lunes, 14 de diciembre de 2015

"PERSECUCIÓN IDEOLÓGICA", (Fuente: Página 12, 14/12/15), Este suelto aparecido en Página, no hace más que confirmar quien es Manfroni, un simpatizante todo servicio, de los Estados Unidos de América.


Carlos Manfroni,  y su amiga la embajada de Estados Unidos

El gremio ATE denunció persecución ideológica por parte de funcionarios del Ministerio de Seguridad, que conduce Patricia Bullrich. En una carta dirigida a la ministra, indicaron que el viernes “funcionarios de esa gestión, en forma absolutamente persecutoria y discriminatoria, han solicitado la filiación política, ideológica y sindical de los trabajadores del ministerio”. Si bien el comunicado no da nombres, este diario pudo saber que el funcionario que estuvo haciendo esos interrogatorios sería el subsecretario de Articulación Legislativa, Carlos Manfroni, autor de libros como Las víctimas civiles del terrorismo guerrillero. ATE reclamó a Bullrich el cese de “la arbitraria y persecutoria actitud”.

LA PUGNA ANTÁRTICA, Reportaje, por Julián Varsavsky, al historiador Pablo Fontana (Fuente Pagina12, 14/12/15)




Más allá de sus moles de hielo y la presencia de científicos, la Antártida tiene un costado menos conocido: su historia como engranaje de la geopolítica mundial. Hubo allí hasta una revolución bolchevique. Los nazis enviaron buques corsarios. Y el gobierno británico “donó” a la reina un pedazo del sector argentino.

Pablo Fontana publicó un reciente libro sobre la historia del sexto continente como teatro de operaciones y caja de resonancia de la geopolítica global, donde los nazis mandaron buques corsarios en la Segunda Guerra Mundial, se disputó la Guerra Fría y el conflicto angloargentino incluyó toma de prisioneros y disparos de metralla. Una insólita “Revolución Bolchevique”, la Antártida como ensayo para la colonización de Marte y su hipotética futura explotación.

–¿Qué llevó al hombre a querer colonizar el sexto continente?

–Ya en la época del Virreinato del Río de la Plata, a comienzos del siglo XIX, comenzaron a ir barcos rioplatenses a aguas subantárticas a cazar focas a palazos. Como esos barcos no querían competencia, no dejaban registros de sus viajes y por eso los historiadores no tenemos certezas documentadas. Pero existe un registro de 1818 de un barco que zarpó de Buenos Aires hacia aguas que iban “más allá de Tierra del Fuego”.

–Los norteamericanos, que hoy tienen las bases más grandes del continente blanco, se atribuyen su descubrimiento y usan ese argumento para reservarse el derecho a reclamar todo el continente.

–Nathaniel Palmer, un capitán ballenero norteamericano, llegó a las islas Shetland en 1820 y por eso algunos lo llaman “el descubridor de la Antártida”. Pero en su diario, Palmer relata que llegó persiguiendo a unos foqueros de Buenos Aires que habían estado allí antes.

–La primera explotación sistemática la hizo un encumbrado miembro de la oligarquía porteña: Ernesto Tornquist, quien instaló una factoría ballenera en la Isla Georgia del Sur en 1904.

–Fue la estación Grytviken de la Compañía Argentina de Pesca, que llegó a tener cine, iglesia, cancha de fútbol, hospital y cementerio. Producía mil barriles diarios de aceite. En 1906 comenzaron allí los conflictos con el Reino Unido, al llegar un buque de guerra británico que obligó a bajar la bandera argentina en la factoría, izar la del Reino Unido y pagar impuestos a la Corona. Según algunas versiones, esto habría ocurrido con los cañones ingleses apuntando a la isla (otras lo desmienten).

–En 1920 ocurrió en la estación Grytviken una insólita “Revolución Bolchevique”. La segunda revolución socialista de la historia es considerada la de Mongolia en 1924. Pero si se la mira desde la formal autoproclamación de sus protagonistas, la segunda ocurrió en la Antártida, teóricamente en territorio argentino.

–Esa historia es impresionante y se sabe poco de ella. Solicité documentos al archivo histórico en Puerto Argentino, donde se explica que el conflicto con la Compañía Argentina de Pesca se originó porque los trabajadores exigían que les pagaran en moneda argentina, entre otras mejoras. Al no recibir respuesta, decidieron nada menos que tomar el poder en la isla, declarándose “bolcheviques”, y proclamaron “la primera república socialista fuera de Rusia”. Tomar el poder en ese contexto para los 200 trabajadores no debe haber sido muy difícil. Allí había un gerente noruego y una autoridad británica –una suerte de juez de paz– quienes dejaron testimonio de haberse asustado mucho cuando los trabajadores se pusieron violentos al no recibir respuestas. El poder lo tuvieron por unos diez días, hasta que llegó por casualidad un crucero de guerra británico. Enterados de la situación, desembarcaron los marines y sofocaron la rebelión: los líderes fueron expulsados a Buenos Aires. No existe información clara sobre quienes fueron, si trabajadores rusos o sudamericanos. Lo más interesante es que esto ocurrió poco después de la Semana Trágica en Buenos Aires y poco antes de la Patagonia Rebelde. Contacté a historiadores noruegos de la industria ballenera que me van a facilitar los nombres de aquellos huelguistas, a ver si alguno tuvo participación en las luchas obreras del continente y si existe relación entre los tres episodios.

–En 1938 entró a mover sus fichas en Antártida nada menos que el Tercer Reich desde Alemania.

–Esto se dio en el contexto de la convocatoria en 1938 a la Conferencia Polar Internacional de Bergen, a realizarse en 1940, en la que se reunirían los países con historia antártica motivados principalmente por la industria ballenera. Muchos países reactivaron entonces sus reclamos de soberanía, para no tener que pagarle más impuestos a Inglaterra por cazar ballenas. Argentina y Chile crearon sus comisiones antárticas y los británicos se activaron luego de su impasse de la Primera Guerra Mundial: hasta ese momento, Argentina era el único país con presencia permanente desde hacía 40 años en Antártida, con el observatorio meteorológico en las islas Orcadas del Sur. Mientras tanto, Alemania había anexado Austria y se sentía en el aire que podía estallar una nueva guerra mundial, algo que Francia e Inglaterra trataban de frenar contentando a Hitler al aceptar sus primeras invasiones. En este contexto, Alemania envió su expedición de 1938/39 para sentar soberanía.

–¿Cómo fue esa expedición?

–Hitler envió un barco catapulta con dos hidroaviones de Lufthansa, disfrazado de expedición científica con el interés de anexar parte de la Antártida y no tener que pagar impuestos balleneros a Noruega y Gran Bretaña.

–¿Qué hicieron los nazis en Antártida?

–El capitán Ritscher hizo lanzar desde los hidro aviones unas jabalinas que se dejaban caer por un orificio en el piso. Estás tenían una esvástica estampada y una de ellas una bandera nazi. De esa manera pretendían demarcar su propio terreno, algo que no servía para nada porque las jabalinas se perdían. Existen relatos alemanes de cuando amerizaban con hidroaviones y le hacían el saludo nazi a los pingüinos. Pero el interés geopolítico iba aun más allá de las ballenas en el caso alemán. Los canales de Suez y Panamá eran controlados por los Aliados y el único cruce seguro para ellos entre los océanos, en caso de guerra, sería por aguas subantárticas, donde sus islas servirían como centro de reabastecimiento.

–La llegada de los nazis despertaría el interés de Estados Unidos en la región.

–Ese país no había hecho una sola expedición oficial antártica en los últimos 100 años. Cuando se enteraron de la llegada de los nazis, Roosevelt organizó en 1939 una de urgencia para ganarles de mano, instalando dos bases en el mismo lugar en donde aquellos habían planeado una.
Pablo Fontana, historiador


–¿Antártida fue teatro de operaciones de enfrentamientos en la Segunda Guerra Mundial?

–En aguas subantárticas aparecieron varios de los barcos corsarios que los nazis mandaron por el mundo disfrazados con banderas de otros países y sus armas ocultas. El episodio más impresionante fue la captura por parte del barco alemán Pinguin de dos flotas balleneras completas de bandera noruega. El 13 de enero de 1941, luego de varios días observando a los noruegos desde la distancia, el Pinguin se acercó a toda máquina en la noche con las luces apagadas, hasta que de repente encendieron un reflector y elevaron sus cañones. Los alemanes subieron a la cubierta de los dos barcos principales noruegos, los cuales entregaron el mando. Así los nazis se hicieron con 20.000 toneladas de aceite, 10.000 de combustible y llevaron los barcos balleneros, más otros once arponeros, a Francia para transformarlos en caza submarinos.

–Ese fue un golpe que se hizo sentir entre los Aliados.

–Inglaterra comenzó a patrullar la zona y a partir de ese episodio destruyeron a cañonazos y dinamita la factoría ballenera de la isla Decepción, por miedo a que cayera en manos nazis. Además, los australianos minaron los puertos de las Islas Kerguelen, donde los alemanes se habían abastecido. Muchas de esas minas permanecen allí hasta hoy.

–Todo esto derivó en la Operación Tabarín de los ingleses en 1944.

–En plena guerra, el parlamento inglés analizó en secreto el avance argentino en Antártida y reaccionaron bajo el análisis de que, si no hacían nada en la zona, terminaría pasando lo mismo que en las Orcadas del Sur, donde flameaba la bandera argentina desde hacía 40 años, eliminando todo argumento inglés de soberanía. Entonces organizaron la expedición de 1944, que instaló sus dos primeras bases permanentes. La excusa fue que la operación era contra los alemanes, algo que no era creíble ya que los corsarios se habían ido de la zona en 1941: en verdad fue contra el avance argentino, algo que se comprobó cuando se desclasificaron los documentos de los diálogos en el parlamento inglés.

