viernes, 12 de febrero de 2021

LAS MEMORIAS PACEÑAS DE ERNESTO GUEVARA por Pablo Cingolani* para Vagos y Vagas Peronistas



Aun no era “el Che”. Viajaba. Escribía bien. Pluma ágil, ácida, eficaz. Buscaba su destino. Varios conjeturaron, cuando no lo quedaba ninguno, que la literatura pudo haber sido uno de ellos. Sin embargo, eligió las armas, la lucha armada, la revolución. Allí, se convirtió en El Che. Y siguió escribiendo. Sus libros de guerra –el de Cuba, el del Congo y el póstumo: el boliviano- no conmueven tanto como sus textos de viaje, los que escribía Ernesto Guevara.


Son dos los libros, las bitácoras de travesía. El primero, editado bajo el título de Notas de viaje, cobró merecido renombre gracias a una película: Diarios de motocicleta, dirigida por el brasileño Salles y con Gael García interpretando al argentino.

El segundo volumen, vaya a saberse el por qué, no goza de la fama del primero. Su título -acuñado por el propio autor- es Otra vez.

“El sol nos daba tímido en la espalda mientras caminábamos por las lomas peladas de La Quiaca”, así empieza el relato. Era el casi invierno de 1953 y Guevara está a punto de atravesar la frontera e ingresar a Bolivia.

Tomando en cuenta que el libro narra las impresiones de alguien que, catorce años después, dejaría violentamente sus huesos en ese mismo país a donde ahora buscaba acceder de forma pacífica, cobra interés, supongo, anotar las primeras palabras de Ernesto sobre Bolivia. Dice: “Desde Villazón camina el tren pachamentamente [sic][1] hacia el norte, entre cerros, quebradas y vías de una aridez total. El verde es un color prohibido”.

El tren a La Paz, desde una mirada también argentina, digámoslo así: era un viaje, en el sentido clásico. Un viaje heroico. Kusch, el filósofo, algunos años después, se referírá a la experiencia con estas honduras: “El altiplano es un exabrupto geográfico y nosotros, aquí en Buenos Aires, fuimos educados para un mundo sin exabruptos, un mundo plácido con todas las cosas materiales y espirituales a mano. De ahí que un viaje al altiplano sea entonces un viaje ritual, y emprenderlo con simpatía ya implica algo así como una expiación o iniciación en el caos”. (Introducción a la puna en Indios, porteños y dioses, 1966).

Guevara, es obvio, buscaba el exabrupto, la aventura en el sentido literal del término, la iniciación y el caos, pero su ritual era otro –era político. De ahí que el viaje en el tren no merece otra nota que el frío padecido y una mención al “salitre” [sic] que no es otro que el Salar de Uyuni a la distancia.

La Paz, primera mirada: “Una ciudad chica pero muy bonita se desperdiga entre el accidentado terreno del fondo, teniendo como centinela la figura siempre nevada del Illimani”. Lo justo. Nada que inmute. También dirá de ella que es “La Shangai de América” y que es “ingenua, cándida, como una muchachita provinciana”. Había que bancárselo al joven Ernesto. Finalmente, vendrá un casi elogio: “Una riquísima gama de aventureros de todas las nacionalidades vegetan y medran en medio de la ciudad polícroma y mestiza que marcha encabezando al país hacia su destino”. Con el Illimani se subyuga y, sin ahorrarse adjetivos, asevera que es formidable, solemne e imponente. La pura verdad.

Una visita a las dependencias del Ministerio de Asuntos Campesinos (“donde me trataron con extrema cortesía”, asegura) legó una de las “leyendas negras” en torno al Che. Escribe en su diario sobre el despacho de gobierno: “Es un lugar extraño. Montones de indios de diferentes agrupaciones del altiplano esperan turno para ser recibidos en audiencia. Cada grupo tiene su traje típico y está dirigido por un caudillo o adoctrinador que les dirige la palabra en el idioma de cada uno de ellos. Al entrar, los empleados les espolvorean DDT”. Como es imaginable, la alusión al uso del insecticida fue el detonante.

Lo que si sacude sus fibras es el ambiente socio-político que se vivía en la urbe: un año largo antes de su llegada, había triunfado y tomado el poder la llamada Revolución Nacional, encabezada por el histórico Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR).

Eran procesos sincrónicos los que se vivían en los países de América Latina, y contra la leyenda urbana de que el-que-aun-no-era-el-Che-Guevara escapó de Argentina perseguido por su “gorilismo” por el peronismo en el gobierno –desde 1946, Perón era presidente constitucional de Argentina-, las notas del cuaderno boliviano develan a un poco conocido Guevara “nacionalista”, entusiasta por la acción.

Su primera anotación eminentemente política no tiene desperdicio: “La gente llamada bien, la gente culta, se asombra de los acontecimientos y maldice la importancia que se le da al indio y al cholo, pero en todos me pareció apreciar una chispa de entusiasmo nacionalista con algunas obras del gobierno. Nadie niega la necesidad de que acabara el estado de cosas simbolizado por el poder de los tres jerarcas de las minas de estaño, y la gente joven encuentra que este ha sido un paso adelante en la lucha por una mayor nivelación de personas y fortunas”. Toda una declaración de principios, larvaria, en forja, pero declaración al fin.

Su vocación/elección por la acción empieza a asomar cuando describe la marcha de antorchas en las vísperas del 16 de julio, fecha cívica paceña que recuerda el alzamiento de los llamados “proto-mártires” de la Independencia. Alude al evento como “interesante por la forma de expresar su adhesión que era en forma de disparos de Mauser o “Piripipí”, el terrible fusil de repetición”. De la marcha del 16, vuelve a anotar que los sindicatos hacían “cantar la Mauser [sic] con bastante asiduidad”, aunque se aburre de la misma y registra con dureza: “Era una manifestación pintoresca pero no viril. El paso cansino y la falta de entusiasmo de todos le quitaba fuerza vital”. El motivo lo explica el mismo Guevara y es rotundo: “Faltaban los rostros enérgicos de los mineros”.

Para remediar aquello, días después visitará Bolsa Negra, la mina encajada entre los faldeos de dos nevados, el Mururata y el ya referido y deslumbrante Illimani. Seguramente, el periplo boliviano de Guevara estuvo motivado por eso: por conocer a los mineros, protagonistas cruciales y decisivos de la revolución del año anterior. No lo dice de manera explícita pero sus notas así lo transmiten, ya que incluso les dedicó un poema. Y un poema terrible, apocalíptico, anticipatorio: bien Che Guevara.

“Es el trueno y se desboca/ con inimitable fragor. / Cien y mil truenos estallan, / y es profunda su canción. / Son los mineros que llegan/ son los mineros del pueblo (…)”, empieza sus versos en tono sentencioso para luego preguntarse: “¿Que la metralla los siega/ y la dinamita/ estalla/ y sus cuerpos se disfunden/ en partículas de horror/ cuando llega alguna bala/ hasta el ígneo cinturón?”. La respuesta es un contundente: “¡QUE IMPORTA!” (en mayúsculas en el original). Agrega con pasión y rabia: “Son los mineros de acero/ son el pueblo y su dolor”. El final del poema es lúgubre, pesimista.

Las minas en la cordillera son atrapantes por el paisaje que las rodea y por el contraste que deviene de la actividad humana en semejantes parajes. Guevara lo intuye y su vena poética conduce su escrito: “Una gama enorme de tonos oscuros irisa el monte, el silencio de la mina quieta ataca a los que como nosotros no conocen su idioma”. Era el 2 de agosto de 1953, día histórico: la mina estaba vacía ya que los trabajadores habían acudido a La Paz para apoyar la firma del decreto de Reforma Agraria que el presidente Paz Estenssoro estaba estampando en Ucureña, Cochabamba. Al otro día, en camiones, regresaron los mineros. Guevara habla de ellos como “guerreros”. En camión también, el argentino retorna a La Paz, previo pernocte en Palca.

