miércoles, 16 de diciembre de 2015

SUBSIDIO, RETENCIONES, PUEBLO, Por Federico Bernal (Fuente: Tiempo Argentino, 16/12/15)


Federico Bernal

Lograron imponer culturalmente el término "populismo energético" para descalificar la decisión política -vigente entre 2003 y 2015- de convertir a la energía en herramienta de lucha contra la pobreza a la vez que elemento estratégico para la mejora progresiva de la calidad de vida de la población y la autosuficiencia económica, industrial y productiva del país. Ahora que conocemos al flamante equipo energético de Juan José Aranguren, es un buen momento para devolverles la gentileza y comenzar a hablar de "mercadismo energético". El mercado se adueñó de la energía; el flamante Ministerio de Energía no es otra cosa que una cámara empresaria. Una vergüenza y un insostenible atentado a la seguridad jurídica del pueblo argentino, que explica la razón de fondo detrás de la eliminación de los subsidios y el consecuente e inminente tarifazo.

Una cámara empresaria como Ministerio
A continuación, el listado de los funcionarios designados por el ex CEO de Shell para hacerse cargo de la política energética de la Argentina. A propósito, el diario Clarín expresó: "Los elegidos causaron una reacción favorable en las empresas, donde se les reconoce idoneidad y experiencia" (12/12/2015). ¡Cómo no estar felices si los elegidos son todos ex directores de esas mismas empresas! Veamos ahora cómo se hizo el reparto de carteras y cargos.
- Shell al frente de la máxima dirección ejecutiva del ministerio. Su ficha es Juan José Aranguren.
- La consultora Mercados Energéticos se hará de la Secretaría de Energía Eléctrica a través de Alejandro Sruoga. Hombres que pasaron por las empresas Aires Renewables SA, BP, PAE y EDENOR serán parte de su equipo. Sruoga fue recomendado a Aranguren por el ex secretario de Energía de Menem, Carlos Bastos, a la sazón cerebro del desguace del sector público energético y responsable de la dolarización de los servicios de gas y electricidad (esquema de tarifas dolarizadas) ajustadas a la evolución de los precios en EE UU. Bastos fue además testigo para sendas empresas extranjeras en sus demandas contra el Estado argentino ante el CIADI. Sruoga es descripto así por dos diarios oficialistas: "Tuvo una activa participación como asesor durante la privatización del sector eléctrico que llevó adelante el gobierno menemista. Entre los años 1992 y 1996, se desempeñó como gerente de costos y tarifas de la distribuidora EDENOR. Luego se pasó a la actividad privada, donde trabajó como director de la consultora Mercados Energéticos" (Clarín-12/4/2001). "Es consultor nacional e internacional en regulación energética y planificación de inversiones y asesor del Consejo Federal de Energía Eléctrica..." (La Nación - 4/12/15). Acompañarán a Sruoga Sebastián Kind (ex jefe de Energías Alternativas de PAE, ex BP) y Osvaldo Rolando, ex ADDERA (analizado en el próximo punto). Por último, cabe mencionar que Sruoga fue secretario de Energía durante la floreciente administración de Fernando de la Rúa, entre abril y diciembre de 2001.
- La Asociación de Distribuidores de Energía Eléctrica de la República Argentina (ADEERA) fue galardonada con el tercer escalafón. Osvaldo Rolando, ex presidente de ADEERA (2011 a diciembre de 2015) y ex director de EDESUR, ocupará el cargo de subsecretario de Energía Térmica, Transporte y Distribución Eléctrica. Creada en 1992, ADEERA está conformada por 46 distribuidoras de energía eléctrica de origen privado, público y cooperativo (ambas dos en minoría absoluta) que en conjunto operan el 97% de la energía eléctrica consumida en el país. "El Ing. Osvaldo Rolando fue designado subsecretario en el Ministerio de Energía y Minería... ejerció diversas responsabilidades en EDESUR y ocupó durante cinco períodos consecutivos la Gerencia General de SACME (empresa que opera el sistema de A.T. de Capital y GBA)".
- La familia Bulgheroni -Pan American Energy y Axión (controlada por PAE)- fue premiada con la Secretaría de Combustibles. José Luis Sureda, flamante secretario, fue vicepresidente de Gas en Pan American Energy. El diario oficialista Perfil no nos deja mentir. Bajo el título "Aranguren incorpora en Combustibles a un ejecutivo clave del Grupo Bulgheroni" leemos que "La designación de Sureda tenía en vilo a las petroleras. Ocupará un cargo estratégico, ya que deberá definir los precios que recibirán los productores de petróleo y gas durante el año que viene. En esa lista figuran los empresarios más poderosos del establishment local, como Paolo Rocca, presidente de Techint, que opera en el mercado petrolero a través de Tecpetrol, y los hermanos Carlos y Alejandro Bulgheroni, dueños de Pan American Energy (PAE), la segunda petrolera del mercado junto con BP y la china CNOOC" (11/12/2015). El diario Clarín agrega en nota del 14 de diciembre que asesorará al secretario de Combustibles un tal "Pablo Popik, de Axion".
- La constructora IECSA, la consultora V8, el IAPG y Exxon serán decisivos en materia de Planeamiento Energético. Su máxima autoridad será Nicolás Redondo. En palabras del diario Clarín, se trata del "... titular de la consultora V8 y... ex CEO de Esso [Exxon] en El Salvador. Los subsecretarios bajo su órbita son: Mauricio Roitman -jefe de consultoría de Negocios en Energy Consulting, con maestría en Economía en la Universidad de Surrey (Reino Unido)-, Andrea Heins -socia del Instituto Argentino de Petróleo y Gas (IAPG) y autora de papers sobre el petróleo crudo- y Alberto Brusco, un ex IECSA". ¿Y qué es IECSA? La Nación, obligado por una jugada magistral del ex ministro de Planificación Federal, nos recuerda de qué hablamos: "IECSA, la ex constructora de Franco Macri, que éste... vendió después a su sobrino Ángelo Calcaterra" (19/12/2015). Propiedad transitiva: Ángelo, primo del Presidente de la Nación.
- Compass Lexecon y la Fundación Mediterránea al frente de la subsecretaria de Política Tarifaria. El funcionario elegido es el economista Andrés Chambouleyron, doctorado por la Universidad de Texas e integrante de los equipos técnicos de la Fundación Mediterránea en los noventa. En 2001, asesoró además al ministerio de Economía (Cavallo y/o López Murphy). ¿Y qué es Compass Lexecon? Se trata de una de las más prestigiosas firmas de abogados de EE UU, especializada en brindar servicios a corporaciones financieras, compañías multinacionales y fondos buitre. Chambouleyron -en calidad de especialista "argentino" y emulando a Daniel Montamat y Carlos Bastos- ofició de perito para más de cinco diferentes empresas (francesas, italianas, estadounidenses, españolas, etc.) en sus respetivos juicios contra el Estado nacional ante el CIADI, años 2004 y 2009, sectores eléctrico y gasífero, telecomunicaciones y agua y saneamiento.
- La consultora de Daniel Montamat (ex secretario de Energía de Fernando de la Rúa y testigo para El Paso Energy en su juicio al Estado nacional ante el CIADI) influenciará las políticas emanadas de la subsecretaría de Coordinación Administrativa. La firma estará representada por Sebastián Scheimberg, integrante de la Fundación Pensar.
- Como presidente del Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE) asumirá un ex EDESUR y EDENOR. Se trata de Juan Garade, dueño además de su propia consultora. Por su parte, al Ente Nacional Regulador del Gas (ENARGAS) iría Daniel Perrone, director de Asuntos Institucionales de Transportadora de Gas del Sur (TGS).
- Finalmente y en YPF desembarcaría Jorge Ferioli, el actual número uno de Chevron Argentina (recordemos sociedad estratégica YPF-Chevron en Vaca Muerta). Aparentemente el remplazo de Miguel Galuccio se llevaría a cabo en los próximos meses. Esta jugada explica que por estos días Aranguren haya comunicado que YPF seguirá en poder del Estado. ¿Qué necesidad de privatizarla? A ENARSA iría un ex Axion (familia Bulgheroni). Hugo Balboa, es su nombre.

Subsidios, retenciones, pueblo y jaque
Al frente de los ministerios y del Poder Ejecutivo Nacional, el sector privado nacional y multinacional, concentrado, corporativista y conservador, todo bajo administración macrista, a su vez sometido a gobiernos extranjeros. Sus técnicos en posición, listos para comenzar a trabajar por una brutal transferencia de riquezas, rentas y recursos como no recuerde la historia. Su dirección es salvajemente reaccionaria: desde las clases populares, desde un mercado interno en expansión, una obra pública generadora de desarrollo económico, inclusión social y federalismo genuino, una industria y una producción doméstica pujantes, un sector comercial igualmente próspero, una ciencia y una tecnología pueblo-céntricas, etc.; en fin, desde todos estos sectores a unas muy pocas y elitistas manos. El ajuste energético a través del tarifazo gasífero y eléctrico en ciernes, consecuencia de la eliminación de los más de 130.000 millones de pesos en subsidios (a todo nivel), en un contexto devaluatorio, ahondado por la alineación de los precios de los alimentos a los internacionales producto de la eliminación de las retenciones, el nuevo endeudamiento externo, la liberalización de las importaciones, el impuestazo "de la alegría" y el acuerdo con los buitres pondrá en jaque al pueblo argentino. El nivel de organización, movilización y rechazo popular a las políticas neoliberales es lo único que evitará que el jaque ya decretado termine en jaque mate. «

lunes, 14 de diciembre de 2015

EL ARTE DEL NOMEACUERDO, Por Horacio Verbitsky (Fuente: Página12, 13/12/15)

El discurso inaugural alerta contra la tentación de subestimar a Macrì. No sólo construyó un partido nuevo y sostuvo los liderazgos que le permitieron controlar el Poder Ejecutivo nacional, bonaerense y porteño. También se presenta como deportista y adalid de la honestidad, dejando en las sombras su carácter de hombre de negocios dudosos con el Estado, que les costó la carrera a varios de sus socios, desde Rousselot hasta Boggiano. Su viaje a Brasil, para reactivar los negocios de la famiglia


El primer olvido del presidente Maurizio Macrì fue la Patria, en la fórmula de su juramento, limitado a Dios, la honestidad y los libros sagrados. En correspondencia, se pronunció ante la Asamblea Legislativa por “un nacionalismo más sano”, frase trunca por la falta del término de comparación. ¿Más sano que cuál? La misma discreción tuvo su promesa de sostener “todos nuestros reclamos soberanos”, que tampoco especificó, “sin que eso impida un normal relacionamiento con todos los países del mundo”. No parece el estilo de Susana Malcorra enviar ositos a los kelpers, pero es obvio que las Malvinas se perderán en las últimas páginas de la agenda, en línea con la célebre declaración de Macrì a este diario, cuando dijo que un país tan grande no necesita sumar el déficit adicional que implicaría la recuperación de las islas. El mal de la Argentina es la extensión, como decía Sarmiento y ridiculizaba Jauretche. Tampoco parece quedar espacio para la reivindicación contra las deformidades del sistema financiero internacional sobre la que giró la política exterior argentina en los últimos años. De hecho, el master Daniel Pollack ya recibió a un enviado oficial para discutir cómo se cumplirá el inaceptable fallo del juez de Wall Street Thomas Griesa. Peor aún, en su diálogo telefónico con Barack Obama, Macrì compró completo el breviario estadounidense para las relaciones con Subamérica: colaboración contra “el extremismo violento”, el narcotráfico, que según Malcorra sería “uno de los grandes temas de la agenda latinoamericana”, el cambio climático y “la agenda comercial y económica”. Mientras en todo el mundo se hace evidente que los bombardeos aéreos lejos de acabar con el terrorismo fundamentalista son su mejor cartilla de reclutamiento, incluso entre europeos y estadounidenses nativos, el gobierno de PRO se dispone a poner de nuevo al país en esa mira tremenda, como ya ocurrió dos décadas atrás.