–Es notable cómo, en plena Segunda Guerra Mundial, la corona inglesa no dejó de pensar un instante en términos de imperio global, cuidando sus “conquistas”así sea en el fin del mundo, cuando uno se imagina que debían tener otras urgencias.

–Así funciona la lógica de la geopolítica imperial.

–La respuesta a la operación Tabarín la daría Perón.

–En 1947 Perón instaló dos nuevos destacamentos navales, los primeros después de 43 años: uno en Melchior y otro en la pequeña isla Decepción, que tiene forma de herradura, enfrentado a una base británica. Así el ambiente comenzó a caldearse con protestas diplomáticas. La corona inglesa reaccionó enviando dos fragatas a controlar a los argentinos y Perón envió en 1948 a su flota de mar a las islas Shetland: dos cruceros, ocho destructores y buques de transporte instalados frente al destacamento británico. La alarma se encendió en el gobierno británico, que envió de urgencia un crucero de guerra que tenía en Sudáfrica junto con otras fragatas. Pero cuando llegaron los ingleses, los buques argentinos ya se habían retirado y se encontraron con su destacamento naval. Así se generó una escalada con demostracionesde fuerza, un proceso que preocupó al gobierno norteamericano, temiendo el estallido de una guerra entre Argentina y el Reino Unido. Esta crisis se descomprimió con la firma de un acuerdo tripartito entre Argentina, Chile y el Reino Unido en el que se comprometían a no enviar a la zona buques de guerra mayores a una fragata.

–La calma duró hasta que los laboristas perdieron el poder en Inglaterra y regresó Churchill, un fuerte enemigo de Perón.

–En 1952 llegó desde las Malvinas un buque británico a instalar una base en Bahía Esperanza, donde Argentina tenía un destacamento. Los argentinos les advirtieron que no desembarcaran pero los ingleses lo hicieron. Entonces un marino argentino hizo disparos de ametralladora al aire u ocasionó la retirada en bote de los recién llegados, que dejaron parte de su carga en la costa. Esto produjo un intercambio diplomático muy fuerte entre los dos países, que se saldó cuando Argentina alegó que el marino había disparado malinterpretando las órdenes. Pero documentos desclasificados de la Cancillería argentina confirman que los argentinos no hicieron más que cumplir las órdenes.

–Churchill después se la cobraría ésta a Perón.

–Sí, un año después. Argentina había instalado un refugio en Isla Decepción en 1953. Ese mismo año llegaron buques británicos, lo destruyeron –y a otro chileno– y se llevaron prisioneros a dos marinos argentinos. Perón y el presidente chileno Ibáñez del Campo justo estaban reunidos y reaccionaron con la firma de un documento declarando que, si volviera a repetirse una agresión de ese tipo contra Chile o Argentina, ambos países iban a responder de manera conjunta y violenta. Así los dos países sudamericanos estrecharon lazos antárticos contra Inglaterra.

–Al margen de estos episodios graves, en su libro La pugna antártica hay cantidad de escenas dignas de niños “mojándose la oreja”: un país emite una estampilla que no le gusta al otro y ese hace un escándalo diplomático. Cuando una base queda vacía vienen los otros y se roban la bandera o algunos objetos, que después devuelven, y se tapan mutuamente los carteles con el nombre de un país y el otro.

–Estas cosas sucedieron siempre. En 1942, un buque argentino instaló banderas y actas de soberanía en varios puntos. Los británicos pasaron al año siguiente y retiraron todo para entregárselo a la Argentina diciendo: “con gran sorpresa de Su Majestad, hemos encontrado esto en nuestro territorio antártico”. Pero no era ningún secreto que Argentina había instalado esas cosas, ya que fue publicado en los diarios. Entonces los ingleses fueron a recoger los objetos porque lo leyeron ahí. Un mes después de esa devolución, pasó el mismo barco argentino a retirar los objetos demarcativos de los británicos.

–¿Cómo repercute la Guerra Fría?

–Estados Unidos envió en 1947 a su Task Force 68 con 4700 hombres, la expedición más grande de la historia antártica, una gran maniobra militar donde probaron tecnologías de guerra, quizás pensando en un enfrentamiento con los soviéticos en el Polo Norte.

–Mientras tanto, el conflicto angloargentino iba en ascenso. En 1948 dos corbetas argentinas y una británica estaban peligrosamente enfrentadas en la “herradura” de la Isla Decepción. Pero el episodio tuvo un final casi surrealista.

–Terminó en un partido de fútbol sobre la nieve que Inglaterra ganó 10, según fuentes británicas. En aquella época los gobiernos competían “a ver quién era más guapo”. Pero después los hombres concretos, allí en medio del frío y la soledad, lo que menos deseaban era algún tipo de enfrentamiento. A la primera de cambio terminaban canjeando whisky por carne: lo que necesitaban era socializar.

–En 1959 se firmó el Tratado Antártico y el panorama cambió radicalmente hacia una especie de internacionalización limitada.

–Perón y Churchill ya no estaban en el poder y el aceite de ballena perdía importancia. El tratado llegó justo después del Año Geofísico Internacional. La versión rosa era que gracias a la participación científica los países iban a poder convivir allí en solidaridad, lo cual no deja de ser cierto. Pero además, a raíz de los informes científicos, las potencias coloniales concluyeron que la explotación de los recursos minerales antárticos resultaría demasiado cara y no era viable. Entonces perdieron interés. Los soviéticos ya habían entrado con bases científicas muy avanzadas y la India propuso una internacionalización de la Antártida. Esto último terminó acercando posiciones incluso entre Argentina e Inglaterra ante la posibilidad de que los países que ya estaban allí perdieran sus derechos.

–Hace tres años, el gobierno británico “obsequió” cuatrocientos mil kilómetros cuadrados de Antártida a la reina de Inglaterra, otro de esos episodios que rondan lo surreal.

–Con el agravante de que aquel territorio, por cierto dentro del Sector Antártico Argentino, fue descubierto por un explorador argentino en 1955: el general Hernán Pujato. Pero, al margen, si pensamos nuestro diferendo antártico con países como Inglaterra a la inversa, sería como si Argentina y Chile fuesen a reclamar una parte del Artico o alguna isla de Escocia: dirían que estamos locos. Sin embargo, está tan naturalizado el “derecho” de ciertos países del hemisferio norte por sobre los del sur, que a nadie le llama la atención esa postura imperial. Es la misma mirada eurocéntrica que ha justificado el colonialismo desde hace siglos.

–¿Cómo ve el futuro geopolítico de la Antártida a 50 o 100 años?

–Yo creo que va a haber grandes cambios. En algún momento la escasez de diferentes recursos a nivel mundial y el avance tecnológico va a volver rentable la explotación de sus recursos naturales. En cierto momento algún país podría llegar a decir: “nuestros recursos económicos, o el agua, no nos alcanzan para alimentar a la población y para obtenerlos vamos a hacer minería en la Antártida”, donde hay cadenas montañosas gigantes que son un yacimientos incalculable de minerales. Además están las reservas de agua dulce más grandes del planeta. Llegado ese punto se discutirán, no sé si soberanías concretas, pero posiblemente sí el cómo, qué país o cuál empresa harán la explotación.

–El Tratado Antártico prohíbe la explotación económica y la actividad militar. Pero de alguna manera los países que lo firmaron están pensando subrepticiamente en una explotación a futuro y por eso están allí. Cuesta creer que más de 30 países gasten recursos multimillonarios durante décadas nada más que por amor a la ciencia. ¿Alcanza este tratado para frenar lo que podría ser una suerte de privatización de la Antártida?

–Es un futuro donde las posibilidades son infinitas. Si se reconocen soberanías, después cada país podría teóricamente hacer lo que quisiera allí. Diversas convenciones y protocolos antárticos conforman un marco legal que frena, en cierta forma, la explotación comercial de los recursos, como el Protocolo de Madrid. Pero si ese contexto cambiara, algo distinto podría suceder. Además, si una gran potencia militar decide no respetar el tratado, ¿quién la frena? Es un equilibrio frágil que debe ser defendido.

–Antártida sería el último rincón de la tierra que nos queda por arruinar. Y pensar que el Reino Unidos estudió la posibilidad de probar allí sus primeras bombas atómicas. Mi impresión es que el Tratado Antártico tiene algo de manual de buenas intenciones donde lo subyacente no está puesto de manifiesto: uno se pregunta ¿hasta dónde lo sustancial no será lo subyacente?

–Queda latente; igual creo que es un instrumento útil. La guerra de Malvinas tiene un detalle del que pocos se percatan: comenzó en territorio subantártico de la Isla de San Pedro, en las Georgias del Sur, y terminó en territorio subantártico de las Islas Sandwich del Sur, donde los ingleses destruyeron una base argentina y la guerra se frenó ahí, a medio grado de latitud del Tratado Antártico; no la continuaron hacia las Islas Orcadas del Sur, donde tenemos una base, ni al resto del continente antártico. Y yo creo que el Tratado Antártico no fue menor en esto, una muestra de que funciona.

–Uno no puede evitar ver a los miles de científicos que van a la Antártida, como una suerte de soldados de avanzada en un extraño frente, arietes en pugnas geopolíticas con raíces muy profundas, incluso secretas. El Reino Unido, por ejemplo, le vendió su base Faraday a Ucrania en 1996 por una libra (en teoría para evitar los costos de desmantelarla, pero algunos lo ven como una estrategia para incorporar otros países a los reclamos y debilitar la postura argentina). Estos científicos ucranianos que se pasan un año entero aislados, jugaban geopolíticamente hacia el lado de Rusia, muchos quizás sin saberlo. Cuando se dio el golpe de estado en 2014, pasaron a jugar para la OTAN.

–Sí, en teoría la ciencia tiene pretensión de objetividad: pero sabemos que eso es más complejo. Y por supuesto los científicos tienen ideología.

