspondientemente, deja claro sus fallas estructurales de inteligencia cognitiva. 

Impedir la instalación de la tiranía de Trump-Bannon en Washington y del Fascismo del Siglo 21 en el sistema mundial debería ser, por lo expuesto, el objetivo supremo de la política superior de los países pequeños, como Cuba o Bolivia, y de los pueblos del mundo. Apoyar a un régimen inepto, corrupto, sin base social ni legitimidad democrática, como el de Maduro, en cambio, es como apoyar al inepto Mugabe que destruyó a Zimbabwe o a la corrupta nomenclatura del ANC, que destruye el futuro de África del Sur. Es comprarse un boleto histórico, sin retorno. 

(") Heinz Dieterich Steffan (Rotemburgo del Wumme, Alemania, 1943) es un sociólogo y analista político alemán residente en México que también es profesor-investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana. Conocido por sus posiciones de izquierda, colabora con varias publicaciones y lleva publicados más de 30 libros sobre la conflictividad latinoamericana, la sociedad global y los sucesivos paradigmas científicos e ideológicos que cruzaron al siglo, entre otras muchas cuestiones no menos complejas. Es un gran impulsor del concepto de socialismo del siglo XXI.