Al dirigirse a los presidentes vecinos que lo escuchaban en la Asamblea Legislativa, el presidente dijo que creía “en la unidad y la cooperación de América Latina y del mundo”, colocando todas las relaciones en un mismo plano. No basta un picado con Evo para compensar tal indiferenciación, sobre todo cuando su ministra de Relaciones Exteriores comienza por decir que “el ALCA no es mala palabra” y Macrì acuerda con los empresarios paulistas apurar el tratado de libre comercio Mercosur-Unión Europea. Lo mismo que en su anunciado “apoyo a la justicia independiente”, en esas definiciones estaba implícita la referencia al gobierno que había concluido doce horas antes. Con la misma intención, sus voceros habían anunciado que el discurso inaugural no insumiría más de media hora, cuando el último de CFK ante la misma audiencia institucional, en marzo de este año, duró seis veces más.
Galería de espejos

Esa interpretación contrastante se multiplicó como en una galería de espejos en los análisis políticos de los medios que celebran el cambio como una cuestión de interés propio. Para eso son las columnas de opinión. Lo objetable está en los espacios informativos, que escamotearon la realidad de los hechos, con tal de despedir con abucheos adjetivos a la ex presidente. Pasaron por alto que al salir de la reunión posterior a la segunda vuelta, Macrì dijo que había acordado en forma cordial con Cristina los detalles de la transmisión del mando que sería, “como corresponde”, en el Congreso. Pero en la quincena transcurrida desde ese 25 de noviembre, cambió de idea, en buena medida por recomendación de un amigo peronista de toda la vida y de los aliados radicales, explicitada en la frase de su nuevo jefe, el intendente santafesino José Corral, de “no ceder a los caprichos de Cristina”. Se trataba de hacer una demostración de fuerza, que en realidad es de aprensión.

Como en los años de la guerra fría, cuando las dos superpotencias presentaban en forma caricaturesca al adversario y luego actuaban como si esa deformidad fuera un retrato hiperrealista, el nuevo presidente temía un abucheo, de La Cámpora en los palcos del Congreso y de una multitud kirchnerista en el trayecto a la casa de gobierno. El prejuicio, como la neurosis, es inmune a los datos de la realidad. Que el gobierno saliente cediera todas las entradas para la Asamblea Legislativa, que acordara lugares separados para cada fuerza en las calles y que ofreciera dejar el bastón y la banda en el Congreso no fue suficiente. Sin siquiera previo aviso Macrì recurrió a la Justicia para obturar el consenso y el diálogo que pondera de palabra. Lo hizo patrocinado por su amigo de toda la vida José Torello y por el abogado del Grupo Clarín y responsable de la fuerza de choque de la UCEP para el desalojo de indigentes del espacio público porteño, Fabián Rodríguez Simón. El disparate resultante refleja el desquicio que se instaló en estos años, a partir de la caprichosa relectura constitucional de Ricardo Lorenzetti, el primer presidente de la Corte Suprema en advertir que la división de poderes podía violarse también en el sentido opuesto al tradicional si antes se robustecía la autoconciencia corporativa del poder teóricamente más débil, sin bolsa y sin espada, según el anacronismo tradicional. Por si la medida cautelar no llegaba a tiempo, el Poder Ejecutivo había acordado con Lorenzetti que el presidente de la Corte encabezaría la ceremonia en el Salón Blanco. Primero Jorge Di Lello y luego la jueza María Servini supusieron que los constituyentes fueron tan estultos como para disponer en cada traspaso doce horas de aplicación de la ley de acefalía y decidieron sustituirlos, creando un asombroso frangollo institucional. Con funcionarios así, ¿quién necesita jueces o fiscales macristas?

Este episodio no pareció de 2015 sino de 2001/2002, y el recordatorio fue completo con la presencia frente al estrado de cuatro de los seudopresidentes de aquellos días amargos: Fernando de la Rúa y los senadores Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá y Eduardo Duhalde. Para que comenzara a oírse la música de fondo de entonces, que comenzaba con el estribillo “Que se vayan todos”, sólo faltaban los más astutos Carlos Menem y Eduardo Camaño. Quedó más que claro por qué CFK no tenía nada que hacer en ese rancio revoltijo. Otro que estaba fuera de lugar era Lorenzetti, pero no se daba cuenta. La insondable vanidad le dibujaba una incontenible sonrisa en los labios, prólogo del beso y el abrazo con el nuevo presidente, como si fuera uno más del gabinete de los CEO que juraría más tarde entre chanzas de estudiantina en el bellísimo Museo del Bicentenario, otro de los legados de una década impar. La imagen de neutralidad que conviene a Lorenzetti no se beneficia con el nombramiento del secretario letrado de la Corte, Gonzalo Cané, como secretario de Cooperación con el Poder Judicial de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Es curioso que el forcejeo protocolar no haya sido analizado más allá de su costado risueño, que se tornó desopilante con la aparición de un segundo y de un tercer bastón, la pugna entre los plateros Pallarols padre e hijo y la amenaza de depositar las insignias al pie del ícono lujanero. El empecinamiento oficialista por eludir al Congreso, donde su representación es parva, y llevar la ceremonia al fuerte gubernativo, bajo la mirada aprobatoria de Lorenzetti, transmite un mensaje simbólico: ése será el eje sobre el que girará el gobierno cuando concluyan los fandangos y rigodones con los ex candidatos presidenciales. La primera demostración fue el decreto de necesidad y urgencia para modificar la ley más debatida y con mayor respaldo social de la historia argentina, que regula los servicios de comunicación audiovisual, y la de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones.
Del rosa al amarillo

Después de escuchar a Macrì se comprende la brevedad: el sentido de sus políticas nunca estará cifrado en las palabras, que utiliza para velar y no para traslucir actos e intenciones: un océano de buenas intenciones y generalidades con las que nadie puede disentir y ni una palabra sobre las políticas concretas que conducirían a ese reiterado vivir mejor, como si bastara con desearlo. Si algo debe reconocerse al flamante jefe supremo de la Confederación Argentina es la congruencia entre su primer mensaje y las consignas de la campaña que lo llevó a esa posición: nada por aquí, nada por allí. Después de tantos años en los que el Poder Ejecutivo explicaba en detalle el sentido y las consecuencias de cada medida de gobierno, no hay dudas de que existe ahora “una visión nueva de la política”. El contraste fue patente en la media jornada transcurrida desde que Cristina se convirtió en calabaza y Macrì y Michetti mostraron el uso no convencional que su gobierno puede darle al balcón de Perón y de Evita, al que nunca osaron asomarse Kirchner ni su esposa. Nunca antes en la historia argentina un gobernante fue despedido por semejante muchedumbre. Las cifras son siempre discutibles, pero hay que remontarse muchas décadas hacia atrás para encontrar una concentración al mismo tiempo tan abigarrada y tan extensa, más propia de una inauguración que de una clausura y tan poblada de jóvenes. La desconcentración insumió más de una hora desde los fuegos artificiales y el saludo final de la ex presidente. Al día siguiente, sólo un tercio de plaza bien tupida, con mayoría racial, recibió a Macrì. El discurso de Cristina fue un repaso circunstanciado de las transformaciones que realizó su gobierno y un mensaje nítido para quien la sucede: están todas las condiciones dadas para que lo haga mejor aún. Lo reconoció incluso el nuevo ministro de Hacienda y Finanzas, Adolfo de Prat Gay, quien dijo que “la Argentina está en buenas condiciones”, sin urgencias. “Nos dejan una herencia complicada pero no se compara con otros momentos del país”. CFK dijo que podía mirar a los ojos a los 42 millones de argentinos y los instó que cada uno “tome su bandera y sepa que él es el dirigente de su destino y el constructor de su vida, que esto es lo más grande que le he dado al pueblo argentino: el empoderamiento popular, el empoderamiento ciudadano, el empoderamiento de las libertades, el empoderamiento de los derechos”. Un mensaje político e ideológico.

Macrì planteó “tres ideas centrales: pobreza cero, derrotar el narcotráfico y unir a los argentinos”. Agregó luego una “intención básica: combatir la corrupción” y “otro pilar de su gobierno”: revolucionar la educación pública. Esa es la agenda que reitera sin pausa el Papa Bergoglio, con quien Macrì intenta mejorar la relación. A eso apuntó también la ceremonia religiosa que pidió al cardenal Mario Poli al iniciar su mandato y la designación en la Sedronar del ex subsecretario de Salud Mental y Abordaje de las Adicciones de La Pampa, Roberto Moro. Según el diario pampeano La Arena, quien lo propuso fue Poli, quien entre 2008 y 2013 estuvo al frente de la diócesis de Santa Rosa. Este nombramiento no fue consultado con el Frente Pampeano que integró PRO. Uno de sus dirigentes, el diputado provincial socialista Luis Solana, se quejó por la designación de quien integró “el peor equipo de salud que tuvo La Pampa”, lo cual “demuestra que a veces el rango no está en función del mérito”. Si Moro fuera sólo inepto, sería un alivio ante la candidatura que no prosperó del ex vocero de Eduardo Duhalde, Eduardo Amadeo.