–Yo estuve este año recorriendo la base ucraniana Bernadsky: uno de los científicos tenía en su cuarto una bandera del nacionalismo ucraniano con una esvástica, seguramente un simpatizante del partido Svoboda, la fuerza de choque neonazi, apoyada por Estados Unidos y OTAN, que ejecutó la parte violenta del golpe de estado en ese país y que hoy ocupa ministerios en el “gobierno democrático”.

–Un poco les pasó como a aquellos cosmonautas que estaban en la estación espacial Mir cuando cayó la Unión Soviética: al volver a la tierra todo había cambiado de signo.

–Suena raro, pero la Antártida, un continente sin países ni habitantes, es pensada por algunos como modelo para la colonización de Marte.

–Un argentino que trabaja en la NASA estuvo en la Base Marambio probando trajes para Marte. El Instituto Antártico Argentino realiza en la Base Belgrano II estudios de la psicología del hombre en situaciones de frío extremo, noche polar –tres meses sin ver el sol– y aislamiento, orientadas a futuras misiones a Marte. Cada vez más se toma a la Antártida como banco de pruebas para otro planeta. Quizás dentro de un par de siglos los instrumentos legales utilizados allí sirvan para Marte o la Luna.
–Entonces primero van a arruinar la Antártida. Y si resulta cierto el latiguillo de que la tercera guerra mundial será por el agua –acaso con el continente blanco como teatro de operaciones– una vez que no quede nada allí, irán a explotar las montañas de Marte, acaso las grandes corporaciones ya independizadas de los estados, como en las novelas de William Gibson: ¡La cuarta guerra mundial será por Marte! Acá tenemos el argumento para una maravillosa novela de ciencia ficción.
–Si tenemos una tercera guerra mundial, dudo que lleguemos a Marte. Yo prefiero ser optimista se hacen grandes esfuerzos por cuidar la paz y el medio ambiente antártico, pero sí: podemos comenzar a escribir esa novela. Mucho más osado fue Julio Verne en su época.

viernes, 11 de diciembre de 2015

MACRI DEVALUÓ ANTES DE ASUMIR, Por Juan Carlos Junio (Fuente: Tiempo Argentino, 11/12/15)


Juan Carlos Junio

Aunque había declarado lo contrario, finalmente el nuevo gobierno accedió a eximir del pago del Impuesto a las Ganancias sobre el medio aguinaldo a los salarios brutos inferiores a 30 mil pesos. Tales indefiniciones también se presentaron en otros temas, como la finalización de las políticas de administración de divisas ("terminaremos con el cepo el primer día"). La marcha y contramarcha confirma que los trabajadores y todos aquellos que perciben ingresos fijos, como los jubilados, serán la variable de ajuste sobre la que hará eje el nuevo modelo de los "promotores del cambio", que inevitablemente impactará en las pymes y en el conjunto de los sectores medios.
Ya antes de asumir, Mauricio Macri comenzó a montar el escenario para la primera fase de la recomposición de la tasa de ganancia empresarial. Resulta imprescindible para cualquier análisis económico político que se realice, recordar que el objetivo primero y excluyente para un gobierno de las corporaciones capitalistas, ya sean locales o extranjeras, es potenciar su tasa de ganancia. Para lograrlo siempre transitan por el mismo camino: fuerte devaluación, los formadores de precios suben todo y los salarios y jubilaciones quedan en la estacada. Tal es así que, tanto Macri como sus principales voceros económicos, no se privaron de anticipar la devaluación más anunciada de la historia. Sus declaraciones fueron la señal para motorizar una abrupta y significativa suba de precios "precautoria", la primera de una extensa serie de recomposiciones entre capital y trabajo que tratará de imponer este gobierno.
El nuevo ministro de Hacienda, Alfonso Pray-Gay, señaló que a mediados de enero se planteará un acuerdo amplio entre sindicatos y empresas en el que cada uno tendrá que "poner lo suyo", lo que podría traducirse como "ponen todos menos los ricos".
Los funcionarios ya comenzaron a "pedirles" a los empresarios representados en la Asociación Empresaria Argentina, el Foro Empresario y la Asociación de Bancos de la Argentina (paradójicamente, extranjeros) que retrotraigan los precios a los que regían a fines de noviembre. La receta recuerda al fallido intento de aquel ministro de Economía de Alfonsín, que les había hablado a los empresarios "con el corazón", mientras estos le respondieron "con el bolsillo".
Consecuente con estos cantares, el flamante ministro de Trabajo, Jorge Triaca (h), comentó que la intención de las nuevas autoridades políticas es que las paritarias incluyan la inflación futura y no la pasada, con la clara intención de restar capacidad de negociación a los sindicatos en las próximas paritarias. Como vemos, todos aportan al ajuste, aunque lo niegan en el discurso que los medios propalan. Cuando las autoridades comiencen a "unificar" el mercado cambiario –que en buen romance significa llevar el dólar oficial, que implica el 98% de las operaciones en divisas, al valor del ilegal, que importa el 2% de ellas–, la mentada "unificación" será una construcción ficticia para justificar la deseada devaluación.
La derecha viene a hacer lo que siempre pensó. Nadie puede imaginar que no llevarán a cabo con máxima determinación los planes e ideas que siempre proclamaron. Se abre un nuevo capítulo en el ejercicio real del poder al verse borradas prácticamente las líneas divisorias en torno a conceptos como Estado y mercado. En esta clave, las paritarias tripartitas, un concepto típicamente keynesiano, pasarían a estar compuestas por los trabajadores, de un lado de la mesa, mientras que del otro compartirían la silla el Estado y los empresarios concentrados, constituidos en un raro caso de unificación de los dos estamentos. Como diría un viejo luchador, quedará conformado un triunvirato de dos.
Con el transcurso de las horas el tan temido ajuste comenzará a adoptar un formato cada vez más real. Su magnitud dependerá, como siempre, de la reacción de los ajustados, o sea, de las mayorías sociales. En tal sentido es de esperar que la resistencia sea muy importante, teniendo en cuenta que la sociedad ha incorporado en estos 12 años valores relacionados con una más justa redistribución de las riquezas y mejora en sus niveles de vida, las que no serán resignadas por cantos de sirenas preparados en laboratorios de marketing.
La agenda de las élites cuenta con un horizonte de mediano y largo plazo, y apunta sin miramientos a derribar los pilares del anterior proyecto político, económico y cultural. Allí se inserta la retórica del nuevo gobierno respecto de la "desideologización" de la gestión y lo político, lo cual es un sofisma, ya que su base conceptual es falsa, por lo tanto toda su construcción también lo es. Estas ideas guardan similitud con aquellas "del fin de la Historia" de Francis Fukuyama tras la caída del bloque socialista. No se produjo tal evento, a pesar del enorme volumen propagandístico y cultural desplegado en todo el planeta.
Bajo el discurso de un pragmatismo eficientista, se oculta la intención de reconfigurar los dichos y la práctica política tras la visión neoliberal. Por ello no es trivial la frase de la nueva canciller, Susana Malcorra, quien sostuvo sin ponerse colorada: "el ALCA no es mala palabra". El planteo forma parte de un plan para alterar el contexto regional de integración con una visión antiimperialista, que condujo hace diez años a decir "No al ALCA". Esta arremetida discursiva que aborda la derecha deberá enfrentar el trascendente capital cultural incorporado en estos tres lustros de valoración de la historia y el destino común americano, no sólo en términos simbólicos, sino en todo lo relacionado con la unión comercial y productiva para enfrentar los desafíos de la época. Un "cambio" que conduce al retorno del endeudamiento de la Nación, al ajuste y a la perpetuidad de las condiciones sociales que sólo llevan al subdesarrollo, al retroceso y a la frustración.
El momento actual, a pesar de todas las incertidumbres que genera, es crucial para que el pueblo crezca como protagonista principal de la política y sobre esa base se constituya un gran bloque político, social y cultural que enfrente la agresión neoliberal contra las mayorías sociales y la soberanía de la Nación. Sólo sobre esa base se logrará poner freno a las pretensiones de las derechas vernáculas, que intentan sumarse al plan de las potencias mundiales para torcer el curso de la historia en Nuestra América.«

jueves, 10 de diciembre de 2015

ADIOS A UN EMBLEMA DEL 2x4 QUE SE FUE CANTANDO, Por Karina Micheletto (Fuente: Página12, 10/12/15)


Alberto Podestá

Cantó con los mejores directores y orquestas de la época de oro del tango –Di Sarli, Láurenz, Caló, Francini y Pontier– y les pasó esa sabiduría a varias generaciones de sus colegas. En la década pasada reapareció junto al Café de los Maestros.
 
Fue el último gran cantor de tango, el que arrastró hasta el presente, como aquella mugre sagrada de la que hablaba Troilo, esa sabiduría que sólo se aprendía haciendo en las orquestas, y que llegó a pasar a más de una generación de cantores. Fue el cantor de “Percal” y de “El bazar de los juguetes”, sus tangos emblema. El que cantó con los mejores directores y orquestas de la época de oro del tango: Di Sarli, Láurenz, Caló, Francini, Pontier. Ayer, a los 91 años, murió Alberto Podestá, después de cantar tangos en los escenarios hasta los 90.

Como muchos de los de su generación y los de su género, empezó a curtirse en el tango cuando todavía tenía pantalones cortos. También como muchos de los tangueros de su época, se consideraba y actuaba como un trabajador del tango antes que como un artista, sin asumir ninguno de los presupuestos de la carga simbólica de esa etiqueta. Como pocos en cualquier género, llegó a tener lo que a su modo fue un premio a su medida, algo así como la certificación de una vida bien vivida: un rincón propio, grabado con su nombre y adornado con sus fotos, en el bar y pizzería que fue su “parada”. Desde ese rincón del Kentucky de Puente Pacífico, en Santa Fe y Godoy Cruz, esta cronista pudo ser testigo, en alguna nota para Página/12, del modo en que se alineaban las coordenadas de un universo que incluía a River Plate, las anécdotas con gente como Troilo –con quien no llegó a cantar “por capricho del destino”, decía–, Alfredo Di Stéfano o Angel Labruna –tan fanas del fútbol y del tango como él–, el hipódromo y sus personajes, la familia y los amigos, los que ya se habían ido y los que todavía sabían que podían encontrarlo parando allí mismo, sin necesidad de coordinar cita previamente.