La primera estancia boliviana de Ernesto Guevara no excluyó el lado “turístico”: junto a su compañero de rutas, el “Calica” Ferrer, visitaron el nevado de Chacaltaya y la represa de Milluni, Los Yungas (“Pasamos (…) dos días magníficos, pero faltaban en nuestro acervo dos mujeres que pusieran la nota erótica como matiz necesario al verde que nos rodeaba por todos lados”. Tal cual) y el santuario de Copacabana (“Nos alojamos en el mejor hotel”) y la Isla del Sol, ya de salida rumbo al Perú.

La incursión a la Isla del Sol en el Lago Titicaca -centro mítico de origen de la cultura inca- devela una faceta de las inquietudes de Guevara que lo impulsará todo el periplo: la arqueología. Contratan un botero y parten bien temprano, pero la ausencia de viento hace que deban llegar remando tras seis horas de faena. Por la descripción, arribaron a las ruinas de Pilcocaina, en la orilla sur isleña, sobre el estrecho de Yampupata. Allí, afirma, “me enteré de que había otras ruinas más, de modo que obligamos al botero a ir hasta allí”. ¿A dónde fueron? ¿A la Chinkana? No lo sabemos, lo que sí quedó registrado sin pudor es que “escarbando entre las ruinas encontramos algunos restos, un ídolo representando una mujer que prácticamente llena mis aspiraciones”. ¿Qué hizo Ernesto con la idolilla? Tampoco lo sabemos, pero su avidez por los descubrimientos arqueológicos (o por el “huaqueo” dirían varios) se vio satisfecha. Lo que lo contraría, y lo dice sin ahorrarse intensidad rioplatense es que “el botero no se anima a volver, pero lo convencimos de que zarpara, sin embargo se cagó en las patas y hubo que hacer noche en un cuartucho miserable con paja por colchón”. Diplomático y respetuoso, el futuro Che.

Antes de abandonar la ciudad, dejó dos apuntes que vale la pena destacar, uno romántico sobre su “referencia amorosa” (“Mi despedida fue más en el plano intelectual, sin dulzura, pero creo que algo hay entre nosotros, ella y yo”, escribe sin sonrojarse, algo que leído hoy es difícil encontrarle un casillero donde meterlo) y otro dionisiaco y perturbador: vivía en la hoyada un argentino de origen tucumano de apellido Nougués -más oligarca, imposible, exiliado este sí del peronismo-, referente de la colonia argentina en La Paz y que les ofreció una cena antes de que volvieran al camino. En realidad, no fue cena, sino “una noche de libaciones (…) tanto que me olvidé la máquina fotográfica”. Error, Guevara. Tanto así que, a la mañana siguiente, su compañero Calica parte solo para Copacabana “mientras yo me quedaba otro día que empleé en dormir y recuperar mi máquina”. Eso, en La Paz, se llama “curar el chaki” (resaca).

Llegar a Puno, en Perú, rodeando toda la costa sur del lago Titicaca, no estuvo exento de inconvenientes, incluso el decomiso de dos libros que el buen lector Guevara llevaba en su mochila: El hombre en la Unión Soviética (sin más referencias, seguro un bodrio estalinista) y una publicación que le habían dado en el Ministerio de Asuntos Campesinos de Bolivia “que fue calificada de roja. Roja. Roja en acento exclamativo y recriminatorio” por el jefe de policía local en esos años de auge y esplendor del macartismo que bajaba desde el norte imperial.

El impacto que causó Bolivia en la percepción de Ernesto Guevara lo sintetiza él mismo en una declaración incluida en una nota periodística publicada en El diario de Costa Rica el 11 de diciembre de 1953 titulada con elocuencia “Experimento extraordinario es el que se realiza en Bolivia”. Allí el futuro icono guerrillero asegura sin rodeos: “El país que más nos ha impresionado es, sin duda alguna, Bolivia. Durante los dos meses que estuvimos recorriendo la zona minera y otras regiones importantes de su territorio, nos hemos impuesto del estado de gestación en que se encuentran sus instituciones. El experimento es de lo más interesante y valioso que puede haber. Con una capacidad mínima se realizan empresas extraordinarias, que están produciendo una profunda transformación en múltiples aspectos de la vida política, social y económica de Bolivia. Y tanto es así que todos los países del hemisferio tienen los ojos puestos en aquella pujante y revolucionaria República”.

En la misma dirección, en una carta previa a la entrevista en el país de los ticos, enviada a su amiga Tita Infante, militante del Partido Comunista Argentino, fechada en Lima el 3 de septiembre del año 53, Ernesto -como firma la misiva- se exalta y no ahorra emociones para describirle lo que pasaba en Bolivia. Escribe y es muy vívido: “Bolivia es un país que ha dado un ejemplo realmente importante a América. Vimos el escenario mismo de las luchas, los impactos de bala y hasta restos de un hombre muerto en la pasada revolución y encontrado recién en una cornisa donde había volado su tronco, ya que explotaron los cartuchos de dinamita que llevaba a la cintura”. Concluye sin ambages, haciendo gala de un culto al coraje expandido territorialmente: “En fin, se ha luchado sin asco. Aquí las revoluciones no se hacen como en Buenos Aires, y dos o tres mil muertos (nadie sabe exactamente cuántos) quedaron en el campo (…) La lucha sigue (…) pero el gobierno está apoyado por el pueblo armado…”. Eran, sin dudas, otros tiempos. Si eran mejores o peores que los que nos toca vivir, cada quién dirá.

Las memorias paceño/bolivianas de Ernesto Guevara se constituyen, de sobremanera, en un hallazgo bibliográfico. Develan a un hombre en evidente tensión existencial (los “dos yo” a los que alude en una carta a su madre: “el socialudo [sic][2] y el viajero”), aguzada por una sensibilidad extrema que va labrando una mística personalísima que va forjando el destino guevarista, aquel que, cerrando el círculo vital, lo conducirá de nuevo a Bolivia. Lo que está claro, a la vez, es que la huella boliviana en la vida de Guevara caló hondo en su ser y desmiente aquello de que vino a inmolarse a un país que desconocía.

Pablo Cingolani*: Escritor, poeta y periodista nacido en Argentina, vive en Bolivia desde 1987.
 
Laderas de Aruntaya, 7-8 de febrero de 2021

Todas las citas son de Ernesto Guevara: Otra vez. Ocean Sur, México, 2012

[1] El término deriva de pachorra, que significa tranquilidad, calma, lentitud.

[2] Esa palabra en el puño de un argentino es inevitable asociarla a “socialista” y “boludo”.







domingo, 7 de febrero de 2021

LA ACTUAL DICTADURA CULTURAL: EL PROGRESO HACIA LA NADA por Carlos Daniel Lasa*

 OBERTURA DEL EDITOR: El intelectual anárquico es común que desvíe su mirada a las propias bases de sus lectores, a veces con virulencia como en el caso de Onfray. Este libelo está más dirigido al progresismo europeo, en especial el Francés; pero hay algunos aspectos aplicables por estos lares. De ninguna manera queremos contribuir al duro ataque al progesismo vernáculo proveniente de cierta derecha intelectual conservadora, ni mucho menos a la proveniente de sectores peronistas excluídos de la convocatoria albertista. Tampoco al que pueda tener el autor de la nota, Doctor en Filosofía por la Universidad Católica de Córdoba. Tampoco podría fundamentar los motivos claros por la que publico esta nota. La cosa sería así: "al que le quepa el sayo que se lo ponga".




El filósofo francés Michel Onfray es bastante conocido dentro del mundo de habla hispana. Muchas de sus obras han sido traducidas. Incluso ha sido referenciado frecuentemente por el progresismo vernáculo. Como siempre, sus obras despiertan admiración y repudio a la vez. Quizás, esta última a la que me voy a referir, se trate del segundo caso.


En efecto, Onfray publicó, el pasado año, su `Théorie de la dictature précédé de Orwell et l`Empire maastrichien' (París, Editions Robert Laffont). En este escrito afirma que hoy, en los países democráticos, se ha establecido una nueva dictadura.

Esta dictadura a la que hace referencia se caracteriza por los aspectos que siguen. Ellos son: destruir la libertad, empobrecer la lengua, abolir la verdad, suprimir la historia para poder reescribirla a voluntad, negar la naturaleza y propagar el odio.