Además Macrì prometió decir siempre la verdad y universalizar la protección social a todos los chicos. Como este es uno de los saldos menos discutibles de la gestión anterior, la mera afirmación quebranta la promesa que la precede. Otro punto que intentó enfatizar fue que el país “no está dividido” y que pasadas las elecciones “todos debemos unirnos”. También se comprometió a cuidar desde el Estado a los que menos tienen y convocó “al arte del acuerdo”. Sólo le faltó decir que para un argentino no hay nada mejor que otro argentino, como el Perón del 73. Pero aquel presidente volvía después de 18 años de proscripción y exilio forzoso a un país devastado por las dictaduras. Regresó a la presidencia con el mayor porcentaje de votos de la historia nacional y estaba dispuesto a sacrificar muchos puntos de su programa histórico en aras de una concordia tan necesaria como improbable. Macrì obtuvo apenas unas décimas por encima de los dos puntos porcentuales de ventaja sobre un gobierno de doce años, que no pudo presentar por restricciones constitucionales su candidatura natural y que le deja la mejor situación socioeconómica que haya recibido cualquier presidente de la democracia argenta. Pese a ello ha constituido un gabinete económico fundamentalista y corporativo, cuyas políticas conducen a la confrontación que el discurso rechaza. Si los hechos también tienen algo que decir, durante su administración porteña no mostró inclinación por el arte del acuerdo: Macrì fue el gobernador que más leyes vetó en el país y Cristina la presidente que menos vetos y decretos de necesidad y urgencia firmó. Es imaginable el asombro de las generaciones futuras y la dificultad que tendrán para entender cómo una presidente tan respetuosa de los límites políticos e institucionales de su poder pudo ser vilipendiada como autoritaria y caprichosa en los términos soeces que se hicieron comunes en estos años. Tampoco es un hecho menor que Macrì haya sido el primer presidente que asume el cargo con una grave cuenta pendiente, en la causa por las escuchas ilegales en la que está procesado por el juez Sebastián Casanello, y que tratará de saldar con ayuda del ahora denominado fiscal independiente Jorge Di Lello.

Un exceso de retórica

Subestimar a Macrì sería un error grave. Pese a su torpeza expresiva y a la chatura conceptual de sus mensajes, ha sido capaz de construir una carrera política que lo llevó en pocos años desde la empresa familiar a la presidencia. Para ello creó un partido político nuevo, que reclutó su personal en las universidades privadas, las empresas y las ONG y reemplazó los modos de la militancia y la comunicación. La Universidad Católica se jactó de que Macrì y de sus principales colaboradores son egresados de sus carreras (Ricardo Buryaile, Ricardo Negri, Alfonso de Prat Gay, Pedro Lacoste, Germán Garavano, Santiago Otamendi, Andrés Ibarra, Guillermo Dietrich, María Eugenia Vidal, Ramiro Tagliaferro y Javier Ortiz Batalla). “Y después dicen que la Universidad Torcuato Di Tella copó el gobierno”, dice un profesor de la UTDT.

En el último año Macrì mostró además un carácter que no se le conocía, cuando se jugó a todo o nada detrás de Horacio Rodríguez Larreta en la interna porteña y de María Eugenia Vidal en la elección general bonaerense, claves de su éxito en la contienda presidencial. No subestimarlo pero tampoco tomar al pie de la letra sus palabras. Su primera ciudadanía es la del país del no me acuerdo. En su discurso ante el Congreso, dijo que tanto “en el deporte” como en el gobierno porteño había formado buenos equipos, pero con notable prudencia, omitió cualquier mención a su actividad principal, como hombre de negocios dudosos con el Estado.

Su anunciado programa Pobreza Cero es en primer lugar un exceso de retórica. Pobreza Cero no hay en ningún lugar del mundo y nadie siquiera se la propone. El cotejo con lo sucedido durante su gobierno porteño es elocuente. La pobreza se redujo en todo el país, pero en la Ciudad Autónoma en menor proporción, pese a que es la más rica del país. Según el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz, entre 2003 y 2014, en el Área Metropolitana de Buenos Aires salieron de la pobreza 27 de cada 100 habitantes y de la indigencia 15 de cada 100. Pero este promedio se descompone entre los datos de la Ciudad Autónoma y los de los partidos del Gran Buenos Aires que integran el AMBA, y ahí se aprecian las diferencias. Mientras dejaron de ser pobres 32 de cada 100 bonaerenses del conurbano, en la Capital esta buena noticia sólo alcanzó a 13 de cada 100. Respecto de la indigencia, la reducción en el Gran Buenos Aires benefició a 15 de cada 100, y en la Ciudad a 4 de cada 100. El desempleo en la Ciudad también es más elevado que el promedio nacional y la cantidad de población en villas de emergencia se incrementó un 50 por ciento. La revolución educativa que se produjo en estos años en la CABA consistió en la subejecución del presupuesto votado por la Legislatura y la derivación de recursos de la educación pública a la privada. También se incrementó la mortalidad infantil, mientras descendía en el resto del país.
Bromas de mal gusto

Tanto el alegado combate contra la corrupción como las promesas de honestidad y sinceridad parecen una broma de mal gusto. Durante la campaña electoral, Macrì dijo que le había pedido a su amigo y socio Nicolás Caputo que no licitara una sola obra en la Ciudad y que las que terminó eran las licitadas cuando el jefe de gobierno era Jorge Telerman. Es un deliberado engaño: no ganó licitaciones Caputo S.A. pero sí SES SA, en la que el testigo de boda de Macrì tiene la mitad de las acciones y cuyos contratos con el gobierno porteño se multiplicaron por diez. El ex diputado bonaerense de la Coalición Cívica Libertadora, Walter Martello, reprodujo una frase significativa del balance del Grupo Caputo: “Se aguarda para el 2015 una solución rápida del conflicto con los holdouts que permita revertir la actual tendencia negativa en el nivel de actividad”. Martello sostiene que Caputo le aconsejó a Macrì pagar a los fondos buitre todo lo que ordenara Griesa porque tenía entonces en ejecución una cartera de obras para la Ciudad y la Nación por 1500 millones de pesos. Desde que asumió en 2007, el gobierno de Macrì en la CABA acumuló más de doscientas denuncias por delitos tan variados como estafa, asociación ilícita, abuso de autoridad, violación de deberes de funcionario público, enriquecimiento ilícito, falsificación de documentos públicos, amenazas, abandono de personas, omisión maliciosa y falsedad ideológica en su declaración jurada patrimonial ante la Oficina Anticorrupción, lavado de activos y peculado. Así como Sebastián Piñera aprovechaba cada contacto bilateral con CFK para plantear los reclamos de la línea aérea LAN en la Argentina, Macrì utilizó su primer encuentro con Dilma Rousseff para solicitar que se reviviera el crédito del banco brasileño de desarrollo para el soterramiento del Ferrocarril Sarmiento. Piñera era el principal accionista de LAN y aunque había colocado esas acciones en un fideicomiso, seguía gestionando a favor de la compañía chileno-estadounidense. Del mismo modo, Macrì tiene interés directo en las obras del Sarmiento, que están a cargo de un consorcio integrado por la constructora brasileña Odebrecht, la española Comsa, la italiana Ghella y la argentina Iecsa. Las dos últimas forman parte del grupo que conduce el nuevo jefe de la famiglia Macrì, el primo Angelo Calcaterra, hijo de la hermana de Franco y Tonino Macrì, María Pía

EL MENSAJE DEL DIABLO, Por Horacio Verbitsky (Fuente: Página12, 13/12/15)


Carlos Manfroni

Patricia Bullrich designó en la subsecretaría de articulación legislativa del ministerio de seguridad a Carlos Manfroni, quien dirige una Fundación de Etica Pública y un curso en la Universidad Católica auspiciado por la embajada de Estados Unidos sobre reglas contra la corrupción, es columnista del diario La Nación, reclama mano dura por la “hiperinflación de inseguridad”, objeta el criterio de la Corte Suprema sobre los crímenes de lesa humanidad y participa en las actividades del servicio de información de la embajada de los Estados Unidos, USIS. Durante la dictadura militar fue columnista en el mensuario surrealista Cabildo. Por la Nación contra el caos. Estas son algunas de sus opiniones, publicadas allí:

- La democracia y la libertad son productos de la hedionda Revolución Francesa, que para peor también fabricó el amor a la Humanidad, puro onanismo intelectual.

- Es una herejía pensar que la autoridad suba de abajo hacia arriba, mientras que, en la organización de la Iglesia, el poder desciende de arriba hacia abajo.

- El progresismo es un infeccioso mal.

- El materialista pueblo judío instruye a los hijos de Sión para consquistar el poder. El progresismo lleva el estigma del temporalismo judaico y masónico.

- La música rock es el movimiento “artístico” más subversivo, anticristiano, antimetafísico y contracultural de todos los tiempos.

- El ritmo destemplado exacerba las pasiones contra el espíritu y crea un estado hipnótico en este lavado cerebral.

- Toda deformación de la cultura debe ser considerada subversiva y, como tal, erradicada.

- La “filosofía” del rock conduce al deseo desesperado de la muerte e induce al suicidio, como lo demuestran las letras de las canciones de Charly García, Spinetta y Moris. Ofrece la posibilidad de convertirse en un animal o un marica.

- El rock es anticristiano y transmite mensajes satánicos, que pueden escucharse cuando se pasan al revés ciertas canciones, como “Congratulations” de Pink Floyd. El mensaje secreto del diablo dice “comunícate con el viejo”.

- Uno de los máximos exponentes de satanismo es el grupo Kiss, cuyos integrantes se maquillan de una manera diabólica. “Todos ellos, como tantos otros, son homosexuales y drogadictos.”

Lo que no encontré fue ningún artículo de Manfroni sobre Freddie Mercury y el grupo Queen.

"PERSECUCIÓN IDEOLÓGICA", (Fuente: Página 12, 14/12/15), Este suelto aparecido en Página, no hace más que confirmar quien es Manfroni, un simpatizante todo servicio, de los Estados Unidos de América.


Carlos Manfroni,  y su amiga la embajada de Estados Unidos

El gremio ATE denunció persecución ideológica por parte de funcionarios del Ministerio de Seguridad, que conduce Patricia Bullrich. En una carta dirigida a la ministra, indicaron que el viernes “funcionarios de esa gestión, en forma absolutamente persecutoria y discriminatoria, han solicitado la filiación política, ideológica y sindical de los trabajadores del ministerio”. Si bien el comunicado no da nombres, este diario pudo saber que el funcionario que estuvo haciendo esos interrogatorios sería el subsecretario de Articulación Legislativa, Carlos Manfroni, autor de libros como Las víctimas civiles del terrorismo guerrillero. ATE reclamó a Bullrich el cese de “la arbitraria y persecutoria actitud”.