Alberto Podestá había nacido el 22 de septiembre de 1924 en San Juan, bajo el nombre de Alejandro Washington Alé Podestá. Su padre falleció cuando él era muy pequeño y de chico conoció la pobreza junto a su madre y sus cinco hermanos. Llegó hasta sexto grado de la escuela y, al igual que su hermano mayor, tuvo que empezar a trabajar. Pero fue allí, en la escuela, donde llegó a participar en un programa radial, conducido por una de sus maestras, y a estudiar algunas canciones de Carlos Gardel, mostrando precoces cualidades de cantor. “Gardelito”, le decían de chico, porque llegó a saberse su repertorio completo. Y hasta llegó a conocerlo, “de pasada”, pero dejando un recuerdo imborrable, contaría después, cuando trabajaba de chocolatero en un cine de San Juan.

Podestá comenzó a cantar profesionalmente a los 16 años, en la orquesta de Miguel Caló. Pasaría luego a cantar con Carlos Di Sarli, quien definió el nombre artístico por el que sería conocido, Alberto Podestá, reemplazando al que utilizaba hasta ese entonces: Juan Carlos Morel. En esta orquesta cantaba también Roberto Rufino. Con Pedro Láurenz grabó para el sello Víctor el tango “Nunca tuvo novio”. Más tarde regresó a la orquesta de Miguel Caló para completar la dupla de cantores con Raúl Berón. En 1945 se formó una orquesta dirigida por Enrique Mario Francini y Armando Pontier, en la cual Podestá fue cantor. Pronto lo acompañaría Julio Sosa, de quien fue íntimo amigo. Podestá recordaba con especial cariño sus actuaciones en el Sans Souci, alternando con Osvaldo Pugliese, y en el Tibidabo, cubriendo la ausencia de Aníbal Troilo, que en ese entonces había dejado de actuar por un tiempo.

La carrera de Podestá incluyó giras y grabaciones en Colombia con Cristóbal Ramos, Ramón Ozán y Joaquín Mauricio Mora; en Venezuela con Los Caballeros del Tango; en Uruguay con César Zagnoli; en Chile con Lucho Ibarra; y en la Argentina con Leopoldo Federico, Alberto Di Paulo, Luis Stazo, Jorge Dragone, Tití Rossi y Roberto Grela. En 1951 debutó como solista en Radio Splendid, con mucho trabajo en locales, confiterías y cabarets porteños de la época como Maipú Pigall. Entre 1967 y 1970 se radicó en Chile, desde donde continuó su carrera y sus giras por Colombia, Chile, Perú, Venezuela, Ecuador, México, República Dominicana y Estados Unidos. Llegó a registrar unas quinientas grabaciones, entre las que se destacan sus interpretaciones de tangos como “Alma de bohemio”, “Nada”, “Percal”, “Al compás del corazón”, “Nido gaucho”, “Qué me van hablar de amor” y “El bazar de los juguetes”, que reconocía como su tango.

El cantor murió ayer en un geriátrico porteño, donde estaba internado desde marzo de este año. Pero antes, hasta el año pasado nomás, Podestá cantó y siguió cantando después de cierta “segunda vuelta” que le trajo su inclusión en el proyecto Café de los Maestros, a partir de 2004, que abarcó dos discos, una película, un recordado concierto en el Teatro Colón y algunas giras por el mundo junto a otras glorias del tango como Leopoldo Federico, Aníbal Arias, Ernesto Baffa, Osvaldo Berlingieri, Gabriel Clausi, Emilio De La Peña, Ubaldo De Lío, Carlos García, José Libertella, Virginia Luque, Mariano Mores, Lágrima Ríos, Horacio Salgán y Atilio Stampone, entre muchos otros.

Desde entonces, Podestá retomó su carrera con una energía que asombraba a quien fue su manager y compañera de andanzas en esta etapa, Alejandra Podestá. “Parece que ahora me están descubriendo, porque yo, en mis 67 años de carrera, nunca tuve esto que tengo ahora. Que me hagan notas, tener publicidad...”, se asombraba el cantor en una nota con Página/12. La última de estas numerosas y entusiastas actuaciones fue el año pasado, festejando sus 90 años con un emocionante concierto en la Usina del Arte de la Boca. Allí cantó asombrosamente y repasó una vida intensa con anécdotas y los tangos que marcaron su carrera, junto a sus amigos músicos, discípulos como Ariel Ardit, bailarines como Julio Dupláa y Victoria Rosetti, y su nieta Malena y su hija Betina entonando junto a él “Que nadie sepa mi sufrir”. Así se fue “el último gran cantor de orquesta”, como era presentado en sus últimas actuaciones, con el bien ganado mérito de la etiqueta. Rodeado de su familia, amigos y afectos. Y cantando, siempre cantando.

EL ESTADO Y EL JARDÍN, Por Horacio González (Fuente: Página12, 09/12/15)

Horacio González


El reproche que le dirigía Marx a la Comuna de París era que a tantas pasiones, a tanta movilización, a tanto fervor en las calles, no se le ocurriera siquiera tocar los más mínimos intereses de la Banca Rothschild, que siguió funcionando normalmente. Tanta barricada y ningún acto expropiador. ¿Entonces, qué había que retener, obstruir, embargar? No, no era simplemente un banco, sino lo que podríamos llamar el secreto de una época. Es el dilema de todos los movimientos populares, a los que a la hora de calificar su producción suele acudirse a la palabra o la admonición de “vacilantes”. A la Comuna de París, con su estridente nombre, no se la podría nombrar como populista. Se componía de proudhonianos o de jacobinos: los primeros, hijos de la utopía de la organización federativa de la producción fabril; los segundos, del Estado activista haciendo de Damocles, el arte de la convivencia de una épica social con el peligro permanente de ser decapitado. El kirchnerismo fue muy lejos y también se quedaba muy cerca. Constriñó, amonestó, pero fue menos amenazador que amenazado. Fuerte en simbologías y punzante en el filo de su lengua, no podía pasar los umbrales de la “Banca Rothschild”. Se había declarado dentro de los márgenes del capitalismo pero extraía de su vocabulario principal acepciones antimonopolistas, anticorporativas y, por lo tanto, democrático republicanas. Hijo sesgado del peronismo, sabía desplegar cánticos promesantes y utópicos, y mantener la prudencia que requiere toda época (que es una madeja de poderes que, no por invisibles, son renuentes a la comprensión crítica). Todo aquel que dijo una y mil veces “combatiendo al capital” sabe bien de qué se trata ese descompás entre el cántico y la realidad, que quizá sea el arte y el oficio mismo de la política. Esa forma casi inevitable pero también imperceptible en que se expresa un deseo (una “simbolización”) y el refinado acto de conocer los límites y poderes que le opone el momento histórico por el cual atraviesa.

Conducido o guiado el nuevo momento inaugurado en 2003 por dos políticos cuyo cuño había que buscar en una de las grandes tradiciones políticas del país moderno –el peronismo– no había que dejar de notar el modo en que ellos se habían reinventado. Lo que fue acusado (acusación precaria, ciertamente) de relato era un acontecer necesario en esa delicado altercado de tradiciones y convocatorias frente al abismo. “Frente” y no “al”. Por eso, las cambiantes relaciones con el Grupo Clarín bien traducen por su reverso el carácter del saliente gobierno. Un gobierno que podía visualizar perfectamente cómo se ejercen los grandes dominios de época, encarnados en los magnos bancos de datos e “islas de montaje” (de los que se desprenden tanto periódicos como finanzas, formas del sujeto como nuevos modismos del habla, redes informáticas y “personas” intercanjeables), y no podía dejar de decidir diversos tonos y modulaciones para una confrontación que tuvo momentos que de buena gana llamaríamos balzacianos.

Eran escenas de grandioso folletín, que cruzaban de lado a lado el teatro de simulacros que nos incluía. Eran “imágenes del mundo”, no las que así definió un gran filósofo del siglo XX, sino apenas las que emergen de grandes aparatos de representación que, como etéreas gigantomaquias, nos proponen juicios valorativos que trastornaban toda mediación real, toda trama de acontecimientos que tienen rupturas y conflictos, propios del carácter complejo de toda historia. Parecíamos todos flotar en un líquido que nos colocaba siempre cuerpo a cuerpo, llamándonos por nuestro nombre de pila, omitiendo las obvias interposiciones de carácter cultural, científico o político que solo pueden detectarse con un pensamiento situacional. Pensamiento, éste, amigo de las incesantes intercalaciones de lo simbólico, lo real y lo imaginario, cualquiera sea las acepciones que les demos a estos tres conocidos términos. De las escenas que recuerde, una con matices picarescos pero de hondo dramatismo, ocurrió en la reunión de accionistas del Grupo Clarín, donde el gobierno participó a través de Guillermo Moreno, por poseer un conjunto de acciones que provenían de la incorporación al fisco de los fondos de pensión. Todo estaba visualizado, una trastienda salía a luz, permitiendo observar en forma directa una de las formas de la lucha por el poder.