El común denominador de este nuevo mundo progresista es su fuerte componente nihilista. Refiere el autor, conocido por su confesado ateísmo: "El progresismo se ha transformado en la religión de una época privada de experiencias de lo sacro, se ha convertido en la esperanza de estos tiempos desesperados, de una civilización sin fe".

¿Cómo se ha llegado a esta situación de barbarie cultural?

El pensador francés expresa que, luego de 1969 (cuando De Gaulle deja la presidencia), el poder político francés se parte en dos. Por un lado, los seguidores de De Gaulle; por el otro, los simpatizantes de los comunistas. Los primeros se quedan con la economía y las competencias estatales; los segundos (obviamente) con la cultura.

Estos últimos conquistan el monopolio cultural a la par que empiezan a crear un relato. Poniendo en sordina su colaboración con el régimen nazi durante la ocupación, inventan que fueron fusilados 75.000 hombres del partido. Estos serían, de acuerdo a la nueva historia, los verdaderos héroes antinazis.

Como nota pintoresca, Onfray refiere que este mismo partido comunista era contrario al aborto y a la contra-concepción en virtud de no querer que la mujer comunista fuera conducida a transitar la vida disoluta de los burgueses.

Sin embargo, este poder político-cultural durará poco tiempo. Después de 1968, las filosofías estructuralista y deconstructivista comienzan a hacerse hegemónicas.


IDEA VS. REALIDAD


Para el estructuralismo, refiere Onfray, la idea es más verdadera que la realidad. Esta desnaturalización opera en el lenguaje con Barthes, en la antropología con Levi-Strauss, en psicología con Lacan, en la historia con Althusser, en la sexualidad con Foucault, en la racionalidad con Deleuze, en el ámbito de la verdad con Derrida. El nihilismo deconstructivista, pues, reemplaza al materialismo dialéctico.


Ahora bien: el principal enemigo de esta dictadura cultural es el pensamiento. El que pretenda pensar de modo diferente se convierte en un sospechado. ¿Cuándo sucede esto? Cuando alguien pretende pensar por sí mismo y comienza a ver la realidad de las cosas. Cuando se decide a dar el nombre justo a esas cosas. Cuando afirma que las verdades serán siempre verdades.


Como podrá advertirse, solo el poder dictatorial progresista puede determinar qué es y qué no es verdad.

La nueva dictadura reprime a través del aparato jurídico, dictando leyes favorables al nuevo absolutismo. Al propio tiempo, lleva a cabo una revolución cultural. Esta última se hace efectiva instrumentalizando a los medios de comunicación, empobreciendo la lengua y reescribiendo la historia. Será necesario, a tal efecto, crear una nueva lengua con el objetivo de reducir la gama de pensamientos.


`MODERNIZACION'

De este modo, el pensar peligroso morirá porque carecerá de palabras para expresarse. Esta nueva lengua, bajo el imperativo de la "modernización", hará imposible que el hombre pueda acceder al pensamiento clásico. Al destruir la posibilidad de la memoria se podrá inventar un nuevo sistema simbólico acorde a la dictadura progresista.


Este ataque a la lengua, nos dice Onfray, comienza en la escuela. La propia escuela procedió a destruir un método de lectura que había probado su eficacia a través de muchas generaciones. Luego, lo reemplazó por sistemas sacados de las ciencias de la educación: métodos dañinos para los alumnos puesto que rompen los mecanismos de leer, escribir, contar y pensar.

A su vez, se desalentó completamente la memoria. El objetivo, para el filósofo francés es claro: "construir seres adultos vacíos y chatos, estériles y privados de profundidad, totalmente compatibles con el proyecto post-humano".

Onfray califica a este régimen progresista de "descerebrado". Crece el analfabetismo, incluso en aquellos que han superado la enseñanza superior. Los profesores leen menos y se encuentran incapacitados para entender textos de cierta complejidad. Por esta razón refiere: "Esta aversión en relación al libro y a lo escrito, en relación al autor, a la ortografía, al estilo, a la gramática, a la sintaxis, a la literatura, a las obras maestras, a los clásicos, pero también el vocabulario, ha permitido formar una cadena de gente ignorante y sin instrucción, gente analfabeta y atrasada. Es bueno buscar entre esos militantes de la ignorancia a los pedagogos de los niños de hoy y de los adultos del mañana. ¿Qué cosa hay de mejor en la carrera de un solo imbécil en la instrucción pública para construir una, dos, directamente tres generaciones de imbéciles?".

La historia no queda indemne. Esta ya no se construye gracias a las obras de estudiosos que trabajan sobre archivos, documentos y testimonios. Los nuevos "historiadores" creen que la verdad ya ha sido pre-confeccionada por algunas personas avaladas por la dictadura progresista.

Las cuestiones de género o del sexo no se ponen más en términos de naturaleza sino de cultura. Y afirma sin ambages: "Que la naturaleza se oponga a la cultura es la primera estupidez que impide pensar".

Finalmente, esta ideología opresiva y progresista cultiva y alienta el odio. "Nuestra época es la época del odio", dice. Es contraria a la tolerancia. La tolerancia solo debe tenerse en cuenta para con los progresistas, o sea, para con aquellos que piensan del mismo modo. El alma de estos progresistas ha convertido al vicio en virtud.

MONEDA DE INTERCAMBIO

Gracias a la desaparición de la moral tradicional, el odio pasa a ser la moneda de intercambio. Usando el descrédito de las personas, se cancelan discusiones, se oblitera el intercambio de ideas, se tapona toda posibilidad de diálogo. Refiere Onfray: "En el ámbito de la cultura postmoderna, el odio es reservado a quien no se arrodilla delante de las verdades reveladas de la religión que se autoproclama progresista".

Como cierre de este lúcido y valiente escrito, concluye: "No estoy tan seguro de querer ser progresista. Y creo que ni siquiera el burro Benjamín de `Rebelión en la granja' lo hubiese querido ser".


* Doctor en Filosofía de la Universidad Católica de Córdoba


viernes, 29 de enero de 2021

LA POST PANDEMIA ESTÁ EN DISPUTA Y NO ESTÁ DICHA LA ÚLTIMA PALABRA por Lido Iacomini (*) para Vagos y Vagas Peronistas

 


La desnaturalización del sistema democrático El andamiaje institucional usado para sostener los sistemas políticos dependientes de los EEUU -es decir éstas democracias restringidas, que según momento y lugar son más formales que reales -está vigente desde el fin de la segunda guerra mundial. Sirvió para ir acompañando el ascenso de los EEUU al podio de superpotencia unipolar, pero hace ya tiempo que viene sufriendo un proceso de desnaturalización y descomposición.

Sin duda los primeros en soportarlo fueron países periféricos (Paraguay y Honduras bastan como ejemplo) pero en los últimos tiempos las luces de alarma se encendieron al alcanzar a verdaderas potencias intermedias, como Brasil donde el golpe contra Dilma y el encarcelamiento de Lula, con la manipulación de los poderes Legislativo y Judicial (Lawfare mediante) significó un salto cualitativo en el uso perverso de las instituciones democráticas. El año pasado, el agravamiento de éste fenómeno con su arribo a Europa obligó a observar el fenómeno con mayor detenimiento. Si bien al estilo europeo, o si se quiere particularizado en países que se suponen la cuna de las instituciones democráticas, casi hubo un cuarto llamado sucesivo a elecciones en España, donde sus fuerzas políticas se mostraban incapaces de formar gobierno luego de las elecciones, situación que logró eludirse a último momento en un gesto audaz y meritorio de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, mientras casi en simultáneo en el Reino Unido inéditas maniobras en torno a las Cámaras parlamentarias conmovían la tradicional flema británica.

Pero antes de finalizar el 2020 arribó la frutilla del postre. Fue en vísperas de las elecciones del 3 de Noviembre en EEUU que nuestras miradas se detuvieron concentradas en los sucesos inéditos en la gran potencia del Norte. Sucesos que semejaban prolegómenos de una profunda crisis institucional en ciernes, cosa que efectivamente se confirmó apenas sucedido el comicio. No podían leerse de otra manera las declaraciones del entonces presidente Donald Trump, quien anticipó no estar dispuesto a reconocer el resultado que arrojaran las urnas si éstas le fueran desfavorables.