LA PUGNA ANTÁRTICA, Reportaje, por Julián Varsavsky, al historiador Pablo Fontana (Fuente Pagina12, 14/12/15)




Más allá de sus moles de hielo y la presencia de científicos, la Antártida tiene un costado menos conocido: su historia como engranaje de la geopolítica mundial. Hubo allí hasta una revolución bolchevique. Los nazis enviaron buques corsarios. Y el gobierno británico “donó” a la reina un pedazo del sector argentino.

Pablo Fontana publicó un reciente libro sobre la historia del sexto continente como teatro de operaciones y caja de resonancia de la geopolítica global, donde los nazis mandaron buques corsarios en la Segunda Guerra Mundial, se disputó la Guerra Fría y el conflicto angloargentino incluyó toma de prisioneros y disparos de metralla. Una insólita “Revolución Bolchevique”, la Antártida como ensayo para la colonización de Marte y su hipotética futura explotación.

–¿Qué llevó al hombre a querer colonizar el sexto continente?

–Ya en la época del Virreinato del Río de la Plata, a comienzos del siglo XIX, comenzaron a ir barcos rioplatenses a aguas subantárticas a cazar focas a palazos. Como esos barcos no querían competencia, no dejaban registros de sus viajes y por eso los historiadores no tenemos certezas documentadas. Pero existe un registro de 1818 de un barco que zarpó de Buenos Aires hacia aguas que iban “más allá de Tierra del Fuego”.

–Los norteamericanos, que hoy tienen las bases más grandes del continente blanco, se atribuyen su descubrimiento y usan ese argumento para reservarse el derecho a reclamar todo el continente.

–Nathaniel Palmer, un capitán ballenero norteamericano, llegó a las islas Shetland en 1820 y por eso algunos lo llaman “el descubridor de la Antártida”. Pero en su diario, Palmer relata que llegó persiguiendo a unos foqueros de Buenos Aires que habían estado allí antes.

–La primera explotación sistemática la hizo un encumbrado miembro de la oligarquía porteña: Ernesto Tornquist, quien instaló una factoría ballenera en la Isla Georgia del Sur en 1904.

–Fue la estación Grytviken de la Compañía Argentina de Pesca, que llegó a tener cine, iglesia, cancha de fútbol, hospital y cementerio. Producía mil barriles diarios de aceite. En 1906 comenzaron allí los conflictos con el Reino Unido, al llegar un buque de guerra británico que obligó a bajar la bandera argentina en la factoría, izar la del Reino Unido y pagar impuestos a la Corona. Según algunas versiones, esto habría ocurrido con los cañones ingleses apuntando a la isla (otras lo desmienten).

–En 1920 ocurrió en la estación Grytviken una insólita “Revolución Bolchevique”. La segunda revolución socialista de la historia es considerada la de Mongolia en 1924. Pero si se la mira desde la formal autoproclamación de sus protagonistas, la segunda ocurrió en la Antártida, teóricamente en territorio argentino.

–Esa historia es impresionante y se sabe poco de ella. Solicité documentos al archivo histórico en Puerto Argentino, donde se explica que el conflicto con la Compañía Argentina de Pesca se originó porque los trabajadores exigían que les pagaran en moneda argentina, entre otras mejoras. Al no recibir respuesta, decidieron nada menos que tomar el poder en la isla, declarándose “bolcheviques”, y proclamaron “la primera república socialista fuera de Rusia”. Tomar el poder en ese contexto para los 200 trabajadores no debe haber sido muy difícil. Allí había un gerente noruego y una autoridad británica –una suerte de juez de paz– quienes dejaron testimonio de haberse asustado mucho cuando los trabajadores se pusieron violentos al no recibir respuestas. El poder lo tuvieron por unos diez días, hasta que llegó por casualidad un crucero de guerra británico. Enterados de la situación, desembarcaron los marines y sofocaron la rebelión: los líderes fueron expulsados a Buenos Aires. No existe información clara sobre quienes fueron, si trabajadores rusos o sudamericanos. Lo más interesante es que esto ocurrió poco después de la Semana Trágica en Buenos Aires y poco antes de la Patagonia Rebelde. Contacté a historiadores noruegos de la industria ballenera que me van a facilitar los nombres de aquellos huelguistas, a ver si alguno tuvo participación en las luchas obreras del continente y si existe relación entre los tres episodios.

–En 1938 entró a mover sus fichas en Antártida nada menos que el Tercer Reich desde Alemania.

–Esto se dio en el contexto de la convocatoria en 1938 a la Conferencia Polar Internacional de Bergen, a realizarse en 1940, en la que se reunirían los países con historia antártica motivados principalmente por la industria ballenera. Muchos países reactivaron entonces sus reclamos de soberanía, para no tener que pagarle más impuestos a Inglaterra por cazar ballenas. Argentina y Chile crearon sus comisiones antárticas y los británicos se activaron luego de su impasse de la Primera Guerra Mundial: hasta ese momento, Argentina era el único país con presencia permanente desde hacía 40 años en Antártida, con el observatorio meteorológico en las islas Orcadas del Sur. Mientras tanto, Alemania había anexado Austria y se sentía en el aire que podía estallar una nueva guerra mundial, algo que Francia e Inglaterra trataban de frenar contentando a Hitler al aceptar sus primeras invasiones. En este contexto, Alemania envió su expedición de 1938/39 para sentar soberanía.

–¿Cómo fue esa expedición?

–Hitler envió un barco catapulta con dos hidroaviones de Lufthansa, disfrazado de expedición científica con el interés de anexar parte de la Antártida y no tener que pagar impuestos balleneros a Noruega y Gran Bretaña.

–¿Qué hicieron los nazis en Antártida?

–El capitán Ritscher hizo lanzar desde los hidro aviones unas jabalinas que se dejaban caer por un orificio en el piso. Estás tenían una esvástica estampada y una de ellas una bandera nazi. De esa manera pretendían demarcar su propio terreno, algo que no servía para nada porque las jabalinas se perdían. Existen relatos alemanes de cuando amerizaban con hidroaviones y le hacían el saludo nazi a los pingüinos. Pero el interés geopolítico iba aun más allá de las ballenas en el caso alemán. Los canales de Suez y Panamá eran controlados por los Aliados y el único cruce seguro para ellos entre los océanos, en caso de guerra, sería por aguas subantárticas, donde sus islas servirían como centro de reabastecimiento.

–La llegada de los nazis despertaría el interés de Estados Unidos en la región.

–Ese país no había hecho una sola expedición oficial antártica en los últimos 100 años. Cuando se enteraron de la llegada de los nazis, Roosevelt organizó en 1939 una de urgencia para ganarles de mano, instalando dos bases en el mismo lugar en donde aquellos habían planeado una.
Pablo Fontana, historiador


–¿Antártida fue teatro de operaciones de enfrentamientos en la Segunda Guerra Mundial?

–En aguas subantárticas aparecieron varios de los barcos corsarios que los nazis mandaron por el mundo disfrazados con banderas de otros países y sus armas ocultas. El episodio más impresionante fue la captura por parte del barco alemán Pinguin de dos flotas balleneras completas de bandera noruega. El 13 de enero de 1941, luego de varios días observando a los noruegos desde la distancia, el Pinguin se acercó a toda máquina en la noche con las luces apagadas, hasta que de repente encendieron un reflector y elevaron sus cañones. Los alemanes subieron a la cubierta de los dos barcos principales noruegos, los cuales entregaron el mando. Así los nazis se hicieron con 20.000 toneladas de aceite, 10.000 de combustible y llevaron los barcos balleneros, más otros once arponeros, a Francia para transformarlos en caza submarinos.

–Ese fue un golpe que se hizo sentir entre los Aliados.

–Inglaterra comenzó a patrullar la zona y a partir de ese episodio destruyeron a cañonazos y dinamita la factoría ballenera de la isla Decepción, por miedo a que cayera en manos nazis. Además, los australianos minaron los puertos de las Islas Kerguelen, donde los alemanes se habían abastecido. Muchas de esas minas permanecen allí hasta hoy.

–Todo esto derivó en la Operación Tabarín de los ingleses en 1944.

–En plena guerra, el parlamento inglés analizó en secreto el avance argentino en Antártida y reaccionaron bajo el análisis de que, si no hacían nada en la zona, terminaría pasando lo mismo que en las Orcadas del Sur, donde flameaba la bandera argentina desde hacía 40 años, eliminando todo argumento inglés de soberanía. Entonces organizaron la expedición de 1944, que instaló sus dos primeras bases permanentes. La excusa fue que la operación era contra los alemanes, algo que no era creíble ya que los corsarios se habían ido de la zona en 1941: en verdad fue contra el avance argentino, algo que se comprobó cuando se desclasificaron los documentos de los diálogos en el parlamento inglés.

–Es notable cómo, en plena Segunda Guerra Mundial, la corona inglesa no dejó de pensar un instante en términos de imperio global, cuidando sus “conquistas”así sea en el fin del mundo, cuando uno se imagina que debían tener otras urgencias.

–Así funciona la lógica de la geopolítica imperial.

–La respuesta a la operación Tabarín la daría Perón.

–En 1947 Perón instaló dos nuevos destacamentos navales, los primeros después de 43 años: uno en Melchior y otro en la pequeña isla Decepción, que tiene forma de herradura, enfrentado a una base británica. Así el ambiente comenzó a caldearse con protestas diplomáticas. La corona inglesa reaccionó enviando dos fragatas a controlar a los argentinos y Perón envió en 1948 a su flota de mar a las islas Shetland: dos cruceros, ocho destructores y buques de transporte instalados frente al destacamento británico. La alarma se encendió en el gobierno británico, que envió de urgencia un crucero de guerra que tenía en Sudáfrica junto con otras fragatas. Pero cuando llegaron los ingleses, los buques argentinos ya se habían retirado y se encontraron con su destacamento naval. Así se generó una escalada con demostracionesde fuerza, un proceso que preocupó al gobierno norteamericano, temiendo el estallido de una guerra entre Argentina y el Reino Unido. Esta crisis se descomprimió con la firma de un acuerdo tripartito entre Argentina, Chile y el Reino Unido en el que se comprometían a no enviar a la zona buques de guerra mayores a una fragata.

–La calma duró hasta que los laboristas perdieron el poder en Inglaterra y regresó Churchill, un fuerte enemigo de Perón.

–En 1952 llegó desde las Malvinas un buque británico a instalar una base en Bahía Esperanza, donde Argentina tenía un destacamento. Los argentinos les advirtieron que no desembarcaran pero los ingleses lo hicieron. Entonces un marino argentino hizo disparos de ametralladora al aire u ocasionó la retirada en bote de los recién llegados, que dejaron parte de su carga en la costa. Esto produjo un intercambio diplomático muy fuerte entre los dos países, que se saldó cuando Argentina alegó que el marino había disparado malinterpretando las órdenes. Pero documentos desclasificados de la Cancillería argentina confirman que los argentinos no hicieron más que cumplir las órdenes.