Este develamiento escénico no fue “castigado” por la contraparte con una vuelta al secreto de los misteriosos aposentos del poder, sino con otros rasgos folletinescos, basados en una supuesta “percepción total” de todo lo que ocurría. Pero que ahora se ejercía con poderosos instrumentos de narratividad, los mismos que se le atribuían al gobierno, y que este practicaba, pero más ingenuamente. Se trataba de vastos programas televisivos, de gran truculencia, donde por ejemplo el poderosísimo concepto de “corrupción” no era visto en el sigilo de pasillos mal iluminados (como en el llamado policial negro) sino “representado” por actores con valijas repletas de dólares que salían directamente de las manos del presidente, e iban a cofres de utilería construidos en el “set”, valijas que de tan engordadas dejaban caer billetes a su paso, como si las acarreara el mismo Tío Patilludo. Así, todo lo que como respuesta se incluía luego en el “otro día de grandes notis” no alcanzaba para aminorar el efecto que producía este “evento recreado”, joya de supremo relato del “theatrum mundi” de la televisión abierta, de ningún modo una “paleo-televisión”, como deseó menospreciarla Eliseo Verón ante la cruda evidencia de esos usos vicarios. De allí salió el concepto de “grieta”, que bien mirado es de carácter teológico, y recaía infaliblemente en una imputación al Mal. ¿Por qué no tendría éxito? ¡Incluso académico!

Era el fin de las mediaciones, el Estado en el Jardín Botánico, con su arquitectura no recubierta por el texto de Hobbes, sino por el tibio follaje del paisajista Thays o del gran jardinero darwinista Hycken, pero actuando como si fuera una bellota inocente en medio de la transparencia apetecible de un fantasioso invernadero. Allí, la nueva canciller prometería una política “desideolgizada”. Entendimos: se trataba de intereses puros, que ahora sustituirían los “símbolos” que se habían desparramado democráticamente sacando un retrato dictatorial o haciendo girar juguetonamente el bastón de mando un día de asunción, el mismo bastón del tallador plateresco Pallarols, por el que el nuevo presidente no se muestra tan renuente, pues como siempre lo fue desde cuando saltaba sobre baches en el pavimento también sabe no solo lo que son los símbolos, sino que ha ganado gracias a ellos. Gracias a no “desideologizar” nada, sino a ideologizarlo todo, pero sin declarar. Ideologizados más que nunca (pues el kirchnerismo expuso su ideología, deseó satélites y se resignó a que convivieran con campos de soja) los miembros del nuevo gobierno han aprendido a mostrar pero, en el mismo acto, a encubrir.

Por eso, los balances visuales deben ser ahora más novedosos, pues no admiten el típico gesto de las izquierdas anteriores, el “desenmascaramiento”. Deberemos hacerlos con otros nombres, lo que es indispensable para reponer las fuerzas populares en juego, desde luego que después de cerrado el desenfadado “libro de pases” al que estamos asistiendo. Hay también que saber mirar la doble ilusión creada por las derechas que ya no se llaman de este modo a sí mismas: el jardinero en el Estado y el Estado podando rosas. Por lo demás, en un período donde se mezclan las facticidades puras con los símbolos más diáfanos, y en un momento donde la sigla AFA revela modos de las luchas entre poderes “reales” pero también “el secreto de época”, los tiempos no están siendo compañeros. Nicolás Casullo, creo saberlo, llamaba época a lo perceptible de lo imperceptible. Tenemos, así, que aguzar nuevas formas de percepción, nuevas ideas sobre este tiempo esquivo con el que tendremos tan pocas correspondencias.

* Sociólogo, director de la Biblioteca Nacional.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

ESTIGMATIZAR JÓVENES (EN REDES Y MEDIOS), Por Alicia Entel (Fuente: Página12, 02/12/15)



Cada tanto, y favorecidos por una estrategia muy bien planificada por mentores que quedan en las sombras, muchos ciudadanos, y no sólo de Argentina, muestran comportamientos ultrarreaccionarios. Estigmatizan grupos, ejercen violencia verbal y sus expresiones se viralizan en las redes y en los medios tradicionales. En estos días de la finalización del mandato presidencial de Cristina Fernández de Kirchner, más que nunca se escuchan los peores improperios a la denominación y presencia de la agrupación La Cámpora (que según el diario Clarín hasta manejaban el “servicio meteorológico”). Como si un sentimiento vil, mezcla de venganza, envidia y pensamiento reaccionario, se hubiera apropiado de cierta ola ciudadana, se dicen palabras aberrantes, se inventan historias mentirosas y hasta algunos repiten como primates supuestas irregularidades en la actividad de la militancia sin tener comprobación alguna sino que se reiteran frases –de ahí lo de primates– porque algún comunicador de moda las ha dicho. Mantengo vínculo con agrupaciones estudiantiles desde hace muchos años, miles de jóvenes pasaron por la cátedra universitaria que dirijo. Algunos han alcanzado notoriedad pública mediática, política, social, de la más diversa índole e ideario. Nadie niega que, cuando se trata de cualquier agrupación, partido u organización, puede haber habido algún personaje con renuncios. Pero cuidado, los dedos acusadores generalizan, personajes con capacidad de micrófono hablan o escriben impunemente como si se promoviera con las palabras una suerte de razzia fundamentalista contra los jóvenes militantes por el sólo hecho de serlo. Una palabra clave es “corrupción” repetida hasta el cansancio. Como si siguieran, sin saber, el manual de estilo de consultores internacionales, usan y requeteusan tal palabra abstractamente sin evidenciar fuentes que permitan la verificación, o bien, sin sonrojarse suman fuentes “truchas”. Lo que no se dice es que las acusaciones de mentirosos y corruptos, al menos en el caso argentino, configuran una cortina de humo eficaz para debilitar al contrincante ya caído ante la sociedad y a la vez para que la opinión pública no tome conciencia de los proyectos reales del vencedor que, por lo que se avizora, son, cuanto menos, de disminución de derechos. El triunfador no dice “No nos gustan esos jóvenes porque sueñan con un país más justo y con mayor redistribución de la riqueza”, no dicen “No queremos distribuir”. Apelan a la emotividad y se yerguen como sacerdotes de la misión anticorrupción. Desde ese lugar que finge pureza acusan, señalan, inventan.

Hubo una época en la que ser joven militante de izquierda –lo sé bien– era algo así como ser descendiente del diablo mismo. Se le solicitaba no hablar, no decir, o se lo molía a palos cuando intentaba acompañar una protesta. También las dictaduras se ensañaron con militantes marxistas, trotskistas y de las juventudes peronistas, entre otros, una herida aún abierta y que no va a cerrar hasta que se concreten todos los juicios contra quienes cometieron delitos de lesa humanidad.

Con menos dramatismo, muchos jóvenes de agrupaciones universitarias fueron estigmatizados. Incluso si acaso la propia agrupación había tenido actitudes cuestionables, no necesariamente ese sayo les debía caer a todos los integrantes de la organización. Sin embargo eso sucedió. Pregunten a los adultos que fueron estudiantes alfonsinistas de la Franja Morada a principios de los 90, que luego no tuvieron tribuna, se quemaron como dicen los más jóvenes, e incluso su propia agrupación cambió de nombre y que con el tiempo miraron un tanto azorados cómo por un lado continuaba el rechazo o la dispersión y, por otro, sus referentes partían a integrarse en Propuesta Republicana y se convertían en funcionarios.

Cuando las inundaciones en Santa Fe y en provincia de Buenos Aires, muchos jóvenes “K” se organizaron para colaborar con eficacia en terreno y poniendo el cuerpo como pocos lo habían hecho. Sin embargo, de eso no se habla y aún hay pintadas en la ciudad de Buenos Aires que los agravian con el “andate a trabajar”.

Más específicamente, ¿por qué se la agarran con La Cámpora? ¿Por qué hay una suerte de clisé anti k que estigmatiza a la agrupación con un facilismo impresionante? ¿Por qué se miente tanto? En realidad ¿contra quién apuntan? ¿Contra Cristina Fernández de Kirchner, su líder? ¿Y por qué motivos? ¿Porque se plantó ante los fondos buitre? ¿Porque en el mejor momento del mundo sojero pretendió que pagaran impuestos? ¿Porque propició una ley antimonopolios mediáticos? ¿Porque mejoró la vida de mucha “negrada”? ¿Porque no siguió los mandatos del país del Norte que pedía pagar ciegamente la deuda con enormes intereses? Seguramente ahora el gobierno entrante con acuerdo del establishment va a ajustar y va a decir que no le quedó otro remedio que contraer deuda porque las arcas estaban vacías y marcará culpables con la complicidad judicial. Se rasgarán las vestiduras y, nuevamente, hablarán de corrupción. No les creamos. Ya constituye una acusación leit motiv hacia todos los gobiernos populares de Latinoamérica. La verdad no dicha es que en silencio los acusadores pseudopuristas volverán a hacer negocios con la banca internacional ganando probablemente muy buenas comisiones, y, para colmo, perfeccionarán narraciones emotivas, con la invención de culpables. Una vez Cristina dijo, como al pasar, si me pasa algo miren al Norte. Recordémoslo. El estigma corre por todos lados, y muchas veces, como ahora recala en los jóvenes y en su líder. Sin dramatismo, con humor, con los ojos bien abiertos, con mirada solidaria, y mucha presencia en el espacio público, proclamemos libertad de pensamiento y no les creamos.

* Docente e investigadora Fac. de Ciencias Sociales. UBA.

AMERICAN CURIOS, Por David Brooks (Fuente: Página12, 02/12/15, desde Nueva York, Estados Unidos)



El país más poderoso del planeta, y de la historia, es también el más temeroso e inseguro.

Aquí todo es amenaza, todo es peligro, todos son sospechosos. Y aunque los políticos y los medios suelen repetir que las amenazas provienen de afuera –terroristas islámicos, narcotraficantes colombianos/venezolanos/mexicanos, inmigrantes no blancos–, la amenaza mayor proviene desde muy adentro, y es muy estadounidense, y suele ser muy blanca.

Por ahora, los únicos que han violado la Constitución, las libertades civiles, los derechos fundamentales tan elogiados en cada discurso, en cada partido deportivo, en cada Día de Acción de Gracias, en cada momento patriótico, son políticos estadounidenses.