En simultáneo asistimos a la disputa por los nombramientos en su máximo tribunal de Justicia, que parecieron ser tan sólo una variante del uso del Lawfare en Latinoamérica, una sospechosa adaptación a escala norteamericana, pero en esencia una ratificación de que democracia y neoliberalismo, a ésta altura del desarrollo de la crisis, resultan crecientemente incompatibles. En el centro y en la periferia. Este sistema, democrático aún con todas sus limitaciones y triquiñuelas, se está mostrando incapaz de gestionar la crisis que ya no es sólo económica sino política.

La crisis entrelazada Ésta es una crisis múltiple, diversificada o de capas superpuestas. Crisis entrelazada la nominé en un artículo de Abril del 2020. Económica porque el neoliberalismo ha encontrado su techo, prisionero del monstruo híper financiero que el mismo creó, sin modelo alternativo o propuesta superadora a futuro dentro del marco capitalista, una crisis de los modelos productivos y de la naturaleza del trabajo humano provocada por un enorme avance científico técnico y la consiguiente híper comunicación, digitalización y robotización. El gigantesco desarrollo científico técnico ha provocado una formidable crecimiento de las fueras productivas que

chocan con el sistema capitalista que impide aprovecharlas en beneficio del bienestar de los pueblos, en la sensible disminución de las horas de trabajo que éstas permitirían, en la distribución equitativa de sus enormes beneficios y en una planificación y organización racional de la vida en el planeta. Por el contrario ha provocado una crisis ambiental al haber producido un cambio climático que pone en el límite las posibilidades de sobrevivencia de la vida planetaria. Una vuelta de tuerca sobre la vieja contradicción señalada por el marxismo, entre el desarrollo de las fuerzas productivas (hoy híper tecnologizadas) y las relaciones de producción (híper decrépitas). Al mismo tiempo vivimos una crisis de hegemonía del sistema capitalista tal como lo hemos conocido, bajo la batuta de los EEUU.

La emergencia china pareciera catalizar las contradicciones de la coyuntura pero la realidad de la disputa hegemónica chino norteamericana no debe impedirnos ver (en esa imagen famosa: el árbol que tapa el bosque) una realidad compleja que no se resolverá con paliativos ni recursos dilatorios.

Para colmo la pandemia del Covid 19 ha agravado a escala planetaria la crisis. Y seguramente de prolongarse esta situación paralizante las contradicciones principales y secundarias se agudizarán. En Italia cuyas dificultades para gestionar democráticamente ya eran agudas en estos meses la derecha extrema acudió a la violencia en las calles en Roma para poner en cuestión las políticas gubernamentales para enfrentar la crisis sanitaria. No es menos “sensible” la situación provocada por el Coronavirus en España, Francia y algunos otros países europeos.

También en América latina En América latina es en el campo de la política donde se expresan con nitidez las tensiones acumuladas tras el fracaso de los gobiernos de derecha en gestionar, desde el neoliberalismo digitado desde el norte, las economías regionales. Ante una coyuntura rica en acontecimientos políticos, existe hoy en la región un debate intenso entre diferentes miradas que buscan interpretar la situación. Y por supuesto postular una salida. La periodización pasa a ser un asunto que requiere esclarecimiento. ¿Con los triunfos democráticos en Argentina, México y Bolivia se inicia un nuevo ciclo de ascenso de los movimientos progresistas y transformadores en la región? ¿Ó en realidad aún no se ha cerrado el ciclo iniciado a fines del siglo XX con la aparición de Hugo Chávez en Venezuela? De ser así, debiéramos suponer que el replanteo de la Patria Grande es el que marcó y sigue marcando una época, a pesar del contragolpe transitorio de la derecha, cuya máxima expresión es Bolsonaro en Brasil. El cierre probable de la experiencia pinochetista con la derrota de su constitución este 25/10/2020 pareciera indicarlo. Otro elemento a tener en cuenta es que fue en Latinoamérica donde se implementó por vez primera y a pleno el modelo neoliberal. Precisamente en Chile, donde hoy está vislumbrándose su final.

Si bien muchos se sorprendieron por el triunfo del MAS en Bolivia, que a algunos cuantos nos parecía predecible, ameritaría una mayor sorpresa el rápido reconocimiento del triunfo de la fórmula encabezada por Arce - Choquehuanca por parte de la embajada norteamericana en La Paz en la voz de Janine Añez, en realidad su vocera. Para EEUU era ya imposible subir la apuesta escalando a un nuevo golpe. Trabajosamente, pero más rápido que cualquier previsión, un nuevo mapa político se va delineando en la región, acorde con un también nuevo escenario mundial. Es éste el escenario post pandemia, al cual está entrelazado. Pero si hay alguien que estaba consciente de que la post pandemia debía construirse sin esperar a la derrota del Coronavirus, es la burguesía capitalista que apostó a un accionar derechista atropellando en un momento donde la dificultad de

los pueblos para ejercitar su capacidad de lucha está aún limitada. Por eso en todo el mundo la derecha es anticuarentena.

El rompecabezas internacional Atrevámonos a dar un paso más en el armado del rompecabezas del escenario internacional actual. Aún sin clausurar el debate sobre las causas y responsabilidades en los sucesos norteamericanos que tuvieron su imagen emblemática en la toma del Capitolio, Joe Biden marcha hacia el sillón de la Casa Blanca y con impeachment o sin él inaugura un ciclo de cambios y posiblemente de inestabilidad. Pero sin dudas, de evidencias de la mayor debilidad norteamericana. Obligado a abrir el juego intentará retener a la Europa dividida por el Brexit, en una mesa de negociaciones con la expectativa de insuflarle nuevos bríos a una vieja alianza sin mística y desgastada. La política antirusa reverdecida tras la secesión de Crimea pierde fuerza a partir de su alianza estrecha con China aunque hoy estamos en pleno desarrollo de una nueva batalla geopolítica: la de la vacuna anticovid Sputnik V versus la de Pfizer o alguna otra de cuño occidental y la de Telegram vs WhatsApp.

Sputnik V y Telegram son los dos nuevos arietes geopolíticos que colocan en el centro del ring a EEUU frente a Rusia pero sin embargo Biden no podrá eludir que hoy el principal adversario del imperio norteamericano es China. Trump, que comenzó intentando escindir ese bloque en potencia al inicio de su gestión, con una política de seducción hacia Rusia para enfrentar con su respaldo a China, fracasó. Hoy Rusia ha recobrado su rol de gran potencia y sin dudas si Sputnik y Telegram salen airosas de la actual batalla su papel estratégico se habrá potenciado. Pero China también se verá beneficiada indirectamente. La vía indirecta es la manera en que más le conviene para mantener y desarrollar su apuesta de largo plazo, aquella que necesita de la paz y la estabilidad y que está basada en la convicción de que el tiempo juega a su favor. Es decir en la confianza de su superioridad estratégica.

¿La guerra ó el acuerdo para la transición? Esta necesidad de China de paz y estabilidad le da a EEUU, en el ciclo Joe Biden, la posibilidad de optar entre una peligrosa política de confrontación (o de “guerra fría”) o la de alcanzar un acuerdo realista y razonable capaz de frenar las apetencias desmedidas de los “globalistas” de la financiarización de la economía y avanzar hacia una reforma de las reglas de la gobernanza internacional y sus instituciones. a) Una de las primeras implica la reforma y revalorización de la Organización Mundial de la Salud (OMS), con el reingreso norteamericano y la creación de una estrecha colaboración en el desarrollo de las vacunas más eficaces, su utilización justa e igualitaria apuntando a su “descomercialización” como método para ello. Sin dudas la batalla más dura será contra los monopolios de los medicamentos y la industria de la “enfermedad”. b) Resolver el problema de la deuda de forma de promover una reactivación de la economía a la vez que equilibre la enorme y creciente desigualdad entre el centro y la periferia del mundo, c) reafirme y desarrolle los “Acuerdos de París” sobre el cambio climático multiplicando los esfuerzos por desarrollar las energías “limpias” y limitar fuertemente las tradicionales. d) Adelantarse al agravamiento de la crisis del “trabajo” que se evidenciará con fuerza a la salida de la pandemia del Covid 19, estableciendo una disminución consensuada e internacional de las horas de la jornada laboral a la vez que, tomando el toro por las astas, empezar a dar pasos firmes en dirección al Ingreso Básico Universal.