–Churchill después se la cobraría ésta a Perón.

–Sí, un año después. Argentina había instalado un refugio en Isla Decepción en 1953. Ese mismo año llegaron buques británicos, lo destruyeron –y a otro chileno– y se llevaron prisioneros a dos marinos argentinos. Perón y el presidente chileno Ibáñez del Campo justo estaban reunidos y reaccionaron con la firma de un documento declarando que, si volviera a repetirse una agresión de ese tipo contra Chile o Argentina, ambos países iban a responder de manera conjunta y violenta. Así los dos países sudamericanos estrecharon lazos antárticos contra Inglaterra.

–Al margen de estos episodios graves, en su libro La pugna antártica hay cantidad de escenas dignas de niños “mojándose la oreja”: un país emite una estampilla que no le gusta al otro y ese hace un escándalo diplomático. Cuando una base queda vacía vienen los otros y se roban la bandera o algunos objetos, que después devuelven, y se tapan mutuamente los carteles con el nombre de un país y el otro.

–Estas cosas sucedieron siempre. En 1942, un buque argentino instaló banderas y actas de soberanía en varios puntos. Los británicos pasaron al año siguiente y retiraron todo para entregárselo a la Argentina diciendo: “con gran sorpresa de Su Majestad, hemos encontrado esto en nuestro territorio antártico”. Pero no era ningún secreto que Argentina había instalado esas cosas, ya que fue publicado en los diarios. Entonces los ingleses fueron a recoger los objetos porque lo leyeron ahí. Un mes después de esa devolución, pasó el mismo barco argentino a retirar los objetos demarcativos de los británicos.

–¿Cómo repercute la Guerra Fría?

–Estados Unidos envió en 1947 a su Task Force 68 con 4700 hombres, la expedición más grande de la historia antártica, una gran maniobra militar donde probaron tecnologías de guerra, quizás pensando en un enfrentamiento con los soviéticos en el Polo Norte.

–Mientras tanto, el conflicto angloargentino iba en ascenso. En 1948 dos corbetas argentinas y una británica estaban peligrosamente enfrentadas en la “herradura” de la Isla Decepción. Pero el episodio tuvo un final casi surrealista.

–Terminó en un partido de fútbol sobre la nieve que Inglaterra ganó 10, según fuentes británicas. En aquella época los gobiernos competían “a ver quién era más guapo”. Pero después los hombres concretos, allí en medio del frío y la soledad, lo que menos deseaban era algún tipo de enfrentamiento. A la primera de cambio terminaban canjeando whisky por carne: lo que necesitaban era socializar.

–En 1959 se firmó el Tratado Antártico y el panorama cambió radicalmente hacia una especie de internacionalización limitada.

–Perón y Churchill ya no estaban en el poder y el aceite de ballena perdía importancia. El tratado llegó justo después del Año Geofísico Internacional. La versión rosa era que gracias a la participación científica los países iban a poder convivir allí en solidaridad, lo cual no deja de ser cierto. Pero además, a raíz de los informes científicos, las potencias coloniales concluyeron que la explotación de los recursos minerales antárticos resultaría demasiado cara y no era viable. Entonces perdieron interés. Los soviéticos ya habían entrado con bases científicas muy avanzadas y la India propuso una internacionalización de la Antártida. Esto último terminó acercando posiciones incluso entre Argentina e Inglaterra ante la posibilidad de que los países que ya estaban allí perdieran sus derechos.

–Hace tres años, el gobierno británico “obsequió” cuatrocientos mil kilómetros cuadrados de Antártida a la reina de Inglaterra, otro de esos episodios que rondan lo surreal.

–Con el agravante de que aquel territorio, por cierto dentro del Sector Antártico Argentino, fue descubierto por un explorador argentino en 1955: el general Hernán Pujato. Pero, al margen, si pensamos nuestro diferendo antártico con países como Inglaterra a la inversa, sería como si Argentina y Chile fuesen a reclamar una parte del Artico o alguna isla de Escocia: dirían que estamos locos. Sin embargo, está tan naturalizado el “derecho” de ciertos países del hemisferio norte por sobre los del sur, que a nadie le llama la atención esa postura imperial. Es la misma mirada eurocéntrica que ha justificado el colonialismo desde hace siglos.

–¿Cómo ve el futuro geopolítico de la Antártida a 50 o 100 años?

–Yo creo que va a haber grandes cambios. En algún momento la escasez de diferentes recursos a nivel mundial y el avance tecnológico va a volver rentable la explotación de sus recursos naturales. En cierto momento algún país podría llegar a decir: “nuestros recursos económicos, o el agua, no nos alcanzan para alimentar a la población y para obtenerlos vamos a hacer minería en la Antártida”, donde hay cadenas montañosas gigantes que son un yacimientos incalculable de minerales. Además están las reservas de agua dulce más grandes del planeta. Llegado ese punto se discutirán, no sé si soberanías concretas, pero posiblemente sí el cómo, qué país o cuál empresa harán la explotación.

–El Tratado Antártico prohíbe la explotación económica y la actividad militar. Pero de alguna manera los países que lo firmaron están pensando subrepticiamente en una explotación a futuro y por eso están allí. Cuesta creer que más de 30 países gasten recursos multimillonarios durante décadas nada más que por amor a la ciencia. ¿Alcanza este tratado para frenar lo que podría ser una suerte de privatización de la Antártida?

–Es un futuro donde las posibilidades son infinitas. Si se reconocen soberanías, después cada país podría teóricamente hacer lo que quisiera allí. Diversas convenciones y protocolos antárticos conforman un marco legal que frena, en cierta forma, la explotación comercial de los recursos, como el Protocolo de Madrid. Pero si ese contexto cambiara, algo distinto podría suceder. Además, si una gran potencia militar decide no respetar el tratado, ¿quién la frena? Es un equilibrio frágil que debe ser defendido.

–Antártida sería el último rincón de la tierra que nos queda por arruinar. Y pensar que el Reino Unidos estudió la posibilidad de probar allí sus primeras bombas atómicas. Mi impresión es que el Tratado Antártico tiene algo de manual de buenas intenciones donde lo subyacente no está puesto de manifiesto: uno se pregunta ¿hasta dónde lo sustancial no será lo subyacente?

–Queda latente; igual creo que es un instrumento útil. La guerra de Malvinas tiene un detalle del que pocos se percatan: comenzó en territorio subantártico de la Isla de San Pedro, en las Georgias del Sur, y terminó en territorio subantártico de las Islas Sandwich del Sur, donde los ingleses destruyeron una base argentina y la guerra se frenó ahí, a medio grado de latitud del Tratado Antártico; no la continuaron hacia las Islas Orcadas del Sur, donde tenemos una base, ni al resto del continente antártico. Y yo creo que el Tratado Antártico no fue menor en esto, una muestra de que funciona.

–Uno no puede evitar ver a los miles de científicos que van a la Antártida, como una suerte de soldados de avanzada en un extraño frente, arietes en pugnas geopolíticas con raíces muy profundas, incluso secretas. El Reino Unido, por ejemplo, le vendió su base Faraday a Ucrania en 1996 por una libra (en teoría para evitar los costos de desmantelarla, pero algunos lo ven como una estrategia para incorporar otros países a los reclamos y debilitar la postura argentina). Estos científicos ucranianos que se pasan un año entero aislados, jugaban geopolíticamente hacia el lado de Rusia, muchos quizás sin saberlo. Cuando se dio el golpe de estado en 2014, pasaron a jugar para la OTAN.

–Sí, en teoría la ciencia tiene pretensión de objetividad: pero sabemos que eso es más complejo. Y por supuesto los científicos tienen ideología.

–Yo estuve este año recorriendo la base ucraniana Bernadsky: uno de los científicos tenía en su cuarto una bandera del nacionalismo ucraniano con una esvástica, seguramente un simpatizante del partido Svoboda, la fuerza de choque neonazi, apoyada por Estados Unidos y OTAN, que ejecutó la parte violenta del golpe de estado en ese país y que hoy ocupa ministerios en el “gobierno democrático”.

–Un poco les pasó como a aquellos cosmonautas que estaban en la estación espacial Mir cuando cayó la Unión Soviética: al volver a la tierra todo había cambiado de signo.

–Suena raro, pero la Antártida, un continente sin países ni habitantes, es pensada por algunos como modelo para la colonización de Marte.

–Un argentino que trabaja en la NASA estuvo en la Base Marambio probando trajes para Marte. El Instituto Antártico Argentino realiza en la Base Belgrano II estudios de la psicología del hombre en situaciones de frío extremo, noche polar –tres meses sin ver el sol– y aislamiento, orientadas a futuras misiones a Marte. Cada vez más se toma a la Antártida como banco de pruebas para otro planeta. Quizás dentro de un par de siglos los instrumentos legales utilizados allí sirvan para Marte o la Luna.
–Entonces primero van a arruinar la Antártida. Y si resulta cierto el latiguillo de que la tercera guerra mundial será por el agua –acaso con el continente blanco como teatro de operaciones– una vez que no quede nada allí, irán a explotar las montañas de Marte, acaso las grandes corporaciones ya independizadas de los estados, como en las novelas de William Gibson: ¡La cuarta guerra mundial será por Marte! Acá tenemos el argumento para una maravillosa novela de ciencia ficción.
–Si tenemos una tercera guerra mundial, dudo que lleguemos a Marte. Yo prefiero ser optimista se hacen grandes esfuerzos por cuidar la paz y el medio ambiente antártico, pero sí: podemos comenzar a escribir esa novela. Mucho más osado fue Julio Verne en su época.

viernes, 11 de diciembre de 2015

MACRI DEVALUÓ ANTES DE ASUMIR, Por Juan Carlos Junio (Fuente: Tiempo Argentino, 11/12/15)