Como han advertido intelectuales y sabios de gran talla y variedad ideológica, desde Noam Chomsky, Gore Vidal y el economista premio Nobel Joseph Stiglitz hasta el ex presidente Jimmy Carter, entre muchos más, no sólo se ha desvanecido eso que se llamaba república, sino que este país y sus políticas son cada vez más parecidos a una oligarquía.

Y como demostraron Edward Snowden, Chelsea Manning y otros filtradores o denunciantes, el gobierno secreto es más omnipresente de lo que se pensaba, y que lo que cada uno opina. George Orwell está presente; si estuviera vivo, estaría bajo vigilancia.

Algunos izquierdistas han empleado la palabra fascismo en tantas ocasiones en el pasado que ha perdido su significado y, más bien, ya se entiende como un insulto. ¿Pero a qué extremo está este país que algunos conservadores ahora acusan a uno de sus colegas de fascista? En los últimos días, después de que Donald Trump propuso un registro nacional de musulmanes y acorralar y expulsar a extranjeros, entre otras medidas que analistas, medios y contrincantes han comparado con medidas estilo nazi, algunos de su mismo ámbito político lo denuncian por ser demasiado extremo. Trump es un fascista, comentó Max Boot, analista en el Consejo de Relaciones Exteriores y asesor del precandidato Marco Rubio. El asesor sobre seguridad nacional de Jeb Bush afirmó que un registro federal obligado de ciudadanos estadounidenses, basado en la identidad religiosa, es fascismo. Punto.

Pero Rubio, Bush, el doctor chiflado Ben Carson y los otros precandidatos republicanos, igual incitan el temor y la inseguridad ante amenazas externas como parte fundamental de sus discursos.

Todo esto ha generado, a propósito, una mayor xenofobia con consecuencias cada vez más peligrosas. La intensificación del clima de odio se traduce en acciones violentas y amenazas a todo lo que parezca diferente o extranjero. Inmigrantes, musulmanes, mujeres que ejercen sus derechos básicos, minorías raciales (afroestadounidenses y latinos sobre todo), opositores a guerras, ambientalistas, entre otros, ahora viven en un país donde se promueve abierta y explícitamente la violencia en su contra.

La derecha ha impedido que medidas mínimas para proteger a inmigrantes sean implementadas. Una clínica de Planned Parenthood en Colorado que, entre otros servicios de salud, incluye el del aborto, fue atacada por un hombre blanco armado el pasado viernes, quien mató a tres personas, entre ellas un policía, y dejó nueve heridos. Organizaciones musulmanas reportan incrementos de ataques y amenazas contra sus comunidades, agrupaciones de defensa de derechos migrantes se sienten cada vez más vulnerables, tres blancos disparan contra manifestantes afroestadounidenses que condenan la violencia policíaca. Los ejemplos no alcanzan a ser contados.

Los estadounidenses están mucho más en riesgo de violencia por fanáticos blancos cristianos armados que por musulmanes, afirma el comentarista y profesor de Historia Juan Cole. Sin embargo, la guerra contra el mundo musulmán es la que promueven los políticos.

Después de las guerras más largas de la historia del país, se anuncia que habrá más guerra. Más jóvenes estadounidenses serán enviados a matar a más jóvenes, familias, niños, estudiantes, magos, músicos, artistas, carpinteros, granjeros, periodistas, pescadores, todos esos personajes anónimos que no registran las cifras oficiales de las víctimas de guerra, cuyos sobrevivientes conforman los ríos humanos de refugiados. Dicen que es para salvarlos de los malos, de aquellos extremistas religiosos, mientras sus contrapartes, los extremistas religiosos estadounidenses, hablan igual; todo es como una mala película sobre las Cruzadas.

También hay guerra para muchos aquí adentro. La violencia, sobre todo con armas de fuego, sigue cobrando vidas cada día en Chicago, Baltimore, Detroit y decenas de ciudades más. Si el ejemplo lo ponen los líderes del país, de que las balas son la respuesta para enfrentar enemigos, pues con qué autoridad moral se reprueba a los jóvenes aquí cuando hacen lo mismo para resolver sus conflictos.

Entre las dos guerras, la interna cobra muchas más víctimas estadounidenses. Durante la guerra contra el terror (de 2001 hasta 2013), 406 mil 486 personas murieron por armas de fuego en Estados Unidos, según cifras oficiales; de acuerdo con el Departamento de Estado, en ese mismo período murieron 350 estadounidenses en actos de terrorismo en el extranjero. Si se incluyen actos de terrorismo dentro de Estados Unidos, entre ellos los del 11 de septiembre, junto a toda la racha de atentados perpetrados por terroristas domésticos blancos, el total de muertos es de 3 mil 380, según un cálculo de CNN.

Cada día mueren 89 personas en promedio por armas en este país, más de 32 mil cada año, según la Brady Campaign.

¿Y cuál es la razón para tener el derecho a tantas armas? La respuesta es obvia según los dueños de las más de 300 millones de armas en manos privadas en este país: para protegerse ante tanta amenaza e inseguridad.

Qué país tan asustado. Y da susto lo que eso provoca.

La única cosa que tenemos que temer es el temor mismo, la célebre frase del presidente Franklin Roosevelt en su famoso discurso de toma de posesión de 1933, es más contemporánea que nunca.

* De La Jornada de México. Especial para Página/12.

martes, 1 de diciembre de 2015

NEOLIBERALISMO, EXPERIENCIAS POPULARES E IZQUIERDA, Por Jorge Alemán (Fuente: Página12, 01/12/15)

JORGE ALEMÁN


En la actualidad, nos encontramos con la “izquierda clásica” que defiende los “intereses de la clase obrera”, a la que todavía considera –contra toda realidad histórica del Capital– la fuerza material que cumplirá con la desconexión definitiva del modo de producción vigente y con la “izquierda posmoderna”, advertida ya del “posfordismo” y de que no se dispone a priori de ningún sujeto histórico que sea identificable y necesario sin que medie la contingencia de la construcción política. Estas vertientes de la izquierda, a pesar de sus notables diferencias, coinciden en un punto crucial: en la crítica permanente a las experiencias populares latinoamericanas y las que despuntan en Europa, por no haber sido capaces de llegar a tocar, alterar o transformar lo “real” del capitalismo.

Por ello una y otra vez, con distintas variaciones, repiten el mantra de que no se pudo salir del “modelo extractivista” y de la excesiva dependencia del valor de las materias primas en el mercado mundial, de que no se superó una lógica distributiva que sólo consiguió finalmente producir el efecto indeseado de una nueva “clase media consumista”, etc. Estos argumentos solo serían veraces, si se admite que el partido se juega en un terreno distinto al que la agenda neoliberal propone, y ya sabemos que casi nunca es así. Lo que suele ocurrir es que la experiencia popular o el intento de una “hegemonía populista” funciona de un modo siempre frágil e inestable en los pliegos del poder neoliberal y está expuesta a su arma más directa: la producción de subjetividades. Esto provoca en la propia vida íntima una relación bloqueada casi en su totalidad con todo intento de transformación, que no coincida con una mera “gestión” y rendimiento de la relación consigo mismo y con los otros.

En este aspecto, conviene señalar también la emergencia de una nueva “derecha progresista”, que en los últimos años ha sabido conjugar una suerte de sincretismo entre los manuales de autoayuda, la desafección por la política, una demagogia del amor, la felicidad y la proclamación de un mundo sin conflictos, donde todo intento de transformación estructural es rápidamente anatemizado como “autoritario” y “antidemocrático”. El derechista “progre”, que habla desde una supuesta democracia, utilizándola como un valor incondicionado y universal, absolutamente descontextualizada de las relaciones de poder del Capital, se ha convertido en una de las figuras privilegiadas –incluso con más posibilidades de seducción que las derechas reaccionarias– del ordenamiento neoliberal tanto público como privado. En este sentido, conviene recordar que la apropiación neoliberal de las distintas esferas de la realidad ya han desestabilizado definitivamente la oposición público-privado.

Por otra parte, la izquierda, ya sea en su versión clásica o posmoderna, no habla de cómo sería de verdad “tocar” al capitalismo, ni de cuantas miles de vidas habría que sacrificar, ni de que modo el Capitalismo volvería a reproducirse en la lógica de Estado propuesta. Es cierto que la izquierda posmoderna, al estar plenamente advertida de todo esto, emplea lógicas más esquivas con respecto al Poder, como “nomadismo”, “sustracción” o “reinvención de lo Común”, todas posibilidades muy interesantes, pero que sólo alcanzan su verdadera inteligibilidad si se describe como corresponde el antagonismo, condición inherente a toda estructuración de la sociedad. También la izquierda posmoderna debería dar cuenta de como actuaría en el caso de afrontar los antagonismos que surgen en cualquier experiencia que sea capaz de afectar al poder neoliberal y su apropiación de todas las esferas de la realidad.

Por último, si estas experiencias populares están tan sobredeterminadas por el reformismo inoperante que nunca afecta a la estructura misma de las cosas propias de la dominación neoliberal, ¿por qué tanto empeño en las oligarquías financieras nacionales e internacionales en pagar cualquier precio por arruinar a esos proyectos y contratar a todo tipo de mercenarios mediáticos para destruirlos? En la época del capitalismo, en su versión neoliberal, las políticas transformadoras de signo popular tienen la ventaja histórica de haber roto con el círculo del terror sacrificial propio del modo de ser revolucionario, pero a su vez, sus transformaciones se inscriben en un orden donde no existe una totalidad abarcable cómo estructura. Se trata sólo de superficies de nuevas practicas de lo común, de experiencias subjetivas de invención de nuevos lazos sociales, de distintas formas de anudamiento entre el Estado y los actos instituyentes surgidos de los movimientos sociales surcados por la heterogeneidad y en donde nunca se encuentra la respuesta definitiva sobre el verdadero alcance de la transformación.

La nueva izquierda tal vez deba encontrar en la insistencia y en la reformulación teórica y práctica permanente su nuevo estilo de mantener a lo político como un deseo y una apuesta y no como un Ideal que sólo sirva para restituirle al narcisismo su estatua de bronce inerte.