No habrá salida de ésta crisis internacional, entrelazada, múltiple y diversa, agravada por la pandemia pero que la precede desde mucho antes, para los países de manera aislada y confrontando.

En ese sentido la principal responsabilidad está en manos de la que fuera la principal potencia imperialista del mundo, los EEUU. Asumirla será además en el propio beneficio de su pueblo que hoy está viviendo en carne propia, y con los peores números del mundo, los dolores de la pandemia pero también los de la debacle del que fuera su imperio, sumido en una tremenda crisis de su economía. Del otro lado encontrará buena voluntad, sostenida por la necesidad. Sólo como resultado de una negociación y un acuerdo exitoso se abrirá verdaderamente el camino a una multipolaridad. Porque si bien la unipolaridad ha muerto, y sólo falta enterrar su cadáver insepulto, la continuidad de la confrontación, la “guerra fría” o las guerras calientes periféricas, como en otras y recientes épocas, conducen a una nueva y peligrosa bipolaridad. De un lado EEUU, que luchará por conservar a su tradicional aliado Europa y a algún asiático descarriado y del otro lado a China y Rusia, esterilizando el esfuerzo de los pueblos por construir un mundo más justo y equilibrado.

La oportunidad es ahora: la postpandemia está en disputa y no está dicha la última palabra.


*el autor es miembro de Participación Popular, fue Coordinador de la Comisión de Asuntos Internacionales de Carta Abierta y codirige el programa de Geopolítica ..y el mundo sigue andando… por Radio Asamblea.




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martes, 19 de enero de 2021

PERÓN Y LA MONTAÑA: UNA APROXIMACIÓN (1) SENSIBLE por Pablo Cingolani (") para Vagos y Vagas Peronistas

 



“Lo que pasa es que los presidentes 

no suelen ser montañeses 

ni los montañeses presidentes. 

Yo reúno ambas condiciones 

y una explica la otra”.


Juan Perón 

a los miembros de la expedición francesa 

que coronó el cerro Fitz Roy (1954) (2)




“La gran derrota, en todo, es olvidar”.

Celine: Viaje al fin de la noche




A Ricardo Labanca, in memoriam,

y con él, a todos los compañeros.


Perón fue el protagonista central de la historia argentina del siglo XX. Su influencia no sólo fue continental, sino de proyecciones mundiales y, a la vez, si bien falleció el 1º de julio de 1974, sigue irradiando sus ideas en pleno siglo XXI.

Militar de carrera, tres veces elegido presidente de la Argentina por la vía de los votos -el primero en la historia electo por sufragio universal-, Perón fue el artífice de la formación de un movimiento político-cultural multitudinario que expresó una síntesis sensitiva y concreta de los anhelos de las mayorías populares, de los más pobres y más desprotegidos de la sociedad, y para quienes como gobernante volvió realidad efectiva derechos y beneficios sociales que nunca pudieron ser igualados en su impacto transformador.

Esa tarea de reparación histórica fue llamada por el mismo Perón como “justicia social” y su cumplimiento también estuvo asociado a la mítica figura de su segunda esposa, Evita, Eva Perón, también protagonista crucial, hasta su prematura muerte en 1952, de una década de realizaciones que cambiaron para siempre a la República Argentina.

Perón fue también un pensador incisivo y original y un escritor de vasta producción. En su obra, se revelan tanto su rol de ideólogo militar (fue profesor de la Escuela Superior de Guerra) como su faceta más conocida de conductor y estratega político, aunque toda su obra tiene rasgos que la singularizan: está atravesada por un profundo humanismo, un genuino patriotismo, un arraigo a lo nacional y un visionario encuadre latinoamericanista. 

Hasta hoy, Perón, sigue suscitando adhesiones sinceras y también rechazos y controversias. 

Lo que está más allá de cualquier discusión fue su decisiva centralidad política y el incomparable amor que supo ganarse de parte de los más humildes, de todo un pueblo. 

Mucho se ha escrito sobre su innegable capacidad de liderazgo, sobre su visión estratégica y revolucionaria de los problemas argentinos y de las soluciones de fondo que aportó como acción o como legado; páginas y más páginas se han leído sobre su carisma, su don de gentes y su impactante capacidad oratoria. 

Sin embargo, aún hoy, sigue existiendo poca luz sobre algunas facetas de la personalidad avasallante de Perón, facetas que tal vez fueron opacadas por su rol político descollante pero que, bien miradas, son claves para entender, precisamente, ese rol en el devenir histórico de un hombre, su raíz y la forja de un destino que fue, a la vez, la raíz y la forja de un destino para millones de seres humanos.

El Perón “montañés” –como el mismo se calificaba- es, tal vez, la más olvidada de esas facetas poco conocidas de la vida y el pensamiento de Juan Perón. 

La relación que Perón forjó con la montaña es una relación matricial, nutriente, vital y verdaderamente reveladora de los detonantes que explican o pueden intentar explicar la magnitud de las tareas emprendidas por Perón en su vida pública, los motivos que explican o pueden intentar explicar su voluntad, su tenacidad -puesta a prueba dramáticamente a partir de su sangriento derrocamiento en 1955-, y pueden terminar de descubrir el lado más decididamente humano, el lado más descarnado, el más despojado de cualquier contaminación interesada, de alguien que tuvo el valor de enfrentarse a todos los poderes en aras de lograr concretar un objetivo supremo, una cima: la causa más justa de todas, la causa de los pueblos.

* * *

¿Por qué el Perón montañés no es un hecho arraigado en el imaginario que rodea a un líder excepcional? 

Es una cuestión paradojal. Tal y como se anota en el epígrafe de este texto, cuando Perón le afirma a los franceses que encararon el Fitz Roy (valga decirlo: con su apoyo total para la aproximación a esa montaña emblemática), que la combinación entre el ser “montañés” y el ser “presidente” sólo se entiende fusionando ambas condiciones ya que “una explica la otra”, fiel a su estilo de patear el tablero, Perón está diciendo una verdad inédita e irrepetible en los anales de la historia y la mentalidad argentina.

La reivindicación de lo “montañés” rompe el paradigma y la imagen de un país que se había organizado de manera cruel y parasitaria en torno a la llanura y el puerto de salida de esa llanura, una de las más fértiles del mundo, negando al resto de sus realidades geo-históricas, esas realidades que constituían, a la vez, núcleos de origen y de irradiación de lo que con el tiempo se empezó a asumir como “lo argentino”. 

Nos referimos a lo “andino” y a lo “patagónico”. La forja del Perón político está allí. Está anclada a una vida familiar y una vida militar que tuvo en la Patagonia primero y en el corazón de la Cordillera de los Andes después, sus centros de gravitación. La auto conciencia de Perón sobre este hecho es definitoria.

Sobre el influjo patagónico en su vida, Perón mismo lo explicó así: 

“(…) creo que toda la familia recibió de la Patagonia una lección de carácter. Yo doy gracias a Dios por eso: he comprendido que esos cinco años en los que se formó mi subconsciente ejercieron una influencia favorable sobre el resto de mi vida”.(3) 


Pero no fue sólo el medio geográfico el que influyó en el pequeño Perón. El contacto con los trabajadores rurales de un área remota de la Patagonia de los primeros años del siglo XX también fue decisivo. Cuenta Perón que en una estancia llamada Chankaike, donde vivía con su familia, 

“el capataz era un escocés marinero y la mayoría de los peones tenía origen chileno. Pero eran gente también de primera, porque de uno y otro lado de la cordillera, los hombres son los mismos. Cuando era chico –recuerda un hombre memorioso que ya frisaba los 75 años de edad- mi ambición era ser como ellos: hombres extraordinarios en lucha continua con la naturaleza”. (4)

Esa naturaleza era despiadada pero nunca un obstáculo para el Perón niño: 

“En invierno el termómetro llegaba a los veintiocho grados bajo cero: la lucha con la naturaleza era el pan nuestro de cada día, pero a esa edad todas las aventuras nos parecían pocas. Así crecimos, en libertad absoluta…”. 