Juan Carlos Junio

Aunque había declarado lo contrario, finalmente el nuevo gobierno accedió a eximir del pago del Impuesto a las Ganancias sobre el medio aguinaldo a los salarios brutos inferiores a 30 mil pesos. Tales indefiniciones también se presentaron en otros temas, como la finalización de las políticas de administración de divisas ("terminaremos con el cepo el primer día"). La marcha y contramarcha confirma que los trabajadores y todos aquellos que perciben ingresos fijos, como los jubilados, serán la variable de ajuste sobre la que hará eje el nuevo modelo de los "promotores del cambio", que inevitablemente impactará en las pymes y en el conjunto de los sectores medios.
Ya antes de asumir, Mauricio Macri comenzó a montar el escenario para la primera fase de la recomposición de la tasa de ganancia empresarial. Resulta imprescindible para cualquier análisis económico político que se realice, recordar que el objetivo primero y excluyente para un gobierno de las corporaciones capitalistas, ya sean locales o extranjeras, es potenciar su tasa de ganancia. Para lograrlo siempre transitan por el mismo camino: fuerte devaluación, los formadores de precios suben todo y los salarios y jubilaciones quedan en la estacada. Tal es así que, tanto Macri como sus principales voceros económicos, no se privaron de anticipar la devaluación más anunciada de la historia. Sus declaraciones fueron la señal para motorizar una abrupta y significativa suba de precios "precautoria", la primera de una extensa serie de recomposiciones entre capital y trabajo que tratará de imponer este gobierno.
El nuevo ministro de Hacienda, Alfonso Pray-Gay, señaló que a mediados de enero se planteará un acuerdo amplio entre sindicatos y empresas en el que cada uno tendrá que "poner lo suyo", lo que podría traducirse como "ponen todos menos los ricos".
Los funcionarios ya comenzaron a "pedirles" a los empresarios representados en la Asociación Empresaria Argentina, el Foro Empresario y la Asociación de Bancos de la Argentina (paradójicamente, extranjeros) que retrotraigan los precios a los que regían a fines de noviembre. La receta recuerda al fallido intento de aquel ministro de Economía de Alfonsín, que les había hablado a los empresarios "con el corazón", mientras estos le respondieron "con el bolsillo".
Consecuente con estos cantares, el flamante ministro de Trabajo, Jorge Triaca (h), comentó que la intención de las nuevas autoridades políticas es que las paritarias incluyan la inflación futura y no la pasada, con la clara intención de restar capacidad de negociación a los sindicatos en las próximas paritarias. Como vemos, todos aportan al ajuste, aunque lo niegan en el discurso que los medios propalan. Cuando las autoridades comiencen a "unificar" el mercado cambiario –que en buen romance significa llevar el dólar oficial, que implica el 98% de las operaciones en divisas, al valor del ilegal, que importa el 2% de ellas–, la mentada "unificación" será una construcción ficticia para justificar la deseada devaluación.
La derecha viene a hacer lo que siempre pensó. Nadie puede imaginar que no llevarán a cabo con máxima determinación los planes e ideas que siempre proclamaron. Se abre un nuevo capítulo en el ejercicio real del poder al verse borradas prácticamente las líneas divisorias en torno a conceptos como Estado y mercado. En esta clave, las paritarias tripartitas, un concepto típicamente keynesiano, pasarían a estar compuestas por los trabajadores, de un lado de la mesa, mientras que del otro compartirían la silla el Estado y los empresarios concentrados, constituidos en un raro caso de unificación de los dos estamentos. Como diría un viejo luchador, quedará conformado un triunvirato de dos.
Con el transcurso de las horas el tan temido ajuste comenzará a adoptar un formato cada vez más real. Su magnitud dependerá, como siempre, de la reacción de los ajustados, o sea, de las mayorías sociales. En tal sentido es de esperar que la resistencia sea muy importante, teniendo en cuenta que la sociedad ha incorporado en estos 12 años valores relacionados con una más justa redistribución de las riquezas y mejora en sus niveles de vida, las que no serán resignadas por cantos de sirenas preparados en laboratorios de marketing.
La agenda de las élites cuenta con un horizonte de mediano y largo plazo, y apunta sin miramientos a derribar los pilares del anterior proyecto político, económico y cultural. Allí se inserta la retórica del nuevo gobierno respecto de la "desideologización" de la gestión y lo político, lo cual es un sofisma, ya que su base conceptual es falsa, por lo tanto toda su construcción también lo es. Estas ideas guardan similitud con aquellas "del fin de la Historia" de Francis Fukuyama tras la caída del bloque socialista. No se produjo tal evento, a pesar del enorme volumen propagandístico y cultural desplegado en todo el planeta.
Bajo el discurso de un pragmatismo eficientista, se oculta la intención de reconfigurar los dichos y la práctica política tras la visión neoliberal. Por ello no es trivial la frase de la nueva canciller, Susana Malcorra, quien sostuvo sin ponerse colorada: "el ALCA no es mala palabra". El planteo forma parte de un plan para alterar el contexto regional de integración con una visión antiimperialista, que condujo hace diez años a decir "No al ALCA". Esta arremetida discursiva que aborda la derecha deberá enfrentar el trascendente capital cultural incorporado en estos tres lustros de valoración de la historia y el destino común americano, no sólo en términos simbólicos, sino en todo lo relacionado con la unión comercial y productiva para enfrentar los desafíos de la época. Un "cambio" que conduce al retorno del endeudamiento de la Nación, al ajuste y a la perpetuidad de las condiciones sociales que sólo llevan al subdesarrollo, al retroceso y a la frustración.
El momento actual, a pesar de todas las incertidumbres que genera, es crucial para que el pueblo crezca como protagonista principal de la política y sobre esa base se constituya un gran bloque político, social y cultural que enfrente la agresión neoliberal contra las mayorías sociales y la soberanía de la Nación. Sólo sobre esa base se logrará poner freno a las pretensiones de las derechas vernáculas, que intentan sumarse al plan de las potencias mundiales para torcer el curso de la historia en Nuestra América.«

jueves, 10 de diciembre de 2015

ADIOS A UN EMBLEMA DEL 2x4 QUE SE FUE CANTANDO, Por Karina Micheletto (Fuente: Página12, 10/12/15)


Alberto Podestá

Cantó con los mejores directores y orquestas de la época de oro del tango –Di Sarli, Láurenz, Caló, Francini y Pontier– y les pasó esa sabiduría a varias generaciones de sus colegas. En la década pasada reapareció junto al Café de los Maestros.
 
Fue el último gran cantor de tango, el que arrastró hasta el presente, como aquella mugre sagrada de la que hablaba Troilo, esa sabiduría que sólo se aprendía haciendo en las orquestas, y que llegó a pasar a más de una generación de cantores. Fue el cantor de “Percal” y de “El bazar de los juguetes”, sus tangos emblema. El que cantó con los mejores directores y orquestas de la época de oro del tango: Di Sarli, Láurenz, Caló, Francini, Pontier. Ayer, a los 91 años, murió Alberto Podestá, después de cantar tangos en los escenarios hasta los 90.

Como muchos de los de su generación y los de su género, empezó a curtirse en el tango cuando todavía tenía pantalones cortos. También como muchos de los tangueros de su época, se consideraba y actuaba como un trabajador del tango antes que como un artista, sin asumir ninguno de los presupuestos de la carga simbólica de esa etiqueta. Como pocos en cualquier género, llegó a tener lo que a su modo fue un premio a su medida, algo así como la certificación de una vida bien vivida: un rincón propio, grabado con su nombre y adornado con sus fotos, en el bar y pizzería que fue su “parada”. Desde ese rincón del Kentucky de Puente Pacífico, en Santa Fe y Godoy Cruz, esta cronista pudo ser testigo, en alguna nota para Página/12, del modo en que se alineaban las coordenadas de un universo que incluía a River Plate, las anécdotas con gente como Troilo –con quien no llegó a cantar “por capricho del destino”, decía–, Alfredo Di Stéfano o Angel Labruna –tan fanas del fútbol y del tango como él–, el hipódromo y sus personajes, la familia y los amigos, los que ya se habían ido y los que todavía sabían que podían encontrarlo parando allí mismo, sin necesidad de coordinar cita previamente.

Alberto Podestá había nacido el 22 de septiembre de 1924 en San Juan, bajo el nombre de Alejandro Washington Alé Podestá. Su padre falleció cuando él era muy pequeño y de chico conoció la pobreza junto a su madre y sus cinco hermanos. Llegó hasta sexto grado de la escuela y, al igual que su hermano mayor, tuvo que empezar a trabajar. Pero fue allí, en la escuela, donde llegó a participar en un programa radial, conducido por una de sus maestras, y a estudiar algunas canciones de Carlos Gardel, mostrando precoces cualidades de cantor. “Gardelito”, le decían de chico, porque llegó a saberse su repertorio completo. Y hasta llegó a conocerlo, “de pasada”, pero dejando un recuerdo imborrable, contaría después, cuando trabajaba de chocolatero en un cine de San Juan.

Podestá comenzó a cantar profesionalmente a los 16 años, en la orquesta de Miguel Caló. Pasaría luego a cantar con Carlos Di Sarli, quien definió el nombre artístico por el que sería conocido, Alberto Podestá, reemplazando al que utilizaba hasta ese entonces: Juan Carlos Morel. En esta orquesta cantaba también Roberto Rufino. Con Pedro Láurenz grabó para el sello Víctor el tango “Nunca tuvo novio”. Más tarde regresó a la orquesta de Miguel Caló para completar la dupla de cantores con Raúl Berón. En 1945 se formó una orquesta dirigida por Enrique Mario Francini y Armando Pontier, en la cual Podestá fue cantor. Pronto lo acompañaría Julio Sosa, de quien fue íntimo amigo. Podestá recordaba con especial cariño sus actuaciones en el Sans Souci, alternando con Osvaldo Pugliese, y en el Tibidabo, cubriendo la ausencia de Aníbal Troilo, que en ese entonces había dejado de actuar por un tiempo.

La carrera de Podestá incluyó giras y grabaciones en Colombia con Cristóbal Ramos, Ramón Ozán y Joaquín Mauricio Mora; en Venezuela con Los Caballeros del Tango; en Uruguay con César Zagnoli; en Chile con Lucho Ibarra; y en la Argentina con Leopoldo Federico, Alberto Di Paulo, Luis Stazo, Jorge Dragone, Tití Rossi y Roberto Grela. En 1951 debutó como solista en Radio Splendid, con mucho trabajo en locales, confiterías y cabarets porteños de la época como Maipú Pigall. Entre 1967 y 1970 se radicó en Chile, desde donde continuó su carrera y sus giras por Colombia, Chile, Perú, Venezuela, Ecuador, México, República Dominicana y Estados Unidos. Llegó a registrar unas quinientas grabaciones, entre las que se destacan sus interpretaciones de tangos como “Alma de bohemio”, “Nada”, “Percal”, “Al compás del corazón”, “Nido gaucho”, “Qué me van hablar de amor” y “El bazar de los juguetes”, que reconocía como su tango.