* Psicoanalista y ensayista. Consejero cultural de la embajada argentina en España.

jueves, 26 de noviembre de 2015

EL PERONISMO, LA PRENSA Y OCCIDENTE, POR Eduardo Febbro, desde París (Fuente: Página12, 26/11/15)

EDUARDO FEBBRO


Bajo la sombra de unos árboles casi generosos, en pleno Montmartre, la solitaria estatua del Caballero de La Barre proyecta su leyenda sobre el presente: ¿terminaremos como él, condenados a muerte, decapitados por no postrarnos ante la malcriada procesión de la monarquía consensual que preside los destinos del mundo?

François-Jean Lefebvre de La Barre fue decapitado en 1766 por no haberse sacado el sombrero durante una procesión. Lo enterraron con un libro proscripto en ese siglo: el diccionario filosófico de Voltaire. Estaban, ambos, opuestos al oscurantismo masivo de su época. El sol de este otoño pasivo que baña su estatua y alarga su tenue sombra en la vereda remite al asedio ideológico, la calumnia, los despropósitos y la vulgaridad de que es objeto la Argentina en la prensa occidental. No hay diario o semanario, de izquierda o de derecha, que no arremeta con la más infame de las demostraciones contra nuestra historia más reciente y contra un movimiento político, el peronismo, ciertamente complejo pero en ningún caso responsable de los horrores que se le atribuyen. Como si, a imagen y semejanza del Caballero de La Barre, estar en disidencia o no entrar del todo en la resonancia del mundo mereciera la proscripción, el embuste y, muchas veces, la ofensa a toda una nación. La atracción negativa que ejerce la Argentina y el peronismo entre los plumíferos de la derecha liberal y sus alumnos progresistas de Occidente es pavorosa. Ninguno de los inabarcables dictadores que visitan París y compran perfumes y armas ha merecido un tratamiento tan degradante, un repertorio de adjetivos tan vil. En la prensa latina, El País, en España, y Le Monde, en Francia, han caído en la más sucia de las falacias y el agravio. La metodología de ambos diarios es la misma: el desprecio y la omisión histórica como regla de oro. A la presidencia saliente la han calificado de “patética”, “antioccidental”, “desubicada”, de “expoliar a los acreedores”, de gobernar con un autoritarismo digno de las dictaduras, de “caudillo de pacotilla”. Al peronismo se le ha atribuido todo el peso de las catástrofes nacionales sin hacer, jamás, la más lejana mención a las espantosas, criminales y antinacionales dictaduras que postraron al país y, menos aún, a la crisis de 2001, a la agresión bancaria mundial que la precipitó, a los muertos por la represión, a la potencia imaginativa y la solidaridad con la cual la sociedad se levantó de aquellos abismos. “Si debiésemos mencionar una causa única del ocaso argentino indicaríamos el peronismo”, escribió en Le Monde Jean-Pierre Petit, economista y director de la revista Les Cahiers Verts de l’Economie. La prensa nacional, aquella que descubrió la democracia en 1983, exhibe esos análisis como un trofeo. La capacidad de olvido y transformación de esos medios internacionales es pasmosa. Durante la crisis financiera de 2008, las agencias de calificación y los fondos buitres eran enemigos universales. Pero cuando la Argentina los enfrentó, el adversario incordioso fue la Argentina. Los pluri escribidores han mezclado insolentemente Nación, Estado, Sociedad y Gobierno y omitido no sólo nuestra historia, sino la de ellos. Hemos leído editoriales moralistas de The New York Times exigiendo justicia por la muerte del fiscal Nisman sin siquiera mencionar la deuda que el mismo Estados Unidos tienen con su propia verdad para esclarecer el asesinato del presidente John Fitzgerald Kennedy. En un vejatorio editorial publicado por el diario El País y titulado “Lloro por ti Argentina”, firmado por Xavier Vidal-Folch, director adjunto del periódico y presidente del World Editors Forum, el diario plasma una apocalíptica visión de los últimos 12 años. Sería inadecuado darle vuelta el espejo, por respeto a la sociedad española. Señor Xavier Vidal-Folch, hace ya mucho que los republicanos del mundo lloramos por esa noble España estafada por sus propios bancos y bañada por una corrupción globalizada. ¡No llore por nuestro país, por favor! La Argentina ha protagonizado una transición moderada, sin dudas crítica para el partido que pierde, como siempre suele ocurrir, pero es una conquista política de la sociedad, no una venganza en nombre del Occidente liberal. Occidente ha celebrado la derrota electoral del kirchnerismo como una victoria propia. A Mauricio Macri no lo eligió el mercado global, sino la sociedad argentina. Es producto del cambio de la burguesía argentina que se inscribió en la melodía democrática, salió electo por una mayoría nacional y no por unos lacayos a sueldo del imperio. A Néstor y a Cristina Fernández de Kirchner no los eligieron en un círculo cerrado de populistas, sino en la misma sociedad que hoy apostó por otro rumbo. ¿Acaso aún pretenden que después del ultraje del 2001 viniese un poder pactista y consensual con sus propios verdugos? Jamás se leen tantos horrores sobre ningún otro país del mundo, con tanto atrevimiento, con una falta de modestia tan ostentosa. Le hacen pagar al poder saliente todas las veces que les dijo “no”. ¿De dónde saca su legitimidad analítica ese charlatán de foros liberales que es Mario Vargas Llosa? ¿Cómo un diario como El País puede aún publicar una crónica tan agresiva contra una nación, la Argentina, y su gobierno? El Premio Nobel peruano es capaz de escribir sobre el papa Benedicto XVI, la guerra en Afganistán, el conflicto en Osetia del Sur, el precio de la soja o el otoño en Lviv con la misma petulancia. Plumíferos de sillón giratorio que reparten notas de moralidad a través del planeta sin haber puesto los pies en ningún de los lugares que retratan. Escriben como si lo hicieran desde el Evangelio, y no desde países con sus propios sistemas políticos carcomidos por la corrupción, la penalización de los más pobres, los negocios con las más tristes dictaduras y las prácticas bancarias más escabrosas.

Cientos de miles de jóvenes celebraron en París el fin de los dos mandatos (1981-1995) del difunto presidente socialista François Mitterrand y la victoria del conservador Jacques Chirac. Otros tantos cientos de miles de jóvenes hicieron lo mismo en la Plaza de la Concordia cuando Chirac dejó el poder (1995-2002) al cabo de dos mandatos. Festejaron como el comienzo de una nueva vida la victoria del joven y prometedor liberal Nicolas Sarkozy. Cinco años más tarde, en 2012, cientos de miles de personas se embriagaron de alegría hasta la madrugada en la Plaza de la Bastilla tras la derrota de Sarkozy y el acceso a la presidencia del socialista François Hollande. Así es la rotación del poder. Pero cuando se trata de la Argentina, parece que fuera una guerra, una suerte de conflicto a todo o nada entre la barbarie y la libertad. A la barbarie ya la conocimos con botas, a la libertad la gozamos desde 1983, con todas sus complejidades. Hay, en los medios de Occidente, una histriónica nostalgia por una Argentina blanca y liberal que ha dejado de existir hace mucho. Toda particularidad, todo rasgo de no resonancia con el modelo planetario, es vista como un crimen y acechada con el verbo del castigo, el exceso, la vulgaridad y la ignominia. Cualquier proyecto nacional es tildado de nacionalista y populista. ¿Qué dirían hoy del general De Gaulle que refundó Francia después de la Segunda Guerra Mundial inventando una doctrina nacional, en disenso con el resto de las potencias? Más allá de las presidencias democráticas pasadas y con la mente en la que viene, tal suma de humillaciones retóricas plantea la relación de la Argentina con el mundo y pone al desnudo un paradigma: Mauricio Macri representa a una Nación, no a un Mercado. Insalvablemente, en algún momento dirá que no. ¿Qué ocurrirá entonces cuando la híper proteccionista Unión Europea intente imponer concesiones que ningún mandatario puede aceptar? Lo viene haciendo desde hace décadas, además de falsear los mercados con sus millonarias subvenciones agrícolas. ¿Se volverá un caudillo inepto a ojos de Occidente, un dirigente “liberal populista” porque no hace bien los deberes? Lástima que nuestra derecha nacional sea tan pobre intelectualmente y no tenga dientes para, al menos, anteponer su propia filosofía ante agresiones de la magnitud que se han ido leyendo en los últimos meses. Si el diario La Nación pide la libertad para los genocidas y publica, en primera plana de su edición de Internet, un espacio de diálogos y debate auspiciado por ese ente planetario de lavado de dinero que es el banco HSBC, nada se puede esperar de esa derecha. Menos aún de Clarín, cuyas mentiras y manipulaciones obscenas entrarán en los manuales del periodismo como horizonte del contraejemplo que ha manchado a una profesión mágica y noble. Toda oposición política es legítima, pero el hurto de la verdad no puede ser su escenario. Al menos, la derecha francesa tiene una filosofía propia, nacional, inscripta en la globalización pero arraigada a su tierra. El peronismo más reciente ha desencadenado un odio inédito en los medios del mundo, un irrespeto a la identidad de un país entero, a su historia, a sus electores, a sus dirigentes políticos, a sus mayorías y sus minorías, a su alma, a sus tragedias y sus aciertos. Cómo no recordar ante esta estatua las desaventuras trágicas del caballero François-Jean Lefebvre de La Barre, al propio general De Gaulle que se ocupaba de pagar sus cuentas domésticas, a todos aquellos que murieron en la represión bancaria del 2001. Somos América, somos el peronismo, el PRI en México, Evo en Bolivia, el chavismo en Venezuela, somos Bachelet en Chile, el lulismo en Brasil, somos Cuba y el Papa, somos Juan Manuel Santos en Colombia, el tango y la salsa, somos nuestros dictadores y nuestros revolucionarios, las FARC y las extremas derechas militaristas, somos Evita y Juana Azurduy, somos indígenas y, mezclados, somos el bolero y los mariachis, somos Macondo y Borges, no somos un mercado de títeres. Somos un sueño de libertad y la seguimos construyendo. No lloren por nosotros.