Como diría el propio Perón: quien quiera oír, que oiga. 

* * *

Verdad y consecuencia: hete aquí, digo, los hilos invisibles con los cuales se teje, con paciencia y con ardor, la historia. 

No es posible explicar el ímpetu libertario de un Mariano Moreno sin su paso por la Universidad de Charcas y su conocimiento directo de la salvaje explotación de los indígenas en las minas de Potosí.

No es posible entender la audacia táctica y la clarividencia estratégica de un San Martín sin comprender que -tras su fragua militar en la España invadida por las tropas napoleónicas-, durante su jefatura del Ejército del Norte –tras las derrotas aplastantes que sufrió ese mismo ejército, conducido por Belgrano, en Vilcapujio y Ayohuma, en el corazón altoperuano-, el decide organizar y ejecutar su hazaña militar más memorable de todas: el cruce de la Cordillera de los Andes para invadir el Chile español.

En esa lógica desencadenante, tampoco es posible entenderlo a Perón, entender a ese Perón revolucionario, ese Perón constructor de esa patria con la cual soñó el mismísimo San Martín, sin su experiencia vital forjada en las soledades patagónicas y en la relación entrañable que anudó con esa misma Cordillera de los Andes. 

Con referencia a ésta última y a la inspiración siempre presente de un San Martín, genio militar y liberador de pueblos, el propio Perón anotó: 

“...he estudiado profundamente la vida ejemplar del General San Martín y así fue que en los Andes mi primera preocupación fue recorrer día a día y jornada por jornada, su memorable campaña del paso por esa cordillera, no igualada en los fastos de la historia del mundo. En cada lugar donde él pernoctó estuve, y recorrí sus campos de batalla y reconstruí “in mente” momento a momento cada una de las acciones en que él intervino”. (5)

Este abordaje a la gesta militar sanmartiniana se enhebró con el afán de Perón en torno al estudio sistemático de la historia y el pensamiento de San Martín. En realidad, podemos decir que San Martín fue la gran pasión histórica de Perón, completada a su vez con la gesta similar que encabezó Simón Bolívar desde el norte de Sudamérica: la visión histórica de Perón era integral, era totalizadora, era estratégica. Era continental. (6)

En esa toma de conciencia de una historia común de lucha contra el colonialismo español por la independencia política, Perón, a su vez visualizó correctamente el rol de la Cordillera de los Andes, tanto como el eje geográfico articulador del espacio sudamericano y, a su vez, como el espinazo a quebrar en la lucha por la liberación del suelo americano. La hazaña sanmartiniana y bolivariana fue, precisamente, esa: sorprender a los españoles con una guerra de movimientos que, hoy por hoy, resultaría impensable. 

Los Libertadores, a diferencia de otros estrategas militares, comprendieron que la guerra en un continente signado por la presencia de la cordillera más larga y abrupta del planeta, una cadena inverosímil de nevados de más seis mil metros de altura, se resolvería rompiendo sus eslabones más débiles y, en un movimiento envolvente de pinzas que se terminaron de articular en Guayaquil, en ese mítico encuentro entre los dos ases de la lid continental, daría fin en las alturas de esa misma cordillera, donde el poder español se atrincheró para resistir. 

Daría fin en Ayacucho, donde un ejército continental, multinacional y pluricultural, terminaría de enterrar a un poder despótico y decadente que había colonizado América por más de trescientos años.

La fascinación de Perón con la guerra en las montañas, siguiendo sus trabajos de investigación de San Martín y su diseño de la guerra continental, se explica, en la perspectiva histórica, por el apego riguroso de Perón a las enseñanzas de esa misma historia –lo que fue bueno, puede ser bueno dos veces- y, en lo personal, por esa identificación sensible que Perón sintió desde niño con ese medio geográfico que ahuyenta a los débiles de convicción, que despoja al ser humano de todos sus atributos y los pone a prueba, que se constituye en la forja o la tumba de todas las ilusiones: la montaña.

* * *

La montaña no es sólo la presencia de la montaña –esa presencia sublime y siempre inspiradora-, la montaña es también la experiencia de la montaña, la experiencia física de los rigores montañeses, ese enfrentar a conciencia a la hostilidad, ese enfrentamiento que, con corazón abierto a la sensibilidad, se vuelve escuela de humanidad. La esencia del montañismo es esa. No el espíritu competitivo –esa mezquindad que domina al planeta- trasladado a la montaña. 

La montaña y la experiencia de la montaña –como el desierto o la experiencia del desierto- son una cantera inagotable para la búsqueda de fortaleza espiritual, de un blindaje ético de la personalidad, del hallazgo de un andamiaje terapéutico, psíquico y poético para encarar la vida y descubrir nuevos ámbitos de la realidad donde proyectarla. 

Es así porque la montaña es un eficaz entorno de revelaciones: uno puede o debería imaginarse la genética y la psicología de un San Martín (o a Bolívar con sus llaneros de pies descalzos cruzando el paso de Pisba) puesta a prueba, afiebrándose (muchos soldados morían en el intento, la travesía acarreaba dolor, se volvía calvario por momentos), desbordándose de misticismo frente a esa estética extrema y siempre arrebatadora, inundándose de fervor por el porvenir, por los planes de liberación continental, por esa esperanza general, masiva, compartida pero que ellos veían reflejada en el brillo de las nieves de las eternas montañas.

Desde allí, desde ese temblor constitutivo de las patrias, desde esas hazañas inigualadas e inigualables porque el paso del tiempo –la tecnología y su ausencia de gracia- las petrificó en la gloria, no es difícil o es menos arduo –por más próximo- sentir a ese Perón siguiendo los pasos del Libertador en las cordilleras, sentir ese impulso de peregrino de reencontrarse en el santuario imponente de la naturaleza y de la historia con la memoria viva y el genio creador de ese San Martín, guerrero inmortal, audaz entre los audaces, e incitarse y prometerse y jurarse no ceder, no cejar, no rendirse hasta ver realizado el sueño sanmartiniano.

Digo que el “Perón montañés” es la fragua de todos los demás Perón, de todos los Perones, si se me permite ese plural, ese abigarramiento. 

Digo que ese Perón de la llanura -nacido en Lobos, histórica avanzada “argentina” en la pampa, pampa: la palabra quechua que aún hoy sigue nombrando a una provincia argentina y sigue nombrando también a toda la llanura. Nótese el influjo andino, aunque no lo asumamos. Y con el recuerdo siempre presente de su “primer amigo”, el Chino Magallanes, el paisano domador de caballos de su pueblo natal-, no hubiera sido Perón, no hubiera sido el Perón que conoció la historia, sin el acoplaje corporal, mental y existencial que le brindó la montaña.

Perón termina de descubrirse y habitarse como Perón con las revelaciones que la montaña le procura. 

Como militar, al influjo protector y la inspiración de San Martín y las experiencias vividas en Europa al calor del inicio de la Segunda Guerra Mundial –y recordando seguramente como “el general invierno” terminó de vencer a Napoleón en Rusia-, Perón escribe. Escribe sobre la guerra en las montañas. (7)

Como ser humano, como persona, Perón se prueba a sí mismo, se vuelve a probar en los Andes. Ya no como el niño que, como todo niño, deseaba aventuras. Si como ese hombre, “casi viejo” en sus propias palabras, que buscaba esa bisagra entre su ser/nacer argentino de la pampa –el argentino, dramáticamente, a secas- y ese ren(h)acer/se argentino “andino” –como propuso especializar a las tropas y los comandos militares de montaña- que empezó a sentir, desde su humus infantil patagónico, como el combustible vital que necesitaba para seguir adelante, para seguir concibiendo su proyecto nacional, para seguir soñando, fortaleciendo y luego plasmar esa realidad efectiva que, como dice la marcha que se inspiró en su hacer, “le debemos a Perón”.