El cantor murió ayer en un geriátrico porteño, donde estaba internado desde marzo de este año. Pero antes, hasta el año pasado nomás, Podestá cantó y siguió cantando después de cierta “segunda vuelta” que le trajo su inclusión en el proyecto Café de los Maestros, a partir de 2004, que abarcó dos discos, una película, un recordado concierto en el Teatro Colón y algunas giras por el mundo junto a otras glorias del tango como Leopoldo Federico, Aníbal Arias, Ernesto Baffa, Osvaldo Berlingieri, Gabriel Clausi, Emilio De La Peña, Ubaldo De Lío, Carlos García, José Libertella, Virginia Luque, Mariano Mores, Lágrima Ríos, Horacio Salgán y Atilio Stampone, entre muchos otros.

Desde entonces, Podestá retomó su carrera con una energía que asombraba a quien fue su manager y compañera de andanzas en esta etapa, Alejandra Podestá. “Parece que ahora me están descubriendo, porque yo, en mis 67 años de carrera, nunca tuve esto que tengo ahora. Que me hagan notas, tener publicidad...”, se asombraba el cantor en una nota con Página/12. La última de estas numerosas y entusiastas actuaciones fue el año pasado, festejando sus 90 años con un emocionante concierto en la Usina del Arte de la Boca. Allí cantó asombrosamente y repasó una vida intensa con anécdotas y los tangos que marcaron su carrera, junto a sus amigos músicos, discípulos como Ariel Ardit, bailarines como Julio Dupláa y Victoria Rosetti, y su nieta Malena y su hija Betina entonando junto a él “Que nadie sepa mi sufrir”. Así se fue “el último gran cantor de orquesta”, como era presentado en sus últimas actuaciones, con el bien ganado mérito de la etiqueta. Rodeado de su familia, amigos y afectos. Y cantando, siempre cantando.

EL ESTADO Y EL JARDÍN, Por Horacio González (Fuente: Página12, 09/12/15)

Horacio González


El reproche que le dirigía Marx a la Comuna de París era que a tantas pasiones, a tanta movilización, a tanto fervor en las calles, no se le ocurriera siquiera tocar los más mínimos intereses de la Banca Rothschild, que siguió funcionando normalmente. Tanta barricada y ningún acto expropiador. ¿Entonces, qué había que retener, obstruir, embargar? No, no era simplemente un banco, sino lo que podríamos llamar el secreto de una época. Es el dilema de todos los movimientos populares, a los que a la hora de calificar su producción suele acudirse a la palabra o la admonición de “vacilantes”. A la Comuna de París, con su estridente nombre, no se la podría nombrar como populista. Se componía de proudhonianos o de jacobinos: los primeros, hijos de la utopía de la organización federativa de la producción fabril; los segundos, del Estado activista haciendo de Damocles, el arte de la convivencia de una épica social con el peligro permanente de ser decapitado. El kirchnerismo fue muy lejos y también se quedaba muy cerca. Constriñó, amonestó, pero fue menos amenazador que amenazado. Fuerte en simbologías y punzante en el filo de su lengua, no podía pasar los umbrales de la “Banca Rothschild”. Se había declarado dentro de los márgenes del capitalismo pero extraía de su vocabulario principal acepciones antimonopolistas, anticorporativas y, por lo tanto, democrático republicanas. Hijo sesgado del peronismo, sabía desplegar cánticos promesantes y utópicos, y mantener la prudencia que requiere toda época (que es una madeja de poderes que, no por invisibles, son renuentes a la comprensión crítica). Todo aquel que dijo una y mil veces “combatiendo al capital” sabe bien de qué se trata ese descompás entre el cántico y la realidad, que quizá sea el arte y el oficio mismo de la política. Esa forma casi inevitable pero también imperceptible en que se expresa un deseo (una “simbolización”) y el refinado acto de conocer los límites y poderes que le opone el momento histórico por el cual atraviesa.

Conducido o guiado el nuevo momento inaugurado en 2003 por dos políticos cuyo cuño había que buscar en una de las grandes tradiciones políticas del país moderno –el peronismo– no había que dejar de notar el modo en que ellos se habían reinventado. Lo que fue acusado (acusación precaria, ciertamente) de relato era un acontecer necesario en esa delicado altercado de tradiciones y convocatorias frente al abismo. “Frente” y no “al”. Por eso, las cambiantes relaciones con el Grupo Clarín bien traducen por su reverso el carácter del saliente gobierno. Un gobierno que podía visualizar perfectamente cómo se ejercen los grandes dominios de época, encarnados en los magnos bancos de datos e “islas de montaje” (de los que se desprenden tanto periódicos como finanzas, formas del sujeto como nuevos modismos del habla, redes informáticas y “personas” intercanjeables), y no podía dejar de decidir diversos tonos y modulaciones para una confrontación que tuvo momentos que de buena gana llamaríamos balzacianos.

Eran escenas de grandioso folletín, que cruzaban de lado a lado el teatro de simulacros que nos incluía. Eran “imágenes del mundo”, no las que así definió un gran filósofo del siglo XX, sino apenas las que emergen de grandes aparatos de representación que, como etéreas gigantomaquias, nos proponen juicios valorativos que trastornaban toda mediación real, toda trama de acontecimientos que tienen rupturas y conflictos, propios del carácter complejo de toda historia. Parecíamos todos flotar en un líquido que nos colocaba siempre cuerpo a cuerpo, llamándonos por nuestro nombre de pila, omitiendo las obvias interposiciones de carácter cultural, científico o político que solo pueden detectarse con un pensamiento situacional. Pensamiento, éste, amigo de las incesantes intercalaciones de lo simbólico, lo real y lo imaginario, cualquiera sea las acepciones que les demos a estos tres conocidos términos. De las escenas que recuerde, una con matices picarescos pero de hondo dramatismo, ocurrió en la reunión de accionistas del Grupo Clarín, donde el gobierno participó a través de Guillermo Moreno, por poseer un conjunto de acciones que provenían de la incorporación al fisco de los fondos de pensión. Todo estaba visualizado, una trastienda salía a luz, permitiendo observar en forma directa una de las formas de la lucha por el poder.

Este develamiento escénico no fue “castigado” por la contraparte con una vuelta al secreto de los misteriosos aposentos del poder, sino con otros rasgos folletinescos, basados en una supuesta “percepción total” de todo lo que ocurría. Pero que ahora se ejercía con poderosos instrumentos de narratividad, los mismos que se le atribuían al gobierno, y que este practicaba, pero más ingenuamente. Se trataba de vastos programas televisivos, de gran truculencia, donde por ejemplo el poderosísimo concepto de “corrupción” no era visto en el sigilo de pasillos mal iluminados (como en el llamado policial negro) sino “representado” por actores con valijas repletas de dólares que salían directamente de las manos del presidente, e iban a cofres de utilería construidos en el “set”, valijas que de tan engordadas dejaban caer billetes a su paso, como si las acarreara el mismo Tío Patilludo. Así, todo lo que como respuesta se incluía luego en el “otro día de grandes notis” no alcanzaba para aminorar el efecto que producía este “evento recreado”, joya de supremo relato del “theatrum mundi” de la televisión abierta, de ningún modo una “paleo-televisión”, como deseó menospreciarla Eliseo Verón ante la cruda evidencia de esos usos vicarios. De allí salió el concepto de “grieta”, que bien mirado es de carácter teológico, y recaía infaliblemente en una imputación al Mal. ¿Por qué no tendría éxito? ¡Incluso académico!

Era el fin de las mediaciones, el Estado en el Jardín Botánico, con su arquitectura no recubierta por el texto de Hobbes, sino por el tibio follaje del paisajista Thays o del gran jardinero darwinista Hycken, pero actuando como si fuera una bellota inocente en medio de la transparencia apetecible de un fantasioso invernadero. Allí, la nueva canciller prometería una política “desideolgizada”. Entendimos: se trataba de intereses puros, que ahora sustituirían los “símbolos” que se habían desparramado democráticamente sacando un retrato dictatorial o haciendo girar juguetonamente el bastón de mando un día de asunción, el mismo bastón del tallador plateresco Pallarols, por el que el nuevo presidente no se muestra tan renuente, pues como siempre lo fue desde cuando saltaba sobre baches en el pavimento también sabe no solo lo que son los símbolos, sino que ha ganado gracias a ellos. Gracias a no “desideologizar” nada, sino a ideologizarlo todo, pero sin declarar. Ideologizados más que nunca (pues el kirchnerismo expuso su ideología, deseó satélites y se resignó a que convivieran con campos de soja) los miembros del nuevo gobierno han aprendido a mostrar pero, en el mismo acto, a encubrir.

Por eso, los balances visuales deben ser ahora más novedosos, pues no admiten el típico gesto de las izquierdas anteriores, el “desenmascaramiento”. Deberemos hacerlos con otros nombres, lo que es indispensable para reponer las fuerzas populares en juego, desde luego que después de cerrado el desenfadado “libro de pases” al que estamos asistiendo. Hay también que saber mirar la doble ilusión creada por las derechas que ya no se llaman de este modo a sí mismas: el jardinero en el Estado y el Estado podando rosas. Por lo demás, en un período donde se mezclan las facticidades puras con los símbolos más diáfanos, y en un momento donde la sigla AFA revela modos de las luchas entre poderes “reales” pero también “el secreto de época”, los tiempos no están siendo compañeros. Nicolás Casullo, creo saberlo, llamaba época a lo perceptible de lo imperceptible. Tenemos, así, que aguzar nuevas formas de percepción, nuevas ideas sobre este tiempo esquivo con el que tendremos tan pocas correspondencias.

* Sociólogo, director de la Biblioteca Nacional.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

ESTIGMATIZAR JÓVENES (EN REDES Y MEDIOS), Por Alicia Entel (Fuente: Página12, 02/12/15)



Cada tanto, y favorecidos por una estrategia muy bien planificada por mentores que quedan en las sombras, muchos ciudadanos, y no sólo de Argentina, muestran comportamientos ultrarreaccionarios. Estigmatizan grupos, ejercen violencia verbal y sus expresiones se viralizan en las redes y en los medios tradicionales. En estos días de la finalización del mandato presidencial de Cristina Fernández de Kirchner, más que nunca se escuchan los peores improperios a la denominación y presencia de la agrupación La Cámpora (que según el diario Clarín hasta manejaban el “servicio meteorológico”). Como si un sentimiento vil, mezcla de venganza, envidia y pensamiento reaccionario, se hubiera apropiado de cierta ola ciudadana, se dicen palabras aberrantes, se inventan historias mentirosas y hasta algunos repiten como primates supuestas irregularidades en la actividad de la militancia sin tener comprobación alguna sino que se reiteran frases –de ahí lo de primates– porque algún comunicador de moda las ha dicho. Mantengo vínculo con agrupaciones estudiantiles desde hace muchos años, miles de jóvenes pasaron por la cátedra universitaria que dirijo. Algunos han alcanzado notoriedad pública mediática, política, social, de la más diversa índole e ideario. Nadie niega que, cuando se trata de cualquier agrupación, partido u organización, puede haber habido algún personaje con renuncios. Pero cuidado, los dedos acusadores generalizan, personajes con capacidad de micrófono hablan o escriben impunemente como si se promoviera con las palabras una suerte de razzia fundamentalista contra los jóvenes militantes por el sólo hecho de serlo. Una palabra clave es “corrupción” repetida hasta el cansancio. Como si siguieran, sin saber, el manual de estilo de consultores internacionales, usan y requeteusan tal palabra abstractamente sin evidenciar fuentes que permitan la verificación, o bien, sin sonrojarse suman fuentes “truchas”. Lo que no se dice es que las acusaciones de mentirosos y corruptos, al menos en el caso argentino, configuran una cortina de humo eficaz para debilitar al contrincante ya caído ante la sociedad y a la vez para que la opinión pública no tome conciencia de los proyectos reales del vencedor que, por lo que se avizora, son, cuanto menos, de disminución de derechos. El triunfador no dice “No nos gustan esos jóvenes porque sueñan con un país más justo y con mayor redistribución de la riqueza”, no dicen “No queremos distribuir”. Apelan a la emotividad y se yerguen como sacerdotes de la misión anticorrupción. Desde ese lugar que finge pureza acusan, señalan, inventan.