efebbro@pagina12.com.ar

miércoles, 25 de noviembre de 2015

MACRI Y LA ESTRATEGIA REGIONAL DE LOS EE.UU, Por Federico Bernal (Fuente: Tiempo Argentino, 25/11/15)

Federico Bernal


Escudado en la opereta "cláusula democrática contra Venezuela", el macrismo retoma la mejor tradición de la política exterior mitrista y se dispone a avanzar en aquello que Andrés Oppenheimer sintetizó el día después de las elecciones a través de Twitter: "Se rompe el eje Buenos Aires-Brasilia-Caracas".Ya en su nota del martes 17 Oppenheimer -a la sazón agente del Departamento de Estado y furioso lobbista del terrorismo financiero y especulador estadounidense- adelantaba que de ganar Cambiemos "se viene un gran cambio en el mapa político de América Latina: Macri ha prometido tomar distancia del régimen populista radical de Venezuela, y acercarse al bloque de la Alianza del Pacífico, integrado por México, Colombia, Perú y Chile" (El Nuevo Herald - 17/11/2015). La orden de Washington es contundente: romper ese eje. En otras palabras, quebrar el Consenso de Mar del Plata nacido en la Cumbre de las Américas, en noviembre de 2005. El objetivo supremo: terminar de engullirse a América del Sur desde la supremacía absoluta de la Alianza del Pacífico.

Suspensión de Venezuela
del Mercosur
Nos cuenta Oppenheimer en esa nota que "en materia de Venezuela (sic), Macri ha dicho que terminaría la estrecha alianza política de la Argentina con Venezuela. Durante el debate presidencial del 15 de noviembre con el candidato oficialista Daniel Scioli, Macri dijo que si es electo propondrá la suspensión de Venezuela del Mercosur... por no cumplir con la cláusula democrática de ese organismo. Esta requiere que los países miembros respeten principios democráticos". El 21 de diciembre, en Paraguay, se realizará la cumbre del Mercosur. Allí, el flamante presidente argentino pedirá lisa y llanamente la suspensión de Venezuela del bloque. Las legislaturas paraguaya y brasileña no tardarán en aceptar la moción. Se habrá dado entonces el primer paso para someter al Mercosur y, de esta forma, avanzar para la incorporación plena de la Argentina a la Alianza del Pacífico o, lo que es lo mismo, suscribir un acuerdo entre ambos bloques con un Mercosur totalmente debilitado al estar Venezuela suspendida y la Argentina en poder de la Sociedad Rural y el Departamento de Estado.

Orígenes de la Alianza del Pacífico (AP)
El antecedente de la AP -iniciativa librecambista impulsada por las oligarquías nativas y los sectores industrialistas de EE UU- fue la Comunidad Andina de Naciones (CAN), fundada en 1988 por Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela y México (observador, junto a Panamá). Pero el año en el que se incorporaba Chile al bloque, esto es, 2006, Venezuela lo abandonaba. El Tratado de Libre Comercio (TLC) firmado entre Colombia y EE UU fue el factor detonante. Como sea, desde la salida de Venezuela y, paralelamente, el fortalecimiento de la Alianza Bolivariana para América Latina y el Caribe (ALBA), la CAN quedó reducida virtualmente a TLC bilaterales entre los países residuales y Estados Unidos, o bilaterales entre ellos o con terceros países de la región. Las fuerzas librecambistas se replegaron ante la derrota propinada por los "gobiernos parecidos a sus pueblos". El crecimiento exponencial del Mercosur bajo el paraguas del Consenso de Mar del Plata (lo que Oppenheimer denomina el eje Buenos Aires-Brasilia-Caracas), la creación de la CELAC (febrero de 2010) y la intención de Venezuela de sumarse al Mercosur derivaron en la creación de la Alianza del Pacífico.
La AP como envase de un TLC con los EE UU. La Alianza del Pacífico comenzó a funcionar a comienzos de 2012. Sus miembros son Chile, Colombia, México y Perú. Está constituido por 216 millones de personas y representa el 38% del PBI latinoamericano y caribeño. Hasta el momento, la AP alcanzó una desgravación de más del 90% de los productos comercializados internamente, aunque carece de arancel externo para las importaciones desde EE.UU. como consecuencia indirecta de los TLC suscriptos entre este último y la totalidad de sus integrantes. Se comprende así que la potencia norteamericana sea el principal socio de la AP, penetrando fuertemente gracias a México y el TLCAN de 1994. Cuando se examina miembro por miembro, se comprende aun más la hegemonía estadounidense: primer socio comercial de México y Colombia, y segundo de Chile y Perú. El portal oficial del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo de Colombia no nos deja mentir: la estructura de las exportaciones del bloque en 2014 fueron explicadas por EE UU " con una participación del 63,7%", seguida por China (6,9%), Canadá (2,8%), Japón (2,2%), España (2,2%) y Brasil (2,2%). En cuanto al origen de las importaciones: "EE UU (41,4%), China (17,8%), Japón (3,9%), Alemania (3,6%), Corea del Sur (3,3%) y Brasil (2,5%)".

Plan Belgrano, Malvinas
y narcotráfico
La destrucción del eje Buenos Aires-Brasilia-Caracas es fundamental al plan estadounidense de sometimiento regional. Y la administración macrista es su pieza medular. De hecho, sus principales propuestas están en sintonía fina con los postulados de los países firmantes de la AP y los reclamos del Congreso de EE UU hacia América del Sur. Veamos. En primer lugar, el ya anunciado ataque contra Venezuela. En segundo lugar, el "plan de infraestructura" más promocionado por Macri y supuestamente el más importante de sus cuatro años. Hablamos del denominado Plan Belgrano, plan destinado al norte del país. ¿Genuino interés por el desenvolvimiento regional? Lejos de eso, tiene que ver con el desarrollo de una infraestructura de vinculación con la AP y el Océano Pacífico, infraestructura contraria a la Iniciativa de Integración Regional Suramericana (IIRSA) implementada por el Mercosur. En tercer lugar, la cuestión Malvinas. Nuevamente e impulsado por EE UU, la posición de Macri se encuentra en las antípodas de lo avanzado desde el Mercosur, UNASUR y la CELAC. Claramente a la OTAN no le interesan amenazas políticas que puedan hacer tambalear su base militar más poderosa en suelo latinoamericano. En cuarto y último lugar, la "lucha" contra el narcotráfico, tan presente en el discurso de Macri. ¿Por qué? Es una demanda del sector industrial y corporativo estadounidense que lo utiliza como mecanismo de protección indiscriminada de sus inversiones, activos y operaciones de lobby. Aquí debemos remitirnos al TLCAN, que si bien se trata de un TLC signado por el Congreso mexicano, implícita y explícitamente está regido por la Alianza de Seguridad y Prosperidad de América del Norte. En un trabajo sumamente interesante al respecto, el economista mexicano Rodolfo González Molina (Revista Economía Informa - Mayo/Junio 2015) explica que la política de la ASPAN en materia de negociaciones comerciales "... después del ataque a las Torres Gemelas, tiene como objetivo, según declaraciones del presidente Bush "la protección de las fronteras y avanzar en medidas coordinadas sin fisuras dentro y más allá de nuestras fronteras para ofrecer a los ciudadanos protección contra terroristas, criminales y desastres naturales comunes". Desde los primeros ensayos de TLC en la región (Plan Mérida, Plan Puebla Panamá, etc.) hasta los últimos en México y Colombia, todos quedaron sometidos a la aprobación de planes de combate al narcotráfico y al crimen organizado, sofisma para contratos multimillonarios de compra de material bélico y financiamiento para la militarización de las fronteras. Por ejemplo, la ayuda de EEUU a México se estima en U$S 1400 millones en los últimos años para la militarización de la frontera sur, la modernización de sus fuerzas militares y policiales, la compra de equipo (a EE UU) y la capacitación impartida por agencias también estadounidenses (ver "Del Tratado de libre Comercio de América del Norte a la Alianza de Seguridad y Prosperidad", 2009). En suma, control comercial, financiero, militar y geopolítico.

La depredación colonial
La suspensión de Venezuela y su eventual expulsión del Mercosur, sumados a la destrucción del aparato industrial y productivo argentino como consecuencia de la administración neoliberal macrista insertará a la Argentina de lleno en la AP, lo cual en definitiva y en razón de lo expuesto será equivalente a suscribir informalmente un TLC entre nuestro país y EE.UU. Las manufacturas estadounidenses nos lloverán a través de Chile, Perú, México y Colombia. Nuestras exportaciones se primarizarán, como sucedió con las exportaciones de la AP (el principal producto de exportación es el petróleo), como con México desde la firma del TLCAN (analizado oportunamente) y Colombia en años recientes. Efectivamente, a sus socios de la AP, Colombia les vende carbón (17%) en primer lugar, e importa Maquinaria y equipo (24,6%), Automotor (20,8%) y Metalurgia (11,7%). Yendo al caso argentino: ¿Nuestro producto exportable de mayor interés para Washington? El petróleo y el gas natural de Vaca Muerta. ¿Las empresas encargadas? Las multinacionales del país del norte, con sus socias europeas, apuntaladas jurídicamente por el acuerdo con los fondos buitre y resguardados por estrictas normas de protección comercial y militar basadas en aranceles cero de la Alianza del Pacífico, la militarización de las fronteras y la lucha contra el narcotráfico. La infraestructura del Plan Belgrano, financiado por las mismas empresas involucradas, garantizará el saqueo de nuestros recursos vía Chile y con rumbo al Pacífico norte. En verdad nada nuevo, sino el histórico círculo vicioso de la depredación colonial. «