Ese Perón, insisto, no hubiera sido nunca real, nunca hubiera sido posible, sin la experiencia andina de ese mismo Perón. 

Como a San Martín, guaraní de Yapeyú, el destino “que se elige”, como diría el también inmortal e invencible Sixto Palavecino, lo condujo a ese lugar del orbe que construyó el primer estado benefactor de la historia: el Tawantinsuyu de los Incas.

Y las huellas y los rastros de ese San Martín, lo inspiraron en el arte militar, pero hay algo más, algo decididamente personal, algo comprometidamente humano: Perón en los Andes, decíamos, se prueba. Y se puso prueba de verdad. 

No encuentro la cita, tampoco importa. La anoto así: en Mendoza, la misma Mendoza de San Martín, como director del Centro de Instrucción de Montaña del ejército argentino, Perón deja una huella imborrable en sus camaradas, en sus subordinados. 

Era el primero en levantarse, cada día. Calentaba la comida (“la polenta” –harina de maíz) para todos. Los alimentaba y les daba fuerzas, de las dos. Las fuerzas físicas y las fuerzas morales porque Perón les hablaba, los alentaba, les compartía su sueño. Un tipo maduro, casi cincuentón, se ponía la mochila al hombro y encabezaba las marchas de instrucción (8). Era uno más y era, a la vez, Perón, ese Perón que se iba labrando en la montaña (9), junto a la piedra, no junto a esa piedra negra sobre una piedra blanca, tal vez un jueves, en París, donde el poeta (10)  quería morirse, sino sobre esa otra piedra sobre la cual un Nazareno, otro peregrino pero de los desiertos, prometió construir un reino bondadoso y sensible, un proyecto que nos humanizó –frente a otro poder despótico y decadente- hace ya más de dos mil años.

Perón y las piedras. Cuentan los franceses en su libro ya citado: 

“La fraternidad montañesa es realmente admirable y quizás única. Ella se extiende por encima de todas las fronteras y de todos los convencionalismos. El General. Perón nos presenta esta mañana un ejemplo vívido y nos da una lección admirable.

El hielo del protocolo queda roto enseguida. Le hacemos partícipe de nuestros proyectos, de nuestras esperanzas y también de nuestras preocupaciones y dificultades, sin reserva y con total franqueza.

Él, por su parte, nos habla de los Andes que tanto conoce, de aventuras y correrías en esas grandes montañas que estamos impacientes por ver. Nos muestra una piedra que, artísticamente montada como pisapapeles, decora su escritorio. “Es una piedra recogida en la cumbre del Aconcagua” (…)”.

Puesto a investigar un tema que me intrigaba desde hace décadas –la relación entre Perón y las montañas, sabía lo que se podía saber pero no conocía los detalles, hasta que me puse a indagar-, esta referencia bibliográfica sobre Perón y una piedra de la cumbre del Aconcagua (11)  puesta por el mismo en su escritorio de presidente de la República Argentina, no sólo me conmueve, no sólo me resulta entrañable, no sólo la celebro como un hallazgo para la tarea siempre permanente de seguir construyendo la imagen de un Perón inmortal y necesariamente siempre presente en la memoria de los argentinos, sino que el dato me halaga, me estremece y me compromete en mi triple condición compartida con el mismísimo Perón: la de montañistas, la de coleccionistas de piedras y la de amantes de esa Argentina andina que tanta falta les hace a nuestros compatriotas que naufragan en un mar de incertidumbres y de desasosiego por carecer, por no sentir, por no atreverse o por qué no los dejan sentir esa “andinidad” constitutiva y forjadora de lo que es ser argentino, de lo que constituyó y forjó al mejor de los argentinos del siglo XX, al mismísimo Perón.

Esa piedra peronista, de Perón; esa piedra de la cumbre del Aconcagua –la montaña tutelar de las Américas-, esa piedra que Perón, con orgullo, les mostró a los franceses que, con su apoyo, se animaban al Fitz Roy, digo: es el símbolo de esa misma América, esa América irredenta, esa América rebelde en busca de eso mismo: la redención, la felicidad de su pueblo, la auto determinación, la/s patria/s libre/s, justa/s y soberana/s por las cuales se forjó Perón a sí mismo en medio de esas montañas, en comunión con esas piedras.

Digo: ¿Dónde andará esa piedra? ¿Dónde andará la piedra que Perón lucía en su escritorio? ¿Dónde andará la piedra de la cumbre del Aconcagua que acompañaba a Perón? Evita ya había partido hacia la inmortalidad. Me lo imagino a Perón, encontrando en la aspereza y el silencio de esa piedra, todas las palabras que hubiese querido seguir escuchando de Evita. Me lo imagino a Perón sufriendo, llorando en secreto, frente a esa piedra. Me lo imagino a Perón sintiendo el calor, el calor de Evita, frente a esa piedra. Me lo imagino a Perón sabiendo que esa piedra era él, era el mismo: era su niñez, era su saber, era su memoria, eran todas las montañas que amó, eran sus recuerdos, era su presente y era el porvenir: era la Patria Grande que quisieron San Martín y Bolívar. Era, simplemente, una piedra. Era, eternamente, una piedra.

* * *

Como amante de la montaña, de esas mismas montañas, como agradecido receptor de todo lo que la montaña brinda, te enseña, te tatúa, sé que a Perón le sucedió lo mismo. De ahí, este escrito.

En ese ambiente envolvente, majestuoso y terrible, en esas soledades donde no hay a donde escaparse si no es adentro de uno mismo o al amparo de la cuerda o la mirada o la voz de aliento de un compañero, Perón, debió culminar de diseñar sus sueños de una patria justa, libre y soberana. 

La voluntad de realización también la encontró Perón entre los pliegues de esos antiguos volcanes, ese magma sin freno que alzó los montes, fertilizó llanuras, abrió el cauce de los ríos, dibujó el rostro del planeta. 

Vista en profundidad y despojados de cualquier otra intención, la montaña es, en suma, el altar supremo de la voluntad humana. 

Es allí donde nos desnudamos frente al destino y desanudamos todos los lazos que nos atan a lo superficial, a lo banal, a lo intrascendente. La montaña es estratégica. La experiencia de la montaña, fundadora. 

No puede entenderse a ese Perón colosal, conductor de pueblos y constructor de patria/s, sin su aprendizaje vital en medio de esos colosos de piedra, de esas colosales cordilleras, que son la esencia, son la columna vertebral de nuestra América.

Quedará para los historiadores, seguir desentrañando este ovillo, esta historia, esta historia de Perón dentro del horizonte Perón, siempre fértil, siempre forjador.

De lo que jamás vamos a renegar es de la hipótesis que ha conducido todo este texto. 

El Perón que conocimos y admiramos es el espejo y la hechura de ese Perón montañés, un Perón andino/”andinizado”: continuador consciente y decidido de San Martín, doctrinario de los cerros y de la guerra entre las nieves, coleccionista de piedras, amante apasionado y hasta el final –de eso, estoy seguro- de las montañas, benditas montañas, sagradas montañas.


Río Abajo, Bolivia, junio de 2017.

Notas:

1.En el montañismo, la aproximación es la distancia a cubrir antes de la ascensión a una montaña. Así debe tomarse este escrito metafóricamente: como una previa, notas, apuntes, en torno a un tema multifacético. Agradezco muy fraternalmente a Ernesto “El Negro” Salas por la lectura, los comentarios y las críticas a este texto.

2. Louis Despasse: Al Asalto del Fitz Roy. Editorial Peuser. Buenos Aires, 1953


3. En Tomás Eloy Martínez: Las Memorias del General. Ed. Planeta, Buenos Aires, 1996.


4. Sobre esos “hombres extraordinarios” y su impacto, Perón prosigue: “(…) yo los trataba como a tíos. Nunca se los consideró peones en el sentido peyorativo que los argentinos dieron a esa palabra durante tantos años. Hay que reconocer también que se trataba de gente magnífica; en su infinita humildad cabía una grandeza que no me fue fácil encontrar luego en gente más evolucionada. Por eso cuando llegué al gobierno, les dediqué mi primer pensamiento. En 1945, [sic] los peones de campo vivían en un régimen medieval: para arrancarlos de esa ignominia, preparé el Estatuto del Peón apenas ocupé la Secretaria de Trabajo”. El 8 de octubre de 1944 se sancionó el Estatuto del Peón Rural por decreto bajo la presidencia del General Edelmiro Farrell, pero promovido directamente por la cartera de Trabajo y Previsión a cargo de Perón. El mismo fue ratificado como ley en 1947 ya con Perón como presidente democrático.