Hubo una época en la que ser joven militante de izquierda –lo sé bien– era algo así como ser descendiente del diablo mismo. Se le solicitaba no hablar, no decir, o se lo molía a palos cuando intentaba acompañar una protesta. También las dictaduras se ensañaron con militantes marxistas, trotskistas y de las juventudes peronistas, entre otros, una herida aún abierta y que no va a cerrar hasta que se concreten todos los juicios contra quienes cometieron delitos de lesa humanidad.

Con menos dramatismo, muchos jóvenes de agrupaciones universitarias fueron estigmatizados. Incluso si acaso la propia agrupación había tenido actitudes cuestionables, no necesariamente ese sayo les debía caer a todos los integrantes de la organización. Sin embargo eso sucedió. Pregunten a los adultos que fueron estudiantes alfonsinistas de la Franja Morada a principios de los 90, que luego no tuvieron tribuna, se quemaron como dicen los más jóvenes, e incluso su propia agrupación cambió de nombre y que con el tiempo miraron un tanto azorados cómo por un lado continuaba el rechazo o la dispersión y, por otro, sus referentes partían a integrarse en Propuesta Republicana y se convertían en funcionarios.

Cuando las inundaciones en Santa Fe y en provincia de Buenos Aires, muchos jóvenes “K” se organizaron para colaborar con eficacia en terreno y poniendo el cuerpo como pocos lo habían hecho. Sin embargo, de eso no se habla y aún hay pintadas en la ciudad de Buenos Aires que los agravian con el “andate a trabajar”.

Más específicamente, ¿por qué se la agarran con La Cámpora? ¿Por qué hay una suerte de clisé anti k que estigmatiza a la agrupación con un facilismo impresionante? ¿Por qué se miente tanto? En realidad ¿contra quién apuntan? ¿Contra Cristina Fernández de Kirchner, su líder? ¿Y por qué motivos? ¿Porque se plantó ante los fondos buitre? ¿Porque en el mejor momento del mundo sojero pretendió que pagaran impuestos? ¿Porque propició una ley antimonopolios mediáticos? ¿Porque mejoró la vida de mucha “negrada”? ¿Porque no siguió los mandatos del país del Norte que pedía pagar ciegamente la deuda con enormes intereses? Seguramente ahora el gobierno entrante con acuerdo del establishment va a ajustar y va a decir que no le quedó otro remedio que contraer deuda porque las arcas estaban vacías y marcará culpables con la complicidad judicial. Se rasgarán las vestiduras y, nuevamente, hablarán de corrupción. No les creamos. Ya constituye una acusación leit motiv hacia todos los gobiernos populares de Latinoamérica. La verdad no dicha es que en silencio los acusadores pseudopuristas volverán a hacer negocios con la banca internacional ganando probablemente muy buenas comisiones, y, para colmo, perfeccionarán narraciones emotivas, con la invención de culpables. Una vez Cristina dijo, como al pasar, si me pasa algo miren al Norte. Recordémoslo. El estigma corre por todos lados, y muchas veces, como ahora recala en los jóvenes y en su líder. Sin dramatismo, con humor, con los ojos bien abiertos, con mirada solidaria, y mucha presencia en el espacio público, proclamemos libertad de pensamiento y no les creamos.

* Docente e investigadora Fac. de Ciencias Sociales. UBA.

AMERICAN CURIOS, Por David Brooks (Fuente: Página12, 02/12/15, desde Nueva York, Estados Unidos)



El país más poderoso del planeta, y de la historia, es también el más temeroso e inseguro.

Aquí todo es amenaza, todo es peligro, todos son sospechosos. Y aunque los políticos y los medios suelen repetir que las amenazas provienen de afuera –terroristas islámicos, narcotraficantes colombianos/venezolanos/mexicanos, inmigrantes no blancos–, la amenaza mayor proviene desde muy adentro, y es muy estadounidense, y suele ser muy blanca.

Por ahora, los únicos que han violado la Constitución, las libertades civiles, los derechos fundamentales tan elogiados en cada discurso, en cada partido deportivo, en cada Día de Acción de Gracias, en cada momento patriótico, son políticos estadounidenses.

Como han advertido intelectuales y sabios de gran talla y variedad ideológica, desde Noam Chomsky, Gore Vidal y el economista premio Nobel Joseph Stiglitz hasta el ex presidente Jimmy Carter, entre muchos más, no sólo se ha desvanecido eso que se llamaba república, sino que este país y sus políticas son cada vez más parecidos a una oligarquía.

Y como demostraron Edward Snowden, Chelsea Manning y otros filtradores o denunciantes, el gobierno secreto es más omnipresente de lo que se pensaba, y que lo que cada uno opina. George Orwell está presente; si estuviera vivo, estaría bajo vigilancia.

Algunos izquierdistas han empleado la palabra fascismo en tantas ocasiones en el pasado que ha perdido su significado y, más bien, ya se entiende como un insulto. ¿Pero a qué extremo está este país que algunos conservadores ahora acusan a uno de sus colegas de fascista? En los últimos días, después de que Donald Trump propuso un registro nacional de musulmanes y acorralar y expulsar a extranjeros, entre otras medidas que analistas, medios y contrincantes han comparado con medidas estilo nazi, algunos de su mismo ámbito político lo denuncian por ser demasiado extremo. Trump es un fascista, comentó Max Boot, analista en el Consejo de Relaciones Exteriores y asesor del precandidato Marco Rubio. El asesor sobre seguridad nacional de Jeb Bush afirmó que un registro federal obligado de ciudadanos estadounidenses, basado en la identidad religiosa, es fascismo. Punto.

Pero Rubio, Bush, el doctor chiflado Ben Carson y los otros precandidatos republicanos, igual incitan el temor y la inseguridad ante amenazas externas como parte fundamental de sus discursos.

Todo esto ha generado, a propósito, una mayor xenofobia con consecuencias cada vez más peligrosas. La intensificación del clima de odio se traduce en acciones violentas y amenazas a todo lo que parezca diferente o extranjero. Inmigrantes, musulmanes, mujeres que ejercen sus derechos básicos, minorías raciales (afroestadounidenses y latinos sobre todo), opositores a guerras, ambientalistas, entre otros, ahora viven en un país donde se promueve abierta y explícitamente la violencia en su contra.

La derecha ha impedido que medidas mínimas para proteger a inmigrantes sean implementadas. Una clínica de Planned Parenthood en Colorado que, entre otros servicios de salud, incluye el del aborto, fue atacada por un hombre blanco armado el pasado viernes, quien mató a tres personas, entre ellas un policía, y dejó nueve heridos. Organizaciones musulmanas reportan incrementos de ataques y amenazas contra sus comunidades, agrupaciones de defensa de derechos migrantes se sienten cada vez más vulnerables, tres blancos disparan contra manifestantes afroestadounidenses que condenan la violencia policíaca. Los ejemplos no alcanzan a ser contados.

Los estadounidenses están mucho más en riesgo de violencia por fanáticos blancos cristianos armados que por musulmanes, afirma el comentarista y profesor de Historia Juan Cole. Sin embargo, la guerra contra el mundo musulmán es la que promueven los políticos.

Después de las guerras más largas de la historia del país, se anuncia que habrá más guerra. Más jóvenes estadounidenses serán enviados a matar a más jóvenes, familias, niños, estudiantes, magos, músicos, artistas, carpinteros, granjeros, periodistas, pescadores, todos esos personajes anónimos que no registran las cifras oficiales de las víctimas de guerra, cuyos sobrevivientes conforman los ríos humanos de refugiados. Dicen que es para salvarlos de los malos, de aquellos extremistas religiosos, mientras sus contrapartes, los extremistas religiosos estadounidenses, hablan igual; todo es como una mala película sobre las Cruzadas.

También hay guerra para muchos aquí adentro. La violencia, sobre todo con armas de fuego, sigue cobrando vidas cada día en Chicago, Baltimore, Detroit y decenas de ciudades más. Si el ejemplo lo ponen los líderes del país, de que las balas son la respuesta para enfrentar enemigos, pues con qué autoridad moral se reprueba a los jóvenes aquí cuando hacen lo mismo para resolver sus conflictos.

Entre las dos guerras, la interna cobra muchas más víctimas estadounidenses. Durante la guerra contra el terror (de 2001 hasta 2013), 406 mil 486 personas murieron por armas de fuego en Estados Unidos, según cifras oficiales; de acuerdo con el Departamento de Estado, en ese mismo período murieron 350 estadounidenses en actos de terrorismo en el extranjero. Si se incluyen actos de terrorismo dentro de Estados Unidos, entre ellos los del 11 de septiembre, junto a toda la racha de atentados perpetrados por terroristas domésticos blancos, el total de muertos es de 3 mil 380, según un cálculo de CNN.

Cada día mueren 89 personas en promedio por armas en este país, más de 32 mil cada año, según la Brady Campaign.

¿Y cuál es la razón para tener el derecho a tantas armas? La respuesta es obvia según los dueños de las más de 300 millones de armas en manos privadas en este país: para protegerse ante tanta amenaza e inseguridad.

Qué país tan asustado. Y da susto lo que eso provoca.

La única cosa que tenemos que temer es el temor mismo, la célebre frase del presidente Franklin Roosevelt en su famoso discurso de toma de posesión de 1933, es más contemporánea que nunca.

* De La Jornada de México. Especial para Página/12.