5. Este peregrinaje en homenaje a San Martín lo realizó junto con el suboficial Manuel Muñoz. La cita está tomada de Colorado del Monte: Tcnl. Juan Perón de los Alpes a los Andes. En: http://www.elmalvinense.com. Toda la data sobre Perón montañista militar puede ser leída allí. El resto de las citas no citadas también corresponden a la misma fuente. Mis sinceras gracias al malvinense. 


6. San Martín estuvo en el centro de la atención puesta por Perón en sus estudios de historia militar. No sólo San Martín sino también Simón Bolívar ya que la mirada de Perón sobre la historia no era excluyentemente nacional, sino continental, como fue la mirada y el accionar de los Libertadores. Perón trabajó en la dirección de una historia común, una historia continental, un proyecto que a retazos va saliendo a la luz, pero que aún no termina de germinar como un paso imprescindible, en la tarea de forjar un destino compartido, la unión latinoamericana, como necesidad del presente y legado de la historia. 
Así, el año 1927, con el grado de capitán y como alumno de historia militar, escribió una monografía que tituló Campañas del Alto Perú 1810-1814, en las que San Martín participó en el último tramo y de quien Perón analiza sus órdenes tácticas dejadas para el Ejército del Norte al entregar la comandancia. 
En 1932, siendo teniente coronel, Perón presentó una ponencia en el Segundo Congreso Internacional de Historia de América titulada La idea estratégica de San Martín en la Campaña de los Andes.
En 1941, al regresar de su viaje de estudios a Europa enviado por el ejército argentino y donde se especializó en la guerra en las montañas, retomó su monografía de 1927 y la volvió a publicar esta vez con el título más explicativo de Antecedentes de la Campaña Libertadora del General San Martín desde 1814 a 1817.
Los datos están tomados de Manuel Urriza: San Martín y Bolívar vistos por Perón, 2007. Consultado en internet. 

7. Entre los años 1942 y 1943 se publican en la Revista Militar dos monografías de autoría del coronel. Juan Perón, Tropas de Montaña y Comandos de Montaña. Asimismo, en el Boletín de Instrucción Andina del ejército argentino escribe Normas para la vida y el movimiento de las unidades en la montaña invernal y Directivas complementarias para la Instrucción de Tropas de Montaña. Agradezco a Ana Valentina Vlasich Regazzoli de la Subdirección de Estudios y Archivos Especiales de la Biblioteca del Congreso de la Nación Argentina, el envío de una copia del texto Tropas Alpinas. La doctrina italiana de guerra y el empleo de grandes unidades montañas, publicado por Juan D. Perón en el Memorial del Ejército de Chile de julio-agosto de 1943 e incluido en el volumen sexto de las Obras Completas de Juan Perón, editadas la referida institución, el llamado “Archivo Perón”. El texto es muy ilustrativo del interés decisivo depositado por Perón en la guerra en las montañas. “Hay en este texto cierto parentesco, un aire familiar, con las Campañas del Alto Perú”, dice una nota al pie de página firmada bajo las iniciales F.C.

8. Cito una fuente. “Con el grado de coronel, va al frente en una marcha de 30 kilómetros desde Punta de Vacas a Polvaredas, bordeando la margen izquierda del Río Mendoza, con su mochila, demostrando su extraordinario estado físico en condiciones climáticas adversas y sus cualidades de esquiador”.

9. Cito otra fuente: “En junio de 1943, el coronel Perón es designado como Jefe de Estado Mayor de la 1ra. División de Ejército y desde entonces será el protagonista político principal de la Argentina por tres décadas. Ya pasados los años de Mendoza junto a su ayudante el mayor Bríscoli evocaba: “Ya hace cuatro años que abandoné Mendoza. Lo hice llevando por todo bagaje mi fe y mi patriotismo para luchar por el bien de todos los argentinos. A veces considero que allí, en mi Mendoza, dejé la mitad de mi corazón...”.

10. César Vallejo.

11.  Escribí un poema titulado Juan Domingo (Un lunes, una mañana), a propósito de que el 17 de octubre de 1945, la pueblada que cambió la historia de la Argentina exigiendo la libertad de Perón, empezó a ser un lunes, una mañana. Es un diálogo íntimo con un Perón presente a pesar de su ausencia física, es también un diálogo del propio Perón con la muerte. En un momento, dice: “Morir y llevarte contigo la sombra/ el silencio/ la estrella vagabunda/ la cumbre del Aconcagua/que terminarán siendo tuyas/ definitivamente tuyas y de nadie más/ un lunes, una mañana”. Está fechado en La Paz, octubre de 1997.Hay muchas más alusiones al Aconcagua dentro del poema. 







(")Historiador, poeta, periodista y explorador argentino (Buenos Aires, 1963). Reside en La Paz, Bolivia, desde 1987. Como historiador, realizó estudios sobre los derechos argentinos sobre las islas Malvinas y los problemas de tierras en la puna de Jujuy, la explotación cauchera en la Amazonía y la historia minera de Los Lípez potosinos. Trabajó como redactor y colaborador en una docena de medios gráficos de La Paz y sus artículos también se publican en medios de Argentina, Chile, Ecuador y España. En video dirigió, con Gastón Ugalde, Imagina Bolivia y la primera serie de documentales sobre áreas protegidas. Encabezó expediciones ecohistóricas desde 1980, explorando, entre otras, la región de Iruya-Baritú, Cumbres Calchaquíes y la puna jujeña en Argentina, el desierto de Atacama en Chile y casi todos los parques nacionales de Bolivia, en especial en Lípez, Chaco y Amazonía. Es el creador y director de la Expedición Madidi, que ha explorado distintos sectores del parque boliviano del mismo nombre, y ha sido declarada “de interés nacional” por el Congreso boliviano.








sábado, 16 de enero de 2021

ESCÁNDALO EN EL CAPITOLIO por Lido Iacomini (") para Vagos y Vagas Peronistas

 


Seguramente, apenas culminado este, los demócratas triunfantes intentarán hacerlo pasar como un brote histérica trumpista y José Biden asumirá como presidente de los EEUU. Pero no será ni el presidente post pandemia ni mucho menos post crisis de la hegemonía norteamericana. Por el contrario asumirá en medio de la más formidable crisis múltiple y diversa que afecta a la sociedad de la aún principal potencia imperial. 

Los hechos de ayer ponen en evidencia que las elecciones de su democracia degradada no fueron capaces de generar un escenario político superador de la encerrona a la que ha arribado el imperialismo norteamericano, de la mano tanto de demócratas como de republicanos. El Consenso de Wassington y las recetas del neoliberalismo han fracasado en todas sus versiones. No hubo salida para un aislacionismo que pretendió retrotraer las ruedas de la historia a un "industrialismo" neofordista, racista y amurallado custodiado por viejos cowboys.

Tampoco la hubo, ni la habrá, para un globalismo ultrafinanciero sin fronteras que sólo fué capaz de multiplicar las guerras y las burbujas financieras. 

Joe Biden no ganó como portador de una propuesta superadora de la nueva guerra fría antichina ni como portador de una conciencia progresista capaz de aplastar al hipopótamo del jopo rubio sino como producto de la desesperación ante el declive económico acelerado por la pandemia del Coronavirus. 

Quizás la fantochada del Capitolio que puso en evidencia la realidad de la "democracia norteamericana" sirva para que surja la creatividad política necesaria, realista y práctica, capaz de asumir efectivamente la etapa "post": post pandemia, post racismo, post imperialismo. Verdaderamente multipolar y no meramente multilateral.

(")Participación Popular